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La cruz Gil. Historia, espacio y tiempo de una devoción popular de la provincia de Corrientes, República Argentina (siglos XX-XXI)

GENTILE, Margarita E.

Publicado en el año 2014 en la Revista de Folklore número 2014.

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Consideraciones previas

En este ensayo me referiré a un caso particular de señalamiento del espacio público mediante construcciones devocionales[1] correspondientes al culto a un gauchillo[2] canonizado popularmente como Gauchito Gil, que se originó en el ámbito rural de la llanura correntina.

En dicha región, entre mediados del siglo xix y la primera mitad del xx, una cruz en el campo marcaba el lugar donde había sido ultimado y enterrado algún «gaucho matrero pero milagrero»[3]; el lugar se transfiguraba, generando un punto de encuentro entre la devoción por las almas del purgatorio y la muerte violenta como equivalente del martirio cristiano (Gentile, 2013c, 2014).

Los pasantes que encendían velas y dejaban monedas para misas los aceptaron en su rol de delincuentes muertos en enfrentamientos con las autoridades locales que los perseguían por haber cometido varios delitos; y en las historias retrospectivas se justificaba su accionar afirmando que su propósito había sido «robar a los ricos para dar a los pobres» (Gentile, 2013c).

Estos sitios se conocen en la provincia de Corrientes como «la cruz de Fulano» o «curuzú Fulano»[4], indistintamente. En el caso de Gauchito Gil[5], parece que el primer nombre con que trascendió su lugar de martirio y entierro fue Curuzú Gil (Noya, 1968; en Coluccio, 1995: 101).

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Hasta donde pude investigar, la Encuesta al Magisterio[6] de 1921 no recogió relatos sobre GG bajo ninguno de sus nombres, lo que permite pensar que a principios del siglo xx el culto al gauchito Antonio Gil, gauchito Gil, Antonio Gil, Antonio Mamerto Gil Núñez o Juan de Dios Giles, o no existía, o era de circulación harto restringida.

Daniel Granada (1896) no lo nombró, y tampoco Juan B. Ambrosetti en sus relatos de viajes por el Litoral (1917) quien, en cambio, sí dio noticias de san la Muerte y san Son (Ambrosetti, 1917; Gentile, 2008ab). Estas citas no son exclusivas, pero ambos son los autores más destacados entresiglos que escribieron sobre la región cuando los estudios de folklore (sensu W. J. Thoms) comenzaron a interesar, y también corresponde al entorno de la fecha en que se admite que surgió el culto a GG.

A diferencia de otros gauchos matreros (como Bairoletto, Cubillos o Lega), de GG no se conocen fotografías de prontuario policial, tampoco compendio ni ningún tipo de documento que permita identificarlo; las variantes de su historia circularon oralmente y con carácter retrospectivo. Los espacios en blanco se completaron citando a un autor que en 1906 la habría publicado (Salas, 2008: 35), y distribuyendo a partir del santuario de San la Muerte[7], también en los últimos años, una fotocopia de mala calidad de una supuesta fotografía (Sousa, 2010: 66). Finalmente, la historia tramada por Tránsito Galarza en 1999 reunió las condiciones necesarias para llegar a ser la más completa, contestando todas las preguntas posibles sobre el protagonista.

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Como parte de la antropología social, los estudios de folklore consideran las devociones populares[8] uno de sus objetos de estudio; en ese plan, les interesa la dinámica del surgimiento, forma y difusión de cada una de ellas como parte, a su vez, de estudios comparativos de los sistemas de valores y creencias, entre otros asuntos.

En este ensayo me referiré a la formación y difusión de la hagiografía seglar[9] de Gauchito Gil, cuyo culto se difundió pasada la segunda mitad el siglo xx desde los alrededores de la ciudad de Mercedes, población ubicada al sur de los esteros de Iberá, en la provincia argentina de Corrientes[10]. En dicha provincia, limítrofe con el Paraguay, se habla la lengua guaraní tanto como la española, y por tener frontera con el Brasil también una mezcla de portugués con ambas.

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El artículo devenido libro sobre el culto a Difunta Correa[11] continúa siendo, en mi opinión, el que precisó cómo redireccionar y potenciar económicamente un culto preexistente a un santo no canonizado por la Iglesia. Según sus autoras:

Se denominan canonizaciones populares —en un país de tradición religiosa católica—, aquellas que tienen como objeto de culto personas que han sido canonizadas por el pueblo, es decir, personas en cuyo proceso de canonización no ha intervenido la Iglesia Católica como institución. A estas personas se las denomina «santos» utilizando el lenguaje de la Iglesia (Chertudi & Newbery, 1978: 9).

El modelo de forma y contenido propuesto por ellas incluía peregrinaciones, invocaciones, oraciones, promesas o mandas, ofrendas, cadenas e imágenes seguidas de la descripción de los lugares de culto, y un enfoque antropológico similar a «el complejo cultural Difunta Correa»[12] (Chertudi & Newbery, 1978: 201); como conclusiones destacaron los que serían temas guía, tanto en el futuro como en la reelaboración hacia el pasado de las devociones conocidas:

— Muerte en circunstancias trágicas.

— Un primer milagro, ocurrido en tiempo cercano a la muerte, antes o después de la misma.

— Culto individual, luego difundido por los milagros obrados (Gentile, 2011bc: 278-279).

Estas autoras dispersaron los textos de la encuesta en párrafos sueltos que coincidían con sus hipótesis pero sin volver a reunirlos; en la maniobra se esfumó el contexto del que emergió la que llamaron «leyenda religiosa» o «leyenda de creencia» (Gentile, 2009; 2011bc: 278-279).

Años después, en un trabajo sobre la dinámica de la formación de estos cultos, propuse una clasificación tomando en cuenta los matices respecto del origen:

Devociones populares grupales son aquellas que continúan la costumbre de la canonización por aclamación popular, común en los primeros siglos del cristianismo, en especial con relación a los mártires, en tanto que aquí y ahora se hace un pequeño monumento y comienzan a circular historias de milagros; son manifestaciones exteriores evidentes, sostenidas y numerosas. El aumento en cantidad de fieles y transformación de la cruz o monolito en una capilla sucede porque hay un grupo de personas que se ocupan de todo lo que tiene que ver con dicha devoción. El camino seguido es, generalmente, el siguiente: monumento en un sitio público > publicidad de la historia trágica > milagro > ritual > feria > tendencia a la expansión hacia otro sitio público (Gentile, 2011bc: 276).

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En este momento, 2014, el culto a GG solo esporádicamente forma parte de programas de TV o publicaciones masivas; unos y otras repiten lo publicado y emiten grabaciones pasadas, en tanto que las revistas latinoamericanas especializadas en estudios de religiosidad popular y las reuniones científicas sobre dichos temas centraron su atención en otras expresiones del cristianismo.

Además, los sitios junto a las rutas que relevamos y publicamos en trabajos anteriores hoy están, cuanto menos, descuidados. Se mantiene, sí, el culto privado; y en algunos lugares a la vera de las rutas se conservan sitios de descanso bajo árboles, con mesas y bancos junto a una construcción devocional similar a una pequeña capilla, conformando un conjunto limpio y cuidado aunque no libre de agresiones.

