Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

EL CUERVO Y SU SIMBOLOGIA

GONZALEZ GRUESO, Fernando D.

Publicado en el año 2002 en la Revista de Folklore número 260.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 260 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


"Antiguamente la gente creía que,
cuando alguien muere,
un cuervo se lleva su alma a la Tierra de los Muertos.
Pero a veces sucede algo tan horrible que, junto con
el alma,
el cuervo se lleva su profunda tristeza y el alma no
puede descansar.
Y a veces, sólo a veces, el cuervo puede traer de vuelta el alma para enmendar el mal."

(THE CROW)

(1) 1. INTRODUCCION

El cuervo es un ave simbólica que ha estado vinculada en multitud de ocasiones con el mal, el demonio y la oscuridad. En este trabajo se mostrarán ejemplos de cómo esa imagen se ha visto trastocada por el tiempo y el espacio, rompiendo de este modo los moldes establecidos que todos tenemos asumidos desde niños.

Tanto desde el punto de vista de la "cultura" como desde el de la "Cultura" se van a presentar algunos modelos multiculturales, que sólo pretenden ser una ejemplificación de los motivos y símbolos en los que se puede encuadrar el cuervo.

2. EL CUERVO EN LA LITERATURA

2.1. El cuervo en la cultura cristiana y judía

2.1.1. La oposición Cuervo / Paloma

La oposición entre el cuervo y la paloma proviene desde el principio de los textos escritos, ya en el Gilgamesh se hace referencia a esto, y al contrario de lo que se pueda suponer, aquí, el papel de benefactor lo ejerce el cuervo:

"Cuando llegó
El Séptimo día,
Cogí una paloma
Y la solté.
La paloma se fue
Y luego vino.
Al no ver dónde posarse,
Regresó.
(Luego) cogí una golondrina,
Y la solté.
La golondrina se fue
Y luego vino.
Al no ver donde posarse
Regresó.
(Luego) cogí un cuervo,
Y lo solté.
El cuervo se fue
Pero al ver que las aguas se habían
Retirado,
Picoteó, graznó (?), chapoteó
Y ya no regresó." (1)

Aquí es el cuervo el ave que ayuda a Utanapishtî a desembarcar sobre el monte Nisir, tras el Gran Diluvio que hace provocar el dios Enlil. Utanapishtî, de esta manera, puede salvar a todos los animales que había metido en su barco. El mito del Diluvio Universal que aparece en la Biblia, y que tiene su origen en este fragmento del Gilgamesh, ofrece una versión del mismo, otorgando principal relevancia a la paloma y empobreciendo el papel del cuervo, a pesar de que en ninguna de las dos obras regresa a su origen:

"6) Pasados después cuarenta días, abriendo Noé la ventana que tenía hecha en el arca, despachó al cuervo: 7) el cual, habiendo salido, no volvió, hasta que las aguas se secaron sobre la tierra (Esto es, no volvió a entrar dentro, sino que iba y volvía después sobre la cubierta del barco)...10) Esperando pues, otros siete días más, segunda vez. echó a volar la paloma fuera del arca. 11) Mas ella volvió a Noé por la tarde, trayendo un ramo de olivo con las hojas verdes..." (Gn., 8, 6-10). (2)

Esta bienaventuranza de la paloma se puede encontrar también en la mitología griega cuando el argonauta Eufemo (Έϋφημοσ), hijo de Poseidón y Europa, suelta una paloma cuya suerte ha de informar a los navegantes del destino que les aguarda al intentar pasar las Simplégades (3).

El fragmento anterior parece marcar un aspecto peyorativo sobre la figura del cuervo, sin embargo no es así, ya que dentro de la misma obra se puede encontrar un valor positivo sobre éste, cuando Dios le habla a Elias con las siguientes palabras:

"4) Allí beberás del arroyo; y ya he mandado yo a los cuervos que te lleven allí de comer. 5) Fuese, pues, y ejecutó las órdenes del Señor; y retiróse junto al arroyo de Carit, que corre enfrente del Jordán; 6) adonde los cuervos le llevaban pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo". (Primero de los Reyes, 17, 4-6). (4)

Por tanto no cabe la posibilidad, en principio, de incriminar al cristianismo, o al judaísmo, desde su libro sagrado, en la "mala fama" del cuervo.

2.1.2. Los padres de la Iglesia

Si se hace un rápido recorrido por algunos de los textos básicos del Catolicismo, encontramos que las referencias al cuervo son muy irregulares en sus connotaciones.

Si se comienza un recorrido por los bestiarios medievales ("obra pseudo científica moralizante sobre animales, existentes y fabulosos", N. Guglielmi) es de notar que en el primer bestiario sobre el que se tiene noticias es el PHISIOLOGUS, redactado en Alejandría alrededor del siglo II a. de C. y traducido posteriormente al latín.

