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Los molinos y el ciclo del pan en la obra de Valle Inclán (IV)

LEAL BOVEDA, José María

Publicado en el año 2014 en la Revista de Folklore número 2014.

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2.2. El tipo de propiedad de los molinos. Los oficios del molinero. Los cobros de la molienda

El régimen de propiedad de los molinos varía en función de muchos factores pero, grosso modo, podemos decir que los de marea y viento pertenecen casi siempre a un solo propietario, mientras que los de agua pueden tener varias formas de pertenencia.

Si es de propietario individual, campesino acomodado, lo explota directamente la familia en la persona del padre o en la de la madre, o también de algún hijo mientras que los padres se dedican a otros menesteres. En este supuesto, los vecinos que quieran hacer uso de él pagan estos servicios con la denominada maquía, ‘maquila’, que consiste en el porcentaje con el que se queda el molinero por cada parte de grano molido (en Galicia hay muchos lugares denominados maquieira, en clara alusión a una concentración de molinos y a este tipo de pago). Para el caso gallego y asturiano, incluso en otras áreas de la cornisa cantábrica, era normal que el labrador aforara tierras a un señor eclesiástico o laico y dentro del lote fuera el molino, o incluso que tan solo se aforara este. Se tomaba así el dominio útil mientras que el directo seguía en las manos de los privilegiados a los que había que satisfacer una cantidad en dinero o en harina a modo de foro, y esta pecunia se sacaba de la mentada maquila. El molinero siempre tendía a quedarse con más cantidad de la que le correspondía en concepto de plusvalía, de ahí viene la mala fama que tenían entre la gente del común. Incluso, podía acontecer que el señor explotara directamente los molinos dejando a una persona encargada de hacerlo, quien cobraba en salario o en especie. El aforamiento del artefacto moledor podía realizarse a una o varias personas. En Sonata de otoño, don Juan Manuel se dirige a Concha y al marqués de Bradomín y les dice: «Llego hasta mis molinos que están ahí cerca y vuelvo a buscarte… Puesto que tienes la manía de leer, en el Pazo te daré un libro antiguo, pero de letra grande y clara, donde todas estas historias están contadas muy por lo largo [se refiere al escudo de armas de los Montenegro]…»[181].

En la misma línea Xavier, el marqués de Bradomín, hablando de su madre recuerda que: «En el silencio oíase, día y noche, el rumor lejano del río, cayendo en la represa de nuestros molinos. Mi madre pasaba horas y horas hilando en rueca de palo santo, olorosa y noble. Sobre sus labios marchitos vagaba siempre el temblor de un rezo…»[182].

Las referencias al pago del foro se repiten en la obra de Valle Inclán, así por ejemplo en A media noche. Jardín umbrío, el espolique le pregunta a la molinera a quién aguarda en la puerta del molino y ella le responde: «A nadie… Salíme un momento hace, por tomar la luna. Tengo molienda para toda la noche y hay que velar…». Le insiste a continuación el espolique, demandándole dónde se encuentra el hombre, y ella le contesta: «No está. Fuese a la villa para cumplir con la señora a quien pagamos un foro de doce ferrados de trigo y doce de centeno…»[183].

En Águila de blasón, Comedias bárbaras II, don Pedrito discute con Liberata sobre el precio del foro que le deben pagar por el uso del molino:

Don Pedrito.—Tenéis el molino casi de balde. Liberata.—¿Qué dice señor? ¡Ave María, de balde! Don Pedrito.—De balde, porque doce ferrados de trigo y doce de maíz no son renta. ¡Y eso cuando la pagáis!...[184].

Liberata le hace ver a don Pedrito que si les perdona parte de la renta es porque, de las tres muelas que tiene el molino, la mayor parte del año tan solo muele una, y que las otras dos es raro que lo hagan entrado el verano por la falta de agua. Sin embargo, don Pedrito insiste:

Hoy me parece que muelen todas [se refiere a las muelas]. Liberata.—Porque tenemos el agua de los riegos. Don Pedrito.—Pues como la mitad del año solamente muele la piedra del maíz y no da para la renta que pagáis, yo vengo a liberaros de esa carga. Liberata.—¿Qué dice, señor? Don Pedrito.—¡Eso!... Que dejéis por buenas el molino…[185].

Más adelante, los molineros se van a quejar a don Juan Manuel de las amenazas de don Pedrito:

Liberata.—No podemos seguir con el molino, mi amo. Don Pedrito nos tiene amenazados con picarnos el cuello. […] Dice que habemos de pagarle una renta o dejar el molino. […] El caballero.—Pedro Rey [el molinero], no quiero que ese bandido salga con su empeño. ¿Os conviene el molino con las tierras de Lantañón? […] El molinero.—Nos conviene lo que mi amo ordenare. Ya sabe que no habrá de ser tirano para la renta. El caballero.—Renta ninguna. Liberata.—Aun así el corazón me anuncia una desgracia. El caballero.—¡Basta de lamentos! Pedro Rey, vuélvete al molino y si ese faccioso asoma la cabeza por encima de la cerca, suéltale un tiro…[186].

La maquila varía según la zona considerada; por ejemplo, en la zona occidental de la Mariña de Lugo, si se quería moler un ferrado, aproximadamente 20 kilos, se descontaba aproximadamente uno. En otros lugares del interior, esto se medía con unos recipientes metálicos o de madera, de forma que el molinero quedaba con la medida de uno, medio o cuarto. En O Vicedo, Lugo, solían quedarse con un kilo de un lote de 14, etc. Por otra parte, existían unas medidas universales según la zona considerada donde el ferrado era común y equivalía a 18 o 20 kilos, o medio ferrado y la carteira o medio ferrado. Cabe señalar que, aunque no pesase lo mismo, el ferrado era una denominación común para toda Galicia e incluso para la comarca del Salnés, tierra de nuestro Valle[187].

En el caso primero, cabe suponer que la molienda era una forma más de que entrase dinero que ayudase a paliar las difíciles condiciones económicas familiares, deducción hecha de la situación del molino puesto que está dentro de la misma casa.

En el supuesto segundo, es probable que se utilizase como una forma de protoindustria o incluso del denominado putting out system, en el sentido de que allí moraba la molinera en caso de mucho trabajo. Esto llevaba implícita la existencia de otro piso a modo de dependencia doméstica que contendría una lareira (mesa de piedra con chimenea para la salida del humo donde se encendía fuego), un camastro y, en definitiva, todo lo necesario para pasar la noche mientras molía el molino.

La maquila fue una fuente de grandes ingresos en el siglo xix debido al abundante cereal que había que moler y, en este sentido, muchos de estos molinos propios, incluidos aquellos en los que se colocaba a alguien encargado de la molienda, son el resultado de redimirlos del foro que los atenazaba por entonces. A posteriori, en 1938, el Servicio Nacional del Trigo impondría otro canon a los propietarios que, ante la imposibilidad de satisfacerlo, tuvieron que cerrar sus instalaciones[188]. El pago de la molienda podía efectuarse igualmente con dinero, pero esto se hacía menos frecuentemente debido a que la economía de autosuficiencia que imperaba en la Galicia ancestral del Antiguo Régimen no permitía generar excedente que pudiese destinarse al comercio y, por ende, a la circulación de moneda.

Cuando los molinos pertenecían a un señor laico o eclesiástico, solían tener varias muelas. Las de piedra granítica (denominadas en Galicia do país —‘del país’—) para moler maíz; daban una harina muy tosca y ruda, llena de cascajos de grano que se eran aprovechados, previo cribado, para uso animal. Otras eran las albeiras, de pedernal, que se compraban en Francia o Portugal y hacían una harina más menuda y blanca, de ahí que recibieran ese nombre (en gallego ‘blanco’ sería albar, entre otras acepciones). Por el contrario, la propiedad campesina era más discreta y menos ostentosa, ya que contenía tan solo una muela para el maíz. Volvemos a Flor de santidad, cuando:

… el gallo canta. Las dos aldeanas salmodian en la cancela del molino: —¡Santos y buenos días! La molinera responde desde el patín: —¡Santos y buenos nos los dé Dios! A las salutaciones siguen las preguntas lentas y cantarinas: La ventera habla con una mano puesta sobre los ojos para resguardarlos del sol: —¿Hay mucho fruto? —¡Así hubiera gracia de Dios! —¿Cuántas piedras muelen? —Muelen todas tres: la del trigo, la del maíz y la del centeno. —Conócese que trae agua la presa. —En lo de agora no falta. —¡Por algo decían los viejos que el hambre a esta tierra llega nadando! La molinera baja a franquearles la cancela, pero la ventera y la zagala quedan en el camino hasta que una a una pasan las ovejas…[189].