A pesar de esta opacidad en los medios de comunicación, muchos de sus devotos aún peregrinan al santuario en Corrientes. En mi opinión, hay tres aspectos que podrían haber contribuido, juntos o por separado, a alcanzar este tope:

— Respecto de los productos industriales relacionados con el culto, casi no hay objetos a los cuales se puedan incorporar imágenes de GG, ni letras de chamamé[13] lo suficientemente originales; esto pudo desviar el interés de la inversión comercial pero manteniendo la oferta y actualizando los precios.

— En cuanto a la adhesión de la imagen de GG a lemas políticos de las provincias del Litoral[14], tal vez en un primer intento este tipo de publicidad atrajera votos, pero al dispersarse entre lemas políticos diversos y contrapuestos, no le bastó a los candidatos invocar su devoción para atraer votos.

— La yuxtaposición con el nigromántico señor la Muerte oscureció el aspecto espiritual conformado por la proyección de valores como la valentía y la generosidad, que parte de los devotos de GG, débilmente catequizados en el catolicismo, buscaron y encontraron en su historia aún justificando su accionar como cuatrero[15].

La información acerca de esta devoción popular grupal pareciera sobreabundar; hay muchas construcciones devocionales a la vera de las rutas, además de cintas, banderas, figuras de yeso pintado de varios tamaños, estampitas, velas y libritos con su historia[16] que se venden en cualquier santería no católica y son muy visibles por su color rojo predominante; sin embargo, es posible desglosar los datos y reconocer los que se fueron agregando con el propósito de ir tramando una historia que era imprescindible consolidar para que GG sostuviera su entidad ante sus devotos en tiempos en que la imagen, gráfica y social, es tan importante (Gentile, 2011bc: cap. 8).

Espacio y tiempo

Si bien está señalado un punto geográfico en el que se dice que GG fue muerto y enterrado, otras historias de «gauchos matreros pero milagreros» de la región (sobre todo Lega y Turquiña)[17] tuvieron, además y en su momento, una cruz y monumento en el campo antes del traslado de sus restos a una tumba en un cementerio cercano, asegurando de esta manera la continuidad del culto; la tumba de Lega se caracteriza, por lo menos desde los años 70 del siglo xx, por su color rojo (Pintado, 2010, 2011).

Pero en el caso de GG, y a pesar de lo expresado por Emilio Noya (en Coluccio, 1995: 101), hoy no es posible reconocer su tumba en el cementerio de Mercedes. Salas (2008: 36) dice que el cementerio antiguo estaba en el lugar de la actual plaza Mitre, y que allí estuvo hasta fines del siglo xix; su prueba son osamentas[18] halladas durante los poceos para construir sistemas de agua corriente; pero, si bien los cementerios suelen trasladarse cuando se llevan a cabo remodelaciones urbanas, en el nuevo recinto habrá, por lo menos, un osario que acogerá los restos provenientes del anterior ya que ambos sitios son sagrados. Es decir, el cementerio nuevo tendría que contar con ese tipo de espacio, y en el mismo, si la historia que propone dicho autor es correcta, deberían estar los restos de GG.

Sin embargo, en 2010 ni en la plaza Mitre ni en el cementerio nuevo había señas, antiguas ni actuales, de GG (Irma C. Sousa, com. pers., entre otros). Por su parte, los sitios de la red global se dedican a difundir y dirigir el turismo religioso[19] hacia el santuario, concentrándose en el lugar donde se dice que fue muerto.

Quienes consiguieron instalar y expandir la versión del sitio de la muerte de GG insistieron en constituirlo como foco de peregrinación y devoción, lo que dio lugar al santuario y sus servicios anexos. Pero, «si bien muchos aseguran que en este predio [donde está el santuario, a 8 km de Mercedes, sobre la ruta 123] fue ajusticiado Antonio Gil, no se sabe con certeza si allí descansan sus restos» (http://www.mimercedes.com.ar/historia/cruzgil.php [consulta: 15/08/2014]).

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La distancia entre Mercedes y el santuario también ofrece divergencias: en la cita anterior eran ocho kilómetros; en http://www.turismo530.com/noticia_ampliada.php?id=258 [consulta: 08/11/2014] son seis, en tanto que en http://www.liveargentina.com/mercedescorrientes/ElGauchitoGil.php [consulta: 08/11/2014] son diez. Por su parte, Salas decía: «El sitio original de este culto, ubicado a cinco kilómetros de Mercedes...» (2004: 100).

Medido con el cuentakilómetros de un auto que iba por la ruta nacional 123, que es la que recorren todos quienes van al santuario de GG resultó:

— Desde Mercedes al santuario de San la Muerte = 6 km,

— Del santuario de SLM al de GG = 6 km,

— Desde Mercedes al santuario de GG = 12 km.

Esta cifra, doce, concentra múltiples asignaciones, comenzando con los doce apóstoles y siguiendo con los doce de la fama, los meses del año, los signos del zodíaco y un largo etcétera; esto da lugar a pensar, con verosimilitud, que el punto geográfico donde actualmente se encuentra el santuario a GG pudo haber sido elegido tomando en cuenta alguna de esas referencias, ya que el mismo surgió durante el auge de la New Age[20].

Pero, aun en tiempos de sistemas de posicionamiento global (GPS) que dejaron atrás a cualquier cuentakilómetros, Mercedes estaba «a 240 km de la capital correntina», y el sitio canónico era publicitado como «oratorio del Gaucho Gil» (diario La Prensa, Buenos Aires, 09/01/2005). Al año siguiente, se escribe: «En un nuevo aniversario de la muerte de Antonio Jesús Gil [sic], hoy se realizará la tradicional peregrinación frente a la tumba [sic] del popular “Gauchito”, situada cerca de la ciudad correntina de Mercedes, a 257 kilómetros de la capital provincial [sic]» (diario La Prensa, Buenos Aires, 08/01/2006).

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Su biógrafo Galarza decía que era «un gaucho de Pay Ubre» (1999: 13). Es decir, el nombre del departamento (Coní, 1951: 249), que se confunde hoy día, puntualizándolo, con el de la ciudad de Mercedes: «El lugar donde se emplaza nuestra ciudad fue conocido con anterioridad bajo la denominación de Paiubre» http://www.mimercedes.com.ar/historia/ [consulta: 15/08/2014]).

Pero luego en la misma página se trata de explicar, largamente, que:

Algunos, que conocen mal el idioma guaraní, toman el «pai» de «pai-ubre» por el «pai» que significa sacerdote y traducen aquella palabra de este modo bárbaro, absurdo: «ubre del cura». La pronunciación del «pai» en Paiubre, debería cargar en la i esa suena como castellano suena la palabra: «hai» rápida, pero perceptible. Nadie dice «paiubre» sino «paiubre» [sic]. Pues bien: la diferencia con el «pai» [sacerdote] en la escritura guaranítica inventada por los jesuitas llevaba un acento circunflejo la primera y un agudo la segunda. Aun ignorándose cuál es el verdadero nombre Paiubre, es repudiable éste en su estructura y en su significado, ya se le atribuya origen anterior a la conquista y posterior a ella.

