Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

REVISTA BIBLIOGRAFICA

GARCIA, Tisbe y CONDE, Fernando

Publicado en el año 2002 en la Revista de Folklore número 260.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 260 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


Ciclotimia, vaivenes del corazón que se experimentan a la hora de afrontar un nuevo reto. Es como asomarse al vacío. El vacío atrae y seduce, pero al mismo tiempo impone respeto y da miedo. Y así nos sentimos nosotros, seducidos y miedosos a la vez. Seducidos porque iniciamos una ventura, si el mar es calmo, o una aventura si las aguas a las que nos echamos se encrespan y malean; miedosos, porque no sabemos si la singladura será en bonanza o en tempestad.

Aludíamos arriba a un reto porque aquí y así comienza -con esperanzas de perennidad- una sección dedicada a la bibliofilia en las tripas de esta publicación que, sin duda, no necesitaría de nada más para ser ya completa. Sin embargo, henos aquí dispuestos a hacer bueno aquello que decía Gibran, el gran poeta libanés de que no progresas mejorando lo que está hecho, sino esforzándote en lograr lo que queda por hacer. El esfuerzo para nosotros, de aquí en adelante, no lo constituirá la redacción periódica de un artículo para la revista Folklore, la verdadera empresa consistirá en rayar a la misma altura que el resto de las páginas.

De ti lector, pues, demandamos comprensión. Seas paciente y magnánimo con esta criatura a quien ya mismo das vida entre tus manos.

(¿qué tipo de ilustración?...)

En este primer trabajo no queríamos centrarnos en ninguna obra concreta. Tan sólo, como cronistas testigos, buscábamos relacionar lo que fue pasto de las prensas a lo largo del pasado año. Así pues, aprovechamos los nuevos odres, Internet, para una vieja empresa, la búsqueda del documento; tiramos de ISBN; marcamos la casilla del año 2001; y en el epígrafe "materias", depositamos la palabra etnografía: 128 títulos, el fruto de la consulta, ipso facto. No parecen demasiadas mimbres para todo un año. Pero, ¿y si el International Standar Book Number -aún no hemos tenido tiempo de romancizarlo en castellano- distinguiera entre etnografía y folclore? Veamos. No, pues no. Folclore no tiene adeptos entre la fría estadística del recuento, por más que el ilustre Marqués de Iria Flavia, con la anuencia soporífera de sus colegas de sillón, levantara la bandera de la luna menguante -nos referimos a una c- y arrasara el asimilado y aceptado anglicismo que porta su k originaria. Pero, un momento, entonces... ¿no me digas que es folklore?, ¿y contra la Real? ¡Dios mío! Pues sí, te lo digo: 230, que van desde un Versus Numantia. Para repensar lo soriano. de Alberto Manrique Romero en Soria Edita, hasta un 500 años de fallas, de José Soler Carnicer, en Diputación Provincial de Valencia, pasando por un Tratado de supersticiones y hechicerías de Martín de Castañeda en José Manuel Dueso Alarcón, o un rescatado Theurgia general y específica de las graves calidades maravillosas virtudes.. de Juan Bernardino Rojo en la ahuesada Librería París-Valencia S.L., que poco o nada tiene que ver con lo que aquí nos ocupa, pero que ocupa su puesto entre los considerados de materia folklórica.

Resulta muy difícil precisar qué campo de significación abarca la palabra folklore -o folclore, si es gusto-. Por ello, nosotros nos hemos tomado la libertad de considerar como tal: por supuesto a cierto espacio de la música, a determinado campo de la literatura y de la historia, a una buena parte de la antropología y a algunos esquejes que no admiten epígrafe al amparo del cual colocarlos. Y, por ende, hacer de la sonora Etnografía, una parcela del bastardo y menos cultista, al menos, por nombre. Folklore.

