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LAS CAMPANAS EN LA COMARCA DE LAS TIERRAS DE ALBA DE TORMES (Salamanca) (Parte I)

DOMINGUEZ MORENO, José María / PEREZ HERNANDEZ, Delfín

Publicado en el año 2001 en la Revista de Folklore número 246.

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El trabajo que presentamos ha sido posible gracias a la ayuda concedida por la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Castilla y León, dentro de sus programas de recuperación etnográfica para la comunidad (1), y fue llevado a cabo entre los meses de mayo y octubre de 1999. Aunque actualmente seguimos trabajando en la catalogación y estudio de las campanas en una zona más amplia, éstos apuntes se centran en el espacio geográfico que comprende la denominada Comarca de las Tierras de Alba, aunque algunas de las poblaciones en las que incidimos se asienten dentro de las áreas de influencia de Peñaranda y de Salvatierra. Su relación completa es la siguiente:

Alba de Tormes
Aldeaseca
Amatos
Anaya de Alba
Beleña
Buenavista
Calvarrasa de Arriba
Coca de Alba
Ejeme
Encinas de Arriba
Fresno Nuevo
Gajates
Galinduste
Galisancho
Galleguillos
Garcihernández
Herrezuelo
La Lurda
Larrodrigo
Martinamor
Nava de Sotrobal
Navales
Palomares
Pedraza de Alba
Pedrosillo
Pelayos
Peñarandilla
Portillo
Santa Inés
Santa Teresa
Sieteiglesias
Terradillos
Tordillos
Torrejón
Valdecarros
Valdemierque
Valverde

La metodología empleada en el desarrollo de este trabajo de campo es la que normalmente se utiliza en estos casos. Hay que partir de la base de que ya habíamos visitado con anterioridad todos los pueblos citados. Ello tuvo lugar a finales de diciembre con ocasión de elaborar el proyecto que enviamos a la Consejería de Educación y Cultura para su aprobación. Puesto que ya teníamos hecha la composición de lugar, nos faltaba como paso previo el contactar con los párrocos o responsables de todas y cada una de las iglesias. Lógicamente estábamos avalados por el correspondiente permiso remitido desde el obispado de Salamanca, a cuya diócesis pertenecen todas las citadas poblaciones. Cuando las campanas, algo que se da con muy poca frecuencia, estaban situadas en edificios de carácter civil, el contacto lo llevábamos a cabo con los propios ayuntamientos.

Tras estas primeras actuaciones surgían los principales problemas, es decir, aquéllos que derivaban de la propia ejecución del trabajo de campo. Hay que tener en cuenta que son pocas las iglesias estudiadas que tienen campanario y que la mayoría de las espadañas carecen de acceso directo a las campanas. La ascensión había de hacerse a través de los tejados de los templos, mediante las correspondientes escaleras. La seguridad debíamos buscarla en los arneses y en una previa visualización de todas las techumbres, muchas de las cuales se conservan en muy mal estado. Junto al equipo de grabación y fotografía, era necesario transportar un cubo de agua y un cepillo para limpiar las campanas, que por lo general estaban literalmente “cubiertas” por excrementos de palomas.
Por lo que respecta a la recogida de datos, buscando una unificación que haga posible el estudio de conjunto de toda la comunidad de Castilla y León, nos valimos de la ficha-modelo elaborada por Antonio Sánchez del Barrio y José Luis Alonso Ponga y que ambos habían utilizado en el estudio de las campanas en la comarca de Tierra de Campos (2).

1.- LA DATACIÓN

Viejos documentos que aún tenemos la suerte de poder admirar nos hablan de la existencia de campanas en la comarca, concretamente en la villa de Alba de Tormes, ya en la Baja Edad Media.

Con “campana tañida”, dicen los viejos pergaminos, llamaban los corregidores a las reuniones, que tenían por marco las iglesias desde la que se emitían los reclamantes sonidos. Las campanas de las iglesias de San Hervás, de Santa María de Serranos y de Santiago podían referirnos las viejas historias legislativas de aquellos lejanos tiempos. Pero las citadas iglesias, salvo la última, desaparecieron por la incuria del tiempo, y con las iglesias desaparecieron sus campanas, centinelas y testigos de todo un esplendoroso pasado. Y aunque permanece en pie la torre de la primitiva iglesia de Santiago, la primera de las fundadas en la villa, también su campana es de siglos posteriores. Y otro tanto ocurrió con las que airosas se mostraban en las espadañas de los primeros conventos, como los de Santa María de las Dueñas y de San Jerónimo.

Un curioso documento de principios del siglo XVII, Libro de los Lugares y Aldeas del Obispado de Salamanca. Año de 1629 (3), trae algunas pequeñas observaciones que acerca de algunas campanas de determinas poblaciones hacen los señores visitadores. Así leemos que la iglesia de Valdecarros “tiene una campana algo quebrada, aunque puede passar ahora”; de la iglesia de Gajates dirán que tiene “una torre con tres campanas (sic) buenas”; y de la de Tordillos reflejarán que muestra “buena torre y campanas”.

Salvo muy raras excepciones, las campanas que hoy encontramos tanto en Alba de Tormes como en todo el área de su influencia, es decir, en la zona de nuestro estudio, pertenecen a tiempos relativamente cercanos. De entre todas ellas creemos que sólo una corresponde a las postrimerías del siglo XV, aunque su fundición también pudiera estimarse como de los principios de la centuria siguiente. Se trata de la campana proveniente de la desaparecida iglesia románica de San Miguel, que actualmente se encuentra recogida en el patio del templo albense de San Pedro. Son significativos los grabados que en esta campana se han hecho de los sellos con el castillo y el león rampante, así como la leyenda en letras góticas que recorre su tercio y medio pie. De esta misma época es la campana más valiosa de cuantas hemos localizado a lo largo del desarrollo del proyecto. Es popularmente conocida como “Gótica”, en atención a su grafía. Está ubicada en el campanario de la iglesia de San Pedro de la villa. A tenor de la inscripción grabada en el medio pie, fue fundida en el año 1504. Igualmente es digna de reseñarse la campanilla que, en moldes bastante deteriorados, muestra la fecha de 1579 y que localizamos en el segundo cuerpo de la espadaña de la parroquia de Sieteiglesias. Como de finales de ese mismo siglo datamos la conocida como “Vieja” de la iglesia de Gajates. Todo apunta a que ésta fue encargada por Pedro Daponte, clérigo, gran benefactor de la parroquia y del pueblo y hermano de Teresa de Layz, fundadora del convento de las Carmelitas de Alba de Tormes.

Por sus especiales características nos inclinamos a fechar como del siglo XVII la fundición de la más antigua de las dos existentes en la espadaña de la iglesia románico mudéjar de San Juan, de Coca de Alba, en concreto la dedicada a “Sancta Dei Genitrix”, así como las de perfil romano de la Torre del Reloj, de la iglesia de Santiago, de Alba de Tormes, y la puesta bajo la advocación de “Santa María” en la iglesia de Terradillos. Con la data grabada en la campana nos encontramos con otra serie de ellas pertenecientes a este mismo siglo. La primera de ellas corresponde a 1656. Se encuentra en la espadaña de Sieteiglesias y está dedicada a “San Gervasio y San Protasio”, patronos de la parroquia. Del año 1665 es la llamada “campana de Bebimbre” de la iglesia de Garcihernández. Al decir de las informaciones recogidas en el pueblo, esta campana fue traída en el pasado siglo de la arruinada ermita de la que recibiera el nombre. La fecha de 1686 tiene escrita una de las tres campanas exteriores del convento de los Padres Carmelitas, de Alba de Tormes. La misma, a tenor de la interesante inscripción del medio pie, fue encargada al tiempo que el “esquilón grande”. Podría suponerse que el referido esquilón fuera el de perfil romano que aún se conserva en uno de los pasillos del convento y que antaño se tocaba para avisar a la comunidad. Pero también es muy probable que la referida campana hubiera pertenecido con anterioridad a alguna de las desaparecidas iglesias de la villa, sobre todo si tenemos en cuenta que la iglesia del convento se termina nueve años después de la que nos consta como fabricada la broncínea pieza. De las postrimerías de siglo, ya que fue fundida en 1691, es una de Valverde que refleja la inscripción de “Jesús, María y San Pedro”. Un poco posteriores son una de las ubicadas en la espadaña de la iglesia románica de Santiago, en la villa albense, y otra que refiere los nombres de “Jesús y Maria”, en la iglesia de Terradillos, fechadas en 1694 y 1698 respectivamente.