Antes de existir el distrito o partido de Paiubre, vale decir antes de la ocupación de dicho territorio por los conquistadores, pertenecía la tierra a los guaraníes denominados Caracarás, cuyo último atrincheramiento fue el Rincón de Aguaí, y ellos llamaban Paiubé al río que bañaba su territorio, porque era el mayor caudal de agua extraída del Río Corrientes, del punto de vista de su ignorancia en las leyes geográficas, que en vez de tributarios del gran Río lo tenían por cercanador de sus aguas. Paiubé significa el «que más come las entrañas», es decir, aplicándose al río Corrientes: «El que más se alimenta de sus aguas en su mismo interior. Y esto es exactísimo. El «Paiubé» (Paiubre) es el más caudaloso y extenso de los tributarios del Río Corrientes, el único de ellos navegado hasta hoy por embarcaciones de poco calado y sin quilla [en forma de chata], sus puntas llegan hasta el grado 58 1N, con las bifurcaciones denominadas arroyo Valenzuela y Paiubre chico. «La palabra guaraní se forma: «paí» [entrañas, interior, o comer, y algunas veces beber]. Y «be» [más]. El verbo «u» es el único que se explica lo que se come según Montoya; con el verbo «acarú», que es generalmente usado ahora, hay necesidad de agregar «rebé» para expresar el objetivo. Así para decir: «come carne», empleando el verbo «u» se dice «haú zoó» y empleando el verbo carú se dice «acarú zoó» y empleando el verbo «carú» se dice «acarú zoó reché». Nadie dice: acarú zoó. «Bé» es una partícula del campesino que tiene muchas figuraciones, una de las cuales significa «más»; verbi gracia: «erebé»: «trae más». En este sentido empleado el «Parubé». «Del nombre del río tomó el suyo en territorio; pero la corrupción de la palabra en el uso de los que no conocían el idioma sustituyó con el tiempo el vocablo propio y «Paiubé» se convirtió en «Paiubre». Este a su vez, falso y repelente fue suplantado por el nombre de la capilla, que es el del día. Transcribo la aclaración y fundada teoría, difundida en su libro por el ilustrado historiador Dr. Mantilla[21] http://www.mimercedes.com.ar/rescatandolonuestro/notasel.php?seleccionar=14 [consulta: 15/08/2014].

El diccionario de mitos y leyendas del sitio http://www.cuco.com.ar/gauchito_gil.htm [consulta: 17/10/2014] iteró la ubicación: «Era oriundo de la zona de Pay-Ubre, hoy Mercedes, Corrientes», es decir, del departamento Mercedes.

Por su parte, la enciclopedia colectiva virtual decía que «Mercedes tomó ese nombre en 1835 en que fue puesta bajo la advocación de Nuestra Señora de las Mercedes. El paraje anteriormente era conocido como el Paí Ubre [nombre guaranítico de confusa traducción] http://es.wikipedia.org/wiki/Mercedes_(Corrientes) [consulta: 18/10/2014].

A pesar de la prudencia demostrada ante la traducción del topónimo, la misma enciclopedia agregó, sin nombrar su fuente pero siguiendo al Dr. Mantilla citado antes, que:

La capital del departamento es la homónima Mercedes (llamada hasta 1835 por el topónimo guaraní Pay Ubre o también Paiubré, que significa «el que más come de las entrañas» aplicándose al río Corrientes se interpretaría por «el que más se alimenta de sus aguas en su mismo interior», esto se debe a que en su último atrincheramiento los indios guaraníes Caracarás antiguos habitantes de la zona, se agruparon en Rincón de Aguaí, lugar que estaba bañado por el curso de agua que ellos llamaban paiubré una de las tantas divisiones del caudaloso río Corrientes) http://es.wikipedia.org/wiki/Departamento_Mercedes [consulta: 18/10/2014].

Salas escribió indistintamente región de Pay Ubre y Pay-Ubre, sin intentar traducir el topónimo (2008: 19, 57).

Pero en el mapa adjudicado a Rui Díaz de Guzmán[22], nieto del conquistador Domingo Martínez de Irala, y que parece acompañaba una información de méritos y servicios, bajo un gran número 8 se lee «ciudad de bera»[23] y hacia la derecha, pasando el doblez del papel, «tierra de lagunas». La dirección norte-sur corre, en este mapa, aproximadamente desde la esquina superior izquierda hacia la inferior derecha, de manera que esa «tierra de lagunas» son las actuales lagunas y esteros de Iberá; hacia la derecha, «el Rio de pepiri donde ay oro». Alrededor de la misma época, 1581, el franciscano Juan de Ribadeneyra decía en su informe que en esa región había oro, cobre, cuarzo y zafiros ([sic], ¿por amatista?) (Torre Revello, págs. 71 y ss.). Nada de esto, extracción de metales, piedras preciosas ni semipreciosas, figura en las historias conocidas de GG, aunque hoy día se venden estas gemas listas para engarzar en las tiendas especializadas de la región.

Parece también que los antecedentes de las denominaciones y descripciones que venimos de ver eran comunes aún alrededor de 1877-1880, cuando don Fernando Coní escribía: «Corrientes.- Este rio nace de la laguna Iberá, y atraviesa los departamentos de Yaguareté-Corá, Mercedes y Esquina de la Provincia de Corrientes; corre casi en toda su estension por un terreno de tal modo bajo y llano, que es mas bien una série de bañados, que un rio propiamente dicho...» (1951: 110).

Y más adelante:

Mercedes o Pay-Ubre. Departamento central de la provincia de Corrientes [...] Su suelo es elevado, y posee reducido número de lagunas, pero en cambio está cruzado por numerosos arroyos que bañan la parte inferior de las estensas ondulaciones cubiertas de exelentes pastos; la parte central presenta tupidos bosques de gran variedad de árboles. [...] Su principal industria es la ganadería [...] Este departamento es el que posee mayor número de cabezas de ganados, en la provincia. El pueblo cabeza del departamento lleva el mismo nombre y está situado en el centro del departamento, entre dos arroyos que desaguan en el arroyo Pay-Ubre... (1951: 249).

Finalmente: «Pay-Ubre. Arroyo que riega la parte central E. del departamento de Mercedes, provincia de Corrientes. Este arroyo es el mas importante y al que se reunen la mayor parte de los pequeños que riegan esta parte del departamento» (1951: 304).

En mi opinión, Noya fue quien se acercó más al nombre del lugar cuando decía que Curuzú Gil «... fue un paisano afincado en la zona del “Palubre”, donde trabajaba en las estancias…» (en Coluccio, 1995: 101). Es decir, el relato explicaba que GG había vivido y trabajado en las estancias vecinas al palude[24], la región de pantanos y esteros fluviales del Iberá. Las citas anteriores insisten en la sobreabundancia de agua en el que es uno de los humedales más grandes del planeta; y la especialización en ganadería respalda lo que se decía del modo de vida de los gauchillos locales. Cuando Coní recogió el topónimo, la voz palude, que caracterizaba la fisiografía del departamento, ya había pasado a ser pay-ubre[25].

