Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

MITOLOGIA POPULAR (CAMPO DE MONTIEL)

VILLAR ESPARZA, Carlos

Publicado en el año 2004 en la Revista de Folklore número 282.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 282 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


ALIGUÍ, EL TÍO

Anciano protagonista de nuestro folklore tradicional, lleno de simbolismo y que aparecía en época de Carnaval. Antaño, muy popular en toda la geografía manchega (Pío Baroja recuerda su presencia en Madrid a principios de siglo y García Bellido en Villanueva de los Infantes, siendo niño). Ídolo carnavalesco infantil.

El “Tío Aliguí”, en Torre de Juan Abad, desde que hay memoria, siempre fue un hijo del pueblo y durante décadas el mismo varón de una familia muy conocida. Su disfraz era una humilde máscara de trapo para el rostro, como atuendo, harapos o prendas muy remendadas y un gran capote de gañán cubriendo las espaldas. En una de sus manos llevaba una larga vara de la cual pendía una cuerda de pita con un higo atado a su final, en la otra mano, una vara más corta, a veces unos sarmientos.

Cuando de forma súbita aparecía, dando asombrosos y continuos brincos, por algún rincón del pueblo, pues, era condición exigida que los muchachillos lo buscaran, persiguieran, por los lugares más inverosímiles, el niño que lo atinaba daba la voz de alarma, e inmediatamente acudían en grupo los pequeños, que llegaban de todas partes. Entonces, asediaban al “Tío Aliguí” y empezaba un lúdico ritual, en aquellos días ya olvidado su significado. Los niños más decididos intentaban arrebatar el higo colgante, que se sabía era obligatorio hacerlo con la boca. En la algarabía infantil, una y otra vez, el “Tío“Aliguí” ponía el higo al alcance de sus bocas y cuando al punto de ser apresado por alguna de ellas, el “Tío Aliguí”, con un inesperado y brusco movimiento apartaba la fruta de la boca del niño, que mordía con sus dientes el vacío. La fruta era el premio del pequeño que superaba en astucia y rapidez de reflejos al “Tío Aliguí".

¡Y, ay…! del cuco que pensara usar las manos para conseguir el higo, un recio y decidido golpe de la vara corta en las manos, desanimaba al "nifo", y al resto de la chiquillería, que cantaban a coro y a todo pulmón…

“Aliguí, Aliguí / con la mano no / con la boca sí” (1).

En Villanueva de los Infantes: “Era un hombre vestido con sacos de arpillera y careta, que aparecía por los carnavales, simpático y a veces cruel. Con una vara de la que colgaban higos secos y caramelos que se podían coger con la boca, sin ayudarse de las manos. Aparecía por las calles cantando:

¡Aliguí, aliguí / con la mano no / con la boca, sí!

Con otra vara, a veces, cuando ibas a morder los higos o los caramelos, sacudía en la boca…”.

ALICÁNTARA, LA

Se recogió en Villanueva de los Infantes un singular testimonio, donde se dice de la Alicántara, que: “Era una víbora venenosa que tiene dos cabezas, que una quiere hacer Bien y otra quiere hacer Mal. Y yo las he visto precisamente”.

En Torre de Juan Abad la “Alicántara” se la temía como a una de las serpientes más dañinas y venenosas. En este pueblo, ha quedado huella de la malignidad legendaria de la bicha, pues, para calificar a alguna persona de conducta miserable y rastrera, se la zahería, que era más mala que la “Alicántara”.

Un guarda de un cortijo serrano afirmó con gran seriedad que, la “Alicántara” tenía semejanza de serpiente menuda, pelifina con dos diminutas alas.

APARECÍOS, LOS

Vale por “los santos finaos”.

“El día de los finaos, andan los aparecíos por los tejaos”.

BICHO, El

Impertinente, molesto y voraz animálculo, que pasaba su existencia durmiendo y holgando plácidamente en el interior de las orejas de las personas. Pero ¡hay! … Cuando despertaba, era presa de unas hambres feroces e incontrolables. Ávido, iniciaba el roer de las carnes tiernecicas del oído interno del huésped, produciéndole dolores atroces, que con ningún apaño desaparecían. El único remedio conocido, de total eficacia terapéutica demostrada, para calmar sus desaforadas ansias, era la leche tibia de mujer lactante. Se sabía que al llegar la leche hasta el asiento del animalillo éste quedaba aletargado de nuevo. Saciado de leche, a continuación caía en un irresistible y pacifico sueño.

Requisito inexcusable era, que la leche, fuera vertida directamente del pecho femenino, a la oreja del doliente.

Algún damnificado lo describió, bichito agusanado y translúcido.

BRUJAS

Las confidencias de una abuela villorreña recuerdan que: “Antes había muchas brujas y fue venir la Bula de la Santa Cruzada (?) y desaparecieron las brujerías… a lo mejor te encontrabas por la calle un ovillo hermoso de lana y cuando ibas a cogerlo se transformaba en un gorrinete… estaban un grupo de hombres reunidos haciéndose una cuerva, cuando echaron en falta el azúcar. Mandaron a uno a por ella, tardó mucho, cuando llegó, los demás le preguntaron el motivo de la tardanza, él les dijo que había sido raptado por las brujas que le habían llevado a Murcia. Los demás se rieron y dijeron que era imposible, entonces el hombre sacó como prueba de su estancia en Murcia unos dátiles”. El rapto y el posterior viaje a Murcia o tierras lejanas, es frecuente en historias similares que se cuentan en otras comarcas de la Mancha.

Más tenebroso es un viejo suceso que aconteció en Ruidera: “Este hombre (que vivió en una caseja cerca de la laguna Colgada) tuvo una temporá que estaba acostao en los poyos que tienen las casas de campo al lao del fuego… y este hombre a medianoche se levantaba desesperao a echar lumbres y a veces echaba tres o cuatro gavillas de sarmientos, porque decía que entraban por la chimenea y se lo llevaban: “¡Que vienen, que están aquí, que las he visto, que s’a asomao una por la chimenea!”, entonces la mujer decía: “Venga pues, echa lumbre”. Y echaba unas lumbres tremendas y ponía las tenazas en cruz y así parece que ahuyentaba a las brujas”.

En Torre de Juan Abad, siglo XIX, vivió una mujer a la que culparon de numerosas maldades, fue acusada de bruja y de tener escarceos con el Maligno. A su muerte todos los perros del pueblo de la zona hicieron juntas ante las puertas de su casa, aullando lúgubre y lastimosamente.

