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LA VOZ TALLADA DEL PASTOR (Valdelarco. Huelva)

GARRIDO PALACIOS, Manuel

Publicado en el año 2001 en la Revista de Folklore número 251.

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La soledad era eterna
y el silencio inacabable.
Me detuve como un árbol
y oí hablar a los árboles.

(Juan Ramón Jiménez)

Francisco Fernández Ortega, de 75 años, ha vivido siempre en el campo de Valdelarco (1). Le digo que las calles de su pueblo son un asombro continuo, con las solanas buscando el mediodía, las cuestas, las esquinas de sorpresa.

-A mi pueblo todo el mundo lo aclama, mire. Será por eso que dice, por las aguas que tiene, por el ambiente tan bueno que se respira, por todo.

-¿Para qué servían las solanas?.

-Servían y sirven como secadero natural.

-¿Qué se seca en ellas?

-El grano, si se siembra; la bellota, la avellana...

-¿En qué trabajaba usted en el campo?
-Mi vida ha sido la de pastor.


-A solas por ahí todo el día.

-Más solo que la una por esas montañas.

-Habrá visto lobos.

-Y alguna lobá me han hecho, o sea, matanza en el rebaño, a la luz del día. Ya han terminado con ellos, pero lobos había a mantas, en particular por la parte del arroyo Dundún, que le dicen así por el ruido que hacen los cantos cuando ruedan agua abajo. La lobá más grande que se recuerda, era yo chiquinino, fue cuando acabaron con cuarenta o cincuenta cabras entre mordidas y matadas. Claro, se quedaban sueltas en mitad de la Sierra y en una noche imponente de viento y de agua la maná cayó sobre ellas y no quedó una viva. Esto sería por el año 1926 ó 27. El cabrero, a ver, tiró un par de tiros al aire, pero la maná era grande y estaba hambrienta. Luego echaron batidas pero entonces no acabaron con ellos.

-A ver si le suena esto: «Noche mala, ¿para quién te aparejas?. Para el pastor de ovejas».

-Nadie lo sabe mejor que el pastor.

-Dicen que el lobo no mata sólo para comer, sino por matar.

-El lobo, como se vea sin gente que vigile y que lo achuche, mientras haya un bicho vivo no deja de matar; y luego igual se come una que ninguna. Si aparece el pastor con los perros se la echa a cuestas y huye.

-¿Se ha enfrentado alguna vez al lobo?

-Me he enfrentado al lobo y me ha regruñío (2).

-Cuente.

-Iba yo por unas solanas muy grandes que hay en El Casar, en ca Antonio García, de Galaroza, se me quedó un atajillo atrás y vi de pronto que venían espantadas corriendo y detrás una maná de lobos. Me pongo al frente a espantarlos y el jefe me regruñó como un perro. Vio que le quitaba la comida y me regruñó como un perro bravo.

-¿Qué hizo usted?

-Le aticé con el garrote entre las jaras y se apartaron hasta trasponer la umbría. No volvieron.

-El lobo sabe.

-Más de lo que se cree. No pierde de vista la presa. Aunque sea desde lejos va siguiendo el rebaño. Un día que tenía las cabras en un valle y yo estaba sentado en un risco, asomó por allá arriba un lobo; andaba un cacho, como cincuenta metros, y se paraba a escuchar los campanillos. De repente se tiró a las cabras el peazo pillo, pero yo le salí al encuentro y lo paré; los perros hicieron el resto. Yo llevaba mastines y un podenco para correr. Tenía una collera de mastines que le ha-cían cara a la maná.

-¿El lobo le teme al mastín?

-Natural. Tuve uno que se llamaba Tigre, otra, Leona. Aullaban los lobos y ladraban los perros. Retumbaba todo entre las montañas y parecía que se iba a armar una guerra. El lobo aquel lo que quería era llevar carne a las crías que estaban metidas en el calderín.

-¿El calderín...?

-La lobera. Ahí crían. Un redondel de grande como una camilla. Yo me metí a rastras un día en un calderín que estaba detrás de un vallao y cogí una camá de pulgas... porque cuando ya las pulgas no dejan vivir a las crías en un calderín la loba las muda a otro que hace nuevo.

-El último lobo.

-El que yo vi fue por el año 50. Por aquí no quedó ni uno, ya le digo. Terminaron con todos.

