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Notas descriptivas sobre la “Sampedrada” o “Sampedrá” de Budia (Guadalajara)

LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón

Publicado en el año 2004 en la Revista de Folklore número 282.

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DATOS PREVIOS

Hace relativamente poco hemos podido leer en la prensa una nota descriptiva de esta fiesta que nos ha llamado sorprendentemente la atención y que trasladamos seguidamente, ya que coincide sólo en parte con otras descripciones que, sobre el mismo tema, han venido sucediéndose a lo largo de los años:

“(…) estas fiestas antiguamente se llamaban de San Juan y San Pedro (…). El día de San Pedro todo el mundo participaba en una especie de carnaval; los vecinos se disfrazaban de formas diferentes, además se tapaban la cara con una especie de gasa con agujeros para ojos y nariz. Las “Mascaritas”, como se les llamaba, danzaban alrededor de hogueras prendidas en diferentes partes del pueblo. Otros, prendiendo botillos y pellejos al final de un palo, recorrían las calles cantando las coplas de San Pedro (…). Era tradicional tirar a las “Mascaritas” algún tipo de hierba u objeto blando; entonces la “Mascarita” corría a dar pellizcos “de tornillo” diciendo ¡¡sarna, sarna, que pica que rabia!!” (1).

Pero veamos alguna descripción más, para así poder comparar sus elementos esenciales, siguiendo para ello un recorrido cronológico.

Las primeras descripciones aparecen en Navarrete y García Sanz (2).

Según estos autores nuestra fiesta tenía lugar el día del Santo Apóstol por la tarde –más bien a primeras horas – en la plaza mayor y consistía en una gran hoguera que se hacía a base de pellejos y botillos inservibles, así como de otros cueros procedentes de una tenería local, que al arder producían un olor inaguantable y tan gran cantidad de humo que casi impedían la respiración.

A la llamada de la hoguera comenzaban a llegar numerosas máscaras gritando y saltando, y que agarradas de las manos cantaban y bailaban a su alrededor, a veces durante más de una hora.

“Cuando acaban de correr y danzar, rendidos y cansados, se retiran; al quitarse las caretas aparecen rostros congestionados y, sin embargo, todos y todas están alegres, beben en cantidades insospechadas y continúa la algarabía, no sólo aquella tarde, sino también toda la noche, que pasan tocando bandurrias y guitarras, a cuya música llaman ellos “La San Pedrada”.

Finalmente, indican los autores citados que esta costumbre estaría relacionada con alguna otra de tipo gremial realizada por los boteros de Budia. Y aquí encontramos un primer posible origen de su existencia.

Las descripciones de Navarrete (1947) y de García Sanz (1953) se superponen y completan, de modo que el precedente párrafo entrecomillado corresponde a una cita que García Sanz hace del trabajo de Navarrete.

Veinte años más tarde (1973) publicó Aragonés un trabajo entre descriptivo e interpretativo, algo más completo que los anteriores, sobre “La sampedrada de Budia” (3) que, a continuación, resumimos.

La tarde de San Pedro se dedicaba a la recogida de pellejos y botillos inservibles con los que hacer una hoguera en el centro de la plaza. Una vez prendida comenzaban a llegar grupos de enmascarados de ambos sexos que agarrados por las manos, chillaban y danzaban alrededor, hasta bien entrada la noche, cantando coplillas malintencionadas y pícaras dedicadas a las gentes de la localidad, y que terminaban con el estribillo de:

San Pedro, como era calvo,
le picaban los mosquitos,
y su padre le decía
ponte el gorro Periquito.

ante un gran griterío estimulado por el trasiego de vino, hora tras hora, bailando para ver quién aguantaba más, hasta la noche, en que extenuados se dejaban caer al suelo. Aragonés compara estas escenas con tantas otras pinturas de Solana.

Entrada la noche una ronda recorría el pueblo y, en ocasiones, se le añadían los pastores, que en tal fecha comenzaban su año.

Hasta aquí la descripción de Aragonés, que apenas si varía de las ofrecidas por Navarrete y García Sanz.

Aragonés añade, siguiendo a Curt Sachs, que los bailes continuos de los enmascarados podían llegar a producirles “un éxtasis en el que se olvidan de sí mismos, y pierden contacto con lo que les rodea”.

Indica también que nada se sabe del origen de esta danza, aunque –añade– haya quienes propongan un origen gremial, a su vez heredado de otro anterior de tipo solsticial, cuyas reminiscencias serían las noches del fuego, las fiestas de San Juan y los días de San Pedro con sus tránsitos sobre las ascuas.

