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El culto a San Antonio en las Jurdes y en zonas aledañas.

BARROSO GUTIERREZ, Félix

Publicado en el año 1982 en la Revista de Folklore número 21.

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Desde los más remotos tiempos neolíticos, cuando se constata que el hombre comenzó a domesticar determinados animales, debieron de existir divinidades protectoras del ganado, al igual que existieron diosas de la fertilidad, íntimamente ligadas al poder frutificante de la tierra.

La arqueología, por un lado, ha desempolvado antiguos restos que están en consonancia con cultos a animales considerados como sagrados o totémicos. Sin ir más lejos, por estas tierras aparecen numerosas insculturas zoomorfas, que representan bóvidos o suinos y que hay que enclavarlas dentro de la denominada "Cultura de los Verracos", perteneciente al pueblo prerromano de los vettones.

Por otro lado, las manifestaciones etnográficas, muchas de las cuales se pueden atisbar hoy en día, nos ponen de relieve el complejo ritual de los pueblos ganaderos. Desde ciertas danzas a oscuras prácticas curanderiles y mágicas forman un abigarrado compendio que creaba un estrecho vínculo entre el hombre y sus ganados.

Pues a la luz de estas pervivencias etnográficas queremos resaltar unos valores tradicionales, de honda significación popular, máxime entre nuestras gentes extremeñas, las cuales formaron, generación tras generación, un auténtico pueblo de pastores.

13 DE JUNIO, SAN ANTONIO

La conmemoración de esta festividad cae de lleno dentro del ciclo solsticial de verano, y, sin lugar a dudas, es, junto con San Juan, la efemérides más significativa de nuestro calendario litúrgico en los pueblos de acusado matiz ganadero.

Un hecho central de este ciclo solsticial es la fuerza que se quiere imprimir, a través de determinados rituales -comunes en todos los países de habla indogermánica-, a los poderes generativos y reproductores, tanto vegetales como animales, a la vez que se intenta expulsar los males o epidemias que puedan afectar a los ganados y cultivos.

Esto nos induce a pensar que el colocar en estas fechas a San Antonio no es un mero hecho casual, sino que responde, posiblemente, a una respuesta premeditada de la Iglesia, incapaz de cristianizar las secuelas de antiguas religiones paganas. No erraríamos demasiado si viéramos en San Antonio el sustituto de antiguas deidades protectoras del ganado, cuyas ceremonias rituales tendrían lugar ahora, durante el solsticio de verano, fechas en que se produce una explosión genésica de plantas y animales.

Tanta es la fe puesta por nuestros ganaderos en San Antonio, que raya, unas veces, en la credulidad más infantil, y otras, en la superstición más absurda. La panacea de todos los males que afectan a la ganadería la tiene San Antonio, en especial lo que se refiere a la pérdida o ataques de alimañas al ganado.

Multitud de casos se cuentan en que San Antonio ha intervenido milagrosamente, encontrando la res descarriada en el monte. Costumbre harto frecuente era, al terminar por las noches el rosario familiar, que el que lo dirigía lo rematara así: "-Un padrinuestru a San Antoniu Benditiu, pa que mos guardi el alma, la casa y el ganaditu".

Cabras, ovejas, vacas, cerdos e, incluso, gatos regresan donde sus dueños si el fervor de la plegaria sale de los labios de cualquier persona:

"Ansí si un ganau s'ha perdíu, pos San Antoniu Benditu, si le invocas, te lo trai hasta ampié de la majá". (La Horcajada, Las Jurdes).

"A nusotrus se nos perdió el nuestru gatu, que era mu güenu y estaba mu gordu. Ya llevaba un mes sin apaecel. Y el mi padri diju: "Vamus a echali el responsu a San Antoniu". Y se lu echó Angil, el del tíu Antoniu el de la tía Teresa. Y se lu echó comu al pardeal, y a la mañana siguienti, cuandu nos levantamus, estaba ya el gatu echau en la nuestra cama". (J. C. I., Martilandrán, Las Jurdes).