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Al igual que en el caso de DC, cabe aquí preguntarse qué fue primero, si la fe o el interés de generar un sitio de peregrinación rentable para sus propietarios y organizadores. La propuesta de Salas dice que en la década del 70 del siglo xx, cuando se realizó el trazado de la ruta que unía los dos océanos y que pasaba por Mercedes, dicho trazado fue el impulso inicial para el relanzamiento del culto que, en opinión de dicho autor, se había originado en 1870 (Salas, 2008: 73, 45).

Como sea, todos los servicios que giran alrededor del santuario de GG generan alguna renta; las excepciones son la ropa dejada como ofrenda y que se presta, sin otro cargo que regresarla limpia para que otra persona pueda usarla, especialmente vestidos de novia y prendas para niños[26].

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Para tratar de precisar la fecha de inicio del culto a GG, recurrí a los textos de la Encuesta al Magisterio (1921), en los que no hallé datos[27]; visto en perspectiva, una referencia que puede ayudar a comprender la inclusión, o no, de los santos populares en la recopilación de la Encuesta se encuentra en la adscripción que los mismos maestros dieron a las noticias que recopilaron. Por ejemplo, los relatos sobre DC fueron ubicados como «brujas-fantasmas-espíritus-duendes»[28], «tradición», «supersticiones relativas a la muerte», «narraciones y refranes-tradiciones populares» o «tradición sanjuanina», pero mayoritariamente como «tradición» (Gentile, 2009).

Los viajeros e investigadores que recorrieron la región, o eran oriundos de ella, no dejaron noticias de GG, no por lo menos hasta pasada la mitad del siglo xx. Alrededor de 1986, don Félix Coluccio visitó el sitio canónico en Corrientes: «... venían llegando muchísimos jinetes, que llevaban para dejar en recuerdo y cumplimiento de promesas, banderas y estandartes rojos (dicen que era federal). No faltan desde luego placas recordatorias, ni las flores rojas (naturales o de papel), testimonio de afecto y gratitud por favores recibidos» (Coluccio, 1986: 80; 1995: 100).

Con el «desde luego», nuestro autor dio por sobreentendidos ciertos conocimientos previos del lector, privándolo de su propia descripción pormenorizada; a la edición de 1995 agregó la trascripción del largo párrafo de un artículo de Emilio Noya sobre san la Muerte, parece que publicado en 1968, y que es el que vengo citando porque no pude conseguir este artículo ni en la redacción del diario; era interesante tratar de conocer el motivo por el cual SLM y GG estaban en esa fecha y en una misma nota.

Resumiendo, se tiene que en 1968 el culto a GG ya estaba consolidado en los alrededores de Mercedes; tenía un túmulo o mausoleo a la vera del camino, una historia que lo justificaba, milagros (uno de ellos sucedido a poco de su muerte), placas con agradecimientos y banderas rojas enastadas en cañas tacuaras.

Coluccio siempre ha estado atento a las expresiones folklóricas emergentes a fin de ir agregándolas a las nuevas ediciones de sus diccionarios, aunque en el caso de GG no ha sucedido así, y el mismo no figura en ninguno de sus diccionarios, aunque sí están otros gauchos matreros.

Nombre y mal nombre[29]

Antonio Gil, Antonio Mamerto Gil Núñez o Curuzú Gil había sido un trabajador itinerante primero, luego «orientó sus pasos por la senda del delito», más tarde desertó de una leva, fue perseguido, capturado y muerto por esa última razón, no por cuatrero (Noya en Coluccio, 1995: 101).

Salas publicó fotos con los epígrafes «Las instalaciones en la década de 1970» e «Ídem» (2008, s/n) que, supongo, son del santuario; sobre la entrada de un galpón se lee «Gaucho Antonio Gil», y en otra foto (¿tomada en el interior del mismo sitio?), sobre una cruz latina pintada de rojo, dice en tipografía gótica: «Gauchito Gil». Vimos antes que en 2006 también se lo publicitaba como Antonio Jesús Gil.

También parece que la de 1968 no sería la noticia publicada más antigua porque Salas citó un libro de 1906 cuyo autor, decía, «lo identifica como Juan de Dios Giles. Sus padres habrían llegado desde el vecino Uruguay, tal como sucede con numerosas familias mercedeñas» (Salas, 2008: 35).

Estos cambios de unos en otros nombres propios, y lugares de origen y asentamiento en las historias que carecen de todo tipo de respaldo documental que no sea oral, también se dio en el caso de Difunta Correa. Las variaciones las producen los relatores de «sucedidos»[30] quienes incorporan explicaciones para tornarlos verosímiles, y agregan detalles que acercan a los oyentes a los protagonistas. Cuando los medios lo permiten, se publican en brochures y libros de baja tirada, con dibujos y fotos; los blogs en la red global aumentaron las posibilidades de difusión de estos y nuevos relatos.

Dichas variaciones se originan en la historia retrospectiva de cada santo popular; hay una competencia entre narradores por alcanzar la más remota antigüedad posible, la que se obtiene listando una cadena de testigos con nombres y domicilios en parajes conocidos; pero las historias que cuentan carecen de anclaje en la de ninguna persona en particular. Expresado de otra manera, construyen un personaje con elementos locales y lo hacen vivir historias formadas con partes de las historias particulares de los oyentes, sus vecinos y amigos.

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Pero pasada la primera mitad del siglo xx, la historia y la gráfica del santo son referencias imprescindibles, aunque sus devotos digan que miran más a sus milagros que a estos cuentos[31]; por eso las hagiografías incluyen varios milagros y su imagen.

Hasta donde pude investigar, la historia de GG que devino en canónica fue la publicada por Tránsito Galarza[32] en 1999; se trata de un libro de pequeño formato, prosa cuidada y fluida que no dejó fuera ninguno de los temas que, desde Santiago de la Vorágine (siglo xiii) hasta ahora, deben formar parte de la historia de vida, obra, muerte y milagros de un mártir cristiano.

Este texto mejoró las historias previas aglutinando datos verdaderos de otro espacio y tiempo y agregando la cuota de romance que faltaba; a pesar de sus contradicciones resultó aceptable al punto que se lo repite acríticamente en otros libros y artículos, iterándose en los blogs de esa inmensa y convincente caja de resonancia que es la red global.

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Entre los temas que quedaron fuera de consideración en el texto de Galarza está el apodo de Antonio Mamerto Gil Núñez[33] (1999: 13). La cita completa de Coluccio es: «Gauchillo. En Corrientes, el paisano de avería o con antecedentes policiales por hechos de sangre y cuyos medios de vivir son de dudosa procedencia (juego, contrabando, cuatrería, asalto)» (Coluccio, 1981: 308). Tito Saubidet, cuyo diccionario recogió voces especialmente de la pampa bonaerense[34], no lo mencionó.

