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RECEPCION Y APROPIACION DEL FOLKLORE EN UN CONTEXTO LOCAL: CIPRIANA ALVAREZ DURAN EN LLERENA (BADAJOZ)(1)

MENA CABEZAS, Ignacio R.

Publicado en el año 2003 en la Revista de Folklore número 271.

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El origen y evolución del movimiento folklorista en España y en las diversas Comunidades Autónomas cuenta ya con numerosos estudios y análisis comparativos. No ocurre lo mismo con los ensayos que enfaticen la perspectiva de la recepción, asimilación y conformación que las diferentes poblaciones y grupos sociales locales hicieron de las propuestas folkloristas decimonónicas. En las páginas que siguen trataremos de ofrecer el panorama cultural y social de una localidad extremeña con fuertes lazos con Andalucía: Llerena, para mostrar las contradicciones y logros de los procesos de apropiación social y local del Folklore.

De todos es sabido que a mediados del siglo XIX se extiende por toda Europa el interés por el conocimiento y conservación de las tradiciones populares. La literatura, los rituales, creencias, artesanías y saberes populares se convierten en objeto de estudio específico de las ciencias sociales en un proceso paralelo y generalizado de industrialización, urbanización y modernización de las sociedades europeas. Las transformaciones y cambios socio-económicos eran tan evidentes que llevaron a los intelectuales y científicos a tomar conciencia de una doble alteridad: por un lado, las culturas primitivas y exóticas que el colonialismo desvelaba, y por otro, las pervivencias y resistencias de las formas populares tradicionales en la vieja Europa. De este modo surgía la Antropología Social y el Folklore (2).

Movimientos tan aparentemente heterogéneos como el evolucionismo, el positivismo, el nacionalismo y el romanticismo sirvieron de marco ideológico para estas nuevas ciencias. En España el Krausismo, el liberalismo y los ideales masónicos completarán un panorama cultural en franco conflicto con el conservadurismo y catolicismo reinantes. Las polémicas filosóficas, ideológicas y políticas entre ambos frentes se explicitaban en las publicaciones periódicas de aquellos años. Las disputas entre razón y fe, progreso y tradición, evolucionismo y fixismo, se tiñeron de planteamientos políticos y alcanzaron también localidades como Llerena (3).

En España el movimiento folklorista tuvo en Antonio Machado y Álvarez su figura estelar. A partir de él y su círculo sevillano se extienden Sociedades de Folk-lore por las diferentes regiones con mayor o menor éxito. El movimiento folklorista redescubre y reinventa el concepto de pueblo, sin connotaciones marxistas y con un intento de sistematización y rigor científico en torno a los saberes y tradiciones populares. Los círculos intelectuales burgueses mitifican al pueblo con la nostalgia de la arcadia rural, natural, sencilla y auténtica. El pueblo lo componían “aquellos sectores, clases o grupos sociales no incorporados a la Modernidad, o lo que es lo mismo, no integrados a la sociedad industrial, ni elevados a los niveles de los conocimientos de las Ciencias.(...) Es la teoría de la evolución la que entonces recuperaba el saber popular como superstición, como supervivencia” (Velasco, H. 1988:27).

Pero el proyecto folklorista decimonónico partía de una contradicción fundamental. Un claro agente y exponente de la ciencia y de la modernidad que trataba de recuperar la cultura popular. En el fondo la paradoja consistía en que las tradiciones populares se recuperaban en la medida que se alentaban cambios sociales que tendían a suprimirlas. De ahí que los resultados fueran la negación-invención de lo popular. Por otra parte, no podemos pensar en lo popular al margen del proceso de constitución de las masas como hecho político. Una cultura hegemónica y reflejo ideológico de las clases dominantes sólo podía reconocer las culturas subalternas a costa de disolver sus componentes de diversidad, heterodoxia, complejidad y amenaza del orden. El pueblo quedaba encerrado en una estrategia de control ideológico, político y económico: su alusión abstracta desvela su exclusión concreta, es decir, un dispositivo que legitimaba las diferencias sociales y, en esos momentos ya, regionales. La invocación reiterada romántica y folklórica del pueblo justificaba el poder de la burguesía en la medida que el ideal articulaba la censura real de la cultura popular como in-culta. Por supuesto, hubo y hay excepciones.

Pese a ello, las culturas populares muestran siempre su resistencia al mostrar espacios de creatividad, actividad y producción oral, artesanal o ritual en coexistencia y separación del mundo cultural urbano, secularizado e ilustrado. El empeño de conservar y catalogar la actividad popular tradicional produce siempre el efecto contrario, su secuestro y negación, ya sea vía mercantilización o vía trivialización. La supuesta autonomía, originalidad y autenticidad de lo tradicional y popular oculta el proceso histórico de formación de los popular y de las diferencias sociales y culturales: la exclusión, la dependencia, el mimetismo, etc, (Martín Barbero, 1993: 15-21). De este modo, lo popular queda sin sentido histórico y lo rescatado acaba siendo una cultura cosificada, que ya no puede mirar más que al pasado, como cultura-patrimonio o museo. Lejos quedaban los conceptos actuales de cultura como motor endógeno del desarrollo sostenible.

Si comparamos lo que escribían los folkloristas de hace un siglo con lo que algunos folkloristas dicen ahora descubriríamos, dice Díaz G. Viana (1999:7 y ss.), lo poco que han cambiado los discursos. A la necesidad de salvar o conservar lo popular se añade la insistencia en la autenticidad y pureza de la recopilación o restauración como una dimensión de la defensa de la identidad colectiva. A este folklore se le confiere una capacidad moralizante frente a todo lo ajeno y moderno. En el fondo no le interesa el estudio de la cultura popular sino una parte concreta de esa cultura fácilmente instrumentalizable. Se olvida que el folklore es no sólo formas tradicionales sino un conjunto cultural vivo y funcional, dinámico y complejo, compuesto de elementos que desvelan las cicatrices de la historia, sus conflictos, logros y desventuras. Pero también de elementos recientes que hacen del conjunto de la cultura popular una síntesis anónima creativa y viva, capaz de evolucionar o cambiar.