"A ti Críspulu le robarun del cercau unus chotus, y venga a buscalus y a buscalus, peru los chotus no apaecían. Entoncis no sé quién jué el que diju: "-Amus a echali el responsu a San Antoniu". Y se lo echarun. Y al día siguiente le pasarun recau de que los chotus estaban en el rodeu de la feria de Béjal". (M. J .A., Santibáñez el Bajo).

Y no sólo eran los ganados los que quedaban a buen recaudo merced a San Antonio, sino que su mano milagrosa amparaba también a las personas.

"Dicin que se perdió un niñu y lo andaban buscandu todu el mundu, y cuandu apareció, le dijun: "-¿pos con quién has estau...?". Y cumu su madri le tenía puestu el responsu a San Antoniu Benditu, el muchachu diju: "-Pos con San Antoniu Benditu, que me estuvu cudiando; y el lobu estaba al mi lau, y cuandu me iba a mordel, San Antoniu le pegaba en los dientes y le jupaba un perrinu brancu, y el lobu se iba"". (J. M. M., El Cerezal, Las Jurdes).

"Una vé se perdió una tía del tío Alonsu, el de El Cerezal, y le echaron el responsu. Estuvu todita la nochi pol el monti, y aluegu contó que San Antoniu Benditu había estau a su lau toda la nochi y que con la cayá que llevaba la detenía cuandu quería il pal ríu, pol mó de que no se cayera en el agua". (Tío Venancio, El Cerezal, Las Jurdes).

"Un día se perdierun unus muchachus; entri ellus estaban ti Leandra, "La Güevera", y ti María, "La Tranquila", que bien lo puedin contal polque están vivas. Y se perdierun pol la jesa. La genti venga a asperal, a asperal..., y ya iba escureciendu. Total que echarun a tocal las campanas, pa que la genti saliera a buscalus. Toa la nochi pa'rriba y pa'baju y que no había forma de encontral rastru... Ya, al venil el día, los encontraron arriáus en el tináu de don Agapitu, en el términu de Palumeru. Y la genti les preguntó: "-¿Pos no habéis teníu miéu?". Y ellus dijun: "-¡Qué va!, si ha estau con nusotros toa la nochi un hombri con un perrinu blancu". Entoncis la genti se dio de cuenta de que el hombri era San Antoniu, pos le habían echau el responsu pol la tardi". (H. M., Santibáñez el Bajo).

La fe ciega e inquebrantable en San Antonio es el común denominador de estos pueblos ganaderos. No se oirá jamás contar ni un solo caso en que haya fallado el responso. El lobo -"el bichu", como lo llaman por Las Jurdes desaparece de repente cuando la oración sale de los labios de la persona devota que se encomienda al santo. El lobo infunde gran miedo y respeto a los habitantes de estos serrejones pizarrosos. Es creencia común que, al ver al lobo, se ponen los pelos de punta y la lengua gorda, impidiendo la articulación de cualquier palabra. Al lobo hay que conjurarlo, y no hay remedio más eficaz que el responso de San Antonio.

"Una vé iba yo de nochi Con dos bestias cargás de cormenas caminu de la Alberca, y en estu que veu que las bestias ponin enjiestás las orejas y que encomenzaban a aligeral el pasu. Ensiguía me di cuenta de lo que pasaba. Era el lobu que andaba rondandu. Me jinqueé de rodillas y le eché el responsu a San Antoniu Benditu. Al acabalu, las bestias se quearun tan tranquilas y ya no golvimus a barruntal el lobu más en toa la nochi". (B. D. C., Nuñomoral, Las Jurdes).

"Estábamus nusotrus acostáus al rasu, que era tiempu de veranu, y en estu que comu a la media nochi sentimus jaramasqueal a los guarrapus. Yo me disperté sobresaltá y vi al bichu que le había tirau un viaji a la tripa del culu de la lichona. Comencé a grital: "-¡Padri, padri, que el lobu ha entrau en la cerca de los guarrapus! "". Mi padri se levantó corriendu y se jincó de rodillas encima de un canchal, y le echó el responsu a San Antoniu Benditu. Na'más acabal de echalu, el bichu ajuyó pol aquellus riscalis. A la lichona la curamus con aceiti y queó tan sana". (E. J. C., Santibáñez el Bajo).