Una campana de la iglesia parroquial de Herrezuelo, fundida en el año 1702, es la más antigua de las fabricadas en el siglo XVIII de cuantas encontramos en la zona de nuestro estudio. Esta misma población nos ofrece otra interesante campana fechada en 1776. Ambas se encuentran en un pésimo estado de conservación. En la localidad de Aldeaseca nos topamos con otras tres atribuibles a la misma centuria. La más primitiva de todas ellas, puesta bajo la tutela de “María”, data de 1703. A pesar de hallarse en un perfecto estado de conservación se ha retirado de la espadaña y recogido dentro de la iglesia. Las otras dos, carentes de uso y ambas agrietadas, muestran como años de fundición 1742 y 1779. En el segundo cuerpo de la espadaña de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, en Éjeme, se conserva una campanilla de 1722 dedicada a “Jesús y María”. Del año 1741 es una excelente campana dedicada a “Nuestra Señora del Carmen” en la iglesia de San Esteban, en Encinas de Arriba. Una de las dos campanas de Pedrosillo, que muestra la inscripción de “Jesús”, está fechada en el año 1752. De 1761 es otra campana de la espadaña de la iglesia románica de Santiago, de Alba, que lleva grabadas las nominaciones de “IHS MARIA 1 JOSEPH”. En la misma fecha se fundió la dedicada a “San Nicolás de Bari” (“Basi” recoge la inscripción), de la iglesia de La Lurda, y con posterioridad se fabricaron la romana de Valverde, del año 1767, la llamada “Bárbara”, de convento de Santa Isabel, cuya data corresponde a 1773, el esquilón del claustro del Convento de San Juan de la Cruz, de Alba de Tormes, de 1787, y la dedicada a “Jesús, Maria y José” del convento de Santa María de las Dueñas, que presenta la fecha de 1791. De este último año es la más moderna de las tres campanas de Sieteiglesias. Igualmente nos inclinamos por aceptar como del último tercio de ese siglo la campana que se le dedica al “Santísimo Sacramento” en la torre de la iglesia albense de San Juan, la que lleva marcado el nombre de “Maria” en la iglesia de Pedraza de Alba y la que se halla recogida dentro de la sacristía de Buenavista.

Al decir de los habitantes de estos pueblos muchas de las campanas existentes en los vanos de torres y espadañas desaparecen a lo largo del siglo XIX, culpando de ello al ejército francés que durante un largo período campó a sus anchas por estos lares. Y para que no queden dudas de su utilidad, no tienen reparos en añadir que del bronce campanil confeccionaron los cañones que utilizaron en las batallas que se desarrollaron por las salmantinas vegas del Tormes. Sea o no cierta esta afirmación, de lo que sí estamos completamente seguros es de que en prácticamente todos los vanos de las torres de las iglesias quedan las huellas de haber sostenido campanas que, por una u otra razón, pasaron a mejor vida entre los años 1800 y 1900 y que nunca fueron repuestas. Pero aunque pocas, ciertamente son muy interesantes las campanas fundidas en la comarca durante ese período. La primera de ellas es la que localizamos en la iglesia de San Cristóbal de Beleña, que muestra la fecha de 1818. Del año 1826 es la situada en el tercer cuerpo del campanario de la torre de San Pedro de Alba de Tormes, en la actualidad carente de uso. De un año más tarde, 1827, es la de perfil romano del mismo lugar. Esta campana fue fundida por los maestros José de Eriales y Antonio de la Riba, tal vez también artífices de la primera de ellas. Calvarrasa de Arriba cuenta con dos excelentes campanas fabricadas respectivamente, según las inscripciones que muestran, en los años 1839 y 1843. Su artífice es Francisco Fernández, el mismo campanero que funde una pieza para la iglesia albense de San Pedro y otra para la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, en Martinamor, ambas de 1850. Del citado año de 1843 es la campana que se ubica en la espadaña de la iglesia de Nuestra Señora de la Zarza, en Galinduste. En este mismo municipio localizamos otra, en este caso de perfil romano, del año 1845, en la llamada Torre del Reloj. Dedicada a “Nuestra Señora del Rosario” tiene Éjeme una campana de 1851. Nava de Sotrobal, con data de 1868, cuenta con una campana romana dedicada a “San Miguel Arcángel”. Del año 1884 es la campana de la ermita de San Antonio de Beleña. La campana romana de la torre del Reloj de Galinduste, fundida por Los Cuestas, lleva escrita la data de 1885. De 1892 es la bautizada como “Bárbara”, la campana esquilonada de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de Peñarandilla, y de dos años más tarde es la dedicada a “Jesús, María y José”, en la iglesia de Pedraza de Alba, concretamente la fundida por Lastra. Sin que podamos precisar fecha exacta, estimamos como del siglo XIX una campana de Anaya de Alba que se inscribe bajo la protección de “San Pedro Apóstol” y otra de Martinamor con los títulos de “Jesús y Maria” , así como las dos esquilas del claustro del Convento de Santa Isabel. No podemos dejar en el olvido que de esta misma centuria, exactamente de 1893, datan las dos campanas de hierro del reloj del ayuntamiento de Alba de Tormes.

En contra de lo que pudiera pensarse, el mayor porcentaje de las campanas catalogadas en este trabajo de campo fueron fabricadas a lo largo del presente siglo. Nuestras investigaciones nos descubren que todas ellas, salvo muy raras excepciones, vinieron a sustituir mediante cambios y compras, o ambas cosas a la vez, a otras campanas de fundición muy anterior. De algunas de las reemplazadas se hablan en los pueblos auténticas maravillas. Buena parte de estas campanas, en porcentaje que raya el treinta por ciento de las catalogadas, salieron de los talleres salmantinos de José Cabrillo Mayor, de Salamanca, cuyos artífices recorrieron toda la zona convenciendo a curas y responsables de parroquias de las virtudes de sus productos frente a las viejas campanas que aún se mantenían airosas en torres y espadañas. Estos fundidores van a dejar su impronta entre los de 1921, en que fechamos una campana de Valdecarros, y 1974, como se refleja en otra de Nava de Sotrobal. Hacia ese año se cierra el taller familiar sito en el salmantino Paseo de las Aguas.

En orden cronológico, las primeras campanas con fecha en el actual siglo son la del reloj de Tordillos y la dedicada a “Santo Tomás de Villanueva” en la ermita de Palomares, ambas con data de 1900. Del año 1903 es otra de Anaya de Alba. Otra del convento de Santa María de las Dueñas marca el año de 1908 como fecha de fundición. En Navales encontramos dos campanas con la impronta de 1913, las dos provenientes de los talleres valencianos de Vicente Roses. Como ya dijimos anteriormente, en la década de 1920 comienzan a proliferar “los Cabrillos” en esta comarca. Valdecarros muestra la primera de las campanas que aparece con esta firma en 1921. Del año 1922 localizamos una en Anaya de Alba, mientras que con fecha de 1924 se contabilizan dos en Galisancho, una en Gajates, otra en el convento de los Padres Carmelitas, con la firma de los alaveses Murúa, y otra en La Lurda, fundida por el maestro de Carabanchel Constantino Linares. Del año siguiente son sendas campanas de Pedrosillo y de la iglesia albense de San Juan. La iglesia de Coca de Alba y la ermita de los Perales tienen campanas fundidas en 1926. La conservada en la sacristía de la ermita de Otero, en Palomares, bajo el sello de Cabrillo lleva grabada la fecha de 1928. Los doce años siguientes constituyen un paréntesis en la llegada de campanas a esta comarca. Habremos de esperar a la otra década para asistir a la renovación de todo este material sonoro. Una campana de Valdecarros y otra del convento de Santa María de las Dueñas se funden en 1940. Del año 1941 parece ser la del convento de Santa Isabel. Posteriores son una campana de Éjeme (1942), las dos de Valdemierque (1943), una de Tordillos (1944) y otra de Larrodrigo (1946).