En lo sucesivo, trataremos de desplegar -aunque no pliego a pliego- algunas de estas obras que hoy sólo son un título más o menos atractivo o sugerente. Destriparlas, sin contarlas; hacer de ellas crítica sin ser necesariamente críticos; y, en definitiva, ser tan objetivos como nuestro propio nosotros -que en este caso sí es suma de dos y oes- nos permita. En la cabecera de la cama ya esperan algunos títulos que nutrirán las futuras reflexiones que hemos de verter en estas páginas. Por el momento, confórmense con asistir al enunciado de unas cuantas obras que, prima facie, despiertan nuestro interés.

Muchos son los títulos que bajo el palio de la Etnografía o del Folklore aparecen en el ISBN del pasado año -por ser más precisos, 130 en el caso de etnografía y 231 en la partida del folklore-. En esta primera aproximación nuestra a la bibliografía etnofolklórica pretendemos llevar a cabo, como ya hemos señalado, un recorrido por algunos de los trabajos editados que, a priori y sin más justificación que lo evocador del tema sugerido o el acierto de un título sugerente, nos han parecido más atractivos. Al final de este repaso a vista de ave, nos centraremos en tres o cuatro obras a las que dedicaremos un comentario particular.

Grosso modo, se observa en la nómina de publicaciones una clara tendencia hacia el estudio y análisis de lo local -que no localista-, de lo cercano al contexto vivencial del autor o autores. Trabajos como: Campos de pan y Duero; Tierra de palomares; romance de hidalgos; el arte de la piedra y el barro: legado de tradiciones. de Isabel y Carmela Reguilón en Annas del Duero S.; o como, Prácticas y creencias de una santiguadora canaria, por Domingo García Barbucano en Centro de la Cultura Canaria; o la obra homenaje De Madrid - al cuplé: una crónica cantada, de Olga Ma Ramírez Ramos en Ediciones la Librería a su popular madre; o como. El polvo del camino: el libro maldito del Rocío, por Eva Díaz Pérez en Signaturas Ediciones de Andalucía; "Versus Numantia". Para repensar lo soriano, de Alberto Manrique Romero en Soria Edita... hasta la autoedición de Jaime Parsolas Jáuregui titulada Doce imagineros de la Semana Santa de Sevilla.

Ya que hemos traído a colación una obra cuidada por el propio autor, hemos de señalar que no es baladí el número de este tipo de ediciones, que no sólo requieren el esfuerzo de la elaboración propiamente dicha, sino también el enfrentamiento de su conformación y difusión, con todo lo que ello supone de dispendio y dificultad añadida. En este anaquel podemos colocar obras como la antes mencionada; Brujería en el País Vasco, de José Manuel Dueso Alarcón; Campanilleros y villancicos, de Carmen Ramírez Gómez; o Los juegos tradicionales: a qué y cómo se jugaba en nuestros pueblos de Luis M. Mediavilla de la Gala Rueda-García.

Muchos son, por otro lado, los investigadores, estudiosos y -haciendo buena la sentencia de Groucho Marx y, por supuesto, sin ánimo de ofensa-, siempre diletantes, que toman la música en todas sus posibles formas y fórmulas como leit motiv de sus textos. Así, la obra de Emilio Rey García en Asociación Española de Documentación Musical Los libros de música tradicional en España: la muy atractiva en la distancia corta de Susana Weich Shahak en Compañía Literaria que lleva el nombre de Retahila, repertorio infantil sefardí: una, destacada por ser uno de los escasos ejemplos en los que el faldón acoge el nombre de una editorial de las que pudiéramos denominar "fuertes". Canciones de cuna. en RBA Libros, El Cançoner de Nadal recopilado por Marta Luna en La Galera; Los cantos y danzas regionales, que recoge Juan Bethencourt Alfonso en Editora de Temas Canarios; la más ambiciosa Villancicos de Europa de Claudia Gubser en Real Música; o un Coplero estudiantil de los ya abundantes, a cargo de José Luis García Fernández en Edimat Libros.

