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LA CONSERVACION DE LA ARQUITECTURA TRADICIONAL ARQUITECTURA TRADICIONAL Y GLOBALIZACION CULTURAL

BENITO MARTIN, Félix

Publicado en el año 2005 en la Revista de Folklore número 290.

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El efecto de la globalización se ha intensificado de manera espectacular durante los últimos tiempos. Su influencia sobre aspectos como la economía, la política, las comunicaciones, entre otros, ha sido reciente pero recurrentemente considerada. Sin embargo, su trascendencia sobre el Patrimonio Histórico aún no se ha calibrado en su justa medida, a pesar de que su incidencia ha sido tal que está transformando todos los conceptos y criterios tradicionales sobre la conservación. Tal es así, que se comienza a percibir de manera expresivamente reveladora, que la naturaleza del Patrimonio Histórico no aparece ligada tanto al pasado como al lugar, a la identidad.

En un mundo crecientemente uniforme en sus aspectos y contenidos culturales, el patrimonio –entendido mucho más en relación a los conjuntos históricos y los paisajes culturales que a los monumentos singulares– constituye el mejor vehículo para mostrarnos la diversidad y riqueza cultural del planeta.

Por eso, sin duda, este patrimonio histórico, en los albores del siglo XXI, se reviste de la especial y trascendental relevancia que la sociedad le comienza a conceder. En un mundo en el que la respuesta edificada es crecientemente uniforme, la conservación del patrimonio, de los conjuntos históricos, es el mecanismo más eficaz para conservar la referencia de la diversidad y riqueza cultural preexistente.

Lo verdaderamente característico de este proceso de transformación de los núcleos de población y su arquitectura no es el hecho de que corresponda a una etapa más en la evolución de las culturas tradicionales, sino que se han alterado radicalmente las pautas de regeneración de estos modelos, es decir, ya no derivan de un marco geográfico en el que se inscribe la evolución temporal, sino que las referencias a este marco desaparecen casi por completo y las técnicas constructivas y, sobre todo, los modelos arquitectónicos (que surgen de los nuevos programas de necesidades) escapan de esas coordenadas y obedecen a una nueva cultura universal y homogeneizada.

El tipo de construcciones tradicionales pasa a tener no sólo un valor material, del que por sí han gozado a lo largo de la historia, sino que va revistiéndose progresivamente de un valor cultural al referirse a testimonios cada vez más valiosos, por escasos, de unas civilizaciones ya inexistentes y que hablaban de la especificidad del lugar, del territorio, del país. No es ajena a esto la reflexión, que subconsciente o conscientemente, han realizado los países más desarrollados en torno a su legado histórico e incluso a la difusión del concepto de patrimonio con la potencia que ha tenido en los últimos tiempos. Esta valoración tan alta hubiera sido imposible, y de hecho lo fue, en épocas pasadas en las que los modos tradicionales de construcción mantenían aún vigentes sus resortes de reproducción. En el momento actual, y sobre todo en lo referente a los conjuntos históricos y a la arquitectura en relación con el territorio, no es el pasado lo que se intenta preservar, sino que es un reflejo cultural de la diversidad, del lugar, de lo autóctono, que hoy es en gran medida irreproducible.

En las últimas décadas se ha perdido más de la mitad de ese patrimonio. Al tiempo que se restaura y pone en valor el patrimonio singular, este otro patrimonio, el que más nos habla del hombre de una manera integral, se nos está yendo de las manos. El proceso se ha acelerado en las últimas décadas e incluso más en los momentos actuales. Podemos aseverar que así como los centros históricos de las grandes ciudades, que tanto se destrozaron en los años sesenta, se conservan mejor en la actualidad, en los núcleos medios y menores el patrimonio tradicional se está descomponiendo en un proceso al que no se pone remedio.

