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CUENTOS POPULARES ANDALUCES, IX

AGUNDEZ GARCIA, José Luis

Publicado en el año 2002 en la Revista de Folklore número 261.

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CUENTECILLOS POCO HABITUALES (I)

Fácil es el tratamiento de determinados cuentos, porque se repiten una y mil veces en la tradición oral, porque se recogen en los primeros intentos, y porque aparecen en la mayor parte de recopilaciones: su catalogación es conocida e inequívoca; por lo general suelen tener reflejo tanto en la literatura oral como en la escrita (Tipo 60: La Zorra y la Cigüeña, 62: La Paz entre los Animales, etc.), por ello, no admiten duda.

Una de las principales tareas que han abordado los estudiosos de los cuentos populares es la de su catalogación. Siempre partiendo de la obra base y general de Aarne y Thompson, se han completado diversos catálogos referidos a la tradición hispánica, así los ya clásicos de Boggs, Robe y Hansen, y algunos regionales (tales como el de Cantabria de Camarena, el de Aragón de González Sanz o el de Cataluña de Pujol); pero, sobre todo, gracias al enorme esfuerzo que hacen Camarena y Chevalier, ya han aparecido los primeros tomos de lo que deberá ser una obra monumental que reflejará la totalidad de cuentos recogidos en nuestra cultura.

Catalogar los cuentos más repetidos, como decimos, es fácil; de hecho, ya aparecen en las catalogaciones que mencionamos, sin embargo, de forma manifiesta se observa cómo a cada paso van apareciendo nuevos cuentecillos, generalmente cuentecillos, notoriamente de escasa entidad, poco atractivos tal vez, no del gusto de nuestros días, que se incluyen en las escasas publicaciones que vienen apareciendo últimamente. Es obvio que muchos de ellos no se tuvieron en cuenta en otras colecciones, que se rechazaron por poco atractivos, por su contenido escabroso o porque no interesaba hacerlos figurar entre otros más interesantes; es evidente que, por ello, no aparecen en los catálogos. Es labor del investigador seguir buscando en la tradición para sacar a la luz esos cuentecillos, de forma que puedan ser catalogados y puedan figurar en las futuras catalogaciones.

Incluimos, por ello, en esta ocasión y en la siguiente, aquellos cuentecillos (de nuestra recopilación en la provincia de Sevilla) que, por no figurar en las colecciones, o hacerlo escasamente, podrían parecer raros, no siéndolo, porque viven en la tradición y pueden aparecer si se investiga. Cuando esto sea así y puedan cotejarse diversas realizaciones, podrán pasar a los futuros catálogos folklóricos, donde deben figurar. Esa es nuestra intención.

1

[EL GANGOSO Y EL LORO]

Un hombre que iba a comprar un loro, quería comprarlo. Y entonces fue a una casa de uno que tenía el loro. Y el hombre era un poquillo gangoso. Y llegó y le dijo:

—¿Anto vale ece loro? [imitando].

Y le dice:

—¿Ese? Ese vale un millón de pesetas.

—¿Un millón de pesetas vale ese loro? Un millón de pesetas no doy yo por él. ¿Y ése?

Dice: —Ése vale dos millones.

—¿Dos millones de pesetas? ¡Ese no vale para nada!

—Dos millones vale.

Y entonces se fue en busca de uno que había muy pelusón allí. Y estaba allí uno en un rincón, muy pelusón, y le dijo:

—Bueno, ¿y ese loro qué sabe hacer?

Y le dice:

—¿Este loro? Este loro sabe fregar, limpiar y lo hace todo.

Dice:

—¿Todo lo hace?

Dice:

—Pone la mesa, la quita: todo lo hace.

—Bueno, pues yo no doy dos millones de pesetas por él Y entonces dice que había uno muy pelusón y le dijo:

—Y ése, y ése ¿qué es lo que hace? ¡Tan feo! Y le dijo [el loro] :

—Pues lo menos hago más que tú, porque sé hablar, que es lo que tú no sabes.

AMPARO OJEDA El Palomar-Paradas, 1993.

CATALOGACIÓN.Thompson: X135, B211.3, B211.3.4, J1350, J1369.

2

[EL BARBERO ESTA OCUPADO]

Esto era un señor, que llegaba a la puerta de la barbería y le preguntaba al maestro:

—¡Maestro! ¿Hay muchos?

Dice:

—Hay tres.

Dice:

—Pues entonces me voy, otro día vendré.

Al otro día llegaba y le preguntaba otra vez:

—¡Maestro! ¿Hay muchos?

Dice:

—Hay dos.

Dice: —Bueno, pues me voy, otro día volveré.

Y así hacía casi todos los días, un día sí y otro no. Pero el maestro, ya cabreado, le dice al zagal que tenía allí de aprendiz, le dice:

—Sigúelo, sigue detrás, a ver dónde se mete ése que viene todos los días preguntando aquí que si hay muchos.

Y el muchacho siguió detrás del hombre que preguntaba eso, vio dónde se entró, y se volvió para atrás. Cuando llegó a la barbería, le dice el maestro barbero, le dice:

—¿Qué pasa? ¿Dónde se ha metido ese hombre?

Dice:

—¡En su casa!

—¡Hombre claro! En su casa.

Dice:

—¡No no!, en su casa no; ¡en la de usted!.

JUAN RAMIREZ ALVAREZ

3

[LA SUEGRA Y EL TORO]

...El que llevó a la suegra, que era una suegra que era muy valiente, ¿sabes? Y entonces le dijo un día:

—Mira: voy a llevar a tu madre al pueblo, que quiere...

Le dijo la hija:

—No lleves a mi madre al pueblo, porque tienes que pasar por un cerrado de toros bravos, y no quiero yo que lleves a mi madre al pueblo, porque ahí cualquier toro escapado por ahí o algo...Y tú eres un hombre y puedes hacer lo que quieras, pero mi madre no.

—¡Con lo valiente que es tu madre! ¡Cagüe la mar! Tu madre es más valiente que...

—Hombre no, que no quiero yo que a mi madre la lleves tú por ese camino.

—Pues no, pues tu madre dice que viene al pueblo, pues yo la llevo.

—¡Ay que ver! Se le ha metido a este hombre el capricho de que, de que...

—Hombre si, si tu madre es una mujer que eso, que eso es más bruto que un arado. ¿Cómo no quieres que la lleve? Dice que la lleve al pueblo, la tengo que llevar.

Bueno, pues entonces cogió el camino y se fue con ella al pueblo. ¡Me cagüe la mar! Pero cuando iba por el camino, sale un toro bravo, el yerno sale corriendo, se quita del medio, y perdía la suegra y no sabía la suegra dónde estaba.

Y cuando llega a casa le dice:

—Tu madre, la he dejado yo atrás, porque salió un toro y yo he salido corriendo y...

—¿Entonces? ¿No lo ves? Ya el toro mató a mi madre. ¿Entonces, para qué has llevado a mi madre? Eso no lo debías tú haber hecho nunca. Tú querías eso para, para que a mi madre la matara. ¡Ea! Pues vamos a buscarla.

Van a buscarla... ¿Y qué le parece a usted que había hecho la suegra? Que se había subido al toro; había hecho que el toro se subiera al árbol y le dijo:

—Si tienes alma ¡bájate!

