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CONSTRUCCIONES DE TECHO DE PAJA: PERVIVENCIA Y DESTRUCCION

CERRATO ALVAREZ, Ángel

Publicado en el año 2004 en la Revista de Folklore número 277.

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En los años 1975 y 1976, el inglés Mark Gimson se trasladó al Noroeste de España para estudiar el ancestral mundo de la vivienda del ámbito celta que teníaconstatado en Irlanda, en el corazón de Gran Bretaña ypor las tierras de la Bretaña francesa.

Después de un largo recorrido se centró en los Ancares gallegos. Su obra, breve, densa y concentrada, hace una incursión por las técnicas, materiales, formas, usos o expansión territorial de las pallozas; uno de los elementos que más le impresionó fue el techo, el techo de paja (1).

Pero la arquitectura popular de cubiertas de paja no está adscrita a una sola zona geográfica; ha traspasado territorios y ha resistido el nacimiento y la muerte de edades históricas (2).

Esta arquitectura se encuentra hoy día en una dura encrucijada: países como Irlanda, Gran Bretaña, Polonia, Dinamarca... la cuidan, la renuevan, la restauran. Pequeñas ciudades, poblados en medio del aprovechado campo, casas aisladas de granjas y extensos pastizales…muestran sus tejados de paja; se observa un extraordinario mimo, una especie de orgullo innato y una ausencia total de vergüenza por vivir en una vivienda así; esas viviendas ofrecen por dentro las comodidad es esencial es de nuestra cultura. Países como Inglaterra están en cabeza de los profundos cambios que han revolucionado la Humanidad en los últimos trescientos años, pero no han destruido uno de los símbolos más característicos de su memoria histórica, las cumbreras de paja.¡Al contrario! La cultura de todo un pueblo preserva las casas o las construcciones de remates de paja como preserva las catedrales de Durham, Salisbury o Wells, porque son todo un símbolo del recuerdo viviente del pasado; de sobriedad, de serenidad y de belleza; de enraizamiento con la tierra y de comunión con la naturaleza.

Una cumbrera de paja se enmarca en el paisaje, vive de él, nace de él y le pone un sello indiscutible.

Nuestros antepasados conocían muy bien las cualidades de un material realmente endeble, pero que trabajado y cuidado, ofrecía las soluciones idóneas en aquellas tierras de difícil manejo de la pizarra o de la teja.

La paja era de centeno en un alto porcentaje. Y el centeno era un cultivo esencial en la vida y en las tierras de nuestros mayores. De la paja del centeno se extraía una gran gama de utilidades: remates de corozas –el impermeable de juncos del campesino–; mantas para las vacas y para las caballerías; cestos; envolvedores de recipientes de vidrio; cama para las albardas, cama para las cuadras, mullidos para lechos y cunas; antorchas para las idas y venidas nocturnas de las ferias; haces para chamuscar el cerdo después de desangrado y hasta lengüetas de pitos. Y por supuesto, la materia prima del entramado de las cubiertas de viviendas, pajares, molinos, cobertizos...

Nuestros antepasados sabían muy bien que un techo de paja da salida al humo, y el humo mata los bichos; mantiene el calor interno, es un buen aislante, evita las goteras porque la lluvia resbala mansamente, que a su vez la conserva flexible y húmeda, que hace que el fuego prenda con dificultad en condiciones normales (3); el viento roza pero no penetra. La paja es un material flexible para las construcciones populares, se acomoda fácilmente a la madera y se enlaza suavemente a otros materiales como las escobas, el brezo, o las varas de robles, de abedules o de alisos; las manijas de paja cierran y atan fuertes tirantes de robles o de castaños. La paja se adapta, por fin, y muy bien, a todas las formas geométricas que pueda adquirir la vivienda: circulares, ovaladas, rectangulares...

Un techo de paja encuadra perfectamente con la piedra y la madera, los materiales constructivos primarios que el hombre encontró. Tampoco extraña en paredes de ladrillo y confiere una añeja textura a paredes encaladas de blanco, como pueden contemplarse a lo largo de toda la geografía inglesa. Las viviendas de techos de paja no admiten balcones, y si los hay, son un añadido moderno.

La paja de centeno destinada a los tejados había que cuidarla en la siega, en el acarreo, en la maja y en el hacinamiento, y conservarla en lugares frescos y relativamente húmedos.