El interés por lo popular nacía justificando un movimiento paralelo del capitalismo y de los Estados- Nación modernos que exigía la desaparición de las esferas tradicionales no integradas. La antropología también se inició como disciplina racionalizando y legitimando el colonialismo. El Folklore busca recopilar y estudiar la Tradición Oral para hacerla Historia. He aquí su recompensa y su fracaso. El pueblo se cosifica e instrumentaliza, se aisla y desaparece. Al tratar de fijar su actividad se cercena lo vivo (García Calvo, 1983). La Historia busca reificar y definir al pueblo, pero éste es anónimo, carece de espacio y de tiempo cronológico, tampoco puede contarse por eso es ajeno a los individuos concretos, por eso es anónimo y surge del común de las gentes.

En Extremadura el movimiento folklorista experimentó un dinamismo y creatividad singular. Ya en 1881 se funda la Sociedad del Folklore de Burguillos de manos de Matías Ramón Martínez. A ella le siguen el Folklore Frexnense (Romero y Espinosa), que se convertirá en el órgano difusor regional (4), y entre 1882 y 1884 dieciocho localidades extremeñas, (Marcos Arévalo, 1987:XX). Precisamente Llerena fue uno de los últimos centros sumados a toda esta efervescencia por el Folklore y donde la madre de Machado, Cipriana Álvarez, jugó un papel crucial.

Cuando Cipriana Álvarez recala en Llerena la ciudad arrastraba una decadencia iniciada a mediados del siglo XVII, y salvo ciertos intentos reformadores e ilustrados, lejos quedaba la mitificada época de esplendor de los siglos XV-XVI. En el último tercio del siglo XIX Llerena parece despertar de la modorra y peso de su propia Historia. El punto de inflexión es, al mismo tiempo, un eslabón más de la decadencia y el inicio de una etapa renovadora. La definitiva supresión del Priorato de San Marcos de León de la Orden de Santiago en 1874 provocó el conocido “Cisma de Llerena” orquestado por el Teniente-Gobernador: Francisco Maesso (Manzano Garías, A. 1960). Lo representativo es aquí el carácter singular y popular que adquirió el suceso, catalizando una forma crítica de conciencia histórica y ciudadana respecto al pasado, el presente y el futuro de la ciudad. Significativo es también que el hecho provocara una coyuntural alianza entre los elementos tradicionalistas y conservadores con los republicanos-liberales locales. No vamos aquí a entrar a analizar el Cisma porque se aleja de los objetivos de este trabajo pero si hemos querido mencionarlo porque refleja la complejidad de los procesos históricos y nos servía de referente alegórico del final y comienzo de una nueva era de la Historia Local.

Tras la revolución de 1868 y la I República se articuló en Llerena cierta clase media burguesa de rentistas, abogados, funcionarios, profesionales y técnicos que dieron lugar a una minoritaria pero activa élite local. La mayoría de ellos evolucionaron desde tendencias progresistas y republicanas, al hilo de la Restauración Borbónica y del propio liberalismo español, a formas regeneracionistas más o menos conservadoras frente al empuje de los movimientos obreros. Este grupo minoritario alentó el progreso, la educación, la literatura, las artes y el conocimiento de la Historia Local. Se trataba de un ambiente evolucionista y positivista de fe en el progreso y las ciencias, al mismo tiempo que el romanticismo miraba con nostalgia el pasado y lo propio. Por aquel entonces uno tras otro los lienzos y puertas de las murallas de la ciudad se derriban buscando abrirse a algo que no acabará de venir de fuera y que olvidará lo mejor de dentro. De repente, esta élite local, como otras por aquel entonces en otros puntos de España, descubre al “pueblo” de Llerena. Observan, registran y publican el “saber popular” de oscuros labradores y jornaleros, de mujeres hortelanas o escardadoras, de niños harapientos de los arrabales de las Ollerías, San Francisco, San Pedro y Tejeiro, como pasó con Cipriana Alvarez y Hernández de Soto, que por aquel entonces recopilaba materiales en Llerena para sus Juegos Infantiles de Extremadura (1884) o Publio Hurtado, que anotaba referencias locales para sus Supersticiones Extremeñas (1902). Derribadas las murallas los arrabales, huertas, molinos y cortijadas aparecen más cercanos. El pueblo muestra su anónima fisionomía en las primeras fotografías locales. Campesinos y cientos de jornaleros son el contrapunto de esa élite culta y literaria. Las transformaciones que se producen en el siglo XIX son vistas con una mezcla de recelo y esperanza pero ahí estaba el “pueblo” , el “saber popular” como una construcción de la diferencia, como imagen del propio poder y posición, objeto de didáctica paternalista, de higienismo y salud pública, manantial de lo tradicional y lo auténtico.

Por estos años la actividad socio-económica y cultural en Llerena trae consigo un peculiar esplendor de publicaciones periódicas, testigo de la incipiente y pujante burguesía local y literaria (Pulido & Nogales, 1989): El Tío Juan , La Corneja en 1871, El Cencerro (1871- 81), El Sur de Extremadura (1879-1881), El Tío Conejo (1881), El Látigo (1882-83), La Solución (1884), El Independiente (1884), El Domingo (1890-92), La Lealtad (1893), El Bético-Extremeño (1893-95), La Semana Llerenense (1897) o El Curioso Extremeño (1905-07). Y como personajes destacados: escritores, directores, impresores o redactores: Francisco Capilla (La Corneja); José Amaya, Manuel Henao (El Tío Juan); Pelayo Henao, Gazúl de Uclés (El sur de Extremadura); Felipe Muriel (La Solución, El Látigo); Francisco Monroy (La Lealtad); Pablo Grandizo, Soledad Martín Ortiz de la Tabla, Rufo Moreno y Alberni (El Curioso Extremeño); Emilio Martín (El Bético-Extremeño); César del Cañizo, Monroy, y Gazul en (La Semana Llerenense). A ellos hay que unir algunos de los nombres de la aristocracia agraria latifundista local, políticos y profesionales liberales. De forma paralela se suceden las logias masónicas, muchos de los personajes anteriores formarán parte de estos pequeños grupos influyentes con apenas una o dos docenas de miembros como: “Unión y Beneficiencia”. 1880-83.“Fraternidad”. 1880-83. “ Humildad, nº 275”. 1884-1886. Y “Regiana, nº 364” en 1885-1887. (López Casimiro, 1992).