BÚ, EL

Destacado descendiente de alguna ignorada deidad funcional, y al igual de otros seres que aparecen en esta recopilación, enclavijado en la mitología montieleña, compartió los laureles de la fama con el “Tío Lobo”, la “Mano Negra” y el “Camuñas”.

Para algunos informantes de Villanueva de los Infantes el “Bú” era una: “Persona chepada, cara abotargada y pies abiertos”, “Un pájaro que se parece al loro, que se oye de noche en la sierra, en las risqueras y se decía: Calla que viene el Bú”, “Con aspecto de animal-ave con cara de lechuza”.

Las abuelas de Almedina, en noches cerradas, abrían las ventanas de las habitaciones de sus nietos levantiscos, que se negaban a dormir, y a grandes voces, llamaban al “Bú” para que acudiera.

En este pueblo le daban figura de un gigantesco búho con grandísimos ojos.

Si bien es cierto que, en su principio el “Bú”, parece ser, tuvo naturaleza antropomorfa, con el paso de los años, en el común del Campo de Montiel, fue adoptando figura de espectral búho. Así figura en la mayoría de informaciones recogidas.

Tanto en Villamanrique como en Torre de Juan Abad, se le tenía por un enorme y negro búho de cuerpo deforme, grandes alas silenciosas, ojos rojos como platos, dos navajas eran su amenazador pico, las garras como trampas loberas.

Cuentan que eran muy frecuentes sus apariciones. Se presentaba al reclamo de auxilio de las mamás y abuelas, a la hora de la siempre evitada siesta infantil. También asomaba, veloz noctívago, para raptar con sus garras a los niños, que en las altas horas de la noche permanecían pasanteando o jugando en calles, plazas y quiñoneras.

“Pájaro oscuro y siniestro” Cózar.

Sí… en su época, fue el terror de generaciones de críos.

CAMUÑA, LA

En Albaladejo, espectro femenino poseedora de los mismos atributos y naturaleza que “Camuñas”.

CAMUÑAS

Quizás, el espanta-niños más popular, pues, sus infamias son harto conocidas en toda la geografía española.

Imaginado en Villanueva de los Infantes, como un: “Hombre con forma de diablo, con nariz y uñas muy largas y ojos brillantes”, “Hombre de aspecto horrible, manos huesudas y alargadas”, “Hombre con forma de diablo, aspecto demoníaco, tenía mando y poder para asustar a las personas”.

En Torre de Juan Abad alguna abuela lo asemejaba a un monstruoso animal de formas imprecisas, de gran tamaño, largas guedejas, con descomunales dientes de lobo y pavorosas uñas.

Un colaborador del pueblo de Almedina, recuerda como su abuela se lo mentaba con figura de ogro repelente.

Entraba, sin llamar, en los hogares, para llevarse a los niños cansinos y obstinados, para devorarlos en su ignorado cubil.

(En uno de los penitenciales alemanes del año 1000 (el de Burchard, obispo de Worns) se recoge la siguiente afirmación: cualquier hombre en el día de su nacimiento y gracias al poder otorgado por las tres míticas Parcas, podía transformarse a voluntad en un Camuñas, desgraciadamente no se dan más noticias sobre su figura y acciones).

CANARIA, LA TÍA

Ser femenino del cual no existen datos ni constancia de sus características, sólo se conoce la amenaza a la chiquillería irredenta con la venida de la “Tía Canaria”. Posible endemismo de Villanueva de los Infantes.

CHAMORRA, LA TÍA

Sin función específica conocida. Hasta el momento un enigma. Es endemismo de Albaladejo.

CASERA, LA

Fue la mula que en un momento de descuido de los asaltantes de la casa de don Juan Frías, buscó la querencia de su molino y partió hacia él, cargada con varios morrales o serones llenos de “peluconas” de oro y la mítica gallina con sus polluelos del mismo metal, que harían rico al molinero, que no tardaría en desaparecer con el imprevisto tesoro.

Se cuentan muchas historias de donde fue a parar el molinero, que si en Ruidera, que si en Castellar de Santiago, Argamasilla, Tomelloso, Consuegra… Lo cierto es que en Ruidera existe una coplilla que canta: “Pablo Cuartero está preso / La causa ya seguirá / Cuando canten / los pollitos de Torre de Juan Abad”.

COCO, EL

En algunas de las respuestas obtenidas en Villanueva de los Infantes, lo retratan como: “Hombre de aspecto pavoroso, encorvado de boca grande y pómulos prominentes, huesudo y ancho”, “Hombre con aspecto de mono”, “Hombrón de trazas pavorosas con el que se asustaba a los niños”.

Asusta-niños coadyuvante de las mujeres de la familia para retener en el redil a los niños insomnes.

En Torre de Juan Abad se decía de él, que era: “Otro fantasmón que era el terror de los niños”.

Se sabe de la debilidad del “Coco”: devorar con fruición de sibarita a los muchachillos que no llegaban a dormirse.

El “Coco” fue muy celebrado en las nanas maternas:

“Duérmete niño / que viene el Coco / y se come a los niños / que duermen poco”.

“Que viene el Coco, que se lleva / a los nenes / que duermen poco”.

“Duérmete niño / que viene el Coco / y se lleva a los niños / que duermen / poco”.

“Duérmete niño / duérmete ya / porque a los niños que duermen poco / viene el Coco / y se los llevará”.

COLORAO, EL

Bautizado, en Torre de Juan Abad, como Juan Manuel Navarro Parra, pasó a la mitología torreña por el simple hecho de nacer en la afamada noche de octubre del año de 1873, la del “Robo de don Juan”. Mentar al “Colorao” es mentar tal suceso, son inseparables.

CULEBRA, LA

En lo antiguo y durante un tiempo, junto a la Fuente de la Bola, Albaladejo, apareció una gigantesca y pavorosa culebra que aterrorizó y llevó la ansiedad e incertidumbre a los vecinos y forasteros que pasaban por las cercanías de la fuente. Fue conocida por “La Culebra Desproporcionada”.

“Que cerca de la cascada del “Hundimiento” había una cueva oculta y en su interior un montón de oro, pero estaba guardao por una gran serpiente a la que era necesario matar si se quería llegar al tesoro…”.

Ruidera.

CURRITA

Perra con pintas podencas, mirar de lince, fiereza de alano. “Curra” o “Currita”, fue la perra protagonista de la inolvidable proeza que pasó al legendario particular de Torre de Juan Abad y en su tiempo, al de Valdepeñas.