Y, tal vez mención aparte merezca todo lo dedicado al flamenco y a sus palos, que es mucho. Trabajos tales como, El cante jondo del territorio a los repertorios: tonas, seguiriyas. soleares, de Pierre Lefranc al amparo del Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla; el más específico de Manuel Lorente Rivas, también bajo los auspicios del alma mater en este caso granadina y titulado Etnografía antropológica del flamenco en Granada, estructura, sistema y metaestructura: el muy expresivo a juzgar por el título El flamenco: tradición y libertad, de Luis de Córdoba, nacido de las prensas del Ateneo cordobés; o el académico estudio de la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera, Los gitanos de Jerez, de Juan de la Plata.

En buena lógica, este repaso a vuelapluma no podía dejar en la sombra aquellas publicaciones que se centran de manera específica en la Etnografía y/o el Folklore. Son en suma demasiadas como para enumerarlas todas en estas páginas; sirvan de muestra algunas obras: Etnografía: métodos de investigación, de Martin Harnmersley y Paúl Atkinson en Ediciones Paidós Ibérica; La razón hechizada: teorías antropológicas de la religión por Manuel Catón Delgado en Ariel; Publicaciones de etnografía y folklore "Hoyos Saiz": la gestión del Patrimonio Etnográfico, por Eloy Gómez Pellón, Ana Ma Rivas y Pedro Gómez; y la que, aunque si bien de enclave singular, a juzgar por el título, busca la trascendencia de sí misma, titulada Religiosidad popular, folklore de Mallorca, folklore de Europa por Gabriel Llompart, a cargo del editor José J. de Olañieta.

Por último y antes de desentrañar los tres o cuatro títulos a los que aún no hemos aludido, nos gustaría abrir en estos anaqueles figurados una sección de varia miscelánea de temas, géneros y fines. En ellos colocaremos un buen número de obras a las que nos iremos aproximando en sucesivos trabajos. Citemos cálamo currente: Con regusto a miel y Queso, de las manos de Manuel Ambite Sánchez en Ediciones Llanura; Tejer y vestir: de la Antigüedad al Islam, publicada por el C.S.I.C.; el sugerente epígrafe El mundo de los vencidos, de Paola Agosti Agosti al cargo del Centro de Investigaciones Etnológicas Ángel Ganivet de la Diputación Provincial de Granada Los pasiegos, religiosidad y violencia, por Antonio Montesinos González y Mary Roscales en Ediciones Límite; la aportación de Alianza Editorial con Fiestas de ayer y hoy en España, por Francisco J. Flores Arroyuelo; la de Lunwerg Editores dedicada a las Fiestas de Cataluña: una muestra de la diversidad del patrimonio popular, de Jordi Bertrán; Las fiestas populares y el derecho por David Vicente Blanquer Criado y Miguel A. Gullín Galindo en Librería Tirant Lo Blanch; la curiosa obra de Alberto Alvarez Peña en VTP Editorial titulada El cuélebre; una Antología de títeres de Iberoamérica que debemos al Instituto Nacional de Artes Escénicas y de la Música; o la Historia y mecánica de la marioneta en España, de Adolfo Ayuso Roy y Helena Millan Mamar por gracias del Servicio de Cultura de la Diputación Provincial de Zaragoza.

Y... bien es cierto que nos resistimos a cerrar este apartado sin citar algunas obras a las que hemos catalogado como rarae aves, sin que ello signifique desdoro o desconsideración hacia las mismas. Sólo guiados de un cierto prurito de exotismo o seducidos por alguna pincelada de evocación particular nos hemos atrevido a hacer esta distinción en el caso de: Cinco historias de brujas, de J. R. Saiz Viadero en Ediciones Tantín; Seres intermedios, ángeles, demonios y genios en el Mundo Mediterráneo. en Ediciones Clásicas; Los hijos de Platón: sobre santos y cofradías de Andalucía y Marruecos, de Antonio Zoido en Signatura Ediciones de Andalucía; Mitos y cuentos del exilio de Ruanda, por José M. Pedrosa Bartolomé y Luis Estepa Pinilla en Sendoa; Crónica de los indios guayaquíes: lo que saben los aché, cazadores nómadas del Paraguay, de Pierre Castres et alii en Alta-fulla Editorial; La relación de las cosas del mundo, de Zhang Hua en Editorial Trotta; Religiones, ritos y creencias funerarias en la Hispania Prerromana de J. M. Blázquez en Biblioteca Nueva; el sonoro Viva la coca, mueran los gringos: movilizaciones campesinas y etnicidad en el Chapare (Bolivia). por Andrés Viola Recasens de la Universidad de Barcelona; y, por ultimo, el intrigante Compendium maleficarum de Montague Summers en Editorial Club Universitario.