En torno a los años cincuenta constatamos un hecho curioso en algunos puntos de esta amplia zona, concretamente en Alba de Tormes y en Amatos. Y este no es otro que la colocación de campanas de hierro en los vanos que quedaban libre en los campanarios de San Pedro y de San Juan de la primera localidad y en la espadaña de la recién estrenada iglesia de la segunda de las poblaciones. La más vieja de estas campanas lleva grabada la fecha de 1950, mientras que la más reciente corresponde al año 1957. De este mismo material habíamos localizado una campana de la firma “Moneo”, de hacia 1910, en la finca “Federica” de Garcihernández. A esta misma década pertenecen dos campanas de Galleguillos (1952) y una de Beleña (1956), así como otras sin año preciso del convento de los Padres Carmelitas, Valdecarros, Garcihernández y Santa Inés. Esta última población muestra otra campana en la espadaña de su iglesia de Fátima sin ningún tipo de inscripción que creemos fundida en 1960, año en el que también fabrican los campaneros Murúa tres campanas para la iglesia de Santa Teresa y otra para el reloj de la misma localidad. Posteriores a estas fechas son otras de Portillo (1961), Palomares, Tordillos y Peñarandilla (1962), Navales (1963), Larrodrigo (1965), Galinduste y Torrejón (1967) y Pelayos (1969).

A partir de los años citados hay un declive en lo que se refiere a la llegada de nuevas campanas a estos pueblos. Ello coincide con el abandono de lo que nosotros definimos como “cultura campanil”. Los responsables de las parroquias ya no creen tan necesario el recurso de sus sonidos para congregar a los vecinos, de tal modo que las campanas rotas no son reemplazadas y otras muchas en buen estado dejan de escucharse porque “ya no hay quien las toque”. El último Cabrillo que se instala, como indicamos anteriormente, data de 1974. Con anterioridad, en 1971, se había fundido una campana para Galinduste. En el año 1981 se compra una campana para la iglesia de Pelayos. Garcihernández instala la postrera de sus campanas en el año 1985. Tordillos es la última de las poblaciones que encarga campanas para sus torres o ermitas. La colocada en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción lleva la fecha de 1990 y la que se pone en la espadaña de la ermita de la Virgen del Carmen presenta grabado el año de 1995. En el ínterin, concretamente en 1993, los Padres Reparadores han puesto en uno de los tres vanos de la airosa espadaña del viejo convento de San Leonardo una campana fundida en los talleres Rivera. En el mismo lugar se conserva una pequeña esquila en uso, al parecer fabricada por estos mismos maestros hacia 1960.

II.- PERFILES Y PESO

De las ciento diecinueve campanas catalogadas en la presente trabajo de campo hemos de indicar que ciento diez, o lo que es igual, el noventa y dos y medio por ciento corresponden a las que se denominan esquilonadas, que se caracterizan por presentar un aspecto atrompetado y un perfil de gran estilización. Su hombro es de una considerable estrechez. Frente a este tipo constatamos el romano: anchos hombros y perfil que semeja formas cilíndricas. De este último tipo sólo hemos localizado nueve: la “Bomba”, la llamada “Campana de Santiago” y otra existente en el claustro del Convento de los Carmelitas de Alba de Tormes, “La Nueva” de Valverde, “La Suegra” o del reloj de Galinduste, las dos del campanario de Nava de Sotrobal, “La Grande” de Tordillos y “La Gorda” de Peñarandilla. La más antigua de estas campanas corresponde al año 1686, siendo sorprendente que las cinco últimas citadas hayan sido fundidas entre los siglos XIX y XX. Alguna, como es el caso de la de Tordillos lleva marcado el año 1990 como fecha de fabricación. Esta última campana, al igual que la de Peñarandilla, fechada en 1962, vinieron a sustituir, al decir de los habitantes de estas localidades, a otras campanas más viejas de idéntica tipología. No obstante, tal sustitución se presenta como rara, ya que lo normal, según las informaciones recabadas en los pueblos, es que fueran campanas esquilonadas las que vinieron a colocarse en torres y espadañas en lugar de las romanas deterioradas. Así, a modo de ejemplo, ocurrió en Gajates, Coca de Alba y Valdecarros.

Como dato curioso a reseñar es el que en la comarca nos topemos con alguna campana que, por sus especiales características, difieren ligeramente de los dos tipos generales reseñada. De éstas campanas, a las que los estudiosos suelen denominar como de tipo colmena , tenemos algún ejemplar, como es el caso de una de hierro con dedicatoria a “San Juan Bautista” en la iglesia de este mismo nombre, en Alba de Tormes. Si en lugar del perfil fijamos la atención en el peso, siempre en orden de mayor a menor, tendremos una clasificación que recoge los nombres de campana, esquilón, pascualeja y campanilla. La cuantificación en el peso para proceder a su inclusión en cada uno de los grupos es algo en lo que no se ponen de acuerdo los estudiosos del sugerente mundo de las campanas. Por otro lado, las cifras no concuerdan con la opinión de las gentes de estos pueblos, que, en atención a su aspecto, califican de campanas aquéllas cuyo diámetro inferior, a grosso modo, sobrepasa los cincuenta centímetros. El resto son simples esquilones, de mayor o menor tamaño.

Es un hecho cierto, algo que resulta general a la comunidad de Castilla y León, el que nuestros paisanos tiendan a magnificar el peso de sus campanas. Resulta creencia común que la mayoría de las campanas llevan grabado lo que pesan e, incluso, la conocida copla que a ello hace alusión. Aunque tratemos de sacarlos de tal error, no faltan informantes locales que se reafirman en su idea, asegurando que si tales inscripciones hoy no se encuentran grabadas, sí estuvieron presente en otras campanas que hace muchos años se tocaban en sus torres o espadañas y que desaparecieron por las más variopintas razones. Raro es el pueblo que en estas tierras no tenga a bien entonar la estrofa que más de uno asegura haber leído grabada en sus campanas, estrofa que se transmite de generación en generación.

Me llamo María
cincuenta quintales peso;
el que no me quiera creer,
que me levante a peso.

Si tenemos en cuenta que el quintal equivale a cuatro arrobas, resulta que la hipotética campana “Maria” rondaría nada menos que los 2.300 kilos. Cifra fabulosa es la anterior cuando observamos que, salvo excepciones, raras son las campanas que en nuestra comarca superan las veintiocho arrobas de peso, límite que Alonso Ponga y Sánchez del Barrio estiman para catalogar una pieza como campana. Esas veintiocho arrobas equivalen a siete quintales o, lo que es igual, 322 kg. Entre esta cifra y los 92 kg. (2 á 7 quintales) estarían incluidas los esquilones. Las campanas de menor volumen se definirían como pascualejas (0,5 á 2 quintales: de 23 a 92 kg.) y campanillas (-0,5 quintales: hasta 23 kg.).

En el anexo que se acompaña, junto al perfil de la campana, pueden verse sus medidas y peso, lo que nos permite observar el mayor número de esquilones, en torno al cincuenta por ciento del total, y de pascualejas frente al de campanas y campanillas.