En esta obra no se menciona al cuervo. San Isidoro de Sevilla en sus ETYMOLOGIAE del siglo VI no hace mención a este animal, aunque es típico en estas obras que el Diablo sea representado con animales como el zorro, el mono o el lobo y Dios por el león, el fénix, el pelícano o el unicornio.

Sí aparece, sin embargo, en El Bestiario Toscano, obra en la que a partir de actitudes de los animales se explican comportamientos morales y sus consecuencias. El animal número XIII es el cuervo, y de él se dice que es un ave toda negra y que cuando sus crías nacen son blancas, por lo que no los alimenta hasta que se vuelven negras. Además explica que cuando encuentra un hombre muerto lo primero que hace es comerse sus ojos y luego los sesos. Con la primera característica, el autor anónimo pretende enseñar que Dios cuida de los desvalidos y con la segunda que es malo el pecado de la avaricia. (5) Por otro lado, hay numerosos testimonios de cuervos que ayudan a santos trayéndoles el pan (a imagen de lo que le sucedió a Elías): como a San Benedetto (en la obra hagiográfica de Gregorio Magno DIALOGI, "El cuervo que es amigo de San Benedetto que le trae el pan") (6); a Anselmo d'Aosta (en la obra de Eadmero Vida de Anselmo d'Aosta); y a Giovanni Gualberto (en la obra de Andrea de Strumi Giovanni Gualberto) (7).

Otro dato a favor es que en EL LIBRO XI de la HISTORIA ECLESIASTICA de Orderico Vitale, el cuervo no aparece incluido en la lista de animales demoníacos y sí el lobo, el dragón, la perdiz, el basilisco, etc. (8)

2.1.3. El cuervo en la literatura de la Edad Media

En este punto se vuelve a analizar la oposición entre paloma blanca / cuervo negro, el cual aparece muchas veces identificado con la traición (9). En la épica medieval, cuando un cuervo aparece volando delante de un personaje, especialmente si procede del lado siniestro de dicho personaje, es una señal que sólo puede tener dos significaciones: la traición o un mal agüero. Si se recurre al diccionario de Corominas, podemos encontrar la siguiente definición:

AUSPEX, es el que cata agüero en las aves, así commo auceps, que es aquel que toma las aves. E auspex, por “agüero”, es compuesto de “ave”, e ASPICIO ASPICIS, que es por “catar”. E auceps, que es tomador de “aves”, es dicho de ave, que es por “ave”, e CAPIO CAPIS, por “prender”. (10)

De este modo aparece en el Ciclo Carolingio y en el Ciclo de Bretaña, como se puede ver, por ejemplo, en la Fábula del demonio y del cuervo, que se repite en María de Francia y en el Román de Renart (11).

Esta simbología de la mala suerte, del mal agüero y de la traición podría ser pagana, pues se puede volver a encontrar su opuesto en leyendas hagiográficas de los eremitas Paúl y Antoine en Irlanda en el siglo VII, en las que un cuervo les da pan, y que fueron recogidas en el libro VITA CORBINIANI, escrito a finales del siglo VIII.

2.1.4. El cuervo en la cuentística de la Edad Media

El cuervo en la cuentística y los Exempla medievales es una de las aves más socorridas en toda Europa, por lo que este estudio se habrá de centrar en la española, tan homogénea en motivos, tópicos y temas como el resto de la cuentística románica.

En el Libro del Buen Amor podemos leer en el EXIEMPLO DE LA PROPIETAT QUE'L DINERO HA lo siguiente:

507 "Allí están esperando cual habrá más rico tuero;
non es muerto, ya dicen Pater Noster, a mal agüero,
como los cuervos al asno cuando le desuella el cuervo:
-Cras, eras, nos lo avremos, que nuestro es ya por fuero." (12)

Aquí el cuervo se presenta como un ave que desuella al asno, no al hombre, como se explicaba en el Bestiario Toscano, y como se verá en el punto 2.1.5. Otro ejemplo del papel de cuervo lo podemos encontrar en el EXIEMPLO DE LA RAPOSA E DEL CUERVO, en el que un cuervo tiene en su pico un pedazo de queso y está subido en lo alto de un árbol, y una raposa , muy hambrienta, le pide con engaños que cante. El pájaro se vanagloria y la raposa se come su queso cuando éste se cae del pico del falsamente lisonjeado (13).