Se sabía muy bien que esas ventajas había que pagarlas, porque había que renovar cada dos años las zonas más expuestas a los vientos, al sol o a las fuertes lluvias y cada diez años había que rehacer toda la obra (4). En los pueblos exitían especialistas de estos montajes. Toda una técnica y todo un arte que aún pueden verse al natural por el corazón de Inglaterra; toda una ancestral sabiduría que no desprecian.

También sabían que un techo de paja daba problemas serios: el primero era el peligro de incendio en determinadas ocasiones, hasta tal punto que pajares o cuadras, las construcciones típicas de cubiertas de paja, se edificaban a las afueras del núcleo habitado, solución que aún puede observarse por pueblos de la Cabrera leonesa. Los fuertes vientos podían arrancar de cuajo el entramado. Otro problema era la vigilancia constante, y la conservación y renovación citadas.

La Península Ibérica posee un rico y extenso patrimonio; el Norte de la Península fueron tierras privilegiadas: el Somiedo de Asturias; el Cebreiro de Lugo; Los Ancares, el Incio y el Caurel en el extremo oriental de Orense; por estas tierras existieron “los altos tejados cónicos de paja... de las antiquísimas pallozas” (5), mas la raia galaico-portuguesa; León, con “la Montaña Leonesa desde Riaño hasta el Bierzo y la Cabrera para alcanzar el interior de los Montes de León y la Maragatería, incluso La Cepeda...” (6) tierras del Pirineo, de modo especial el Pirineo aragonés; zonas montañosas del Centro; tierras del Sureste de España (7); las tierras del norte del Duero portugués donde destaca el Gêrés, el Barroso o las tierras de Bouro..., todas ofrecieron en su momento el espectáculo de poblados enteros que hubieran hecho las delicias actuales de la cultura inglesa o de los pueblos escandinavos. ¡Pero aquí, somos diferentes! Aquí se optó por otra salida de la encrucijada.

Hasta hace unos 20 años, en tierras como el Cebreiro, los Ancares, las Cabreras leonesas, el Sur de Galicia o el Norte de Portugal, muchas de las viviendas, pajares, cuadras, cobertizos, molinos, fraguas, hórreos, cabazos, batanes, aserraderos movidos por la fuerza del agua o chozos..., estaban pobladas de techumbres de paja. Hoy día desaparecen. Y si algunas quedan se debe a la actuación de los poderes públicos en zonas concretas, escasas (8), y sobre un número reducido de construcciones. La gran parte están en un muy seguro e irreversible proceso de extinción.

Por la Cabrera leonesa existen pueblos que hasta hace menos de 20 años aún se esforzaban por conservar, cuidar y restaurar las techumbres de paja. Un caso excepcional son los hermosos pajares de las afueras de Villar del Monte, todo un espectáculo de belleza sosegada, recia, compenetrada con la soberbia naturaleza del entorno; parecen nacidos de las entrañas de la misma tierra. Todo un monumento popular de los siglos pasados. Pero en los últimos años envejecen y se deterioran. Es un conjunto fuera de lo común que debiera de transmitirse a las generaciones futuras como ejemplo de memoria histórica de una tierra excepcional.

Cuando se regresa de la visita de otros países, en mi caso de Inglaterra, se vuelven los ojos y se toma nota de unas tierras y de una poderosa cultura científica e investigadora que se enorgullece de un símbolo vital de su pasado: una vivienda de techo de paja.

La arquitectura de cumbreras de paja que cubrió amplios espacios de la Península Ibérica, que se utilizó por tan extensas bandas y superficies de toda la tierra, que se cita como una de las primeras soluciones en el largo proceso evolutivo de la humanidad, y en general la arquitectura popular, encierra valores profundos que hay que proteger como un potente legado patrimonial de nuestra cultura. Los que hemos dedicado nuestra vida a la enseñanza sabemos que delante de una palloza de los Ancares, de un pajar de Villar del Monte, de una vivienda de Somiedo a cuyas puertas se sienta un matrimonio calzado con almadreñas, de un batán, o de un aserradero del sur de Galicia o del norte de Portugal movido por la fuerza del agua; de un cottage inglés o irlandés..., delante de un solo edificio puede hacerse un largo recorrido por el pasado y por la vida global de las comunidades y generaciones que nacieron y murieron a los pies de las humildes construcciones de cubiertas de paja

Porque la arquitectura popular es todo un proceso de antiguos asentamientos, es el espejo de todo un trabajo de la tierra y de sus cultivos, de adaptación a los materiales concretos de cada hábitat y de la adaptación que impone la orografía de cada territorio.