III.- EL ENCARGO DE LA CAMPANA

Un aspecto reseñable en este complejo campo que estudiamos es el que corresponde a los derechos de propiedad de las campanas. Actualmente, algo que no ocurría en tiempos pasados, nadie en esta comarca pone en tela de juicio la titularidad de la Iglesia sobre las mismas, a pesar de que los ayuntamientos siguen manteniendo cierto derecho de uso que dejan hacer valer en determinadas ocasiones (incendios, pérdidas de personas...). Ello se debe, como hemos tenido ocasión de comprobar, a que la institución municipal costeaba una parte considerable de los gastos de fabricación. Tal detalle se deja ver en alguna de las campanas, como la de Nava de Sotrobal, fabricada en 1868, que registra, junto al nombre del cura, el del regidor de la localidad en el momento en que fuera fundida: “SIENDO PARROCO D. MANUEL FERRERO Y ALCALDE D. FRANCISCO MATEOS ME FUNDIO FRANCISCO RUIZ”. En esta misma línea se presenta la inscripción de otra campana, del año 1892, sita en la torre de Peñarandilla: “DEDICADA A SANTA BARBARA SIENDO PARROCO D RAFAEL CALV(o) Y ALCALDE D JUAN GOMEZ Fundida por Alfredo Villanueva CEFERINO GOMEZ AÑO DE 1892”. Otra de dos años más tarde, en Pedraza de Alba, junto al nombre del cura regente en el momento de la fundición se recoge toda la composición municipal, en respuesta a la subvención que el ayuntamiento haría efectiva para la fabricación de la campana: “SIENDO PARROCO D REMIGIO SANCHEZ Y DE AYUNTAMIENTO D DANIEL CARRASCO MANUEL SANCHEZ GABRIEL Y ANTONIO CARRASCO Y HERACLIO GARCíA ME FUNDIO MANUEL BALLESTEROS LASTRA E HIJO 1894”.

Sucede en más de una ocasión que es el propio cura el que corre con los gastos que derivan tanto de la compra como de la instalación de la campana. Ilustrativa, en este sentido, resulta la leyenda que se recoge en el medio pie de la campana “Gótica” de la iglesia de San Pedro de Alba, cuya data pertenece al año 1504: “ESTA CAMPANA ES DE SEYS QUINTALES YZOSE ENEL MES DE SEPTIEMBRE ANO DE MILI D IIII DEL DINERO DE IUAN GONCALES CLERIGO CAPELLAN EN ESTA YGLESIA”. Sin embargo, parece más corriente que al estamento religioso, a la iglesia local como institución o a los eclesiásticos a titulo individual, se unieran las limosnas de los vecinos para el pago de la fundición. Al año 1926 corresponde una campana de Coca de Alba de cuya inscripción se desprende de cómo a las cuestaciones de los vecinos se une la aportación del obispo de la diócesis de Salamanca: “COSTEADA POR EL SEÑOR OBISPO DR. D. FRANCISCO F. VALIENTE Y PUEBLO EN GENERAL SIENDO PARROCO DON ESTEBAN GONZALEZ AÑO DE 1926”. En otra de Beleña, de 1836, se observa un mismo fondo: “SE HIZO A ESPENSAS DEL SENOR BENEFICIADO D PABLO VILLA E YNDIBIDVOS DE FABRICA”.

Independiente de quien pagara la campana, de lo que no hay dudas es de que ha sido casi siempre el párroco el encargado de la contratación, como puede comprobarse por la grafía que recogen muchas de ellas. En una de 1686, del convento de los Padres Carmelitas de Alba, se recoge esta leyenda: “HICOSE ESTE IELESPVILON GRANDE SIENDO CURA DON ANTT ZORRILLA IFVENTES”. Es posible que esta campana perteneciera a alguna iglesia anterior, ya que la fundación del convento es de época más tardía. En Aldeaseca, en otra campana, en este caso de 1742, leemos: “HIZOSE SIENDO CVRA D GABRIEL GOSEPH DE AREBIO”. En otra de Pedrosillo, de mediados del XVIII se ve la siguiente inscripción: “IHS HIZOSE EL ANNO DE 1752 SIENDO BENEFICIADO DN JOSEP DE MIRANDA”. En la campana romana de Valverde se apuntó la siguiente grafía: “HIZOSE SIENDO BENEFIZIADO DN VICENTE RODRIGZ GVERRA 1 MAIORDOMO PEDRO RODRIGVEZ ANO D 1767”. En una de Calvarrasa de Arriba, correspondiente al año 1836, se lee: “SE FUNDIO ESTA CAMPANA DE CALBARASA DE ARIBA SIENDO ARRCIPRESTE ELLICENCIADO D. JUAN SANCHEZ EL MAESTRO FRANCO FERNZ ME FUNDIO”. De siete años más tarde es otra campana de la misma población que presenta una grafía con apenas variantes con respecto a la citada: “SE FUNDIO SIENDO ARRCIPRESTE DEL PARTIDO EL LICENCIADO DN JUAN SANCHEZ FERZ MEHIZO”. A la iglesia de San Pedro de la villa e Alba de Tormes pertenece otra campana de 1850 que dice: “SIENDO CURA PARROCO D LUIS FRANCO GARCíA PREDICADOR DS M”. Un año después se funde otra para la iglesia de Éjeme en la que se ha escrito: “SIENDO CURA PARROCO D BLAS CASCON”. En otra de Palomares, hoy en la ermita de Otero, se ha escrito: “SIENDO ENCARGADO DE LA PARROQUIA D. MANUEL VICENTE CARRASCO ANO DE 1900”.

A lo largo del siglo XX son más numerosas las referencias a las personas que eran párrocos en el momento de las fundiciones. Así nos encontramos con una campana de Valdecarros, de 1921, en la que pone: “SIENDO CURA ECONOMO D CLAUDIO MACARRO GARCíA”. De la misma población es otra en la que se lee: “PARROCO D MANUEL HERNANDEZ ANO DE 1940”. De Gajates es otra campana de 1924, en la que no consta el nombre del cura: “SE FUNDIO SIENDO PARROCO D...”. Esto parece deberse a un fallo de fundición. No obstante en el pueblo aseguran que fue borrado por el malestar de los feligreses ante el hecho de haber mandado fabricar esta campana de otra a la que le atribuían poderes poco menos que sobrenaturales. De 1925 es otra de Pedrosillo que dice: “SE FUNDIO SIENDO PARROCO D ANGEL MONZON”. Tordillos tiene una campana de 1962 en la que se ha escrito: “PARROCO D RAFAEL SANCHEZ”. A esta misma población pertenece otra fundida en 1990 en la que se vierten estos términos: “CURA PARROCO D. JESUS VICENTE SANCHEZ”. En otra de Larrodrigo se ha grabado la siguiente inscripción: “SIENDO ECONOMO D. AURELIO GOMEZ MUÑOZ LARRODRIGO 1965”. Dos campanas de Galinduste son fundidas, en 1967 y 1971, estando al cargo de la parroquia el mismo sacerdote, según consta en ambas inscripciones: “PARROCO D JESUS SEGURADO PANIAGUA” y “ECONOMO D JESUS SEGURADO PANIAGUA”. El mismo sacerdote encarga otra, en el año 1969, para la iglesia de Pelayos: “LAUS DEO AÑO DEL SEÑOR 1969 PARROCO D JESUS SEGURADO PANIAGUA”.

Puede ocurrir que, como de hecho hemos constatado en la comarca, el encargo o adquisición de una campana no se lleve a cabo por los representantes eclesiásticos, sino por instituciones con fines religiosos o sociales (cofradías, hermandades...) o por personas a título individual. Así podemos ver cómo una de las campanas de la iglesia de San Pedro de Alba de Tormes, con fecha de 1827, se fundía con esta inscripción: “501 MARIA EL PILAR Y DE SN PEDRO HIZOSE SIENDO MAIORDOMO TEODORO ERNANDEZ Y ME FVNDIERON DN ANTONIO DE L ARIBA Y DN JOSE DE ERIALES”. En la melena de la campana superior de la espadaña de Anaya de Alba, de 1922, se lee: “DONACION DE BRUNO VICENTE SU PUEBLO ANAYA”. Tal vez el dinero del dadivoso paisano sólo sufragara el gasto de la citada melena metálica, toda una novedad para ese tiempo en el que los yugos campaniles únicamente eran de madera. A esto mismo puede hacer referencia la inscripción que a punta de navaja se ha grabado en la melena de una de las campanas de Valverde: “POR NEMES HERNANDEZ AÑO 1940”. Con mayor precisión se refleja el donativo de una de las campanas que, en 1924, hace una familia de Galisancho: “DONATIVO DE LOS HERMANOS PEDRO-ANTONIO Y MARIA DE LOS REMEDIOS GUEVARA AL BENDITO CRISTO DE LA AGONíA”. Los nombre de “ROSALíA Y MANUEL” recoge la campana de la ermita del Carmen, de Tordillos, en alusión a los fundadores de este lugar sagrado por los principios de siglo. La campana data de 1995, habiendo sido encargada por los descendientes directos del citado matrimonio.