La sombra de San Antonio vaga constantemente sobre la sierra y el llano. Y, a veces, la sombra se vuelve implacable y castiga a aquél que no cumplió la promesa o al que quebrantó el precepto impuesto en el día de su fiesta.

"A las ovejas del mi hermanu le entraron una pidemia y le salían cocus en los pezuños. Entoncis se encomendó a San Antoniu Benditu, y le prometió dali el mejol borregu de la pastoría si las ovejas sanaban. Las ovejas se curaron prontu, peru el mi herrnanu se olvió de la promesa, y, al cabu de pocu tiempu, los lobus se comierun al borregu. Y esu fue un castigu de San Antoniu". (A. M. S., Azabal).

"Jaci unus añus, ti Feliciu "Ratón" se fue el día de San Antoniu a un güertu que está pa un sitiu que llamamu "La Floría". Un vecinu suyu, que ya s'ha muertu, le diju antecinus de salil: "-No vaigas a trabajal hoy... Mira que hoy es el día de San Antoniu Benditu y es un pecau trabajal". Pero ti Feliciu no jidu casu y se fue pa "La Floría". Al poquinu ratu de estal en el güertu dici que vio salil d'entri unus zarzalis a un hombri vestíu comu con una sotana y con un palu en la manu, y que al su lau estaba un perrinu blaucu que encomenzó a ladrali. Ti Feliciu no acalugó y se vinu corriendu pa casa, dejandu allí el burru. Cuandu llegó a casa, venía tó rejilón y se pusu mu malu. Y esu fue polque se l'apareció San Antoniu y lo castigó pol trabajal en el su día". (C. G. M. Santibáñez el Bajo).

Analizando y desmenuzando estos pasajes, nos encontramos con dos elementos característicos. Por un lado aparece la "noche", con todo su bagaje de misterio y de miedo. San Antonio es, por lo tanto, una divinidad nocturna, encargada de velar en esas horas de profunda calma. Prácticamente, en las docenas de casos que aparecen en nuestras investigaciones de campo, San Antonio se muestra en carne y hueso durante la noche. Son muy contadas las apariciones durante las horas diurnas.

Por otra parte, no es raro que al Santo le acompañe un perro pequeñito, casi siempre de color blanco. Este dato resulta curiosísimo, ya que en las diversas tallas de San Antonio que se extienden por estos pueblos jamás acompaña perro alguno a la imagen. Tan sólo, y ya en áreas más alejadas de esta provincia cacereña, hemos visto a dos tallas de santos que llevan animales a sus pies. Son las de San Roque, festividad celebrada el 16 de agosto, y la de San Antón, cuya efeméride se conmemora el 17 de enero. La primera de ellas lleva un perrito, y la segunda, un cerdo. El vulgo, irónicamente, canta la siguiente copla alusiva:

"San Antón, pol sel más vieju,
le pegó a San Roqui un palu.
San Roqui le jupó el perru,
y le comió a la guarrapa el rabu".

Seguramente que el perrito de San Antonio es una asociación mental imaginada por la gente, ya que el perro, al ser el animal guardián por excelencia, debe, por fuerza, acompañar a esa persona -San Antonio- que vela en la oscuridad de la noche.

