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PEDIR PARA EL SANTISIMO. UNA TRADICION PERDIDA DE LOS PUEBLOS DE SORIA

TORRE GARCIA, Leopoldo

Publicado en el año 2004 en la Revista de Folklore número 284.

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El rico folklore de los pueblos se ha ido difuminando a medida que lo ha hecho su desaparición. Por si así no fuera, los cambios de mentalidad y la transformación social han sido transcendentales para ir borrando paulatinamente del panorama costumbrista toda una serie de tradiciones que fueron marcando el calendario de su interpretación. A pesar de que algunas de ellas se han ido recuperando tras la cruzada olvidadiza de los años 60 y 70, quedan muchas que dormirán para siempre en el limbo del recuerdo porque el contexto actual dista mucho del caldo de cultivo de aquel ambiente para el que fueron creadas.

El fuerte arraigo religioso que flotaba en el panorama del pasado dio como resultado un aporte de costumbres vinculadas a determinadas celebraciones. Hay que tener en cuenta que el calendario festivo fue multiplicador común de pueblos y ciudades que no dejaban pasar la ocasión para ponerlo en práctica y celebraban a su imagen y semejanza unos actos conmemorativos de cierta relevancia. Onomásticas patronales, festividades de santos, ciclos de pasión, llevaban aparejados un programa de actividades de gran consideración tanto en el aspecto laico como en el religioso. El amplio abanico de representaciones costumbristas y tradicionales de los pueblos ha pasado a formar parte del rico patrimonio o acervo cultural.

De aquel entonces a este ahora mucho ha cambiado la situación en el medio rural. La despoblación y el cambio de imagen mental han contribuido a ello. A pesar de que parte de este bagaje se ha ido recuperando, es evidente que bastante material significativo no volverá a resurgir. Sólo el recuerdo de su puesta en escena puede dar fe de que hubo un tiempo en el que se interpretó la vida cotidiana como una manifestación de profundidad hacia todo aquello que supusiese un cierto realce y consideración.

Uno de estos ciclos de carácter religioso tenía lugar desde el inicio de la Cuaresma hasta la entrada de la Semana Santa. Acaecía en los días festivos y el escenario no era otro que el entorno del pueblo cuyas calles se cubrían de colorido y espectación porque en ellas se plasmaba la escenificación de la obra. Las protagonistas eran las mozas del pueblo que se caracterizaban para la ocasión en fervientes animadoras del cotarro ambiental. Llevaban la voz cantante de las canciones religiosas que se interpretaban en el singular escenario de las calles. Aquí desarrollaban sus dotes de coristas contribuyendo al buen fin de pedir limosna para ayudar a la iglesia. O al Santísimo, como mandaban los cánones.

La misión de estas mensajeras era realizar un acto de buena voluntad, ya que las mozas del pueblo se ponían a disposición de la iglesia para recabar fondos con los que hacer frente a las necesidades más imperiosas. Su trabajo consistía en ofrecer un repertorio de canciones a todo aquel que con su misericordia pudiera ofrecer una desinteresada ayuda. En aquellos tiempos, el estipendio solía ser más bien en especie que en dinero pues la carencia de la moneda contribuía a ello. Recogían todo lo que se les donaba, lo cual al acabar el recorrido por el pueblo era llevado a casa del sacerdote para su conformidad. No solían ser espléndidos los curas con aquellas mozas que con tanta animosidad y desinterés se prestaban a realizar semejante interpretación durante toda la mañana dominical o festiva. Si acaso una exigua propina que la destinaban a una chocolatada por la tarde.

El recorrido por las calles comenzaba una vez acabada la misa. Las mozas formaban un grupo y siguiendo un orden establecido iniciaban el recorrido por las calles. Una de ellas, haciendo las veces de capitana, portaba una cruz a la cual se le había adornado con cintas de colores. Algunas otras llevaban cestas de asas como recipientes para recoger los donativos que iban dándoles los buenos samaritanos. Como queda dicho, la balanza se inclinaba más hacia el lado de las donaciones en especie que en dinero. La escasez monetaria contribuía a ello. Por contra, las patatas, los huevos, las alubias o algunos cereales, eran los productos más recolectados.