Una madrugada del mes septiembre de 1933 salía “Currita” de casa de don Demetrio Gormaz, en Torre de Juan Abad, acompañaba a sus amos a Valdepeñas, bajo la caña del carro que traqueteaba lleno de trigo. Iba en avanzado estado de gestación, tal sería que aquella misma noche, en Valdepeñas, parió siete crías. A la mañana siguiente el amo de “Currita” decidió dejarla en Valdepeñas, con el pensamiento de recogerla junto a sus cachorros, en el próximo viaje, y regresaron al pueblo.

Pero a las nueve de la noche de ese mismo día “Currita” ya tenía su primer cachorro en un rincón del corral de la casa en la Torre, ante el gran asombro de todos.

La gesta de la perra fue que llevó, uno a uno, a los siete cachorros a la Torre, para ello y bajo peligro de muerte, por desfallecimiento, realizaría catorce trayectos de 38 kilómetros, la mitad de ellos con una cría en la boca, en un tiempo aproximado de sesenta horas.

“Currita” caería, pocos meses después de su aventura, víctima del veneno esparcido por las tierras cercanas a Cabeza Buey, preparado para las mal llamadas alimañas.

Hoy, se sigue contando la historia de su gesta.

DAMA DE LOS MONTES, LA

Extraña mujer, que vivía en las espesuras de los bosques y los agrestes risqueríos y que, aparecía de forma misteriosa para proteger a los niños extraviados en tales soledades. Se la conoció como la “Dama de los Montes” o la “Vieja de la Sierra”.

La anciana mujer-memoria, villorreña de nación, sólo recordaba que siendo niña, su abuela le contaba que un “muchachejo” se descaminó cuando iba leñeando por la sierra, en un terreno de mucho bosquerío… y se salvó porque una desconocida mujer que vivía en ella, lo amagó del frío y de los lobos… pero que su memoria no tiene más alcances. Y que oyó que a esta mujer la llamaron en alguna ocasión “La Hermana de la Sierra”.

Famoso en Ruidera fue el extravío de un zagal de trece años: “Que lo estuvieron buscando to el día, dando voces por el monte y al caer la noche dejaron de buscarlo. Al día siguiente ya lo daban por muerto, porque por la noche había nevao algo y después heló mucho. Y no sé si vieron pisás y las siguieron, pero lo cierto es que se lo encontraron al abrigo de unos riscos de la Peña del Babián, pero aquí abajo dando casi vistas a Ruidera. Cuando lo vieron tan campante se quedaron desconcertados y le preguntaron si había pasado mucho frío, a lo que la criaturica les contestó: que había estao muy calentico porque lo había tenido arropado toa la noche una mujer…”.

Quedó en la memoria de los niños salvados como una hermosísima joven, que en ocasiones adoptaba la figura de una anciana de serena belleza. Casos análogos sucedidos fuera del Campo de Montiel le atribuyeron una maternal ternura, de palabras muy dulces que al momento hacían desaparecer las angustias. Hay quién sostuvo que eran apariciones marianas.

DIOS DE REOLID, EL

“Al dios de Reolid, Al dios de Reolid, ¿Qué pena le daba, tenerse que ir” (Albaladejo).

Personaje histórico, nacido en Reolid (Albacete), pastor de oficio, que gozó de una insólita notoriedad en varios pueblos del Campo de Montiel, en los últimos años del siglo XIX y principios del XX.

Entre los más ancianos, que conservan recuerdos de primera mano, continúan sin llegar a un acuerdo sobre la personalidad de Jesús, que así decía llamarse, para unos un farsante y un promiscuo, para los otros un ser excepcional con aureola de santidad.

Para los seguidores del llamado “dios de Reolid” era un hombre señalado y tocado por la divinidad: capaz de realizar prodigios, como multiplicar los alimentos, experto en videncias y una hábil facilidad de establecer contacto con los espíritus de los fallecidos, por la cual era muy solicitado… coinciden los informantes en que poseía un extraordinario poder de persuasión y encantamiento, que fluía, sutil, de su melosa y acariciadora voz. Los detractores afirman que se servía de las palabras para manipular a las gentes, que caían bajo una invisible seducción. Fue invitado, recibido y agasajado en muchas casas. Sus seguidores lo acompañaban en sus largos paseos de meditación.

Acabó huyendo de varios pueblos al ser sorprendido en manifiestas y clamorosas falsedades.

“¡Ni que fueras el dios de Reolid!”. Exclamación almedinense cuando algún osado pretende realizar un trabajo muy superior a sus posibilidades.

DON JUAN

Terrateniente, antepasado de la familia Frías, que en la noche del 13 de octubre de 1873, vio asaltada su casa, Torre de Juan Abad, por una partida de carlistas que tomó el pueblo. Sujeto a tormento, pues se le creía inmensamente rico, reveló a los intrusos el rincón de la cueva casera donde guardaba parte de sus riquezas.

A pesar que los forajidos arramblaron con todo, se les pasó comprobar los pellejos de chirros que colgaban del techo de la gruta y que estaban a su vez repletos de monedas de oro. Don Juan al comprobar que no se los habían llevado dicen que dijo: “Seguimos siendo ricos, un poco menos, pero ricos”.

El memorable robo pasó con gran rapidez a ser referencia cultural del pueblo, y a la tradición oral de algunos cercanos como Alcaraz… llegando las noticias hasta los distantes pueblos cacereños.

Se han escrito diversos trabajos literarios y de investigación sobre tal acontecimiento.

DUENDES

“Seres no vistos, que andan, hablan con los vivos, con los muertos y se mueven por las casas. En los cortijos había duendes que hablaban y los escuchaban. Fue famosa en Infantes la intervención de los duendes en una finca enduendada y hasta tuvo que intervenir la Guardia Civil”.

“Hombres pequeños y simpáticos. Alegres y desenfadados. Estaban en las cámaras, acribando harina, cosa que hacían en vez del ama de casa…”. En este caso, los duendes infanteños iban vestidos de color verde.

Los duendes montieleños tenían gran debilidad por las cámaras donde se guardaba el candeal y la paja. Vivían escondidos entre los grandes montones de paja, y sólo salían para cometer sus diabluras. Muchas madres, intimidaban a sus hijos advirtiéndoles que no subieran a las cámaras, pues, si los duendes los veían, los cogían y encantaban, convirtiéndose ellos también en duendes.

Casas enduendadas y famosas en su tiempo fueron: la de “Donato” en Torre de Juan Abad; la “Casa Grande” de Villamanrique; “Los Palacios” en Villanueva de los Infantes o la celebérrima “Casa de los Duendes”, lindera entre las lagunas de la Tomilla y Conseja, en Ruidera. De esta última, hoy se pueden oír historias que producen escalofríos.