No cabe duda -no nos cabe- de que son todos los que están, pero nos tememos, por San Antón, que no están todos los que son.

Nos adentramos pues en el último apartado de este humilde artículo. Vamos a comentar cuatro obras elegidas de entre esta pléyade de publicaciones a la que aludíamos más arriba. Los títulos elegidos para la ocasión son los siguientes: Tradición, cien respuestas a una pregunta de Angel Carril y Angel B. Espina Barrio Editores; Método de dulzaina aragonesa, de Blas Coscollar Santaliestra en Arsis Editorial; La Trashumancia, de Manuel Rodríguez Pascual en Edilesa; y unos pocos Conjuros y plegarias de tradición oral de José Manuel Fraile Gil en Compañía Literaria.

Sobre el primero, id est, Tradición, cien respuestas a una pregunta, debemos comenzar por señalar que es urdimbre tejida sobre un innegable armazón periodístico. Sus autores, los Ángeles citados arriba, plantean la siguiente pregunta a cien personajes, personalidades, o, sencillamente personas, relacionados de un modo u otro con la Cultura Tradicional y el Patrimonio: ¿cuál es la importancia y el interés de la tradición para nuestras sociedades y culturas actuales? Hemos dejado este espacio para que el lector solícito pueda contestar y abundar en el número de encuestados y opiniones al gusto.

La obra se abre con un prólogo de D. Manuel Martín Martín, Diputado de Cultura de la Diputación Provincial de Salamanca y con un par de artículos a modo de captatio benevolentiae, el primero a cargo de un antropólogo y el segundo de la pluma de un estudioso de la tradición de las tierras salmantinas o, por ser más precisos, a cargo de sus autores. De las palabras del propio Espina nos servimos para enmarcar la diversidad de los interpelados en esta obra: Haciendo repaso de los breves curricula (currículos), que pienso que con acierto se han incluido en cada artículo -al final y, a pesar de que en algunos casos no fuera necesario... cortesía y deferencia obligan-, nos encontramos con etnógrafos, etnólogos, antropólogos, historiadores, etnomusicólogos, filólogos, filósofos, folkloristas, sociólogos, politólogos, músicos, abogados, botánicos, lingüistas, periodistas, pedagogos, escritores, museólogos, gerentes culturales... y también, especialmente fotógrafos, cuyo trabajo es al decir de Angel Carril pura conjetura visual hacia y sobre la tradición, y que empeñan su palabra, añadimos nosotros, en las milésimas de un diafragma.

De esta publicación excelentemente presentada en papel ahuesado, en tapa semirígida plastificada y mate con una concesión al satén para resalte del asunto, de solapa desplegable y ancha casi hasta las costuras -aunque pecadora de un postrero repaso de galeradas-, hemos extraído las palabras que aquí transcribimos y mentamos sin olvidarnos de su mentor. Opina Luis Miguel Bajen que la "tradición", la adición a la tradición, es propia de personas y pueblos temerosos -y biennacidos-, un sentimiento mágico-religioso que permite la ilusión de la permanencia y alivia el miedo a la libertad. Curiosa visión que compartimos a medias. Al igual que, aunque con reservas, podemos aceptar las siguientes aseveraciones del propio Bajen: es falso que la tradición permanezca; que perviva en sentido absoluto. Sin traición no hay tradición. La entrega" a la que, ya desde su etimología común, ambas palabras alude (sic) implica pérdida, del que entrega, y ganancia, del que recoge. El uso que hará de la tradición su nuevo poseedor siempre será distinto al anterior: sin actualización, sin personalización, no hay tradición que viva. Hay traidores que matan y "traedores" que dan vida... Por eso las mejores tradiciones, como las banderas, son las que mejor arden. Fuego que quema, fuego que alumbra nueva vida. Al calor de su llama, debemos reinventar el presente y "alumbrar" ¿nuevos? modos, ¿nuevos? caminos... No hay nada nuevo, sólo lo olvidado.