AMPARO LOPEZ OJEDA El Palomar-Paradas, 1993

4

[LOS EMPUJONES DEL BORRACHO]

Y otro, y otro también que era un borracho. Iba por la calle ¡con una borrachera muy grande! de esquina a esquina.

Y entonces venían los coche, le pitaban. Y venga a pitarle los coche, y venga a pitarle los coche.

Hasta que ya pilló un policía —eso era por Sevilla, dice que iba—, y un policía hizo así: "¡Bumm!", y le pegó un empujón —para quitarlo de la calle, porque le iba a matar un coche—. ¿Y a dónde vino a caer? A una confitería. Cuando el hombre se repuso, se queda mirando así, al mostrador que había, al escaparate, y le dice al de la confitería:

—Caballero, a esos dulces, ¿cómo les dicen?

Y:

—A esos dulces les dicen borrachos.

—¡Hombre, quitarlos usted de ahí, que vienen dando unos empujones de miedo!

AMPARO LOPEZ OJEDA El Palomar-Paradas, 1993

CATALOGACIÓN.Thompson: X800,J1891, X530.

VERSION PARALELA.

Tiene cierta semejanza con un chiste bien conocido [Boggs, •l699]. Transcribimos una versión de Demófilo (Miscelánea, en El Folk-Lore Andaluz, pp. 45-46):

Este mocivé era un ciego que iba camino de Villaverde y se encontró á un toro y le dijo: "¡Hola, amigo! Amigo, ¿es este el camino de Villaverde?" Y va el toro y le pegó una corná. Y se levanta el ciego y le dijo: "¡Eh, amigo, para decir que sí o que no, no es menester pegar esos rempujones".

5

[LA GRAN TAJADA]

La mujer estaba en estado, y en enero, ya ves en enero. Cuando llegó enero, pues se le antojó un melón —en enero no hay melones; prácticamente, ya en ese tiempo, los melones se terminan—. Entonces cogió y la mujer le dijo:

—¿Por qué no te llegas en casa de un mayete, aquí, que le dicen Bejaraño, que ése siempre tiene melones en enero? Llégate por él, hombre.

Dice:

—Bueno, pues mira, me voy a llegar, hija.

Pero a él le gusta mucho el vino, ¡ohú! ¡Borracho como una uva! Y entonces la mujer ¡venga esperar y venga esperar y venga esperar! ¡Lo que no llegaba!

—Es posible que no llega...

Y ella deseando que llegara para, para comerse el melón.

Y cuando llama a la puerta, sale la mujer:

—Ay Manué, ¿vienes ya con el melón?

Y le dijo:

—No, hija de mi alma: melón no te traigo, pero la tajada que te traigo... ¡¡¡despampanante!!!


AMPARO LOPEZ OJEDA El Palomar-Paradas, 1993

CATALOGACION. Thompson: X800, X530.

6

[BORRACHERA DOBLE]

Estaba un poco cargado, y siguieron bebiendo:

—¡Venga otra copilla, amigo, venga otra copilla! —y... ¡venga!

Y de allí del bar, que se fueron a otra taberna, ¡y venga tomar copas!, y más copas... y a otra taberna, y... ya que estaba muy cargado, dice:

—Bueno, yo he estado ya...; me voy a ir para mi casa.

—Y yo también me voy a ir para la mía.

Dice:

—¿Usted dónde vive, amigo?

Dice:

—Yo me voy a la barriada la Paz.

Dice:

—Yo también.

—¡Qué casualidad, hombre! Y... ¿en qué piso vive usted?

Dice:

—Yo, vivo en la tercera planta.

—¿En la tercera planta? ¡Y en la tercera planta vivo yo también!

Dice:

—¡Qué casualidad, hombre! Dice:

—Bueno, pues vamos a seguir, ¡vamos a seguir!

Y:

—Yo voy a la tercera.

—Y yo también voy a la tercera.

Y cuando llamó, llamó a la puerta, salió la mujer, dice:

—¡Mira cómo vienen el padre y el hijo! ¿No les da vergüenza?

JUAN RAMIREZ ALVAREZ Arahal, 1994.

CATALOGACION.

Tubach, no 1814; "Borracho reprochado por la esposa"

Thompson: X800, N400, N731, P233, X530.

7

[MI GATO NO BEBE Y NO VE]

Un borracho fue una vez a ver a un médico, ¡que no veía!, que se estaba quedando ciego ¡y que no veía! Y entonces, la mujer le dijo:

—Usted, le dice que es de la bebida, porque bebe mucho.

El médico:

—Bueno, pues cuando entre, ya se lo diré. Vamos a ver si es de la bebida o no.

Y entonces, cuando entró el borracho, lo examinó el médico y le dijo:

—Usted está ciego de la bebida.

Y le dice:

—¿Yo?

Dice:

—Sí. Ya es menester que no beba, porque con la bebida se queda uno ciego.

Y le dice al médico:

—Pues eso que está usted diciendo es mentira, porque en mi casa hay un gato, y no ha bebido en toda la vida y no ve. ¡Conque qué! Y está ciego.

AMPARO LOPEZ OJEDA El Palomar-Paradas, 1993 CATALOGACIÓN.

Thompson: X800, J1160, J1310, J1320, J1430, X530.

8

[CONVIDAR A LOS CURAS]

Dice que estaba el cura dando misa. Cuando el cura se tumba el cáliz, dice:

—Esa convidada la pago yo —le dice el borracho.

Y mira para el lado y estaba otro cura, había otro cura confesando a una señora, y dice:

—Y ése que está cagando, también lo convido yo.

AMPARO LOPEZ OJEDA El Palomar-Paradas, 1993

CATALOGACION.

Aarne-Thompson, n° 1831A": Inappropriate Actions in Church (título muy genérico).

Thompson: X800, J1823, X530.

9

[AQUÍ QUIEN MANDA ES DON DIEGO]

Sale una diligencia una vez de Ronda para Málaga, y van en la diligencia siete mujeres y siete hombres. Entre los siete hombres iba un maricón.

Y sale aquél famoso de la sierra..., los bandoleros, José María "El Tempranillo", y unos de ellos. Paran la diligencia, y los echan abajo a todos, y dice:

—Ahora, colgamos a todas las mujeres y les damos por el culo a los hombres —entre ellos iba un maricón.

Le dice:

—¡Diego!, ¿y no es mejor... colgar a los hombres, y estamos con las mujeres?

Y le dice la marico:

—¡Tú te callas!, que aquí quien manda es don Diego.

MANUEL LOPEZ Marchena, 1991.

CATALOGACION.

Recuerda a Aarne-Thompson, n° 1475: Marriage forbiddlen the Parish.

Thompson: T463.

ACATAR LAS ORDENES DE LA AUTORIDAD.

Parangonando las desviaciones sexuales del hombre con los gustos de las personas maduras por las jovencitas, podremos hallar semejanzas con otras anecdotas donde la persona interesada hace ver la necesidad de acatar los preceptos de la autoridad; así la del Sobremesa (I, 17; pp. 213-214) en que la vieja viuda da por buena la orden de la superioridad de que los jóvenes se casen con las viejas y los viejos con las jovencitas. Como la jovencita se queja, ella replica: "-Calla, rapaza, no digas eso, que lo que Su Majestad manda está bien mandado, y parecerá bien a todo el mundo; y Dios le alargue la vida".