La definición, aunque don Félix no la haya asociado a GG, cuadraba muy bien con su historia; Noya lo hacía «en la senda del delito» y sin desmentirlo agregaba que lo habían matado por cuestiones políticas; y Galarza explicaba, simplemente, que no «... hacía lo mismo que el justiciero inglés ya que Gil nunca fue ladrón ni asaltante [...] [porque] en aquellos tiempos [...] no circulaban reyes ni nobles (de dudosa reputación) con tesoros en sus carruajes, como sí tuvo la oportunidad de encontrar Robin Hood» (1999: 67); en otras palabras, según este autor, robar o asaltar a quienes no fuesen reyes ni nobles no era ni robar ni asaltar.

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Pero quienes promocionaban el culto debían tratar de presentar la mejor imagen posible y en esa línea «gauchillo» debió pasar como sinónimo de otro diminutivo, en este caso del área pampeana: «gauchito», al mismo tiempo que los medios de vida de GG se subsumieron en la expresión «robar a los ricos para dar a los pobres».

Ya como «gauchito»[35], el dejo familiar dirigió la atención a «gauchada» = «favor que se brinda generosamente y sin esperar recompensa alguna» (Gobello, [1975] 1982); «acción generosa y humana, propia de un verdadero gaucho / favor desinteresado» (Guarnieri, 1979). Pero también: «Gauchada. Acción propia de un gaucho, ejecutada con maña, audacia o esfuerzo; hombrada para realizar algo que ofrecía dificultades más o menos serias o para librarse de algún peligro o riesgo. Hacer una gauchada: prestar un servicio» (Saubidet, [1943] 1975: 177). La expresión es rioplatense[36] y relativamente cercana; pasada la segunda mitad del siglo xix, por ejemplo en el Martín Fierro de José Hernández, la voz «gauchaje» se refería despectivamente a un grupo de gauchos (Canto VI); y ya en el siglo xx, en algunos lugares del área andina argentina el gaucho no era «una persona de bien» (O. F. Latour de Botas, com. pers.).

En breve, Gauchito Gil dejó atrás al «gauchillo = paisano de avería» para dar paso a un tipo serio pero simpático y servicial.

Expresiones populares de la devoción a GG

Las manifestaciones exteriores de devoción y culto a GG incluyen expresiones gráficas, musicales y literarias, algunos de cuyos autores registran sus obras para preservar sus derechos sobre la reproducción de las mismas; también los estilos y soportes son muchos y variados según el lugar y el momento[37].

Sin embargo, no todas las estampitas están firmadas ni es posible identificar la imprenta, por lo que se las podría considerar como arte popular y anónimo; lo mismo con relación a las banderas y cintas, todas ellas resultado de las facilidades tecnológicas actuales para generar y reproducir imágenes.

La figura canónica de Gauchito Gil, diseñada y difundida tras el relanzamiento de su culto a mediados del siglo xx, representa un paisano cuyo atuendo tiene poco que ver con el del hombre de campo correntino; sin embargo, esto pareciera no importar a sus devotos, quienes no concurren al santuario para discutir esos temas.

Una manufactura interesante, por su fácil realización que permite una salida laboral a partir de medios exiguos, es la de las figuras de yeso realizadas con molde y pintadas; en las fotografías publicadas por distintos autores se aprecia que la variedad es amplia y tal vez haya una correspondencia entre lugar de producción y fecha, pero la falta de precisión entre estos datos dificulta el estudio tipológico. Asimismo, las pulseras fabricadas en China con la imagen de GG reproducen alguna estampa conocida.

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En cuanto a la disposición del espacio, dentro y en el entorno inmediato de las construcciones devocionales, la idea básica es delimitar claramente dicho espacio, e incorporarle una o varias imágenes, velas, flores, una botella de vino; a partir de esto y de cerrarlo total o parcialmente, cada quien personaliza mediante otros objetos el sitio que prometió construir a cambio de un favor recibido y compromiso de difundir el culto.

Los materiales empleados son fácilmente asequibles en cualquier corralón de materiales, y son nuevos, no se emplean escombros. Aquí es importante diferenciar la manufactura desprolija por falta de habilidad, de la reutilización de sobrantes de una demolición; y también esto podría indicar que, en algunos casos, fue el devoto quien prefirió llevar a cabo el trabajo como parte de la ofrenda de agradecimiento.

El color rojo que identifica a GG hace muy visible cualquiera de sus manifestaciones exteriores, aunque se trate de una pequeña construcción devocional a la vera de una ruta, y mucho más cuando se encuentra en una acera, o cualquiera de los muchos santuarios dispersos por el territorio nacional.

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La imagen y oración canónicas impresas en estampitas ya estaban establecidas en 1997, y continuaron por lo menos hasta 2008. En 2001 circulaban otros dos diseños y oraciones distintos, y a su vez distintas entre sí (apéndice documental). Sin embargo, perduró lo anterior.

Los textos, considerados en perspectiva, pasaron de rogar directamente a GG a pedirle su intercesión ante Dios, en un esfuerzo por adecuarse a la catequesis católica respecto del rol de los santos canonizados por la Iglesia; esto también se manifiesta en expresiones tales como el mural en la pared exterior de la capilla católica de la Villa 20, en Buenos Aires, donde se puede ver la conocida figura de GG, lo mismo que pequeñas imágenes de yeso se encuentran en un estante tras el altar mayor (MEG y CLP, 2012, obs. pers.).

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Entre 2004 y 2008 se estableció, también, la costumbre de ofrendar en los sitios dedicados a GG (construcciones devocionales y santuarios) hojas de papel tamaño oficio con una oración fotocopiada y una cinta roja (apéndice documental)[38]; también encontré textos escritos a mano, literariamente una «cadena». En ambos casos, se trata de formas de difundir el culto para cumplir con la promesa hecha.

En 2008, en el texto de una plegaria fotocopiada que hallé en el santuario compartido de GG con SLM se pide directamente protección a GG a cambio de ofrecerle el peregrino nada menos que la «gloria eterna» (apéndice documental).

Alrededor de 2001, algunos devotos escribían sus deseos sobre la cinta roja que dejaban anudada cerca de la imagen, en general una reja; hoy día estas cintas se venden impresas: «... gracias por los favores recibidos», «... bendice mi auto», «... bendice mi negocio», etcétera, y suelen llevarse para anudarlas en el lugar para el que se pide protección[39].

Luego se incorporaron las banderas de tela tipo raso, color rojo y formato rectangular, con la imagen canónica de GG impresa a todo color, una oración y alguna cita del evangelio (Gentile, 2013a: 14).

Otro tipo de ofrenda realizado por el devoto, o por encargo de él, es el exvoto pictórico; a veces se lo encuentra al aire libre y consiste en un cuadro de mediano formato (unos 40 × 60 cm) que copia sobre tabla o hardboard el icono con pintura acrílica, es decir, con colores intensos en la paleta de los primarios rojo, amarillo y azul (Gentile, 2009b).

En 2011, alguien incorporó a un sitio ofrendas de discos compactos con un chamamé grabado; quien llevara uno debía dejar otro en agradecimiento. En el mismo lugar, había velas que podían llevarse para rezar a GG y, en caso de cumplirse el milagro, devolverlas (Cynthia L. Pintado, com. pers.).