(Fernand Nicolay en su “Historia de las Creencias” cuenta cómo algunas autoridades municipales francesas, exoneraban del pago de sus alquileres a aquellos inquilinos que habitaban casas enduendadas. Las leyes obligaban al arrendador a devolver el importe recibido).

Castellar de Santiago y la villa de Alambra tuvieron su calle del Duende.

ENCANTÁ, LA

Aparición, que salvo excepciones, era siempre sanjuanera. En Villanueva de los Infantes se decía que: “Era una señora muy guapa, encantada, que no se veía pero que se podía hablar con ella y provocaba miedo”, “Mora muy guapa, con el pelo largo, a la que apenas podían resistirse los hombres que la miraban a los ojos… cuando se iba a beber agua en abrevaderos en el campo, salía con un cántaro y te golpeaba en la cabeza”, “Mora que vivía en sitios subterráneos, Cuevas de San Miguel y la Mora y salía el día de San Juan. Se decía que estaba encantada y que si te acertaba a tocar con el peine, quedarías también encantado o encantada”.

La “Encantá” de Torre de Juan Abad, se dejaba ver en El Estrecho de las Torres, también conocido como Torres de Joray o Eznavejor, término de Villamanrique.

La noche de San Juan, junto a la Fuente del Piojo, bajo la sombra de los últimos restos de Joray, era el lugar elegido para la manifestación mágica. La informadora relata que, se dieron días que las gentes del pueblo, en grupos, marchaban a contemplar el prodigio. Aparecía con un camisón de raso azul y en una de sus manos un maravilloso peine de oro que le servía para sus suaves cabellos. Cuando alguno de los curiosos se acercaba en demasía, la aparición desaparecía.

Fantasmagoría compartida con el vecino pueblo de Villamanrique. En él se han conservado algunas leyendas sobre la maldición que pesa sobre la “Encantá”, antaño, hermosa mora enamorada de un cristiano infiel, y de un tesoro oculto. Ese día ninguna moza soltera pasaba por tal lugar ni con el pensamiento, de hacerlo, no se casaban.

En Alcubillas, en el cerro de San Isidro, asomaba otra “Encantá” de la que decían suplicaba por piedad a los caminantes, un poco de agua… cuando el gañán caritativo, conmovido por las palabras suplicantes y la belleza de la encantada se acercaba para entregársela, desaparecía.

Junto a los “Riscos de la Cubeta”, Ruidera, también aparecía esta visión: “Pues íbamos los chiquillos a varear aquello, para comer los anises y las mujeres, nuestras madres, las personas mayores nos decían: “… tener cuidado, ir a una hora, siempre al mediodía o por la tarde, porque por las mañanas hay una mujer vieja que está encantá, con un pelo muy largo, pero es un pelo que brilla mucho, es de color de oro que se peina con un peine de oro y sale por las mañanas en cuanto sale el sol, al sitio que da el sol, y se está peinando y si os coge a algún chiquillo os va a dejar encantaos y os vais a quedar allí y ella se va a salir que es lo que quiere”.

La “Encantá del Caño” asomaba por tierras del pueblo de Montiel.

Dato significante es que, las múltiples manifestaciones de la “Encantá”, suceden junto a corrientes de agua.

ENCANTADOS, LOS

En Albaladejo son conocidos por “Los Encantados de la Cruz del Aravieja”, las apariciones fantasmales de formas indefinidas y que las gentes creían que eran las sombras de las Santas Ánimas Benditas en pena, recordando y reclamando promesas y fidelidades no cumplidas a sus deudos.

“Uno que se murió en los trigales, parece que después se aparecía en el mismo sitio. Y a esta visión la llamaron “El Encanto” o “El Encontrao”. Santa Cruz de los Cáñamos.

ESCAMILLA

Por muchos siglos fue famosa la leyenda que, hoy, se sigue recordando en Villanueva de los Infantes: “Había un dicho que decía: Escamilla enriqueció, pero un hijo le costó. Significaba que el padre mandó al hijo para sacar oro, pero el padre quería que no entrara más a la cueva, pero el hijo decía avaricioso: “Otra monterica de oro, otra monterica (era la medida de una montera), pero la cueva se cerró por la avaricia y por eso un hijo le costó”.

Diferentes relatos de otras abuelas de pueblos cercanos, narran que a Escamilla labrando, la tierra se le abrió bajo los pies y que en lo oscuro de la grieta brillaban monedas, oros y joyas. Esto sucedió en unos campos que lindan con “Cabeza de Buey”. En varios de los cuentos, el avaricioso es el padre, Escamilla, pero siempre el hijo es el condenado, al cerrarse de nuevo la tierra. Variantes se han recogido en Cózar, Torre de Juan Abad, Villamanrique y Castellar de Santiago.

FANTASMAS, LAS

Es igual al más popular de “las pantasmas”.

FINAOS, LOS SANTOS

Espíritus de los familiares fallecidos, viejos lémures, que salían la noche de los Difuntos, en todos los pueblos del Campo de Montiel. Se les atinaba caminando por los tejados, calles desiertas y rincones a oscuras.

En Torre de Juan Abad, de esa noche, algunos contaron que, al pasar por el cementerio, vieron estantiguas agarradas a las rejas, que lo cierran, increpando a todos aquellos que pasaban de la obligación de cumplir las promesas y el respeto que debían a sus fallecidos. Asimismo alguno de los finados se llegaba hasta las casas y se escondía detrás de las puertas. Así lo contaban las abuelas a sus nietos junto al fuego comiendo los dulces tostones.

Asimismo, los infanteños creían que esa noche: “Se aparecía una persona fallecida y reclamaba una promesa que tenían que cumplir”.

Se recuerda que alguna de estas visiones se la vio: “En la pila del agua bendita o diciendo misa”.

Era generalizada, en toda la comarca montieleña, la creencia que en habiendo muerto, las campanas daban aviso de ello, en el pueblo, no se podía ni debía, cocinar ajillo, gachas… pues, el muerto acudía y removía con el dedo las gachas o el ajillo que estaba en la lumbre. Había que retirar a escape el caldero y dejarlo para otro día. Credulidad conservada aún en muchos hogares.

¿Vestigios del ágape funerario, en el cual los finados eran homenajeados y donde éstos acudían en espíritu a saborear su plato en el asiento dispuesto en la mesa?

GIGANTES

Si bien es cierto, que hasta la fecha no se ha anotado tradición oral alguna de la presencia de gigantes en el Campo de Montiel, sí existe un cuentecillo, Almedina, que juega veladamente, no sin picardía, con la existencia de ellos. Frente al pueblo, mirando hacía Torre de Juan Abad, hay un cerro donde llaman la atención un par de enormes rocas, conocidas por “Las Chinas del Pastor”. Quiere la tradición que, andaba un pastor con su rebaño por aquel rodal, se dolía de las molestias causadas por algo que tenía en una de sus albarcas. Al no soportar más el dolor, se quitó el calzado y arrojó al cerro las chinas causantes de su incomodidad.