-Atacó el lobo a alguna persona.

-Ahí se comieron a un muchacho, entre Cortelazor y Corterrangel, en una finca que le dicen el Barrial. Andaba de novio en Corterrangel, pero vivía en Cortelazor, y una noche se le cruzaron los lobos en el camino y lo mataron. Estaban acostados el padre y la madre y ella no hacia más que decir: «A que a nuestro hijo le atacan los lobos». Tanto lo achuchó que salió el hombre al camino y al llegar al sitio encontró sólo los dos pies dentro de los zapatos. En una encina está todavía la cruz que le pusieron.

-Al norte de Cumbres Mayores, en pueblos de Extremadura, aún tienen en la memoria algunas personas una historia que le llaman Romance de la loba parda. ¿La ha sentido nombrar?.

-De eso no he llegado a escuchar nada.

-Es así, más o menos:

Estando en la mía choza,
estando en la mi cabaña...


-¡Ah, si!, eso lo contaban los pastores por aquí. Era...

Estando yo en mi majada,
repuntando mi cayada,
me vi de venir una loba
dirigida a mi manada.

Le dije: «Vuélvete, loba,
que tengo mis siete perros
con mí perra Cortijana».
Estando en estas palabras
fue la loba y se llevó
a la chivita blanca,
hija de la Hortelana.

«Andad, ir perritos por ella,
sí me entregáis la pellica,
la cena tenéis ganada:
cuatro tarretás (3) de leche
y otros tantos de cuajada».

Anduvieron mis perritos
siete leguas barbechadas,
y corrieron otras siete
por una espesa montaña.

Al llegar a una ribera
la loba se vio apretada:
«Aquí tenéis vuestra chivita,
llevársela a la manada;
el pellejo pa'l pastor,
que se haga una zamarra
y la carne pa los perros,
que no se desperdicie nada (4).

-Alguien me dijo que en la soledad del campo se presentaban gentes que ya no vivían.

-Si, yo lo escuché eso también; pero es más bien cosa de superstición, como no hacer cosas en día trece, o creer que tirar la sal es tirar la suerte. No me lo explico, porque en los mataderos tiran la sal y mira los dineros que les vienen. Decía uno que se le aparecían su madre y su padre. Eran cosas de susto, aunque a mi no me daría ningún miedo que se me presentara mi madre. Por lo menos, la vería. Pero son supersticiones.

-Por Extremadura, además de la historia de la Loba Parda se contaba que había una mujer escondida en una cueva, a la que llamaban Serrana, que atraía a los pastores y los mataba..

-No. Hasta aquí no llegó eso. Lo que si me ha salido es una pantasma, una Marimanta.

-¿Qué es una Marimanta?

-Una persona disfrazada que le metía miedo a uno que iba por un camino. O a los zagales. El zagal mayor mío y un sobrino de la misma edad, tendrían ocho o nueve añillos, iban al barranco a bañarse. Y le digo a mi mujer: «Estos zagales hay que espantarlos si no se van a ahogar». No sabían apenas nadar. Total, una tarde, cuando sesteaban las cabras, me puse unas enaguas de mi mujer, me tapé la cabeza y fui al charcabú donde se bañaban. Empecé a gritar: «¡Niño, niño!» y ya no volvieron más al barranco ni a lavarse las orejas.

-El zorro.

-Es más torpe que el lobo. Y no tan valiente. Es cobarde. Va a bicho muerto, como no sea una gallina suelta o un animalillo chico. Bicho grande, no.

-¿Hay muchos por aquí?

-No crea, que también le dieron su meneo, entre los cotos,el veneno...

-¿Y pájaros?

-Ayer, por cierto, vi un águila perdicera, tan preciosa que es. Aquí han desaparecido muchas especies. Los venenos han hecho daño hasta ni se sabe...

Muy alta la vi volar
al águila perdicera,
y luego la vi bajar
más humilde que la tierra
para nunca subir más.

…y otra que le cantaban a la paloma, no me acuerdo bien:

Bajó una paloma blanca
a un arroyuelo a beber,
por no mojarse la cola
levantó el vuelo y se fue;
qué paloma tan señora.

-El cuco es divertido.

-Era un animal que alegraba. No había sitio donde no se escuchara el cu-cú.

-El cuco no hace nido.

