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LOS CUENTOS BREVES DE TRADICION ORAL

CILLAN CILLAN, Francisco

Publicado en el año 2003 en la Revista de Folklore número 270.

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El pasado mes de febrero falleció el escritor centroamericano, Augusto Monterroso, maestro del relato corto. D. Felipe de Borbón, al entregarle el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en octubre de 2000, subrayó que en él se premiaba "el cuento como género del que él es, en lengua española uno de sus más egregios representantes. Realidad y fantasía, sátira y humor, concisión y agudeza, son las principales características de su obra" (ABC, 9-2-03). Hay otros cuentos breves de tradición oral que han cumplido una función importante en el desarrollo del ser humano dentro de nuestra cultura occidental, que hoy han muerto o están a punto de desaparecer. Los emite el adulto para entretener a los más pequeños, aunque también los contaban los niños en sus ratos de ocio para pasar la velada. Comienzan a recitarse, generalmente, cuando el infante abandona la etapa prelocutiva y entra en la locutiva; entonces los juegos de ejercicios fisicos o sensoriomotrices relacionados con el progenitor dan paso a los simbólicos o de ficción. Bravo-Villasante escribe:

"Para entretenerse, el niño tiene en su folklore muchas burlas, cuentos breves de nunca acabar, que se repiten indefinidamente, y que unas veces hacen reír y otras llorar a los muy ingenuos, junto con las disparatadas mentiras y patrañas, producto de una fantasía juguetona y alegremente creadora" (Bravo-Villasante, 1985: 8).

Ignasi Vila ("Adquisición del lenguaje") considera que los inicios de la comunicación se relacionan con los orígenes de la vida social, y que la simbiosis afectiva que se establece entre el bebé y sus cuidadores proporciona el desarrollo de la conciencia. Desde muy temprana edad el crío diversifica sus juegos y los objetos entran a formar parte de las actividades sociales entre ambos interlocutores (Vila, 1990: 90). La adquisición del lenguaje lleva al infante a la emisión de palabras, lo que significa relacionar un objeto y un concepto; y así adquirirá conciencia de sí mismo y del mundo que le rodea. La emisión y transmisión de los cuentos supone la existencia de un lenguaje común entre el emisor y el receptor. En estos primeros años de la vida infantil el emisor es el adulto, posteriormente puede ser el mismo niño quien relate los hechos a sus compañeros. Los "cuentecillos" populares de esta etapa son breves, sencillos, realistas, carecen de desarrollo anecdótico, y describen una imagen o un episodio que a veces se identifica con la vida real del infante. La edad en que se dan se extiende entre los dos y cuatro años principalmente, antes del desarrollo del cuento de fantasía o del cuento propiamente dicho. El crío tiene por entonces una capacidad conceptual muy limitada que impone a este tipo de relatos las condiciones de concreción y de conexión lógica en todos los niveles: causal, temporal, espacial, narrativo, temático. Pues no olvidemos que sólo puede asimilar lo que cabe dentro de su experiencia. Las aserciones falsas que se dan en algunos de ellos resultan posibles si están bien comprendidas por ambos interlocutores. Garvey señala:

"Afirmar lo que no es, no ha sido, o probablemente no será, no puede servir como base para el juego social más que cuando ambos participantes se dan cuenta que la orientación es lúdica. Si no se da esta condición, una afirmación falsa será interpretada como un engaño o un error, pero no como un juego" (Garvey: 118).

La etapa de la edad infantil en la cual el niño muestra interés por los "cuentos" que aquí pretendemos estudiar es de tránsito, pues va desde el egocentrismo hacia una adaptación de su "ego" al mundo. El bebé es un ser presocial cuyo lenguaje es una prolongación del prelingüismo; pasa por una época realista. Bortolussi considera que en esa edad "el niño no distingue además entre la palabra, el concepto y la cosa, y cree que el nombre es la esencia misma del objeto, de manera que un objeto no existe antes de tener nombre" (Bortolussi: 92). El infante es, por lo tanto, egocéntrico, realista y se dirige hacia el animismo. Pensará entonces que cuanto acontece es consecuencia de fuerzas maravillosas. Estará preparado para recibir cuentos más largos donde pervive un mundo de fantasías y donde los objetos adquieren vida propia y están dotados de voluntad.