Entre las pocas campanas de carácter civil que hemos contabilizado en la zona de nuestro estudio, en una se ha dispuesto la inscripción que alude a quienes participan en su compra. Se trata la existente en la torre el reloj de Galinduste, que presenta esta leyenda enmarcada: “SE HIZO A ESPENSAS DEL PUEBLO Y (varias líneas limadas) ANO POR 1885 LOS CUESTAS”. Todo apunta a que el hecho de haber borrado intencionadamente alguno o algunos nombres se debió a la no satisfacción del dinero prometido por parte de los mismos.

IV.- MAESTROS CAMPANEROS

Un dato digno de tener en cuenta es el que en la zona que abarca nuestro trabajo de campo los maestros fundidores no suelen dejar sobre la campana la impronta de su nombre hasta después de 1800. Para el conocimiento de los artífices con anterioridad a tal fecha se hace necesario recurrir a los archivos parroquiales y analizar con detenimiento los contratos que se conservan sobre el particular. Será a partir del siglo XIX cuando estos campaneros marcan sobre la superficie de las piezas su identidad nominal y hasta algunas veces el lugar de procedencia.

La primera seña de identidad de estos “artífices de hacer campanas” la encontramos en 1827, año en el que José de Eriales y Antonio de la Riba funden una magnífica campana romana para la iglesia de San Pedro de Alba de Tormes. Otro maestro que trabaja en ese mismo siglo es Francisco Fernández, de quien se conservan dos campanas en Calvarrasa de Arriba, ambas firmadas, correspondientes a los años 1839 y 1843. De este mismo autor contamos con otras dos campanas del año 1850, una ubicada en el campanario de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de Martinamor, y otra en el de San Pedro, de Alba de Tormes. En ambas aparece su cuño escrito a mano de manera incisa. En la primera de ellas pone “Dn Franco Fernz Mehizo”, mientras que en la segunda sólo se reseña un escueto “Fernández Meizo”. Con posterioridad otro campanero deja su marca nominal en otra pieza. Se trata de Francisco Ruiz, quien en 1868 funde una buena campana para la iglesia de Nava de Sotrobal. Los Cuestas, según consta en la pertinente inscripción, fabrican en 1884 la campana de la torre del reloj de Galinduste. Por su parte es un tal Alfredo Villanueva el que fabrica una campana para la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de Peñarandilla. En el año 1893 la casa Gorod y Fontánez funden dos campanas de hierro para el reloj de Alba de Tormes.

Otros maestros campaneros que trabajan en esta zona por los principios de siglo son los de la familia Rivera, de los que queda una campana, fechada en 1900, en la ermita de Otero, a donde fue traída desde la iglesia de Palomares en el año 1995. En letras de molde se compuso la inscripción de “RIVERA ET FILII FECERUNTME”. Estos “Rivera e hijos” no son otros que los antepasados del actual fundidor Gabriel Rivera, de Montehermoso (Cáceres), quien ha instalado las últimas piezas en la comarca y a cuyo cargo corre la mayor parte de las electrificaciones de las campanas. En el año 1985 funde para la iglesia de Garcihernandez una campana en la que se muestra su sello de círculos concéntricos, recogiendo el ave fénix en su interior, rodeado por la leyenda: “FUNDICION GABRIEL RIVERA. MONTEHERMOSO 1 CACERES”. Idéntico sello presenta la campana del convento de San Leonardo, de Alba, fundida en 1993. Varía esta inscripción de la que leemos en el esquilón de la ermita de la Virgen del Carmen, Tordillos, en la que pone: “RIVERA ME FECIT. MONTEHERMOSO (CACERES) ESPAÑA”.

Manuel Ballesteros Lastra e Hijo son otros fundidores que dejan su huella por estos lares. De ellos hemos localizado una campana en Pedraza de Alba, fundida en el año 1894 y otra en Anaya de Alba, de 1903. Es un hecho constatable que el apellido Ballesteros, con su peculiar sello, aparece en diferentes campanas del siglo XVIII en la comarca de Tierra de Campos, aunque esto no signifique que estemos ante los descendientes de aquellos maestros, como tampoco podemos dar como insegura en este caso el mantenimiento de una vieja tradición familiar.

Aunque resulte un tanto sorprendente, dada la lejanía, ya que trabaja en tierras levantinas, hasta aquí llegan campanas de Hijos de Vicente Roses Auzameta. Estos fabricantes campaneros tienen sus talleres en Valencia. Sabemos de dos excelentes campanas de esta casa en la comarca, ambas sitas en la espadaña de la iglesia de Navales, datables ambas en el año 1913. En una de ellas se muestra impreso el sello de fábrica, en el que se hace constar que han sido galardonados con “MEDALLA DE ORO Y DIPLOMA DE MERITOS”.

Otro lejano taller, en este caso de Vitoria, también hace alguna incursión por estas tierras. Se trata del de los fundidores Lecea Murúa. Una magnífica muestra de su buen hacer la tenemos en una de las campanas de los Padres Carmelitas, del año 1904. Es probable que la misma fuera traída directamente por alguno de los frailes del convento natural de la provincia alavesa. Con posterioridad encontramos tres piezas en el campanario de Santa Inés y una más en la torre del reloj de la misma población. Todas ellas llevan la impronta de 1960, fecha en la que se dio por concluida la construcción de este núcleo de colonización.

Moisés Díez, campanero de Palencia, está mínimamente representado, ya que sólo contamos con una campana, aunque de muy buena factura, en el convento de Las Dueñas. Fue fundida en el año de 1908. Otro tanto ocurre con Fernando Villanueva Sáenz, de Villanueva de la Serena (Badajoz). Varias generaciones con el primero de los apellidos tenemos constatadas entre campaneros que trabajan en Castilla y León. Una hermana de Fernando llamada Isabel casa con el fundidor salmantino José Cabrillo Mayor, sin llegar a tener descendencia directa. De la fundición pacense tenemos una campana, de 1965, en la torre de la iglesia de Larrodrigo. En ningún caso esta campana llega a la perfección de las salidas del taller de su cuñado. Fernando Villanueva es el artífice igualmente de las campanas de hierro ubicadas en la iglesia de Amatos y en las de San Pedro y San Juan de Alba de Tormes. Tal vez pertenezca a esta misma saga un tal Alfredo, cuyo apellido escrito a mano y en cursiva, interpretamos como Villanueva, quien en 1892 funden la campana dedicada a “Santa Bárbara” en la iglesia de Peñarandilla. También minimamente representados están los maestros Constantino Linares, que se define como “proveedor de la real casa”, de la localidad madrileña de Carabanchel Bajo, que en 1924, fabrica una muy buena campana para la iglesia de San Nicolás de Bari, de La Lurda; Portilla (Portilla Hermanos, S.L.), de Santander, del que se conserva una campana de 1981 en Pelayos; y Manuel Rosa, que en 1990 hizo otra, de no muy buena calidad, para la iglesia de Tordillos.