Ni que decir tiene que la masonería constituyó por sus ideales y recursos el elemento catalizador y mediador en el desarrollo de las Sociedades del Folklore en Andalucía y Extremadura. También en Llerena debió ocurrir algo parecido cuando Cipriana Álvarez contactó a través de su hermano (registrador), su hermana Mª Luisa y su cuñado (abogado en Llerena) con el círculo masón de Felipe Muriel en su empeño por abrir la Sociedad local de Folklore o Folklore Regianense (cuyo nombre como vemos también coincide con la logia local de Felipe Muriel y Gallardo) el 22 de Abril de 1885. Pero lo curioso es que dicha fundación coincide con una clara decadencia ya tanto de las Sociedades de Folklore como de la masonería en la provincia de Badajoz. Estas son las amargas palabras del venerable masón Solís Panadero de la Logia Regiana y secretario del Tribunal de Llerena en aquellos años describiendo la situación: “En esta población indiferente de suyo a toda idea política y religiosa, merced también a influencias clericales dependientes de la tradición inquisitorial que este país tiene, hacen que la mayoría nos tenga en poco valor, un desconocer por esto que a causa de una sorda intestina y hábil combinada guerra de algunos ocultos jesuitas, se trate de quebrar en nuestro campo la desconfianza, las rencillas y hasta la separación de familias... Además el secreto de los trabajos impone hoy a ciertas creencias tímidas y timoratas aún de aquellos hombres conocidamente de ideas liberales, los cuales rehuyen la afiliación a nuestro orden por consideraciones pura y exclusivamente personales; hay más, se observa que, cuando cualquiera de nosotros ejecuta un acto censurable por insignificante que sea, se saca a la plaza procurando desvirtuar todo acto bueno que se ejecute” (Vázquez Domínguez, 1991).

En este contexto destaca el surgimiento de las primeras monografías históricas locales. Es como si los intereses de estas nuevas élites locales literarias y políticas de la Restauración, muy pronto y sin querer relacionadas con el clientelismo y el caciquismo, se manifestara alegóricamente en la formación de una conciencia histórica local que sintetizaba romanticismo y regeneracionismo. Faltas de una disciplina científica adecuada admiten de forma acrítica la tradición de eruditos locales anteriores y sustituyen la fiabilidad de los datos por un subjetivismo y extremado localismo. No obstante, constituyen escenarios de reinvención de la identidad local a través de la mitificación de lo propio construyendo una continuidad temporal frente a los cambios y transformaciones e indirectamente informan sobre conflictos sociales, personajes y espacios de la localidad. De este modo aparece la obra de A. Sabido y Martínez en 1888: Llerena, su pasado y presente. Madrid. Imp.Ginesta. Monografía que expresa un encendido alegato de la razón histórica local pero que incluye algunos comentarios etnográficos. En 1900 escribe E. Montero Santarén, maestro que ya colaboró en El Magisterio Extremeño su Monografía histórico-descriptiva de la ciudad de Llerena, algo más fiable que la anterior y con un breve capítulo sobre costumbres y tradiciones populares. En esos años finiseculares César del Cañizo, abogado llerenense, comienza su labor de acopio y publicación de documentos históricos. Así, colabora en 1897 en la revista La Semana llerenense y publica en la Revista de Extremadura de Cáceres en 1899 el Compendio o laconismo de la fundación de Llerena, obra de mediados del siglo diecisiete de Morillo de Valencia que constituye precisamente la referencia privilegiada y mítica de la Historia Local.

Para acabar hay que señalar otro hito cultural de enorme transcendencia etnográfica y que de alguna manera puso un interesante colofón a las actividades folklóricas iniciadas por Cipriana Álvarez. En 1901, Eulogio Montero y Joaquín Echávarri, médico por aquel entonces en Llerena, colaboran de forma entusiasta y decidida en el “Cuestionario sobre el Ciclo vital. Nacimiento, matrimonio y muerte” que el Ateneo de Madrid, sección de Ciencias Morales y Políticas, promueve en todo el ámbito estatal y que por el número de respuestas y la calidad de las informaciones constituye un documento único sobre las costumbres populares llerenenses, extremeñas y nacionales (7). Todavía la información obtenida en esas respuestas sirve de referencia a investigaciones sobre Medicina Popular como la que Yolanda Guío (1991) emprendió en Llerena y otras localidades extremeñas.

A continuación ofrecemos unas notas biográficas de Cipriana Álvarez Durán y de algunos de los personajes fundamentales en el origen y desarrollo de los estudios de Folklore y Etnografía en Llerena entre 1870 y 1910.