GAMUSINO,

EL Por excelencia, el rey de burlas de la mitología popular y tradicional.

Todos, en particular el mocerío, saben de su existencia, pero jamás lo han visto, aunque contaban que cuando se les cazaba y los metían en un saco, pesaban como auténticas piedras.

Le han adjudicado formas y figuras de las más dispares y originales: avecillas que brillan en la oscuridad, pequeños mamíferos, ranas, tortugas, etc. Vivían, algunos de ellos aún habitan, en lo alto de los árboles, bajo los hongos, orillas de los arroyos y en los matorrales más densos.

El teósofo y descubridor cometario, Roso de Luna, dejó escrito en 1917: “Y qué, ¿tomásteis como burla extremeña la Caza de los Gamusinos, sí, cuando niños, abusaron de vuestra candidez haciéndoos cargar, en tenebrosa noche, con un costal, que un chusco llenaría de piedras para molimiento de vuestros hombros y desencanto? Pues saben que ello es reminiscencia de la Caza de Boars encantados, del mundo de los jinas, y Caza de los Swan-ursinos, cual Italia, y que lo de los gamusinos se relaciona con el gamo nocturno, Dama o Danna, en latín, en alusión a la Luna”.

En Villanueva de los Infantes “Animales que paraban en el campo y hacían sonidos extraños”.

GARDUÑA, LA

Los de la Puebla del Príncipe y Santa Cruz de los Cáñamos sospechaban que era una bestezuela peluda y negrusca que vivía en los pozos. Arrastraba a los niños que se asomaban al brocal, pena por no obedecer los consejos de mamás y abuelas de no acercarse.

Ancianos y ancianas de Villanueva de los Infantes lo recuerdan como: “Bicho que va de árbol en árbol, raposa, rapiña… se criaba en los árboles y si por la mañana aparecían en el suelo de los árboles restos de bellotas, es porque la garduña se las había comido”, “Ser de manos alargadas, encorvadas y andar agachado”, “Ser femenino con cara gatuna”.

GORRO COLORAO, EL

Linaje de los duendes.

Aparece en algunos de los cuentos populares manchegos como fiero guardián de tesoros, en otros, como malévolo duendecillo.

Pero, según un informante de Almedina, existió un “Gorro” o “Gorrillo Colorao”, que se hizo muy famoso. Parece ser, que este hombrecillo totalmente vestido de rojo de la cabeza a los pies, se convirtió en la sombra de un mal pagador que le seguía a todas partes. Cuentan que la cosa era chocante, pues, todos lo podían ver, menos el moroso. Su sola presencia ponía sobre aviso a los futuros tratantes o vendedores.

Se le representaba como a un hombre de edad indeterminada y de corta estatura.

GUIRRA, LA

Ha pasado a la mitología popular por su proverbial suciedad. “Guirla” ocasionalmente es sinónimo.

HECHAÍZO, EL LOBO

Fascinante individuo mitológico, hoy al borde de la extinción en la fantasía de los habitantes del Campo de Montiel.

El hombre, montieleño de nación, afectado de licantropía, no sufría teatrales transformaciones, en ciertos procesos no perdía sus características humanas, contentándose por andar a cuatro patas. Sus cambios más notables eran el crecimiento desmesurado de las uñas, de los caninos y abundante y largo pelo por todo el cuerpo. En excepcionales ocasiones sufría metamorfosis zoomórficas, convirtiéndose en lobo.

De estos últimos hay localizado un singular Lobo Hechaízo en Villamanrique: “…en las noches de luna, un hombre se convertía en lobo, e iba arañando las puertas de las casas”. Al amanecido se descubrían abundantes mechones de pelo en los umbrales de las “portás”. Se creía que era porque el “Hechaízo” se rascaba rabioso los lomos contra las maderas: “p’a matarse las pulgas”.

Otro pueblo donde se ha detectado las andanzas del “Lobo Hechaízo”, es Almedina. De él se decía que había sido víctima de una maldición y siendo consciente de los cambios que sufría determinadas noches, avisaba a la familia que no abriera las “portás” por mucho que las aporreara: “por la Virgen de los Remedios, no abráis… no abráis, que no soy… que no soy yo”. Aquella noche los familiares cumplían el consejo al pie de la letra.

Resulta curioso y desconcertante, pues la identidad de los “Hechaízos” era conocida por toda la vecindad, cosa que no impedía la pacífica convivencia diaria.

Para los informantes de Villanueva de los Infantes el “Lobo Hechaízo” era: “Una persona agazapada y con aspecto de perro rabioso que bajaba de entre la espesura de los montes y sierras”, “Ser entre humano y animal, de orejas grandes”, “Se habla de un personaje de cuentos somero, que no da la cara y cuando la da es para hacer daño. ¡Viene arrastrándose, como el lobo hechaízo”.

Los ruidereños lo utilizaban como calificativo despectivo: “¡Pareces un lobo hechaízo!”.

LOBERICO, EL

Personaje único. Principal sujeto de las célebres danzas de Las Ánimas de Albaladejo. Reúne una serie de particularidades, símbolos y conductas, realmente espectaculares y herméticas.

LOBO, EL TÍO

El colaborador infanteño cuenta que era un hombre que: “Se volvía lobo con pelos en la cara, en noches de luna llena”. Era un vecino normal y corriente para los demás convecinos, pero a veces desaparecía para convertirse en lobo. De igual forma se le describe con formas humanas y comportamientos de perro rabioso. Guarda gran similitud con otro componente de esta mitología, el “Lobo hechaízo”. Quizás sea una variante.

Este asusta niños fue un eficiente colaborador de las abuelas torreñas que lo tenían en gran estima. Eran periódicas sus llamadas de asistencia al “Tío Lobo” para que se presentara y se llevara a los nietos rebeldones.

MALA COSA, LA

Aparición lúgubre y nebulosa sin formas definidas. Se la vincula con las Santas Ánimas Benditas.

Se contaba en Villamanrique de uno que: “Estaba novio en la Torre, cuando una noche regresaba con la bicicleta de ver a la novia, a la altura del Estrecho se le cruzó un “gorrinete”. Él apeándose de la bicicleta salió detrás de él, adentrándose en el campo, cuando ya iba a alcanzarlo, el gorrinete se transformó en una “cosa mala” y se asustó y salió huyendo”.