El artífice que con mayor número de campanas cuenta en toda la zona que abarca nuestras investigaciones, algunas de ellas de gran valor artístico es, sin dudas, José Cabrillo Mayor. En la más antigua, de 1921, aparece su nombre en el tercio como continuación de la identidad de quien encarga la pieza. Su impronta es “JOSE CABRILLO. SALAMANCA”. Entre los años 1922 y 1926 todas sus campanas llevan el escudo real rodeado por la leyenda: “JOSE CABRILLO MAYOR / PROVEEDOR DE LA REAL CASA / SALAMANCA”. A partir de la última fecha las campanas recogen distintos sellos circulares, ovalados o rectangulares con diferentes inscripciones: “FUNDICION DE CAMPANAS / CASA CABRILLO / METALES SUPERIORES / SALAMANCA”, “GRAN FUNDICION DE CAMPANAS DE / JOSE CABRILLO MAYOR / SALAMANCA”, “JOSE CABRILLO MAYOR / GRAN FUNDICION DE CAMPANAS / MARCA DE FABRICA / METALES SUPERIORES / SALAMANCA”... Sin duda, con más de treinta piezas catalogadas, es Cabrillo el fundidor que con mayor número de campanas cuenta en la zona de nuestro estudio. Como ya se apuntó, comienza su andadura en el año 1921 y concluye en 1974. Por esos años el taller cesa en su actividad al jubilarse Valentín Cabrillo, un sobrino de José Cabrillo Mayor, el único que seguía la tradición familiar y con el que había trabajado desde los veinticinco años. Valentín ha fallecido en octubre de 1999, después de vivir más de nueve décadas. Sin embargo, según los datos recogidos en los pueblos, la fundición de Cabrillo apenas contribuye a aumentar el número de campanas existente en las localidades. Su labor se dirige más bien a la sustitución de las viejas campanas por otras de nuevo cuño. Sus fundiciones suelen tener como materia prima campanas deterioradas y otras no tanto, a las que las gentes les atribuían un gran valor.

V.- NOMBRES Y ADVOCACIONES

Resulta constatable que el nombre de “Maria” siempre lo ha recibido la campana de mayor volumen de cualquiera de nuestras iglesias. Sin embargo, no es menos cierto que en el área de nuestro estudio muchas veces tal denominación se ha empleado de una forma genérica y, en consecuencia, por “María” es conocida la totalidad de las campanas. Así al menos vienen a testificarlo las adivinanzas de rigor:

Me llamo María
y vivo en la torre,
no como ni bebo,
pero doy voces.
Me llaman María
y más de mil años tengo
y dando vueltas me mantengo.

Al popular nombre de “María” hemos de unir otros que aluden a aspectos reconocidos como diferenciadores. De este modo tenemos aquellas denominaciones referidas a la musicalidad (“La Ronca”, “La Clara”), al volumen (“La Grande”, “La Chica”, “La Gorda”), a la disposición en la torre o espadaña (“La Alta”, “La Baja"), a nombres que lucieron otras anteriores y que han pasado a titular a éstas (“Gertrudis, “Asunción), a los momentos en los que se toca (“La Fiestera”), a la antigüedad (“La Nueva”, “La Vieja”, “La Abuela”), etc. También aquí el saber paremiológico de la comarca incide sobre estas peculiaridades:

Vivimos en lo alto,
somos dos hermanas,
una tiene la voz ronca,
otra tiene la voz clara.
Mi abuela tiene un colmillo
al que mueven los monaguillos.
Una vieja con un diente
alborota a todas las gentes.

Atención especial merecen las advocaciones o nombres religiosos grabados en las distintas campanas, a los que seguidamente nos referimos.

LA VIRGEN

Además de las denominaciones populares son numerosas las campanas que llevan grabados los nombres de la advocación religiosa a la que están dedicadas, muchas veces coincidentes con la Virgen, el Cristo o el santo titular de la parroquia. La más antigua dedicatoria a “María” la encontramos en la campana “Gótica” de la iglesia de San Pedro de Alba, con fecha de 1504. La misma titulación se ha grabado en otra de Sieteiglesias fundida en 1579. Una campana de Aldeaseca, de 1703, presenta idéntica grafía, que también se repite en dos campanas de Navales, ambas de 1903. Con los nombres de “Santa Maria” se encuentra en una de Terradillos, que catalogamos como del siglo XVII. Más cercana es la misma inscripción que encontramos en una de las dos piezas del campanario de Galinduste, cuya data corresponde al año 1967. Con la advocación de “La Purísima” aparece en una de Palomares, de 1928, y con la de “La Purísima Concepción” en otra de Valdecarros, del año 1921. Como “María Auxiliadora” la encontramos en una campana de La Lurda de 1924, compartiendo dedicatoria con el titular de la parroquia San Nicolás de Bari.

Otra curiosa advocación dirigida a la Virgen es la que se reseña en una valiosa campana del siglo XVII, de Coca de Alba, en la que se lee “SANNTA DEI GENITIX” (Sancta Dei Genitrix = Santa Madre de Dios). Posterior, ya que la datamos como de mediados del siglo XVIII, es la que en la iglesia de San Juan de Pedraza recoge la inscripción de “AVE MARIA GRACIA PLENA”. Más reciente, puesto que se fabrica en 1957, es la dedicatoria que se recoge en otra de Amatos: “Regina Sacratissima Rosarii Fatimae” (Reina Santísima del Rosario de Fátima). Tampoco faltan las dedicatorias a algunos patronazgos locales. A la iglesia de Encinas de Arriba, con fecha de 1741, corresponde una campana en la que puede leerse: “501 DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN”. Algo idéntico sucede con los casos de “María de la Asunción” y “Santa María de las Nieves”, que se muestran en sendas campanas de Tordillos, con fecha de 1990 y 1962 respectivamente, o de “Nuestra Señora del Rosario” que tenemos en una de la iglesia de Éjeme, en la que se ha marcado el año 1851.

JESUCRISTO

Coinciden los estudiosos en señalar lo difícil que es encontrar el nombre de Jesucristo como titular de una campana, algo que también se hace extensible al área en la que hemos desarrollado nuestro trabajo de campo. Solamente una vez aparece escrito en solitario “Jesús”, en este caso en una campana de Pedrosillo, del año 1752. Respecto de otras advocaciones, también escasas, tenemos la de “Santísimo Sacramento”, que se ve en una campana del siglo XVIII de la iglesia de San Juan de Alba de Tormes, y la de “Bendito Cristo de la Agonía”, que aparece en otra de la iglesia de Galisancho, con fecha de 1924.

En una campana que creemos fundida entre los finales del XV y principios del XVI aparece una referencia a “Jesús”, aunque compartiendo espacio con el “Padre”, la “Santa Trinidad” y la “Virginidad de la Virgen María”.

JESÚS MARIA Y JOSÉ

Son por lo general campanas del siglo XVIII las que suelen recoger la advocación completa a la Sagrada Familia en esta zona, aunque no dejemos de contabilizar alguna del siglo anterior, como la fechada en el año 1694, sita en la iglesia de Santiago de Alba de Tormes. Resulta curiosa la grafía del primero de los nombres reseñados: “IHSVS”. En el mismo lugar encontramos otra con idénticas titulaciones, presentando el año 1721 como el de su fundición. Los tres nombres se hallan dispuestos sobre dos campanas de Aldeaseca, de 1742 y 1779, sobre otra de La Lurda, de 1761, sobre una de Herrezuelo, de 1776, sobre otra de Santa María de las Dueñas, de 1791, sobre otra de Sieteiglesias, del mismo año, sobre otra de la iglesia de Nuestra Señora de la Zarza, de Galinduste, de 1843, sobre otra de Pedraza de Alba, de 1894, y sobre otra de San Pedro de Alba de Tormes, de 1826.

En ocasiones el conjunto familiar se ve desprovisto del patriarca San José. La primera referencia a “Jesús y María” data de 1698 y se halla en una campana de la iglesia de Terradillos. De 1702 es la advocación que se recoge en otra de Herrezuelo y de 1722 es la que leemos en una esquila de Éjeme. Volvemos a encontrarla por dos veces en el convento de los Padres Carmelitas, concretamente en campanas de los años 1787 y 1924, así como en otra fundida en Martinamor a mediados del siglo XIX.