En el Salnés y Galicia encontramos numerosos ejemplos de este tipo; así, en 1752, en el Catastro de Ensenada, las referencias al molino de O Retortoiro en el lugar de Mozorín, parroquia de Baión, construido en 1742, del que se especifica que:

Don Pablo Troncoso, vecino de San Juan de Leiro, tiene una casa con quatro ruedas de molino, todas ellas de cubo, la una de piedra blanca («albeira», para trigo y centeno) y las tres negreras (de piedra del país, para moler maíz), llamado Retortoiro, que muelen con agua corriente del rio que viene de Caldas por Puente Arnelas para la Umia seis meses al año y se regulo la utilidad de todas las quatro ruedas en mil reales anuales...[190].

Otra referencia a los molinos aforados volvemos a verla en el mencionado Catastro, donde se menciona el molino de Sisalga, en alusión a la casa de Sisalga de Baión. Se describe como molino de cubo donde se almacena el agua antes de enviarla al rodete. Constaba de una rueda y piedras del país, molía unos cuatro meses al año gracias a las aguas del regato de Santa Catalina y su utilidad se calculaba en 80 reales. Estaba aforado a varios vecinos que tenían diferentes derechos: dos horas y media cada día, una jornada cada 15 días, 8 horas cada 15 días, día y medio con su noche y 24 horas cada semana.

Lo mismo ocurría con el denominado molino de Matador, regato de Santa Catalina, sito en el lugar de Barcia, Baión, según el Catastro. Estaba regentado por un presbítero que le sacaba una utilidad anual de 80 reales, lo tenía alquilado a diferentes vecinos con distintos turnos y cantidades a satisfacer en foro, alguno al monasterio compostelano de San Martiño Pinario. Los derechos oscilaban entre moler 24 horas cada 15 días y pago de foro al mentado monasterio, un día con su noche de 8 en 8 días y pago de 6 cuncas (entre otras acepciones, la cunca gallega es una medida de capacidad para medir áridos, equivalente a 1/16 de ferrado) y media de pan medeado (se refiere al cereal que ya está trillado) al mismo monasterio, 24 horas cada 15 días, un día y noche de 8 en 8 días, un día y noche cada 15 días y 12 horas cada 15 días. En función del derecho adquirido, el pago del alquiler o foro era distinto, como es obvio.

Otro tipo de propiedad era la comunal que, según Leal Bóveda[191], aparecía cuando los vecinos no podían construir un molino con sus propios medios. En este caso, juntaban los esfuerzos y pocos recursos y construían uno comunal que pasaba a denominarse de herdeiros (‘herederos’), parceiros (‘a la parte de un todo’), o roldeiros (rolda es ‘turno, vez’). Las aportaciones al común se hacían en forma de dinero, trabajo, materiales, tiempo dedicado a la construcción o mantenimiento, etc., y en función de esto se tenía derecho de molienda según lo contribuido. La posesión de la parte se transmitía por heredad del primer tomador de la propiedad de la siguiente forma: la parte (rolda o herdade en gallego) daba derecho a moler durante unas horas en días determinados, que no se podían cambiar. Así, pongamos por caso que habría personas que tendrían todo un día mientras que otras poseerían medio o cuarto de día. En estos dos últimos casos se tenían que poner de acuerdo y turnarse (avezarse, ‘tomar vez’) cada semana para moler una vez durante el día y otra por la noche. De este uso compartido surgían relaciones sociales y comunales muy ricas recogidas por la tradición oral y a posteriori en diferentes cancioneros, por ejemplo las muiñadas (‘molinadas’) y foliadas (el fol en gallego es la bolsa de la gaita en la que se introduce el aire para luego dirigirlo al puntero donde se marcan las notas musicales, de ahí el nombre. Popularmente, son reuniones festivas en las que la gaita, el cántico y la danza, muiñeira, avezados con algo de vino y algún alimento, son protagonistas).

El uso de estas construcciones molturadoras estaba regulado por el derecho consuetudinario gallego pero, básicamente, dependía de los acuerdos a los que llegaran los constructores del molino. Menéndez-Valdés Golpe, en 1964, definía a los molinos de herdeiros (‘herederos’) como aquellos de propiedad común indivisible, dedicados a la molturación de granos para consumo familiar y alimentación del ganado de los dueños del molino, y hace hincapié en que el aprovechamiento de la parte indivisa en la propiedad se hace por piezas o grupos de seis horas, exclusivas de cada heredero y susceptibles de permuta, enajenación, arriendo, etc.[192].

El conocimiento de Valle Inclán de estos aspectos parece evidente si nos atenemos al pasaje de Divinas palabras en el que, muerta Juana la Reina, hay que resolver la heredad de Laureano, ser infrahumano que se desplaza en un carretón. Por ella pelean Mari-Gaila y Marica del Reino con la intercesión del pedáneo de la aldea:

Marica del reino.—¡Y todo ese hablar salió a cuento del pleito que tratan entre sí de sustentar dos hermanos propios carnales! Mari-Gaila.—No habrá pleito si tú respetas el derecho del que nació varón. Marica del reino.—Consultaremos con hombre de ley. El Pedáneo.—¡Como lleguéis a la puerta del abogado, os enredáis más! Sin salir de la aldea hallaréis barbas honradas sabiendo de ley. Pedro Gailo.—¿Cuál es tu dictado, Bastián de Candás? El Pedáneo.—Si fuese a daros mi dictado, a ninguno había de contentar. ¡Como que ninguno tiene la ley! Mari-Gaila.—¿No llama al hermano varón? El Pedáneo.—Las voces de la ley tú no las alcanzas. Mari-Gaila.—¡Pero aquí hay uno que sabe latines! El Pedáneo.—A eso solamente respondo que latines de misa no son latines de ley. Pedro Gailo.—¿Cuál es tu dictado, Bastián de Candás? El Pedáneo.—¡Si no habéis de seguirlo, para qué escucharlo! Marica del reino.—Te pedimos consejo y cumples con darlo. El Pedáneo.—Si como la finada no deja otro bien que el hijo inocente, dejase un par de vacas, cada cual se llevaría su vaca de la corte. Tal se me alcanza. Y si dejase dos carretones, cada cual el suyo. La Tatula.—Tampoco había pleito. El Pedáneo.—Pues si solamente deja uno, también habéis de repartiros la carga que represente. La Tatula.—No es carga, que es provecho. El Pedáneo.—Son bienes proindivisos, que dicen en los juzgados. Mari-Gaila.—¡Ay, Bastián, tú sentencias, pero no enseñas cómo se puede repartir el carretón! ¿Zueco en dos plantas, dónde irás que lo veas?

A continuación llega la sentencia del pedáneo, que se fundamenta en el derecho consuetudinario gallego y en el reparto de turnos entre los propietarios de los molinos de herederos:

El Pedáneo.—Pero vi muchos molinos, cada día de la semana, moler para un dueño diferente. Una mocina.—Mi padre muele doce horas en el molino de András. Marica del reino.—Por manera que el justo sentir es de repartirse el carretón entre las familias determinados los días. El Pedáneo.—Un suponer: Sois dos llevadores de un molino. De lunes a miércoles saca el uno la maquila, y el otro de jueves a sábados. Los domingos van alternados. La Tatula.—Así no había pleito…[193].

Para Charlín Pérez, la degradación del personaje del idiota es completa, está objetualizado, convertido en un bien proindiviso, que se beneficia por horas como un molino. Valle Inclán escribe Divinas palabras cuando su estética y su ética ya lo conducían al hallazgo del esperpento. Por eso, aquí, lo que en un principio podría parecer una evocación y defensa de los viejos códigos se vuelve un uso literario de estos con fines grotescos[194].

