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«LA ZORRA Y LAS UVAS»: OTRAS VERSIONES Y OTRAS MORALEJAS

DE LA FUENTE GONZALEZ, Miguel Ángel

Publicado en el año 2002 en la Revista de Folklore número 260.

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Según Rodríguez Adrados (1979: 11), «pocos géneros, si es que existe alguno, presentan una mayor continuidad a lo largo de su historia que la fábula, desde Sumeria hasta nuestros días». Y es que la fábula «ha pasado de literatura en literatura, de lengua en lengua, produciendo incesantes derivaciones, imitaciones, recreaciones».

Pues bien, nuestro trabajo discurrirá a través de la persistencia y variaciones de "La zorra y las uvas", fábula que, a pesar de su popularidad, tiene interpretaciones y derivaciones no suficientemente conocidas ni divulgadas.

1. LAS REACCIONES ANTE LO IMPOSIBLE

Dentro de los moldes del género fabulístico, tal y como los presenta García Gual (1995: 24-25), podemos esquematizar el desarrollo de "La zorra y las uvas" así:

1) La zorra tiene hambre (situación básica), pero no puede alcanzar las uvas (conflicto).

2) La zorra desprecia las uvas: "Están verdes" (actuación).

3) Evaluación de la actuación como necia, o como inteligente.

El proceder de la zorra resulta ambiguo en el fondo y, aunque se interpreta normalmente de forma negativa, como engaño, también podría juzgarse como razonable y justificada. Veámoslas.

1.1. EL ENGAÑO Y EL AUTOENGAÑO

Cuando, ante lo imposible, la zorra se disculpa diciendo que están verdes, puede pensarse que, con ello, pretende un doble objetivo: engañar y engañarse. En primer lugar, salva la dignidad o imagen, ante los demás: engaña a los otros; y evita dar motivo de alegría no sólo a los enemigos, sino incluso a algunos "amigos". Ya aconsejaba Feriandro de Corinto (García Gual 1995: 206): "Oculta tus desgracias [y limitaciones] para no regocijar a tus enemigos".

Pero existe también la posibilidad del autoengaño, la zorra se engaña a sí misma, pues no quiere reconocer sus limitaciones ante una realidad que, en ocasiones, constituye un obstáculo insalvable, Es un recurso para preservar lo que se llama hoy autoimagen, aunque se base en la falsedad.

Como recoge Pérez-Rioja, en su Diccionario de símbolos y mitos (1984: 427), el zorro (o la zorra, puesto que es género común) «es el símbolo tradicional de la astucia y el engaño». Y así lo explica García Gual (1995: 111): «El zorro es un maestro en el arte de la mentira y el engaño. Vive de eso, en las fábulas. Frente al león —o al lobo en los apólogos e historias medievales— recurre al engaño para medrar. Es animal de rapiña, pero en el mundo de las bestias, su fuerza queda muy por debajo de las de otros. Y, entonces, sin otra arma, recurre a la palabra artera, adula y piropea, hasta que consigue su botín». No en vano, en nuestro idioma, la palabra zorrería, según María Moliner, se refiere a la «acción llevada a cabo con astucia y disimulo».

Al ser la palabra algo tan humano, aunque en las fábulas todos los animales puedan usarla, y de hecho la usan, quizás ninguno lo haga de forma tan hábil como la zorra, por lo que debamos considerarla como especialmente cercana a nuestra especie.

Esta interpretación negativa del proceder de la zorra está muy de acuerdo con la llamada "moral esópica", que en palabras de Rosario Corté Tovar (1997: 398-399), «es una moral utilitaria, que valora la sabiduría y la astucia, porque permite al individuo defenderse de los poderosos, aun cuando no se produzca ningún cambio en las estructuras sociales [...]».

La popularidad de la fábula, en su interpretación negativa, ha dejado huellas en nuestro idioma. Así, María Moliner (1984: 1508) recoge, en su diccionario, la expresión "están verdes", que suele usarse cuando «se comenta el que una persona pretenda que es ella la que renuncia a cierta cosa que, en realidad, no puede conseguir». También el título de la fábula funciona como frase hecha. Según García Remiro (2001: 310), «cuando alguien nos asegura que desiste de su intento porque ya no le interesa, pero estamos convencidos de que lo hace a su pesar y porque lo que pretendía está fuera de su alcance», solemos decir: "Lo de la zorra y las uvas".

