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LOS MITOS TRANSFIGURADOS

HERRERO, Fernando

Publicado en el año 2003 en la Revista de Folklore número 265.

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Carmen, basta su nombre, es, más que un personaje, un icono. Norma (basada en la Medea de Eurípides) un mito. ¿Qué decir de Don Giovanni, el Don Juan más representado en el mundo desde la ópera de Lorenzo Daponte y Mozart? Creíamos haber encontrado sus significaciones correctas. Carmen. Mujer fatal que lleva a la perdición a Don José, militar navarro e ingenuo, la sacerdotisa Norma, se autocastiga por la traición a su Dios y se precipita en las llamas como terrible expiación. Don Giovanni es condenado al infierno y sus víctimas se complacen al decir en el último concertante-epílogo de la ópera que "el infractor ha sido castigado". Todo muy correcto y casi casi institucionalizado en el acervo popular y transmitido de generación en generación.

Los tres personajes citados dan nombre a tres óperas de Bizet, Bellini y Mozart consideradas unánimemente obras maestras. Se han representado estos días en el Teatro Real y en el Liceo de Barcelona, reposición del montaje de Emilio Sagi de la obra de Bizet, puestas en escena nuevas de Francisco Negrin (así hay que considerarla desde el magnífico espacio barcelonés) y Calixto Bieito, que, en todos los casos, permiten una nueva visión de los mitos desde la absoluta contemporaneidad) desde los sucesos que ocurren día a día en las propias noticias de los medios de comunicación.

En "Carmen"(l) Sagi ha optado por no obviar la visión folklórica de la ópera, eso sí, desde cierta verosimilitud imagénica, que se moderniza de forma irregular (a veces brillante, a veces caprichosa) en los figurines de Jesús del Pozo. No por ello pierde de vista la tragedia, el dúo final en soledad frente al abigarramiento anterior, y sobre todo acierta en el personaje principal, esa gitana libre, contrapunto del resto, mucho más predecibles, incluso el del machista militar verdadero ejemplo del varón que no puede soportar que la mujer sea la que escoja su futuro.

Quizás la elección de Denise Graves, bella cantante negra, haya dado el toque definitivo para que el personaje, vaya más allá de su tópica significación. Magnífica actriz, de arrolladora presencia tiene, no obstante un componente de fragilidad latente en toda la obra y que al final es expresado con patetismo emocionante. Carmen -no olvidemos- pertenece a una raza despreciada, la gitana, asume su otredad social y acepta en cierta forma su muerte injusta como algo inevitable. No cede a las brutales presiones de José, verdadero espécimen del agresor grosero, a su violencia insensata y se convierte en su víctima. Nunca le engañó, ni le prometió nada y siempre, desde la primera Habanera se definió en sus impulsos amorosos. Carmen es víctima de lo que se llama hoy violencia de género. La sociedad del presente nos transforma un icono dañino en una mujer herida e inerme, tanto por su raza, como por su elección de la libertad, en aquella época proscrita.