EL RESPONSO

La oración mágica, la plegaria que se convierte en conjuro, entraña cierto ritual. Hay que recogerse profundamente, caer casi en un éxtasis, como si se quisiera dotar a la mente del orante de una fuerza paranormal, capaz de actuar sobre el instinto del lobo, o la persona o animal perdidos. Aquél que se dispone a echar el responso debe alejarse de todo ruido, arrinconarse allí donde nadie lo vea ni lo oiga. La concentración debe degenerar casi en arrebato místico, pues es toda una voz angustiosa la que llama a gritos a los poderes sobrenaturales. El marcado recogimiento que lleva implícito el responso de San Antonio es parejo al fervor sacramental del sacerdote en el momento de la Consagración, pues aquí también se apela a las fuerzas sobrenaturales para convertir la Hostia y el vino en cuerpo y sangre de Cristo. O al del brujo o chamán cuando implora las lluvias para su pueblo:

"El responsu lo tieni que dicil un persona sin que la vea ni la oiga naidi; de lu contrariu no jaci efectu". (La Huetre, Las Jurdes).

"Pa dicil el responsu hay retiralsi a un sitiu apartau, mejol si es escuro, y allí hay un jincalsi de rodillas y dicílu, y al acabálu, se rezan tres padrinuestrus", (Rubiaco, Las Jurdes).

El número "3" -número mágico y cabalístico para numerosas culturas- también forma parte del conjuro:

"El responsu debi decilu quien lo sepa. Si puedi sel, antis de nochi, y, además, esi responsu le dura "3" días. Si a los "3" días el animal no ha veníu, güelvin y se lu echan otra vé". (Tío Venancio, El Cerezal).

Diversas variantes del responso he podido recoger por los pueblos de esta zona. Son todas ellas sencillas, ingenuas, donde se mezclan, a veces, expresiones y giros sin sentido, totalmente dislocados. Parece como si fuera una retahíla de antiguos ensalmos, retocados por la cristianización; una mezcolanza de antañones conjuros y de agua bendita de las iglesias:

"En Padua nacisti y en Defebu vos criastéi.
En el púrpitu que Cristu pedricó, tú pedricasti.

Pedricandu vidisti venil nuevas
que a vuestrus pairis diban a ajorcal,
y vos allá fuistis.
Y el libro en el caminu lo perdisti.
El Hiju de María y José que lu encontrú,
en él se sentó.
Y tres vecis lu llamó:
¡Antoniu...! ¡Antoniu...! ¡Antoniu...!
¡Antoniu divinu y santu...!
Lo leju, acercau.
Lo perdíu, resucitau.
Si argún animal me farta,
bichu viventi no le jagas dañu.
Gloria al Pairi, al Hiju y al Espíritu Santu".
(El Gasco, Las Jurdes)

"San Antoniu Benditu de Paula,
que en Paula nacisti,
y pedricandu, pedricandu,
en Lisboa moristi.
Antoniu, Antoniu, Antoniu...
Tres vecis Antoniu.
Tres cosas le pidisti:
lo muertu, resucitau;
lo encomendau, guardau;
el lobu, alejau.
Con tres padrinuestrus y un avimaría
el responsu me sirvi de nochi y de día".
(Vegas de Coria, Las Jurdes)

"Nuestro Señol iba pol el caminu
y con Antoniu se encontró.
-Tú, Antoniu, ¿andi vas?
-Yo con vusotros, Señol.
-Tú conmingo no vendrás;
tú en la tierra te quedarás.
Si argu se perdieri,
tú lo recogerás.
En la majá
el lobu no entrará.
Antoniu divinu y santu
guardalmi bien el ganadu,
que a vos lo tengu confiadu.
En la honra de la Virgin María
recemus tres padrinuestrus y tres avimarías".
(Ladrillar, Las Jurdes)

"San Antoniu de Padua
que en Padua nacisti.
Un día el brebiariu perdisti.
El Niñu Dios lu halló.
Tres vecis te llamó:
¡Antoniu...! ¡Antoniu...! ¡Antoniu...!
Lo perdíu, hallau;
lo alejau, sea acercau.
Tres padrinuestros gloriadu.
Sea pol siempri San Antoniu
divinu, santu y alabau".
(El Cerezal, Las Jurdes)

El siguiente responso, recogido en Nuñomoral, es ya un claro exponente de oración eclesiástica, libre de adulteraciones y carente de espontaneidad, pues, a buen seguro, que fue importada por algún clérigo de esta parroquia jurdana. Esta versión apenas si es conocida en la comarca, ya que el resto de los responsos que hemos oído guardan mayor relación con los expuestos anteriormente:

"Si buscas milagrus, mira:
muerti y horrol desterradus,
miseria y demoniu, huídus;
leprosus y enfermus, sanus...