1.2. LA JUSTIFICACIÓN IRÓNICA

Pero también lo de "están verdes" puede considerarse como una justificación no exenta de ironía: ante lo imposible, la zorra reconoce, con filosofía, y sin complejos, las propias limitaciones. Esta interpretación positiva, desde luego, aunque no la más popularizada, ha tenido sus partidarios.

Ya aconsejaba Quilón de Esparta (García Gual 1995: 204): "No ansies lo imposible". Principio propio de un sabio. También Leonardo da Vinci: "El que no pueda lo que quiere, que quiera lo que pueda" (Chi non puo quel che vuol, quel che puó voglia). Y leemos en García Gual (1995: 116), que Baltasar Gracián debía pensar en la fábula de "La zorra y las uvas", al afirmar: "Cuando no se pueda alcanzar la cosa, entre el desprecio". García Gual reflexiona sobre el sentido de la zorra, o vulpeja, que «parece ser el animal que inspira toda la obra de Gracián». Animal que considera muy positivamente: «La vulpeja no es la hipocresía y la mentira, no; es la cautela, la prudencia, la discreción. Representa un sentido de la vida circunstancial, contingente, relativista».

También Antonio Machado (1980: 238), seguramente pensando en nuestra fábula, escribió a modo de consejo, si no de moraleja:

Porque más vale no ver
fruta madura y dorada
que no se puede coger.

2. LA FABULA Y SUS CONTINUACIONES

La aventura de la zorra ante las uvas no se limita a un único episodio; diversos autores, en diferentes épocas, y desde distintos ángulos, dieron sus versiones o añadieron nuevas peripecias a la popular fábula. Veamos algunas, aunque comenzando por sus inicios.

2.1) LA IMPOSIBILIDAD DISCULPADA O ACEPTADA La reacción ante las uvas imposibles, ya hemos visto que puede ser negativa (engaño) o positiva (justificación irónica). Ambas posturas pueden aparecer en los numerosos fabulistas que siguen las huellas pioneras de Esopo, con abundantes versiones en Occidente.

A) ESOPO, BABRIO Y FEDRO

El argumento ya lo sabemos: la zorra intentó apoderarse de las uvas; creía, por tanto, que se podían comer; pero, al estar tan altas, reacciona, aunque no dirá: "No puedo alcanzarlas", el verdadero obstáculo; sino la disculpa: "Están verdes".

Pero fijémonos en la formulación de la disculpa. Mientras en Esopo es simplemente (Esopo 313): "Están verdes"; Babrio (Esopo et al. 1978: 313) matiza la subjetividad de su apreciación: "Estaban verdes las uvas, no maduras, como yo creía".

En cuanto a la moraleja, que falta en Babrio, Esopo (Esopo et al. 1978: 48) la formula en estos términos: "Así, también algunos hombres inhábiles por su incapacidad para lograr lo que quieren echan la culpa a las circunstancias". O sea, escudándose en una oportunista apreciación de la realidad. Y Fedro (1908: 22) remata: "Los que rebajan con palabras lo que no pueden hacer deben apropiarse el ejemplo este".

B) LA VERSIFICACIÓN DE PELAYO BRIZ (1839-1889) En la versificación que, de la fábula de Esopo, hace Francisco Pelayo Briz, se menciona el desagradable sabor de las uvas verdes (Méndez 1978: 38):

"No las quiero, que están verdes,
y verdes no saben bien".

El final de la fábula, no valorativo, se limita a describir ciertas actuaciones:

Muchos son los que anhelan una cosa
y la encuentran divina, dulce, hermosa;
y si luego no pueden alcanzarla
al fin acaba[rá]n por despreciaría.

Por tanto, se trata de un cambio de opinión: antes creíamos que algo era bueno; pero, cuando vemos que resulta inaccesible, lo despreciamos, con la mayor naturalidad del mundo.
























C) EL GUIÑO DE SAMANIEGO (1745-1801) Sin duda, Samaniego enfoca la actuación de la zorra, con cierta crítica (engaño, disculpa...); sin embargo, resulta ambiguo, pues muy bien podría ser su moraleja la de no persistir en lo imposible. ¿Cinismo o ironía? Moraleja (Samaniego 1997: 282):

No por eso te muestres impaciente,
si se te frustra, Fabio, algún intento:
aplica bien el cuento
y di: No están maduras, frescamente.

