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Editorial

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 2003 en la Revista de Folklore número 276.

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Andrea Palladio, uno de los tratadistas clásicos a los que siempre se recurre al estudiar los principios básicos de la construcción, escribe en su obra Los cuatro libros de arquitectura las seis maneras en que los antiguos –Palladio es un hombre del Renacimiento- edificaban las paredes. Habla de las paredes reticuladas, de sillería, de ladrillo, etc., y, finalmente, del mampuesto, sistema al que denomina de “piedras inciertas”. La forma de colocar las piedras sobre la masa de cal y canto, es decir con la mano (mampuesto= puesto con la mano) y la búsqueda de la mejor cara de la piedra para que encaje y asiente correctamente, son las razones por las que Palladio, o mejor dicho, su traductor, el presbítero José Francisco Ortiz, denomina “de piedras inciertas” a tal modo de edificar paredes, tan frecuente en construcciones, monumentos y edificios de pueblos y ciudades españolas. Hoy podríamos decir, sin embargo, que la incertidumbre de tales paredes, más que del acierto o desacierto en colocar las piedras, procede de la inseguridad que todas esas construcciones, con frecuencia de más de un siglo de antigüedad, sufren por mor de la novedad y odio incontenible hacia cualquier vestigio del pasado. Ni las piedras venerables ni lo que representan, se libran de la batalla por alcanzar el progreso con el mínimo bagaje. Cultura, patrimonio, conocimientos, son arrasados si piedad y sacrificados en aras de un extraño “compromiso con el futuro” al que accedemos coritos, con la cédula de haber liquidado nuestra parte correspondiente de herencia tapándonos escasamente las vergüenzas. Ninguno nos libramos de la responsabilidad: todos hemos participado por activa o por pasiva en esa tabla rasa que hicimos de la sabiduría antigua. Entre todos la matamos y ella sola se murió.