Se está convirtiendo en una verdad incuestionable, el hecho de citar la sobria belleza de la arquitectura popular, las elementales e inteligentes soluciones arquitectónicas, la parquedad de los materiales, la adaptación básica a las funciones del trabajo, al cuidado de los animales, o a las necesidades comunitarias.

En nuestro caso concreto demuestra una sabiduría fuera de lo común en el tratamiento de un material tan débil: la paja. A la paja destinada para cubrir las techumbres se la mima desde que se siega, se acarrea, se maja, se recoge en haces, se almacena y se conserva. El montaje de la cumbrera, ciertas filigranas de adorno, el remate final en construcciones determinadas, demuestra, como se dijo ya, una ciencia y una técnica que no estaba al alcance de todos. Añádase el cuidado y la renovación periódica que imponían las inclemencias del tiempo.

Hay que hacer notar la adaptación y el complemento con otros materiales vegetales tan débiles y perecederos como el brezo, la escoba o simples y débiles ramas de árboles. Estos materiales llegaron a convertirse en parte esencial de la construcción.

Las techumbres de paja conllevan una gran sabiduría de lucha contra los elementos de la naturaleza: la lluvia, el viento, la nieve, el sol y la humedad como fuerzas externas; también soluciona el problema interno de la transpiración y de la comunicación con el exterior; ( 9 ) fuerzas y situaciones a las que han de dar respuesta los materiales más modernos y sofisticados de nuestros últimos inventos, que poseerán muchas virtudes, pero tambien los efectos negativos de la radiación o del cerramiento de la comunicación con la atmósfera del exterior.

Un techo de paja nos habla a voces de la comunión con la Naturaleza, un valor en alza frente a la destrucción a la que la somete nuestro progreso desbocado. El espectáculo de los bloques de Stonehenge, -patrimonio de la Humanidad-, el espectáculo de los descomunales megalitos de Avebury, ambos en el corazón de Inglaterra, no serían tan redondos y completos si no estuviesen rodeados de casas habitadas de techumbres de paja.

El valor de la comunión con la Naturaleza se afianza más desde que las mentes más claras comenzaron a luchar por un desarrollo sostenible que respete la Tierra.

Estas construcciones, como toda la arquitectura del pueblo, nos hablan a voces de la Memoria Histórica, todo un patrimonio de gentes humildes que susurra estructuras, materiales, lenguaje o relaciones familiares y sociales, que balbucea lucha, vida y muerte de generaciones y generaciones, ignoradas por los poderes oficiales, pero de las que había que echar mano para los impuestos de sus arcas que pararían en la opulencia de palacios, castillos, o sedes arzobispales. También había que echar mano de ellos para sus guerras de prestigio, de reparto de tierras o de zonas de negocios, y, curiosamente, para sus fabulosas edificaciones.

Es cierto que este poderoso patrimonio corre un serio peligro de desintegración irreversible. Y uno se pregunta ¡qué está ocurriendo! ¡Qué comportamientos de nuestra sociedad son aquellos que vuelven los ojos y miran de lado a un tan rico y extenso pasado de nuestra historia!

– Entre las pocas gentes concienciadas existe el consenso aceptado de señalar con el dedo a los que están detrás de negocios sin escrúpulos, de materiales, diseños o estructuras que tanto hieren determinados hábitats.

– Existe el tópico real de señalar con el dedo a una administración absentista y presionada por intereses políticos o crematísticos.

– Se apunta la ausencia de una legislación eficaz. Pero leyes, las hay, a nivel de Unión Europea, a nivel de Estado y a nivel de Comunidad Autónoma. Un Conde Duque –s. XVII– o un Maura –s. XX– ya se quejaron de que “el problema no son las leyes; el problema es que nadie las cumple”.

– Se apunta también a la conciencia del nuevo rico que desprecia su pasado (10).

– Existe toda una bien orquestada mentalidad de los contravalores del pasado: decadencia, vejez, pobreza, atraso, estigmatización social y desprecio. Todo ello desde la perspectiva de que nuestra sociedad actual ha superado el tiempo de nuestros abuelos.