Suele suceder que “Jesús, María y José” compartan dedicatoria con otras vírgenes y santos. Así lo podemos observar en una campana de Encinas de Arriba, cuya data se marca en el año 1741, en la que aparecen reflejados junto a “Nuestra Señora del Carmen”. En otra campana de la iglesia de San Pedro, de Alba de Tormes, de 1827, llevan como compañeros a “María del Pilar y San Pedro”. En otra de Beleña, de 1818, los hallamos junto a “San Blas” (“Blasa” en la inscripción). En Garcihernández, en una campana de 1665, vemos que es “Jesús” el que se presenta acompañado de “San Juan Bautista y María Auxiliadora”. En la esquilonada de Valverde, de 1691, “San Pedro”

está escrito junto al nombre de “María”. La otra campana de este mismo lugar, la que se fecha en 1767, es “Jesús Nazareno Rey de los Judíos” el que viene precedido de “San Pedro”. Por lo que respecta a “San José” lo vemos como advocación única en una sola campana. Es de 1908 y se halla en el convento de Santa María de las Dueñas.

SANTOS

Entre las campanas que recogen el nombre de un santo destacan aquéllas que llevan grabado el de “San Pedro” o de “San Pedro Apóstol”, ya sea en latín o castellano. Con excepción de la que se encuentra en la espadaña de la iglesia del convento de los Padres Carmelitas de Alba de Tormes, fundida en el año 1686, el resto de las campanas las localizamos en templos que tienen al primer pontífice como titular. Como norma general, el nombre del apóstol, al igual que sucede con otros santos, va seguido del correspondiente “ORA PRO NOBIS”. De 1839 es la campana que se le dedica en Calvarrasa de Arriba. En Anaya de Alba aparecen dos puestas bajo su advocación, una fechable como del siglo XIX y otra de 1903, firmada esta última por el maestro fundidor Ballesteros Lastra. Con fecha del año 1925 encontramos otra en Pedrosillo, siendo más reciente las que se le dedican al apóstol en las iglesias de San Pedro de Alba, de 1950 y 1956, y en Larrodrigo, de 1965. Tan sólo en tres ocasiones hemos encontrado a “San Pedro” compartiendo dedicatoria, como es el casos apuntados más arriba de una de las campanas de la citada iglesia de Alba de Tormes, en la que aparece junto a “Jesús, María, José y María del Pilar”, y las dos de Valverde en las que se acompaña, respectivamente, de “Jesús Nazareno”y de “María”.

En orden decreciente es “San Miguel” el siguiente santo que más veces aparece escrito en las campanas de la comarca. La más antigua de sus inscripciones nos la topamos en una de 1868, correspondiente a la iglesia de San Miguel Arcángel de Nava de Sotrobal y como “San Miguel Arcángel” aparece en la misma. La advocación completa vuelve a presentarse en otra campana de Gajates fundida en el año 1924. A partir de esa fecha sólo encontramos la grafía de “San Miguel”, como podemos observar en una campana de 1925 de la iglesia de San Juan, de Alba de Tormes, y en otra de la misma iglesia de hierro fundido, con marca de 1956. Otra campana gemela de esta última ocupa el vano suroeste de la iglesia de San Pedro de la misma localidad.

Sorprende hasta cierto punto que la advocación de una santa tan íntimamente relacionada con las campanas, como es el caso de “Santa Bárbara”, apenas aparezca inscrita en el área que estudiamos. Tan solo dos campanas, ambas popularmente denominadas como “Bárbara”, recogen su nombre. La primera de ellas, del año 1773, está colocada en la espadaña del convento de las Madres Isabeles y lleva moldeada la siguiente inscripción: “SANTA BARBARA ORA PRO NOBIS 1773”. La otra, de 1892, se localiza en el campanario de Peñarandilla y en ella, antecediendo al resto de la inscripción, se lee: “DEDICADA A SANTA BARBARA”. Otro tanto cabe decir de “Santa Teresa”, una santa de gran devoción en esta comarca salmantina, cuyo nombre sólo se graba, ya muy recientemente, en una campana de Pelayos fundida en el año 1981.

La plasmación de “San Nicolás de Bari” nos la topamos solamente en una campana de La Lurda, correspondiente al año 1761, repartiendo su titularidad con “Maria Auxiliadora”. Con el nombre de “Santo Domingo de Guzmán” se fecha otra en 1850, sita en el campanario de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en Martinamor. En la ermita de la Virgen de Otero, en Palomares, localizamos otra fundida en 1900 que recoge el nombre de “Santo Tomás de Villanueva”. Del año 1924 es la campana dedicada a “San Benito” en la iglesia puesta bajo su protección en Galisancho. El nombre de “San Juan Bautista” lo encontramos en otra de la iglesia de este mismo nombre de Alba de Tormes. Su factura es muy reciente, ya que data de 1950. Bastante anterior, puesto que se funde en el siglo XVII, es una campana de Garcihernández que también refleja esta misma advocación: “SANCTE IVANES BAPTISTA ORA PRO NOBIS AÑO DE 1665”. Por último, hemos de indicar que “Santa Ana” solamente se registra, con fecha de 1971, en una de las campanas de Galinduste, y otro tanto ocurre con los patronos “San Gervasio y San Protasio”, nombre que vemos marcados en otra de Sieteiglesias fundida en el lejano año de 1656.

Dos casos nos hemos encontrado de campanas con dedicatoria que no recogen referencias a Cristo, a la Virgen o a los santos. Ambas son de la presente década y fabricadas por la fundición de los Rivera. La primera de ella está colocada en la espadaña de lo que fue antiguo monasterio de San Leonardo, hoy seminario de los Padres Reparadores. Está dedicada a “Estefanía”, madre de León Dehón, fundador de la orden. La otra la encontramos en la ermita de la Virgen del Carmen, en Tordillos, y recoge en el tercio los nombres de “Rosalía y Manuel”, el matrimonio que fundara dicho oratorio en el año 1910.

OTRAS INSCRIPCIONES

Junto a las frases ya reseñadas alusivas a las distintas advocaciones, hemos de indicar que no son muy numerosas en el ámbito de nuestro estudio aquellas otras inscripciones que recogen jaculatorias, conjuros u otras frases con significado religioso. En orden cronológico hacemos mención de la leyenda que se refleja en una campana que catalogamos como de finales del siglo XV y que se halla en la iglesia de San Pedro Apóstol, en Alba de Tormes. En ella se lee: “PATER SCT OBSERVAEOS AMALO BENDITA SEA LA SANTA ATRENITAT / BENDITA SEA LAVIRGINIDAT DELAVIRGEN MARIA IHS MISENOR” (El Padre Santo nos libre del mal. Bendita sea la Santa Trinidad. Bendita sea la virginidad de la Virgen Maria. Jesús mi Señor).

En la misma iglesia de San Pedro, en la campana conocida como “Gótica”, fundida en 1504, se inserta la variante de una frase bastante difundida por la comunidad de Castilla y León, como se desprende del estudio llevado a cabo por Alonso Ponga y Sánchez del Barrio en Tierras de Campo. Dice la misma: “ECCE CRUCES D(omi)NI FUGITE PARTES ADVERSSE VICIT LEO DE TRIVU IUDA RADIX DAVID / AVE MARIA GRATIA PLENA DOMINUS TECUM” (He aquí la Cruz del Señor, huid partes adversas. Vence el león de la tribu de Judá, raíz de David. Ave María, llena de gracia, el Señor está contigo).