El mar detieni su ira,
redíminse encarceladus,
miembros y bienis perdidus
recobran mozus y ancianus.

El peligru se retira,
los probis van remediadus...
Cuéntinlu los socorridus,
díganlu los paduanus.

Gloria al Padri, gloria al Hiju,
gloria al Espíritu Santu.
Ruega a Cristu poI nosotrus
Antoniu divinu y santu".
(Nuñomoral, Las Jurdes)

EL OFERTORIO

El ritual de esta fiesta adquiría su momento culmen a la hora del Ofertorio. En diferentes lugares, durante la procesión, se colocaba a las puertas de las casas, bien sobre poyos de piedra o sobre sillas, el mejor queso, todo él adornado de claveles. La mayordoma iba recogiéndolo, para subastarlo en el momento del Ofertorio.

Tenía lugar el Ofertorio a la puerta de la iglesia. Colocada una mesa en sitio céntrico, los oferentes, agradecidos por el favor que el Santo les había deparado, depositaban sus dones sobre ella. Allí se amontonaban cabritos, borregos, aceite, velas, chorizos, huevos... Una persona, normalmente el mayordomo, actuaba de pregonero e iba sacando a la puja las diferentes ofrendas.

El cerdo, animal simbólico de San Antón (no de San Antonio), también jugaba un papel preponderante en el ritual de la ofrenda. En más de un pueblo no ha sido raro ver, hasta hace poco, al terminar la misa dominical, a alguna persona pregonando un cerdito de cría a la puerta de la iglesia. A las voces de "¡Quién da más pol el guarrapitu de San Antoniu!", se formaba un corro a su alrededor hasta que alguien adquiría el animal. Tanto el oferente como el comprador eran personas que, por algún motivo estaban en deuda con el Santo. El dinero recaudado iba a parar al cepillo de la imagen. Asimismo, en la totalidad de los pueblos jurdanos era muy tradicional -y sigue siéndolo- el guardar patas y manos del cerdo de la matanza para entregárselas al Santo en el Ofertorio. Este último aspecto del rito, que no entrañaba promesa anterior, parece ser una imploración al Santo para que, a través de esas manos o patas, hiciera extensiva su bendición al cerdo de la próxima matanza, base cárnica fundamental y casi exclusiva del sustento anual del jurdano. O, tal vez, sea un residuo de oscuras épocas, en las que se ofrecieron sacrificios de cerdos a ciertas divinidades protectoras del ganado.

LA OTRA CARA DE SAN ANTONIO

Una de las danzas de esta zona, que entra dentro de los denominados "Sonis brincaus", dice así:

"Tú fuisti la que metisti
a San Antoniu en un pozu,
y le disti zambullías
pa que te saliera noviu.

A San Antoniu le rezu
sábadu, domingu y lunis,
polque Antoniu se llamaba
el primel noviu que tuvi".

Dos aspectos hay que desglosar de estas estrofas. El primero de ellos nos muestra bien a las claras que San Antonio está facultado para encontrar el novio/a que necesita la persona que a él se encomiende. He aquí cómo el poder de este abogado de las cosas perdidas se extiende también al campo nupcial. San Antonio por encontrar cosas, encuentra hasta el galán o la dama que necesitan sus devotos.

Esta creencia está muy difundida también por otras regiones. Muy conocida es la canción de "Al pasar por el puente de Santa Clara / se me cayó el anillo dentro del agua...". Pero lo curioso e interesante de esta creencia es la actitud que adoptan, por estos pueblos, las personas que quieren ser correspondidas en sus aspiraciones amorosas.