-Ni se preocupa de los pollos. Por aquí se ha cantado y se ha dicho:

soy de la opinión del cuco
pájaro que nunca anía,
pone el huevo en nido ajeno
y otro pájaro lo cría (5).


-¿Y el tejón?

-Ese es dañino en las colmenas, pero como las colmenas están desapareciendo, va de capa caída... Mire si habría colmenas en su tiempo que al pueblo le llamaban Valdelarco del Colmenar. Al de Valdelarco le decían colmenero, papero al de Fuenteheridos (6) y marocho al de Encinasola (7), que está a una legua de la sierra de la Lapa y a media del río Múrtiga.

-Ahí anda. Cabras habrá guardado usted...

-Hasta trescientas, mías y de amo. Yo tenía mi piojalillo de unas treinta y el resto del amo.

-Ha dicho piojalillo; conocía la palabra como de tierra pobre de siembra.

-También. Era una tierra que no quería otro. Un cacho yerbero. La mejor la cogía el dueño. Se estercaba con las ovejas. Ya no se siembra un pago de nada.

-Se habla de una oveja y de los meses de marzo y abril...

-¡Ah!. El mes de marzo no lo cuentan los portugueses ni mucha gente. Dicen enero, febrero, el otro y abril. Será porque no llueve que lo ponen de malo.

-Parece ser que marzo tenía un rebaño...

-Sí; resulta que marzo le prometió a San Pedro un borrego si se colocaban las crías...

-¿Colocaban?

-…si salían arriba, si no se morían, vaya. Y como pesaba cada día doscientos borregos sin morirse ninguno, dejó correr el tiempo sin darle al santo el que le había prometido; dijo marzo terminando el mes: «Con un día que me queda a mi y otro que me va a prestar mi compadre abril, te voy a poner el cuerpo a parir». Entonces San Pedro mandó una tormenta y los mató a todos. A uno que quedó debajo de una caldera vino un rayo y le cortó el rabo. Con lo que no quedó uno vivo. Por eso marzo no se nombra. Es un mes malo (8).

-¿Las cabras son buenas o malas para el monte?.

-Las cabras lo sujetan, no lo dejan crecer. Hasta el repión de la jara se lo comen. Y cualquier cogollo tierno.

-Algunas veces se ponían malas las cabras.

-También.

-¿De qué?.

-De la lombriz, aunque el mal más corriente era una enfermedad que ataca a los pezuños y a la boca. Le salen unas llagas que no las dejan comer, hasta que se mueren. Cogen unas calenturas tremendas. La cuestión es que las curamos, engordan y una mañana aparecen muertas. Las curaba mojándole los pezuños en agua fuerte y luego se los metía en la cal viva que se echaba en la espuerta. La boca se le lavaba con un liquido que no recuerdo el nombre.

-¿Y de dónde viene el mal?

-No sé; esa enfermedad vendrá de la atmósfera, porque por comida no es; ellas saben exactamente lo que pueden comer y lo que no. Es algo como lo que le entra a los conejos y no tienen solución.

-Por poner, la adelfa no la comen las cabras.

-El único bicho que la come es el galápago; la flor.

-No hay mejor valía que la adelfa.

-No pasa bicho.

-En la soledad del campo, el parto de una cabra...

-Era una alegría. Hacia trabajar. A más de una tuve que sacarle el chivo. Pocas se me han ido de parto. Aunque sea muerto, el chivo lo he sacado.

-Si usted se ponía malo...

-Si era un resfriado me lo curaba con hierbas... poleo, oriégano, manzanilla, que igual vale para el estómago. Ahora han denunciado a un pastor, por Granada creo que ha sido, por arrancar unas matas de Manzanilla. Ponerle a un hombre dos años de cárcel por un manojo de manzanilla... ese hombre está en ley; toda la vida de Dios se han cogido moñas de manzanilla.

-¿Ha sentido usted decir que cierta clase de castaña llevada en el bolsillo alivia de las almorranas?

-Yo no lo he experimentado nunca. Pero dicen que la castaña de Indias hace ese bien si se lleva con uno.

-Digamos que iba usted a Valdelarco alguna vez.

-Me llevaba meses sin ir. En el campo vivía en un caserío con mi madre y mi padre; luego, hasta que me casé viví solo.

-¿Su mujer era de Valdelarco?

