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UN PASODOBLE ESPAÑOL DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX

PICO PASCUAL, Miguel Ángel

Publicado en el año 2003 en la Revista de Folklore número 270.

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Las exiguas investigaciones acerca de este género tan despreciado por parte de los actuales estudios musicológicos atribuían la composición de los primeros pasodobles a la segunda mitad del siglo XIX, cuando en realidad, sin ningún lugar a dudas, su antigüedad es algo superior, ya que sus orígenes hay que buscarlos en los inicios del citado siglo, un período en el que surgen las primitivas agrupaciones musicales militares de viento, constituidas en algunos casos por cinco o seis miembros, embrión de las futuras bandas de música (1).

El repertorio que interpretaban este tipo de formaciones nos es desconocido hasta la fecha, ya que no ha llegado prácticamente nada a nuestros días. Estoy convencido de que prospecciones en los inventarios de la época facilitarán mucha información a este respecto, al menos para hacernos una ligera idea del tipo de composiciones que ejecutaban.

A través de esta pequeña aportación presentamos el pasodoble más antiguo del que tenemos noticias y que se ha conservado hasta la fecha. Fue publicado en Madrid en 1826 dentro de una colección de piezas para piano compiladas por el profesor armonista D. José Sobejano Ayala (1791- 1857), y que llevaban por título El Adam Español o Lecciones Metódico-progresivas de Fortepiano. Su inclusión en la lección 81 (pag. 77) de un álbum de piano no deja de ser curiosa, ya que este género debió ser originario del tipo de agrupaciones musicales a las que hacíamos referencia. La popularidad que debió adquirir en su época llevaría al compilador a incluirlo entre toda una serie de piezas de estilo propias de aquella época romántica. Si bien por el momento podemos decir más bien muy pocas cosas acerca de los primeros pasodobles, ya que no se han conservado o esperan ser rescatados del olvido, todo parece indicar que el carácter y la estructura de las primeras muestras de esta forma debieron ser completamente distintos de conforme se presentarían con el correr del tiempo. En un principio, llama la atención al contemplar esta partitura de Nadal, su clasicismo, su brevedad y la ausencia de las características propias del género, si bien se vislumbran ciertos aires marciales que serán desarrollados y potenciados con posterioridad por otros compositores.

Con respecto al autor he podido averiguar muy poco al contar tan sólo con la referencia del primer apellido, muy corriente en aquél período. Podría tratarse de Jaime Nadal Acero (1793- 1848), si bien también pudo ser obra de cualquier otro músico de rango militar o no. Por el momento es completamente imposible identificarlo.

Este género adquiriría rápidamente un uso privilegiado dentro de las fiestas de moros y cristianos del levante español. El primer pasodoble festero conocido hasta la fecha es El Moro Guerrero, que fue compuesto por el contestano Manuel Antonio Ramón Ferrando Gonzales (1841- 1908) durante la segunda mitad de la década de los años sesenta del siglo XIX (2). Los primeros pasodobles empleados en el acompañamiento de las comparsas a principios del siglo XIX serían de una factura distinta al mencionado y suponemos que sería muy próxima al compuesto por Nadal, siendo en todo momento pensados para formaciones instrumentales muy restringidas, de entre siete a nueve miembros, y muy posiblemente ligados a bandas militares, cuyo repertorio sería de uso común en las primitivas fiestas. Unos documentos visuales de capital importancia para conocer la constitución de estas primitivas formaciones musicales son los músicos barceloneses que aparecen grabados en una ”Relación de la entrada de los Reyes en la ciudad de Barcelona” impresa por la viuda de Agustín Roca en 1828 y los que aparecen en un grabado de Buenaventura Planella alusivo a la real máscara con que celebró Barcelona la visita de Fernando VII y María Amalia de Sajonia ese mismo año, y que se conserva en la Biblioteca Nacional. En este último caso hallamos representados siete músicos que abren el cortejo tocando un oficleido, un trombón, un par de clarinetes, un sombrero chino, unos címbalos, y un bombo. En la primera representación hallamos sólo seis: una trompa, una trompeta, un trombón, dos clarines y un sombrero chino.

En el pasodoble de Nadal, escrito en Mi Mayor con una indicación de tempo de Allegreto, se distinguen tres secciones claramente contrastadas: la primera en Mi Mayor, la segunda en La Mayor y finalmente, la tercera en Do sostenido Mayor, siendo las dos últimas las que más se acercan al carácter propio que adquiriría el género posteriormente. La estructura, al repetirse algunas secciones, quedaría así: A B C B´ A´ y Coda.

La primera parte consta de dos períodos de ocho compases cada uno que se repiten. En el primero hallamos el primer elemento que inflexiona al final del cuarto compás a Si Mayor. Los cuatro compases siguientes, en los que se regresa a la tonalidad principal, no son más que una variación ornamentada de la idea expuesta anteriormente. En el segundo período aparece en los cuatro primeros compases un elemento melódico nuevo en la tonalidad de Si Mayor, mientras que en los cuatro compases siguientes se presenta la idea anteriormente expuesta al final del primer período.

La segunda sección, completamente marcial, consta de un período de ocho compases, en el que se distinguen dos elementos nuevos, el primero en los cuatro primeros compases, en los que se inflexiona al final de los mismos a Do sostenido Mayor, y el segundo en los cuatro compases siguientes, donde se reafirma de nuevo la tonalidad principal de esta sección, La Mayor. Esta parte, según se expresa en la partitura, debe ser repetida.

La tercera sección, enérgica y vigorosa, al igual que la anterior, queda constituida por un elemento nuevo en Do sostenido Mayor, caracterizado por los tresillos de semicorcheas y unos ritmos punteados de semicorcheas y fusas, que es expuesto a lo largo de un período de ocho compases, que es enlazado con la parte segunda de la pieza, que es escrita de nuevo en la misma tonalidad, La Mayor, y con sus dos elementos melódicos (c y d). Ambas secciones son repetidas juntamente. El pasodoble concluye con la reexposición de la primera sección, a la que sigue una coda de cuatro compases que reafirma la tonalidad principal, Mi Mayor.

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NOTAS

(1) Las únicas investigaciones dedicadas al pasodoble se las debemos a SANZ DE PEBRE, M.: El Pasodoble español, Madrid, 1961, a CANTY, D. R.: A Study of the Pasodobles of Pascual Marquina, Ann Arbor, 1980, y a SOBRINO SÁNCHEZ, R.: Paso doble, en Diccionario de la música española e hispanoamericana, Madrid, 2001, pp. 502-504.

(2) PICÓ PASCUAL, M.A.: El Moro Guerrero, CD, 2003; La música en las solemnes fiestas celebradas en Benilloba en septiembre de 1747 según la relación escrita por el doctor Ginés Mira (1727-1798). Reflexiones acerca de la música en las fiestas de moros y cristianos durante el siglo XVIII. Inédito.