Este mismo cuento se repite en el "EXIEMPLO QUINTO De lo que cotesció a un raposo con un cuervo que tenié un pedaço de queso en el pico" del libro El conde Lucanor (14). Además de esto, se puede encontrar la faceta de traidor del cuervo en otro cuento de la misma obra y que procede seguramente del Calila e Dimna, que a su vez lo recogió de un más que seguro origen oriental. Éste es el "EXIEMPLO XIX De lo que contesció a los cuervos con los buhos" (15) y cuenta que los buhos y los cuervos estaban en una guerra en la que los buhos mataban a los cuervos de noche, mientras que los cuervos no sabían dónde vivían los buhos. Por eso un cuervo se hizo desplumar y se infiltró en el grupo de los buhos, se ganó su confianza y cuando supo dónde se escondían, llamó a sus hermanos y mataron a casi todos los buhos, venciendo en la guerra.

2.1.5. Iconografía

En España, la obra más importante a este respecto es El bestiario esculpido en Navarra, de Ignacio Malaxecheverría, y en esta obra no hay cuervos. Esto parecería extraño a primera vista si conocemos la excepcional importancia del Camino de Santiago en la Europa medieval, y la gran cantidad de influencias que quedaron en ese camino de los diferentes países en la iconografía de las iglesias y monumentos católicos (16).

Otras muestras se pueden encontrar en, por ejemplo, el folio 16 del Libro de Horas de Bedford (17), donde en el tercer cuadrante se puede ver a dos cuervos sacando los ojos a un vivo y a un muerto. Se trata de una imagen que surge del mar encrespado cuando Noé empieza a desembarcar a los animales. También en el Beato (18) que se conserva en la Universidad de John Rylands, en Manchester, donde un cuervo se come los ojos de un muerto en el cuadrante inferior mientras que en el Arca de Noé, vista con un corte trasversal, el propio Noé recibe a la paloma con la rama de olivo.

Hasta tal punto llegó esta "característica" del cuervo que en diversos refraneros medievales aparecen unidades fraseológicas como las siguientes: "Cría el cuervo, sacarte ha el ojo" (Santillana), "El cuervo a la pica non sabe quál diga" (Romancea) y "Cuervo con cuervo no se quitan los ojos" (Kaiserling).


2.2. El cuervo en las culturas europeas paganas

2.2.1. Grecia

En la historia del cuervo en la antigua Grecia se pueden seguir dos clases de testimonios; uno el mitológico y otro el juicio de Aristóteles.

Si se comienza por los mitos relacionados con los cuervos y que no proceden del sabio griego, se pueden señalar las diversas transformaciones, entre las que se encuentran las de Eumelo (Έϋμήλος
), un héroe de la isla de Cos que fue transformado en cuervo por su impiedad (19); y Clinis el cual fue transformado en cuervo por haber sacrificado un asno en el altar de Apolo, contra la voluntad del dios (20).

Aparecen otros testimonios de los cuervos sin metamorfosis mediática, como es el caso de Ificlo (Ίφικλος), un jefe de invasores dorios que terminó con la dominación fenicia averiguando que el príncipe Falanto, de la ciudadela de Yáliso, seguía los dictámenes de un oráculo que le había asegurado que se mantendría en su posición mientras los cuervos fueran negros y los peces del estanque de la ciudadela no desaparecieran. Ificlo consiguió realizar esas tareas pintando unos cuervos de blanco y llenando el estanque de peces, por lo que Falanto se rindió (21).

Aristóteles en su Historia de los animales expone una larga lista de características que se les atribuían en la civilización griega del segundo tercio del siglo IV a. C.

Dentro de su morfología, Aristóteles escribe que no tienen buche y sí esófago (22), que tienen apéndices intestinales en la parte inferior, al final del intestino (23), y que suelen mutar el color de su plumaje a blanco en invierno (24).

En cuanto a su comportamiento y hábitos, que es el tema a tratar, Aristóteles afirma que el cuervo es el enemigo del milano, pues éste le quita sus presas (25), además dice que el cuervo y la zorra son amigos frente al esmerejón (ave rapaz), enemigo declarado de la zorra (26). Continua explicando que el cuervo, junto con la corneja, es un ave que no migra y que vive en núcleos poblados (27). Por último asevera que en espacios reducidos viven dos cuervos juntos debido a la escasez de comida, y cuando los polluelos tienen la capacidad de volar, el cuervo los expulsa del nido y luego de su dominio. También explica que suelen poner entre cuatro y cinco huevos de una vez y que parece que deben tener algún grado de comprensión entre ellos al ser capaces de seguir las indicaciones que se dan (28).

Como se puede apreciar, la obra de Aristóteles es un claro ejemplo de la ciencia de la época y lo único que parece una interpretación ante los ojos de un lector griego de la época es la que versa sobre la comunicación entre los cuervos. Esto denota su inteligencia.