D) JEAN DE LA FONTAINE (1621-1695) También la postura del fabulista francés es ambigua en cuanto a si está o no de acuerdo con la actuación de zorra (en Samaniego 1997: 134):

—Puah, están verdes! ¡Quédense para los gañanes!
¿Qué mejor podía hacer que desdeñarlas?

También se percibe cierta actitud clasista en el término "gañán" (criado de una hacienda).

E) CIRUELAS Y SALCHICHAS POLACAS De "La zorra y las uvas", en la literatura polaca, al menos hay cuatro versiones, según las indagaciones de Jacek Lyszczyna, que además nos las ha traducido al español (nuestra gratitud, por tanto). Abarcan desde el siglo XVI al XIX, pero nos referiremos tan sólo a dos.

Biernat z Lublina (1460/1467-1529) publicó, en 1516, unas paráfrasis de Esopo en su libro La vida del Esopo frigio. Curiosamente, sustituyó las uvas por ciruelas, más familiares para aquellas tierras.Escribe:

Cierto día, la zorra, estando hambrienta,
paseaba mirando a las ciruelas:
"Si se cayera alguna,
gustosamente me la comería".
Pero ni se movían:
aún les faltaba tiempo.
Mucho esperó la zorra
y, cuando se marchaba, iba pensando:
"Paso de esas ciruelas:
además de pequeñas, están verdes"

Resulta original la pasividad de la zorra: sólo "mira" las ciruelas, ni siquiera intenta alcanzarlas saltando. Sin embargo, su desprecio es doble: son pequeñas y están verdes.

El título de la fábula nos encauza a una interpretación positiva: "Renuncia de buena gana a lo que no puedas tener". Y la moraleja, en consecuencia, dice así:

El sabio reconoce
que no le importa lo que alcanzar no puede;
y no se esfuerza por conseguir sus fines,
si la fortuna no le favorece.

Por su parte, Antoni Gorecki (1737-1816) sustituyó las uvas por salchichas, tan polacas como las ciruelas. Así que la disculpa también debía ser diferente:

"No me porto de forma razonable
saltando cual las cabras:
aunque salchichas a mime parezcan,
cordeles son
los que allá arriba cuelgan»

F) EL RUSO IVAN KRYLOV (1768-1844) Krylov, que publicó sus fábulas en 1808, con gran éxito, también incluye "La zorra y las uvas", que termina así (traducción de Jacek Lyszczyna):

... Se fue la zorra y con enfado dijo: «Bien, ¿y qué?:
buenas parecen por su aspecto,
pero verdes están, aún no maduran:
el hambre olvidaré dentro de poco».

La zorra confía en que, como si de otro cualquier capricho se tratara, también acabará por olvidarse de las uvas inalcanzables y, sobre todo, de su hambre.

2.2) LA DISCULPA DE LO POSIBLE Pero los hechos pueden darse la vuelta, sin que la psicología zorruna cambie sustancialmente. Tal sucede en la versión del norteamericano Ambrose Bierce (1842-¿1914?), popularizado por la novela de Carlos Fuentes, y su correspondiente versión cinematográfica, Gringo viejo.

Ya el título del libro, Esopo enmendado (Aesopus Emendatus), nos avisa sobre el tipo de fábulas que nos vamos a encontrar: contrarias a las tradicionales. En español hemos encontrado dos traducciones, que, curiosamente, difieren en detalles muy importantes, aunque sean del mismo traductor y de la misma editorial. Las reproducimos marcando en cursiva las variantes más importantes.

La primera (Bierce 1994:151) dice así:

Una Zorra, viendo unas uvas agrias colgando a una pulgada de su nariz, no queriendo admitir que hubiera algo que ella no comería, declaró solemnemente que estaban fuera de su alcance.