Muchos de los relatos que aquí incluimos adoptan, generalmente, forma de poema, y se expresan en verso con rimas consonantes o asonantes perfectamente definidas, que se repiten a intervalos breves y de este modo impresionan al oído. Pertenecen, en consecuencia, al mundo de la lírica, aunque poseen elementos de diégesis. Se diferencian de la prosa porque se percibe en ellos un orden rítmico y sonoro que es propio del verso. La sonoridad conseguida por la rima, o la distribución de acentos, o el uso de palabras sonoras se convierte en ocasiones en vehículo de expresión. W. Kayser afirma que "la sonoridad y el ritmo como vehículos favoritos de la expresión hacen que palidezcan un poco los significados, sobre todo porque están siempre en estrecha ligazón con todo el verso" (Kayser: 341). En la prosa los significados representan un papel más importante que en este tipo de versos.

Para realizar el estudio he seleccionado los cuentos recogidos en una localidad extremeña, Puerto de Santa Cruz, situada al sur de la provincia de Cáceres, junto a la autovía Nacional V. Sin pretensiones de que sea localista, hemos realizado trabajos comparativos para establecer su extensión. Los métodos de la Crítica Literaria nos han permitido ahondar en su significado y en una mejor comprensión. Los motivos que se desarrollan en estos cuentecillos son muy simples: hay una acción mínima, se presenta a un personaje o sencillamente se inicia un diálogo donde se requiere por respuesta una afirmación o negación. Se contaban, principalmente, para conseguir uno de estos tres objetivos: a) despertar la curiosidad del infante, b) burlar el extremado interés que muestra en algunas ocasiones, o c) ejercitar su memoria.

- Un primer grupo estaría formado por aquellos que tradicionalmente se conocen como "cuentos breves", que desarrollan una acción completa con principio y fin. El emisor intenta despertar la curiosidad del niño, brevemente por la edad del receptor. Sólo hemos localizado dos poemas de estas características en Puerto de Santa Cruz. El primero está muy difundido en Extremadura.

Esto era una zorrita
que iba por un "centenal",
se clavó una pajita
en el culo e hizo ¡gua!, ¡gua!

El comienzo sigue uno de los el clichés de apertura de los cuentos tradicionales, con el uso de la fórmula distanciadora "Esto era...", que limita la veracidad de la narración. La afectividad viene dada por los diminutivos "zorrita" y "pajita". Se trata de un "cuentecillo" puesto en forma de poema, porque la sonoridad es otro elemento que atrae la atención del crío. Contiene versos heterométricos con rima altema: consonante grave (-ita) en los impares y asonante aguda en los pares (-a), conseguida de forma fácil con la onomatopeya del sonido de la zorra. Los elementos mencionados pertenecen al mundo campesino: "zorrita", "pajita", "centenal" (localismo producido por el cambio final de "l" por "r"). Sánchez Rodrigo localiza en Serradilla (Cáceres) otra estrofa semejante, con inicio diferente, pero está presentada de forma distinta (Sánchez Rodrigo: 54). José Manuel Pedrosa ("Canciones y romances de Navaconcejo del Valle (Cáceres): repertorio profano") ofrece otro poemilla, recogido en dicha localidad, con comienzo y variaciones léxicas y rítmicas más importantes, aunque el motivo se repite. Advierte que lo cuentan los niños en corro:

Una zorrita iba
por un centenar;
alzó la pata y dijo:
-Mear, mear.

(Pedrosa: 126)

Como hemos podido comprobar, aquí se pone de manifiesto más claramente la prosopopeya, que con frecuencia se da en las fábulas o en el cuento maravilloso ("y dijo: mear, mear"). A veces el animal cambia, aunque la acción es parecida.

Iba una cabrita
por una pared,
se jincó una pajita en el c...
y dijo ¡beee.!