Respecto al cancionero, el repertorio está extraido íntegramente del cancionero popular que se cantaba en el pueblo soriano de Quintanilla de Tres Barrios (1). No obstante la tradición estaba extendida por otros pueblos de la provincia que tenían versiones semejantes sobre el mismo tema aunque diferentes en letra y tonadición por algunas muestras que he podido oír. Queda por realizar un profundo y detallado estudio sobre esta tradición de la que apenas se ha escrito. Nada se sabe sobre el autor o los autores de la composición del temario. Todo hace pensar que pudiera tratarse de algún miembro de la corte religiosa: cura, prelado o vicario de la iglesia. La sencillez de la letra y el contenido de las canciones invitan a pensar que no están compuestas por un entendido sino por una persona que buscaba adaptar la rima fácil de una composición a un motivo interesado de la celebración, ajustando el contenido de la versificación al hilo conductor del tema. Hay canciones que están dedicadas a un tema o a una celebración en concreto de los que duraba el ciclo cuaresmal. Desde el primer al último domingo y fiestas de guardar.

Las cantoras se ceñían a la canción del día que iban repitiendo la misma versión casa por casa. Por lo general se cantaba a la puerta de las casas pero no en exclusiva puesto que si en la calle se encontraban a un posible interesado, el canto tenía lugar in situ. El objetivo era conseguir la máxima ayuda y colaboración y nadie se libraba de la solicitud.

Echa la mano al bolsillo
mozo no seas cobarde
somos hijas del Santísimo
y queremos ayudarle.

Tal era el reclamo del donativo utilizando, a veces, ciertas artimañas o melosidades para conseguirlo. El mozo accedía muchas veces a la petición dependiendo de quién fuera la moza que se lo solicitara, teniendo en cuenta que la simpatía o la atracción tenía algo que ver. Conseguido el objetivo, buenaventura concedida.

Ya nos ha dado limosna
con su mano poderosa
Dios le dé salud y gracia
y que pronto le dé novia.

Desde el primer acto de presentación quedaba bien claro cuáles eran las intenciones. La iglesia necesitaba ayuda y colaboración de la feligresía y a fe que lo conseguía. La astucia clerical ganaba dadivosamente la confianza del creyente por la cuenta que le traía. Le quedaba un largo trecho plagado de contratiempos y dificultades para no colaborar. ¿Quién le iba a decir que el devenir de la incipiente cosecha no sufriera cualquier calamidad si no colaboraba? Había que tener contentas a las divinidades y su colaboración era indispensable, aunque le faltara a su ya maltrecha economía.

La iglesia se nutría de diferentes maneras para conseguir mantenerse. Disponía de suculentas rentas procedentes de un patrimonio conseguido en muchos casos por medio de las donaciones de los fieles. También gozaba de los bienes que los creyentes dejaban en heredad al morir. Además poseía otras maneras de captar estipendios, ya fuera en especie o en metálico. Los ingresos por responsos, por bulas pontificias que eximían de pecar durante la Cuaresma, por el reparto de los banzos para poder alzar de las andas de las imágenes en las procesiones. Y algunas otras triquiñuelas para la ocasión. Siempre que se diese un motivo para exprimir al creyente, la iglesia permanecía atenta para llevarse su porción. Y si no se las inventaba, como la representación de pedir para el Santísimo.

Intransigentes consigo mismas, el empeño de las mozas se traducía en un merecido resultado gracias al apego religioso justificado en la masiva respuesta del pueblo. Bien es cierto que lo contrario podría depararle ofensas no exentas de represiones contra él o sus bienes. Presentimiento de que algún signo clarividente sucedería. Atento siempre al dicho de “Pascuas marzales, hambres y calamidades”. Queda dicho que el ciclo del cancionero de petición para el Santísimo comenzaba una vez iniciado el tiempo de la Cuaresma y acababa el Domingo de Ramos. Durante los días festivos que mediaban en el trayecto se iba cantando la canción o el tema correspondiente al día de la celebración. La primera de las salidas daba fe de cual era el objetivo.

Hoy es el primer domingo
que venimos los cristianos
a pedir para el Santísimo
de todo género humano.

Somos unas abejitas
que vamos de flor en flor
recogiendo la limosna
para ayudar al Señor.

La siguiente festividad en orden cronológico era la del día de San José, puesto que el primer domingo que salían a pedir coincidía con el anterior a esta festividad. Algo que no se ha constatado anteriormente es que la tonalidad de las canciones apenas variaba. Era casi siempre la misma entonación.

San José como es tan justo
quiso cambiar de carrera
al ver a su esposa en estado
sin saber qué misterio era.

Baja un ángel y le dice
detente José, no temas,
que tu esposa ha de traer
al Señor de cielo y tierra.

De las varas elegidas
la de José ha florecido
y en ella reconocemos
que fue José el escogido.

La proliferación de festividades en tiempos pasados hacía florecer el costumbrismo y la tradición de los pueblos. El calendario de celebraciones incluía el día 25 de marzo como el de Nuestra Señora y de él colgaban ciertos ritos conmemorativos que teñían de colorido la onomástica. La composición para esta ocasión hacía referencia al misterio de la gestación de la Virgen.