Esquematizamos los contrastes entre los fabulistas:

ESOPO - BIERCE

Uvas maduras — Uvas agrias
Inalcanzables — "A una pulgada de su nariz"
Zorra hambrienta — Zorra insaciable o harta
Desiste — Es obstinada
"Están verdes" - "Fuera de mi alcance"

En este caso, no cabe duda alguna sobre la mentira de la zorra, aunque el motivo no aparece tan claro: ¿no quiere perder la fama de que come todo lo que se le antoja? ¿O de que hace todo lo que quiere? En ese momento, parece que no le apetece comer y, por eso, miente. Un detalle importante para interpretar la fábula es la forma verbal en que la zorra se expresa: "declaró solemnemente". Esto parece presuponer la presencia de testigos a los que intenta engañar.

La segunda versión, cinco años posterior (Bierce 1997: 121), dice así:

Una Zorra vio un racimo de uvas que colgaba a un palmo de sus narices; y, para no admitir que hubiera algo que no deseara comer, declaró, rotundamente convencida, que estaban fuera de su alcance.

Aunque, en el fondo, sigue siendo la misma fábula, hay tres diferencias importantes. Se suprime el adjetivo "agrias" referido a las uvas, por lo que se vuelve a la misma situación de la fábula de Esopo. Además, se da más importancia al deseo: "para no admitir que hubiera algo que no deseara comer...". Y quizás, lo más importante, varía la forma verbal del rechazo: "declaró rotundamente convencida"; lo que parece reflejar el autoengaño.

Bierce no saca moraleja alguna, se limita a presentar los hechos, con una concisión que dificulta su interpretación. Aunque, quizás, podamos relacionar la fábula con quienes, para no hacer lo que no les apetece, afirman que les resulta imposible. Curiosamente, esta llamémosla "abulia encubierta", que el autor norteamericano introduce en su fábula, no falta en nuestro idioma. Según María Moliner, zorro también significa el "que se hace el tonto para no trabajar".

2.3) LA ZORRA CONSEJERA

Otra fábula de Esopo, "El grajo y la zorra", parece casi la continuación la de "La zorra y las uvas".

Dice así (Esopo 1978: 98):

«Un grajo hambriento se posó en una higuera. Pero al encontrar que los higos no estaban aún maduros, esperó a que lo estuvieran. Una zorra que le vio eternizarse, quería que la explicara el porqué, y dijo: "Pues estás equivocado, amigo, al fiarte de la esperanza, que sabe alimentar las ilusiones, pero de ninguna manera da de comer"».

La moraleja dice: "La fábula es adecuada para el mentiroso". Y hay que preguntarse a qué mentiroso se refiere: si al grajo o a la zorra.

Si es el grajo quien se autoengaña, la zorra habría actuado aquí desinteresadamente, al tratar de que abandone su pasividad para buscar una verdadera solución a su hambre. La zorra ha tenido la experiencia de no poder comer las uvas y ha pasado de largo. Por tanto, pondría su sagacidad al servicio del prójimo.

Pero también podría ser que la zorra mienta y, con su aparentemente buen consejo, pretenda que el cuervo abandone la higuera para que, cuando estén maduros los higos, pueda venir ella a comérselos tranquilamente. Sería, pues, una variante de "El zorro y el cuervo"; donde, con idéntica argucia (unas palabras aparentemente desinteresadas) se pretende obtener algo que se desea: un queso antes; unos higos ahora. Aunque por estar altos, quizás tendría que desistir y decir, nuevamente, que están verdes.

2.4) LA ZORRA HIPÓCRITA En otras fábulas, la zorra desprecia las uvas, pero no porque no estén a su alcance sino porque ya no le interesan: ahora prefiere el vino, es alcohólica, aunque trate de disimularlo. El autor es Iz Istóchnika, apellido ruso de significado similar, curiosamente, al de La Fontaine. Este autor ofrece dos versiones bajo diferente título.

A) "La zorra en la frutería"

«La zorra, al pasar delante de una persona que vendía fruta, se detuvo a comprar un kilo de uvas; y mientras se dirigía a su taberna de costumbre, iba pensando: "Es de idiotas gastarse dinero en uvas, cuando uno puede beber vino de gorra"» (Istéchnika 2001:10).

Podemos descubrir aquí dos engaños. En primer lugar, la zorra compra unas uvas, que ya no le gustan; aunque lo reprueba interiormente, se ve obligada a hacerlo para disimular su afición al vino y no dar pie a comentarios jocosos. Además está planeando beber, luego, a cuenta del prójimo; sin duda, siguiendo la misma táctica que le dio tan buen resultado en "El zorro y el cuervo": halagando a algún compañero de barra.

