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LA REFORMA DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE MONTABERNER (VALENCIA). NOTAS ETNOGRAFICO-MUSICALES CONTENIDAS EN UNAS MEMORIAS DEL SIGLO XVIII

PICO PASCUAL, Miguel Ángel

Publicado en el año 2002 en la Revista de Folklore número 259.

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Montaberner es un pequeño y tranquilo municipio valenciano ubicado en el valle de Albaida cuya población conserva todavía en la actualidad una estructura económica esencialmente agraria. Paseando por sus calles se respira quietud y placidez por doquier. Hace ya unos lustros la Institució Valenciana d'Estudis i Investigació publicó unas interesantes memorias escritas en el siglo XVIII por el cura párroco de la población, Josep Esplugues, en las que describe con todo detalle algunos aspectos socio-etnográficos referidos a la vida de la parroquia. El título de estas crónicas es: "Per a el bon govern de esta església, Llibre de la església parroquial deis Sans apostols Zebedeus S. Jaume y S. Juan, del poble Montaverner, de la retorta, benifets, cofradies. Historia de la renovació del temple, depósit, y expresió de sos gastos en cantes de cada any, Comensant en lo de MDCCXXXII Dispost per lo Dr. Jusep Espluges, Prebere Retor" (1). Como su subtítulo indica, D. José incidirá especialmente en sus comentarios en las obras de renovación del templo. A pesar de que el interés que suscitó hace unos años la publicación estuvo presidido por el estudio del estilo y de la lengua, me ha parecido sugestivo entresacar toda aquella información referente al ámbito musical, si bien en todo momento es más bien exigua. Una vez más comprobamos el enorme cometido que realizaban las campanas en los espacios rurales, lo costoso que representaba su construcción, la fiesta rural contemplada en su escenario sacro y profano, los instrumentos que participaban en la misma, los sonidos marginales, etc.

La primera referencia musical la encontramos en el primer capítulo de la obra. Al presentar largo y tendido su iglesia parroquial a modo de introducción, D. José apunta que la campana menor fue hecha en 1271 (2).

En el apartado titulado Determinació de arbitres pera depósit de la obra de la església, señala que con tal de poderse realizar la labor sin agobios económicos, se podían suspender muchos gastos a excepción del músico "eo Dolsainer", que se pagaba de las rentas parroquiales (3). El dato es de lo más curioso, al menos a mí me lo ha parecido, ya que no tengo constancia documental alguna de que en esta comunidad fuera la iglesia quien costeara los costes del instrumentista encargado de amenizar las fiestas populares. Normalmente era el cabildo municipal quien contrataba sus servicios. Una vez más viene a comprobarse lo esencial que era la música en este tipo de celebraciones.

En la siguiente sección, nos detalla el inicio de la obra de reestructuración que iba a realizarse, el cual estuvo marcado por el traslado solemne en procesión del Santísimo Sacramento realizado el 9 de marzo de 1732. En el acto se cantaron a coro el Pangue lingua y el Genitori Genitoque. Por la tarde las campanas repicaron al vuelo y se interpretó el Veni Creator Spiritus, juntándose a las voces del coro "la tronadisa dels coets y escopetades", acompañándolas de un sin fin de vítores. Comenzada la obra, al colocarse la primera piedra se cantó el himno Te Deum laudamus (4). Según nos detalla el cura párroco, el instrumento que servía para convocar a los obreros al trabajo mientras duraron las obras fue la caja (5).

Al prosperar las obras rápidamente, la conclusión del primer arco del presbiterio fue celebrada con suma alegría con todo tipo de ruidos: disparos de escopetas, traca, etc., acompañándolo todo del repiqueteo de campanas (6). La colocación de la veleta fue celebrada igualmente por todo lo alto. En esta ocasión participaron toques de dulzaina y tabalet, caja y pífano, se voltearon las campanas, y en señal de acción de gracias se cantó el Te Deum (7). Al finalizar la fiesta oficial se permitió a los jóvenes bailar "ya que feen ells lo gasto de la música" (8).

Al terminarse la obra de renovación se prepararon las fiestas con toda solemnidad: sermones, procesiones, comedias, bailes, "que en festes de terres curtes enjamai poden faltar" (9), corridas de vacas, y una soldadesca, o sea el origen de las actuales fiestas de moros y cristianos, que en esta ocasión contó con la participación de la banda de música de la Ollería, una vecina población. El detalle de todos estos actos lo encontramos descrito en el capítulo que lleva por título "Die XXI Augusti anni MDCCXXXV. Dom. Infra octava asum B. M. V. Dedicatio Ecletie Parrochialis Montavernensis".