-De Cumbres Mayores.

-¿Qué dijo ella cuando la llevó al caserío, a un lugar tan aislado?

-Le gustó. (Se hace un silencio cuya hondura no alcanzo. No sé cuándo va terminar, quién lo va a romper. Francisco parece expresar algo para sí mismo en recuerdo de la esposa. Luego eleva el tono de voz). La conocí en un baile de Cumbres Mayores. Resulta que me encontré en el campo con otro pastor y hablando así un día de mujeres, digo: «Allí en Cumbres habrá buenas muchachas». Dice: «Si que las hay». Y le pedí: «Tú que conoces el pueblo a ver si me indicas una que sea buena...». Y fui al baile, me indicó dónde estaba ella, nos enamoramos y nos casamos. Se llamaba Carmen.

(Vuelve el silencio por un instante. Tal como dice el poeta

Salas: «la breve eternidad de un instante).

-Después que se murió no me quedó reconcomio ninguno. Fuimos buenos los dos. Para encontrar la felicidad no hay que ir a sitios raros. O va con uno, o no existe. Ahora, cuando mejor podíamos estar, faltó ella.

-Aquél baile...

-Fue el pasodoble de Manolete. Yo me acerqué a preguntarle si quería bailar conmigo. Me dijo que si y que de dónde era. Entonces le conté mi historia y por ahí empezamos.

-Cuando iba a Valdelarco, ¿a qué era?.

-De joven, a comprar algo, a reunirme con los zagales, a pelarme... luego ya me pelaba ella.

-El casorio.

-Me casé más bien viejo; tenía treinta y un años. Ella era más nueva que yo. En el caserío teníamos todo lo necesario para la vida. Sembrábamos patatas, tomates, lechugas... se hacían guisos y un gazpacho al que se le picaba carne de perdiz o de conejo, de lo que se podía; le decían gazpacho manchego, porque al andaluz no se le pone carne.

-Ese conejo...

-Conejo o liebre. Salían por delante de las cabras y yo jondeaba (9) el garrote y las mataba. Tenía una puntería que las cogía por la cabeza y al zurrón. En casa se hacía un buen guiso día con otro. Liebre con arroz y patatas.

-¿Y trampas?

-Un lazo con un alambre fino. Caían conejos, liebres... Ahora que recuerdo había una serpiente que le decían saetón, que clavaba la cola, así, como una horqueta en el suelo, y latigaba hacia todos los lados. A Valdelarco vino un perito a apreciar una montanera por Tosantos, se le tiró un saetón por el encinar y de la impresión se metió en la cama y se murió.

--¿Era grande?

-Un metro o más. Se ponía derecho y le pegaba el zurriagazo al que pasara. A mí me dio un taponazo un viboro en los zahones. El bicho venia volando. Menos mal que no pudo con el cuero. Tendría el celo o las crías por allí cerca. Lo cierto es que di un rodeo y no pasé por allí.

-¿Si le hubiera picado?

-El remedio en el campo es hacerse un corte, chupar la sangre y escupiría. Me picó un alacrán un día que andaba quitando unas carrasqueras y me dio un pinchazo que me harté de dolor. Me lo curé con aceite.

-El lagarto.

-Ese ataca más a la mujer que al hombre. Se dice que el lagarto es amigo del hombre y enemigo de la mujer; la culebra es al revés, enemiga del hombre y amiga de la mujer.

-Volviendo a su casa. ¿Y el queso?.

-Lo hacíamos como no hay ahora. Se coge la leche de las cabras, se cuela, se cierne el cuajo, se deja reposar, se pone el entremijo, se aprieta en el cincho para que vaya estripando(10) el suero y... Mi madre lo hacía y yo ayudaba a mi mujer a hacerlo. Estaba ella harta del jaleo de la casa y encima se ponía al queso.

-La matanza.

-Caía un cochino al año y jamón no faltaba; ni chorizo, ni morcilla. Con un guarro de catorce o quince arrobas, o dos, comía la familia chacina el año. Sobrado.

-Un cochino todo el año de montanera tendría buena carne.