B) "La zorra frente a la taberna"

«La zorra se detuvo bajo la silueta en bronce del racimo que colgaba sobre la puerta de la taberna y, recordando viejos tiempos, se dijo: Realmente, todas las uvas están "verdes", hasta que no se han convertido en un apetecible caldo. Y, no sin cierta emoción, abrió la entornada puerta de la taberna» (Istóchnika 2001:11).

Aquí, las uvas no sólo están altas sino que resultan, realmente, incomestibles por tratarse de su reproducción en bronce. Pero todo ello carece de importancia en este momento, porque a la zorra han dejado de interesarle las uvas. Así que sus palabras no son una disculpa para su alcoholismo, sino una especie de tierna nostalgia por aquel tiempo en que, hambrienta, tuvo que pasar de largo bajo las uvas, sin tener, como ahora, un consuelo alternativo.

2.5) LA ZORRA OBSTINADA

Arthur Koestler (1905-1983) dice en su autobiografía (1951/2000 vol. 1: 297-298), que, a partir de la fábula de La Fontaine, pensó rehacer la fábula así:

1) La zorra, al no lograr las uvas, ha tenido que sufrir las burlas de los zorros.

2) La zorra, entonces, toma lecciones para poder escalar.

3) Pero, cuando al fin las alcanza, comprueba que las uvas están realmente verdes.

4) ¿La creerán ahora si asegura que están verdes? Ni siquiera es capaz de aceptarlo ella misma.

5) Come las uvas, enflaquece y muere de úlcera.

La fábula de Koestler, que hemos esquematizado, parte de supuestos diferentes a los de Esopo. Las uvas están realmente agrias, pero no encuentra una disculpa para no comérselas, sin quedar en ridículo ante los demás.

Este nuevo rumbo de la fábula, ya pareció intuirlo Séneca, en su De la tranquilidad del alma (1996: 99), cuando aconseja: "No habremos de trabajar ni en asuntos superfluos, ni desde lo superfluo; es decir, no deseemos lo que no podamos conseguir o, habiéndolo alcanzado después de muchos sudores, comprendamos tarde el engaño de nuestros deseos. Esto es, que no venga a ser el trabajo inútil, sin efecto, o indigno el efecto del trabajo". Se plantea, por tanto, como actuación sabia el huir de trabajos inútiles: "las uvas inalcanzables" (la postura de Leonardo y de Gracián); o de trabajos cuyo efecto es nocivo: "las uvas agrias".

Koestler va a aplicar su particular versión de "La zorra y las uvas", a múltiples situaciones, no sólo como fábula moral, sino también como fábula literaria.

Como crítica literaria, al estilo de nuestro Iriarte, Koestler la aplica a escritores como Proust y Evelyn Waugh (2000: 293, I): «Saben muy bien que las duquesas están verdes y son aburridas, y, sin embargo, tienen que alimentarse [y escribir] de duquesas para demostrarse a sí mismos que están a su alcance».

Como fábula moral, Koestler la refiere a negociantes, estrellas de cine y profesiones liberales: «Después de los primeros éxitos en el arte de trepar, descubren que la fruta codiciada no es exactamente lo que se imaginaban. Sin embargo, ya se encuentran bajo el hechizo, obligados a seguir jadeando y esforzándose y tragándose la ácida fruta del éxito hasta el último momento». En otro lugar afirma Koestler (2000: 405, II): «Una vez que uno escoge el camino del engaño, este adquiere la fuerza compulsiva de una piedra que rueda desde lo alto de la montaña».

Por otra parte, también Koestler se la aplica a sí mismo, a su constante actitud vital de "quemar las naves", o sea, de despreciar el éxito cuando ya lo había logrado y cuando ya nadie, como dice, pudiera "sospechar que las uvas del éxito no estaban a mi alcance" (2000: 297, I). Pues en un momento de su vida en que se hace comunista, cuando todo le iba mejor que nunca, quiere escapar sin tener que comerse "las uvas agrias", que ya había demostrado ser capaz de alcanzar.