La homogeneización de la respuesta edificada es uno de los factores que más contribuyen a la uniformidad y vanalización de los conjuntos históricos. Si conservamos solamente los monumentos históricos o algunos enclaves concretos habremos conservado una parte de nuestro patrimonio, pero descontextualizada. Habremos perdido todos aquellos aspectos que nos ofrecen numerosas referencias del ser humano, impresas en la configuración de los núcleos urbanos, en la arquitectura residencial o productiva, en el conjunto del paisaje “antropizado”. Si la política de conservación se realiza al margen de esa realidad conservaremos sólo una parte de nuestro patrimonio. Pero el Patrimonio con mayúsculas, el que más integralmente nos evoca la presencia del hombre lo perderemos irremisiblemente.

ACTUACIONES A REALIZAR PARA LA CONSERVACIÓN DE LA ARQUITECTURA TRADICIONAL

Planteamos aquí las estrategias de conservación y rehabilitación de este patrimonio. Las expondremos en un sentido creciente, comenzando por las más básicas y terminando en las de mayor profundidad. No se trata de un recorrido de menor a mayor importancia o trascendencia sino de menor a mayor énfasis, aunque creemos que todo el conjunto de medidas son igualmente necesarias.

Estamos sin duda ante un importante reto en el sentido de comprender cómo se puede afrontar la conservación de algunos –¿cuáles?– elementos, parámetros o partes del núcleo como objeto patrimonial o testimonial de uno de los más valiosos patrimonios que tuvo Castilla y León.

Podemos plantear que la situación actual permite, en primer lugar, certificar con carácter global la obsolescencia de los tipos tradicionales para las nuevas construcciones, al haberse alterado radicalmente los programas domésticos; en segundo lugar, destacar el trascendente valor histórico de este importante legado y su delicado estado; y finalmente, poner de manifiesto que hay numerosos aspectos de las soluciones constructivas tradicionales que aún podrían ser válidos, incluso utilizados de forma parcial, por ser competitivos y ventajosos con los sistemas actuales.

Partiendo de este primer diagnóstico, podemos avanzar sobre los grandes bloques de propuestas.

MEDIDAS DE CARÁCTER NORMATIVO

El primer bloque está compuesto por las medidas normativas que regulan la actuación en los edificios que conservan los tipos tradicionales, en los núcleos rurales mejor conservados y en el entorno de los mismos. Medidas éstas que se referirán a la catalogación de elementos e identificación y protección de los edificios más valiosos. También contemplarán las normas de edificación sobre el patrimonio no catalogado dentro de los conjuntos históricos y las normas de protección del territorio. En este apartado la primera gran conclusión derivada de los análisis realizados es que el mantenimiento tipológico se debe circunscribir a los elementos valiosos y entrará dentro de la esfera de catalogación. En efecto, las normas referidas a los tipos arquitectónicos se pueden implantar con éxito sobre edificios tradicionales ya existentes y catalogados pero no en todos los edificios del conjunto.

Asimismo, habrá otras normas forzosamente más globales que tienen su aplicación en aquellos núcleos que conserven sustancialmente el modelo de asentamiento. Sin embargo, la reiteración tipológica en la nueva edificación parece inapropiada cuando los supuestos funcionales y de programa han variado radicalmente. La normativa de nueva edificación se debe configurar no a partir del concepto de tipo, sino en el de armonización y, fundamentalmente, en aquellos lugares en los que la arquitectura tradicional haya generado pautas ambientales significativas.

En el plano normativo existen muchos apartados que guardan una intensa relación con este tema como son: legislación de patrimonio histórico; legislación de suelo y ordenación urbana, protección del medio natural; normativa de industria en lo que afecta al sector de la construcción y a las artesanías de sistemas tradicionales, todo ello referido a la normativa estatal y de comunidades autónomas.

En el nivel autonómico es donde mejor pueden implementarse las estrategias de coordinación entre diferentes políticas sectoriales: ordenación del territorio, planificación urbana, conservación del medio natural y del patrimonio histórico. En este sentido hay que recordar que la Ley 16/85 sólo está desarrollada alrededor de un quince por ciento de los municipios con conjunto histórico.

Se deben realizar inventarios completos de la arquitectura tradicional conservada y elaborar catálogos de protección de todos aquellos conjuntos valiosos, así como integrar la normativa de catalogación con el planeamiento urbanístico.

