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LA RESTITUCION DEL PATRIMONIO: PALAZUELOS DE LA SIERRA (BURGOS)

REPRESA PEREZ, Fernando

Publicado en el año 2004 en la Revista de Folklore número 279.

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“Las actividades y las instalaciones turísticas deben respetar a escala de la naturaleza, las características y la capacidad de acogida del medio natural y social del lugar en donde se van a implantar, así como los recursos naturales, el paisaje, el patrimonio histórico y arqueológico, y la identidad cultural del lugar contemplado”.

Recomendación Conferencia Internacional sobre Biodiversidad y Turismo (Berlín, 1997)

1. OBJETIVO DE LA INTERVENCIÓN PATRIMONIAL

La acción cultural, respecto del patrimonio, consideramos que no tiene por destino los objetos en cuanto tales, sino como integrantes del proceso vital de un grupo social. Para nosotros, los objetos en su calidad de bienes culturales, constituyen manifestaciones culturalmente representativas de un cierto modo de concebir la vida.

Toda intervención patrimonial debería atravesar básicamente por cuatro etapas: investigación (documentación previa); restauración (mueble, inmueble o intangible en el caso de actividades “recuperadas”), conservación (mantenimiento de las condiciones adecuadas para su posterior transmisión a la siguiente generación); difusión (presentación de los resultados y desarrollo de actividades) y, por último, restitución.

La restitución, aunque figure en último lugar, no por ello deja de ser la más importante, informando, en realidad, toda la intervención, en tanto que persigue la reinserción de ese proceso vital antes señalado en el contexto cultural al que pertenece el bien cultural.

En la persecución de ese objetivo, se habrán desplegado las etapas previas, tratando al final de obtener un acercamiento histórico–cultural al patrimonio, que nos permita llegar no sólo a una mera presentación contemplativa del patrimonio (desgraciadamente muy habitual en iniciativas denominadas “etnográficas”) sino, principalmente, a la integración de espacios y funciones desarrolladas en ellos, llevándonos, por tanto, a introducirlos en su contexto significativo, gracias a la inserción del bien cultural en su marco social cotidiano, llegando a ser, como ya adelantábamos, culturalmente representativos.

Por todo ello, las etapas de investigación, restauración, conservación, o difusión del patrimonio, están preordenadas hacia la restitución de unos bienes culturales cuyo significado ha ido variando hasta nuestros días, pues en última instancia, esos bienes que conforman el patrimonio poseen un significado actual para los que lo contemplamos o evocamos, más allá del que históricamente hayan podido tener.

En definitiva, el patrimonio considerado desde una perspectiva etnográfica, debe recibir con especial cuidado una consideración de patrimonio vivo, que con el paso del tiempo experimenta una resemantización, propia de su paso por sucesivas modernidades.

En consecuencia, pensamos que la intervención patrimonial no debería estar impulsada tanto por la inmediatez en la restauración del mayor número de bienes (criterio cuantitativo), como por las condiciones posteriores de mantenimiento, compromiso en la conservación, y posibilidades de transmisión a la siguiente generación (criterio cualitativo). De nada sirve intervenir en treinta molinos, diecinueve fraguas, y otras tantas viviendas, si no hay una voluntad de mantenimiento por los vecinos del lugar. Si no logramos que sean para ellos culturalmente representativos.

2. PROYECTO CENTRO ETNOGRÁFICO SIERRA DE LA DEMANDA

2.1 Antecedentes Con fecha 12 de julio de 1999, el Ayuntamiento de Palazuelos de la Sierra presenta al Grupo de Acción Local AGALSA – Sierra de la Demanda, dentro de la iniciativa Leader II, el Proyecto Centro Etnográfico Sierra de la Demanda, que acordará su apoyo dentro de la medida B6 de Conservación y Mejora del Medio Ambiente (1).