II

"Norma"(2) bellísima ópera romántica que exige voces de primerísima calidad y capacidad de resistencia, en esta puesta en escena de Francisco Negrin, marca otras cuestiones esenciales. La colonización romana del pueblo druida. El fundamentalismo de éste, su fanática religiosidad, su rechazo del amor y no digamos del sexo. Curiosamente la Suma Sacerdotisa, Norma, tendrá relaciones con Pollione procónsul romano que le ha dado dos hijos que oculta celosamente. Otra de las Vírgenes destinada al altar caerá igualmente enamorada del romano y accederá a seguirle cuando abandone la Galia. Algo no funciona entre los druidas. Su sometimiento a un régimen de vida austero y fanático les hace irreductibles y crueles. ¿No trae esta situación ecos dolorosos del presente? La intolerancia violenta sólo ocasiona sangre, odio, muerte. Una ópera romántica nos lo muestra, a través de un montaje a la vez sobrio y solemne que crea espacios diversificados con grandes muros de piedra que encierran el drama privado y la tensión colectiva. Dos grandes cantantes. Ana Maria Sánchez y Dolora Zajcik asumen a fondo sus papeles, creando desde la voz la tensión escénica, bien acompañadas por 0'Neill, Scandiuzz y el coro y la orquesta del Liceo dirigidos con energía y sensibilidad por Danielle Callegari. Aunque en el bel cantismo, la melodía fuerza los puntos esenciales de la representación, los aspectos dramatúrgicos no fueron solamente rutina. Desde la tradición, en una estética de líneas rectas, depurada en la luz y los objetos, los conflictos existentes se pusieron de manifiesto. No existió ruptura, pero tampoco una mera ilustración de la ópera. Hacer visibles los aspectos bélicos y la doble opresión (militar y religiosa) de romanos y druidas fue un acierto importante que aproximó "Norma" a un contexto más cercano.

III

Lo subversivo llegó con "Don Giovanni" (3) en la mirada audaz y rompedora de Calixto Bieito. Telón alzado. Focos como faroles en el triángulo de la escena. Oscuridad que rompe un viejo Mercedes que avanza. Doña Ana magrea a Giovanni. Sucede la muerte del padre, sórdida como todo el espectáculo. Época actual. Barcelona, la noche en los lugares más cutres y degradados. Una larga y sucia barra de bar. Una mesa de billar. Un sofá. Vestuario del presente, nada elegante, hortera que se irá degradando a medida que la acción avanza. Una dramaturgia coherente para unas imágenes que en ningún momento buscan la estética externa. Las cervezas, las coca colas mojan a los personajes que se arrojan crips y patatas fritas en el suelo resbaloso, infecto. La última noche del libertino no tendrá la menor grandeza.

El Burlador está contemplado por Bieito como un personaje destructivo, bebedor, mujeriego, drogadicto. Los demás no están mejor tratados, Leporello que le admira aun detestándolo. Doña Ana caprichosa y lasciva. Doña Elvira obsesionada por Giovanni de forma totalmente irracional. Octavio un simple apéndice de Ana que más bien le desprecia. El hallazgo fundamental de Bieito es la pareja Masetto-Zerlina, que celebran su boda, entre el jolgorio de los amigos. La chica, de blanco que se ira ensuciando de sangre, cerveza y vino, está dispuesta a dejarse seducir sin ningún tipo de remordimiento ni aprensión. Masetto no la perdonará. Representan desde la visión nihilista y destructora del director catalán, el pueblo estéril, vacío y mendaz. Un círculo infernal hará la noche de Giovanni más lóbrega y sin solución. No hay Dios tampoco y la muerte del libertino la realizarán todos los demás, precisamente en el concertante que cierra la obra. Incluso Elvira es obligada físicamente a asestarle la última puñalada, en ese camino sin retorno hacia la nada.

Pueden discutirse las opciones elegidas. Ante "Don Giovanni" una de las obras más misteriosas de la historia del teatro caben todas las posturas. Los más grandes directores de escena (Strehier, Ronconi, Bondy, Chereau, Changoff, Wagner y tantos otros) se han enfrentado con esta opera magistral, desde diversas concepciones estéticas. La de Calixto Bieitio, en cierta forma siguiendo la línea del montaje de Peter Sellars, va todavía más allá. No sólo sus sombrías imágenes (la luz matizadísima es también protagonista) o su utilización de los objetos, sino también la interpretación global del mito suponen un desafío, todo lo discutible que se quiera, pero en ningún caso gratuito o simplemente provocador.