MEDIDAS DE AYUDA Y FOMENTO

El segundo bloque se refiere a las medidas de fomento sobre un sector generalmente necesitado de ayuda, como es el de la vivienda, y sobre áreas mayoritariamente deprimidas, como es el medio rural de Castilla y León. Básicamente, los incentivos han de configurarse en torno a la política de vivienda, que es la que más recursos consume y la que compone en mayor medida los hábitats humanos. La ayuda a la rehabilitación de viviendas rurales y su encauzamiento a la conservación de la arquitectura tradicional debe constituir una línea prioritaria de actuación de las administraciones responsables.

La actual normativa de ayudas está organizada en función de la residencia permanente. Han existido iniciativas en otras comunidades autónomas que han incentivado económicamente la segunda residencia en determinadas áreas y condiciones, con el objetivo de promover la revitalización de determinados conjuntos rurales. Un aspecto de gran relevancia en materia de vivienda, especialmente en el medio rural es la segunda residencia. En áreas rurales gran parte de la población estacional es de origen del propio lugar; son habitantes que tienen allí sus raíces, implantan su segunda vivienda, en la cual pasan gran parte de su tiempo o tras la jubilación, son parte del lugar y allí reposarán sus restos. La aportación vital, funcional y material de este amplio segmento de la población tiene una gran relevancia, que no debe ser perdida de vista en una afinada estrategia de revitalización de las áreas rurales. Y, sin embargo, esta realidad perfectamente caracterizada, cuantificable y atendible no ha encontrado apenas reflejo en la legislación en materia de vivienda o patrimonio residencial. Una vía sugestiva a desarrollar es conseguir que esta vivienda se canalice hacia la rehabilitación de la arquitectura tradicional existente.

Ha habido algún intento esporádico de acercarse a ella en cierta legislación autonómica, pero no se ha creado un cuerpo suficientemente capaz de complementar la política de vivienda rural permanente.

Otras líneas de ayudas actuales se dirigen directamente al patrimonio edificado de valor histórico, declarado o no Bien de Interés Cultural, y que resultan complementarias de la ayuda a la vivienda. Existen también líneas de ayuda constituidas por los programas dirigidos a determinadas zonas, núcleos o tipos específicos de la arquitectura de Castilla y León. En este último concepto se enmarcaría la intervención de protección y desarrollo de las zonas que conservan en mayor medida el hábitat tradicional, natural y edificado a los efectos de su incorporación en una posible legislación específica.

En este apartado alcanza una especial relevancia el conjunto de ayudas públicas a las iniciativas turísticas. Tendría gran trascendencia la canalización de estas ayudas hacia operaciones concretas y valiosas de rehabilitación arquitectónica de edificios de arquitectura tradicional, que enriquecieran la percepción de la arquitectura de cada comarca, y no a las construcciones, tan comunes en la actualidad, de casas nuevas, pretendidamente rurales y a menudo reinventadas, que concentran una gran cantidad de ayuda pública, extremo que debería manifestarse en las operaciones de estricta rehabilitación.

ADECUACIÓN DEL SECTOR DE LA CONSTRUCCIÓN. RECUPERACIÓN DE LOS SISTEMAS TRADICIONALES

El tercer bloque es quizá más urgente, ya que sin él los demás no pueden operar. Consiste en la recuperación de los sistemas tradicionales que han hecho posible la existencia de dicho patrimonio.

La pérdida de la sabiduría tradicional en la actividad de la construcción hace que en muchas ocasiones los esfuerzos de conservación de los conjuntos históricos resulten baldíos. No son pocos los casos en los que, existiendo una normativa de protección adecuada y capacidad económica para llevar a cabo la rehabilitación, los resultados son insatisfactorios debido a la pérdida de los sistemas tradicionales de construcción. Pero no se ha perdido solamente la sabiduría constructiva, es que han desaparecido casi totalmente los principales materiales de construcción.