Con todo, siguiendo este mismo criterio, supongamos que dos padres, uno (A) con cuatro hijos y otro (B) con ocho, repartían ellos. A los del padre A les correspondería el doble de tiempo de molienda que a los del B ya que, siendo la misma heredad, tenía que dividirla en más partes. De igual modo, si algún heredero deseaba vender su parte, podía hacerlo de forma que el nuevo propietario pasaba a adquirir los derechos y obligaciones del vendedor. La compraventa debía realizarse con papel de por medio, si no se consideraba nula. Respecto de las formas de pago que se tenían que hacer a los herederos de las partes del molino, encontramos un ejemplo en este texto de un libro de cuentas de uno de la parroquia de Covas, Viveiro: «...Un diez e ocho avo del molino y de todo su fundo vagos y artefacto, en mistión con varios porcioneros cuyo molino se halla situado en el río que baja á Escourido. Dicha participación en el referido molino tiene de pensión la mitad de siete cuartillos y un noveno de trigo que se paga anualmente a los herederos de Luis Escourido en cuatro pesetas....»[195].

Los derechos consistían en los turnos de molienda comentados, y los deberes en una serie de trabajos de conservación y reparación del molino y su entorno que posibilitaran su funcionamiento permanentemente. Hay otros usos que no pueden considerarse como una forma de propiedad estrictamente, pero que, en realidad, venían a ser un usufructo de esta; hablamos de los alquileres.

Como ya se explicó, los usos del molino en verano acarreaban abundantes problemas debido a que había poca agua para derivar a riego y molienda, de ahí que en determinadas zonas tenían derecho de uso los regantes mientras que en otras, como en Galdo, Viveiro, Lugo, lo poseían los segundos. Por esto, en las de escasez fueron apareciendo paulatinamente los de viento y marea. En este sentido, en el Catastro de Ensenada aparecen citados los molinos de A Regueira en el lugar de Fonsín, Baión, Vilanova de Arousa. Contaban con una muela del país movida por las aguas del regato de Santa Catalina[196]. Todo parece indicar que eran empleados por los vecinos de Godos, Caldas de Reis (Godos es en la actualidad parroquia del concejo de Caldas de Reis, vecino del de Vilanova, pero en la administración jurisdiccional del Antiguo Régimen pertenecía a este último ayuntamiento)[197].

Respecto del oficio de molinero, cabe indicar que está en íntima relación con el tipo de propiedad[198], de forma que se puede apreciar que no exige una especialización funcional como en el caso de otros artesanos. Desarrolla labores no difíciles de realizar y en los privados son desempeñadas por hombre o mujer, aunque con predominio del primero. Además, se pueden hacer otras faenas mientras dura la molturación. En los de herederos, la cuestión es mucho más fácil porque cada persona muele para sí sin que haya nadie encargado específicamente de hacerlo.

Mantiene Lavaud, en obra ya citada, que tanto el molinero como la molinera son personajes cargados de diferentes simbologías que pueden ir desde la fuerza, el misterio, la rectitud, incluso al amor extramatrimonial y la muerte violenta. En todo caso, Valle Inclán siempre les aporta alguna cualidad positiva como en el Resplandor de la hoguera, en que Miquelo Egoscué, juntándose con los hombres de la partida facciosa que dirige, en una cueva que les sirve de cuartel, hace matar y asar siete cabras para un banquete. A continuación leerá la carta que le envía al cura y exclama: «Yo voy allá con los que quieran seguirme. El segundo de la partida respondió por todos: —Está bien. Era un viejo molinero de Arquiña»[199]. En esta ocasión, la opinión del molinero tiene el suficiente peso para ser tenida en cuenta por todos los presentes.

En el relato Un cabecilla, se narra la historia de un instante de la vida de un molinero exfaccioso contada por el narrador que lo tuvo de guía para visitar unos restos célticos. Este narrador recalca la fuerza física del molinero y su misterio, y un tercer personaje revela que el molinero asesinó a su mujer porque esta había confesado el lugar en el que se escondía la facción: «De aquel molinero viejo y silencioso que me sirvió de guía para visitar las piedras célticas del Monte Rouriz guardo un recuerdo duro y frío […]. Había sido un terrible guerrillero […]. A la ida y a la vuelta solía recaer por el molino para enterarse de cómo iban las familias, que eran los nietos y de las piedras que molían»[200]. Cierta tarde de verano, acercándose hacia el molino, encuentra a su mujer atada a un poste de la parra, la puerta rota y todo en desorden. Ante este panorama, pregunta a su esposa si vinieron los negros, en alusión a las tropas liberales, a qué hora llegaron, cuántos eran y qué les dijo. De las respuestas de esta no queda convencido y decide asesinarla:

¿Has acabado? [se refiere a la mujer que rezaba con temor ante la muerte que preveía]. Ella juntó las manos con exaltación cristiana: —¡Hágase, Jesús tu divina voluntad! Pero cuando vio al terrible viejo echarse la escopeta a la cara y apuntar, se levantó despavorida y corrió hacia él con los brazos abiertos: —¡No me mates! ¡No me mates, por el alma de…! Sonó el tiro y cayó en medio del camino con la frente agujereada. El cabecilla alzó de la arena ensangrentada su rosario de faccioso, besó el crucifijo de bronce, y sin detenerse a cargar la escopeta huyó en dirección de la montaña[201].

Aunque con menos insistencia, registramos la misma correspondencia macabra entre lo figurativo y lo temático en La misa de san Electus, en la que tres mozos, a pesar de la misa a san Electus, van a morir después de morderles un lobo rabioso. Todos venían del molino cuando fueron mordidos y esta ocurrencia del camino del molino como lugar mortífero viene subrayada en tres segmentos narrativos o dialogados del cuento[202].

Con la molinera ocurre lo mismo, y se nos presenta llena de virtudes cristianas, mujer abnegada, caritativa, dispuesta para servir, con el pelo blanco de harina, en clara alusión al trabajo y pureza y, en muchas ocasiones, pegada a una rueca hilando lino. En Sonata de otoño, el marqués y el mayordomo Brión hacen un alto en los molinos de Gondar llamando autoritarios a su puerta, acompañándose de un Ave María Purísima. La vieja molinera contesta: «¡Sin pecado concebida! Era una pobre alma llena de caridad. Nos vio ateridos de frío, vio las mulas bajo el cobertizo, vio el cielo encapotado con torva amenaza de agua, y franqueó la puerta hospitalaria y humilde. —Pasen y siéntense al fuego»[203].

Sigue en la misma línea en Eulalia, cuando esta moza se acerca al molino de Madre Cruces para ver a su amor extramatrimonial: «Es alegre y geórgica la paz de aquel molino aldeano, con sus muros cubiertos de húmeda hiedra, con su puerta siempre franca, gozando la sombra regalada de un cerezo. Feliz y benigna, la piedra gira moliendo el grano y el agua verdea en la presa, llena de vida inquieta y murmurante. Sentada ante la puerta, bajo la sombra amiga, hila una vieja que tiene todo el cabello blanco»[204].

Mientras aguardan la llegada del amante, Eulalia y Madre Cruces hablan e hilan lino: «La vieja había dejado la rueca para descolgar las madejas de lino puestas a secar en la rama de un cerezo. ¡Aquellas madejas de antaño, olorosas, morenas, campesinas, que las abuelas devanaban en los viejos sarillos de nogal! Después la Madre Cruces volvió a sentarse en el poyo de la puerta. Entre sus manos crece un ovillo. Eulalia, distraída, lo mira dar vueltas bajo aquellos dedos arrugados y seniles»[205].

Sin embargo, Lavaud-Fage también le otorga atributos negativos como, por ejemplo, en Eulalia, donde molino y molinera aparecen ligados al tema del amor extraconyugal y al de la muerte, ya que al volver de su cita amorosa en el molino (vemos otra vez aquí su ubicación alejada de los núcleos habitados, cerca de las curvas de los ríos en donde se hace un canal de deriva que lleve el agua al rodete, es utilizada como excusa para haber un encuentro «indebido» entre dos amantes), Eulalia perece ahogada, sea por suicidio o por descuido[206]. Previamente, la molinera sirve de alcahueta a la rapaza enamorada, a quien un pastor advierte de que el molino a donde ella va no muele porque no hay aguas para eso, ante lo que Eulalia advierte de que poco grano tiene ella que moler. El mozo, malicioso, es consciente de eso y también de que en realidad la moza va a visitar al caballero enfermo que desde hace poco toma aires en el molino de Madre Cruces:

¿Estás tu sola, madre Cruces? —Sola mi reina… Ya llegará el galán que consuele ese corazón. —¿Dónde ha ido? —Recorriendo esos campos paloma. —Cuéntame, Madre Cruces… ¿Está triste? —Menos lo estaría si menos recordase a quien le quiere. —¿Tú comprendes que me recuerda? —¡Claramente! Por veces éntrame pena cuando le oigo suspirar[207].