– Y a la sociedad indefensa, inteligentemente bombardeada para que olvide sus raíces, unas raíces sabiamente dosificadas como anticuadas o vergonzantes. Se ha de consumir, se ha de gastar, entonces, lo último del progreso: materiales, formas, bienes interiores...

– No se puede olvidar que las condiciones materiales obligaron a emigrar a muchos, hasta a generaciones, para buscar nuevas fuentes de vida, y que son el último eslabón de la cadena. Se abandonó el cultivo del centeno y se olvidó el arte de cubrir los techos con paja.

Un pueblo culto y respetuoso con su poderoso patrimonio popular, que quiere alzarse a los niveles europeos que nuestra sociedad exige, debe de superar la asignatura pendiente de la conservación y transmisión del legado del pasado del pueblo. Está en juego ese gran pasado, una memoria histórica, una herencia muchas veces milenaria, una identidad, un arte, humilde, pero arte y ciencia; toda una lengua y toda una antropología.

Cuídese la formación en las escuelas, surjan asociaciones, manifiestos (11), o gentes particulares que vuelven a sus raíces, que por uno que destruya haya diez que restaure, cuando hoy es aún perfectamente al revés. Que la Administración salga de los despachos, que los dineros los administren en inversión de futuro respetuosa con el pasado, y que se hagan cumplir las leyes. Pero por encima de todo, creo humildemente, que el camino más acertado es aquel que ya señaló Mark Gimson, inglés, en su trabajo de hace casi treinta años: “reestructuración –y recuperación– de las bases agrícolas de la zona. Entonces podría encontrar estabilidad la cultura total”.

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NOTAS

(1) GIMSON, Mark: As pallozas. Ed. Galaxia, 1983. p. 7.

(2) GARCÍA GRINDA, J. L.: El Pajar. Cuaderno de Etnografía Canaria. II Época. Nº 14. Abril 2003, pp. 81-82. El Pajar recoge diversas ponencias de las V Jornadas de debate y estudio de artesanía. El encuentro internacional de las V Jornadas se dedicó al tema monográfico de “las casas pajizas”. Se celebró en nov. de 2002, en Pinolere, Orotava, Tenerife. Participaron representantes de España, África y América.

(3) GIMSON, Mark: O.c., p 68.

(4) GIMSON, Mark: O.c,. pp 41 -44.

(5) GIMSON, Mark: O.c,. p. 11

(6) GARCÍA GRINDA, J. L.: Revista de la Casa de León en Madrid. Nº 356, p. 48. Misma cita, pero ampliada acerca del material, construcciones, formas, transformaciones...: El Pajar. Cuaderno de Etnografía Canaria, Nº 14, pp. 83 y ss. Abril 2003.

(7) SÁNCHEZ SANZ, M. E.: El Pajar... pp. 123-127. GARCÍA GRINDA, J. L.: El Pajar... p. 81. SÁNCHEZ SANZ, M. E.: El Pajar... pp. 95-104. CRUZ OROZCO, J.: El Pajar... pp 111-116.

(8) Ancares, Cebreiro y Baixa Limia.

(9) GIMSON, Mark: O.c. pp, 45 y 68.

(10) Técnica Manual del adobe. El Burgo Ranero, (León), 28 de Julio al 2 de Agosto, 2003, Centro de los Oficios de León. Jonada de valoración del adobe, 27 de sept. 2.003 El Burgo Ranero. El Centro de los Oficios de León se propone la concienciación y recuperación de un material, de unas formas, y de toda una antropología tan característicos de determinados hábitats de Castilla y León.

(11) Se hace referancia al Manifiesto del 27 -9- 03, del Grupo de Urueña en defensa de la Arquitectura Popular y firmado por 26 expertos y profesionales de toda España. ( El Norte de Castilla, 28 de sept del 2003. El Mundo-Diario de Valladolid, 29 de sept. del 2003).

BIBLIOGRAFÍA

GIMSON, Mark: As pallozas. Ed. Galaxia. 1.983

El Pajar. Cuadernos de Etnografía Canaria. Nº 14. Abril 2003. “Las casas pajizas”

MARTÍN BENITO, F.: Arquitectura Tradicional de Castilla y León. V. I-II. Junta de Castilla y León. Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio 1998.

GARCÍA GRINDA, J. L.: Revista de la Casa de León en Madrid. Nº 358, 1999.

El Norte de Castilla. 28 -Sept. 2003.

El Mundo-Diario de Valladolid. 29 -Sept. 2003