Cipriana Álvarez Durán, nació en 1828, seguramente en Zafra, de donde procedía parte de su familia. Era hija del pensador, político y militar José Álvarez Guerra, autor de obras filosóficas como La unidad simbólica y destino del hombre en la Tierra, y sobrina del insigne folklorista Agustín Durán, autor del Romancero General en 1851. De ellos heredó el gusto por la literatura y las artes, dado que al parecer también era una reconocida pintora.. En 1845 se casa con Antonio Machado Núñez, quien por aquel entonces pasó a ocupar la Cátedra de Física en la Universidad de Santiago, allí nace su hijo Antonio Machado “Demófilo”. En 1847 la familia se traslada a Sevilla al ocupar Machado Núñez la cátedra de Historia Natural. En 1868 participó en la Junta Revolucionaria de Sevilla. En aquellos años republicanos llegó a ser Rector de la Universidad hispalense y Gobernador Provincial. Machado es uno de los fundadores del darwinismo en España. Con ayuda de Federico de Castro, Catedrático de Metafísica, y discípulo de Sanz del Río, funda la Revista Mensual de Filosofía, Literatura y Ciencias portavoz del krausismo y el evolucionismo, y contribuye a crear la Sociedad Antropológica de Sevilla. Separado de su Cátedra en 1875 se relaciona con los integrantes de la Institución Libre de Enseñanza.

Por su parte, Antonio Machado Álvarez, “Demófilo”, sería el padre de los conocidos poetas sevillanos. Alumno de Federico de Castro, quien le inculcó el gusto por la literatura popular y el interés krausista por desvelar la verdadera esencia de la historia de los pueblos. Demófilo combinó romanticismo, positivismo, evolucionismo y krausismo como bases ideológicas de la nueva ciencia del Folklore. En 1878 se crea en Londres la Folklore Society y apenas tres años después Machado publica las Bases del Folklore Español, con el objeto de recoger y publicar todos los conocimientos del saber popular. En 1881 funda la Sociedad del Folklore Andaluz como órgano matriz de otros centros nacionales y junto a otros autores como Alejandro Guichot, Luis Montoto, Torre Salvador y Rodríguez Marín. La recopilación de cuentos populares tuvo un momento estelar a finales del siglo pasado con el auge de las sociedades folklóricas. Director de la Revista El Folklore Andaluz entre 1882-83 hasta que se fusiona con el Folklore Frexnense de Romero y Espinosa dando lugar al Folklore Bético-Extremeño. Demófilo es el director e impulsor también de la Biblioteca de Tradiciones Populares Españolas. Autor de la importante colección de Cantes Flamencos en 1881 y del Post-scriptum a Cuentos Populares Españoles en 1883. Además fue el traductor de la obra de Tylor Antropología en 1887.

Cipriana Álvarez colaboró con su hijo en la extensión del Folklore, siendo con Emilia Pardo Bazán una figura fundamental en la historia de la nueva ciencia. La reproducción de la tradición oral con textos de absoluta fidelidad reddere verbum verbo, era según Cipriana, el ideal del recolector. Fue la autora de una serie de Cuentos Populares que aparecen en la Revista El Folklore Andaluz entre 1883 y 1884:

- La mano negra.
- Una rueda de conejos.
- La serpiente de las siete cabezas.
- Las velas.
- Las tres Marías.

Para algunos autores: “Puesto que doña Cipriana recogió cuentos en Huelva y en Llerena, no sería extraño que la procedencia de estos cuentos sea Llerena; es decir, que estos tres cuentos formen parte del más de medio centenar recogido por la madre de Machado en su temporada llerenense. Se trata de los cuentos “ Una rueda de conejos”, pp. 355-357. “ La serpiente de siete cabezas”, pp 357-361 y “ Las tres Marías” pp. 457-459.” (Rodríguez Pastor, J. 1998:121.) De Llerena procede con certeza “Las cinco demandas” que publica en la Revista del Folklore Betico-Extremeño de Fregenal en 1883 ( pp.276).

Es autora de otros dos cuentos que proceden de Huelva: “El marqués del sol” y “La flor de lililá” que aparecieron en el Tomo I de la Biblioteca de Tradiciones Populares en 1883. En el Tomo VI de 1884 publicaría las Tradiciones referentes a algunos sitios de Extremadura. Es autora de Cuentos Extremeños, de los que pese a que su hijo habla de más de 50 sólo tenemos escasas referencias (8) y de una Culinaria Extremeña que no llegó a publicar (Guichot, 1922: 190 ). En carta a Aniceto Sela, fundador del folklore de Asturias, Demófilo señala que Cipriana “me ha recogido en Llerena sesenta cuentos , setenta coplas, 95 trabalenguas, tradiciones, explicación popular de nombres de sitios, chascarrillos, costumbres de casamiento, entierro y bautizo, tradiciones de minas y ermitas, en suma, el verdadero folklore de Llerena” (Marcos Arévalo, 1989.).

Un hermano de Cipriana: Francisco Álvarez, registrador de la propiedad en Llerena, había fundado el periódico Vígia de la civilización en 1870. La vinculación de la familia con Llerena continuó. Entre septiembre de 1883 y marzo de 1884 Cipriana Álvarez reside en Llerena en casa de su hermana Mª Luisa y al parecer será apodada “la mujer de los cuentos” por su afición a recopilar cuentos y tradiciones populares. A ese período como vemos se debe gran parte del acopio y producción de la madre de Machado. El propio Demófilo hace referencia a la estancia familiar y científica de su madre en Llerena en cartas a G. Pitré (9), médico y folklorista siciliano, autor de numerosos estudios históricos sobre tradiciones populares, en concreto, cartas fechadas el 29 de Septiembre de 1883 y otra de 24 de Enero de 1884 donde comenta. “ El Folklore como sociedad no necesita de hombres doctos en todas las comarcas, bástale con hombres de buena voluntad. Mi madre está coleccionando el Folklore de Llerena” (Baltanás, 2000: 268). En esta localidad entrará en contacto con la minoritaria élite literaria y funda la Sociedad del Folklore de Llerena o Regianense, “ Por iniciativa de Doña Cipriana Álvarez de Machado y Felipe Muriel Gallardo el 22 de Abril de 1885 se constituyó el Folklore local de Llerena, recogieron algunos materiales” (Guichot, 1922:190. Marcos Arévalo, J., 1987:XXI, 1989, 1995:396).