La alegría, la paz bucólica, la impresión de bienestar y de acogida permanente y bondadosa descritas en lo referente a los molinos parecen contrastar con todos los aspectos negativos que se vierten, tales como el adulterio y la muerte[208].

Sobre el transporte en barca por el río, es muy posible que Valle Inclán conociera que, como se indicó, existía una embarcación que conectaba los molinos de las Aceñas (propiedad del conde de Priegue pero arrendados a Juan Manuel Vidal, según consta en el Catastro de Ensenada y en el Libro de Matrícula Industrial del Concejo de Vilanova de Arousa), en Barcia, Baión, con Pontearnelas.

2.3. El molino, núcleo de las relaciones sociales de la parroquia

Si tuvo importancia relevante en lo económico, no menos la poseyó en lo social, puesto que se convirtió en el verdadero núcleo sobre el que giraban las relaciones de la gente de la parroquia, aldea o lugar, fundamentalmente de la mocedad.

Los vecinos debían acudir necesariamente al molino con asiduidad. Así, mientras se procedía a la tarea de moler, se llenaban los tiempos de espera con actividades de ocio; bailes, cánticos, relatos de historias, leyendas, anécdotas, juegos, etc., (muíñadas o foliadas cuando intervenía la gaita). Dado que por el día el campesino y su familia se dedicaban a las faenas de la tierra, la noche constituía el único tiempo libre de que disponían para moler, de modo que eran frecuentes las reuniones entre los usuarios. Estas podían prolongarse hasta el día y adquirían carácter festivo (leria y troula en gallego), en las que los mozos y mozas representaban un papel predominante: No muíño fan cantigas, / no muíño fan concellos, / no muíño fanse amores, / e contan contos os vellos (En el molino se hacen cánticos, en el molino se hacen reuniones o concejos, en el molino hay amores y cuentan cuentos los viejos).

En el Embrujado, los tres chalanes intentan cruzar el río que apenas lleva agua y no hay barquero para ello. Quieren hacerlo pero, como temen que los animales enfermen, deciden bajar por los molinos hasta La Puente Vieja. Mauriña les dice que para el que va caballero, como ellos, no es vuelta, y el ciego dice: «¡Día de feria, foliada en el molino, con unas mozas…! Yo no las vi, pero las apalpé…»[209].

También es sabido por todos que el molino, por su alejamiento de los núcleos habitados, fue usado como lugar de encuentros amorosos, hechos que quedarían reflejados en la lengua, así como en un riquísimo folclore y literatura oral en la mayoría de los casos de tipo picaresco donde, incluso, el estamento eclesiástico tenía su propio rincón: Un cura foi ao muíño: / foille mellor que non fora, / que coa beira da sotana / varreu a fariña toda... (Un cura fue al molino, mejor no hubiera ido, porque con el faldón de la sotana, barrió toda la harina). También se hacen alusiones a los pequeños hurtos que el molinero hacía en el cobro de la molienda: Xa non quero ser muiñeiro, / nin varre-lo tremiñado, / que despois no outro mundo / toman conta do roubado (traducido más arriba).

Valle Inclán retoma el tema en Son de muiñeira, El pasajero, claves líricas:

Cantan las mozas que espadan el lino, / Cantan los mozos que van al molino, / Y los pardales en el camino.

¡Toc! ¡toc! ¡toc!... Bate la espadela [pieza de madera, en forma de machete empleada para golpear la planta del lino y hacerlo hilo]. / ¡Toc! ¡toc! ¡toc!... Da vueltas la muela. / Y corre el jarro de la Arnela.

El vino alegre huele a manzana, / Y tiene aquella color galana / Que tiene la boca de una aldeana.

El molinero cuenta un cuento, / En la espadela cuentan ciento, / Y atrujan los mozos haciendo el comento.

O en la escena sexta de Romance de lobos, donde podemos ver:

Por un momento los tres hermanos quedan silenciosos. Una tropa de chalanes llega y descabalga para descansar a la sombra de los cipreses, dejando libres los jacos en el verde y oloroso campo, que cruzan aquellos caminos aldeanos por donde se pierden huestes de mujerucas, viejas y mozas, que va al molino con maíz y con centeno…»[210].

De todo esto, quizás lo más significativo es que el baile gallego por excelencia, la muiñeira, adopta esta alusión tan connotativa, al tiempo que se danza en sentido circular semejando la rotación de la muela del molino sobre el pie, o la propia rotación del rodete: Non se precisa pandeiro / para baila-la muiñeira, / mentres dura a muiñada, / fáino-lo ritmo a albeira (No se precisa pandero para bailar la muiñeira, mientras dura la molienda, nos hace el ritmo la albeira —piedra de pedernal usada para moler trigo, descrita anteriormente—).

De lo dicho podemos entresacar pequeñas canciones (cantigas), de las que la más típica de todas puede ser esta: Unha noite no muíño / unha noite non é nada / unha semaniña enteira / eso si que é foliada (Una noche en el molino, una noche no es nada, una semana entera, eso sí que es foliada —fiesta ya descrita—).

O esta poesía: Muíño de peza / de son cantareiro / morriches de fame / sorriches de pena / meu muíño albeiro (molino de pieza, de sonido cantor, moriste de hambre, sonreíste de pena, mi molino albeiro —de piedra albeira para moler trigo o centeno—).

O algunos refranes: Andando gaña o muíño, que parado está perdido (Andando gana el molino, que parado está perdido). Non fies en maquía de muiñeiro nin creas en comida de despenseiro (No fíes en maquila de molinero ni creas en comida de despensero).

O algunas adivinanzas:

Anda e non ten pés / come e non ten boca / canta comida lle dan / toda lle parece pouca (Anda y no tiene pies, come y no tiene boca, cuanta comida le dan, toda le parece poca).

Que cousiña, cousa será / que dá voltas enriba do río / e sen se mollar (Qué cosita, cosa será, que da vueltas encima del río, sin mojarse)[211].

Veamos un amplio resumen sobre la cuestión:

Dille a leñaza ao trigo: cala ti, mourón, que estás un mes debaixo do terrón, e o trigo respóstalle: cala ti, cara lavada, que aos tres días xa nadas (Le dice la leñaza —planta del lino— al trigo: calla tu mourón [enfermedad del trigo y maíz provocada por un hongo que pone negros los granos de ambos cereales], que estás un mes debajo del terrón y el trigo le responde; calla tu cara lavada que a los tres días ya nadas [la planta del lino se introduce durante tres días en agua para que pierda dureza y luego se pueda deshilachar con más facilidad]).

O meu home foi de troula, e veu cheo de fariña; el muiñeiro non é, eu non sei a quen se arrima (Mi marido fue de fiesta, y vino manchado de harina, él no es molinero, yo no sé a quién se arrima).

Peneirei, peneirei por un cribo, e fixen pan de relón coma o trigo (Peneirar es pasar la harina por un cribo de forma redonda para sacarle las impurezas).

Anque che fun ao muíño, anque che fun a muíñar, anque che fun ao muíño, non teño pan que che dar (Aunque fui al molino, aunque fui a moler, aunque fui al molino, no tengo pan que darte).

Esta noite fun ao muíño, cun fato de nenas novas, elas todas sen camisas, e eu no medio en cirolas (Esta noche fui al molino, con un grupo de rapazas, ellas todas sin camisas y yo en medio en calzoncillos).

Marica foi ao muíño, moer un saco de pan, e no medio do camiño, atopou co seu veciño, que ten sona de larchón. Canto tardou en moelo, non volo poido saber, soio que dixo ao Tadeo, o raio do tarabelo, non paraba de moer. Dende entón xa non volveu, Marica polo muíño, nin tampouco apareceu, inda rogándolle ao ceo, o larchón do seu veciño (Marica fue al molino, a moler un saco de pan, y en medio del camino, se encontró con su vecino, que tiene fama de avispado. Cuánto tardó en molerlo no lo puedo saber, solo que dijo a Tadeo, que el tarabelo —pieza de palo que, partiendo de la tolva donde se vierte el grano, está en contacto con la muela para que esta le haga vibrar y con ello haga bajar el grano— no paraba de moler. Desde entonces ya no volvió Marica por el molino, ni tampoco apareció, aun rogándole al cielo, el listo de su vecino).