Otro testimonio del mismo entrevistado atestigua: “Íbamos al campo y vimos venir a un hombre a caballo, que desde lejos, parece tenía buen aspecto, sin embargo cuando se acercaba vimos como sus trazas no eran como creíamos, sino que era viejo, feo, remendaote. Cuando nos cruzamos, y lo saludamos, el caballo del hombre empezó a dar trotecitos hacia atrás, hasta que desapareció por donde había venido”.

A un galán de Torre de Juan Abad de regreso de festejar a su moza villorreña, a la altura de los muros de Joray, en la revuelta del camino, una fuerza glacial y brutal lo derribó de su montura. Mula y mozo huyeron despavoridos en dirección al pueblo, sin mirar atrás. Nunca se supo quién o quiénes habían descabalgado al festejador… pero muchos señalaron a la “Mala Cosa”. De ésta, se cree vivía en unos subterráneos que estaban bajo los muros de la torre. Del mismo modo hay quienes afirman que fue la “Mano Negra” que tenía su abrigadero junto a las acequias del arroyo de las “Aliagas”.

En Torre de Juan Abad, en el Cerro de los Gatos, una espantable “Mala cosa” se apareció a un abuelo, que hizo caso omiso de las disposiciones del cura párroco de no trabajar el día de Todos los Santos. De una nube negra salió una doliente figura de vagos rasgos humanos, que le recriminó con voz de ultratumba su falta de devoción.

MANO NEGRA, LA

Señero ejemplar de nuestra colección y extraordinario colaborador en la educación coercitiva de los más pequeños. En sus diferentes manifestaciones tuvo antaño una gran actividad en los pueblos montieleños como eficaz asusta niños.

En Torre de Juan Abad quiere la tradición que, la “Mano Negra” era un ente femenino y acuático que reinaba en las oscuras y peligrosas aguas de los pozos corraleros. Fue pavor de la canalla infantil. Se decía de ella que siempre estaba al acecho, siempre atenta y que arrastraba a los niños, a su madriguera líquida, que habían conculcado la prohibición de no acercarse al brocal.

Convienen las mujeres-memoria torreñas en la descripción: “Era como una grandasca y “feísma” mano, con sus uñazas toas negras”.

“¡No asomaros que os coge la Mano Negra!”, “¡Chacho! No t’acerques que la Mano Negra os lleva”, “¡Niño! Fuera d’ahí, no ves que la Mano Negra te ve”.

Como ser alado era imaginado en la Solana, aparecía para llevarse a los niños díscolos.

En lo que no hay acuerdo, es en acertar si la Mano Negra, era la diestra o la siniestra.

En otras localidades se le recordaba como un espantajo antropomorfo: secuestrador nocturno que merodeaba por doquier en busca de mozicos insolentes… y una célebre sociedad secreta criminal del siglo XIX.

Por lo recogido, este espanta niños parece tener un pariente fuera del Campo de Montiel: la “Pata Negra”, su hábitat eran las chimeneas y fue un eficaz espanta niños. Se la dibuja como una gran pata de lobo negro o de zorra del mismo color.

MARAUÑA

En Castellar de Santiago, perversa entidad femenina, que vivía en los pozos, con largas y disformes uñas, que le servían para enganchar y arrastrar a los niños. En otros pueblos se la conoce por Mariuña.

MARIMANTA, LA

Es el equivalente a “las fantasmas” y “las pantasmas”. Si bien en los últimos tiempos “las marimantas” eran encobijados rondadores, que tapados por una manta festejaban a través de las rejas o gateras. Así estaba a salvo la identidad del galanteador.

MARIUÑA

Espanto femenino. La informante solanera, cuando niña: “…la imaginaba como un pájaro”. En otros pueblos, ser acuático que amenaza continuamente a las criaturas desde el fondo de las pozas y tablas.

MARTINICO, EL Grupo de los duendes.

Un informador de Villanueva de los Infantes refiere del susodicho, es un: “duende con aspecto de mono”.

Con toda seguridad, es el duende “Martinico” el más popular, travieso y busca-pleitos de toda la casta duendil.

Hay centenares de historias sobre él y sus fechorías.

MORA, LA

Es frecuente que, la “Encantá” de la noche de San Juan, sea una beldad mora víctima de una maldición milenaria.

MOTILÓN, EL FRAILE

“Mochilón” es su sinónimo. Familia de los duendes.

En Albaladejo se recuerda que era “un monstruo”.

Un informante de Torre de Juan Abad asegura de él: “Ser fantástico vestido de frailón o frailuco, con grandes hábitos pardos y cubierta la cabeza y parte del rostro con la capucha del hábito, donde en el fondo brillaban unos ojos terroríficos que despedían llamas y dejaban mudos de espanto”.

Las citas de Villanueva de los Infantes lo señalan como: “Encapuchado al que apenas se le veía la cara, el hábito era marrón oscuro”, “Con grandes barbas que asustaba a los pequeños”.

En Castellar de Santiago, se llamaba fraile “Motilón” a una oruga.

NAZARIO, EL TÍO

En ocasiones se le confunde con el tío Cesáreo (?), ambos tenían las mismas cualidades. En Torre de Juan Abad se le describía como anciano de corta estatura, achaparrado, cara simpática y ojillos traviesos. Vestido con largo blusón negro, pantalón de pana y calzado con grandes abarcas. Cubría su cabeza con la “boina” manchega y en sus manos llevaba un grueso cayado o una larga vara de gavilanes.

Solía aparecer bajando por las cadenas de las cuales colgaban los calderos en las chimeneas.

Siempre acudía solícito y servicial al llamado de las mamás o abuelas que intimidaban a los niños revoltosos “Ya viene el tío Nazario por las cadenas”. Cuentan que los “criaturos” al oír el ruido de las cadenas callaban al contado. Eso sí, los niños oían el tintinear de los eslabones de hierro, pero no columbraban al abuelete que gozaba del privilegio de la invisibilidad a los ojos infantiles.

Salvo agitar las cadenas, al tío Nazario no se le conocía otra actividad intimidatoria.

OREJAS DE PANETE

Se desconoce casi todo de este mítico ser montieleño. Escasos son los vestigios de “Orejas de Panete” en la tradición oral. Amenazas a los mocicos con su llegada y juramentos en el lenguaje popular “La madre que parió a Panete”.

Conocido también por “Orejas de Pañete”.

PANTASMA, LA

“Vestido de blanco, sólo se apreciaba largo manto, ojos y los brazos abiertos”, “Era un hombre que por las noches, para ir a visitar a alguna mujer que deseaba, se ponía con una sábana por los pies y otra por la cabeza”. Villanueva de los Infantes.