Disparatado es el caso de Mil y una Noches (dentro de la noche 799, 111, p. 848: El buen Hijo y Al-Azmây). El personaje del título ve cómo un joven lleva sobre sus espaldas a una mujer mayor y pregunta la causa de tan extraña actitud; es porque la mujer había llevado, en su vientre, al muchacho durante nueve meses. Al-Azmây se ofende por tal disposición y dice que, si tan agradecido está el joven con la madre, por qué no se casa con ella. El joven, naturalmente, se incomoda; pero la mujer da un pescozón al hijo, mientras le reprende: "-¿Por qué te enfadas, hijo, si este señor tiene razón en lo que te ha dicho?"

10

[LA SUEGRA QUERIDA]

Y otro, que dice que la suegra estaba comiendo churros, y se engollipó comiendo churros, y dice que..., que cogió el yerno corriendo por la calle como un loco. ¡Y venga correr! Y entonces le dicen..., se encuentra a un amigo, le dice:

—¿Dónde vas tan corriendo, chiquillo?

Dice:

—Mi suegra, que se ha engollipado comiendo churros.

Y le dijo:

—¿Qué vas? ¿En busca del médico?

Dice:

—¡Qué voy a ir en busca del médico! Yo lo que voy es por más churros.

AMPARO OJEDA El Palomar-Paradas, 1993

LOS SUEGROS.

El cuento maltrata, una vez más, la figura rechazada de la suegra.

La mala relación establecida en los cuentos de encantamiento entre el rey y el yerno se extiende a lo cómico culto o popular.

Moreto nos cuenta en El Defensor de su Agravio, 2, 5:

COMINO.

Un novio acertó á salir
con su suegro por la calle.
Uno vestido de negro
le cascó una bofetada;
sacó furioso la espada
y por darle, mató al suegro.
Un capitán fue testigo;
y ¿qué hizo? ¿Riñó también?
No: firmó que quedaba bien
porque mató á su enemigo

(puede leerse en Jiménez Hurtado: Cuentos Españoles..., p. 177).

11

[TODOS AVIADOS]

Esto dice que era uno, y no sabía lo que hacer, dice:

—Bueno, pues, yo lo he pensado, a ver si me sale.

Entonces cogió un saco de caracoles, y se lo echó al hombro. Y va por la calle, y por la calle vendiendo, y llegó a donde había ocho o diez hombres. Llegó y, entonces, empezó a mirarlos, y viendo que no le decían nada, dijo:

—Bueno, pues esta gente, seguramente, que estará aviada de, de éstos, porque no, ninguno quiere.

Entonces, dice; creo que pilló y el saco lo echó en el suelo. Como los caracoles sacan los cuernos al Sol, entonces les dice, viendo que ninguno le decía nada, dice:

—Bueno, señores por lo visto estáis todos aviados.

ANTONIO ALCAIDE RAMIREZ El Palomar-Paradas, 1993

12

[CON SER MOCHO NO GANAMOS NADA]

En un bar, dice que entró uno..., dos compadres que dice que no tenían una peseta. Y dice que entró uno y pidió una copa de, ¡de yo qué sé!, de una cosa buena, que a ellos les gustaba; de manzanilla, de lo que fuera. Y dice que le dijo:

—Tú ves ése que pide cosas tan buenas; ése tiene ¡unos cuernos! ¡Pero unos cuernos grandes! Ése, y la mujer, no, que la mujer hace lo que quiere con él.

¡Y nada! Y dice:

—Bueno, está bien —le dijo el compadre.

Y entró otro y le dijo:

—¿Tú ves ése? Ése ¡lo mismo! Ése tiene cuernos también. ¿Tú ves todos los dineros que tiene? Pues más cuernos tiene.

Bueno, y el otro compá, allí a aguantar. ¡Venga a aguantarle! Y entraba otro, dice:

—¿Tú ves ése? Ese también tiene cuernos bien largos.

Cuando ya se fueron los compadres, dice:

—Pero compadre, ¿nosotros qué tenemos adelantado con ser mochos? Estamos hechos unos idiotas. Esos tendrán cuernos; pero nosotros con ser mochos, ¿qué tenemos adelantado?

AMPARO OJEDA El Palomar-Paradas, 1993

13

[LA DELACIÓN DEL PAVO]

En aquellos tiempos, que se pasaba aduana; pero entonces no era aduana, entonces era... el pilato [fielato 1], le decían, ¿no? O una cosa así.

En los pueblos había un sitio que le decían el pilato. Y entonces, se pasaba y había siempre allí un consumista. Antiguamente era consumistas lo que había —¿usted no ha oído eso de los consumistas? Hombre, pues, eran consumistas lo mismo que un carabinero, una cosa así, nada más que eso estaba en un pueblo, a la salida de los pueblos.

Y entonces dice:

—Vamos a pasar —llevaban un pavo, y le dijo a la mujer—. Esto lo metes debajo del vestido, así. Claro, cuando te vea el consumista, porque si te ve que llevas el pavo debajo, él se va a creer otra cosa.

Entonces iban por allí los dos. Y llegó y le dijo al hombre:

—¿Usted qué lleva en el cesto? Y dijo el hombre:

—Yo en el cesto, mire usted, yo en el cesto no llevo nada.

Y entonces el consumista empezó a reírse.

Bueno, nada. Hace así, mira a la mujer, y le dijo:

—¿Y usted?

Y le dijo el marido:

—¡Eh! Ella, ya ve usted, ya ve usted lo que hay.

Y entonces dijo el consumista:

—¡Fssssssss!

Y entonces hizo el pavo:

—¡Dlglu... glu... glu...!

AMPARO OJEDA El Palomar-Paradas, 1993

Hasta hace varias décadas, existió tal oficina recaudadora a la entrada (también podían ser interiores) de las poblaciones, que se encargaban de recaudar el impuesto de consumo (sobre comer, beber y arder). Dicho impuesto no era diferente a las alcabalas del siglo XII, o millones de los Austrias. En 1845, se concretó la contribución general de consumos. En 1856 se establecieron dos tipos de tarifas, una para capitales y puertos y otra para todas las poblaciones. En 1868, se eliminó por capitaciones, o impuesto personal; pero, dado su poco éxito, se volvió a la contribución de consumos en 1874. Desde principios de siglo, se fueron sustituyendo estos impuestos que recaudaban los ayuntamientos por otras formas de ingreso, como arbitrios, timbres o concesiones que otorgaba el Tesoro. Había seis tipos de localidades, y según su categoría, variaba el impuesto. La primera categoría comprendía localidades con menos de cinco mil habitantes y la última, la sexta, ciudades con más de cien mil. Algunos productos (aves, nieve, cera...) sólo estaban sujetos al impuesto en las capitales de provincia, otros (carnes, líquidos, granos...) en todas las localidades. El fielato, que estaba abierto de sol a sol, era administrado por dos tipos de funcionarios: fieles e interventores. Como dice nuestra informante, también fueron conocidos por consumistas; en otras partes hemos oído el término celadores, e incluso, consumeros (aunque, en realidad, los consumeros eran los que perseguían a los matuteros). Sólo hace unas décadas desaparecieron los fielatos u oficinas recaudadoras.

VERSION.

