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REFLEXIONES SOBRE LAS HURDES

MEDINA GARCIA, Eusebio

Publicado en el año 2004 en la Revista de Folklore número 279.

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RESUMEN

Este trabajo trata sobre Las Hurdes (España). Intenta proyectar una visión de conjunto sobre las numerosas investigaciones realizadas hasta la fecha en esta comarca extremeña desde diversos ámbitos y disciplinas: histórico, geográfico, demográfico, etnográfico, etc. El artículo plantea algunas hipótesis acerca de la naturaleza y singularidad de la cultura hurdana y realiza una breve reflexión sobre tres dimensiones fundamentales que atañen a los estudios antropológicos y sociológicos en general: la histórica, más bien como carencia, los aspectos estructurales y la dimensión dinámica de las costumbres y de los procesos de reconstrucción de la identidad social.

PALABRAS CLAVE

Hurdes, historia, etnografía, estructuras, cultura, identidad, cambio social.

TEXTO

A principios de 2003 acudí a Las Hurdes para dar una conferencia sobre los usos y costumbres hurdanos en torno a la fertilidad. Aunque he recorrido muchas veces esta hermosa y singular comarca y he vivido incluso en ella durante cortos espacios de tiempo, nunca había profundizado tanto en su visión a través de los libros. Mi conocimiento sobre Las Hurdes era más bien empático, entrañable, visual, relacional. El reto de tener que hablarles a los propios hurdanos de sus costumbres, y un cierto orgullo profesional, me llevaron a una intensa labor de documentación que, sin duda, ha ampliado mis conocimientos iniciales y también, claro está, mis dudas. Estos nuevos interrogantes que me han nacido se despliegan por tres ejes principales: el histórico, el estructural y los problemas de cambio social.

Por los vestigios que nos llegan del pasado sabemos que Las Hurdes estuvieron habitadas desde tiempos remotos. La presencia de dólmenes, ídolos estelas, numerosos petroglifos, etc. avalan dicha evidencia; pero poco más sabemos de aquellas “comunidades ganaderas de origen ignoto” de las que nos habla Félix Barroso (Barroso, F., 1995: 253). Las primeras referencias escritas sobre Las Hurdes datan, al parecer, del siglo XII y en ellas se constata la presencia de al menos dos asentamientos humanos –uno en Ovejuela y otro en Las Mestas– antes de la famosa batalla de Las Navas de Tolosa (1); pero nada sabemos de aquellas gentes; casi nada de sus costumbres o de sus vidas. Y no existen más fuentes documentales publicadas, sobre la comarca, hasta principios del siglo XVII, momento en que empezó a fraguarse su leyenda negra (2).

La transmisión oral, característica de la cultura hurdana, y de la cultura popular en general, no ha propiciado un conocimiento preciso de las costumbres ni de su evolución histórica; por ello, cuando hablamos en estos términos, nos movemos casi siempre en el ámbito de los posibles, de la incertidumbre. En el caso de Las Hurdes, dicha oralidad aparece aún más acentuada por el especial aislamiento en el que se han mantenido estas comunidades aldeanas, sobre todo las ubicadas en los valles más angostos y escabrosos. Para paliar este gran vacío, quizás insalvable, queda aún una importante labor de indagación documental por hacer. Los archivos parroquiales y municipales, incluidos los de Plasencia, Granadilla y sobre todo los de la Alberca, aún no han mostrado todos los datos de interés que conservan, los cuales pueden arrojar nueva luz sobre la comarca.

Quizá debido a su peculiar orografía, al poblamiento disperso, a la idiosincrasia de sus gentes…, tanto el cristianismo como el pensamiento ilustrado han tardado mucho más tiempo en imponerse en Las Hurdes que sobre el resto del territorio (3). Aunque el cristianismo ya estaba allí presente desde finales del siglo XIII, el proceso de cristianización de la comarca fue lento e ineficaz. Como señala Félix Barroso, esto se refleja en las celebraciones festivas, de hecho no existe “un santoral rico, variado y arcaico. La Semana Santa carece de tradición”. Los hurdanos “…vivían sumidos en el peor de los paganismos (…) y mantienen ritos y prácticas no muy acordes con los que manda la Santa Iglesia de Roma” (Barroso, F., 1995: 253 y 254). Aún en 1940 el párroco de Nuñomoral se lamentaba de que “Aparte de que se cuentan con los dedos de las manos los vecinos que acuden a la misa dominical y otras fiestas de guardar (…) corren el carnaval con gran libertinaje, vestidos con pieles de animales e imitando los gestos libidinosos de estos, participando incluso el alcalde y los concejales” (Cit. por Barroso, F., 1995: 264).