(S. Rod.: 54)

En otras ocasiones el protagonista es el pastor.

Era un pastor
con una pata jinchá
y se le dejinchó
y ahora falta lo mejor.

(S. Rod.: 54) –

-El segundo poemilla que hemos localizado en nuestra villa extremeña relata hechos ficticios con designaciones genéricas de personajes humanos próximos al niño.

Esto era un padre
que tenía tres hijas
y las metió en una botija
y las tapó con pez,
y las echó el río abajo y al carajo.

Mantiene la forma de arranque ya indicada, común en los cuentos folklóricos, y el polisíndeton en / y /, que da continuidad a la acción; sin embargo el poemilla se hace aún más narrativo, pues sólo tiene algunos pareados en consonante que le dan sonoridad. Juan Cervera afirma que el folklore y lo imaginario coinciden en un mismo terreno: la ficción; y ésta por muy disparatada que sea es una necesidad profunda del crío.

"El hecho de que el folclore ofrezca estereotipos pasados que no están al alcance del niño no hace más que incitarlo con otras realidades distintas de las que vive, contempla, goza y tal vez sufre. El hecho de que lo imaginario le proponga otras realidades futuras o que le puedan sobrevenir a él o a cualquier objeto o personaje cotidianos es una incitación a la ensoñación. Cualquiera de los dos procedimientos sirve para ampliar sus horizontes y superar el ensimismamiento. Esta dialéctica entre lo real y lo imaginario, en la que tempranamente se inicia el niño, es uno de los caminos más eficaces para despertar su espíritu crítico y para ayudarlo a distinguir la realidad de la ficción" (Cervera: 70).

Rodríguez Marín muestra varios de estos cuentecillos. El número tres se repite con frecuencia en ellos y casi siempre las hijas sufren alguna desgracia. La mayor parte de las veces ejecuta la acción el padre, el rey, o algún personaje con autoridad sobre ellas, lo que pone de manifiesto el convencionalismo de atribuir a lo masculino el poder, y el desprecio por el sexo femenino propio de una época en la que la preponderancia varonil era muy fuerte.

Este era un padre
Que tenía tres hijas;
Las vistió de colorao
y las puso 'n er tejao.

(R.Ma.: 66)

Este era un zapatero
que tenía tres hijas.
Las tiró al tejao,
Y cuento acabao.

(R. Ma.: 65)

Si los afectados son varones, el ejecutor de la acción recibe el rechazo general o al menos la descalificación, aunque sea el propio progenitor.

Este era un padre
Que tenía tres hijos
Y los metió en un canuto.
¡Mira qué bruto!

(R. Ma.: 64)

Ante la presencia del rey como ejecutor de la acción no se emiten juicios(1). Rodríguez Marín presenta otro sin indicar procedencia cuyo tema se repite.

Esto era un rey
Que tenía tres hijas;
Las metió en una banasta
Y con esto basta.

(R. Ma.: 67)

Este tipo de consejas está muy extendido por toda España, con el carácter acentuado en algunas de ellas. Carmen Bravo-Villasante (Antología de la literatura infantil espanola, 3) ofrece varias, sin indicar procedencia, algunas tan breves que solo se limitan a presentar al personaje con un pareado.

Éste era el cuento del soldado.
Este cuento ya está acabado.

(B.V.: 91)

En ocasiones el personaje principal puede ser un ratón, como sucede en éste en el que la acción también es mínima: Un ratoncito iba por un arado, y este cuento ya se ha acabado.

(B.V.: 90) En la comarca de Tuy (Cataluña) uno de estos relatos también se limita a la comparecencia de los personajes, pero se alarga al hacer doble presentación invirtiendo el orden: Unha vez era un cesto y un frade E titiridalle e titiridalle, Outra vez era un frade i-un cesto I-o meu conto acobouse con esto.

(Fernández Costas: 49) Rodríguez Marín afirma que "hay gran abundancia de cuentecillos análogos" a éstos en Sicilia, y él recoge varios de Pitré (Canti populari siciliani, II, 32); valga como ejemplo: 'Na vota si cunta, Ca cc' era un varveri.