GG como objeto de estudio

En este rol pasó bajo miradas diversas de las de sus devotos. Además del nombre, Antonio Gil o Antonio Mamerto Gil Núñez[40]; como venimos de ver Emilio Noya decía que: «Las escasas referencias existentes coinciden que fue un paisano afincado en la zona del “Palubre”, donde trabajaba en las estancias; fruto del medio en el cual transcurrían sus días, pronto orientó sus pasos por la senda del delito. Empero, fue eliminado por motivaciones políticas» (cita en Coluccio, 1995: 101). A pesar de su falta de datos, el autor no dudó en asegurar que no solamente GG, sino todos quienes trabajaban en las estancias, eran delincuentes a los que las autoridades no perseguían ni mataban, excepto por «motivaciones políticas» ¿en las que se disolvían los otros delitos?

Por su parte, una callada incertidumbre pareció mostrar don Félix Coluccio al no incluir a GG ni en su diccionario de folklore, ni en el de creencias y supersticiones, dejándolo entre los gauchos milagrosos de las devociones populares argentinas.

Años después, Andrés A. Salas le dedicó un libro prolijamente editado; en la tapa escribió «gauchito gil» con tipografía en minúscula, y en la portadilla «Gauchito gil», donde «gil» aparece como (des)calificativo resultando así un personaje simpático pero tonto; el capítulo titulado «Identikit del protagonista» es una suma de conjeturas, lo mismo que «La crónica policial», cuando ya se sabe que no la hubo. Sin embargo, en «Precisiones acerca del ícono» se permitió criticar las conjeturas de otros. Como Salas vivió tantos años en la región, según él mismo cuenta, tal vez esas marcas tipográficas estén señalando otra historia ¿sin ribetes heroicos ni milagrosos?

Como se vio antes, el libro de Julio Acosta es una guía para recorrer santuarios argentinos, entre otros el de DC pero no el de GG, y sin comentarios al respecto.

En su influyente Ensayo contra los mitos, Juan J. Sebreli definió a los cultos a DC y GG como apócrifos mezclados con elementos cristianos (2008: 17); pero apócrifo quiere decir ‘fabuloso, supuesto o fingido’, y esa mezcla de elementos cristianos es sincretismo, un ‘sistema filosófico que trata de conciliar doctrinas diferentes’, ambas definiciones según el DRAE.

Ya que en cualquier rama de las ciencias sociales es importante el trabajo de campo, ignoro por qué Sebreli no tomó en cuenta que a partir del estudio en terreno de las devociones populares queda claro que los devotos tienen un sentir diverso del que él propuso. Para los devotos, prometer y cumplir con la manda no tiene nada de fabuloso ni supuesto ni fingido, y no hay contradicción entre lo que vengo de señalar y prepararse espiritualmente para recibir los sacramentos. Son notables, también durante las estadías en terreno, las diferentes actitudes entre quienes tienen un interés en la manufactura y venta de productos relacionados con el culto[41], y los devotos de DC o GG. Obviamente, no toda la gente que el investigador encuentra a su llegada al santuario de un santo popular está allí con el mismo propósito.

En cuanto a los resultados de los trabajos del equipo dirigido por Rubén Dri, los mismos coinciden en su mirada desde un contraimperialismo crudo; fueron publicados en los dos tomos de Símbolos y fetiches religiosos en la construcción de la identidad popular, donde la palabra fetiche[42] descalifica desde la tapa a los cultos a santos populares (canonizados o no por la Iglesia) y a sus devotos.

Por su parte, los autores del capítulo «Chamigo Gil»[43] retomaron las variaciones conocidas de la historia de GG para, a partir de ellas, avanzar en su particular análisis estructural del relato a través de las historias retrospectivas contadas por varios informantes; a ellas les agregaron expresiones propias del espiritismo, como que «Antonio Gil se hace presente al ser evocado» (Bocconi y Etcheverry, 2003: 80); y contradicciones en la misma dirección de su trabajo cuando, más adelante, proponen partir «... de la multidiversidad en la que nos movemos, para luego reconocer dos proyectos contradictorios en el interior de nuestro pueblo» (pág. 111), a pesar de que, según ellos, la trama cultural de nuestro país no es dicotómica (pág. 111). El nudo del trabajo es el repaso de las estrofas del chamamé escrito por el padre Julián Zini cuya primera línea dice «Como quien tira pa´l norte...», a las cuales se les fueron acomodando los datos de las entrevistas. Esta técnica literaria es una de las tantas; otra autora eligió citar a la letra parte de la biografía publicada por Galarza, haciéndola pasar como relato de una informante calificada, vendedora de velas en el santuario de Mercedes, etcétera.

En 2012, Andrés A. Salas y Enrique Piñeyro (2012) publicaron Crónicas sangrientas de gauchillos correntinos, en el que dicen que hay más de cien gauchillos a los que se rinde culto en dicha provincia, aunque parece que ninguno de ellos alcanzó la fama de GG.

En otro orden, en trabajos previos se trató con detalle la dinámica de las continuidades y cambios de los rasgos que componen varios cultos a santos populares, canonizados o no por la Iglesia (Gentile, 2008ab, 2009, 2009 [2011a], 2013b, 2014), y que se pueden aplicar a este caso respetando sus particularidades[44].

Consideraciones finales

Actualmente, es común observar a la vera de algunas avenidas urbanas y rutas argentinas unos pequeños o medianos monumentos que recuerdan a quienes fallecieron en un accidente vial en ese sitio; también en algunas veredas hay placas como baldosas con los nombres de las personas secuestradas en ese lugar durante el último gobierno militar, en tanto que otras recuerdan a los muertos durante las protestas del 20 de diciembre de 2001 contra las medidas económicas.

La costumbre de señalar en los espacios públicos la referencia a ese tipo de eventos tiene por objeto tanto llamar la atención de transeúntes y autoridades municipales respecto de la peligrosidad de una curva, de un cruce de calles o ferrocarril, como de recordar silenciosamente capítulos luctuosos de la historia reciente. Sin embargo, sus antecedentes datan del Medioevo, cuando algún peregrino que moría yendo de camino a algún santuario era sepultado junto al camino bajo un túmulo de piedras sobre el que se colocaba una cruz que, eventualmente, podía llegar a ser un hito importante en dicha ruta.

En este ensayo se ha visto cómo, en un punto de la cronología regional de la provincia de Corrientes, lo que se sabía acerca de los gauchillos que transitaban entre las estancias del palude y las fronteras con Brasil y Paraguay se concentró en el relato de un sucedido cuyo protagonista recibió un nombre, un apodo y una figura; un punto del paisaje se señaló con una cruz y, para validar todo lo dicho, se lo nombró Curuzú Gil; se pautaron ofrendas y gestos, se escribieron y difundieron su vida, obra, muerte y milagros.

Comparto la opinión de otros autores respecto de que en las historias acerca de GG convergieron las muchas otras de trabajadores rurales que se negaban a ir a las levas tanto como las de cuatreros y contrabandistas, que tampoco querían ir a trabajar gratis en las estancias de las autoridades locales, ni morir en una guerra.