2.2.2. Roma

Ovidio, en sus Metamorfosis, continua con la tradición helénica de la mutación en cuervo, así las cosas, Atenea transforma a la virgen hija de Coroneus en un cuervo para salvarla de Poseidón. En este caso la metamorfosis es benefactora. Así mismo, Ovidio escribe que el cuervo está en las manos de Atenea en la estatua de Paus, y esa es una revelación de una historia popular por la que el cuervo habría perdido el favor de Atenea (29).

Resulta curioso, cuando no sorprendente, que una obra inspirada y basada en Aristóteles se distancie tanto de la estricta metodología científica naturalista que siguió el sabio griego y se deje llevar más por la mitología, la leyenda y los cuentos tradicionales, en el momento de analizar, al menos, la figura del cuervo. Se está hablando en este caso de la obra de Claudio Eliano Historia de los animales.

Claudio Eliano toma de Aristóteles la idea de que los cuervos en climas áridos, en países pobres, se agrupan de dos en dos para poder sustentarse, y que por esa razón expulsan a sus hijos del nido (30). A este respecto añade información diciendo que en la zona de la ciudad de Copto y la montaña sólo se ven dos cuervos, y que en ese lugar hay un templo dedicado a Apolo, al que están consagradas estas aves (31).

Otra cuestión que Claudio Eliano toma de Aristóteles es el odio entre el cuervo y el milano (32), y entre el cuervo y el esmerejón (33), añadiendo otras enemistades: el cuervo con el halcón marino, el cuervo y el halcón con la tórtola (34), y el cuervo con el asno y el toro, picoteando respectivamente el cuello y la cerviz (35).

A todas estas características añade otras que comprenden su comportamiento, sus características biológicas y sus capacidades.

En relación con la convivencia entre los cuervos, el autor explica que cuando un cuervo es viejo y no puede alimentar a sus crías, se deja morir para que éstas se lo coman. Debido a esto explica el origen del refrán romano: "De un mal cuervo un mal huevo" (36). Además aporta diferencias en el comportamiento entre los cuervos de distintas localizaciones geográficas: los cuervos de Egipto esperan como mendigos a conseguir comida de los marineros del Nilo, y si no la consiguen, picotean las cuerdas hasta que cortan las amarras. Otro ardid utilizado por los cuervos es el que realizan en Libia, donde hacen agujeros en las vasijas para beber el agua que hay almacenada, o echan guijarros para que el agua suba, hecho que aprovecha Claudio Eliano para explicar que los cuervos parecen conocer el principio de Física por el cual un solo espacio no admite dos cuerpos. Es el tópico del cuervo como pajaro astuto.

En lo referente a sus características morfológicas se pueden señalar las siguientes: su fuerte graznido cuando hay mucho calor, horrible canto que explica diciendo que es un castigo del dios Apolo cuando lo mandó acarrear agua, y el cuervo estuvo esperando a que un trigal se secara, pues lo encontró verde, olvidando así el encargo (37). Otra es su muerte al comer semilla de oruga (ERUCA SATIVA) (38), veneno mortal para ellos. Y una última es que no consumen alimentos líquidos en verano debido a su flojedad de vientre (39).

Sus capacidades son muy variadas, desde la posibilidad de imitar con su canto el sonido de las gotas de lluvia (40), pasando por la imitación de la voz humana con tonos diferentes según bromee o se encuentre serio, o la de emitir un tono sagrado y profetice cuando interpreta los designios de los dioses (41), hasta la de ser entrenados para cazar liebres (42). Esta capacidad de interpretación se debe a que son los pajes del dios Apolo, y hay gente especializada en interpretar su griterío, su manera de posarse o su forma de salir volando, bien sea por la izquierda o por la derecha (43).

Los huevos de los cuervos tienen un uso muy especial, ya que pueden servir para teñir de negro el pelo, pero llenando la boca y los labios de aceite para que no tomen estos el mismo color (44).

2.2.3. Escandinavia

En las antiguas Eddas escandinavas la figura del cuervo cobra especial relevancia al estar siempre unida a la imagen de Odín, el primero y más antiguo de los dioses. Odín siempre aparece representado con dos cuervos sobre sus hombros, Hug o Hugin (reflexión') y Munin ('memoria'), que le susurran al oído todo lo que ven y oyen. Cuando amanece los envía a volar por el mundo y vuelven al atardecer. Por eso Odín lo sabe todo y es llamado "Rafnagud" ('dios de los cuervos').

Odín expresa su afecto y preocupación por sus cuervos en el canto de Grimer de la Vieja Edda:

"Hugin y Munin
Vuelan cada día
Por el vasto mundo.
Temo por Hugin
Por que no vuelva más,
Y estoy más inquieto aún por Munin."