Veni dumani E ti lu cuntu arreri.

'Na vota s'arricunta: Cascavaddu cu la junta.

(R. Ma., nota 47: 518-519) - Un segundo grupo estaría formado por los que popularmente se denominan "cuentos de nuca acabar".

Incluimos dentro de éstos aquellos relatos que unos consideran que sirven para entretener o distraer a los niños (Rodríguez Marín, notas 45, 46 y 47:518), y otros, poniendo más énfasis sobre lo burlesco, como hace Sánchez Rodrigo, afirman que se destinan a frenar la insistencia de los críos pidiendo cuentos: "para deshacerse de ellos aburriéndolos con frases o diálogos sin sentido, que con apariencia de cuentos, sólo consiguen desconcertar la débil inteligencia de los niños en vez de dirigirla ayudándola con frases y ejemplos siempre claros y educadores" (Sánchez Rodrigo: 53).

Este apartado de poemas narrativos es el más numeroso de los localizados en nuestra localidad extremeña. Podemos clasificarlos atendiendo al protagonista. Así unos, con contenidos mínimos incipientemente narrativos, presentan personajes ficticios que poseen nombres y apellidos rimbombantes, tales como: "Cháchara Muza", "Cuchillito Barrilí", "Juan Pimiento"... El antropónimo atrae la atención del niño y no se necesita otra acción.

-¿Quieres que te cuente el cuento de la Cháchara Muza, que cada uno le cuenta como le gusta? Garvey afirma que la diversión del crío en poner nombre falso a las cosas es factible cuando el interlocutor es su madre -nosotros agregamos que al menos debe ser una persona cercana a él, con quien establece una buena relación-; por el contrario con adultos desconocidos se muestra menos seguro acerca de la intervención humorística y no sabe cómo responder (Garvey: 117).

Este tipo de cuento se suele iniciar con una pregunta a la que necesariamente debe responder el interlocutor con el adverbio de afirmación o de negación, y así surge la chanza. La respuesta positiva o negativa es lo de menos para que el diálogo siga en forma de juego, siempre con la misma interpelación, se prolonga hasta que el infante comprende el engaño o se cansa. La sonoridad procede de la denominación del protagonista.

-¿ Quieres que te cuente el cuento del Cuchillito Barrilí? -Yo no te digo que digas ni que sí, ni que no, sólo te digo que si ¿quieres… En Nuevo Méjico el nomenclátor es muy semejante: "cochinito barrilí", "Juan Chililí" y el desarrollo del juego es el mismo.

-¿Quieres que te cuente el cuento de Juan Chililí? -Sí.

-No digo que digas que sí. Te digo que si quieres que ...

(A.E.: 90) — 207 — La brevedad de estas narraciones se expresa incluso en el enunciado: "¿Quieres que te cuente el cuento de la buena pipa que nunca se acaba y ya se acabó? (Se repite)" (F. F.: 210).

A veces los versos comportan connotaciones religiosas, al incorporar el nombre de "Nuestro Señor", y quedan impregnados de un carácter mágico, sin que pierda la consabida fórmula que incita a la repetición.

¿Quieres que te cuente un cuento? -Sí.

-No se dice que sí, se dice que no, que son las cartas azules de Nuestro Señor.

(S. Rod.: 54) Si la respuesta es "no" el proceso que se sigue es el mismo. Rodríguez Marín presenta uno de Véneto (Italia) con características muy semejantes a éstos.

La storia de sior Intento, Che dura molto tempo Che mai no se destriga: Vole' che ve la diga? (R. Ma., nota 47:519) En otros casos se agrega un hecho intrascendente al nombre, que puede ser hasta jocoso, como sucede en éste, localizado en nuestra población extremeña, que a continuación transcribimos: ¿Quieres que te cuente el cuento de Juan Pimiento que hizo un hoyo y se cagó dentro? Son frecuentes en estos poemillas el uso de términos escatólogicos y coprográficos prohibidos por las costumbres sociales, que los niños aceptan con naturalidad y de forma jocosa. Otras veces el nombre del personaje cambia, la acción se repite pero se agregan consecuencias adversas.