La propuesta para la ubicación de un Polo Interpretativo en Palazuelos de la Sierra se apoyaba en los siguientes criterios: (a) Idoneidad del lugar: Palazuelos de la Sierra se encuentra situado en las estribaciones de la Sierra de la Demanda, junto a una de las activaciones patrimoniales más importantes de la provincia de Burgos: los yacimientos paleontológicos de Ibeas–Atapuerca (2). (b) Conservación activa a largo plazo del patrimonio rural: El Proyecto implica no sólo la conservación inmediata sino, fundamentalmente, asegurar el futuro para un patrimonio en situación tan precaria. En contraste con el abandono que el patrimonio rural está sufriendo, Palazuelos de la Sierra no sólo ha hecho un esfuerzo de conservación, sino que ha mantenido su funcionalidad. Por tanto, constituye una buena referencia en la conservación activa del patrimonio, que merece ser apoyada en orden a mantener la personalidad de la zona, e incentivar su valoración.

2.2 Ejecución

Se han realizado obras de distinta entidad en los inmuebles que integran en su primera fase el Polo Interpretativo que se pretende desarrollar en Palazuelos de la Sierra. En la intervención sobre estos bienes inmuebles, se ha partido de un estudio previo, a través del cual se delimitaron los aspectos consustanciales a los mismos y vinculados a su evolución histórica, respecto de aquellos que podían ser modificados, para permitir, en última instancia, que pudieran seguir “creciendo”. Aquellos aspectos modificados han sido documentados.

Corroborando esta orientación, recientemente Jukka Jokilehto, presidente del Comité Científico de Formación de ICOMOS y asesor del ICCROM, afirmaba en una entrevista que en la restauración

“cada edificio impone sus criterios, porque en él existen elementos que tienen mayor o menor importancia […]. Lo que parece más interesante es mantener un edificio como una continuidad” (3).

Por otra parte, también se ha tenido en consideración el uso de los edificios. La intervención se ha concebido no sólo para mantener el uso, sino para mejorarlo en lo posible. Este criterio se ha considerado incluso para la antigua escuela, pues se presenta como un espacio eminentemente didáctico, enlazando con su pasado al servicio de la educación.

También en este caso nuestro planteamiento se encuentra en la línea de las consideraciones realizadas por Jukka Jokilehto cuándo afirma lo siguiente:

“Evidentemente, lo mejor es encontrar un uso que permita seguir la función para la que fue construido ese edificio, aunque la utilidad puede cambiar con el paso del tiempo […]. Siempre importa que el nuevo destino sirva para dar un mayor beneficio y esplendor al edificio y su entorno” (4).

Finalmente, recogemos una última consideración de este destacado especialista en el Patrimonio (que, además, preside un organismo encargado de informar los proyectos susceptibles de ser catalogados como Patrimonio de la Humanidad) por su trascendencia en la valoración de un patrimonio como el objeto de nuestra intervención

“Un edificio tiene importancia no sólo por su fachada, sino [también] por la tipología”.

Además, la iniciativa se encuentra respaldada por la aprobación de unos Estatutos (publicados en el Boletín Oficial de Burgos de 10 de julio de 2000), en los que se recogen unas normas de organización y funcionamiento.

A pesar de todas estas previsiones técnicas y jurídicas, sin embargo, la intervención, por motivos completamente ajenos a nuestra voluntad, presenta aspectos reprobables. Convendría que las previsiones contempladas en el artículo 7 de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español no quedaran en una mera declaración de intenciones: “Los ayuntamientos cooperarán con los organismos competentes para la ejecución de esta Ley en la conservación y custodia del Patrimonio Histórico Español comprendido en su término municipal, adoptando las medidas oportunas para evitar su deterioro, pérdida o destrucción. Notificarán a la administración competente cualquier amenaza, daño o perturbación de su función social que tales bienes sufran, así como las dificultades y necesidades que tengan para el cuidado de estos bienes. Ejercerán asimismo las demás funciones que tengan expresamente atribuidas en virtud de esta Ley”.