Irei contigo ao muíño, farei o que ti mandes, dormir contigo non quero, que te-las pernas moi grandes (Iré contigo al molino, haré lo que tú mandes, dormir contigo no quiero, que tienes las piernas muy grandes).

Esta noite fun ao muíño, e maila outra pasada; abalei unha peneira, que nunca foi abalada (Esta noche fui al molino, y también la pasada. Abalar es balancear un objeto, y en este caso se trata de menear un cribo para tamizar la harina. Se hace referencia a la relación con una rapaza virgen).

Fun ao muíño de abaixo, dei a volta polo de riba, o de abaixo está pechado, e o outro ten caravilla (Fui al molino de abajo, di la vuelta por el de arriba, el de abajo está cerrado y el otro tiene caravilla —era un palo que se ponía a la puerta por el interior para que no pudiera ser abierta desde el exterior. En este caso se hace alusión a que el molino estaba ocupado por otras personas—).

Unha vella na mahía, botou un toxo no lar, saltoulle no pestenexo, e houbo de chamuscar (Una vieja en la mahía [lugar donde se muele, en el que también se hace fuego para calentarse], echó un tojo al fuego, le saltó una chispa y se chamuscó).

Non che podo que estou rouca, non che podo que estou rouca, funche dormir ao muíño, esta noite e maila outra (No puedo que estoy ronca, no puedo que estoy ronca, fui a dormir al molino, esta noche y la otra).

Unha vella fixo as papas, e botounas nunha criba, puxo a criba na cabeza, e escaldouse a vella viva (Una vieja hizo papas —alimento que se hacía mezclando harina con leche o agua—, y las echó en una criba —arel—, puso la criba en la cabeza y se escaldó la vieja viva).

Fun ao muíño con Paula; fun ao muíño con ela; fun ao muíño con Paula; fun en paz en vin en guerra (Fui al molino con Paula, fui al molino con ella, fui en paz y vine en guerra).

Cando vaia ao teu muíño, hasme de deixar moer; moendo moe que moe, moendo na muíñada, unha mañá de xiada (Cuando vaya a tu molino, me dejarás moler, moliendo, muele que muele en la muiñada —proceso de la molienda—, una mañana de helada).

Era unha noite de chuvia e de frío, a que pasei no muíño do río, moi despaciño empecei a cantar, para non ter medo e a noite pasar, pum, pum, petan á porta, saio a correr, era Martiño que viña moer. Viña cun canto levado dos demos e iso as mozas non o queremos. O pillo decía eu quero moer, no muíño do Río non moe ninguén, todos o queren porque moe ben. Que moe ben dirano os tolos, pro polo visto non moe para todos, e se ti queres pra min moerá, e se non queres xa che pesará. E se me pesa ei de pousar, pero por ti non hei de chamar. Pero Martiño como é caradura, foise achegando e colleume a cintura, eu teño un xenio levado dos demos, e coa fiadoira no lombo lle din. Boteino fóra e cerreille a porta, porque pensei que lle daba unha volta. Pobre Martiño, que mal lle saeu, que levou na chepa e mais non moeu (Era una noche de lluvia y de frío, la que pasé en el molino del río, muy despacito comencé a cantar, para no tener miedo y pasar la noche, pum, pum, llaman a la puerta y salgo corriendo, era Martiño que venía a moler. Venía endemoniado y eso las mozas no lo queremos. El pillo decía quiero moler, en el molino del río no muele nadie [hace referencia a un molino comunal donde todos los vecinos tenían vez], todos lo quieren porque muele bien. Que muele bien lo dirán los locos porque por lo visto no muele para todos, y si tú quieres para mí molerá, y si no quieres te habrá de pesar. Si me pesa habré de parar pero por ti no llamaré. Pero Martiño como es caradura se fue acercando y me cogió la cintura, yo tengo un genio endemoniado y con la hiladora [mientras se molía las mujeres aprovechaban el tiempo para hilar lino. En este caso se refiere a la hiladora] le di un golpe en la espalda. Lo eché fuera y cerré la puerta, porque pensé que se volvía loco. Pobre Martiño, que mal le salió que llevó en la chepa y no molió).

O muíño de meu pai, eu ben lle sei o tempero: cando está alto, baixalo; cando está baixo, erguelo (El molino de mi padre, yo bien entiendo su tempero —el tempero es una leva que movida desde dentro libera o aprieta el rodete, poniéndolo en funcionamiento o parándolo—: cuando está alto, bajarlo; cuando está bajo, subirlo. Hace referencia a la posición en la que debe estar la leva para que el molino funcione o no).

O muíño anda de roda, anda de roda a moer; o cariño que eu che teño, ti inda o has de saber (El molino anda de rueda moliendo, el cariño que yo te tengo, tú aún lo has de saber).

Meu meniño, durme, durme, que teño que ir ao muíño, teño que ir pola fariña, para face-lo panciño (Duerme, duerme mi niño, que tengo que ir al molino, tengo que ir a por la harina, para hacer el pan).

Muíño, troula, troula, a auga faino troular; a filla da muiñeira, rabea por se casar (El molino muele, muele, el agua lo hace moler; la hija del molinero desespera por casarse).

Esta noite no muíño, ha de habe-lo que ha de haber: ha de haber cabezas rotas, por non me deixar moer (Esta noche en el molino, ha de haber lo que ha de haber: ha de haber cabezas rotas por no dejarme moler).

O muíño a moer, os ratiños a comer, e agarrei un polo rabo, e mandeino a aquel cabo, agarrei un polas orellas, e tireille tres pendellas, agarrei un polo fuciño, partinlle o pé co muíño (El molino a moler, lo ratones a comer, agarré uno por el rabo y lo mandé al otro extremo —se entiende del molino—, agarré uno por las orejas y le di unos capones, agarré uno por la nariz y le partí el pie con el molino).

O muíño a moer, o ratiño a comer, agarreino polo rabo, e leveino pró mercado (El molino a moler, el ratón a comer, lo cogí por el rabo y lo llevé al mercado).

Dáme lume, Sara, polo vertedeiro, dáme lume Sara, que son muiñeiro; si eres muiñeiro, sobe para arriba, que Sara está soa e quere compañía (Dame fuego, Sara, por el vertedeiro —oquedad por donde baja el agua al rodete—, dame fuego Sara que soy molinero; si eres molinero sube para arriba, que Sara está sola y quiere compañía).

Muíño que estás moendo, o trigo con tanto afán, ti estás facendo a fariña, e outro come do pan (Molino que estás moliendo el trigo con tanto afán, tú estás haciendo la harina y otro come el pan).

Esta noite fun á rolda, e rolei sete muíños, e enganei sete rapazas, e encarguei sete meniños (Esta noche fui a la rolda —la rolda es la fiesta que se hace en el molino mientras se muele el grano, como ya fue explicado previamente— y estuve de fiesta en siete molinos, engañé siete rapazas y encargué siete niños).

Este muíño non é muíño, que é capela dos ratos, donde se dan moitos bicos, e mailos moitos abrazos (Este molino no es molino, es capilla de ratones, donde se dan muchos besos y muchos abrazos).

Miña nai non quere que eu vaia ao muíño, porque o muiñeiro rebrinca, rebrinca, volve a rebrincar, unha saia nova me quixo rachar (Mi madre no quiere que yo vaya al molino, porque el molino salta, salta, vuelve a saltar, una falda nueva me quiso romper).

Esta noite no muíño, hache de haber apartamento, os casados para fóra, os solteiros para dentro (Esta noche en el molino, ha de haber separación, los casados para fuera, los solteros para dentro).

A miña muliña cando vai pró muíño, ai!, vai enfariñada, cheiña de frío, tamén de xiada, ai!, a miña burriña, sempre vai cansada (Mi mula cuando al molino, ay, va enharinada, llena de frío, también de helada, ay, mi mula siempre va cansada).

Dios cho pague, churrusqueiro, téñocho que agradecer: cando vou ao teu muíño, sempre me deixas moer (Dios te lo pague, churrusqueiro —en este caso se denomina así cariñosamente al molinero—, he de agradecértelo: cuando voy a tu molino, siempre me dejas moler).