En los Cuentos de Yehá (no 360, Un ganso más inteligente que su amo), existe una situación análoga. Yehá le roba un ganso a un avaro, lo oculta bajo su capa y comienza a andar deprisa para no ser descubierto. Pasado un rato, en una calle solitaria, levanta un pico de la capa para indagar por el silencio del pavo. Es entonces cuando el animal grita: "Sus, se se". (El editor recuerda que tal expresión significa “cállate”).

14

[SOPLAS TU O SOPLO YO]

Le dijo la señora:

—Mira, me vas a encender ahora mismo el brasero.

Y le dice:

—Bueno, señora, muy bien.

Y se pone así la señora y se le escapó un peo.

¡Mira! Y como vio que la señora estaba detrás, le dijo:

—¡Soplas tú o soplo yo!

AMPARO OJEDA El Palomar-Paradas, 1993

CATALOGACION.

Thompson: P360.

CUENTECILLOS

ESCATOLOGICOS.

Sin duda es uno de los cuentecillos escatologicos más graciosos que conocemos.

Fernando de la Granja ("Cuentos Árabes en El Sobremesa de Timoneda") recuerda el precedente del granadino Ibn 'Âsim (m. 1426) para una versión de Timoneda que trata del mismo tema, aunque de distinto desarrollo. El rey golpea al truhán en las ancas y éste se da un traque; el rey le llama truhán, pero el interpelado se defiende; "¿A qué puerta llamará que no le respondan". El mismo Fernando de la Granja recoge el refrán de Correas; ¿A qué puerta llamará Vm. que no le responda?, que posee la correspondiente explicación por medio del cuentecillo (véase Correas, p. 60a).

Correas (¿Buscaste consonante?, p. 95a-b) recoge otra anécdota. El poeta intenta ocultar el ruido arrastrando el pie; el amo le dirige las palabras del refrán. Esta misma gracia le sirve a Valera para su El Consonante (Chascarrillos..., pp. 83-84).

También es graciosa otra agudeza (Chascarrillos...por un Andaluz, p. 44). Al ir a sentarse en un banco público se le escapa "un ruidillo" a un caballero, y un gitano sentencia: "-¡Válgame Dios, que limpio es er señorito, que tiene que sacudí er pollete antes de sentarse!"

La cita de Fernando de la Granja nos anima a exponer algún ejemplo más de la cultura árabe. Los Cuentos de Yehá (García Figueras, n° 333; p. 189) reflejan una versión igual a la de Correas y Valera; en este caso, la interpelación es; "¿Si ocultas el ruido, qué harás con el olor?" En Mil y una Noches (noche 699; III, p. 476a), le preguntan a Choja qué se debe hacer si al imán se le escapa un vientecillo en la mezquita: "No cabe duda. Responderle", contesta.

Rodríguez Marín hace acopio de refranes respecto a los "ruidos"; "El toser del culo no se confunde con otro ninguno. Cuentan que esto se dijo a uno que, por disimular, tosió después de írsele un traque" (10.700 Refranes), "Un buen pedo, puede hacer ruido largo tiempo...", "Un pedo y un enojo duran poco" (supra, pp. 303 y 305), "-Habla quien tiene boca,- Y quien tiene culo, sopla" (Los 6.666..., p. 80a).

15

[LIMOSNA DE SIETE DIAS]

Llegaba a las puertas a pedir. Llegaba a aquel pueblo y le daban todos los días una gorda, diez céntimos.

Pues el pobre se puso malo, y estuvo siete u ocho días malo, y no fue a la casa. Y llegó aquel día y le dijo:

—Una limosna —dice a la criada.

Sale la criada y le dice:

—¿Qué quería usted?

Dice:

—Una limosna.

Y dice:

—Tome usted.

—¡Una gorda! —dice—. Una gorda no. Usted me tiene que dar a mí siete gordas, porque yo he estado siete días malo.

Entra ella para dentro, y le dice a la señora:

—Mire usted, señora. Que dice ése que hay que darle siete gordas; que ha estado siete días malo.

Dice:

—Usted le dice que no se le da nada más que una gorda sola. ¡Que hubiese venido todos los días! No ha venido, pues una gorda sola se le da.

Y le dijo:

—Bueno, eso es lo que hay: una gorda sola. Si quiere usted...

Dice:

—Pues usted le dice a su señora que, desde mañana, busque otro pobre, que aquí yo no vengo más.

AMPARO OJEDA El Palomar-Paradas, 1993

CATALOGACIÓN.

Thompson: V400, J1320, X530.

PEOIGÜEÑOS.

No conocemos ninguna versión semejante, aunque el despropósito final nos recuerda el de Choja en Mil y una Noches (noche 799). Aquí, Choja es limosnero que tiene por obligación emplear grandes sumas de dinero en ayudas a los necesitados. Recibe la visita de una mujer que pide favor, porque no puede sufragar los gastos del sepelio de su esposo, que acaba de morir. Muy serio, Choja intenta tranquilizar a la dolida esposa; -"Mira, mujer: por esta vez no me queda nada de lo que para limosnas reservé: pero ven por aquí el año que viene y te daré para que lo entierres." (III, p. 845b).

Freud (El Chiste y su Relación con lo Inconsciente..., p. 111) refiere un chiste, que cataloga como cínico, con unas estructuras conceptuales muy semejantes al nuestro:

Un sablista encuentra en la escalera de un rico negociante, a otro pobre diablo del mismo oficio, que le aconseja no continúe su camino; 'No subas hoy; el barón está de mal humor. Lo más que da es un florín' -'¡Ya lo creo que subo! -respondió el primero-. ¿Por qué he de regalarle un florín? ¿Acaso me regala él a mí?'".

Nos interesa esta chanza porque, tras ella, conocemos la idea del psiquiatra al respecto.

Este chiste se sirve de la técnica del contrasentido [...]. Pero el contrasentido es tan sólo aparente, pues es casi cierto que el rico barón no le regala nada, obligado como está por la ley religiosa a dar limosna, y debe incluso agradecer al sablista que le dé ocasión de ejercer la caridad. La vulgar concepción burguesa de la limosna se halla aquí en contradicción con la religiosa, y se rebela abiertamente contra ella en otra historieta en la que el barón, emocionado ante la lamentable historieta que el sablista le cuenta, llama a sus criados y exclama: “¡Echad a este hombre. Me está angustiando con sus lástimas” Esta franca expansión de la tendencia constituye un nuevo claro límite del chiste. De la queja no chistosa: “No es realmente ventaja ninguna ser rico, siendo judío”. La miseria ajena no le deja a uno gozar de la propia felicidad', no se alejan estas dos últimas historietas casi más que por su exposición en forma anecdótica.

16

[PICAPEDRERO]

Un día llegó ahí a la casa esa un hombre, a casa de Mario. ¿Tú estabas allí aquel día? Y le dijo:

—Hermana, ¿por qué no me da usted un trozo de pan, que hace tres semanas que no como pan?

Dice:

—¡Ay mire usted! Pues no sé si habrá alguno

—y le trajo un cacho pan.

Estaba muy duro. Pero tentó él pan, dice:

—Gracias, señora, gracias. Al tentar el pan me acuerdo de mi oficio.

Dice:

—¿Usted es panadero?

—¡No, picapedrero!