Está prácticamente perdida la costumbre, que bien podemos enlazar con determinados rituales de rogativas de lluvias, de coger una imagen de San Antonio y darle un buen chapuzón, a fin de obtener el favor amatorio pedido.

En el caso de las rogativas de lluvia, se nos ofrece una visión clara de lo que se pretende al sumergir las imágenes religiosas en el agua. Así, en el pueblo de Montehermoso, acostumbraban antiguamente, en épocas de sequía, a sacar en procesión por los campos a San Bartolomé: Las gentes gritaban a coro:

"¡San Bartolomé,
tieni que llovel;
y si no lluevi,
champuzón con él!"

Si al terminar el novenario no había caído ni una gota, cogían la imagen y la introducían en un pozo o en una charca. ¿Qué se pretendía con ello? Pues ni más ni menos que hacer comprender al Santo, mediante el contacto con el agua, que la gente ansiaba la lluvia para sus campos. Esto no es otra cosa que un caso de magia homeopática, muy practicada por antiguas civilizaciones y por pueblos que hoy viven en un estado primitivo.

Este rito de inmersión está constatado en la antigüedad, practicándose con las grandes diosas de la fecundidad y de la agricultura. Así, el 27 de marzo ("Hilaria") se introducía la estatua de la madre frigia, Cibeles, en un río o en un estanque. En Pafos también se "bañaba" a Afrodita (Odisea, VIII, 363-366). Pausanias nos habla, igualmente, de las lustróforas de la diosa en Sicione. El mismo ritual era corriente entre muchas tribus germánicas.

Pero en lo que respecta a San Antonio podemos observar que no tiene que ver nada con el conjuro de las lluvias. Es, más bien, otro tipo de conjuro el que se intenta llevar acabo. Es aquél que está en estrecha ligazón con el poder fecundante del Santo. Ya hemos dicho cómo las antiguas diosas de la fecundidad estaban expuestas al rito de la inmersión. Y ¿por qué se sumergía? Seguramente para dotar de nuevo vigor a sus agotadas fuerzas. El agua es fecundante, ya que hace fructificar las semillas; de aquí que sea el agua el elemento más importante para transmitir la savia generativa a las diosas de la fecundidad.

Por lo tanto, el rito de remojar a San Antonio tiene razón de ser. Aquél necesitado de novio/a debe introducir al Santo en el agua, al objeto de que adquiera el suficiente poder fecundante para cristalizar el favor deseado; un favor que, a todas luces, muestra su futuro carácter generador y fecundante. Ella se unirá al novio concedido, y él a la novia, y así cumplirán la misión esencial de sus enlaces: la procreación. De esta forma, nuestro Santo adquiere una segunda dimensión: el ser una deidad fecundadora.

LA VELA

Con el nombre de "La Velá" se designa a un acto tradicional, que aún perdura en casi todos estos pueblos, y que tiene lugar la víspera de San Antonio por la noche. A poco que se mire, nos daremos cuenta en seguida que el festejo en sí es un vestigio de antiguos cultos solares.

A medida que las sombras de la noche se apoderan de los tejados musgosos, el mayordomo del Santo hinca un palo de unos dos metros de altura en el suelo, bien a la puerta de su casa, de la iglesia, de alguna ermita, o en medio de la plaza mayor. Sobre la punta del palo se colocan "capacetas" (capazos de esparto, utilizados en los lagares de aceite), y, en su defecto, serones u otros aperos semejantes. El mayordomo les prende fuego y el tamborilero comienza a zarandear la piel del tamboril y a soplar la flauta de tres agujeros. Así comienza la zambra. El personal se arremolina en derredor del palo. Unos proceden a bailar los ancestrales sones y otros gritan y lanzan "rejinchus" (fuertes gritos guturales, semejantes a los "jijeos" salmantinos y al "ru-ju-jú" de los galaicos y montañeses) al aire; y otros, en fin, ríen, saltan, o mueven el palo o pegan golpes con una vara sobre las "capacetas", para que éstas suelten muchos "potricos" (pavesas candentes).