Por lo tanto, en la tradición escandinava, el cuervo es una figura sagrada y sabia que aporta virtudes de la "reflexión" y la "memoria".

El espíritu de Odín está en sus cuervos cuando vuelan (45).

Otros testimonios de la importancia de los cuervos en esta mitología se encuentran en el capítulo XXXVIII de la Gylfaginning, una de las partes de la Edda de Snorri Sturluson:

"...Dos cuervos se sientan sobre sus hombros y le dicen al oído todas las nuevas que ven u oyen, se llaman así: Hugin y Munin. Los envía por el día a volar en torno a todos los mundos, y vuelven a la hora de la comida del día, y así se entera de tantas noticias. Por eso le llaman los hombres Rafnagud, dios de los cuervos." (46)

También en el fragmento 7, "De las artes de Odín" de la Ynglingasaga de Snorri Sturluson se hace mención a lo mismo:

"... Tenía dos cuervos que había amaestrado y sabían hablar; volaban por todos los países y le contaban muchas nuevas." (47)

En otra ocasión, Kon, hijo de Jarl (y Hersir), que a su vez fue hijo de Fadir y Módir, una pareja a la que el dios Rig o Heimdal "ayudó" a tener hijos, aparece en el poema "Rigsthula" de la Edda poética del siguiente modo:

"43 El joven Kon
conocía las runas,
44 Aprendió el habla de las aves,
y a apagar el fuego,
46 Cabalgó el joven Kon
por los bosques y espesuras,
dardos lanzó
para acallar las aves.
47 Entonces dijo un cuervo
-sentado en una rama-,
¿Por qué quieres, Kon,
acallara las aves?
Mejor te sería
montar a caballo
………
y matar guerreros." (48)

Por lo tanto en la tradición escandinava, el cuervo es una figura sagrada y sabia que aporta virtudes de la “reflexión” y “la memoria”

2.3. El cuervo en otras culturas

2.3.1. Rusia

Un buen ejemplo de la simbología del cuervo en la cultura eslava son los cuentos rusos recogidos por Alexandr Nikoláievich Afanásiev, en los que el animal se presenta con múltiples facetas positivas y ninguna negativa, o a lo más una faceta etológica. Así las cosas, el cuervo se aparece como un ayudante del héroe, y así se lee en los cuentos:

"39. Iván Bykóvich." (49) En el que el héroe Iván Bykóvich lucha con tres monstruos de 6, 9 y 12 cabezas y el cuervo está siempre sobre su hombro dispuesto a recibir el primer golpe.

"30. El Sol, el Rayo de Luna y el Cuervo hijo de Cuervo." (50) En este cuento. Cuervo hijo de Cuervo (en estos cuentos el cuervo pasa a tener una denominación propia, es un héroe en sí mismo) ayuda a un viejo a recoger el grano del campo, por lo cual se casa con la tercera hija del viejo y se transforma en su yerno. Sin embargo, el viejo va a visitarlos y tras rechazar la oferta de comida, sí acepta la de dormir, se suben a una escalera, y cuando se duermen, se caen y se matan. En este caso, el cuervo propicia la desgracia del viejo involuntariamente.

"43. María Moriévna." (51) En este cuento, un cuervo golpea el suelo al descender y se transforma en un joven, y le pide a Iván tsariévich (personaje típico de estos cuentos) que le permita casarse con su tercera hermana, enlace que acepta el héroe. El cuervo se la lleva. Tras varias aventuras, Iván da a su hermana, la tsariévna Anna y a su cuñado un caja de plata que les servirá, junto con los otros cuñados (el águila y el halcón) para saber que Iván ha muerto. Por esta causa deciden salvarlo con el "agua de la vida" y "el agua de la muerte". Cuando Iván vence al final del cuento va a visitar a sus cuñados y hermanas.

"38. Los tres reinos: el de cobre, el de plata y el de oro." (52) Aquí el tsariévich Iván engañó al Cuervo hijo de Cuervo para que bebiera el agua de la debilidad, de este modo lo agarró y éste lo llevó volando. Iván quería una pluma mágica para transformarse en cuervo y poder volar para liberar a las tres princesas de los tres reinos y a su madre. Al final lo conseguirá.

"46. Cuento del tsariévich Iván, el pájaro de fuego y el lobo gris." (53) Un cuervo y dos corvatos descienden hasta el suelo para comerse el cadáver de Iván, pero el lobo gris, que quiere ayudarlo, atrapa a un corvato y obliga al cuervo a ir en busca del "agua de la muerte" y del "agua de la vida" para no matar a la cría.

En los dos últimos casos la ayuda no es voluntaria, en contraposición con los anteriores. Aún así, el hecho importante es la no negatividad de la simbología del cuervo en la tradición rusa.

