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Noticias acerca de la creación del Cargo de Sereno en el "Viaje de España" de Antonio Ponz Piquer (1725-1792)

PICO PASCUAL, Miguel Ángel

Publicado en el año 2002 en la Revista de Folklore número 262.

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Los 18 volúmenes publicados entre 1772 y 1794 que describen el viaje que Antonio Ponz realizara por nuestro país por real orden constituyen una fuente de información privilegiada para conocer muchas facetas de la España de finales del siglo XVIII. A través de la forma epistolar, el ilustrado valenciano describe con sutilidad el paisaje y las riquezas monumentales de los lugares que atraviesa. Las referencias al folklore que encontramos en su obra son más bien escasas, dado que para el autor estas manifestaciones carecían de interés. De las muestras del canto del pueblo valenciano simplemente manifestará en una de sus cartas:

“no hi ha raco a on no resonen cantars i unes atres mostres d’alegria en els treballadors” (1).

A lo largo de esta aportación me detendré en analizar los comentarios relativos a la zona de Valencia, que se hallan fundamentalmente en el tomo cuarto de la obra. De entre ellos, a parte de las escuetas alusiones a campanas que tendremos ocasión de ver más adelante, el más llamativo es la que atañe al cuerpo de vigilantes nocturnos, que fue creado en Valencia en 1750 por Joaquín Manuel Fos, y que Ponz describe en el punto 49 de la Carta IX del siguiente modo:

“L’ofici de coeters es trobava en el seu esplendor, ya que la gent es inclinada a festa i alegria; pero quedà suprimit anys passats, com en lo restant d’Espanya. A tants pobres que l’eixercitaven se’ls trobà en acabant una manera de viure, molt profitos i gens gravos al public, per mig de l’ingeni d’en Joaquim Fos, qui en aquell instant eixercia d’alcalde de barri, convertint esta necessitat en un nou ram de Policia, que per pareixer-me important per a qualsevol ciutat populosa li ho referixc a voste. Se’ls propongue que havien de rondar pels carrers, des de les onze de la nit hasda les cinc del mati. Dividida la ciutat en quatre quarters, s’assignaren quatre quadrilles a cada quarter. Se’ls armà d’una especie d’alabarda, proveint-los de fanalets. La seua funcio es chillar de quan en quan l’hora que es i l’orage que fa: si es d’aire, o pluja, o sere; i com est es, regularment, qui domina sobre els atres, la veu que mes freqüent es sent es <>, i es la que ad estos homens els ha donat el nom de <>. No son estes les ventages majors que en ells es conseguixen, perque impedixen, patrullant tota la nit, el que es cometen furts, entre mil coses mes que es cobrixen en la foscor. Si entropecen en algun desorde que per ells no poden posar remei, a l’instant avisen a la Justicia. A qualsevol part a on els criden acodixen; i en quasevol necessitat repentina son d’un prontissim socorriment. Avisen quan per descuit s’han quedat obertes en les cases portes o finestres; velen sobre els incendis; li donen llum a qui la demana; porten cartes al correu; criden al mege o a la comadrona, al confessor o ad atres, com en tantes ocasions passa en aquelles hores; i a la veu de <> tot lo mon obri, ya que els veïns els estimen, havent conegut l'utilitat que es trau d'estes guardies nocturnes, que destinen lo dia o part d'ell per al repos. La seua remuneracio no n’es atra sino lo que els vol donar cada veï al final de la semana” (2).

La descripción por parte del viajero ilustrado es en todo momento entusiasta, dado la enorme utilidad que encontraba en este cuerpo de vigilantes encargados de rondar las calles desde las once hasta las cinco de la madrugada, de velar por la seguridad de los vecinos, de anunciar la hora y la climatología, e incluso de despertar a aquellos que lo solicitaran de antemano. La ciudad de Valencia fue el primer municipio del país que contó con la prestación de este tipo de servicios, su aparición se hizo posible por el paro forzoso a que se vieron sometidos los pirotécnicos al ser prohibida su industria por el gobierno carlotercerista y por la puesta en práctica de la ley sobre la división de las ciudades en barrios. Su remuneración fue costeada a lo largo del tiempo por las aportaciones voluntarias de los vecinos.