Felipe Muriel y Gallardo. Llerenense, abogado, poeta, masón y elocuente orador. Diputado provincial, miembro de la Junta Provincial de Instrucción Pública. Director y fundador de varias publicaciones periódicas en Llerena como El Látigo (1882-83), La Solución (1884) y La Lealtad (1893). En 1901 fue presidente del Ateneo de Badajoz. Junto a Cipriana Álvarez crea en 1885 la Sociedad del Folklore Regianense (10) llerenense. Lo cierto es que Felipe Muriel había tomado ya a su cargo mucho antes la instalación en Llerena de la Sociedad del Folklore y que seguramente la estancia en la ciudad de la madre de Demófilo supuso el espaldarazo definitivo a un proyecto que se había retrasado dos años. Así en una breve noticia de la Revista del Folklore Bético-Extremeño de 1883 se dice” Sin aventurar mucho podemos participar a nuestros lectores que en breve plazo quedará organizada por completo en la provincia de Badajoz la Sociedad del Folklore. A Los pueblos cabeza de partido donde se halla constituida seguirán pronto los diez restantes, pues en todos ellos gestionan activamente con este fin personas de reconocida ilustración, cuyo patrocinio es la mejor garantía del buen éxito de la empresa. He aquí la lista de los señores que han tomado a su cargo la instalación de la Sociedad en los pueblos a que nos hemos referido: Llerena, D. Felipe Muriel y Gallardo, director de “El Látigo”...” (1883:80).

Unos meses después la Revista inserta una nueva noticia al respecto, en este caso una columna de Felipe Muriel en la revista llerenense que refleja a la perfección las inquietudes de un contexto local sacudido por los ideales de progreso, ilustración e imitación, y de nuevo se explicitan los valores masónicos del director de El Látigo: “Folklore Regianense. A juzgar por lo que hemos leído en nuestro colega “ El Látigo” hace más de un mes, se halla próxima la constitución de la Sociedad del Folklore en aquella ciudad. Dice el periódico citado: Varias personas de reconocida ilustración se proponen constituir definitivamente el Folklore Regianense, y a la verdad, tal medida es digna de aplauso por su importancia y también porque pudiera contribuir a inclinar las numerosas aptitudes que encierra, a la constitución de otras asociaciones encaminadas a la propagación del saber en sus múltiples manifestaciones, elevando la Regiana de Plinio y Romey al nivel de otros pueblos que, seguramente, no disponen como ella con tantos elementos. Aquí, donde en círculo reducido, se halla un número considerable de juriconsultos, ingenieros, médicos, profesores en las facultades de Letras y Ciencias, donde aparte de estas especialidades, existen también personas ilustradas, no puede comprenderse la no existencia de círculos instructivos de asociaciones filantrópicas; casi no puede explicarse tanto quietismo ante los veloces corrientes de la época. Por algo, en fin, ha de empezarse, y abrigamos la fundada esperanza de que la instalación del Folk-lore producirá favorables resultados siendo, a la vez, el punto de partida para la formación de otras asociaciones científicas y literarias, las cuales despertando la afición al saber y atrayendo la emulación como consecuencia inmediata, nos haga entrar en el cauce por donde hoy marchan los pueblos que en algo aprecian su bienestar y su nombre.”

Pelayo Henao y Carrión. Militar de profesión, escritor y publicista. En 1875 funda en Llerena El Sur de Extremadura. En 1880 escribe en la Revista Extremeña, en 1883 en el Diario de Badajoz y en 1884 dirige en Almendralejo La Verdad. Pelayo forma parte en 1881 del grupo liberal que apoyó la creación del centro folklórico pacense. A su pluma se deben artículos como “Pensamientos” en El Eco de Fregenal o “Tradiciones Regianenses” en el Diario de Badajoz en 1883, también es el autor de “Los Difuntos” en el periódico El centinela de Almendralejo en 1884. (Marcos Arévalo, 1995: 338, 393).

Manuel Henao y Muñoz, padre de Pelayo Henao, republicano y masón, muy vinculado a Llerena, donde escribe en el periódico local El Tío Juan. Político destacado, llegó a ser diputado por Cuenca en 1871. Es autor de Crónica de la provincia de Badajoz (Madrid, 1870), con un claro sentido preregionalista y positivista. Así describe la herencia de atraso y fanatismo de la Inquisición en la localidad: “la Inquisición tuvo allí sus escenas persiguiendo en primer lugar a la secta de los alumbrados y a los sostenedores de sortilegios y hechicerías, que alcanzaron las persecuciones de aquellos tiempos; pudiendo asegurarse que al lado de la cruz roja de los santiaguistas ardía la hoguera del fanatismo, como símbolo del exterminio” (1870: 39-40).

Juan A. De Torre y Salvador. Escritor y folklorista, natural de Guadalcanal (Sevilla) pero muy vinculado en aquella época a Llerena y al contexto extremeño. Su padre, Lucas de Torre, era natural y vecino de Llerena, donde residía junto a otros familiares religiosos, dedicado a la administración de fincas. Conocido como “ Micrófilo” es autor de varios artículos en la prensa extremeña: El Eco en 1881, El Folklore Bético-Extremeño en 1883, Extremadura Literaria en 1884, todos ellos de Fregenal. En Llerena publica “Literatura popular. Dictados Tópicos” en El Látigo en 1883, texto que aparece también ese año en El Eco. El 4 de Mayo de 1884 funda la Sociedad de Folklore de Guadalcanal, que junto a la de Mairena del Alcor constituyen las dos únicas fundadas en la provincia de Sevilla. Unos años más tarde publica Un capítulo de Folk-Lore Guadalcanalense. (1891). “Micrófilo” influyó en la obra de su amigo y folkorista extremeño García-Plata (Marcos Arévalo, 1995:469).