El veinticinco de marzo
día de Nuestra Señora
puso bandera en campaña
y ha salido victoriosa.

Anda de aquí para allá
la Virgen entre las flores
anda de aquí para allá
nace un niño sin dolores.

Nueve meses le tuvísteis
en vuestro sagrado seno
y a la Navidad trajísteis
a Jesús de Nazareno.

Por lo general las estrofas de las canciones suelen ser bastante cortas. Las letras hacen alusión a la circunstancialidad de los hechos y en ellos se relatan aconteceres o abatares surgidos a modo de episodios en la vida de sus protagonistas. El relato se encuadra dentro del ambiente que rodea a los hechos. Este caso en concreto hace mención al proceso de gestación de Jesús en el seno de María y al posterior alumbramiento.

Como queda dicho ciertas canciones sólo se podían cantar en días determinados y solamente aquel día en que se conmemoraba la celebración. El resto de las canciones se interpretaban en cualquier fecha a su libre albedrío. Del repertorio del cancionero hay algunas que destacan por su profundidad expresiva.

Tal es el caso de los famosos Mandamientos.

En breve quiero explicar de la Pasión los sucesos
2 y para mejor decir vamos con los Mandamientos.
En el primero fue Judas cuando a aquel manso cordero
4 le vendió por 30 reales luego le entregó en el huerto.
En el segundo los judíos que en el huerto le prendieron
6 y con grandes griteríos en la cárcel le metieron.
En el tercero las gentes que de la junta salieron
8 mandan que le crucifiquen y que le azoten primero.
En el cuarto a una columna le amarraron como a un reo,
10 le dan cinco mil azotes descoyuntando sus huesos.
En el quinto canta el gallo cuando le negó San Pedro
12 tirándole de las barbas cien bofetadas le dieron.
Le sacaron al balcón con púrpura y caña puesto
14 y una corona de espinas le pusieron en el sexto.
En el séptimo la cruz sobre sus hombros pusieron
16 y como era tan pesada tres veces cayó en el suelo.
En el octavo el calvario cuando Simón el Cirineo
18 le ayudó a llevar la cruz para que llegase más presto.
En el noveno tres clavos ya están hechos los barrenos
20 le clavan de pies y manos descoyuntando sus huesos.
En el décimo expiró y vino ácimo luego
22 le dan cinco mil lanzadas y el costado quedó abierto.
De él salía sangre y agua tres días después de muerto
24 fue a sacar a los Santos Padres que están en el cautiverio.
Si queréis saber cristianos de estos diez mandamientos
26 el doctor que los compuso fue Cristo Redentor nuestro.

Quizá esta composición sea una de las mejores interpretaciones realizadas para la ocasión por su contenido y por la versificación. A las puertas de la Semana Santa, los Mandamientos reflejan la escenificación de la Pasión de Cristo en el huerto de los Olivos. A pesar de la profundidad de los acontecimientos y de la crudeza de los hechos, la entonación de la letra, carente de la presunta melancolía implícita que pudiera contener, hace de ella un motivo más de percepción musical. Se ha hecho constar que la práctica totalidad de las canciones poseían la misma entonación.

En la canción que sí cambia la entonación es en el Inocente Cordero. Hay una estela de melancolía en sus versos que denotan el momento crucial de la muerte de Jesús. La profundidad del momento en que van ocurriendo los acontecimientos escenifica la cruda realidad y las notas van tomando un matiz de sentimiento contraído. Una canción que emociona a los contritos corazones.

El Inocente Cordero hijo de la blanca oveja
2 cuando vino de Belén a ser maestro en nuestra tierra.
Apenas tiene ocho días cuando la misión le entrega
4 un jueves antes de Pascua un mozo a vender le lleva.
Desde la plaza al mercado desde el mercado a la plaza
6 dieron la una y las dos y a las tres que le remata,
dieron por hijo de Dios 30 monedas de plata.
8 Tinieblas rompen los aires las piedras de dos en dos
unas con otras se parten el pecho del hombre no.
10 Ya lloran los serafines ya lloran con gran dolor
al ver que Cristo se muere de luto se cubre el sol.
12 Ya se han cubierto de luto los altares de María
ya se han cubierto de luto hasta la Pascua florida.
14 Ya se han cubierto de luto los altares del Señor
ya se han cubierto de luto hasta la resurrección.

Una muestra que evidencia que el cancionero estaba esencialmente enfocado al propósito pedigüeño es que la interpretación que se hace del Domingo de Lázaro no habla para nada de su resurrección por parte de su amigo Jesús. Narra un episodio de hambrienta necesidad por parte de San Lázaro que denota claramente el enfoque o la persecución de la finalidad: recabar la caridad a modo de limosna.