Su atuendo era pobre, tal y como nos revelan las fuentes iconográficas de la época. Entre éstas destacaremos la que aparece en una estampa impresa en Barcelona por Joseph Rubió a principios del siglo XIX, que contiene principalmente vendedores que pululaban por la ciudad. En el cuadro número ocho se halla representado el sereno, con su típica capucha, su lanza y su linterna, acompañado al pie de estampa de la estructura protomelódica que interpretaba. En esta ocasión el texto recogido es el siguiente: “Las once han dado”. En la lámina 24 de la Colección general de los trajes que en la actualidad se usan en España (Madrid, 1801), integrada por 112 grabados en los que se representa individualmente los trajes regionales y de algunos tipos populares, encontramos otra costumbrista representación del sereno, apareciendo también ataviado con la especie de alabarda a la que se refiere Ponz y con la linterna. En esta ocasión, debajo del grabado aparece escrito: “¿Qué vaya por la comadre?”.

Las estructuras arquetípicas de recitación simples que interpretaban en sus recorridos debieron estar marcadas en la ciudad de Valencia por el empleo del intervalo de tercera, según demuestran las exiguas muestras recogidas el siglo pasado. En estas estructuras protomelódicas distinguimos tres bloques perfectamente contrastados: la invocación, que en esta región es siempre mariana (Ave María Purísima), la información horaria, y finalmente la climatología (sereno, nublado, lloviendo).

Los datos que aporta Ponz en su obra referente a campanas son a su vez también escasos, limitándose en la mayor parte de las veces simplemente a mencionarlas: en el punto 12 de la carta II del tomo cuarto destaca la magnitud de las campanas de la torre de El Micalet (3) y en el punto 9 de la carta V del mismo volumen hace alusión a las campanas del convento de Predicadores de la ciudad de Valencia (4). La referencia más extensa acerca de este tema la encontramos en el punto 16 de la carta VI, en ella, al hablar de la torre de la iglesia de Santa Catalina, se muestra partidario de la construcción de campanarios de dimensiones mucho más reducidas:

“Quína necessitat hi ha de posar les campanes en aquella alçada, abandonant-les al poder de chicons, per a atarantar, la majoria de voltes sense necessitat al veïnat?… Les campanes no es menester que estiguen tan altes per a sentir-les ni que siguen tan grans…En lo que costa una torre es podria fer un bon temple o una altra construccio mes util i bonica” (5).

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NOTAS

(1).- PONZ, A.: Viage de Valencia, Edición en valenciano a cargo de Miquel Castellano Arolas, Valencia, 1999, tomo IV, carta IX, punto 39, pg, 193.

(2).- Idem, tomo IV, carta IX, punto 49, pp. 195-196.

(3).- Idem, pg. 83.

(4).- Idem, pg. 118.

(5).- Idem, pg. 137. A continuación ofrecemos otras referencias musicales relativas a la comunidad valenciana que encontramos en su obra: en el punto 9 de la carta X del tomo tercero menciona el Miserere que se canta los viernes por la mañana en el Colegio Corpus Christi de Valencia (Idem, pg. 55); en el punto 32 de la carta II del cuarto volumen alude a los órganos de la Catedral de Valencia, que considera de primera magnitud (Idem, pg. 90); en el punto 8 de la carta VI del citado tomo señala que las miniaturas de ciertos libros de coro que contempló en el convento de padres franciscanos, y que Palomino atribuía a Nicolás Factor, no debieron ser efectuadas por dicho pintor (Idem, pg. 134); en los puntos 4 de la carta III y 12 de la VI del tomo cuarto, y 42 de la carta V del tomo decimotercero, describe respectivamente pinturas con representaciones musicales que halló en la bóveda de la iglesia de los Santos Juanes de Valencia, en el convento de los padres capuchinos de Valencia, donde contempló un S. Francisco de Ribalta, y finalmente en la iglesia de Benicasin, donde pudo ver un San Francisco de José Camarón (Idem, pp. 96,136 y 217).