-Buenísima. Se comía dos o tres días mientras duraba la chacina fresca, se cantaba, se bailaba; era una fiesta. Lo mismo que en las navidades. Entonces se hacían prestiños, buñuelos, torrijas, se le echaba miel por encima, que había mucha, y a comer. Ya no hay ni abejas. Yo he llegado a juntar treinta colmenas y no me quedó ni una. Entraba una enfermedad y se ponía el corcho con polilla. Se morían. En las navidades se juntaban gentes de otros cortijos y se bailaba el pasodoble, el vals corrido, ya fuera cantando o tocando con la gaita. Quise comprar un tamboril, pero mi padre me lo quitó de la cabeza. Me dijo:

«Cállate, chiquillo, cómo te vas a gastar nada en un tamboril; eso es como el dinero del sacristán, que cantando se viene y cantando se va».

-¿Entonces…?
-Aprendí a hacer gaitas mientras estaba solo en el monte. Las hacía de adelfa, de fresno, con sus tres agujeros y el de abajo, que se taponaba con una astilla de brezo. Cada agujero tenía su nota. Vi que un pastor viejo, tío lejano, primo de mi abuela, tenía una hecha por él, le vi el misterio y me dije: «Eso lo hago yo». Saqué unas pocas. La última fue para un cestero de San Bartolomé que era de Arroyomolinos de León; y cucharros (11), y tenedores (me enseña uno de cinco púas, con adornos en el mango inventados por él) y tazas de madera de brezo rojo, porque el blanco raja... Yo llevaba unos pocos de cuchillos en la mochila y me liaba, pin, pan, a sacar las piezas mientras guardaba.

-La música.

-La musiquilla que hacía con la gaita era como la del fandango, que ahora se toca con guitarra y todo eso, pero siempre se tocó con gaita. Era una música que pasaba de un tamborilero a otro. Así se mantenía. Yo la aprendí de Marcelino el de la aldea. A otro de Los Marines le decían Majano. Yo inventé algunas músicas cortas, pocas y cortas.

-¿Majano?.

-Majano es también un montón de piedras. Se limpiaban los campos para ararlos sin tropiezos.

-¿Ha habido alguna pelea entre los pastores que andaban por aquí?
-Puede, pero yo no las he conocido, ni ha tenido que ser tan fuerte como para dejar rascones.

-¿Dura el caserío en el que vivió?.

-El campo está en abandono, y en la casa no vive nadie. Era una finca que le decían El llano de la venta, al oeste de Cumbres Bajas, Cumbres Mayores, por el barranco del río Frío. La carretera que va de San Juan del Puerto a Cáceres pasa cerca.

-Al pueblo también bajaría en alguna fiesta.

-Por el patrón, todos los años, el Salvador del Mundo. Ya la fiesta tampoco es como era. Entonces echaban un toro, hacíamos un cacho plaza, se divertía la gente con cuatro revolcones... Ya no permiten echar toros en estos pueblos.

-¿Usted los ha corrido?
-Como el que más. Se festejaba el Corazón de Jesús; ahora sólo el Salvador, el 6 de agosto. Antes la gente participaba más, parecía más sana. Hoy es un disloque; no hay la unión que había.

-Incluso no se le cuentan cuentos a los niños, como me figuro que pasaba en su casa entonces.

-Tenía yo un par de añillos y estaba mi padre haciendo una ranchería de carbón de encina y alcornoque, y echó mi madre una clueca, una gallina con huevos para sacar pollos. Yo vi dónde estaba la gallina, y cuando mi madre se vino, le rompí los huevos porque estaban para salir los pollillos. Mi madre me soltó dos o tres tortas, aunque algunos salieron. Cuentos me contaba pocos porque la pobre trabajaba muchísimo. Quien los contaba era mi abuela. Recuerdo uno y fue positivo, de Antonio de Valdelarco. Cuando mi abuela era una zagalilla venía del campo al pueblo y estaba Antonio sentado al pie del camino, y le dice a mi abuela:
«Niña, ¿quieres un pájaro?». Le contestó: «Si usted me lo mata». En esto pasó una cutovia (12) por encima, una cogujada, se echó la escopeta a la cara y la cayó.

-¿Quién era?

-Un desertor. Vivía en el monte huido. Era famoso en la Sierra. Yo sí fui al servicio. Fue la primera vez que salí de Valdelarco.

-En esa soledad del campo pasaba la vida ante sus ojos.