3. ITINERARIO CULTURAL

La interpretación del núcleo y su entorno conforma dos itinerarios: senda de naturaleza y cultural (4).

Los elementos que en la actualidad integran el Polo Interpretativo son seis: la antigua escuela, el horno “de abajo”, el lavadero, la fragua, el potro y el molino “de San Cristóbal” (5).

LA ESCUELA

De este edificio resulta significativo, en primer lugar, el material empleado: la llamada piedra de Juarros, arenisca de color ocre rojizo intenso que permite ser trabajada en grandes piezas. Por su tamaño y características, es un inmueble digno de ser conservado y transmitido a las generaciones futuras, constituyéndose en testimonio de un paisaje cultural resultado respetuoso, a la vez que reflejo, del geológico.

En su planta baja, tenía lugar la función docente. Hasta 72 alumnos se disputaban sus pupitres en los años cuarenta. Alguno se quedaba de vez en cuando sin uno en el que apoyar la libreta. De nueve de la mañana a una, y de tres a cinco de la tarde, los pupilos recibían la formación básica. Con el paso del tiempo, el número irá declinando, hasta 1975 en que se cerró, pasando finalmente sus alumnos al Colegio Santa Mª la Mayor, que la Diputación Provincial posee en Fuentes Blancas. El Boletín Oficial del Estado publicará la Orden Ministerial de supresión de 1 de septiembre de 1975.

Completaba la planta baja una cuadra, que se encontraba longitudinalmente dispuesta en la trasera del edificio, y dos accesos a la planta superior, cuyo espacio se repartía en dos viviendas. Una era ocupada por el practicante, la otra por el profesorado, y más tarde, por algún vecino del lugar. De ambas se ha conservado el entramado interior, y las dos chimeneas humonas. Una de ellas puede apreciarse desde el exterior. Sobre las viviendas se situaban las trojes, en las que se almacenaba el grano.

Su interior ha experimentado una serie de variaciones que han terminado por darle una nueva distribución. Actualmente, el consultorio médico ocupa una parte de la planta baja, mientras que el resto se ha tratado de mantener, recogiendo el espíritu didáctico del edificio. Así, junto al material expositivo sobre el edificio y el patrimonio tanto natural como cultural de Palazuelos de la Sierra y su entorno, completará el inmueble una sala de usos múltiples.

Se aspira, por tanto, a reivindicar el valor pedagógico del patrimonio, defendido por el Consejo de Europa especialmente en su Recomendación Nº R (98) 5 en tanto que “medio privilegiado de dar sentido al futuro mediante una mejor comprensión del pasado”.

A través de ese valor pedagógico esperamos “remover” esos clichés que se ciernen insistentemente sobre el patrimonio rural, tiñéndolo de un ancestralismo exótico que impide acceder a unos conocimientos que no por ciertos dejan de ser relevantes.

LA FRAGUA

Es este un espacio donde el hierro se transforma en múltiples creaciones, una vez ha tenido lugar la extracción del mineral. Para un mejor conocimiento de esa fase inicial puede visitarse el Museo de las Ferrerías, en Barbadillo de Herreros, donde se puede realizar una aproximación a las actividades relativas al beneficio del hierro en la Sierra de la Demanda, así como a la evolución de la tecnología metalúrgica.

Hasta el tercer cuarto del siglo XX, Palazuelos de la Sierra, como la mayoría de las poblaciones, dispuso de los servicios de una fragua. El inmueble que la acoge es de propiedad pública, habiendo sido José Manrique el último herrero que trabajó en ella. Por sus servicios recibía unas veinte fanegas de trigo del Ayuntamiento. Completaba el sustento con los rendimientos procedentes de la ganadería y la agricultura.

Comparte las características generales de las fraguas rurales: formadas por espacios no muy grandes y situadas generalmente en las afueras, debido a las molestias que podía generar. A este respecto, en algunos lugares se decía: “Ni herrero, ni molino, ni señor por vecino”. El inmueble además de la fragua, se completaba con el recientemente desaparecido toril y el potro.