Eulogio Montero y Santarén. Maestro de tendencia liberal y regeneracionista. En Llerena residía desde hacia una década cuando escribe la Monografía histórico-descriptiva de Llerena en 1900. Un erudito y completo trabajo histórico con las extrapolaciones típicas de las historias de los pueblos pero que incluye observaciones y comentarios jugosos sobre las tradiciones y carácter llerenense. En 1893 ya había colaborado en la prensa regional en El Magisterio Español. En 1901 responde con dedicación y entusiasmo, quizás no exento de exageración al enfatizar la singularidad de algunos rituales y creencias, el importantísimo Cuestionario sobre ciclo vital, rituales y creencias del Ateneo de Madrid. Con la colaboración de Joaquín Echávarri las respuestas llerenenses serán de las más numerosas y diversas de toda la región Extremeña.

Joaquín Echávarri Picó. Médico, liberal, afincado en Llerena a finales del siglo XIX, del que poseemos escasas referencias. Como Subdelegado de Medicina en el partido judicial de Llerena entre 1889 y 1908 redactó un “Libro-Registro”, curioso retrato de la situación sanitaria, social y política del momento en la comarca. Se le conoce vinculación en las logias masónicas locales. Participa en la Encuesta del Ateneo de 1901-1902 junto a Eulogio Montero. Es autor de un interesante informe social sobre la reforma del impuesto de consumos para el Congreso de los Diputados. Muere en 1910.

Para finalizar transcribo los textos publicados por Cipriana Álvarez en 1884 en la Biblioteca de Tradiciones Populares Españolas, Tomo VI, titulados: “Descripción de la Huerta llamada de las Higueras en Llerena”,y “Tradición sobre el pueblo de Reina y su castillo”. Los textos forman parte del conjunto de materiales recogidos por la mujer de los cuentos en Llerena pero que no llegaron a ser publicados. Así comienzan los comentarios introductores de su hijo Machado y Álvarez:“ ...inserto a continuación algunos materiales referentes a nombres de sitios de localidades extremeñas recogidos por mi señora madre en una temporada de seis meses - Setiembre del año pasado a Marzo del que corre- que pasó en Llerena al lado de una hermana suya. Tan fructuosa fue esta temporada que los materiales recogidos durante ella darán para un tomo de esta Biblioteca; solo los cuentos pasan de cincuenta, y eso que mi madre limitó sus excursiones folklóricas a la huerta que más adelante se describe, a otras dos huertas próximas a la población, y a varias casas de las Ollerías, nombre de uno de los barrios bajos de Llerena, tomado de la industria a que sus habitantes se dedican: Las gentes de estas casas y de las huertas llamábanla la señora, y se apresuraban todos a decirle cuanto sabían. Los chiquillos, que también la enseñaban juegos y cuentecillos, bautizáronla con el, para mí muy poético, nombre de la mujer de los cuentos...” (Machado y Álvarez, BTPE, Tomo VI: 273-274).

Descripción de la Huerta llamada de las Higueras en Llerena (11).

“Esta posesión, de cabida de seis aranzadas, está sembrada de olivos escarriados, de almendros, perales, higueras, nogales, granados, membrillos, bruños y ciruelos, y según la estación de hortalizas, ahora, -en Febrero del año que corre tiene lechugas, escarolas, patatas, rábanos, remolachas, zanahorias, y he visto arrancar ya las matas de pimientos y tomates, sacándose la habichuela blanca de la que en el verano se vende verde.

Una gran alberca, a que surte de agua una noria tirada por un borrico, proporciona el riego a la huerta y el agua para beber, lavar y demás usos de la casa. Ésta tendrá de extensión en su fachada como 12 metros de latitud y 4 de profundidad, no contando con un corral y una cuadra que está detrás. Tiene solo piso bajo, y su fachada la componen una puerta en el centro y dos ventanas a los lados de ésta: unos poyetes de material antes de entrar en la casa y una parra sostenida por dos gruesos palos que da sombra a aquellos y constituyen la entrada. Dentro, y al lado izquierdo, está construida en el fondo una chimenea; de ella penden unas cadenas de hierro que llaman llares, a donde cuelgan el caldero, también de hierro, en que hacen las migas o las sopas. Un poyete de material a la derecha le sirve para colocar las cazuelas, pucheros y cántaros, con el agua para beber. Por encima de esta especie de mesa, están colgados una porción de cazos, sartenes y tapaderas, éstas de hierro y aquellos de azófar, que tienen tan limpios que relumbran. Enfrente de la puerta de entrada una especie de alacena de material contiene los platos, tazas, vasos, etc, y colgando por fuera, o mejor dicho, pendiente de clavos en la pared, algunos jarros bastos en que suelen trae vino.

A la derecha de la entrada está la puerta de una sala y alcoba que habitaban, en la del fondo los padres, y en la de fuera los hijos; detrás de la puerta de entrada colocan los aparejos y jáquimas de las caballerías, y en el techo tienen colgados de unas cuerdas, como hasta una docena de palos de castaño, en que cuelgan la chacina en los meses de frío, para que se seque y cure con el humo de la chimenea o fogarín y el viento.

La familia hortelana se levanta con el día; en seguida la mujer enciende la lumbre y se hacen las migas o sopas con aceite; apartado el almuerzo que queda al calor, echa de comer a los animales que están en el corral, éstos son: un cerdo, muchos conejos caseros y gallinas; asea la casa y almuerzan a las ocho; seguidamente la hortelana se pone a coser atendiendo mientras tanto a cuidar de la comida y del guisado de la noche, así como de ir a la huerta por la hortaliza para todo el que viene a comprarla. A las dos comen, y después de fregar los platos y dar un barrido de nuevo a la cocina, o entrada en que comen, se peina la hortelana, se asea y se pone a coser de nuevo. A la caída de la tarde viene el marido con el mozo (o más trabajadores, si es tiempo de mucho trabajo) y están un rato de conversación mientras son las ánimas, hora de cenar; después la mujer hace un rato de media mientras los hombres fuman, retirándose luego a dormir. El mozo solamente es el que queda en la huerta, pues si hay más trabajadores, marchan a sus casas a la caída del sol.