Otra de las virtudes de este montaje es la interpretación. Unos buenos cantantes son asimismo excelentes actores, que entran a fondo en la concepción de la puesta en escena que les obliga a una dinámica gestual incesante, haciéndoles cantar en las más diversas situaciones y posturas. La coherencia dramática es asimismo coherencia musical y Bertrand de Billy ha dirigido a todos en la vía marcada por Bieito, Ambos se han complementado muy bien, y la música y el drama mozartianos (no exentos de lo "giocoso" que lo titula) han llegado con nitidez al espectador. Su madurez, incluso desde el rechazo, ha sido una prueba positiva de apertura y respeto a versiones "cultural" y "políticamente" incorrectas.

IV

Nos encontramos pues en una época contradictoria, en la que la ópera intenta atraer a un público más numeroso y variado que el elitista del antaño, a través de diversas opciones estéticas, lo que el género lírico hace mucho más fácil. De "Norma" "Carmen" o "Don Giovanni" se realizan muchos montajes en el mundo, algunos accesibles desde el video, lo que permite estudiar las alternativas escénicas y musicales con sus aciertos y sus carencias. La ópera es así un espectáculo vivo y mutante, no sometido exclusivamente al servicio de los divos (que siguen siendo importantes), que origina polémicas sin cuento entre cantantes, directores de orquesta, directores de escena, aficionados y público en general. Sus representaciones son acogidas generalmente con bravos y aplausos, pero también con abucheos y rechazos, tanto en los estrenos de obras nuevas, como en los montajes de los grandes clásicos.

Una de las razones de esta situación, procede indudablemente del mito. No sólo en las óperas citadas en este artículo, sino en la mayoría de ellas se les da nueva lectura, a veces en el límite de lo absurdo, que lo ratifica, lo recompone o lo niega. Lo esencial es comprobar que la realidad inmediata configura estas visiones, a veces antitéticas. Si de considerar a Carmen el espécimen de la mujer fatal, se pasa a contemplarla como una víctima de su raza, su condición de mujer y su ruptura de lo políticamente correcto, la puesta en escena, el canto se modifican en la expresión y cada intérprete asumirá este vector dramático. Así podríamos multiplicar los ejemplos, prueba de la permanencia de los mitos o personajes emblemáticos, unidos a la tradición popular o cultura, a partir de su incesante posibilidad de transformación. La actualidad se une, pues, al arte, interpretando obras del pasado desde módulos del presente. Se echan en falta esas obras que nazcan del hoy mismo y que nos muestren los vericuetos de la codicia, el deseo de poder, la violencia, el amor y la muerte con calidad y profundidad. Si una buena película como "Los lunes al sol" es alabada hasta la saciedad porque trata un tanto unilateralmente, el problema del paro, ¿Qué ocurriría con óperas, obras dramáticas o filmes que partan de lo absoluto? Mientras no se resuelve esta asignatura pendiente, bienvenidas sean esas "Norma" "Carmen" "Don Giovanni" "Electra" "Tanhauser" que nos muestra una parte muy importante del subconsciente colectivo, aunque sea expresado por las voces y música, en el artificio artístico que suponen.

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NOTAS

1. "Carmen" libreto de Mailhac y Halevy, música de Georges Bizet. Dirección musical: Alain Lombard. Dirección escénica, Emilio Sagi. Intérpretes: Denyce Gaves, Serge Larin, Jorge Lagunes. Teatro Real.

2. "Norma" libreto de Romani. Música de Vicenzo Bellini. Dirección musical: Danielle Callegari. Dirección escénica: Francisco Negrín. Intérpretes; Ana María Sánchez, Dolores Zajick, Dannis 0'Neill, Roberto Scandiuzzi. Teatro del Liceo de Barcelona.

3. "Don Giovanni" libro de Lorenzo Da Ponte. Música de Wolfgang Amadeus Mozart. Dirección musical: Bertrand de Billy. Dirección escénica: Calixto Bieito. Intérpretes: Wottex Drahowicz, Kwanchval Youn, Anatoli Kotcherga, Regina Schorn, Veronique Gens, Felipe Bon, Marisa Martins. Teatro del Liceo de Barcelona.