Sin embargo, Aragonés no cree que el origen de esta fiesta esté motivado por algún gremio relacionado con la piel, y sí, que se trate de un rito ganadero y agrícola, añadiendo una sencilla leyenda, contestación que le dio el Tío Cristo, viejo remendón, a la pregunta sobre el posible origen:

“Mira, niño, yo le oí decir a mi abuelo, que su abuelo decía, que él había oído contar, que la Sampedrada se celebra porque el Demonio era de Budia. Ya sabes majo, que al Diablo también le llaman Pedro Botero, y por eso cuando llega este día, los boteros y curtidores del pueblo hacen la hoguera en la plaza con toda la corambre vieja”.

“Y aún hay más: todos los años entre las máscaras baila Pedro Botero. Dicen que si le cae la careta se acaba el Infierno, pero “entoavía” no hemos tenido esa suerte”.

De donde podremos extraer numerosos datos (4).

Herrera Casado, añade de significativo que en la ronda nocturna “(…) va corriendo un viejo vestido de trapos que con un palo amenaza a los que se le acercan. Le llaman “la Sarna”, y le insultan y ofenden, por lo que él trata de defenderse pegando palos”. También indica –siguiendo en ello al tío Cristo– que el Diablo era de Budia y que si bailando se le hubiese caído la máscara se abría acabado el Infierno (5).

Aporta algún dato más sobre la “sampedrada” Herranz Palazuelos (1988) (6) al señalar que su origen se debe al gremio artesano de curtidores afincados en la villa, y que en efecto, se encendía una gran hoguera en la plaza mayor alrededor de la que bailaban máscaras y disfraces a lo que “seguía la ronda de la “sarna”, personaje bufo, mantenedor de la alegría festiva. Era creencia popular que el diablo, disfrazado y confundido en el bullicio, tomaba parte en el acto con ánimo de “reventar” la fiesta” (7).

Hay luego una serie de referencias breves a esta misma fiesta (8).

Pero hay que darse cuenta de que hasta ahora todo lo que se ha dicho corresponde al pasado.

Ahora bien, el folleto reseñado al comienzo, Budia. Corazón de la Alcarria, editado por su Ayuntamiento, en el apartado Costumbres y Tradiciones, indica sobre la Sampedrada: “(…) se celebra el día de San Pedro, 29 de junio, por la tarde. Hoy día se hace una hoguera en la plaza, al anochecer; con carbones y leñas, y se baila y bebe, teniendo luego un concurso de disfraces”, coincidiendo con lo ya expuesto por Herrera Casado.

ELEMENTOS A CONSIDERAR

Tras la lectura de los anteriores elementos previos vamos a extraer una serie de conclusiones, que a nuestra forma de ver pudieran ser los siguientes: PRIMERA FASE (común a todas las descripciones analizadas):

ELEMENTOS COMUNES:

Nombre.– “Sampedrada” (todos los autores, en general), “San Pedrada” (nombre que recibe la música de la ronda nocturna, según Navarrete) y “Fiestas de San Juan y San Pedro” (Blánquez).

Fecha.– Siempre la misma: 29 de junio.

Hora.– Sobre las 3 de la tarde (alargándose hasta la noche, en que comienza la ronda).

Elemento principal.– Prender fuego a una hoguera.

Lugar.– La Plaza Mayor (y en ocasiones otras plazas y calles del pueblo).

Combustibles empleados.– Botillos, pellejos, cueros y demás corambre (actualmente carbón, leña y neumáticos de automóvil).

Actos que se realizan.– Un baile alrededor de la hoguera, cantando y saltando agarrados de las manos. Gritan y beben en demasía y quedan “como dormidos”. Después rondan.

Actores.– Hombres y mujeres de todas las edades.

Características.– Van enmascarados (reciben los nombres de máscaras y enmascarados).

Ambiente.– De humo, sofocante (irrespirable a veces).

Sensaciones.– De calor, cansancio, congestión, alegría y ebriedad. (No quieren ser reconocidos/as).

Instrumentos musicales.– Guitarras, bandurrias, latas, panderos, zambombas, cencerros, etc.

SEGUNDA FASE:

ELEMENTOS ESPECÍFICOS:

Se cree (o no) de origen gremial.

Se cree (o no) de origen ganadero y agrícola (San Pedro // Pastores).

En la ronda se cantan canciones alusivas a San Pedro, a Budia y a los curtidores (a veces son de contenido “picante”).

Otros:

A los disfraces se les denomina “Mascaritas”, también máscaras y enmascarados.

Aparece en escena el “sarna” (personaje fubo que entona canciones “picantes” alusivas a la fiesta y pellizca a las mozas).