2.3.2. India

Un claro exponente de la antigua cultura de la India son el Valmiki y el Ramayana. Dentro de esos libros se pueden encontrar referencias a los cuervos. Una de ellas aparece en el libro Yuddhakanda, en la Sarga XCV, "Salida de Ravana. Encuentra presagios funestos", que está englobado dentro del libro Valmiki, en el cual Ravana, el jefe de los Rakshasa (demonios) habla con sus inferiores y les dice entre otras cosas:

"... Hoy, cuervos, buitres y otros carniceros, a todos yo los hartaré de cuerpos del enemigo abatidos por mis dardos " (54)

El aspecto de comedores de cadáveres se marca en este fragmento. No obstante, la simbología de los malos presagios no viene marcada por el cuervo, sino por el grito de las aves en general. Así sucede en este mismo fragmento y en otro de la Sarga LXV "Kumbhakarna se lanza al combate a pesar de los presagios funestos" del mismo libro (55).

Otro aspecto que debe señalarse es el de la metamorfosis de los dioses. Este hecho se repite en la mitología griega y romana. En este trabajo aparece recogido en el libro Uttarakanda, en la Sarga XVIII, " Los dioses metamorfoseados en animales por el miedo a Ravana", que está englobado en el libro Valmiki, en el cual el dios, Dharmaraja se metamorfosea en cuervo para evitar ser destruido por Ravana (56).

2.3.3. China

Un ejemplo de la cultura china y su relación con el cuervo son los poemas Tang, poemas de la época de oro de la poesía china con mucha influencia de la tradición. A continuación se muestran dos ejemplos.

Un poema de un poeta representativo del apogeo de la poesía Tang; Li Bai (701-762), "Graznidos nocturnos de los cuervos":

"Amarillas nubes flotan
encima de las murallas.
Los negros cuervos que tornan
graznan sobre las ramas.
Tras la nebulosa cortina,
murmura la joven esposa,
sumida en la melancolía.
Abandona la lanzadera, y añora
al amado que corre tierras remotas.
De noche, sus lágrimas caen cual lluvia
en la soledad de su alcoba." (57)

Otro poema de otro autor del mismo período; Du Fu (712-770), "El ánsar solitario":



"Con el canto de los pájaros, el ánsar solitario
…..
Se ciñe a la melancolía,
Y le parece escucharlos
Mientras los cuervos silvestres,
Ociosos, arman un jaleo
Con sus discordantes graznidos." (58)

En el primer poema los cuervos delatan un mal presagio, el joven ha muerto en tierras lejanas, en el segundo poema se hace referencia a los graznidos arítmicos de los cuervos, que rompen la armonía de la escena.

2.3.4. Japón

A continuación aparecerán unos poemas a la muerte japoneses, pero antes sirva como introducción que los antiguos habitantes de Japón veían en la muerte un viaje, el "viaje de la muerte". Con este pretexto se podrán entender mejor los siguientes poemas de Onitsora (m. 1738) y Shukabo (m. 1775) respectivamente:

¡Devuélveme mi sueño
cuervo! La niebla empaña
la luna que veo al despertar.
[Yume kaese
karasu no samasu
kiri no tsuki] (59)
¿Es a mí a quien llama el cuervo
desde el mundo de las sombras
en esta mañana de escarcha?
[Ware o yobu ka
meido mo shimo no
asagarasu] (60)

Tanto en los poemas del Kojiki como en los del Man'yoshu se representa a los muertos con nubes y niebla, quizá como un reflejo de la incineración que se implantó en esa época. Además, en tumbas prehistóricas del sur de Asia hay barcas, o sus proas, dibujadas en forma de pájaro, incluso a veces a los remeros se les dibuja disfrazados de pájaros. Hoy en día, los cuervos simbolizan el paso de un mundo a otro. (61)

2.3.5. La cultura quiché

En la cultura quiché el cuervo es un símbolo totalmente positivo. Aparece una vez en el Popol Vuh y ésta es para mostrar su colaboración en la creación del ser humano:

"Éstos son los nombres de los animales que trajeron la comida: Yac [el gato de monte], Utiú [el coyote], Quel [una cotorra vulgarmente llamada chocoyo] y Hoh [el cuervo]. Ests cuatro animales les dieron la noticia de las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas, les dijeron que fueran a Paxily les enseñaron el camino de Paxil." (62)

Aquí el cuervo, entre otros, trae la sustancia de la que se formarán los hombres (las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas). Traen estos encargos de los señores Progenitores, Creadores y Formadores; Tepeu y Gucumatz. De este modo queda remarcado su papel como partícipes en la creación.