En algún relato se explicó la evanescencia del personaje haciéndolo forastero, con lo que se eludió la confrontación con los archivos locales ante la ya sabida falta de datos en los mismos, y poniendo en evidencia un recurso literario para avanzar sin percances ni dudas en la narración.

Como otros cultos populares relanzados en el entorno del milenio[45], GG también fue parte de una moda, una novedad que tendería a quedar atrás pasado cierto tiempo, pero que las nuevas técnicas de promoción publicitaria podrían sostener.

Este momento de mutis del culto a GG en los medios masivos de comunicación es propicio para repasar las secuencias que lo fueron consolidando y, de paso, aclarar algunos asuntos que quedaron sin soporte, tal vez porque sus autores fueron ganados por la prisa en publicar durante el auge y expansión del culto.

Desde el punto de vista del folklore, que es el espacio donde se suelen confinar los estudios acerca de las devociones populares, el trabajo de campo mostró también en este caso lo atrás que quedaron el anonimato, la espontaneidad y la oralidad con que se caracterizaron los «fenómenos folklóricos»[46] en nuestro medio (Cortázar, 1954, 1959, 1975, 1976; AA.VV., 1975, entre otros); el folklore, como disciplina derivada de la antropología social, ya no puede basarse en las mismas pautas que, tal vez, fueran operativas hasta la segunda mitad del siglo xx, pero sobre las que hoy sería bueno regresar para su puesta al día mediante una reunión científica interdisciplinaria.


Margarita E. Gentile

Investigador CONICET-Museo de La Plata

Fondo Nacional de las Artes, República Argentina

Universidad Nacional de las Artes, Buenos Aires



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Apéndice documental

Textos

Advertencia: textos completos, se respetaron ortografía y sintaxis de los originales; la barra (/) indica cambio de renglón.

1. [c. 1997. Oración canónica a GG en el frente de una estampita que un joven iba entregando a los pasajeros de un colectivo urbano al tiempo que solicitaba una ayuda monetaria; con variantes tipográficas y diferencias de color y encuadre de una misma figura, sin embargo esta oración se repite a la letra].

«ORACIÓN AL GAUCHITO ANTONIO GIL / Oh! GAUCHITO GIL / te pido humildemente se cumpla por intermedio ante Dios, el milagro / que te pido, y te prometo que cumpliré mi promesa, y ante Dios te / haré ver, y te brindaré mi fiel agradecimiento y demostración de fe en / Dios y en vos GAUCHITO GIL. / Amén.».

2. [c. 2001. Estampita adquirida en Buenos Aires, en un santuario doméstico abierto al público. La fotografía, con aura agregada, es de la imagen de GG con los brazos en alto y poncho rojo que se encuentra en su santuario de Mercedes; según Salas (2008: 70), el artista Antonio Seiler realizó esa escultura entre 1982-1987. En el reverso tiene la oración que se trascribe a continuación].

«GAUCHITO ANTONIO GIL / Tú que haz vivido en la tierra / lleno de bondad, caridad y / amor al prójimo, dando ayuda / a cuanto lo necesita. Me dirijo / por tu intermedio ante Dios / Señor Nuestro. (Pedir tres / deseos con Fe) y poder gozar / mi alegría por sus milagros. / Gauchito A. Gil agradeciendo / infinitamente y haciéndote / conocer cada día de mi vida. / Ante Dios nuestro Señor que / está presente en mi corazón / en vos confío me protejas en / la salud, trabajo, dinero y / felicidad con mis seres queridos. / En mi agradecimiento prendo / esta vela para que se / convierta en cenizas como tu / cuerpo y alma este junto a / Dios Nuestro Señor. / Así sea.».

3. [c. 2001. Estampita adquirida en Buenos Aires, en el mismo lugar y fecha. Su redacción es más cuidada que la de la estampita anterior; el corte de palabras y la separación en párrafos indica buen uso de un procesador de textos. Esta variante fue descrita por Sousa (2010: 33); la misma imagen fue reproducida también en blanco y negro en la tapa de una brochure fotocopiada, de 20 páginas, sin fecha ni lugar de edición, titulada «GAUCHO GIL – Su Historia – Leyendas – Rituales – Oraciones»].

«ORACION A GAUCHITO ANTONIO GIL / Antonio Gil, tu haz vivido en este nues- / tro suelo una existencia llena de bon- / dad, caridad y amor al prójimo, dando / ayuda a cuantos te necesitaban.

Me dirijo a ti para que desde el cielo me / ayudes a alcanzar la gracia que te im- / ploro (se pide la gracia deseada) supli- / cándote también me fortalezcas con las / cualidades y el amor a Dios que te dis- / tinguieron en esta vida.

Elevaré a Dios Nuestro Señor mi ora- / ción en favor de tu alma para que goce / siempre de la luz celestial. / Así sea.».

Agradecimientos institucionales

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), República Argentina.

Fondo Nacional de las Artes, R. A.

Universidad Nacional de las Artes, R. A.

Agradecimientos personales

Olga Fernández Latour de Botas, Rodolfo E. Ferrer, Hugo A. Pérez Campos, Cynthia L. Pintado, Rodolfo A. Raffino, G. Ariel Rivadero, Elsa y Amado Sosa, Irma C. Sousa y Jorge O. Tabares.


NOTAS

[1] Pequeños monumentos en los que se dejan ofrendas, ubicados en una acera, a la vera de una ruta o en jardines particulares.

[2] Según Coluccio, un gauchillo es un paisano de avería o con antecedentes policiales (1981: 308).

[3] «Matrero: individuo que anda por los montes o vive entre las pajas huyendo de la justicia. Gaucho matrero: gaucho rebelde, alzado. Yeguada matrera: caballos y yeguas ariscos, cimarrones. También se aplica a otros animales» (Saubidet, 1975: 241).

[4]«Cruz, curuçu...» (Ruiz de Montoya, 1640: 273). Sin embargo, en portugués: «Curuzu. S. m. Bras., S. 1. Bolo fecal. 2. Monte de cascalho de mineração» (Ferreira, 1997: 514); la segunda acepción describe bien el montículo de piedras sobre el que se asienta la cruz que recuerda al difunto.

[5] En lo que sigue, GG.

[6] Sobre el tema, véase Fernández Latour de Botas, 1981.

[7] Cercano al de GG en Corrientes; se dice que SLM protegía a GG, quien tenía su amuleto.

[8] En este y otros trabajos previos las llamo devociones porque, a pesar del mercadeo que suele rodearlas, los devotos ponen su fe en el santo y dicha expresión representa mejor la actitud de los fieles hacia él. Félix Coluccio decía, indistintamente, cultos, canonizaciones o devociones. El santo puede estar canonizado, o no, por la Iglesia.

[9] En mi opinión, hagiografía seglar define bien la historia de un santo popular no canonizado por la Iglesia y la trata como lo que es, es decir: una historia de vida; la expresión hagiografía folclórica (Plath, [1993] 1995), en cambio, alienta a mantenerla como expresión popular, marginal a la cultura del medio en el que estas devociones se originan y desarrollan.