El combustible utilizado para la forja del hierro era el carbón vegetal. En los montes próximos se levantaban carboneras con brezo de flor morada del que se obtenía el carbón vegetal. Se prefería el de flor morada pues proporcionaba mayor potencia calorífica. En los últimos tiempos, el herrero recurrió al carbón mineral procedente de las cercanas minas de San Adrián, donde él y otros vecinos del pueblo trabajaron durante un tiempo.

Su trabajo como herrero consistía principalmente en hacer y reparar los arados: las rejas y las almellas (o armellas); algo que sucedía en general, pues la mayor parte del trabajo del herrero rural consistía en mantener y reparar los aperos de labranza y los útiles de los ganaderos. Trabajaba solo, tal como era habitual en las fraguas rurales, pero siempre contaba con la colaboración del cliente. Así, hay un refrán que dice: “En casa de herrero todos aprenden a machar hierro”.

Respecto al procedimiento, consiste básicamente en calentar el hierro al rojo en el hogar antes de ser trabajado sobre el yunque, templándolo si es necesario mediante su introducción en el agua de la pila. Se calcula la cantidad de calor que ha de recibir la pieza en relación con su grosor y una vez lograda se comienza a golpear sobre el yunque hasta obtener la forma deseada. El oficio de herrero era importante en la vida cotidiana de las comunidades rurales, no sólo por los productos elaborados en este metal, sino porque también los reparaba.

En esta fragua trabajó hasta hace unos veinte años, tras un paulatino abandono de su quehacer en la forja. La progresiva despoblación, la mecanización de las labores agrícolas y el incremento de la producción en serie, son causas comunes en el abandono de la actividad en fraguas como la de Palazuelos.

EL POTRO

Espacio ideado con el fin de que el ganado bovino pueda ser levantado para atender diferentes necesidades: herraje, mantenimiento de las pezuñas, o incluso pequeñas curas.

El procedimiento habitual es el siguiente: se deslizan dos cinchas de cuero por el cuerpo del animal, las cuáles son insertadas en el larguero opuesto que girará sobre su eje hasta suspender su cuerpo en el aire. Previamente, la cabeza habrá sido sujetada a un yugo de una sola camella.

Si el motivo que condujera la res a tal lugar fuera su herraje, se doblará y atará la pata que ha de ser labrada sobre uno de los pequeños postes existentes. Una vez inmovilizada completamente, con el pujamante se limpiará la planta para, a continuación, colocar las herraduras o “callos”, que suelen ir acompañados de una especie de aletas, en el caso de las delanteras, a modo de abrazadera.

Como ya se ha avanzado, también se utiliza para rebajar las pezuñas excesivamente largas, valiéndose de un mazo y un hacha; o incluso para realizar curas de pequeña entidad.

HORNO “DE ABAJO”

Tres hornos había en Palazuelos de la Sierra. El edificio que albergaba uno de ellos fue transformado en almacén. El otro, fue definitivamente derribado hace unos diez años. El tercero, ha sido restaurado en este año de 2001 tras haber sufrido un incendio.

Como puede observarse, es un horno ubicado en un edificio exento, de forma cúbica, con tejado a dos aguas. Fue trasladado al actual emplazamiento en 1924, y ampliado hacia 1935 por Braulio García e Hijos, que con su instrumental venían a pie desde Santa Cruz de Juarros.

Tipológicamente, el inmueble aloja un horno denominado de fuego central, en el que la leña arde sobre el suelo del mismo; en contraste con los hornos de fuego lateral, más complejos técnicamente, en los que la leña arde en una cámara contigua al horno desde la que penetran las llamas.

Hace aproximadamente unos veinticinco años comenzó a perder usuarios, al hacer acto de presencia el panadero. Desde entonces, el horno tan sólo se utilizó esporádicamente para asar algún que otro cordero. En este caso, como en tantos otros, la mejora de las comunicaciones facilitó el acceso al pan de panadería, desplazando a las hogazas elaboradas artesanalmente en cada localidad.