Co saquiño na cabeza lixeiriña para o muíño vai, non quere que a colla a noite polo que poida pasar, pois os carreiros entre o millo dan moito que falar (Con el saco en la cabeza ligera va al molino, no quiere que la coja la noche por lo que pueda pasar, pues los caminitos entre el maíz dan mucho que hablar).

O muíño foula, foula, o vento lle fai a moa; a filla da muiñeira, ten un andar que namora (El molino foula —la foula es el polvillo que se levanta al moler o al cribar la harina—, el viento le hace la muela, la hija de la molinera tiene un andar que enamora).

Muíño de peza, de son cantareiro, morriches de fame, sorriches de pena, meu muíño albeiro (Molino de pieza, de sonido cantor, moriste de hambre, sonreíste de pena, mi molino albeiro —se refiere al molino que hace harina de trigo y no de maíz. Da una harina de color blanquecino, albar, de ahí su nombre—).

Meu home foi ao muíño, a muiñeira ten a sarna; moerían de mestura, cando o meu home se raña (Mi marido fue al molino, la molinera tiene la sarna, se rozarían al moler porque mi marido se rasca).

Eu non sei que pasou no muíño, eu non sei que debeu pasar; dende entón Maruxiña está triste, dende entón non fai máis que chorar (Yo no sé lo que pasa en el molino, yo no sé lo que debió pasar, desde entonces Maruxiña está triste, desde entonces no hace más que llorar).

Non xemes xa muiñando, cos pés metidos no río, hoxe sin gran nin fariña, segues en pé maxinando, moendas de trigo e millo (No gimes ya moliendo, con los pies metidos en el río, hoy sin grano ni harina, sigues en pie moliendo, moliendas de trigo y maíz).

Muíño de peza, meu muíño albeiro, soño polvorento, con foulas e avenzas, o teu brandoeiro (Molino de pieza, mi molino albeiro, sueño polvoriento con polvillo y avenzas —avenzar o aventar es echar al aire los granos para separarlos de los últimos restos de paja—, tu brandoeiro —alude al tacto suave de la harina de trigo—).

Vamos indo, vamos indo, vamos indo cara a ela, agora xa nos van dando os aires da nosa terra. Eu fun ao muíño con Paula, eu fun ao muíño con ela, deitóuseme nos brazos, e eu durmín nos brazos dela (Vamos yendo, vamos yendo, vamos yendo hacia ella, ahora ya nos van llegando los aires de nuestra tierra. Fui al molino con Paula, fui al molino con ella, se acostó entre mis brazos, y yo dormí en los brazos de ella).

Certo día vindo do muíño, unha nena vin chorar; pregunteille que lle pasaba, e ela comenzou a contar: Alá atrás naquela revola, agarroume un rapaz, pero o tolo tanta forza fixo, que me rompeu o delantal. Agora vou para a casa, e miña nai vaime pegar, porque o levo todo roto, e non podo enmendar. Non lle digas, miña nena, que foi tralo prado, enredando con aquel rapaz, dille que foi unha silva, que cho prendeu ao pasar. Por iso miña nena, non te poñas a enredar: os rapaces son moi pillos, e algún día vaiche pesar (Cierto día viniendo del molino vi llorar a una niña; le pregunté qué le pasaba y comenzó a contar: allá detrás en aquella curva me agarró un rapaz, pero el loco tanta fuerza hizo, que me rompió el delantal. Ahora voy a casa y mi madre me va a pegar, porque lo llevo roto y no lo puedo arreglar. No le digas, mi rapaza, que fue en el prado jugando con el rapaz, dile que fue una zarza que te lo prendió al pasar. Por eso, niña mía, no te pongas a enredar: los rapaces son muy pillos y algún día te va a pesar).

Na porta daquel muíño, hai dúas pedras de asento, unha é para namorar, e outra pra pasa-lo tempo (En la puerta de aquel molino, hay dos piedras de asiento, una es para enamorar y otra para pasar el tiempo).

O meu muíño está noviño, e non pode traballar; ten que descansar, para poder continuar (Mi molino está nuevo y no puede trabajar, tiene que descansar, para poder continuar —se refiere a que por nuevo muele demasiado y es necesario cesar la molienda para que no se estropee—).

O muíño troula, troula; se troula, déixao troular, a dona deste muíño, rabea por se casar (hace referencia a que la dueña del molino, como desea fervientemente casarse, no cesa de hacer troulas —juergas— en el molino).

Á porta do muíño vello púxenme a pensar, nas voltas que dá o rodicio, e aínda nas que ten que dar (En la puerta del molino viejo me puse a pensar, en las vueltas que da el rodete y en las que tiene que dar).

O muíño xa vai vello, ten silveiras de arredore, as mozas que van a ele, todas perden a colore (El molino ya va viejo, tiene zarzas alrededor, las mozas que van a él, todas pierden el color).

Se te citan no muíño, pénsao antes de aceptar, que non son bos os amores, nena, se os tes que buscar (Si te citan en el molino, piénsalo antes de aceptar, que no son buenos los amores, niña, si los tienes que buscar).

O muíño é refuxio, de gardas e bandoleiros, de almas que andan perdidas, de ladróns e de romeiros (El molino es refugio de guardas y bandoleros, de almas que andan perdidas, de ladrones y de romeros).

O muíño roda, roda, o rodicio faino andare; a filla do muiñeiro, rabea por se casare (El molino rueda, rueda, el rodete lo hace andar, la hija del molinero, está rabiosa por casarse).

O muíño moe, moe, a fariña vai na moa; a filla do muiñeiro, entramentres se namora (El molino muele, muele, la harina va en la muela, la hija del molinero mientras tanto se enamora).

Sementei centeo e millo, ide ao muiñeiro chamar, levantémo—lo muíño, que temos que muiñar (Sementé centeno y maíz, id a llamar al molinero, pongamos en marcha el molino, que tenemos que moler).

Anda a roda, anda ao arredor, canto máis a roda anda, máis lle quero ao meu amor (Anda la rueda, anda alrededor, cuanto más anda la rueda, más le quiero a mi amor).

Veño de moer, morena, do muíño de arriba, durmín coa muiñeira, non me cobrou a maquía (Vengo de moler, morena, del molino de arriba, dormí con la molinera, no me cobró la maquila).

Veño de moer, morena, do muíño do medio; durmín coa muiñeira, non me cobrou o centeo (Vengo de moler, morena, del molino de en medio, dormí con la molinera, no me cobró el centeno).

Veño de moer, morena, do muíño de abaixo; durmín coa muiñeira, non me cobrou o traballo (Vengo de moler, morena, del molino de abajo, dormí con la molinera, no me cobró el trabajo).

Na porta daquel muíño, hai un carballo rachado, onde sentan as mozas, a mata-lo condenado (En la puerta de aquel molino, hay un roble roto, donde se sientan las mozas a criticar).

Toda enfariñada e coas pernas molladas, chegou Carmela á casa despois dunha noite de muiñada (Toda enharinada y con las piernas mojadas, llegó Carmela a casa después de una noche de molienda).

O meu muíño é velliño, non o queren amañar, e cando o vaian arreglar, cantos anos van pasar (Mi molino es muy viejo, no lo quieren arreglar, y cuando lo vayan a hacer, cuántos años pasarán).

Canta, muiñeiro, canta, día e noite sen parar, mentres se fai a fariña, as mozas queren namorar (Canta molinero, canta, día y noche sin parar, mientras se hace la harina, las mozas se quieren enamorar).

La cosa no remata aquí ya que, si se quiere jugar o pasar el tempo, se puede acudir a estas adivinanzas:

Anda e non ten pés, come e non ten boca; canta fariña lle dan, toda lle parece pouca (Anda y no tiene pies, come y no tiene boca, cuanta harina le dan, toda le parece poca).

Andar e andar e nunca chegar (Andar y andar y nunca llegar).

Anda e anda, e nunca chega á súa casa (Anda y anda y nunca llega a su casa).

Que cousiña, cousa será, que dá voltas encima do río e sen se mollar (Qué cosa, cosa será, que da vueltas encima del río sin mojarse).

Que cousa, cousa é, que, mentres come, canta; e, se non come, cala (Qué cosa, cosa es, que mientras come, canta; y si no come calla).

Lo que en los molinos se hacía y hablaba era sinónimo de sabiduría, tal y como se puede apreciar en estos refranes:

Ábrete pola boca, para que en vez dunha maquía, dúas che colla (Ábrete por la boca, para que en vez de una maquila, dos te coja).