Los lunes hace la hortelana su lavado, al que generalmente le ayuda su madre, que viene a la huerta con este objeto; hacen el lavado al lado del estanque o alberca, en una pila de material con refregaderos de piedra, el lavado dura dos días, y al tercero planchan. La hortelana dedica el jueves al amasijo del pan que hace en su casa, después de traer media fanega de trigo de que saca, a más de la harina para el pan, como unos cinco cuartillo de afrecho que reparte entre el cerdo y las gallinas. De la harina amasada saca veinte y ocho panes de a dos libras, que coloca sobre un gran tablero que lleva en la cabeza al horno para cocerlo; este pan sirve hasta la semana siguiente. La hortelana va algunas mañanas a los pueblecitos inmediatos con su burro cargado de frutas y hortalizas. También trae a la huerta el trigo que escoge antes de molerlo; éste, en cantidad de media fanega, lo trae en la cabeza; después de escogerlo, vienen a recogerlo del molino en que tienen contratada por año dicha molienda, y lo vuelven a traer en caballería a la huerta hecho harina, con que amasa la hortelana los jueves, o antes si el pan se acaba. El agua la conduce a la casa desde la noria en cántaros que sujeta en el cuadril.

La casa de la huerta da espalda al camino de Reina, y por un lado de ésta tiene una verja que es la que da entrada a la posesión, que está cercada con una pared hecha de piedras sobrepuestas y de altura de un metro poco más o menos.”

Tradición sobre el pueblo de Reina y su castillo (12).

“Más abajo del pueblo de Reina se encuentran restos de otra antigua población, y existe una habitación abovedada, que se conceptúa del tiempo de los moros; también se encuentran en aquel sitio, a poca distancia, restos humanos, y asimismo varias jarras, con que se dice enterraban a los moros. Este sitio se llama hoy la Puerta del Moro. Han buscado tesoros que creen que existen, pero no se hallan.

Dentro del castillo de Reina (me contaron en una huerta donde se ve que existió), vivía un rey moro, y en la parte baja una reina cristiana, que pidió permiso al rey para hacerle una visita con sus doncellas, e hizo vestir a sus soldados de mujer y los hizo subir con ella al castillo del rey moro; éste les dió un gran convite y los llevó después a pasear y conocer el castillo. Llegados a un sitio desde donde se veía el jardín de la reina por la muralla, ésta dejó caer su pañuelo, y el rey, para ver si lo cogía, adelantó el cuerpo y la reina lo empujó, dejándolo caer al huerto. Muerto el rey, la reina con sus soldados se apoderó del castillo, y en satisfacción de este bien concedido por la Virgen de las Nieves, a quien se encomendó, edificó allí una capilla que hoy existe. Los enterramientos hallados eran dos grandes losas, una abajo y otra encima.

A la tradición anterior se refiere la siguiente copla:

La Virgen de las Nieves
Puesta en las alturas
Desde allí se divisa
Toa Extremadura.“

Datos sobre la cueva de Santiago en la sierra de Cazalla (13).

“En una de mis expediciones por Sierra Morena (14), oí hablar a un labriego de una tal Cueva de Santiago, le pregunté qué sabía de ella, y me contestó que, según la tradición de todos los cortijeros cercanos, decían era donde vivió mucho tiempo el apostol Santiago: lo tomé de guía para que me llevaran a dicha cueva, y después de cinco horas de marcha por grandes sierras y barrancos, llegamos a las cuevas, conocidas por el nombre de Cueva de Santiago.

La situación topográfica de ésta es la siguiente: el río o ribera de Benalija serpentea por la falda de la Sierra de la Cueva de Santiago, sirviendo éste como línea divisoria de las provincias de Badajoz y Sevilla; la cueva y sierra de Santiago se encuentra en el término de Cazalla de la Sierra, siendo también línea divisoria el río de Benalija del término de Guadalcanal y Cazalla; las bocas de las cuevas miran al N., y por un resbaladero de unos 20 metros se llega al río de Benalija.

Desde las cuevas a la cúspide del cerro vemos un corte casi vertical que mide unos 25 metros, su longitud es aproximadamente de 200 metros. Las cuevas son tres: la primera tiene una forma irregular, su entrada es de 1 metro 20 centímetros de alta por 2 metros 40 centímetros de ancha, es plana en su interior, y en una forma irregular, mide 2 metros de diámetro; la segunda es más chica y casi superficial; la tercera, también de forma irregular, mide una longitud de 12 metros, en pendiente, como queriendo buscar las entrañas de la sierra.

Una vez vistas las cuevas y los grandes despeñaderos que en el barranco de Santiago existen, pasé a lo alto de la sierra a ver la ermita del Santo, y no encontré más que ruinas, grandes paredones de mampostería, lo que nos demostraba había existido una buena ermita.

El cerro de Santiago al S. Forma una explanada de unos 2 kilómetros, como unos 400 ó 500 metros de radiop; a partir de la ermita hay una buena mancha de monte grande y espeso; al atravesar éste y buscar salida, me encontré a un pastor o mayoral de ganado, el que saludándome con un Dios guarde a Vd, me dijo: ¿Qué, se viene a ver el salto de santiago cuando mataba a los moros?, y señalando al corte vertical antes mencionado decía: ¿es un buen salto? vedle. Con este motivo le interrogué para que me contara cuanto supiera sobre aquel sitio.