La víspera se cantaron completas delante del sagrario de la obra vieja con asistencia de un nutrido grupo de sacerdotes, siendo la agrupación de música de la Ollería la que acompañó con sus sones el acto. Acabada la función se voltearon las campanas con tal de procederse al traslado del SS. Sacramento, interpretándose el himno del Sacramento mientras la procesión entraba en el templo y los sacerdotes colocaban la custodia en el altar. Al describir este tránsito, D. José lo compara con el pasaje bíblico del tercer libro de los reyes referido al traslado del arca del testamento de la ciudad de David al templo nuevo que había hecho edificar Salomón, ceremonia en la que la música y el canto tuvieron una presencia destacada. Acabada la interpretación de la tercia, se cantaron en la misa algunos himnos que causaron gran devoción entre el pueblo. Concluida ésta se organizó la velada de la custodia que estuvo amenizada por música de cuerdas con guitarra y dos violines "que de quant en quant tocaven y feen la Església un cel" (10), durando hasta las cinco de la tarde, hora en la que se iniciaron las vísperas, en las que la música estuvo igualmente presente. Terminadas éstas, comenzó la soldadesca a disparar. Mientras que el capitán iba al compás de una caja y un pífano, el alférez sólo era acompañado por una caja. Después de la soldadesca seguía la cruz y las custodias de los santos del lugar. También iba en la procesión delante de la representación de Nuestro Señor, una danza de hombres, los cuales habían ya bailado dentro de la iglesia durante las vísperas. Se hicieron cuatro paradas en las calles principales de la población para que se pudieran interpretar los villancicos hechos ex profeso para la ocasión. Al acabar la soldadesca, la música entonó el himno Sacris Solemnis y la procesión entró dentro de la iglesia. Mientras se colocó la hostia en el altar mayor se cantó el Tantum Ergo, y acto seguido se bailó de nuevo la danza anterior (11).

El segundo día, la agrupación musical de la Ollería concertada para las fiestas, asistió también a todos los actos celebrados. Por la tarde se cantaron vísperas solemnes y durante la procesión se interpretaron en las paradas habituales los villancicos en honor a la Virgen (12).

El tercer, cuarto y quinto día, la misa se celebró de nuevo con música y por la tarde se hicieron las procesiones generales usuales. El cuarto día se representó en la plaza una comedia titulada "El príncipe perseguido". Entre las jornadas, la música amenizó la gala. En el quinto día los villancicos se cantaron en alabanza de los santos (13). Si bien en el sexto día no encontramos ninguna referencia musical, es de suponer que los actos estuvieran acompañados por los sones, incluida la corrida de vacas que tuvo lugar por las principales calles del pueblo.

El último día se cantó la misa mayor y se celebró la junta general de la parroquia, que fue con vocada como de costumbre mediante las señales de la campana mayor.

La crónica no vuelve a especificar referencias musicales hasta el 6 de noviembre de 1740, fecha en la que se colocó la primera piedra del campanario. Después de cantarse la salve, durante la procesión se interpretaron los salmos Laetatus sum y Misi dominus. La alegría del pueblo fue tal que se mezclaron una vez más vítores, disparos de escopetas y arcabuces, y música. El acto terminó con el canto del Te Deum laudamus (14).

Pasan los años y enmudecen de nuevo los datos dedicados a la música hasta el 11 de febrero de 1755 en que se celebra una solemne fiesta para colocar al Cristo crucificado en su nuevo nicho. En esta ocasión, como era costumbre en este pueblo, para solemnizar los actos se contrataron los servicios de la agrupación musical de la Ollería (15).

En 1762 se menciona la celebración de una soldadesca, corriendo los gastos de música, dulzainero, pífano y cajas, a cuenta de la iglesia y de los oficiales (16).

Al año siguiente se rompió la campana mayor de la iglesia, tirándose del campanario la campana el día 25 de marzo. La renovación tuvo lugar en 1764, pidiéndose limosna por las casas del pueblo para poder pagarla. La fabricación de la misma corrió a cargo de Jerónimo Sarrio, campanero de Játiva, a quien se entregaron diez reales por cada arrova que pesara la campana y 10 libras por cada arrova de metal que tuviera de más la nueva (17). El pueblo mientras duró su fabricación tuvo que mantener y gobernar al fabricante, aparte de facilitarle todos los materiales, la leña necesaria y un ayudante. La campana se fundió en el corral de la casa de un vecino que donó toda la leña seca que hizo falta para hacer los moldes y la campana, que se fundió el día 8 de abril.

Estos son todos los comentarios musicales que hemos encontrado tras una lectura detenida de las memorias y que ayudan a conocer un poco mejor la incidencia que la música podía tener en las celebraciones festivas de los pequeños núcleos rurales.

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(1). ESPLUGUES, J.: Memories d'un capellá del segle XVIII. Edició a cura d'Emili Casanova, Edicions Alfons el Magnánim, Valencia, 1989.

(2). Idem, pg. 42.

(3). Idem. pg. 50.

(4). Idem, pp. 53-56.

(5). Idem, pg. 57.

(6). Idem, pg. 69.

(7). Idem, pg. 71.

(8). Idem, pg. 72.

(9). Idem, pg. 74

(10). Idem, pg. 79.

(11). Idem, pg. 81.

(12). Idem, pg. 82.

(13). Idem, pp. 82-84.

(14). Idem, pg. 102.

(15). Idem, pg. 170.

(16). Idem, pg. 164.

(17). Idem, pg. 168