[10] Iberá, agua brillante en guaraní. Las provincias de Corrientes y Entre Ríos se encuentran entre los ríos Paraná y Uruguay; la región se conoce también como Mesopotamia argentina.

[11] En lo que sigue, DC.

[12]Complejo cultural era, en esos años, una expresión usual en los estudios de arqueología; se llamaba así al conjunto de todos los componentes de una cultura determinada.

[13] Especie literaria propia del litoral fluvial argentino (provincias de Corrientes y Entre Ríos), similar al romance castellano tardío, aunque no siempre respetó sus pautas; también llamado romance criollo, corrida, corrido y argumento; eran cuartetas que, según los casos, cambiaba la música (polka o chamamé) y la organología (guitarra o acordeón) con que se acompañaban. Un panorama sobre el tema en O. E. Fernández Latour de Botas, 1969 (Gentile, 2013: nota 8).

[14] Entre Ríos y Corrientes.

[15] Cuatrero: ladrón de ganado (Saubidet, 1975: 112). Estudiante que aprueba una materia con cuatro, la nota mínima.

[16] Estos libritos de 32 páginas actualizan la que fuera «literatura de cordel» sensu don J. Caro Baroja.

[17] En su libro Creencias y espacios religiosos... (2004: 37), el arquitecto A. A. Salas decía que había más de sesenta y seis gauchillos, de los que citó catorce, que recibían culto en el área rural de Corrientes; todos ellos, decía, fueron muertos por haberse rebelado contra un sistema de gobierno. En Salas & Piñeyro (2012), los autores decían que había cien gauchillos.

[18] Sin explicitar cuántas, ni en qué estado, ni si fueron profesionales arqueólogos los encargados de rescatar estos materiales. La forma de obtenerlas garantiza, o no, cualquier conclusión derivada de su estudio.

[19] Se trata de peregrinaciones organizadas por parroquias y empresas de transporte que llevan devotos a recorrer durante varios días algunos santuarios católicos de la República Argentina. Sin embargo, en el libro de Julio Acosta (1997) hay un capítulo dedicado a cultos populares en el que se proponen, como etapas de las rutas místicas, los santuarios dedicados al padre Mario que sanaba con las manos, san Cipriano el mago, el cura Brochero (beatificado en 2013), Difunta Correa y Pachamama.

[20] Datos y reflexiones de C. L. Pintado y J. O. Tabares, que agradezco y comparto. En octubre de 2004, los visitantes al santuario de Gauchito Gil eran animados a abrazar una gran cruz ubicada en el lugar donde se decía que había sido muerto a fin de adquirir la energía que emanaba de dicho objeto; ese concepto también es propio de la New Age (Gentile, 2008: 9).

[21] Manuel Florencio Mantilla (1853-1909); http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Florencio_Mantilla [consulta: 18/10/2014]. El libro al que se refiere tal vez sea la Crónica histórica de la provincia de Corrientes, 2 tomos, Buenos Aires, Espiasse & Cía., 1928, 1929.

[22] Muy ampliamente, se podría fechar entre los siglos xvi y xvii. AGI MP-BUENOS_AIRES, 4.

[23] Actual Corrientes, capital de la provincia homónima, fundada en 1588 por el adelantado Juan Torres de Vera y Aragón.

[24] «Palude (del lat. palus, -udis). 1. F. p. us. Laguna, charca, paúl. Paúl. (del lat. vulg. padule, y este metat. del lat. palus, udis, laguna, pantano). 1. m. Sitio pantanoso cubierto de hierbas» (http://lema.rae.es/drae/?val=palude [consulta: 16/08/2014]).

[25] Otros casos: La Nu Dei por Agnus Dei (Coluccio, 1986: 136; 1995: 147), San Son por Sansón (Gentile, 2008), etcétera.

[26] En el santuario de DC comenzó esta costumbre cuando la cantidad de vestidos de novia ofrendados se hizo imposible de almacenar; allí también se reúnen para reciclar las botellas de plástico, y la cera de las velas se reutiliza para continuar su fabricación.

[27] Tal vez una búsqueda más parsimoniosa dé algún resultado sobre este tema.

[28] Aun siendo que los santos populares no se «aparecen».

[29] Nombre... 7.ª acepción. Mal nombre. Nombre, apodo. / Apodo. m. s. S. xvii al xx. Mote, nombre que se da a una persona tomado de sus defectos corporales o de alguna otra circunstancia... (Alonso, 1958).

[30] Sucedidos. Relatos o hechos acontecidos (Saubidet, 1975: 373).

[31] La dueña de una santería no católica me lo expresó brevemente: «La historia de GG es una sola».

[32] Sugestivo nombre formado con los de dos popularísimos intérpretes de la música litoraleña del siglo xx: Tránsito Cocomarola y Ramona Galarza.

[33] Este autor solamente le reconoce esos nombres y apellidos.

[34] Es decir, las llanuras y sierras bajas de la provincia de Buenos Aires.

[35] «Gauchito. Bonito, lindo, simpático y agradable. Se dice de personas o cosas. Un petizo gauchito. ¡Qué perro más gauchito!» (Saubidet, [1943] 1975: 178).

[36] Corresponde a las repúblicas en ambas orillas del río de la Plata, Argentina y Uruguay.

[37] En otro trabajo citamos obras de Joaquín Molina, Sergio Gravier, Dany Barreto y Charlie Goz, artistas que se inspiraron en GG pero que no se sabe si son sus devotos.

[38] En el caso de san Antonio de Padua, la cinta era celeste y correspondía a la medida del Niño que tenía en brazos (Gentile, 2013a).

[39] Se venden cintas rojas en el santuario de DC que identifican la marca del auto o camión: «... bendice mi Fiat», por ejemplo; a san Cayetano, un santo canonizado por la Iglesia y popularísimo, también se le dedicaron cintas amarillas, pero este emprendimiento duró poco tiempo (c. 2012-2013).

[40] «Gil. Lunf. Tonto [...] cándido, por cruce con el nombre propio Gil [...] gilurdo (por influencia del esp. Palurdo)...» (Gobello, 1982: 98). «Mamerto. Pop. Tonto» (Gobello, 1982: 129).

[41] Parafraseando a Jacques Le Goff ([1956] 2014), los comerciantes actuales favorecen la laicización de la cultura religiosa, practican el mecenazgo mercantil e influyen en los modelos a reproducir.

[42] Según el DRAE, fetiche es un ídolo u objeto de culto al que se atribuye poderes sobrenaturales, especialmente entre los pueblos primitivos.

[43]Chamigo es una expresión coloquial usual en Corrientes con el sentido de un amigo (J. O. Tabares, com. pers.).

[44] Entre otras, por ejemplo: en los sitios dedicados a DC se ofrece agua; en los de Rodrigo Bueno, cerveza marca Quilmes, y en los de GG, vino.

[45] Santa Librada, san Son, entre otros (Gentile, 2008 b, 2011 a).

[46] Expresión no definida, tal vez equiparable a «hecho cultural» en el marco de la «escuela histórico-cultural».

[47] Este diccionario se conoce también como El Aurelio, por el nombre de su autor.