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ARQUITECTURA TRADICIONAL: LAS CHIMENEAS DE VILLAR DEL MONTE (LEON)

PUERTO, José Luis / CASADO, Concha

Publicado en el año 2003 en la Revista de Folklore número 273.

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A todos los seres humanos, de una forma o de otra, nos es dado tener la experiencia de la casa, que se constituye como una de las experiencias físicas y psíquicas más importantes del hombre.

Dentro de la casa, tenemos experiencia de la soledad y de la compañía, del conocimiento de nosotros mismos y de los otros: el padre, la madre, los hermanos, los abuelos, los demás familiares.

La casa conforma también nuestra experiencia de la interioridad, de aquellos espacios acotados por muros y por techos que nos cobijan y nos defienden de cualquier intemperie exterior.

Se sitúa en el mundo, sobre la tierra, en torno a dos ejes que la universalizan y que la vinculan con el cosmos: el eje horizontal y el eje vertical.

El eje horizontal liga a la casa con el mundo: con las demás casas, con la plaza o con la calle en que se ubica, con el pueblo o la ciudad en que se asienta. Es el eje de la compañía, de la sociedad, de la comunidad; el eje que hace posible la historia, en esa aventura común que liga a unos seres humanos con otros y que hace posible avanzar hacia delante.

El eje vertical conecta la casa con el suelo, a través de los cimientos que, como raíces, afianzan y asientan la solidez de unos materiales que acogen y protegen al ser humano; y también con el cielo, a través de las techumbres, tan variadas y tan diferentes dentro de la arquitectura popular, y de las chimeneas, el elemento de la casa en que queremos detenernos hoy.

La chimenea, sobre el tejado, combina lo práctico y lo estético. Su función es dar salida al humo del hogar hacia el aire, como un mensaje indescifrado que el suelo al cielo lanzara.

Pero, a la vez, la chimenea, con sus distintos materiales y formas, configura un tipo de belleza llena también de variaciones y visible para todos desde la calle o la plaza, desde ángulos que nos José Luis Puerto y Concha Casado permiten contemplar la siempre sorprendente belleza que la arquitectura popular posee.

El fuego da vida a la casa. Suele encenderse en el hogar de la cocina. La leña con la que se prende hace entrar la naturaleza en el ámbito humano íntimo.

El fuego permite la elaboración de la comida, a la vez que transmite calor a los seres humanos en los meses de frío. En torno al fuego del hogar, la familia se reúne y comparte afanes e inquietudes, aspiraciones y logros. Es un símbolo de vida, de comunicación y de convivencia.

El humo del fuego asciende hacia el exterior a través de la chimenea, que marca, así, en la casa ese eje de comunicación entre el interior y el exterior, entre el abajo y el arriba, entre la tierra y el cielo; ese eje vertical que es el símbolo de lo que de espiritual se aloja en el mundo y en el ser humano.

Pero, a la vez que las chimeneas establecen una relación ascendente que va de abajo arriba, por ellas pueden descender los peligros del cielo: chispas, rayos, descargas...; de ahí que haya que defender la casa de tales amenazas que pueden entrar hacia ella. Eso hace que, en las creencias y tradiciones populares, existan elementos de protección, como cruces, detentes, velas y ramos bendecidos, que se encienden en determinados momentos y que se colocan para protegerla.

En la provincia de León, podemos encontrarnos con muy diversas tipologías de chimeneas. Son muy hermosas y tienen mucha personalidad las de barro de las zonas de Campos y de las Riberas; pero también las de piedra y pizarra que podemos contemplar en Maragatería, el Bierzo o la Cabrera.

Vamos a comenzar por hablar y mostrar las de la última comarca indicada, a través, en concreto, de las de la localidad de Villar del Monte, núcleo de una arquitectura popular portentosa.

Entre los núcleos singulares de Castilla y León, con arquitectura representativa y bien conservada, un buen conocedor de la arquitectura tradicional, destacaba el pueblo de Villar del Monte, en la comarca leonesa de la Cabrera: “una de las comarcas más notables de la región en cuanto a su arquitectura popular, tanto por la expresividad de su imagen, la coherencia de sus conjuntos, como por el grado de preservación”(1).

Vamos a detenernos en esas chimeneas que asoman en las techumbres de pizarra tosca de las casas de Villar del Monte. Las chimeneas están construidas con cuatro varas de madera, unidas a un marco de madera inferior y a otro superior, y revestidas con lajas de pizarra. En todos los pueblos de Cabrera se encuentran chimeneas de este tipo, así como en los pueblos cercanos del Bierzo y de la comarca zamorana de Sanabria.

El visitante queda sorprendido y admirado de la belleza que se puede conseguir con unas sencillas lajas de pizarra, materiales extraídos del entorno, y de la variedad de chimeneas que vemos en las casas cabreiresas, algunas de gran originalidad.

También se conservan garroteiras o bufarras, es decir, ventanuco o abertura en el techo de la casa, en el lugar donde está la cocina, para salida del humo.

En Sanabria, en las viviendas más antiguas –según recoge Báez Mezquita– no se construían chimeneas: “se deja –dice– en la cubierta un pequeño respiradero, consistente en levantar sobre los canes una ligera estructura que permite colocar más altas unas cuantas pizarras, creando un hueco por donde sale el humo”(2).

Cuando en 1945 viví durante varios meses en la Cabrera Alta preparando mi tesis doctoral (3), observé que la salida del humo al exterior se efectuaba, ya por una simple abertura que se conseguía dejando levantada una losa de la cubierta o bien por una chimenea que, en general, vista por el exterior tenía forma de prisma de base cuadrangular y está constituida por cuatro losas. En el hueco colocaban otra losa que lo cubría sin impedir la salida del humo, resguardándola de la penetración del agua de las lluvias o nieves. Para ello, ponían esta losa de cobertura sobre los varales que existían en los cuatro ángulos de la chimenea, a poca altura de los bordes superiores de las losas. En las viviendas de Cabrera pude observar desde la salida del humo por la misma cubierta, a través de una abertura entre las losas, hasta la chimenea con campana o sin ella.

En Truchillas (pueblo cercano al de Villar del Monte) hace tan sólo tres años que al restaurar parte de una casa se hizo una chimenea nueva si Chimenea de Pozos (Dibujo de Pilar Ortega) guiendo el modelo tradicional, trabajo bien realizado por albañiles de la comarca. Y por esa chimenea sale el humo de una calefacción y de una chimenea de salón. Esto nos habla de la posibilidad de seguir edificando según patrones tradicionales, cuando de verdad se valora la arquitectura popular del entorno en que se edifica, ya que la arquitectura tradicional no tiene por qué estar reñida con las comodidades de la vida actual.

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NOTAS:

(1) Félix Benito Martín, La arquitectura tradicional de Castilla y León. Junta de Castilla y León, 1998, pág. 644.

(2) Juan Manuel Báez Mezquita, Arquitectura popular de Sanabria.

Zamora, 1994, pág. 195.

(3) C. Casado Lobato, El habla de la Cabrera Alta. Madrid, CSIC, 1948 (edición facsímil, Oviedo 2002).