Auga pasada non move muíño (Agua pasada no mueve molino).

Andando gaña o muíño, que parado está perdido (Andando gana el molino, que parado está perdido).

Tanto gana a muiñeira co que moe como co que peneira (Tanto gana la molinera con lo que muele como con lo que criba).

Non fíes en maquía de muiñeiro, nin creas en comida de despenseiro (No fíes en maquila de molinero, ni creas en comida de despensero).

Máis que muíño na espera, vale sobro na moega (Más que molino parado, vale el grano sobrante, de poco valor, en la tolva).

Muiñeiro do diaño que a fariña a fai salvado (Molinero del diablo que hace la harina muy tosca —la muele poco y no la criba por lo que su uso por los humanos es dificultoso y suele echarse a los animales—).

O muiñeiro que ve e ve, non pode ser paroleiro (El molinero que ve y ve, no puede ser hablador).

Muíño parado non gana maquía (Molino parado no gana maquila).

Cada un tira da auga para o seu muíño aínda que deixe seco o do veciño (Cada uno lleva el agua a su molino aunque deje seco el del vecino).

O que está na acea moe, e non o que vai e non volve (El que está en el molino muele, y no el que se va y no vuelve).

Cada muíño quere a súa auga (Cada molino quiere su agua).

O crego e o muíño cantando gañan (El cura y el molino cantado ganan).

O que pode vai ao muíño e moe[212] (El que puede va al molino y muele).

A este respecto, para tierras de Cotobade, en Pontevedra, Antón Fraguas nos hablaba de que la molienda fue considerada como lugar de fiestas que gozaron de duras leyendas en las estimaciones de la moral. Por otra parte, incide en que en las «visitas» a las parroquias figuran las sanciones que se impondrían a todos aquellos que celebraran fiestas nocturnas en los molinos, decretadas por el visitador eclesiástico, que se extendían a la celebración de «fiadas» —veladas nocturnas que se hacían en los molinos— por gentes reunidas que pasaran del toque de oración.

Valle Inclán, amén de Son de muñeira, en las Claves líricas se hace eco de toda esta literatura popular e incluye cuatro líneas, en este sentido, en la mentada obra que vienen a resumir su conocimiento del tema en cuestión: ¡Fun unha noite ao muíño / cun fato de nenas novas / todas elas en camisa, / eu n´o medio sin cirolas![213] (Fui una noche al molino / con un grupo de rapazas / todas en camisa / y yo en medio sin pantalones).

Otro buen ejemplo lo tenemos en Águila de Blasón, Comedias bárbaras II, escena quinta:

… Velada en el molino. Hay viejos que platican doctorales a la luz del candil, que cuelga de una viga ahumada, y mozos que tientan a las mozas en el fondo oscuro, sobre el heno oloroso. En medio de la algazara la molinera plañe sus males en suspiros, y una buena curandera, cerca de la lumbre, atiende al hervor del vino con romero, mientras adoba las yerbas del monte que tienen virtud para curar el mal de ojo a las preñadas. […] La fragancia del vino que hierve con el romero se difunde por la corte como un bálsamo oloroso y rústico de aldeanos y pastores que guardasen la tradición de una edad remota, crédula y feliz. Si alguna moza se duerme en la vela, luego la tienta un mozo parletano. Entre el reír de los viejos y el rosmar de las viejas, las manos atrevidas huronean bajo las faldas. La curandera sopla el hervor que levanta el vino, y en medio de la algazara plañe siempre sus males Liberata la Blanca…[214].

Amén de esto, hace alusiones permanentes a las tareas y construcciones que intervienen en el ciclo del pan. Comencemos por la siembra, las mazorcas y la harina. En Comedia de ensueño, Jardín umbrío: «… Milón de Arnoya era un jayán perseguido por la justicia, que vivía en el monte rodeado por siembras y majadas. En casa de mi abuela, cuando los criados se juntaban al anochecido para desgranar mazorcas, siempre salía el cuento de Milón de Arnoia...»[215]. En El resplandor de la hoguera se alude a la siega de esta forma: «Las boinas rojas aparecían sobre los riscos. Al ver el empuje de los cazadores, hacían fuego a pecho descubierto y se enardecían con alegres voces, como en lana siega y en el zorcico…»[216]. En este caso, Valle Inclán está haciendo un símil entre el enardecimiento de los carlistas en su ataque contra las tropas liberales y las tareas del campo, aludiendo a los cantares que se hacían en la siega del cereal para acompañar y acompasar la tarea. Los segadores marcaban el ritmo de esta con sonidos, lo que se traducía en un incremento de la productividad, amén de aligerar el trabajo manual.

En Gerifaltes de antaño, puede leerse: «Los rostros melados, las frentes anchas, los ojos de un alegre brío, todos tenían una apariencia de hermandad campesina, como esas cuadrillas de segadores que devoraban el pan moreno a la sombra de un camino…»[217].

Otra vez resalta el valor y la hermandad de los soldados carlistas comparándolo con las cuadrillas de segadores, a los que presenta como representantes de un mundo rural solidario en sus tareas de explotación, idílico, olvidando (¿intencionadamente?) el mundo industrial que brota en la Galicia de su tiempo.

En Eulalia, cuando la moza deja la barca y se quiere encaminar hacia el molino en el que se verá con su amante, se encuentra con un grupo de segadores: «… una cuadrilla de segadores pasó llenándola con los gritos de su lengua visigoda. Eulalia sintió espanto de aquellos hombres curtidos, sudorosos, polvorientos, que volvían en hordas de la tierra castellana, con la hoz al hombro»[218].

Del aprovechamiento de la paja sobrante de la malla (‘trilla’) del cereal también se da cuenta en El embrujado, que: «… la casa alzada con pedrusco, [estaba] cubierta con paja de maíz y envuelta en humo…»[219]. Las referencias a los chouzos (vivienda rústica construida con piedra de mampostería y cubierta con paja o colmo) y pallozas (vivienda antiquísima de las mismas características anteriores, de mayores dimensiones en las que convivía la familia con el ganado, de planta circular o elíptica, propia de la montaña lucense, por ejemplo en Piedrafita do Cebreiro, puerta de entrada del Camino de Santiago en Galicia) en estas líneas parecen evidentes, así como la idealización del mundo rural.

De nuevo en la misma obra se vuelve sobre el tema con gran conocimiento sobre lo mismo y, así, podemos ver que: «… En la casa de don Pedro Bolaño. Es la hora en que las gallinas se recogen con el gallo mocero. Arde una lumbrada de tojos en la gran cocina, ahumada de cien años, que dice con sus hornos y su vasto lar holgura y labranzas. Una vieja hila sentada debajo del candil. Los otros criados desgranan mazorcas para enviar el fruto al molino…»[220].

El conocimiento de Valle sobre la distribución de los elementos en el interior de la casa labriega se muestra muy completo en esta cita. La mentada obra es muy prolija en referencias de este tipo, como veremos a continuación. Juana de Juno le inquiere a la Ofrecida que no se adelante mucho del umbral a causa de no embrujar el fuego, al tiempo que le pregunta qué conveniencia la trae. La abuela responde: «… cambiar maíz por pan cocido. Estas espigas que nos dieron por las puertas». Juana de Juno, altiva, pregunta: «¿Quién cosechó maíz tan cativo?». Ante lo que la abuela contesta que si le ponen reparos a la limosna que le dieron. Don Pedro, que está atento a la escena, después de advertir a la abuela que hable con Remigio de Cálago para que no ande en justicias por el foral de Canabal, dice: «Que os cambien ese maíz…». La abuela pregunta que por cuánto pan, a lo que le responde: «Por un pan entero». Queda patente en este caso la imbricación en el ciclo del pan de todas sus construcciones, es decir, se puede tener maíz pero si no tenemos molino para hacer harina y horno para cocerla, no tendremos pan.

De Geórgica entresacamos: «El aire se embalsama con aromas de heno, / Y los surcos abiertos esperan el centeno, / Y en el húmedo fondo de los verdes herbales, pacen vacas vermejas, entre niños zagales, / Cuando en la santidad azul de la mañana, Canta húmeda de aurora la campana aldeana…»[221]. De nuevo, podemos observar la mitificación de la vida aldeana.