El saludo del ángel, que aparece en la anterior campana, lo encontramos igualmente en otras piezas de esta comarca. Tal es el caso de Aldeaseca de Alba, donde se conserva una campana de principios del XVIII en la que se lee: “ABE MARIA GRACIA PLENA ANO 1703”. Es la misma grafia, aunque sin añadido de data, que vemos en otra de Pedraza que debió fundirse hacia la misma época. Más completa y descriptiva es la inscripción que se inserta en otra campana de 1843, sita en la iglesia de San Pedro Apóstol, de Calvarrasa de Arriba: “SOI LABOZ DEL ANJEL QVE ENALTO SUENA ABE MARIA DE GRACIA LLENA”

En los párrafos anteriores aludimos a dos inscripciones de carácter proteccionista. En una tercera campana localizada en la espadaña de la iglesia de los santos Gervasio y Protasio, de Sieteiglesias, fundida en el año 1656, se recoge una imprecación contra las graves influencias atmosféricas: “AFVLGVRET TEMPESTA TELIBERA N DONE” (Líbranos, Señor, del rayo y de la tempestad). Frases de este tipo refuerzan aún más el carácter apotropaico que en sí mismo encierran los sonidos de las campanas. Los mismos elementos decorativos, especialmente las cruces, que en un orden lógico han de mirar hacia el exterior, participan de estas mismas esencias protectoras.

Terminamos con dos frases que recogen sendas campanas fundidas en unas fechas relativamente cercanas a nosotros. En la primera de ellas, de 1967, del campanario de Galinduste, se lee: “SANTA MARIA 1967 AÑO DE LA FE”. En la otra, de finales de la misma década, sita en la iglesia de Pelayos, dice: “LAUS DEO AÑO DEL SEÑOR 1969”. Curiosamente, según consta en la inscripción incisa en las campanas, ambas fueron encargadas por el párroco Jesús Segurado Paniagua.

Según la leyenda religiosa un ángel dejó junto al sepulcro de Santa Águeda un significativo epitafio alusivo al martirio sufrido por la liberación de su tierra. Este epitafio por dos veces lo encontramos repetido en sendas campanas de la comarca, en concreto en la de la iglesia de El Salvador de Gajates y en la albense de Santiago, fundidas en los siglos XVI y XVII respectivamente. Curiosa es la versión gráfica que muestra la primera de ellas: “MENTEN SANTAN SPONTANEAN HONOREN DEO PATRI ET LIBERATIONEN” (Con mente santa y espontánea, honor a Dios y liberación a la patria).

VI.- LAS DECORACIONES

De gran interés tanto artístico como simbólico o religioso presentan las múltiples decoraciones que recogen la práctica totalidad de las campanas. Como excepción a esta regla recogemos la de la finca de “La Federica”, en término de Garcihernández. Estas decoraciones aparecen de manera localizada, es decir, se sitúan en un punto determinado de la campana, o se extienden siguiendo su perímetro a cualquier altura del vaso.

Entre las decoraciones circulares destacan los denominados cordones, que se extienden preferentemente a lo largo del tercio y el medio pie. Raramente encontramos algunos en el hombro, como es el caso del que presentan las campanas de la iglesia de Santa Inés y de la “Bárbara” del convento de las Madres Isabeles, o de los dos que muestra la “Gótica” de la iglesia de San Pedro de Alba de Tormes, o de los tres de la catalogada como de finales del XV, también en la misma iglesia albense, o la fundida por Linares para la iglesia de San Nicolás, de La Lurda. Igualmente un cordón encontramos en el pie, por ejemplo, de la fabricada por Moisés Diez, que se conserva en el convento de las Dueñas, de Alba, o en la de Terradillos, del año 1698. La citada de Linares tiene dos cordones. Con tres aparece, entre otras, la del fundidor Murúa, que permanece en el convento de los Padres Carmelitas. Un caso único es el de la “Gótica”, que lleva cuatro cordones a pares custodiando a una franja rameada.

Por lo general, aunque no siempre ocurra de esa manera, tanto los cordones del tercio como del medio pie sirven para encuadrar las distintas inscripciones que recogen las campanas. El número de los mismos varía considerablemente, oscilando desde uno hasta los dieciséis que encontramos en una de las campanas del reloj del ayuntamiento de Alba de Tormes. No es raro el que los cordones tanto por la parte superior como por la inferior vayan encuadrados por bandas de moldes triangulares. Al lado de estas sencillas decoraciones nos topamos con múltiples cenefas, localizadas normalmente en el tercio y en el medio, que presentan por lo general motivos geométricos y vegetales, sin que falten los elementos de carácter religioso, cuales son los cálices, los copones, las custodias o los propios angelitos.

En lo que respecta a las decoraciones localizadas, en la mayor parte de las campanas se constituyen a bases de cruces de calvario, siendo muy escasas las que no presentan este motivo. Entre éstas podemos citar las dos campanillas el convento de Santa Isabel, la “Cabrillo” del convento de las Dueñas, la campanilla del convento de San Leonardo, y la “Murúa” y la romana del convento de los Carmelitas, todas en Alba de Tormes. Por lo general las cruces, cuya posición corresponde a la parte frontal de toda campana, en su parte media, suele estar elaborada con moldes cuadrados que recogen en su interior estrellas de ocho puntas. En ocasiones los moldes presentan formas romboidales, como también puede suceder que muchas veces las estrellas sean sustituidas por otros motivos (cruces griegas, cruces de tau flores de lis, roleos, símbolos de la pasión...) o que los moldes presenten formas rectangulares con dibujos rameados.

Igualmente constatamos que con bastante frecuencia el conjunto de la cruz se enmarca con moldes cortados y que sus extremos se encuadran con diferentes figuras geométricas. En algunos pocos casos el conjunto se halla flanqueado por supuestas hachas encendidas, mientras que en otros se encuentra la configuración de los tres clavos.

Ya entrados en este siglo vemos cómo las cruces campaniles evolucionan y pasan a configurarse a base de un sólo molde. Así ocurre, sobre todo, con las campanas salidas de los talleres de José Cabrillo Mayor, fundición que también recurre con frecuencia a la plasmación de crucifijos muy estilizados. Un crucifijo de muy bella factura es el que recoge la citada campana de Moisés Díez.

Si bien la mayoría de las campanas presentan una sola cruz, no faltan aquéllas, sobre todo las que catalogamos como de época más antigua, que muestran sendas cruces, situadas en frentes opuestos.

Amén de las cruces, también hemos encontrados figuras que aluden al martirio de Jesús, cuales son un sello de la campana de 1656, de la espadaña de la parroquia de Sieteiglesias, y otra de la del convento de los Carmelitas de Alba, de 1686, que recogen los atributos de la Pasión: gallo, escaleras, corona, clavos... En la romana de Nava de Sotrobal la cruz de calvario se halla flanqueada, por la parte baja, por moldes que llevan grabados las llaves de San Pedro, mientras que por la parte superior presenta dos pares de moldes con hojas de lis y rosetas.

El sello distintivo de quien encarga la campana podemos verlo en la que se realiza para el convento de los Carmelitas hacia 1686, en que se representa en la zona del medio el escudo de la orden. Otras veces son los escudos o sellos de los fundidores los que ocupan la parte preponderante de la campana. Así ocurre con el escudo real que en la década de 1920 se imprime en la mayor parte de las piezas de Cabrillo, siempre envuelto con su leyenda, y que con el paso de los años se va transformando en simples sellos rectangulares, ovalados o circulares, en algunos de los cuales se imprime una pequeña imagen de la inmaculada. El sello de los Rivera, como se observa en la campana que fabrican para la iglesia de Garcihernández, muestra en el interior de una serie de círculos concéntricos el ave fénix. Significativo es igualmente el del valenciano Vicente Roses, que localizamos en dos campanas de Navales, ambas fundidas en 1913. Una de ellas, además de tener las cantoneras de las asas grabadas con artísticas cabezas humanas, presenta en el interior de su sello circular un ángel alado y, ya por el exterior, un doble dragón. En la otra puede observarse una gran custodia sobre la que se localizan una corona y un sol radiante. Al conjunto lo flanquean dos ángeles. Distintas connotaciones presentan los dos sellos que se han colocado en la campana del siglo XV de la iglesia de San Pedro, de Alba de Tormes. Uno muestra un castillo y el otro un león rampante