María Sarmiento que fue a c...

y se la llevó el viento.

(B.V.: 91) El nombre de Juan Pimiento también aparece en Serradilla (Cáceres), pero la acción varía.

Has de sabel y has de entendel, que este es el cuento de Juan Pimiento que nunca se empieza y ya se acabó.

(S. Rod.: 54) El apellido en ocasiones se modifica al presentar al protagonista de forma más chusca, aunque el desarrollo del relato es el mismo.

Este es el cuento de Juan Perazules, con las bragas azules y el c... al revés -¿Quieres que te le cuente otra vez?.

(S. Rod.: 53) Otras veces se buscan dos palabras sonoras que llaman la atención del niño, como sucede en Apellániz (Álava), para iniciar la narración. La grafía del verso incluso desaparece en la transcripción.

- ¿Quieres que te cuente el cuento de la pipa y pon? - Sí.

- Yo no te digo ni que sí ni que no, sino que si quieres que te cuente el cuento de la pipa y pon.

— 208 — Y así siguen hasta aburrirse. (L. G.:150) En la comarca de Tuy el protagonista es un hombre simplemente que realiza una acción mínima: Unha vez era un home que iba po-l-o monte, ¿quieres que cho conte? (Fernández Costas: 649) Otros contienen personajes cercanos al mundo del niño: "padre", "zapatero", "pastor", "rey".

Esto era un rey Que tenía tres hijas, las metió en una botija y las tapó con pez.

-¿Quieres que te le cuente otra vez? Algunos incluso favorecen claramente la identificación del crío con el protagonista del relato, "muchachino", como sucede con éste recogido en el Puerto.

Esto era un muchachino que tenía un "chalequino colorao" y se lo puso al revés.

-¿Quieres que te lo cuente otra vez?.

El uso de diminutivo "-ino", de antigua procedencia leonesa, ("chalequino", "muchachino") denota su origen extremeño. En ocasiones los protagonistas son animales: gato, gallo, pavo, cochinito, cabrita. Hemos incluido un ejemplo en el "corpus" general de nuestro estudio.

Éste era un gato, que tenía los pies de trapo y la barriguita al revés (de papel).

-¿Quieres que te lo cuente otra vez?.

Bravo-Villasante recoge otro con el mismo protagonista, sin indicar procedencia, pero cambia la presentación y la forma: ¿Quieres que te cuente un cuento? - Si - No diga que sí, di que no, porque mi abuela tenía un gato con las orejas de trapo y el hocico del revés.

¿Quieres que te le cuente otra vez? (B. V., 3: 91) El chivito es el protagonista principal en una versión que incluye la revista El folklore frexnense, donde desaparece la grafia del verso: "Era una vez y vez una cabrita que tenía un chivito con los ojitos de ver y el culito de lamer.

¿Quieres que te lo cuente otra vez? (Se repite)" (F. F.:210).

Rodríguez Marín toma de Pichardo (Diccionario provincial, art. gallo) un cuentecillo de Cuba donde el protagonista es el Gallo-pelado. Lo transcribimos tal y como él lo hace, sin tomar la forma versificada.

"¿Quieres que te cuente el cuento del Gallopelado? ..." o bien: "Este era un Gallo-pelado que tiene los pie de trapo y la cabeza al revés ¿quieres que te lo cuente otra vez?. El niño responde que "Sí". Yo no digo que digas sí, sino que si quieres que te cuente el cuento del Gallopelado" (Rodríguez Marín, notas 45 - 46 y 47: 518).

Bravo-Villasante presenta al "Gallo Pelado" realizando una acción. Sabemos que lo recoge en España, aunque no indica lugar: Te cuento el cuento del Gallo Pelado que al saltar la tapia se quedó enredado.