Sobre los hornos y los hórreos (Valle Inclán utiliza con profusión el término castellano troje para referirse a ellos) hay también múltiples alusiones. El caballero, en Romance de lobos, les dice al grupo de indigentes que lo acompañan: «¡No son sus culpas las que necesitan perdón, son las mías! Todo el maíz que haya en la troje se repartirá entre vosotros. […] Las casas en llamas serán hornos mejores para vuestra hambre que hornos de pan…»[222]. Más adelante, Benita la costurera le ordena a la Rebola que: «Lo mismo tiene que seas tú. En un vuela vas al horno de la Curuja… Es mandato del Señor Don Juan Manuel. Te llegas, y dices que toda la hornada la traiga a la casona, que es para repartir entre los pobres… A luego, subiráse vino de la bodega y mataranse doce palomas en el palomar…»[223]. En la escena quinta de Romance de lobos, se hace ver que: «La hueste de mendigos descansa al sol ante el portal de la casona y se tiende por la orilla del camino aldeano. Sobre la veleta del hórreo, el gallo clarinea, en el sol, dorado y soberbio…»[224].

En la jornada segunda, escena primera, de Divinas palabras, tenemos: «Lugar de condes. Viejo caserío con palios de vid ante las puertas. Eras con hórreos y almiares. […]. Sombras con faroles entran y salen en los establos oscuros, portando brazadas de yerba. Cuece la borona en algún horno, y el humo de las jaras monteses perfuma el casal que despierta…»[225]. Maruxiña le dice a Anxelo, en la jornada primera de El embrujado: «¡Salúdate para espantar malas ideas! Calienta el horno con el capricho del viejo Bolaño…»[226].

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NOTAS

[181] En Sonata de otoño, vol. I, pág. 494.

[182] En Sonata de otoño, vol. I, pág. 506.

[183] En A media noche. Jardín umbrío, vol. I, pág. 277.

[184] En Águila de blasón, Comedias bárbaras II, vol. II, pág. 366.

[185] Ibídem, pág. 366.

[186] Ibídem, págs. 405-406.

[187] Populares son los dichos que hablan de la mala fama de los molineros porque tendían a excederse en la medición de la maquila. Este hecho propició una literatura abundante de la que entresacamos esto: «Xa non quero ser muiñeiro / nin varre-lo tremiñado, / que despois no outro mundo / toman conta do roubado» (Ya no quiero ser molinero / ni barrer el acabado [el tremiñado era el lugar donde caía la harina. Podía ser un cajón de madera o un espacio cerrado sobre el pie o piedra fija del molino] / que después en el otro mundo / piden cuentas de lo robado).

[188] El Servicio Nacional del Trigo, organismo surgido por decreto del general Franco durante la guerra civil, fue creado con objeto de controlar la producción de cereal del estado autárquico franquista y está estudiado para Galicia y en particular para la provincia de Lugo por LEAL BÓVEDA, José María en: «Las construcciones del ciclo del pan y el Servicio Nacional del Trigo en la Mariña de Lugo», en Terra, n.º 6. SGX y Universidade de Santiago de Compostela, 2002, y «O Servicio Nacional del Trigo e o control da producción fariñeira da postguerra. O caso da Mariña de Lugo», en Pontevedra, n.º 18. Deputación de Pontevedra. 2002.

[189] En Flor de santidad, vol. I, pág. 623.

[190] Catastro de Ensenada. Archivo del Reino de Galicia. A Coruña. También Concejo de Vilanova de Arousa.

[191] LEAL BÓVEDA, José María: As construcións do pan na Mariña de Lugo. Deputación de Lugo, 2012. Del mismo autor se puede ver: Guía para o estudio dos muíños de auga da Terra de Caldas de Reis. Deputación de Pontevedra, 1995, con versión en castellano: «Guía metodológica para el estudio de los molinos de agua de la Tierra de Caldas de Reis», en Escola Crítica, A Coruña, 1993. «A literatura oral do ciclo do pan. Unha escolma arbitraria», en Pontenorga, Deputación de Pontevedra, 1998. O patrimonio arquitectónico rural do Salnés, Deputación de Pontevedra, 2000. «Las construcciones del ciclo del pan y el Servicio Nacional del Trigo en la Mariña de Lugo», en Terra, n.º 6, SGX y Universidade de Santiago de Compostela, 2002. «Guía metodológica para el estudio de las construcciones del ciclo del pan en la Mariña de Lugo», en Revista de Investigación en Educación, Deputación de Pontevedra, Facultade de Ciencias da Eduación de Pontevedra, Pontevedra, 2004. «O Servicio Nacional del Trigo e o control da producción fariñeira da postguerra. O caso da Mariña de Lugo», en Pontevedra, n.º 18, Deputación de Pontevedra, 2002.

[192] MENÉNDEZ-VALDÉS GOLPE, E.: Las particularidades de derecho patrimonial en el noroeste de España, ante la compilación gallega y el código civil. Becerreá, Lugo. 1964. Este autor está citado también en CHARLÍN PÉREZ, F. X.: «Preitos e revoltas na Galicia de Valle Inclán», en Cuadrante, n.º 5, 2000, págs. 5-36.

[193] En Divinas palabras, vol. II, págs. 541-542.

[194] CHARLÍN PÉREZ, F. X.: «Preitos e revoltas na Galicia de Valle Inclán», en Cuadrante, n.º 5, 2000, pág. 16.

[195] Recogido por LEAL BÓVEDA, José María: Hórreos, molinos y fuentes de la Tierra de Viveiro. Deputación de Lugo, 1995.

[196] LEAL BÓVEDA, J. M.ª: Guía para o estudio dos muíños de auga da Terra de Caldas de Reis. Deputación de Pontevedra, 1995, págs. 45-62.

[197] LEAL BÓVEDA, J. M.ª: Guía para o estudio dos muíños de auga da Terra de Caldas de Reis. Deputación de Pontevedra, 1995, págs. 45-62.

[198] BAS LÓPEZ, Begoña: voz muíño, en Gran Enciclopedia Gallega.

[199] En El resplandor de la hoguera, La guerra carlista II, vol. I, págs. 772-773.

[200] En Un cabecilla, Jardín umbrío, vol. I, pág. 241.

[201] En Un cabecilla, Jardín umbrío, vol. I, págs. 241-243.

[202] LAVUAD-FAGE, Eliane: ibídem, págs. 42-43.

[203] En Sonata de otoño, vol. I, págs. 158-159.

[204] En Eulalia, Corte de amor, vol. I, pág. 142.

[205] En Eulalia, Corte de amor, vol. I, pág. 144.

[206] LAVAUD—FAGE. Eliane: Íbidem. Pág. 43.

[207] En Eulalia, Corte de amor, vol. I. Pág. 144.

[208] LAVAUD—FAGE. Eliane: Íbidem. Pág. 44.

[209] En Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte, vol. II, pág. 1153.

[210] En Romance de lobos, vol. II, pág. 492.

[211] Véase sobre el tema una amplia recolección de literatura popular recopilada en nuestra obra: LEAL BÓVEDA, José María: Guía para o estudo dos muíños de auga da terra de Caldas de Reis. Pontevedra, 1995. También la ya citada de BAS LÓPEZ, Begoña: Muíños de marés e de vento en Galicia. Pontevedra, 1991.

[212] LEAL BÓVEDA, J. M.ª y otros: Guía para o estudio dos muíños de auga da Terra de Caldas de Reis. Deputación de Pontevedra, Vigo, 1995.

[213] En Son de muñeira, Claves líricas, vol. II, págs. 1226-1227.

[214] En Águila de blasón, Comedias bárbaras II, vol. II, págs. 368-369.

[215] En Comedia de ensueño, Jardín umbrío, vol. I, pág. 310.

[216] En El Resplandor de la hoguera, vol. I, pág. 807.

[217] En Gerifaltes de antaño, vol. I, pág. 891.

[218] En Corte de amor, Eulalia, vol. I, pág. 141.

[219] En Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte, vol. II, pág. 1148.

[220] Ibídem, pág. 1160.

[221] En Geórgica, vol. II, pág. 1214.

[222] En Romance de lobos, vol. II, pág. 466.

[223] Ibídem, pág. 466.

[224] En Romance de lobos, vol. II, pág. 514.

[225] En Divinas palabras, vol. II, pág. 545.

[226] En Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte, vol. II, pág. 1149.