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Editorial

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 2003 en la Revista de Folklore número 275.

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Los mozárabes fueron los españoles que, durante la dominación musulmana y en territorio ocupado, conservaron la religión católica. Al mantenerse como tributarios de los gobiernos musulmanes, éstos les permitían tener ciertos derechos y una vida común. De esa época proceden palabras corrientes que todavía usamos como alguacil o alanfe. En el siglo X arreció la persecución y el hostigamiento a los cristianos en ciudades como Córdoba y muchos mozárabes huyeron hacia el norte asentándose en lugares recónditos donde fundaron pequeños monasterios. En la conquista de Toledo por Alfonso VI algunos mozárabes que vivían allí le ayudaron decisivamente, concediéndoles posteriormente por ello un fuero con privilegios abundantes. Además conservaron su rito particular en sus parroquias, rito que se hubiera perdido si Cisneros no lo hubiese instaurado en una capilla de la misma catedral de Toledo gracias a una bula del Papa Julio II. Ese rito, llamado también romanovisigótico, que había sido abolido en Castilla en 1078 con gran resistencia del pueblo, se mantuvo en una capilla de la catedral hasta nuestros días. Algunos autores refieren la leyenda de que al conquistar Alfonso VI Toledo en 1085 y ver la resistencia que oponían algunos mozárabes al rito romano, decidió hacer dos pruebas tradicionales, la del duelo y la del fuego, para demostrar ante el pueblo la decisión divina. Un caballero francés –representando el rito romano– y otro español –por el mozárabe– lucharon y ganó el español, con lo que tuvieron que pasar a la siguiente prueba. Arrojaron después dos misales al fuego y el romano salto fuera de la hoguera ileso mientras que el mozárabe quedó entre las llamas sin ningún daño… Se decidió, por tanto, que el rito romano se extendiera por todas partes y el mozárabe se circunscribiera a algunas parroquias –concretamente seis– de Toledo. En Salamanca, Rodrigo Arias, llamado el doctor de Talavera, hizo una fundación por la que se debían de celebrar seis misas al año según el antiguo rito.

La misa mozárabe tenía tres partes, como la romana; oblación, consagración y sunción. Entre estas dos últimas, el sacerdote fraccionaba la Sagrada Forma en ocho partículas que representaban la corporeidad, el nacimiento, la circuncisión, la aparición en público, la pasión, la muerte, la resurrección, la gloria y el reino de Cristo. Esas partes tenían su representación en la propia forma de la iglesia que tenía la apariencia de la cruz. Se supone que la líturgia mozárabe se celebraba con cierta movilidad por todas las partes del templo, lo que explicaría la existencia de cuatro ábsides en los cuatro extremos de la cruz.