GABRIEL BURGUILLOS BEJARANO Arahal, 1996,

17 [EL ARROZ SOBRANTE]

¿Y los aficionados? Que llegaba uno a casa y llegaban unos aficionados... Iban ¡desmayaditos! los aficionados a los toros. Entonces había mucho maletilla; porque hay escuelas taurinas y esas cosas, pero antes no había. Nada más se iban a los cerrados y ... ¡No pasaban hambre por los campos esos! Y llegaban a una casa desmayados del todo, y le dijeron a una mujer:

—Señora, ¿tiene usted algo que comer? Y les dice ella:

—¿A ustedes les gusta el arroz de un día para otro? Dice:

—A nosotros, sí.

Dice:

—Pues venid mañana que os lo voy a guisar hoy.

AMPARO OJEDA El Palomar-Paradas, 1993

No recordamos ninguna versión igual; pero existen refranes que aluden al mañana como plazo que nunca se cumplirá. Como ejemplo, sólo los recogidos en una página de Rodríguez Marín (10700 Refranes, p. 150a): Hoy está en la mano; mañana, en tiempo lejano. Hoy no, pero mañana sí. Y explica: "Este fiar mañana es como el ayuno de Juan Ayala: alude al mañana que nunca llega".

18

[VINO DE BARRIL]

Había un zapatero remendón, que tenía una mujer muy guapa. Y había uno que la deseaba. Y todos los día llegaba y le decía —al maestro le gustaba el vinillo—, y le decía:

—Maestro, mande usted, mande usted al muchacho. Tome usted dos reales y mande usted por medio litro de vino, nos vamos a tomar aquí.

Y llegaba el muchacho, cogía el muchacho los dos reales y la botella, iba por vino. Se lo tomaban allí. Y, al otro día igual: llegaba y mandaba al muchacho por el litro de vino, se lo tomaban y... Total, el maestro estaba ya... ¡con la mosca detrás de la oreja, estaba ya cabreado...! Y le dice a la mujer un día, le dice a la mujer un día:

—Méate en esta botella.

Y se meó.

—Esto ¿para qué es? —dice la mujer—. ¿Esto para qué es?

—Méate ahí.

Y se meó en la botella la mujer, se meó en la botella y...

—¿Esto para qué es?

Dice:

—¡Ya lo verás tú para lo que es! —lo puso, lo metió en el pozo para que se refrescara. Y cuando llegó, le dijo el maestro al pretendiente de la mujer:

—Hoy voy a convidar yo.

Dice:

—¿Hoy va a convidar?

—Sí, yo he mandado por el vino antes de que usted venga —y...—. ¡Venga, tome usted un vasillo!.

Echó un vasillo, lo probó, dice:

—¡Hostia qué vino más malo!

Dice:

—¡Este vino es del barril al que quiere usted poner la canilla!

JUAN RAMIREZ ALVAREZ Arahal, 1994.

CATALOGACIÓN.

Thompson: J1251, J1310, P453.

Destaca este cuentecillo por el uso del lenguaje figurado tan frecuente en el discurso coloquial apicarado, que no está ausente en buenas composiciones poéticas. Véase una muestra tomada de la Floresta de Poesías... de Alzieu (y otros) de nuestro Siglo de Oro, donde observamos una situación muy similar por la imagen y los objetos sugeridos: "No vide bote cerrado/ ni redoma con tapón, / y del aceite de almendras / siempre abierto el botijón" (n" 54).

Por otra parte, según el extracto de Fradejas Lebrero, una de las facecias de Poggio parece tener ciertas semejanzas, al menos en el final: "El capellán toma el diezmo de las relaciones maritales y el marido se venga haciéndole beber orín" ("Las Facecias...", en Dicenda, CLV: De presbytero qui adolescentulae decimas dare precepit)

19

[LO CRIAREMOS NOSOTROS]

Resulta que había un matrimonio viviendo en la misma casa. Y tenía un hijo que sabía más que el padre. Y dice:

—¡Papaíto!

—¿Qué pasa, hijo?

—¿No dice una que el niño que tiene mamá es de, es del papá del vecino?

—¡No!, el vecino ¡cómo va a ser!

—Pues me ha dicho la mujer: "Tú niño se parece al vecino, tu hermanito".

—¿Cómo va a ser? —dice—. No, no se lo digas a naide, hijo. No lo digas a nadie, que lo vamos a criar nosotros.

JOSÉ PEPEA LUQUE Marchena, 1991.

CATALOGACIÓN.

Thompson; P233, T640.

20

[VECINA RAPIDA]

—¿Qué quieres, hijo mío?

—Pues ¿no están diciendo ahí las mujeres que la vecina corre más que usted?

—Sí, hijo mío, que corre más que yo. Es verdad eso.

Dice:

—¡Papaíto!

Dice, dice:

—La otra noche, fuimos corriendo, y me ganó ella.

Dice:

—Papaíto, ¿y, y llegó, ustedes llegaron muy lejos?

Dice:

—No, hijo mío, no, muy lejos no. Llegamos hasta la estación.

Dice:

—Papaíto, ¿y después?

Dice:

—Después nos echamos la carrera para acá.

Dice:

—¿Llegaron ustedes muy lejos?

—Hasta su casa. Y cuando llegué yo

¡tenía la cama hecha!

JOSÉ PEREA LUQUE Marchena, 1991.

CATALOGACIÓN.

Thompson: X700.

LA RAPIDEZ DE LA MUJER.

La rapidez de la mujer de nuestro cuentecillo resulta, cuando menos, desconcertante, porque evidentemente, la ligereza en el andar o correr no es más que la portada de un doble sentido. Sin embargo, como nos apunta Chevalier (Tipos Cómicos y Folklore, p. 54), se tuvo a la mujer, al menos en el Siglo de Oro, entre otras cosas, como "amiga de andar". Nos lo prueba con algunas citas: Francisco de Espinosa (Refranero), Hernán Núñez (Refranes), Correas (Vocabulario), Sebastián de Horozco, nº 1689: "Son amigas las mujeres/ de andar contino trotando...". Y en la voz AYNA: [...] La mujer y la gallina por andar se pierden ayna" (p. 59a).

Véanse también Blasco de Garay (Cartas en Refranes, p. l64): "Y le decía que la mujer y la gallina por andar se pierde aína" y Milán (El Cortesano, p. 19); "...mostrando que las mujeres tenemos la ponzoña en la cabeza y en los pies, de mal parleras y muy andariegas".

Tal vez debamos acudir a la connotación erótica que las voces caminar o correr tuvieron, si debemos ceñirnos a la idea de Alzieu, Jammes y Lissorges, que así lo exponen en su Floresta de Poesías (en nota, p. 187) señalando algunas apariciones; véanse los siguientes fragmentos:

No te enojes, vida mía,
porque no puedo aguardarte,
que cuando mi gusto parte
va corriendo con porfía.

(no 98; p. 199)

Las mozuelas tiernas
se huelgan con él,
porque es como miel
cuajada en almendras;
y en medio las piernas
le hacen que corra
a la Catalinorra.

(no 89; p. 164)

Cuando mi gusto camina
lleva a Amor en su compañía.

(no 98)

También es de todos muy bien mandado
no come jamás, durmiendo con tino
y si su ama le mete en camino,
camina muy bien con mucho tino.

(no 52; p. 79)

Si es, hija, por bien cantar,
más han de ser estimadas
dos lágrimas bien lloradas
que todo su gorjear;
que mal puede caminar
quien jamás llegó a mesón
que tiene grandes las patas
y chiquito el espolón.