-Vi mucha gente huída, digo. Y la guardia detrás de ellos para llevarlos como perros, amarrados unos a otros. Ahí en Galaroza mataron tres una madrugada. En la Sierra de la Corona, en los Cigarrales, hay dos enterrados. Allí los cogieron, allí los mataron y allí los enterraron. Y en Valleconejo, otros dos. Envenenaron a la gente. La engañaron. La pusieron loca. Este es de los nuestros, aquel no. Puñeterías.

-¿Fumaba?

-He fumado muchísimo y he sembrado matute. Al tabaco se le llamaba matute (13). Había veces que sembraba cincuenta matas. Me procuraban papel Bambú, Rey de Espadas... y liaba buenos cigarros.

-¿Y beber?.

-No me he quedado atrás. No he perdido mi vez en el tiempo del mosto. Era vino nuevo, flojito, con el que igual se pillaban parpalinas que hacían ir a gatas. Al igual que lo que me tocó en la vida, mi parte de vino me la he bebido entera.

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Notas:

1 .Linda con Cumbres Mayores al norte, La Nava al oeste, Cortelazor al este y Galaroza al sur (Madoz).

2 .Parece querer reforzar la expresión gruñir.

3 .Tarros de ordeño llenos.

4 .La versión del romance queda fechada en 14 de agosto de 2001. Última hasta ahora.

5 .Eliano, Historia de los animales, dice del cuclillo que es ave diestra en idear ardides para solucionar dificultades. No incuba sus huevos […] ni fabrica nido ni cría a los polluelos, sino que aguarda a que los dueños de otros nidos -alondra, paloma torcaz, verderón, pappo, curruca..., estén lejos para meterse en los suyos a hacer la puesta. Tanto la voz del pueblo como la literatura de todos los tiempos han emparejado el comportamiento del cuco con el cornudo. El libro de los proverbios glosados, de Horozco: «...cu cu; es tan odioso canto éste que en oyéndole qualquiera abomina dél porque ordinariamente dizen al cornudo 'cu cu'. [...] ha aconteçido oyendo al dicho cuclillo dezir un hombre a otro: 'Compadre, mira que os dize'. Y el otro dezir: 'No dize a mí sino a vos'. Y sobre esto venir a reñir [...] Dize Juan de Jarava en sus Problemas naturales, el cuclillo […] vuela en los nidos de las otras aves y críanse allí sus güevos con los agenos. Y porque los cornudos crían entre sus hijos los agenos por propios con razón se llaman cucos...». Etc...

6 .Para Corominas, Tópica Hespérica, el nombre de Fuenteheridos «debe de estar por Fonte(s)feridos FONTES FRÍGIDOS, con Fridos > feridos por la anaptixis típicamente mozárabe. En el momento de la Reconquista se desmozarabizó el nombre cambiando Fonte en Fuente y feridos en heridos, como si fuese compuesto del verbo herir, con el cual el sentido nos prohíbe relacionarlo».

7 .Parece ser que se llamó Mons Ariorum, Montes Claros.

8 .A las versiones que conocemos sumo la que me contó un pastor de la aldea de Calabazares: «Hay quien evita nombrar a marzo: «Enero, febrero, el otro y abril. Esto es porque un calañés tenía una piara de ovejas de la que estaba orgulloso, y viendo que terminaba el mes de marzo, cantaba el hombre:

¡Ah!, marzo rabúo,
ya no te temo,

Faltaba un día para que terminara el mes. Y marzo, que andaba al acecho, le contestó:

Con un día que me queda a mi
y otro que me presta mi amigo abril,
yo te voy a poner a parir.

Y llovió y tronó más que ahora; y la tormenta le mató todas las ovejas. Y aunque el calañés escondió un corderito bajo un caldero, le dejó el rabo fuera y un rayo se lo cortó. Por eso los de Calañas no quieren el mes de marzo, por lo traicionero, y se vengan de él no nombrándolo».

9 .Hondear, tirar a distancia como se hace con la honda.

l0.Apretando para hacer salir el líquido.

11 .Filínides, en segunda Celestina (XVIII), de Silva:
«...buenamente comienço en cuanto acabo este cucharro».

12.Totovía, cotovía. En otros pueblos, cotolovía.

13 .DRAE: «género introducido a escondidas sin pagar el impuesto de consumo». Igual esta siembra personal del tabaco se tomó como sinónimo de matute