También la fábula tiene que ver con la postura adoptada por algunos ante los rumbos que el comunismo iba tomando en la época de Stalin. Para muchos comunistas o intelectuales simpatizantes (escritores, actores, periodistas, el mismo Koestler) no resultaba fácil verlo ni aceptarlo: «No se renuncia, de buena gana, a una ilusión querida; y el orgullo intelectual que les impide admitir que han sido burlados los hizo guardar, sobre los errores que conocían, un silencio que es un aval" (Koestler 2000: 456, II).

2.6) EL OSO-ZORRA HOLGAZAN

También Magdalena Lasala (2000:17-18) tiene su particular versión de la fábula que nos ocupa, aunque su título, en un principio, pueda despistar: "El oso y el higo". Varía el animal y el tipo de fruto, como algún fabulista polaco; pero es prácticamente inevitable no recordar a la zorra. Resumimos las dos escasas páginas que ocupa:

1) Un oso hambriento descubre un higo en una rama.

2) El oso quiere que el higo caiga sin tomarse ningún trabajo; pero el higo le advierte que no puede caer pues está muy bien sujeto a la rama.

3) El oso no le hace caso y persiste en su actitud de espera.

4) Desenlace: "El higo se secó en la rama. Y el oso se murió de hambre en el suelo".

Es la historia de la pereza, de la pasividad, de la falsa y cómoda esperanza de que le servirán a uno las cosas en bandeja, sin tener que esforzarse.

3. METAFABULA FINAL Y EL FINAL DE LAS FÁBULAS

Reis y Lopes (1995: 96) advierten que, modernamente, "la literatura tiende a retraer o a ocultar ese carácter abiertamente moralizante, que en otro tiempo se reconocía en la fábula". Parece, pues, que la moraleja, que varía según épocas y culturas, pierde hoy terreno y se limita a la mera descripción de actos o actitudes.

Esta es nuestra última fábula, o metafábula:

«En el CXCI Congreso Mundial sobre las Fábulas, y en un momento de descanso, un grupo de asistentes vieron cómo pasaba una zorra por debajo de una parra y se alejaba sin haber mirado siquiera a los suculentos racimos que de ella colgaban.

—La zorra pensó que no podía alcanzar los racimos y, por eso, ni lo intentó, para no hacer el ridículo —pontificó Esopo, con la autoridad que le confería el hecho de ser el primer fabulista de renombre universal.

—No estoy de acuerdo —argüyó Bierce, en plan un tanto socarrón—. En realidad, la zorra podía alcanzar las uvas, pero como no le apetecían, no las hizo ningún caso.

—En mi opinión —intervino Koestler—, la zorra sabía que eran realmente agrazones y prefirió evitarse el trabajo de alcanzarlas y tener que sufrir una indigestión.

—O quizás... —intervino un español, que nadie sabía si era congresista, fabulista o simplemente cuentista—, quizás... iba camino de una taberna, y no las miró porque lo que le gusta realmente es el vino.

Había un quinto congresista presente, que no expresó opinión alguna. Este quinto congresista no era sino una zorra camuflada, infiltrada en el congreso. Como buena zorra, nada dijo; pero pensó para sus adentros: "Lo que sucede, y todos estos pedantes ignoran, es que las zorras ya estamos hartas de que se metan, inútilmente, con nosotras los humanos, y se olviden de observarse y criticarse a sí mismos. Mi compañera se ha ido a buscar una escalera y esperará oculta por aquí cerca, para salir cuando comience la próxima sesión plenaria, y darse un banquete a sus anchas, sin la incomodidad de testigo alguno"» (Istóchnika 2001:12-13).

Llegamos, así, al término de este recorrido tras el rastro de la zorra y su contencioso con las uvas. Siempre la fábula pretendió una enseñanza; sin embargo, en esta metafábula final, ya del siglo XXI, la zorra inhibe su actuación. ¿Ha acabado la fábula siendo un género inútil? ¿O lo fue siempre? Desde el inicio de los tiempos, y ya han llovido muchas fábulas, parece que la humana naturaleza siempre se ha obstinado en demostrar que no resulta fácilmente corregible. Esto, según los optimistas. Porque para los pesimistas, ya se sabe: el ser humano siempre encontrará pretextos para emborracharse, en la taberna de la mentira, con el vino de las uvas verdes nunca alcanzadas.

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REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

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