Lázaro gran caballero
primo y amado de Dios,
señores roguéis por vos
al Señor que concedisteis.

San Lázaro le pidió
al hambriento una limosna
y porque no se la dio
Cristo le negó su gloria.

Désela usted si la tiene
no le pase lo de aquél
que le echó Dios al infierno
para nunca más volver.

A voces le está llamando:
“Lázaro, Lázaro, ven,
que me quemo en llamas vivas
por no haberos hecho bien”.

San Lázaro respondió:
“la misericordia es
para antes de la muerte,
después ya no es menester”.

Hay que volver a hacer hincapié en el sentido de esta canción y la casuística de su finalidad. En la versificación se aprecia descaradamente la incitación a socorrer al necesitado para que el oyente capte la intención. Para ello utiliza un argumento no demasiado lógico. San Lázaro le va a pedir una limosna precisamente a un hambriento, el cual se la deniega se supone que por carecer de ella cuando precisamente es él el gran necesitado. Y por la negativa a colaborar le manda al infierno. Es una especie de contradicción que de alguna manera viene a reforzar la idea de la caridad y a través de ella sensibilizar a las gentes para que colaboren con la iglesia o de lo contrario se verán en una situación comprometida. Hay que hacer el bien en vida para no tener que ir al infierno de cabeza. Lo que se busca es infundir miedo, temor a morir en pecado por no haber contribuído a la causa.

Al Domingo de Lázaro le sucede el Domingo de Peces en el que se relata el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. Se retoma el pulso de las notas alegres en la canción y se hace más atractiva su peculiar interpretación.

Hoy es el Domingo de Peces
día grande que dejó Dios señalado
para que vengamos todos
obró un gran milagro.

Con solamente dos peces
y cinco panes que ordena
cinco mil hombres hambrientos
se hallaron en su presencia.

A comer se hacían todos
de peces y de pan quedan
cinco canastillas llenas
han quedado en sus mesas.

Hoy aumenta Cristo el pan
para el que viene y para el que queda
Dios nos dé salud y gracia
y también su gloria eterna.

La última de las interpretaciones de este ciclo de peticiones y limosnas tenía lugar el Domingo de Ramos, umbral de la Semana Santa. Por aquellos tiempos la escenificación de este día llevaba aparejada una muestra de la representación de los acontecimientos donde no faltaba la borriquilla sobre la que iba montado Jesús. Esto acaecía en plena efervescencia de la bendición de ramos, después vendría la petición por las calles. Llegaba a su fin el ciclo iniciado en los albores de la Cuaresma. Las mozas se sentían plenamente satisfechas con el trabajo realizado cuyo esfuerzo y dedicación a la causa de la iglesia les hacía sentirse reconfortadas. Por eso aquel último día, si cabía, se sentían todavía más pletóricas a la hora de interpretar el canto.

Hoy es el Domingo Ramos
día grande de soler
cuando Jesucristo entraba
triunfante en Jerusalén.

Entra con ramos y palmas
su Divina Majestad
entra con ramos y palmas
por toda la cristiandad.

Arrodillados le adoran
como rey del Universo
ofreciéndole los dones
de oro, mirra e incienso.

Sábado contemplaremos,
domingo entremos con ramos,
lunes le lavan los pies,
martes le lavan las manos.

Miércoles en la columna,
jueves de espinas cercado,
viernes con la cruz acuestas
camino ya del calvario.

Hijo de tan buenos padres
bien nacido y bien criado
por Él venimos pidiendo
para alumbrar a este Santo.

La interpretación del cancionero correspondiente a este día ponía punto y final al ciclo de pedir para el Santísimo. Era el inicio de un largo recorrido por el credencial religioso que seguía con toda la retahila de actos correspondientes a la Semana Santa, continuaba después con la parafernalia del mes de María y a buen seguro que se ampliaba el repertorio de este tiempo de fe a las novenas y rogativas en súplica de agua (2). De marzo a mayo el fervor religioso impactaba de lleno en el ánimo y en el espíritu de los creyentes. Porque, además, era tiempo de confesiones y los confesores que acudían al pueblo para “tomar declaración” a los habitantes hacían de su estancia una comunidad de fieles participativos en los actos llevados a cabo para la ocasión. Tiempos de fe, aquellos.

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NOTAS

(1) TORRE GARCÍA, Leopoldo: Ecos rurales, Edicomunicación, Barcelona, 1987.

(2) TORRE GARCÍA, Leopoldo: “Novenas y Rogativas en Quintanilla de Tres Barrios (Soria)”, Revista de Folklore, núm. 66. pp. 209-215.