En Torre de Juan Abad se recoge que: “En llegando la Cuaresma, ya casi agonizando el mes de febrero, empezaban a salir las “pantasmas”, casi siempre por promesas a las ánimas (que se cumplían siempre de una forma totalmente anónima). Todos los Viernes de Cuaresma aparecían las “pantasmas”. Iba vestida de negro con una especie de túnica o sayal que le llegaba hasta los pies. Y para agrandar su estatura y darle a su figura un aspecto entre insólito y terrorífico, sobre sus hombros y cintura llevaba atado con lo que fuera, cuerdas o correa, un armazón de listones de madera y varillas de hierro, todo ello cubierto con sábanas blancas y una cruz pintada en ellas… el aspecto era aterrador”. Es evidente que se trata, en este caso, de un ritual expiatorio.

Aquél que ejercía de “pantasma”, siempre un varón, y no cumplía la totalidad de la promesa, a buen seguro que las Ánimas enfurecidas lo visitarían en su casa y lo atormentarían con toda clase de fenómenos sobrenaturales.

Se sospechaba de las “pantasmas” de Albaladejo que, eran los lacayos “enfantasmados” de amos de casas de “posibles”, que despejaban los caminos asustando a los vecinos, para que ellos pudieran consumar sus amoríos encubiertos.

PEJIGUERA, LA

Mujeruca, proterva y aviesa.

A todos envidia. A todos odia. Sus palabras corroen honras, destruyen obras. En lo antiguo con sus largas y afiladas uñas, despellejaba a todo aquél que se pusiera a su alcance.

En el mejor de los casos, todos o casi todos la conocen, en el peor, comete sus fechorías desde la invisibilidad.

Se afirma que también existe el macho: el pejiguero.

PEREGRINOS, LOS

Hombres desarrapados, con cayado y sombrero calado, barbas largas, entre las que aparecían brillantes ojos y tez morena. Sobrecogían a los niños, entre los que pronto se pasaba la voz, si aparecía uno en cualquier lugar de paso. Endemismo de Villanueva de los Infantes.

PÉREZ, EL RATÓN

Este personaje tan popular nacido de la literatura ha transcendido a la cultura de los pueblos manchegos, se dice de él que era “un ratoncillo amable y con aires de duendecillo”. Suele hacerse presente cuando al niño se le cae el primer diente. Puesto bajo la almohada el Ratón Pérez se lo cambia por un regalo.

PERNALES, EL

Francisco Ríos González, Estepa 1879.

“Bandolero que murió por Reolí, sierra de Alcaraz, por una traición de un leñador. Le preguntó el Pernales por un camino y el leñador le indicó un camino por el que cobró un duro. El leñador fue a la Guardia Civil y lo denunció”. Narración infanteña.

La leyenda quiere que este bandolero estuvo por tierras de Torre de Juan Abad, habitando una cueva, donde escondió un gran tesoro, fruto de sus delitos, del Cerro de Dos Hermanas.

Históricamente el “Pernales”, junto al “Niño del Arahal”, sería abatido por disparos de la Guardia Civil en las Lomas de Villaverde de la Sierra de Alcaraz, en 1907.

“El Pernales” está enterrado en Alcaraz. Hace muchos años, el primero de noviembre, nunca faltan flores anónimas sobre su tumba.

PERRO SACRÍLEGO, EL

Mastín de color negro y ojos que eran lumbres, de dimensiones nunca vistas, que sació su sed, una noche vísperas de los “Santos Finaos”, en la pila de aguas bendecidas, en el preciso instante de la liturgia que el sacerdote “alzaba a Dios”, en el templo de Nuestra Señora de los Olmos (Torre de Juan Abad) ante la temerosa pasividad de los fieles y la indignación del párroco.

El sacerdote les recriminó su cobardía ante la presencia del Maligno que había profanado lugar sagrado. Dios enojado les haría pagar su cobardía.

Y la verdad del Señor es que los hombres memoria cuentan, que desde aquella inolvidable noche, todos los grandes proyectos y obras sociales que se intentaron realizar en el pueblo tuvieron una efímera existencia y peor fin: fueron víctimas de la maldición.

PIRUJA, LA BRUJA

En Villanueva de los Infantes se la catalogaba con: “Aspecto de bruja típica. Tenían mejunjes debajo de las losas del fuego. Iban por dátiles a Murcia. Si la bruja entraba en una casa, la dueña de ésta ponía detrás de la puerta una escoba con unas tijeras cruzadas para que saliera de la casa y se fuera”, “Características propias de las brujas, nariz larga, usa pócima para estar presente u haber brujerías. Aparecían a veces por las chimeneas. Un gañan, cuentan, que oyó ruidos extraños por la chimenea en una noche de temporal y sacando una banca, consiguió que la bruja se quedará atrancada en la chimenea. Otra variante de la historia es que pusieron una cruz de hierro, con lo que se quedó colgada de la misma”.

Eficaz asusta-niños y una de las más relevantes figuras de la grey brujeril.

REINA MORA, LA

Cuenta la leyenda que en el castillo de Montizón vivió, en tiempos de moros, una mujer de extraordinaria belleza, que era reina y mora.

También cuentan, que la reina mora en las noches bajaba al río Guadalén y en lugar que se conoce por el “Baño de la reina Mora”, se metía desnuda en las aguas del río Guadalén.

En una ocasión descubrieron a un joven cristiano observándola escondido en unos chaparros. Capturado por los castellanos pagaría con su vida, en el atroz tormento del “gota a gota”, el haber violado la exuberante desnudez de la bella mora.

REINA GODA, LA

En Montiel una leyenda narra de una reina goda que llegó hasta el lugar, pero, el autor, hasta el día de hoy no ha podido recoger ninguna información oral. Los únicos testimonios conocidos son literarios.

REMOLINOS, LOS

Son los materiales arrastrados por fuertes vientos, compuestos de matas y finos sarmientos, que adoptan ligeras formas esféricas y viajan allá donde los vientos los llevan. Se creía que en su interior, en algunas ocasiones, habitaban temporalmente ánimas benditas que iban en busca del familiar que no había cumplido sus obligaciones para con ella.

ROJILLO, EL

Protagonista de unos dramáticos acontecimientos, se echó al monte a principios de los 40 del siglo pasado, pasando al legendario popular. Para unos un malhechor, un “maquis”, para otros una víctima de las circunstancias y un justiciero. Se refieren docenas de historias durante sus aventuras serranas, antes de ser abatido.