A tal efecto, podemos comprobar cómo, incluso en las zonas o localidades donde se han dado combinadas las dos premisas anteriores (esto es, protección del patrimonio e inversión económica para su rehabilitación), los resultados han sido en algunos casos insatisfactorios: los chapados de madera o la utilización de maderas inadecuadas en entramados; la mampostería mal concertada; el empleo del cemento en lugar de la cal o el yeso; los revocos o pinturas incompatibles con los materiales tradicionales; los detalles constructivos en vuelos, aleros o guarniciones de huecos que revelan la inconsistencia de las soluciones aportadas, etc.

La recuperación de diversas tecnologías como la carpintería de armar o la utilización de los conglomerantes clásicos (cal, yeso y barro) es quizá lo más llamativo por su urgencia, ya que han desaparecido casi en su totalidad. La correcta utilización de los materiales pétreos o cerámicos también es importante, pero se trata de un campo en el que se han realizado algunos intentos acertados. Así pues, la recuperación, el fomento y la ayuda a los sistemas tradicionales aparece como uno de los objetivos claros e indiscutibles si se pretende una conservación del patrimonio arquitectónico tradicional de Castilla y León. Esta actuación debe abarcar desde la puesta en marcha de la fabricación de los materiales tradicionales, con posible fomento público (hornos de cal, yeso, recuperación de canteras), o la protección de determinadas especies vegetales (centeno, piorno, enebro, castaño, etc.) y la posibilidad de su utilización en la conservación del patrimonio tradicional.

Dentro de este capítulo juega un papel decisivo la formación profesional –sentido éste en el que cabe señalar la necesaria colaboración con las Escuelas Taller– y la cualificación de técnicos en cursos específicos en la enseñanza general universitaria. Esta actuación de fomento y recuperación de la construcción tradicional puede completarse con la introducción paulatina de determinados requerimientos en los Pliegos de Condiciones para obras de rehabilitación o restauración.

RECUPERACIÓN DEL ORGULLO POR LA PROPIA IDENTIDAD CULTURAL

Tal como hemos señalado anteriormente, es fundamental la recuperación por parte de la población residente de la identificación de la cultura que ellos desde sus Pajar. Corporales de Cabuera (León) antepasados han generado. En los años sesenta y setenta la gran emigración campo ciudad se produjo mediante el elogio de lo urbano y el descrédito de lo rural. Este sentimiento se integró profundamente en el medio rural, de tal modo que hoy percibimos con claridad una evidente falta de arraigo por su propia identidad. Es necesaria una importante labor de difusión ciudad campo que contrarreste esta situación y permita recuperar la identificación con la propia cultura, más cuando en este momento se comienza a percibir el valor de la riqueza cultural inherente al mundo rural desde los medios urbanos. Se deben poner en marcha una serie de instrumentos con el fin de intentar hacer llegar a estas áreas rurales el redescubrimiento de los valores funcionales y culturales que la arquitectura de esos lugares atesora.

Esta última línea de actuación es, sin duda, la más trascendental, ya que es la que puede integrar al conjunto de las anteriores. Se hace preciso recuperar la autoestima de la cultura autóctona que se reflejará en el cariño y cuidado por sus propias tradiciones y señas de identidad. Es deseable alcanzar esta situación en nuestra región antes de que sea demasiado tarde, y se haya perdido la mayor parte de su arquitectura y urbanismo, de su Patrimonio Histórico entendido en el sentido integral del término.

En última instancia todas estas actuaciones deben ir encaminadas a reforzar la vitalidad de nuestra cultura tradicional, con el fin de enriquecer la diversidad y calidad de la respuesta edificada. Pero si esta ósmosis entre iniciativas y población usuaria no se produce el esfuerzo habrá sido estéril. Para que esta cultura de la diversidad se mantenga y se enriquezca es necesario que el impulso parta de la propia población y para ello es necesario que dicha población recupere la identificación y el orgullo por su propia cultura, extremo éste perdido en la actualidad en gran parte de nuestro país. Recuperación que en última instancia constituye el objetivo final de la conservación de la cultura tradicional.