Tanto este horno como el de arriba eran comunales. Su mantenimiento corría a cargo de la vecindad. A ellos se acudía con la leña que en suerte le había correspondido a cada uno ese año. Se calentaba con madera de roble, o con espino y aulagas, debido a su potencia calorífica. Se cocían tortas y hogazas, pero también se aprovechaba el fuego de la trébede, que a su vera se encontraba, no sólo para calentar el agua sino incluso para asar patatas y sardinas. El mismo horno era utilizado en ocasiones, para asar algún que otro cordero, siendo esta finalmente la actividad que, como ya hemos indicado, se prolongará más en el tiempo.

Se elegía anualmente a suerte una alcaldesa para este horno del barrio de abajo. Se encargaba de regular el turno de uso, que aproximadamente tenía lugar cada ocho días. Habitualmente, dos turnos tenían lugar cada día, salvo cuando llegaban las fiestas, en las que se necesitaba más y mejor pan. Durante esas fechas, día y noche era el horno visitado.

El proceso de elaboración, desde que se entraba al horno para cerner la harina hasta que se salía con las hogazas, requería aproximadamente unas seis horas. El horno tiene capacidad para unas veinticinco hogazas de pan, si bien previamente se cocían cinco o seis tortas. Las hijas aprendían de sus madres, pues se encargaban fundamentalmente las mujeres, salvo casos excepcionales.

EL LAVADERO

En torno a los años cuarenta fue cubierto de tierra, entre otras razones debido al escaso rendimiento que ofrecía, habiendo sido reintegrado al paisaje arquitectónico en 2001.

Una particularidad en cuanto al uso es que permitía desarrollar la acción de pies, sin necesidad de arrodillarse.

Sin embargo, como alternativa mejor valorada, se acudía a las corrientes circundantes: río Matanza, arroyo Matalavá, o la surgencia de la Reboyada, especialmente apreciada por el lugar abrigado donde se encuentra y la temperatura más cálida del agua, lo cual en invierno era de agradecer.

Días completos se han pasado a la orilla de dichas corrientes, cubriéndose en verano los prados de sábanas y demás prendas a modo de cubierta textil que competía con la vegetal.

EL MOLINO “DE SAN CRISTÓBAL”

Siete molinos había en Palazuelos de la Sierra en 1752, según nos indica el Catastro del Marqués de Ensenada. Eran siete molinos “harineros de una muela que muelen como la mitad del año con el agua del río Matanza propios de diferentes particulares de esta villa, los que regulan a media fanega de trigo cada adra que se compone de nueve días cada una”.

Adra es un término de etimología árabe, ad-dara: turno, con el que se hacía referencia al turno periódico de uso de unos molinos que con el tiempo pasaron a ser de propiedad comunal, designándose anualmente un responsable que se encargaba de solventar los problemas que pudieran surgir en lo relativo al orden y necesidades de mantenimiento de los siete molinos, cuyo uso, además, estaba repartido por barrios.

Siete molinos hubo en funcionamiento hasta principios del siglo XX: Cabecero, Encimero, Cabezada, Angulo, de Enmedio, San Cristóbal y Bajero. A ellos acudían en carros de “recazones”, realizados íntegramente en madera (tanto la rueda como el eje), los vecinos de Palazuelos, pero también de pueblos próximos, a los que se cobraba la maquila en contraprestación: medio celemín por cada fanega molida (del árabe fanica: saco, medida; como medida de capacidad varía según regiones, siendo en Castilla de 12 celemines, o lo que es lo mismo, 55 litros y medio).