(no 97; p. 187)

Evidentemente, todo lo anterior hace referencia a un lenguaje figurado referente a la misma situación erótica y, posiblemente, nuestro cuentecillo arranque de esta concepción.

No queremos, por lo demás, introducirnos en las pruebas, típicas del cuento popular, que las princesas proponían a sus pretendientes para que estos lograsen su mano, consistentes, efectivamente. en desafíos de velocidad.

21

[YO CORRO MAS]

Que... pretendía a una muchacha. Y estaba en la calle principal del pueblo sirviendo la muchacha aquella. Entonces tenía que ir, pues casi al final del pueblo, y entonces él decía: —Pues ésa, tengo yo que —entonces corrían mucho las mujeres de miedo de los hombres, y decía—, pues ésa la tengo yo que, una noche, pasar.

Y ella decía:

—A mí no me pasa ése..., y puede hacer lo que quiera.

Y él ¡nada!, que se propuso que sí, que tenía que, que ponerse delante de ella.

Entonces, una noche, les dijo a los amigos:

—Esta noche no se escapa. Esta noche me pongo yo delante de ella.

Y iba por la calle, y ella cuando lo vio, ¡rfffo buuum!, salió corriendo, y él corriendo detrás de ella. ¡Y venga correr y venga correr, venga correr! Y cuando se puso ya cerca de ella, y ya vio que se ponía delante de ella, le dijo:

—¡Te he dicho que no te quiero! ¡Eres muy feo! Y le dijo:

—Yo no te quiero a tí tampoco, ¡pero que no le digas a la gente que tú corres más que yo!

AMPARO OJEDA El Palomar-Paradas, 1993.

CATALOGACION.Thompson: 1323.

COSTUMBRISMO.

Hemos visto, en el cuento anterior, la idea de la mujer corredora. Nuestro cuento refleja una realidad que ha existido hasta, prácticamente, hoy en día en Arahal, según nos informan personas que han cortejado de esta forma. Cuando un hombre pretendía a una mujer y se acercaba a ella, ésta salía corriendo y gesticulando, siendo perseguida por el cortejante.

La costumbre podría tener raíces antiquísimas. Max Müller (Mitología Comparada, p. 208) nos revela que la carrera tras la novia (para la que existe el término germánico brût-loufti, y relacionada con el rapto de las mujeres que luego iban a ser esposas [quâm-tang, del antiguo nórdico]), no sólo estaba reducida al área del pueblo ario, sino que se extendía por zonas muchísimo más amplias:

...no es verdad que la carrera tras la novia, reducida también a una forma puramente simbólica, no se encuentre más que en la raza aria. Entre las tribus salvajes de la península de Malaca, los novios son llevados hacia el círculo por uno de los viejos. La joven da primero la vuelta, y el joven la sigue a corta distancia. Si consigue alcanzarla y retenerla, la hace su mujer; si no, pierde todos sus derechos sobre ella.

22

[LA DESPEDIDA DE LA GITANA]

Era un gitano que... que se puso malo en la cama, y se cagaba todos los días. Y la mujer, la pobre, con tanta paciencia, lo cogía, lo lavaba, lo vestía de limpio ¡Cagado otra vez al otro día! Todos los días se cagaba. Y la gitana todos los días lo lavaba el culo. Y le ponía ropa limpia... ¡Se cagaba otra vez! Y la pobre, otra vez ¡a lavarlo! ¡Y vengan días y ollas, y venga a cagarse el gitano! ¡Hasta que se murió! Y, cuando se murió, pues la gitana lo lloraba mucho, lo lloró mucho al marido —porque los gitanos lloran mucho a los muertos. Y, cuando ya se lo llevaban, salió la gitana a la puerta, dice:

—¡Ay, hijo de mi alma!, ¡dejadme que le diga la última cosa! ¡Dejadme que le diga la última cosa!

—¡Bueno va, Manuela! —le decían los otros gitanos.

—¡Que no, dejadme que le diga la última cosa!

—¡Ea! ¡Pues díselo ya, hija! Manuela, díselo ya, lo que sea.

Y se puso los brazos en jarras y le dio dos guantadas y dice:

—¡¡¡Adiós cagón!!!

JUAN RAMIREZ ALVAREZ Arahal, 1994.

CATALOGACIÓN.

Thompson: T261, M402.1, X6OO.

VERSIONES AFINES.

Fraile (C... Madrileña, pp. 279-280): El Marido Jugador.

En otro cuento, la esposa asegura al marido que cuando muera bailará sobre su tumba; muerto el marido, cumple la promesa: Morote (Cultura Tradicional de Jumilla, pp. 139-140): El Matrimonio Tozudo.

En Alvarado (Cartas C., t. III, p. 262), aparece una anécdota con cierta similitud; la gitana, que ve a su marido colgado, exclama: "Quien ahí le puso, ahí le estás".

Véase también el refrán de Correas (Vocabulario..., p. 268): "Lo bien hecho bien parece y llevaba a su marido a la horca".

LOS CUENTOS HOSTILES.

La violencia contenida de esta gitana bien puede ilustrar la idea de Freud (Obras, III, p. 100) sobre los chistes hostiles; opina que la "hostilidad violenta, prohibida", se suple por la "inventiva verbal". Explica:

Dotados, en nuestra niñez, de enérgica disposición a la hostilidad, la cultura personal nos enseña, después, que es indigno el insulto. Nos permitirá emplear contra nuestro enemigo el arma del ridículo, a cuyo empleo directo se oponen obstáculos insuperables y por lo tanto, elude nuevamente determinadas limitaciones y abre fuentes de placer que habían devenido inaccesibles.

23

[EL GUADALQUIVIR ES UNA CHARCA]

Estaba todo el río Guadalquivir en Triana así, y dice, dice la gitana:

—Oiga, tanta gente, ¿qué es lo que pasa aquí? ¿Qué es lu que dan aquí? ¿Qué es lu que dan? ¿Aquí qué dan? ¿Pan, azúcar o arroz?

Dice:

—No, es que se ha caído un guardia al río.

Dice:

—¿Y qué ha pasado?

Dice:

—Que lo han sacado

—¿Lo han sacado vivo?

Dice: Sí.

Dice:

—¡Eso no es un río! ¡Eso es una mala charca!

GABRIEL BURGUILLOS BEJARANO Arahal, 1996.

24

[CAPITAN DE BARCO]

Esto es una, una gitana que se le murió el marido. Y... fue un día que llovía mucho, mucho estaba lloviendo, mucho. Y...

—Bueno, ¿qué hacemos?

Dice:

—¿Qué vamos a hacer? Pues, pues entonces llevaban los muertos, los llevaban en la caja de la mano. Los sacaban a la puerta, allí llegaba el cura, rezaba el responso y le cogían cuatro hombres, cada uno por un asa del ataúd, y le llevaban al cementerio; pero cuando lo sacaron a la puerta, apretó el chaparrón. Y...

—¡Venga, meterse para dentro, meterse para dentro, a ver si escampa, meterse para dentro!

Y dejaron al muerto en la puerta. Y, ¡venga llover! Y cada vez más, y cada vez más fuerte. Y la calle ya iba cogiendo agua. Y llovía torrencialmente y ninguno se determinaba, ninguno se determinaba a salir para meterlo para dentro.

—¡Déjalo, a ver si escampa!