(B. V.: 90) — 209 — En Cataluña el gato recibe diferentes calificativos dependiendo del número de oyentes, siempre en función de la rima ("barolo / para ti solo", "marqués / para tres", "maragato / para cuatro", "pinto / para cinco"), con el esquema siguiente: Unha vez era un gato marqués E votou un p... para tres.

(Fernández Costas: 649) El Bachiller de Osuna toma de Leite de Vasconcellos (Rimas infantís portuguezas, nº. 36 al nº. 63) una rima portuguesa donde una gata es la protagonista.

lo so' 'na fàola De la gatta guáola De la circuita...

Volede ché ve la diga? (R. Ma., notas 45-46 y 47: 518) - Hay otras narraciones breves que se conocen popularmente como "Cuentos de acción indefinida", donde el lirismo cada vez es menor y se aproximan más a la prosa, hasta el punto de que pierden la forma versificada. No hemos localizado ninguna en nuestra villa extremeña, pero nos consta que las hubo y en más de una ocasión las hemos escuchado, por eso hacemos aquí mención de ellas. Su uso es muy antiguo y son varios los autores que las recogen en formas diferentes. Sánchez Rodrigo localiza uno en Serradilla (Cáceres) donde los protagonistas son patos que impiden el paso por el río a dos personas, con el tratamiento popular de "tío/a" para acercarlos al mundo del crío.

"Has de sabel y has de entendel: Que era un río y le iban a pasar en una barca tío Juan y tía María, pero no podían porque venían el río abajo muchos patos andando por encima del agua, estuvieron esperando mucho tiempo pero no dejaban de pasar patos, pasar patos, pasar patos..." (Sánchez Rodrigo: 55).

Si el niño pide que continúe porque el narrador se calla, se le responde que están pasando patos y hasta que no dejen de pasar no puede atravesar el río la pareja citada. Así hasta que el infante se aburre y busca otro entretenimiento. Rodríguez Marín toma otro de la tradición oral, sin indicar procedencia, y advierte que es la madre quien lo cuenta al hijo pequeño. En este caso es un pavero que conducía su recova por un puente: "Y pasar pavos, y pasar pavos... y así interminablemente, so pretexto de que los pavos eran muchos y no acaban de pasar." (Rodríguez Marín, nota 47: 518-519).

Los escritores clásicos también incluyen estos relatos en sus obras. Cervantes (Don Quijote de la Mancha I, 20) presenta el del pastor López Ruiz que tiene que pasar las trescientas cabras de su rebaño por el río Guadiana en Extremadura; solo localiza una barca de pesca donde cabe el pescador y una cabra; de esta manera va pasando una tras otra. La narración termina con el trasiego de ir y venir porque don Quijote no llevaba cuenta con el número exacto de animales trasladados. Avellaneda (Quijote, Cap. 21) hace pasar gansos y es el rey y la reina quienes los dirigen por un estrecho puente a través del río Manzanares. La antigüedad, universalidad y semejanza de estas consejas queda demostrada. En los primeros son los niños los ingenuos, mientras que para Cervantes es don Quijote y para Avellaneda, el canónigo.

Los cuentos de tradición oral que los progenitores narran a sus hijos, aunque quizás ya por poco tiempo, son composiciones breves con una acción mínima, donde aparece un personaje o se realiza un diálogo en que se exige una respuesta afirmativa o negativa. El adulto con estos cuentecillos pone a prueba la atención y la imaginación del crío, o frena la excesiva curiosidad, mientras que con otros la despierta. A Monterroso puede que se le recuerde como el autor del cuento más breve del mundo: "cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". Ana María Matute dijo con motivo del fallecimiento de este escritor que con él "el relato corto y el dinosaurio han muerto" (ABC, 9-2-03).

Hay otros cuentos, como hemos visto, que puede que se requiera menor ingenio e imaginación para su formulación y comprensión, pero que sin duda han cumplido una función social importante. Espero que con este estudio no queden totalmente en el olvido.

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NOTAS: (1) López Guereñu recoge uno en Corriente (Álava) prácticamente idéntico (L. G.:150).