Todo el acto, como dijimos, no es más que una simbología solar. Las "capacetas", que son redondeadas y arden hasta consumirse, son la imagen del astro rey. Sin lugar a dudas que lo que el pueblo pretende es infundir fuerzas al sol, cuyos rayos son tan necesarios, en esta época del año, para las cosechas. Y para ello emplea otra vez la magia homeopática, o sea que "lo semejante produce lo semejante". La mentalidad aldeana crea un paralelismo entre "capaceta"-sol y fuego-rayos solares. Al avivar la "capaceta" con el fuego se pretende infundir calor al sol, otorgarle el vigor suficiente para que pueda continuar su camino proyectando sus ardientes rayos sobre la tierra. El hecho de que algunos azoten las "capacetas" se puede interpretar como el afán de avivar más las llamas, de que el espacio se llene de pavesas rojizas y se cree, así, un ambiente o climax propicio para que el dios sol adquiera los poderes inherentes al solsticio de verano.

* * *

Un elemento más de la fiesta nos queda por analizar. Es la capea, diversión que por estos pueblos se celebraba tres veces al año: San Antonio, San Juan y San Pedro. Tres fechas muy concretas y muy claves, ya que las tres están comprendidas en un ciclo muy característico de los antiguos calendarios paganos. Mas todo este asunto de capeas y fiestas de toros nos llevaría muy lejos... Conformémonos con exponer la arcaica relación existente entre las antiguas diosas de la fertilidad o fecundidad, a las que a veces se representaba como a una vaca, y el toro, símbolo del poder y de la fuerza genésica.

CONCLUSION

A la luz de este trabajo, podemos esquematizar los mitos y ritos de San Antonio en la comarca de Las Jurdes y otras zonas cacereñas en los siguientes puntos:

1. San Antonio de Padua es una festividad que cae de lleno en lo que ya podemos denominar solsticio de verano.

2. Es, con plena seguridad, la situación de alguna antigua deidad pagana.

3. Esta deidad pagana tenía una doble dimensión:
-ser protectora de personas, ganados y otros bienes;
-ser una divinidad fecundadora.

4. En cuanto poseía atributos de divinidad fecundadora, podemos asemejarla a las diosas madres de las culturas mediterráneo-orientales, las cuales estaban en plena hierogamia con otros dioses fecundadores, representados por el toro.

5. La festividad de San Antonio va ligada a determinados cultos solares ("La Velá"), que, en el fondo, pretenden avivar la fuerza genésica del sol, que debe entrar en hierogamia con la tierra, para que entrambos fructifiquen las cosechas.
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NOTA.-Para dar mayor realismo a los sucesos narrados por el pueblo, hemos dejado nuestras transcripciones en las formas dialectales propias de la zona. Por ello, a continuación, exponemos un somero vocabulario, a fin de facilitar la lectura de los textos.

El dialecto empleado en el área que hemos investigado, responde a cierta modalidad del antiguo leonés mezclado con un sustrato lingüístico anterior a la Repoblación.

ACALUGAL: Esperar. Se emplea siempre en forma negativa.
AL PARDEAL: Al oscurecer.
AL RASU: En el campo.
AMPIE: Al pie.
AMUS: Vamos.
ANDI: Adónde.
ANSI: Así.
ANTECINUS: Antes.
ARRIAUS: De "Arrialsi", cobijarse.
BARRUNTAL: Oír confusamente.
BRANCU: Blanco.
CUDIANDU: Cuidando.
DIJON: Por "dijeron".
ENJIESTAS: Levantadas.
GUARRAPUS: Cerdos.
JARAMASQUEAL: Ruido que hacen los animales al sentir peligro.
JESA: Dehesa.
JIDU: Hizo; de "jadel", hacer.
JUE: Fue; de "dil", ir.
JUPABA: Azuzaba; de "jupal", azuzar.
LICHONA: Cerda de cría.
PAIRIS: Padres.
REJILON: Temblón.
TINAU: Caseta en el campo.
VAIGAS: Vayas; de "dil", ir.