SACO, TÍO DEL

“Aspecto huraño, con un saco a las costillas donde iba metiendo niños”, “Tío malo, que a menudo decía ¡qué te meto en el saco! Venía comprando pieles y pellejos”, “Hombre de mal aspecto, corpulento, que era capaz de meter a los niños en un saco y llevarlos de pueblo en pueblo”.

Una rara excepción, Cózar, allí de este individuo diabólico se contaba que, iba recorriendo los pueblos metiendo a los niños en el saco, pero en este caso, los desdichados zagales que eran metidos en él, desaparecían. Se volvían invisibles… y se convertían en duendes. ¡Ah!… y el saco jamás se llenaba, por muchos niños que el peligroso personaje introdujera dentro.

Otra descripción dice que era un hombre de aspecto muy huraño, que llevaba un saco colgando donde metía a los niños que iba encontrando.

SANGRE, EL TÍO DE LA

De él se dice en Albaladejo se le tenía por un ser cruel y tenebroso que se dedicaba a la degollina de niños solitarios.

El informante infanteño apunta que eran: “Personas que mataban a los niños y les sacaban la sangre para curar la tuberculosis. Entre estas personas hubo una que se llamaba Boni, que era famosa sacando la sangre a los niños… aunque la Boni procedía de Barcelona”. Otro testimonio lo describe: “Personaje seco, enjuto, de tez morena y cuchillo”.

SEBO, EL TÍO DEL

En Villanueva de los Infantes: “Tío feo, muy oscuro, con el que se asustaba a los niños”, “Borracho, mal fachado de vestimenta. Sacaba el sebo a los niños”.

Igualmente se le describe como un hombre de gran peso y muy voluminoso. Tenía la peligrosa particularidad que podía aparecer en las habitaciones de los niños desobedientes.

SACAMANTECAS, EL

“Tío con un saco a las costillas, con un cuchillo escondido, rajaba barrigas”.

Decires hay entre los nuestros, que afirman que el “Sacamantecas” nació y creció en Madrid, al final del siglo XIX. Pero entonces, tendría numerosos parientes, pues, la tradición aún recuerda los romances de ciego, donde con voz cavernosa y teatral, los ciegos, daban en salmodiar los espeluznantes asesinatos de tiernos y rollizos niños en diferentes pueblos, todos ellos apartados entre si.

Si en alguno de los personajes anteriores los datos que existen de ellos son difusos… el “Sacamantecas” es descrito con severa prolijidad: un sin dios de figura satánica. Hombre de edad imprecisa, de gran fealdad, con ojos que centellean amenazadores. Cerrada barba, desastrado en el vestir y llenas de lamparones sus ropas descoloridas. En ocasiones se cubría con un gran sombrero de ala ancha, su punto de joroba y un viejo y raído ropón.

Capturada su víctima, con su terrible hoz o cuchillo los degollaba recogiendo en grandes recipientes su sangre. Posteriormente el niño, ya abierto en canal, con gran pericia les extraía las grasas. Los restos del desdichado eran arrojados a los chanchos.

La terrible amenaza del “Sacamantecas” evitaba que los niños se acercaran a los desconocidos y a los forasteros.

SAETÓN, EL

Hace años era frecuente verlo por la sierra. Hogaño, el saetón, se ha convertido en invisible o muy precavido, pues no se registra cita alguna sobre él en los últimos tiempos.

El “Saetón” era pariente cercano de culebras y víboras, más largo, oscuro y recio que las primeras.

De él contaban que sentía verdadera afición por volar de árbol a árbol.

SETÓN, El

En Castellar de Santiago, el Saetón. Poseía fama de malvado, aún se conserva aquello de “Ése es más malo que un setón”.

TROCANTA, LA

Enigmática “mala cosa” con supuesta apariencia de mujeruca siniestra, que realizaba terribles metamorfosis.

Susurran que un tiempo se la vio andurrear por Almedina y Alcubillas.

UÑA, TÍO LA

Asusta niños de fiera presencia y: “Aspecto seco, enjuto, manos largas y sucias”. En Villanueva de los Infantes parece ser que se le podía descubrir: “Escondido en zonas de fiesta y celebraciones”. Arrastraba a los niños “malos” hasta su cubil, para darles muerte.

Al igual que él y otros seres, femeninos o masculinos, similares, simbolizan desde los tiempos primitivos la insaciabilidad de la Muerte.

VIEJA DE LA SIERRA, LA

Es igual a la Dama de los Montes.

VINAOS, LOS

Son los “finaos” en Castellar de Santiago. Se les suponía que recién muertos tenían el poder de llamar a los vivos para llevárselos con ellos.

ZARRAMACA, LA

Anciana espanta niños, y algún que otro adulto, con su punto de bruja.

“Mi abuela me la presentaba como una aparición que entraba por la chimenea, bajaba por la escalera del granero y se llevaba bajo sus amplios mantos a los niños malos o desobedientes”. Así la recuerda un informante en Torre de Juan Abad.

“Nombre femenino que demuestra ser una mujer mal presentada, mal vestida y mal vista en la sociedad. Pero se decía también ¡Zamarra!”. Villanueva de los Infantes.

____________

ILUSTRACIONES

MARTÍ CANYELLAS, Antonio.

____________

NOTA

(1) En cursiva las informaciones recogidas en forma oral con grabadora magnetofónica y las respuestas a los cuestionarios presentados, tal como fueron contestados.

____________

INFORMANTES COLABORADORES

TORRE DE JUAN ABAD

Celedonia Patón Ginés, Tomás Jiménez Gonzáles, José Maria Lozano, abuela Nicolasa, abuela Felisa, tía Nati, Sagrario, Pepa, Benita, Leopoldo, Mariana Algaba, Gerardo Fresneda, Aquilín, Petra, Julián, Ramón Martínez.

VILLAMANRIQUE

Juan Alfaro Coronado, Bernardino Jiménez, Víctor Jiménez, Salva.

CÓZAR

Vicente Morales, Urbano López.

PUEBLA DEL PRINCIPE

José Rodríguez, Víctor Jiménez.

CASTELLAR DE SANTIAGO

Francisco Simón, Restituto Núñez, Ventoso.

VILLANUEVA DE LOS INFANTES

Clemente Plaza, Tomás Luna, Eugenio Valle, Ángel Pérez, A. Plaza, Lorenzo Bravo.

ALBALADEJO

Daniel Lillo, Francisco Algaba.

RUIDERA

Salvador Ramírez Jiménez.

LA SOLANA

Vicenta.

ALMEDINA

Felipe Sánchez, Manolo González, Eusebio López.

A ellos y a todos aquéllos que desearon mantener el anonimato mi agradecimiento y amistad eterna