La presencia del Estado en las alquerías también ha sido más tardía que en otras comarcas y ha tenido muy poca repercusión hasta fechas recientes. La visita del rey Alfonso XII en 1920 parece marcar un punto de inflexión, en ese singular proceso de estigmatización e intentos de redención que ha sufrido la comarca a lo largo de su historia; pero no fue hasta el final de la dictadura franquista y el posterior advenimiento de la democracia y la instauración del Estado de las Autonomías, cuando Las Hurdes empezaron a transformarse bajo la influencia incisiva del progreso, en forma de emigraciones masivas y vastas reforestaciones, primero, y de modestas infraestructuras y servicios, después (4).

A nivel estructural, y a pesar de que la mayoría de los autores lo hacen, no parece adecuado referirse a Las Hurdes como si fueran un todo homogéneo, sin fisuras, sin contrastes. Quizás esto pueda ser pertinente desde un punto de vista geológico, morfológico o pluviométrico pero no desde un punto de vista histórico y cultural. No debemos obviar que el concejo de Pinofranqueado y sus alquerías se ha regido tradicionalmente por un censo enfitéutico, diferente al que estaba sometido el resto de la comarca durante siglos (5). Igualmente se aprecian diferencias significativas en el repertorio de las tradiciones locales que nos llevan a suponer la existencia de distintas zonas de influencia cultural dentro de la propia comarca (6). Ni siquiera tenemos la certeza de que costumbres, al parecer tan extendidas, como “la hijuela” o el “acetuao” estén presentes de la misma forma, en toda la comarca.

No existe, que sepamos, un estudio exhaustivo y comparativo de las costumbres y las tradiciones hurdanas entre si ni en su devenir histórico. Sin embargo, éste sería muy útil para determinar hasta qué punto la cultura hurdana constituye un islote humano con entidad propia y singular, como se ha supuesto muchas veces, o que más bien forma parte de un continuum cultural que, pasando por el norte peninsular, hunde sus raíces en la antigua tradición celto-germánica, en simbiosis progresiva con elementos autóctonos, sujetos a un creciente proceso de cristianización (7). Dicho estudio serviría además para identificar los hitos y las señas de la identidad comarcal, caso de que existan realmente como tales (8).

En contra de la opinión de algunos investigadores (Cfr. Catani, M., 1989: 14 y ss.) pensamos que las comunicaciones interhurdanas no han sido tantas ni tan importantes. Éstas parecen haberse restringido tradicionalmente al interior de los respectivos valles y se producían de manera esporádica, ocasional (9). Sólo algunos sujetos, muy pocos, se han afanado en un pobre comercio intracomarcal. Sin embargo, las salidas al exterior sí parecen haber sido algo más frecuentes y/o están más documentadas; ahí está el ejemplo de los segadores hurdanos que se desplazaban fuera de la comarca, todos los años, en cuadrillas, o la presencia de mendigos hurdanos –pidioris– en numerosos pueblos de Castilla y de Extremadura, descritos ya desde la Edad Media.

A nuestro parecer, la imagen de una comarca entretejida por fuertes lazos de comunión, de modos de vida, de identidad cultural, de parentesco, se ha forjado sobre todo fuera de la propia comarca, donde se ha tendido a considerar a los hurdanos como un grupo humano singular, como a hijos de la misma madre. Y hasta cierto punto es lógico que así fuera, ya que los hurdanos en el exterior, probablemente tendieron a identificarse y a unirse entre si frente a castellanos y extremeños, todavía más extraños que sus paisanos (Cfr. Catani, M., 1989: 13). De esta manera, los propios hurdanos contribuían a fraguar y a fortalecer esa imagen de pueblo indiviso, a pesar de la complejidad y diversidad de sus sistemas identitarios internos (10).