No son, a buen seguro, las palabras más destacadas o destacables del libro, pero es cierto que guardan un poso de verdad en sus entrañas sobre el que merece la pena reflexionar un attimo.

Cambiamos el tercio por completo para ocuparnos ahora de la segunda obra mencionada. Nos referimos al Método de dulzaina aragonesa que nos brinda el médico y músico Blas Coscollar. Poco o nada habría que añadir a un título tan explícitamente escogido.

El libro se divide en cuatro partes con tres apéndices por añadidura. La medicina, así como la lectura dilatada y erudita y el estudio de las fuentes se reflejan en una primera parte introductoria en la que vamos de lo general a lo particular, de los sonidos como objeto de análisis científico y la música como manifestación asociada al hombre desde sus orígenes, hasta la dulzaina y su posible cuna -alta cuna, si comulgamos con las tesis del autor-, o el dulzainero y la singularidad de su persona.

La segunda parte es un tratadillo de habilidad práctica para manipular y hacer sonar, que no tocar, este instrumento. Y en la tercera es en la que Coscollar desarrolla su método y explica, valiéndose de la vieja técnica de los exempla, los rudimentos del mismo. Llegado a este punto y asimiladas las enseñanzas del maestro dulzainero, tú, amigo lector, podrás digitar octavas y pasar a la parte cuarta y última en la que hallarás un repertorio amplio de albadas, bailes y dances, toques, pasacalles y chirimías con los que disfrutar del sonido vivo de la dulzaina aragonesa; a no ser que, como quienes esto escribimos, no conozcas los arcanos del lenguaje musical, en cuyo caso será recomendable comenzar por algún sencillo manual de solfeo "a la básica".

El autor no sólo nota sobre pentagrama cada una de las canciones, sino que haciendo gala de un conocimiento exhaustivo de las mismas y de su contexto, glosa muchas de ellas con apuntes sobre el lugar de origen -o de escucha-, la solemnidad a la que van asociadas -por lo general fiestas religiosas, como es lógico-, etc. En definitiva, no hay más leña que la que arde, si bien es de buena calidad.

Hay obras, libros en el más amplio sentido de la palabra, que seducen casi con la mirada, a primera vista. Hay algo en su formato, en su cubierta o, quizá, en el momento y lugar de encuentro o, tal vez... ¡vaya usted a saber qué!, pero así es. Eso es lo que nos ocurrió con la tercera de las publicaciones que traemos aquí a colación, La Trashumancia, de Manuel Rodríguez Pascual en Edilesa. Parece que la incesante quietud del gran rebaño de la sobrecubierta nos estuviera invitando a triscar entre las páginas de este voluminoso trabajo. Y la conquista y rendición llegan cuando uno por fin abre las páginas y sobre la pátina del papel contempla en virtual in situ los paisajes y paisanajes de esta tradición milenaria.

El libro es un primor de fotografía y texto. Nada se ha escapado a la labor de una buena montonera de años (más de diez), a lo largo de los cuales este doctor en veterinaria y técnico del C.S.I.C. ha ido recopilando una ingente cantidad de datos, testimonios y vivencias en torno a este rito secular que nace en las montañas de León y "muere" en las dehesas de la hospitalicia tierra extremeña. Desde la descripción del ganado, de atelaje pastoril, de los puertos, de la impedimenta, de las piaras, de las cabañas y sin olvidar por supuesto una extensa reseña histórica en torno al Gran Consejo de la Mesta, hasta la descripción de las cañadas, de las enfermedades más frecuentes, de la vida cotidiana del pastor, de las rutas -incluido un mapa exento y despleglable de situación- y sus enclaves... por abreviar, en suma, TODO lo que la trashumancia como rito, hito y mito puede significar.