2.3.6. África: Ruanda

En los cuentos de Ruanda la figura del cuervo aparece marcada negativamente, bien por su incompetencia, bien por traer destinos trágicos o por su maldad ejemplificada en su envidia. A continuación se va a resumir el papel del cuervo en algunos cuentos de este país.

En los cuentos "El aguzanieves y el trueno" (63) y "El padre ausente y el monstruo caníbal" (64) el cuervo se presenta como incapaz de realizar las respectivas actividades que se le encomiendan; al ser requerido por los animales para que haga un agujero en el suelo para sacar agua y él negarse diciendo que su pico se romperá, y al no poder llevar un mensaje al padre de un niño devorado al no saber hablar. Esto no coincide con el poder de comunicación que anteriormente se ha podido ver en otras culturas.

En el cuento "El niño destinado a ser muerto por su padre" (65) el cuervo juega con el hijo del hombre y presagia que el padre matará a su hijo, por lo que el padre intentando matar al cuervo, acabará con la vida de su hijo. Aquí el cuervo está relacionado con la muerte, es un presagio y fuerza el infanticidio.

En el cuento "El cuervo y el padre desposeído de sus hijos" (66) el cuervo roba los hijos al padre por envidia, muriendo al final del cuento por su incompetencia para enfrentarse al peligro.

De este modo parece que el cuervo simboliza en la cultura ruandesa la falta de actividad, que siempre lleva a la destrucción o a ser despreciado por los demás.

No obstante, el cuervo también es considerado como un tótem en la cultura ruandesa, como lo demuestra la existencia de un pueblo ruandés en el que su tótem es el cuervo, dicho pueblo se llama Umusinga.

2.4. CONCLUSIÓN

Desde una perspectiva general se puede deducir que el símbolo del cuervo, como ente capaz de comunicar presagios, se encuentra en muchas culturas, pero su acercamiento hacia el lado de la muerte y su facultad de transportar las almas parecen proceder de las culturas orientales. Al igual que el árbol es el lugar de paso hacia el mundo de los muertos en las culturas medievales europeas, o el pozo en las amerindias, o los lugares cerrados en las africanas, el cuervo es el Carente de las almas en la cultura japonesa.

Sería interesante investigar en un futuro, si como yo creo, esta concepción del cuervo/muerte procede de Japón, y llegó a Europa a través de los románticos, que crearon una Edad Media propia.

Al margen de su capacidad para sacar los ojos de los cuerpos muertos, humanos o no, el cuervo no tiene una clara predisposición a lo negativo, salvo en la cultura europea occidental y en el corazón de África. Aun así, la religión cristiana, baluarte de la sociedad occidental, no tiene especial definición en el papel del cuervo en la vida.

Tal vez hubiera una predisposición en la Biblia a dar especial relieve a la paloma (una de las pocas aves que matan a sus crías y se las comen) restándole importancia al cuervo, tal y como se ve en la evolución del mito del Diluvio Universal, y por esta razón perdió importancia en el devenir del tiempo.

Por último, hay que destacar que en ningún momento se pretenden extraer conclusiones fijas de este trabajo, debido al insuficiente muestreo consultado. Todas las conclusiones extraídas proceden de la comparación entre culturas, y su reflejo en los textos presentados.

____________

NOTAS

(1). BOTTERO, Jean, La epopeya de Gilgamesh, Madrid, trad. Pedro López Barja de Quiroga, Akal Oriente, 1998, p. 227.

(2). LAKIBUA, Madrid, Ediciones Carolina, 1968, pp. 15-16.

(3). GRIMAL, Fierre, Diccionario de mitología griega y romana, Barcelona, Ediciones Paidor, 1984. p. 182.

(4). LA BIBLIA, Madrid, Ediciones Carolina, 1968, p. 320.

(5). SEBASTIAN, Santiago, El Fisiólogo. El bestiario toscano, Madrid, ed. Teuro, 1986, p. 20 (b).

(6). BOGLIONI, Pierre, "Il Santo e gli animali nell'alto medioevo", l.'Uomo di fronte al mondo animale nell’alto medioevo, Spoleto, Centro Italiano di studi sull'alto medioevo, 1985, tomo II, p. 935.

(7). ídem. p. 965.

(8). BERTINI, Ferruccio, "Gli animali nella favolistica medievale dal Romulus al secolo XII". L'Uomo di fronte al mondo animale nell 'alta medioevo, Spoleto, Centro Italiano di studi sull'alto medioevo, 1985, tomo II. pp. 1044-1045.

(9). VOISENET, Jacques, Bestiaire chretien. ToLilouse, (1). L’Université de Toulouse, 1994, p. 233.

(10). COROMINAS, Joan, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Madrid, Gredos, 1961, ed. 2000.