Estos molinos eran pequeñas construcciones en piedra, de una sola muela movida por un rodete con álabes de madera acanalada. Aprovechando los desniveles del terreno, se hundían ligeramente en el suelo, alimentándose de una pequeña desviación realizada unos metros aguas arriba. Su única muela servía tanto para el trigo como para el pienso destinado al ganado. Era necesario un día entero para moler un saco en invierno, cuando la corriente era suficiente para mover estos pequeños ingenios. Dada su fragilidad con frecuencia sufrían la ruptura del “buje” (eje), el cual iba montado sobre una piedra labrada por los mismos vecinos.

Hoy en día, sólo quedan los cimientos de seis de estos molinos. Pueden observarse algunas de las piedras que elevaban sus muros en las cercas contiguas al río.

Únicamente queda en pie el de San Cristóbal (el más cercano al pueblo) que fue renovado y ampliado en 1916, según anotación realizada por Fermín Arribas:

“El año de 1916 se echó a andar el molino a mediados del mes de octubre, y lo inauguraron los padres misioneros Lesmes y Samaniego”.

A su cuidado quedó un molinero que recibía del Ayuntamiento unas veinte fanegas de trigo en contraprestación, si bien los gastos de reparación y de leña para la cocina quedaban de cuenta del Ayuntamiento en tanto que propietario, el cual también se ocupaba de cobrar a los posibles clientes de otros pueblos, como los del cercano Cabañas. Además del servicio del molino, esta persona realizaba también trabajos en madera, especialmente para los arados.

Desde entonces, se viene utilizando habitualmente, incluso durante la posguerra a pesar de estar oficialmente precintado. Han sido muchas las noches pasadas al calor del hogar adyacente al servicio del molino, al que se acudía según vereda (turno). En la década de los cincuenta, con unos ochenta vecinos, el turno se cerraba cada ocho/diez días, si bien estaba en función del agua que bajara el río Matanza.

Según la creencia popular, debe su nombre de Matanza a una hipotética batalla que tuvo lugar aguas arriba entre moros y cristianos o contra los franceses, que tiñó las aguas de sangre. De hecho, en su nacimiento hay una cavidad rocosa conocida como “Cueva de los Moros”. Sin embargo, probablemente, se deba a la tonalidad rojiza que adquiere el agua debido a los materiales entre los que discurre.

El molino de San Cristóbal posee una capacidad de hasta 200 fanegas por día entre los dos juegos de piedras: la blanca, destinada a moler trigo, y la negra para el pienso. Se ha molturado sobre todo trigo mocho (“barbado”) que daba más harina, pero también marruco (sin filamentos). Sin embargo, actualmente sólo se utiliza la destinada a moler pienso para los animales. Por ella han pasado yeros, centeno y cebada.

Actualmente, sólo tres vecinos acuden con asiduidad para moler pienso. Paulatinamente los molinos eléctricos acabarán por desplazar su funcionalidad hacia otros usos, esperemos, de carácter didáctico, respetuosos con el conjunto hidráulico y su entorno.

La existencia en Palazuelos de Siete Molinos motivó que la Asociación Cultural creada el 9 de octubre de 1993 para dinamizar la vida social de Palazuelos, decidiera resaltar el hecho dando nombre a la Asociación y a su Revista.

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NOTAS

(1) La iniciativa Leader II, en la que participan distintas Administraciones Públicas, pretende promover programas de desarrollo integrado que perduren a largo plazo, con la aspiración de mejorar las condiciones de vida en una zona que se articula en torno a la Sierra de la Demanda.

(2) Este argumento inicial se ha visto ratificado con la declaración de los mismos como Patrimonio de la Humanidad, confirmando su trascendencia y la necesidad de una oferta que encauce su potencial turístico-cultural hacia el interior del territorio Sierra de la Demanda.

(3) Entrevista publicada en la Revista Patrimonio Histórico de Castilla y León, Año II, nº 5. Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León, Abril-Mayo-Junio de 2001.

(4) A este efecto, se ha procedido a la ubicación de paneles didácticos y la edición de un tríptico con la información básica.

(5) Los dibujos han sido realizados por José Ángel Fontúrbel Romero