Resulta casi imposible condensar en pocas palabras lo que esconde este trasunto de Perséfone que es el ir y venir de acá para allá sin límite ni fin, entre el fresco estío leonés y la bonanza invernal de la madre Extremadura. Es sencillamente la trashumancia. Les invitamos a disfrutar.

Y, como colofón a esta primera aproximación nuestra a la "cosa" del Folklore, queremos hacer breve mención del concienzudo trabajo que José Manuel Fraile Gil ha depositado en sus Conjuros y plegarias de tradición oral. Un trabajo de campo, a pie de obra, suponemos que micrófono en mano y con la libreta al cabo del bolsillo.

Recoge Fraile Gil, tras un provechoso estudio preliminar dividido en tres capítulos, las variantes -casi innumerables en algunos casos- de los conjuros y plegarias con los que el pueblo, desde que los latines se hicieron vernáculos, ya hace algún tiempo, ha buscado atraerse el favor del santo, santa y/o madre, del padre, hijo y -sin o- espíritu santo... de turno. Un exhaustivo empeño que no pasa por alto ni la más leve diferencia entre una fórmula y la que reza el pueblo de al lado.

Sin embargo, el estudio lejos de centrarse en ninguna zona concreta de la geografía española se panhispaniza y trasciende las fronteras de provincias, regiones, penínsulas y países. Testimonio de lo cual son plegarias como la de agradecimiento numerada con el 323 y recogida por el propio autor de boca de Rosario León Ocampo, de 48 años, en Pereira (Colombia), o el conjuro 511, que llama a San Juan bendito... en La Matanza de Acentejo (Tenerife). Si bien es cierto, estos ejemplos constituyen la excepción y no la regla.

Bien nos viene este curioso ejercicio para convocar el yang -principio positivo en el taoísmo- de algún santo desocupado que nos ampare y proteja de la crítica. Ha sido un impulso casi visceral, súbito diríamos, el que nos ha llevado a pensar en un primer momento en la efectividad de una amenaza genital al sufrido San Cucufato. Pero, apiadados de su ya crónica testiculitis, hemos dejado en paz al pobre San Cugat, que ya debe de estar hasta los... tuétanos de sus fervientes devotos y nos hemos encomendado a la siempre atenta protección de un Angel de la guarda, "propiedad" de doña Dorotea Caballero Fernández, de 74 años de edad -cuando los tuviera- y que mora, el ángel, por Viñas de Aliste, en la provincia de Zamora. Dice así:

Ángel de la guarda, humilde te pedimos
que nos ampares y defiendas de todo peligro.
Lucero brillante, Angel defensor,
vos, que norte y guía sois del pecador;
sois noche y día, la luna y el sol,
el que nos alumbra con su resplandor.
Estos fieles devotos os piden con fervor
nos hagáis compañía, Ángel protector;
sigue nuestros pasos con dirección,
no perdamos el camino de la salvación;
de los enemigos nos habéis de librar,
también de peligros por tierra y por mar,
de un incendio fuerte, de una tempestad,
de una mala muerte y de una enfermedad;
de tigres y osos nos habéis de librar,
de perros rabiosos que mordiendo van,
del lobo furioso, del fiero león,
también de personas de mala intención,
de seztos malinos (sic) que por tierra están,
de rayos y centellas y un horacán, (sic)
de una mala lengua, de un perseguidor,
y de las intenciones de un malhechor.
Si enfermo cayese. Angel, en propiedad,
el médico fueses en la enfermedad,
y si falleciese no habías de premitir (sic)
que sin sacramento lleguemos a morir;
haz que a nadie guardemos rencor,
perdonemos al contrario de buen corazón,
y de los pobres tengamos caridad
y, por este medio, nos podamos salvar.
Llegada la hora de la conclusión
que todos nos perdonen con profundo amor
y que perdonemos a todos también
y suba nuestra alma a la Gloria. Amén. (1)

____________

NOTAS

(1). Nos hemos permitido la licencia de hacernos protagonistas del conjuro y por ese motivo, hemos trocado en cursiva aquellas palabras que requerían algún cambio de persona y número