(11). Léase: "Fábula di la volpe (demonio) e il corvo nei rifacimenti medievali di Fedro, in María di Francia en el Román di Renart di Fierre de Saint-Cloud". Véase BERTINI, Ferruccio, "Gli animali nella favolistica medievale dal Romulus al secolo XII" , L'Uomo di fronte al mondo animale nell'alto medioevo, Spoleto, Centro Italiano di studi sull'alto medioevo, 1985, tomo II, p. 1049.

(12). ARCIPRESTE DE HITA, El libro del Buen Amor. ed. Alberto Blecua. Barcelona. PPU, 1988. p. 200.

(13). ídem, pp. 430-433, (14). DON JUAN MANUEL, El conde Lucanor, ed. Carlos Alvar y Pilar Palanco, Barcelona, Planeta, 1984, pp. 28-31.

(15). ídem. pp. 67-70.

(16). MALAXECHEVERRIA, Ignacio, El bestiario esculpido en Navarra. Pamplona, Institución Príncipe de Viana, 1982.

(17). REBOLD BENTON, Janetta, The medieval manegerie, New York. Abbeville Press Publishers. 1992, p, 13.

(18). ídem, p. 17.

(19). GRIMAL, Pierre. Diccionario de mitología griega y romana, Barcelona, Ediciones Paidor, 1984, p. 182.

(20). ídem, p, 321.

(21). GRIMAL. Pierre. Diccionario de mitología griega y romana. Barcelona, Ediciones Paidor, 1984, p. 283.

(22), ARISTOTELES. Historia de los animales. Madrid, ed. AKAL.1990, p. 132.

(23). ídem. p. 133.

(24). ídem, p. 169-170.

(25). ídem. p. 479.

(26). ídem, p. 481.(1).

(27). ídem, p. 509.

(28). ídem. p. 511.

(29). FORBES IRVING, P. M. C., Metamorphosis in Greek (1).myths, New York, Oxford University Press Inc., 1990, p. 2.30.

(30). ELIANO. Claudio, Historia de los animales, Madrid, ed. AKAL. 1989. p. 108.

(31). ídem. p. 293.

(32). ídem, p. 150.

(33). ídem. p. 109.

(34). ídem, p. 259.

(35). ídem, p. 109.

(36). ídem, p. 140.

(37). ídem, p. 61-62.

(38). ídem, p. 259.

(39). ídem, p. 109.

(40). ídem, p, 242.

(41). ídem, p. 109.

(42). ídem, p. 161 y 507.

(43). ídem, p. 62.

(44). ídem, p. 62.

(45). NIEDNER, Heinrich, Mitología nórdica, Barcelona, Edicomunicación. 1997, pp. 5.3-55.

(46). STURLUSON, Snorri, Textos mitológicos de las eddas, ed. Enrique Bernárdez, Madrid, Miraguano ediciones, 2ª ed. 1998, p. 50.

(47). STURLUSON, Snorri, Textos mitológicos de las Eddas, ed. Enrique Bernárdez, Madrid, Miraguano ediciones, 2a ed. 1998, p. 249.

(48). STURLUSON, Snorri, Textos mitológicos de las Eddas, ed. Enrique Bernárdez, Madrid, Miraguano ediciones, 2a ed. 1998, p. 223-229.

(49). NIKOLÁIEVICH AFANÁSIEV, Alexandr, El pájaro de juego y otros cuentos populares rusos, ed. E. Boulatova, E. de Beaumont y J.M. Pedrosa, Oiartzun (Guipúzcoa), Sendoa, 2000, pp. 132-135.

(50). ídem, pp. 100-102.

(51). ídem, pp. 153-163.

(52). ídem, pp. 124-125.

(53). ídem, pp. 190

(54). VERRUGA, Juan B. (ed.), (1). Valmiki- El Ramuyana. Madrid, Clásicos Verruga, 1970, pp. 424-427.

(55). ídem, pp. 328-331.

(56). ídem, pp. 550-552.

(57). GUOJIAN, Chen (ed,), Poemas de Tang. Edad de Oro de la poesía china. Madrid, Cátedra, 1992, p. 58.

(58). ídem, p. 82.

(59). HOFMANN, Yoel (ed.). Poemas japoneses a la muerte. Barcelona, DVU Poesía, 2000, p. 208.

(60). ídem, p. 250.

(61). ídem, pp. 34-35.

(62). RECINOS, Adrián (ed.), Popal Vuh. México, Fondo de Cultura Económica, 1996, p.103.

(63). ESTEPA, Luis y PEDROSA.Jose Manuel, Mitos y cuentos del exilio de Ruanda. Oiartzun (Guipúzcoa), Sendoa, 2001, pp. 117-118.

(64). ídem, pp. 175-176.

(65). ídem, pp. 141.

(66). ídem, pp. 215-216