Existen leyendas sobre su origen, relativas al demonio, al diablo y a Pedro Botero, natural de Budia.

ANÁLISIS GENERAL

Tras una sencilla revisión de los esquemas antecedentes podemos ofrecer las siguientes conclusiones, en cuanto a lo que se refiere a los posibles orígenes de esta fiesta.

Su denominación es la misma en todos los casos, excepto en uno –muy significativo– que menciona o recuerda esta fiesta, como de “San Juan y San Pedro”, aunque se celebre siempre el día 29 de junio, o de San Pedro (9).

Igualmente coincidimos en casi todo lo que se refiere a lo que consideramos como la primera fase. Coinciden los autores y coinciden las manifestaciones folklóricas entre ellos y entre sí.

Pero…, hay algunas cosas que analizar pormenorizadamente.

En la hoguera se queman botos, botillos, pellejos y otras corambres (¿gremiales?).

El ruido es ensordecedor y las gentes enmascaradas, cogidas de la mano, bailan alrededor de una hoguera encendida en la plaza mayor, gritando y saltando (a veces cantando cancioncillas alusivas al día, a los pastores, a la hoguera y al diablo); como en cualquier otra ronda de mozos y “quintos”.

Nos encontramos ante personajes enmascarados y carnavalescos a los que se denomina con los nombres de “máscara”, “enmascarado” y –llamativamente y con mayúsculas– “Mascarita / y o Mascaritas”.

Y hay algo más: el abuso del alcohol y de las bebidas, en general, y de la prisa para bailar alrededor del fuego purificador, generando el natural sudor, y la somnolencia, que conduce a la dejadez del cuerpo (–y a entonar cánticos desafinados y fuera de órden– en medio de la plaza), que borra el pecado interior, personal y público, –particular y colectivo–.

El alcohol y el humo resultante de la quema de los botillos y pellejos, forman parte principal e importante de la fiesta, al constituirse en una especie de alucinógeno, que varía la forma de ser de los enmascarados (el baile agitado, el movimiento frenético, el sudor, la casi asfixia, la flaccidez del cuerpo, la mirada mortecina y el alejamiento de la realidad, etc.), provocan esa sensación cercana a la locura.

Y aquí entramos ya en otros temas, que quisieramos sirviesen de explicación acertada sobre los posibles orígenes de la “sampedrada”.

TEMAS BASE

Tanto su fecha como su denominación coinciden, aunque habría que tener en cuenta algunos datos sobre la festividad de San Pedro y sus correspondientes “Sampedradas”, tan extendidas por la piel geográfica española.

Las máscaras no son muy abundantes en estas fechas (junio) pero, curiosamente, quizá sin que los autores de los trabajos consultados lo supieran, tanto máscaras, como enmascarados, son palabras que hacen referencia a una forma de ir vestidos mientras que “Mascaritas”, así, con mayúsculas, representaría quizá, una forma denominativa con cierto grado de distinción, similar a la que se emplea con las mujeres disfrazadas de Almiruete, siendo “botargas” los disfraces masculinos. Pero sabemos que las máscaras se han venido usando por sociedades ganaderas y agrícolas.

Las canciones de “picadillo” de la ronda, no tienen mayor importancia puesto que son simples cancioncillas de sobra conocidas en la geografía popular de Guadalajara, repetidas en todas las rondas.

El empleo de cueros, pellejos y restos de corambre bien pudiera tener un origen gremial originado por los boteros y quienes trabajaban la piel en cualquiera de sus manifestaciones: peleteros, boteros, guanteros, zapateros, marroquineros, y un largo etcétera, aunque ni San Juan ni San Pedro sean santos cuya advocación coincida con los oficios mencionados y San Pedro sea el día en que los pastores –ganaderos– comenzaban su año de trabajo: pagos y contratos.

Pensamos que se trata de una fiesta doble, ya que no es agrícola ni ganadera en sí, ni siquiera gremial, sino que se trata de una mezcla de los aspectos arriba indicados (no aisladamente, sino en conjunto). El hecho de que los participantes lleven máscaras y reciban nombres alusivos a dicha forma de actuar nos puede conducir precisamente a esos mundos agrícola y ganadero, aunque más bien nos quedaríamos con el primero, puesto que según antiguas tradiciones las máscaras procuran que los genios de las cosechas hagan crecer el grano. Su altura, como la de los gigantes de nuestras ferias y fiestas, hace que –por magia simpatética– crezcan las cosechas abundantemente y la casa se vea provista de los alimentos necesarios para la subsistencia de sus habitantes, al tiempo que constituyen su auténtica riqueza, puesto que no sólo se destinan al consumo del hombre, sino también al de los animales que se emplean para arar en algunos casos (bueyes, burros y mulas), y en otros para el transporte y la alimentación doméstica: conejos (carne y piel), gallinas (carne y huevos), palomas (carne, huevos y tiro de pichón), cerdo (con todo lo que conlleva), vacas, y demás ganados de ovejas (también para el vestido) y cabras, e incluso abejas (miel y cera para la iluminación), que hoy hemos perdido en el mundo urbano, y que casi se ha perdido también en el mundo rural.