Y ya empezó la caja a, a subir con el agua para arriba... ¡Y que se lo llevaba y que se lo llevaba y que se lo llevó! Y la gitana que estaba viendo que se iba, dice:

—¡Ayyy hijo de mi aaalma, con lo que le temías al agua que no te querías lavar y ahora...! ¡Capitan de un barco!

JUAN RAMIREZ ALVAREZ Arahal, 1994.

CATALOGACIÓN.

Thompson: X600

25

[VENGANZA EN EL BECERRO]

Está en un cerrado a buscar espárragos, va a un cerrado a buscar espárragos. Y mira y había una vaca parida. Y lo cogió la vaca por delante. ¡Y le pegó una paliza! Lo revolcó, le hizo ¡todo lo que quiso! Le quedó la cabeza, ¡pero gorda!, al muchacho que iba a buscar espárragos. Lo puso...Salió del cerrado y, y se metió debajo de las alambres, medio estrujado. Pero al otro día, cuando ya se puso un poco repuesto, que estaba el becerro por adentro de las alambres, ¡le pegó una paliza al becerro! Una paliza gorda le dio al becerro que tenía la vaca aquella. Y cuando ya la soltó, empezó el becerro: "¡Beee!.

Y le dijo:

—¡Ahora le dices a tu mae que el que le pegó la paliza que es el que le ha pegado a ti hoy! ¡Para que lo sepas!

AMPARO LOPEZ.OJEDA EL Palomar-Paradas, 1993.

CATALOGACIÓN.

Thompson: P242, Q402, Q458, J1860, W185.

VARIANTE ARABE.

García Figueras (C. de Yehá, p. 136), nº. 230: Los padres son responsables de la educación de sus hijos. En esta versión, por el contrario, el tonto golpea a la madre porque le ha molestado su becerro.

26

[TENDRE UN ELEFANTE]

Una vez dice que iban dos señoras en el tren. Se juntaron y dio la casualidad que eran amigas. Iban en el tren las dos. Y los hombres de entonces dice que llevaban, gastaban unos puros y unos sombreros muy grandes. Y dice que iban las dos hablando de los niños que tenían; era joven, y le decía:

—¿Tú cuántas niñas tienes?

—Yo dos, y casi otro.

Dice:

—Y ahora ¿qué quieres tener?

Dice:

—Pues ahora quería yo tener un niño, porque tengo niñas.

Y dice que la otra le dijo:

—¿Y tú?

—Yo —dice—, pues tengo cuatro y otro que voy a tener, pero ahora quería yo que fuera una niña. ¡Pues claro lo que tengo son niños!

Bueno, pues dice que siguieron en su conversación. Pero dice que el tío del puro tenía una barriga así de grande. ¡Y venga fumar! Y dice que le dijo una a la otra:

—Y éste, ¿qué irá a tener éste? —dice que dijo la otra.

Pero él, ya que siguieron con su conversación de sus niños, y que si esto, y que si aquello, y que si el mío se llama Fulanito, que el otro se llama Cetanito... Total, que así siguieron ellas su conversación. Y cuando llegaron a la estación adonde iban, se bajaron; y entonces les dijo:

—Señoras —dijo el tío—, señoras, usted que tenga un niño y usted que tenga una niña. Y yo voy a tener un elefante ya, porque me asoma la trompa.

AMPARO OJEDA El Palomar-Paradas, 1993.

CATALOGACIÓN.

Thompson: X700.

27

[PSSSS]

Subió uno en el tren, y se subió sin billete. Y dicen que iba en el tren, ¡y andar y andar y andar!, y decían:

—Chiquillo, ¡cómo te coja el revisor...!

Dice:

—Pues no ha llegado el revisor todavía.

Pero que llega el revisor a él. Llega el revisor a él, dijo:

—¡El billete!

Y le dijo:

—¡Pssss!

—Hombre, ¡que me dé usted el billete!

—¡Pssss!

Dice:

—Bueno. Y usted, ¿cómo se ha subido sin billete?

—¡Pssss!

—Pero bueno, pero vamos a ver. Eso, ¿eso qué es? ¿Es que usted se va a abusar de mí? Dice:

—¡Pssss!

—Bueno, mire usted que llamo a la pareja de escolta.

Dice:

—¡Pssss!

—Bueno. Pues ahí viene la pareja de escolta.

Y le dice:

—Vamos a ver. Usted, ¿cómo se ha subido sin billete?

—¡Psss!

—Pero usted, ¡qué! ¿Que no habla?

—¡Pssss!

—Usted, ¡qué! ¿Que se va burlar de nosotros?

—Pssss!

Y entonces viene el revisor y le dice a la guardia:

—¿Qué os ha dicho? Y el guardia:

—¡Pssss!

AMPARO LOPEZ OJEDA El Palomar-Paradas, 1993.

CATALOGACION.

Thompson: K1887.1

28

[EL INGRATO]

Un galllego muy serio, y la mujer lo aborreció: no quería al gallego

-¡A mi me tienes que traer un Andaluz!

—Pues ahora lo vas a escoger tú. ¡Venga! ¡Formad el regimiento!

Le formaron todo el regimiento. Formaron todo el regimiento. Y llega a un chiquillo, dice:

—¡Usted! ¡Salte un paso para adelante! Ustedes vais a ser asistentes con mi mujer, y aquel que está ahí bizquillo.

Bueno, sale con el bizquillo. Le dio a una moza con unos treinta años, muy apañada, le dio a la moza por él. Tan canijito que estaba, le dio a la mujer, lo puso gordo. Y cuando lo puso gordo, el tío... ¡buuu!, ¡era un venado! Y, y despachó a la moza; despachó a la moza. Y dice el coronel:

—¿No te da vergüenza? Esa mujer ha criado a mis hijos. Lleva ya treinta años en la casa ¡y ahora la he tenido yo que despachar! ¿Y ahora no te conformas con la moza que también mi mujer? ¡Y ahora el pobrecito de tu coronel no le das ni un besito siquiera!

JOSÉ Ma MONTES CORTES Marchena, 1991.

CATALOGACIÓN.

Thompson: T463, X700, T400, T/481, T463.

ARGUMENTOS AFINES.

No conocemos ninguna versión igual. El texto alude a la capacidad sexual del jovencito y a los deseos oscuros del coronel.

Sobre el primer asunto, hallamos semejanzas con Arguijo (Cuentos, nº 578). Un negro hace concebir a una viuda protegida de un rico clérigo de Toledo, por lo que es expulsado. Estando al servicio de un rico de Illescas, engendra en la hija del amo: es enviado a galeras.

Respecto al segundo aspecto, no es única la ocasión en que el hombre curtido, presumiblemente duro por su oficio, se enamora de un jovencito. Véase, por ejemplo, el libro I de Efesíacas. Habrocones y Antia se casan. En su viaje son atacados por los piratas. Corimbos, uno de los asaltantes, se enamora del joven.


29

[¡QUE GATAZO!]

Y otro que dice que iba, que iba por la calle, y llevaba un gato muerto en la mano. Y había unos novios a la puerta, dice:

—Esta noche, a todos los novios que vea a la puerta les voy a pegar; al que yo vea, al que me parezca, le voy a pegar un gatazo esta noche.