El mayoral que es hombre de unos 52 años, principió su relató del modo siguiente: según se dice de público, y por los más viejos de estas tierras, con referencias a otras gentes más antiguas, que en las cuevas que hay allá abajo en el barranco y que antiguamente eran mayores, pues según yo le oí a mi abuelo, se corresponden hasta aquel otro barranco (en dirección S., y un kilómetro y medio de distancia), de modo que las cuevas esas atraviesan todo el cerro donde estamos; pues bien, el Santo se entraba por las bocas de las cuevas que dan a la ribera de Benalija y salía por aquel barranquillo que ya le he dicho a V.; por allá andaban los moros, y el Santo los comprometía; ellos salían a la carrera tras el Santo, y corriendo unos tras otros, llegaban a este corte, conocido por el Salto de Santiago, y sin detenerse ni perder la carrera que traía, saltaba el Santo, caía en la ribera, que como V ve hay más de 50 varas, y no se hacía nada, y los moros saltaban también, y todos se reventaban al porrazo tan grande que daban; así continuaba el Santo una porción de veces, hasta que conseguía concluir con todos los moros que había en estos circuitos.

Ya que concluyó con los moros, hizo vida de monge en estas cuevas, donde vivió muchos años; a su muerte le hicieron esa ermita que tenemos delante, y que hoy está arruinada porque se va perdiendo la fe, y más que todo, porque el Santo tenía aquí muchas tierras que unos y otros se han apropiado, no quedándole hoy más terrenos que este cerro y el barranco, y eso, porque como Vd ve, vale poco.”

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NOTAS

(1) Este trabajo es una revisión y ampliación de la comunicación presentada por el autor en la I Jornada de Historia de Llerena. “Notas sobre el folklore en Llerena en el tránsito del siglo XIX al XX: Cipriana Álvarez Durán”, en Actas de la I Jornada de Historia de Llerena. Consejería de Educación, Junta de Extremadura. Llerena. 2000: 215-230.

(2) “Folklore significa sabiduría popular y abarca todos los conocimientos que se trasmiten oralmente y todas las habilidades o técnicas que se aprenden por imitación o mediante el ejemplo, así como los productos resultantes” (Bascom, W. 1974::20).

(3) En 1871 las publicaciones locales son testigos y agentes de agrias polémicas. El Tío Juan, periódico quincenal independiente y satírico arremete contra los “falsos” ideales de progreso y sufragio popular de La Corneja. En el cruce de acusaciones no duda en utilizar a la patrona de la ciudad, símbolo identitario local. He aquí una copla que insertan en sus páginas: “Oh virgen de la Granada / la plata te la han vendido. / Después, no has sabido nada? / Pues, yo tampoco he sabido. / Entre danzas tantas / y tanto jaleo / de siempre la canta / me gusta el jaleo / Más no te enojes por eso / patrona del alma mía / que la gente del progreso / se encuentra ya en agonía./ Con aquestas danzas / con aquestas guerras / en las contradanzas / te venden las tierras/ (...) / Y luego cautiva / ya sin caridad / te harán dar un Viva / A la libertad.” (El Tío Juan, 1871, nº4).

(4) Más aún, tras la desaparición de la revista El Folklore Andaluz, la revista frexnense decidió brindar sus columnas a los folkloristas andaluces dando lugar a El Folklore Bético-Extremeño desde Abril de 1883, (Marcos Arévalo, 1995: 334. Aguilar Criado, E. 1990:213).

(5) Todavía a mediados de siglo el recinto amurallado estaba casi completo. Ver Madoz ,P.(1847). Diccionario Geográfico-estadístico- histórico. Madrid. La Ilustración.

(6) Para mayor información sobre el significado, discurso y contenido de las monografías locales en Extremadura ver: Marcos Arévalo, J. 1995: 247-278.

(7) Un análisis exhaustivo y registro de las respuestas que ofrecieron los informantes de Llerena pueden verse en Marcos Arévalo, J. (1997) y en Rodríguez Becerra, S. & Marcos Arévalo, J. (1997).

(8) “Gran parte de los materiales recogidos por doña Cipriana se perdieron al morir Machado y Álvarez, ya que, según Guichot, sus hijos no pudieron atender a la conservación de lo que reunió su padre” (Rodríguez Pastor, 1998: 121.) (9) Cipriana Álvarez, que era además pintora, enviará a Pitré una copia de un cuadro de Murillo realizada por ella, (Baltanás, 2000: 223).

(10) Desde hacía algunas décadas la historiografía local junto a algunos Diccionarios Histórico-Geográficos nacionales relacionaban, equivocadamente, el origen de la ciudad con las cercanas ruinas de la colonia romana de Regina.

(11) La tradición hortelana en esta zona se remonta a siglos atrás, (Ruíz Banderas, 2000: 45-58). Incluso hay noticias de una Huerta con el mismo nombre en un censo de donativos reales de 1636. La descripción etnográfica, llena de afecto y sencillez, nos permite recrear la vida hortelana concreta de este lugar que permaneció prácticamente inalterable hasta finales de los años setenta de este siglo, y de la que, por tanto, muchos pueden recordar.

(12) La alcazaba de Reina fue conquistada por Pelay Pérez Correa, maestre de la Orden de Santiago al servicio de Fernando III en 1246. Las llanuras de la campiña sur llerenense inmediatas a la alcazaba lo habían sido en 1241 por el anterior maestre R. Iñiguez. Lo curioso en relación a esta leyenda es que el castillo fue donado a la Orden antes de su conquista.

(13) Estos datos fueron recogidos por la tradición oral por el Sr. Cervantes, propietario de unas minas en Extremadura, que reside habitualmente en Llerena (Nota de la autora).

(14) Resulta extraño que Cipriana desconociera u olvidara los trabajos, excursiones y excavaciones realizadas por su marido Machado y Nuñez en los campos de la Geología y Prehistoria en esta zona entre 1868 y 1874; y que incluyeron, seguramente, esta cueva (Aguilar, 1991: 61).