En efecto, las fiestas de San Pedro corrían a cargo de los pastores que comenzaban sus contratos en tal fecha, aunque a pesar de ello las fiestas de San Pedro y también las de San Juan –que han tenido y aún tienen al fuego como referente– no han estado muy extendidas en el ámbito provincial de Guadalajara, de modo que en la actualidad, aparte de nuestra “Sampedrá”, sólo pueden mencionarse “El pimpollo de San Pedro”, en Alustante; las “Ofrendas a San Pedro”, en Pastrana, y los “Bailes de la Bandera”, en Taravilla (dos días) (10), aunque el número de hogueras sea mucho mayor (11).

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NOTAS

(1) BLÁNQUEZ, Javier: “Fiestas de San Pedro”, Nueva Alcarria, 22 de junio de 2001, p. 27. Notemos que habla en tiempo pasado.

(2) NAVARRETE, E.: “Devociones típicas”, Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, tomo III, 1947, p. 149. GARCÍA SANZ, S.: “Botargas y enmascarados alcarreños (Notas de Etnografía y Folklore)”, Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, tomo IX, 1953, 3r. cuad., y posteriormente, en Cuadernos de Etnología de Guadalajara, 1 (1987), pp. 26 y 29.

(3) ARAGONÉS SUBERO, A.: Danzas, rondas y música popular de Guadalajara, 2ª ed., Guadalajara, 1986, pp. 127–130 (la 1ª ed., es de Guadalajara, 1973).

(4) Leemos con tristeza lo que sigue: “Es pena que no hubiera alguien capaz de reorganizar tan vieja tradición y hacerla perpetuar dentro de los más estrictos cánones de lo dramático y auténtico, desechando lo que pueda tener de gamberrada o mistificación” (p. 130).

(5) HERRERA CASADO, A.: Crónica y guía de la provincia de Guadalajara, 2ª ed., Guadalajara, 1988, p. 163 (la 1ª ed., es de Guadalajara, 1983).

(6) HERRANZ PALAZUELOS, Epifanio: Guadalajara por dentro, Guadalajara, 1992, pp. 180–181, fechado el 29–VI–88. (Se trata de una colección de artículos periodísticos publicados en el semanario Flores y Abejas entre julio de 1986 y diciembre de 1991).

(7) Añade HERRANZ PALAZUELOS, E. algo significativo: “Hoy (1988) perdura la tradición aunque con otros elementos en hoguera y festejos, pero con raíces serias del pasado. Este rito del fuego no es ajeno a las antiguas culturas de los pueblos. Es como la pelea sempiterna entre el bien y el mal, entre la inocencia que avanza y la vileza que se niega a retroceder. Todo con suficientes notas folklóricas” (p. 181), que nos recuerda lo reseñado en la nota 45. También HERRERA CASADO, A.: Op. cit., p. 163, señala algo parecido: “Hoy día la fiesta va a menos, pero aún se hace hoguera en la plaza, al anochecer; con carbones y leñas, y se baila y bebe, teniendo luego un concurso de disfraces”.

(8) SERRANO BELINCHÓN, José: Diccionario Enciclopédico de la provincia de Guadalajara, Guadalajara, 1994, p. 394 y HERRERA CASADO, A. y SERRANO BELINCHÓN, J.: Guadalajara pueblo a pueblo, Guadalajara, 1901, pp. 02/082–02/083.

(9) Vid. BLÁNQUEZ, J.: Op, cit.

(10) ALONSO RAMOS, José Antonio y LÓPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón: Calendario de Fiestas Tradicionales de la Provincia de Guadalajara 2004, Guadalajara, Excma. Diputación Provincial de Guadalajara / Institución Provincial de Cultura “Marqués de Santillana”, 2003, Junio.

(11) ALONSO y LÓPEZ DE LOS MOZOS: Op. cit., especialmente en pueblos de la Campiña, la Sierra y el Señorío de Molina. LÓPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón: Fiestas Tradicionales de Guadalajara, 2ª ed., Guadalajara, Diputación de Guadalajara, 2001, p. 134 (Mapa de hogueras).