Al margen de tales diferencias, en torno a las que se conforman, seguramente, las múltiples identidades hurdanas, observamos un proceso de transformación de su acervo cultural, caracterizado, en líneas generales, por un avance progresivo de los cultos cristianos y un retroceso simultáneo de los ritos paganos (11). Dicho proceso se ha acelerado de manera considerable durante los últimos años, marcando en la actualidad una de las singularidades de la nueva sociedad hurdana, ahora más influida que nunca por el santoral cristiano y por el Estado. Es principalmente en torno a un núcleo duro y ambiguo de religiosidad-racionalidad sobre el que se está fraguando, a nuestro parecer, la nueva identidad hurdana, en un intento colectivo, quizá inconsciente, por dejarse asimilar sin resistencia, por desdibujar aún más, si cabe, las diferencias con ese otro entorno cultural más amplio, al que por otra parte los hurdanos siempre han pertenecido (Cf. Catani, M., 1989: 13 y ss.).

Actualmente asistimos a un cambio profundo, multidimensional e irreversible de Las Hurdes. Lo que se propusieron hace siglos Porras Atienza y otros salvadores de almas, lo está logrando la modernidad sin aparente esfuerzo. Los antiguos caminos y veredas han dado paso al asfalto de las carreteras, las visitas familiares durante las fiestas al turismo de verano y de primavera, las castañas a los corkflakes, las tertulias nocturnas a la telebasura, el baile de las morcillas a la nocilla, el retozu al bailoteo en la discoteca de Montehermoso, la copita de aguardiente al cirigüay (12)…; y así, los ritos ancestrales hurdanos “…son ya en su mayoría, piezas de museo” (Barroso, F., 1986: 21 y sic). Al mismo tiempo, se aprecia una clara reivindicación y defensa de los elementos paganos como marcadores de identidad colectiva, y una labor encomiable de sensibilización y recuperación de tales aspectos (13).

Aunque constatamos, ya de manera evidente, las pautas y las consecuencias de este proceso de modernización sobre el paisaje, las construcciones y el nuevo modelo de poblamiento (14), desconocemos casi por completo la influencia que está ejerciendo el nuevo modo de vida sobre costumbres ancestrales como la hijuela-acetuao, los antruejos… o la tradicional función dinamizadora de los quintos, ahora que, al menos en teoría, ya no hay quintos.

Pero no debemos pecar de ilusos. No podemos considerar a los hechos socioculturales como si fueran atemporales, aislados del devenir histórico. El contexto implica siempre una determinación temporal que sirve de referencia para marcar la evolución del fenómeno. El repertorio de las costumbres y de las tradiciones hurdanas siempre ha estado en movimiento y siempre lo estará. Es así como tenemos que procurar aprehenderle, en su dinámica, en su dialéctica externa-interna, material-inmaterial, en su proceso de constante trasiego, de readaptación permanente. Unas costumbres mueren al tiempo que emergen otras. Es preciso tener plena conciencia de este devenir temporal en el que todo y todos estamos inmersos, para no dejarnos llevar por una actitud idealista o catastrofista en pos de falsas expectativas. Sólo así podremos asumir con realismo el papel que nos toca jugar como agentes activos, y en gran parte determinantes, en los procesos de conformación de esa nueva realidad hurdana, plural y única; la cual seguirá siendo el reflejo más elocuente de su identidad social.

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NOTAS

(1) “Antes de Las Navas de Tolosa se aparecen Mestas, Ovejuela… No hay ninguna aldea al sur de Coria y Plasencia”. “Repoblación y ocupación del espacio en Extremadura”. CLEMENTE RAMOS, J. J. y DE LA MONTAÑA CONCHIÑA, J. L.: Actas de las Primeras Jornadas de Historia Medieval en Extremadura (p. 21). Clemente Ramos, J. J. y De la Montaña Conchiña, J. L.: (coords), Ed. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura y Editora Regional, Mérida, 2000.

(2) En 1604 se editó la Breve y Verdadera Relación de los Sucesos del Reino de Camboya, primera obra que hace referencia, en clave fantasiosa, al descubrimiento de Las Hurdes. En 1633 se publicó De Rebus Hispaniae, una obra de Alonso Sánchez; y en 1638 se editó Las Batuecas del Duque de Alba, de Lope de Vega. A partir de entonces, Las Hurdes empezaron a identificarse, en determinados círculos culturales españoles y europeos, como un enclave curioso y enigmático.

(3) Algunas fechas importantes en el proceso de cristianización de Las Hurdes son las siguientes: • Construcción del Convento de los Ángeles (s. XIII) en el concejo de Pinofranqueado (Hurdes Bajas).