Llevaban el gato por la calle, iban de cachondeo por todas las calle del pueblo; pero ya se encontraron por la calle a unos novios a los que él tenía un poquito de odio, y entonces pilló, y siguieron —¡un tío fuerte el que llevaba el gato!—, y cuando le pareció, pues dijo: —A aquéllos, a aquéllos les vamos a tirar el gato.

Le decían los otros: —No le tires el gato, que ése tiene malas pulgas.

—Yo se lo voy a tirar. No voy, me voy a entender; pero a ése le tiro yo el gato.

—Chiquillo, no le tires el gato a ése; mira que vamos a tener cosas esta noche.

—Déjalo que las tenga; a ése le tiro yo el gato.

Total, que se propuso tirar el gato. Y llevaba el gato, hizo: ¡bom!: le tiró un gatazo.

Y salió corriendo detrás de ellos el novio. ¡Venga a correr detrás de ellos! Y cuando los alcanzó, les dijo:

—¿Quién tiró el gato? Y le dijo:

—Yo. ¿Qué es lo que pasa? —le dijo uno muy fuerte que iba.

Y le dijo:

—¡Chiquillo! ¡Qué gatazo me diste!

AMPARO LOPEZ OJEDA El Palomar-Paradas, 1993.

CATALOGACION.

Cf. Hansen, 1419**K.

Thompson: W121.J2631.

MUDAR LA INTENCION.

Existen algunas anécdotas literarias sobre el que debe desdecirse de sus alardes cuando la cosa se complica.

Sobre los portugueses, entre los castellanos, recayó fama de poco valerosos. De ellos corrieron algunas anécdotas de bravuconadas excusadas, aunque sosteniendo el orgullo. Así en el Sermón de Aljubarrota (en Paz y Meliá, Sales, "Esc. Cast.", n° 80, p. 146), el portugués es amenazado por el paje al que ha ofendido, y que desenvaina la espada; entonces replica: "Ten vos la, que eu nao vos farei tanta merced e honra como he mataros". En el mismo Sermón (p. 163), dos portugueses dejan las armas y pelean a dentelladas para no hacerse mayor daño.

En los Epitafios y Dichos Portugueses (Siglo XVIII.-B. del Duque de Osuna) [en Sales, "Esc. Cast." 80, p. 397), riñendo dos portugueses, uno le pide amistad al otro, que dice: "La vida, eu se la otorgo, que nao lhe queiro fazer tanta merced como he matarlo; mais decepamento de membro, ixo nao".

Obsérvense algunas aproximaciones:

Santa Cruz (Floresta):

—"Decía uno, voto á tal que quien me derribó estos dientes que me faltan, que cayó á mis pies. Preguntándole quién era? Respondió: Un guijarro" (I, IX, II, V; p. 346).

—Un labrador gimotea porque se le ha muerto el burro, mientras repite. "Bien sé yo lo que tengo de hacer". Compadecidos le dan cinco ducados y le preguntan qué habría hecho de no recibir los ducados: "Por Dios, señor, vender el albarda" (I, V, IV, IV; pp. 200—201).

Arguijo (Cuentos):

—El corregidor le dice a un caballero que dormirá esa noche en la cárcel, pero éste replica que no lo hará. Llevado a la cárcel el corregidor advierte que se ha salido con la suya, pero el caballero replica. "—Pues ¿no puedo yo estar despierto?" (528; p. 213).

—Le pide a un portugués que quite su caballo de junto al suyo: "Juro á Dios que me coma yo á vos y á vuestro caballo. —Replicóle el portugués: "Voto á Dios de no ficar en cas de ome tan goloso"".

Garibay (Cuentos, BAE, 176, p. 220b; en Paz, Sales..., p. 59) repite una versión de Santa Cruz: "Decía uno: —Voto a tal, que el que me derribó estos dientes, que cayó a mis pies. Preguntándole quién era, respondió; —Un guijarro".

Alarcón, en Los Pechos Privilegiados, 2, 12 (puede leerse en Jiménez Hurtado, Cuentos Españoles..., p. 139), también nos descubre a otro personaje miedoso:

CUARESMA.

Sacó la espada un valiente
contra un gallina, y huyendo
el cobarde, iba diciendo:
«Hombre, que me has muerto, tente".

Asensio (Floresta):

—Dos están enemistados. Uno va a matar al otro, que está "executando la necesidad del cuerpo"; pero el desafiante promete no agredir hasta que el otro no termine de satisfacer sus necesidades corporales. Éstas no acaban nunca: "Héisme cogido tan de repente, que se me ha estreñido el vientre" (III, II, IV, IV).

—Los mismos prometen, ante testigos, no hostigarse más, pero no tardan las discordias y, cuando de nuevo el más agresivo abofetea al otro, el cobarde exclama: "Séanme testigos, de que aunque me de bofetadas, no hago la más mínima defensa, por no faltar a mi palabra" (III, II, IV, V).

—El que recibe una bofetada le dice al audaz: Señor mío, Vd lo ha hecho todo de una vez, y tan bien excusado, que no me deja que hacer (III, VI, VIII, I).

Castelar (Nueva Floresta, p. 21): El Valor. Se jacta de valiente, pero ante la adversidad huye y contesta cuando le preguntan que dónde tiene el valor: "En las piernas".

Nogués (Cuentos, dichas, anécdotas y modismos aragoneses) [11881] [puede leerse en Cuentos de Aragón, p. 17]): "Un aragonés colosal dio sin querer un fuerte pisotón a un caballero, y al oír que este se quejaba, en lugar de pedir perdón, le dijo:

—¡Si supiera usted qué dolorcico es ese!»

EN LA CULTURA ARABE.

Cuentos de Yehá (287, p. 172): Dadme mi morral o sabéis lo que tendré que hacer. Recuerda la anécdota de Santa Cruz. Yehá pierde su morral, y tanto increpa con las palabras del título, que al fin se lo traen. Le preguntan qué es lo tiue habría hecho de no hallarlo: "-Tengo en mi casa una estera vieja y de ella me hubiera hedió otro".

Fanjuí (Lit. Pop. Arabe, pp. 253-255). Fragmento de Los Dos Ladrones. La pareja, que recuerda el cuento de los que no querían cerrar la puerta, recibe una vez más la visita de los ladrones. La mujer judía avisa al marido de que hay ladrones. Cuando los ladrones terminan de llevarse todos los utensilios de la casa, ante la pasividad de la pareja, son seguidos por el judío. La esposa queda rebosando esperanzas de un sonado ajuste de cuentas por parte del marido. Cuando vuelve, le pregunta cómo le ha ido, él informa: "-Bien, bien. Tranquilízate, mujer; le eché el mal de ojo y en estos momentos quién sabe si estará vivo o muerto".

Villaverde Goncer (Cuento Arabe del Zoco, en Cuentos del Marruecos Español, pp. 137-144). Le preguntan qué hubiera hecho de no devolverle el caballo, responde que lo mismo que había hecho su padre: "Como no tenía ni otro caballo ni dinero para comprarlo, tuvo que pasar por el triste trance de volverse a pie a su casa"

TIRAR GATO.

Tirar gato muerto como broma u ofensa no era una acción tan original; La Revista de El Correo (Sevilla, 27 de noviembre de 1998), recordaba una anécdota ocurrida cien años atrás, según la cual, un joven era detenido "por arrojar un gato muerto a S.E. el Alcalde de Sevilla, Sr. Heraso, en plena calle de la Feria"2