• Inauguración del Convento de las Batuecas (1599) en el valle de las Batuecas (Hurdes Bajas).

• Nombramiento y toma de posesión del obispo Porras Atienza (1684).

• Finalización de las obras de la iglesia de Cambroncino (1700).

Sabemos que ya existían otras iglesias y ermitas en la comarca, anteriores a la construcción de la iglesia de Cambroncino y que de toda la comarca, era el concejo de Pinofranqueado el mejor comunicado con el exterior y el más cristianizado.

(4) En marzo de 2003, el Centro de Documentación de Las Hurdes estaba a punto de inaugurar una exposición fotográfica sobre los cambios acaecidos durante el pasado siglo, en la que se pone de relieve la tardía llegada de la luz eléctrica o del teléfono a la comarca. El “Plan Hurdes” data de 1976. La política de cohesión intracomarcal y dotación de infraestructuras de la Junta de Extremadura es posterior.

(5) 1527 “Se registra una escritura actualizada del Censo enfitéutico otorgada por el Concejo de Granada a los vecinos de la Dehesa de lo Franqueado (Hurdes Bajas). Dicha escritura demuestra que la dehesa de lo Franqueado conoció en sus relaciones con la metrópoli señorial, la villa de Granada, unas relaciones más equilibradas que las que se dieron entre la dehesa de Jurde (Hurdes Altas) y el concejo albercano…” FERNÁNDEZ GÓMEZ, L.: La Invención de Las Hurdes (2), p. 48, Catani, M. (1989), Colección Cuadernos Populares, Editora Regional de Extremadura.

(6) Así, por ejemplo, la “Arada de los Novios”, costumbre posnupcial ya prácticamente extinguida, sólo aparece en Casares y Caminomorisco, mientras que “la Enramá” es exclusiva de Pinofranqueado.

(7) La persistente presencia y fortaleza de determinados complejos simbólicos culturales como los famosos ídolos-estelas, los carnavales –antruejos–, los sacrificios de animales, ciertos rituales genésicos o la aparición de las ánimas parecen avalar esta última hipótesis.

(8) Las señas de identidad comarcal parecen haberse creado reciéntemente o encontrarse en proceso de conformación. La fiesta comarcal es de creación reciente y ha sido impulsada, en buena medida, por personas que trabajan en instituciones paraestatales (agentes de desarrollo, maestros, etc.). La peregrinación tradicional a la Peña de Francia ya no puede considerarse, a nuestro parecer, como el aglutinante más importante de la identidad comarcal.

(9) Sobre todo por motivo de celebraciones festivas en los municipios cabeza de partido, dentro del mismo valle. Recuerdo a un vecino de Ladrillar que, hace ya varios años, se empeñó en acompañarme a la alquería del Gasco porque según me dijo, no quería morirse sin conocer ese otro valle aledaño donde nunca, en toda su vida, había estado.

(10) Cfr. CATANI, M. (1989).

(11) Como bien nos informa Félix Barroso (1995), son numerosas las fiestas de nueva creación en la comarca, casi todas ellas de escasa entidad y erigidas en torno a la imagen de un santo patrón, mientras que se apagan otras fiestas y otros ritos más emparentados con la que ha sido tradicionalmente la cultura de la comarca. Entre estas fiestas y celebraciones en decadencia podemos citar por ejemplo: la “entrada a mozo”, “la matanza”, “el retozu”, la “arada de los novios”, la “vaca antrueju”, etc.; mientras que otras tradiciones como el “robo de la albehaca”, “la enramá” o “los quintos” sufren en la actualidad un evidente proceso de reconversión y adaptación.

(12) Bebida refrescante elaborada con vino y zumo de limón.

(13) En este sentido tenemos que alabar el esfuerzo que algunas personas y entidades están haciendo para concienciar a los hurdanos de la importancia de preservar sus señas de identidad. La reciente creación de una asociación para la defensa y promoción de la cultura hurdana o la continuada edición de revistas de corte etnográfico, elaboradas por los jóvenes hurdanos o la creación del primer Centro de Documentación sobre esta comarca son ejemplos elocuentes de dicha labor, que tendrá que ser persistente en el tiempo, ampliada e imitada.

(14) Dicho modelo se caracteriza por un progresivo abandono de las alquerías en favor de los núcleos principales de población, donde se concentran la mayor parte de los servicios administrativos, sociales y asistenciales.

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ARTÍCULOS

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