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Tradición oral y literatura (III). Cuentecillos de Roberto Robert en Rafael Boira

AGUNDEZ GARCIA, José Luis

Publicado en el año 2005 en la Revista de Folklore número 290.

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Iniciamos en el artículo anterior el inventario de temas coincidentes entre El libro de los cuentos de Rafael Boira y las obras que le detendremos momentáneamente en algunos autores contemporáneos con el propósito de tener una visión más completa de los gustos de la época.

Vimos cómo Boira rebuscó en la tradición, la escrita especial, pero no exclusivamente, con el propósito de mostrar temas que pudiesen entretener a los coetáneos. A diferencia de otros escritores que trataron contenidos folklóricos dándoles tratamiento literario, él sólo pretendió divertir, hacer reír a carcajadas, y acumuló cuanto le parece apropiado. El resultado es el acopio ingente, caótico, de chistes, cuentecillos, y demás composiciones breves, que nos son de gran utilidad para comprender la tradición llegada hasta él y las apetencias de la época. Esta actividad se iniciaba en los umbrales de la década de 1860, un lustro antes, si tenemos en cuenta la aparición de la primera edición. La segunda aparecía en 1862; por aquel año ya habían aparecido Las mil y una barbaridades: agudezas, ocurrencias, chistes, epigramas… de Hilario Pipiritaña (Pedro Felipe Monlau, 1808-1871), obra que no analizaremos dado que es bien conocida y tenida en cuenta por los folkloristas. Al poco tiempo de aparecer el Libro de los cuentos de Boira, en los inicios de aquella década, Manuel del Palacio (1831-1906) y Luis Rivera (1826-1863), en 1863, publicaban un primer tomo de un libro de idénticas hechuras; al año siguiente divulgaron un segundo tomo, cuyo extensísimo título, propio de la época, comenzaba con Museo cómico ó Tesoro de los chistes. Colección… Dado que no es muy tenido en cuenta hasta la fecha, trataremos en otro artículo los temas coincidentes con Boira.

Pues bien, en esta década de los 1860, dos años después del segundo tomo del Museo cómico de Manuel del Palacio y Luis Rivera, Roberto Robert, contertuliano del café Suizo, como los anteriores, dio a la imprenta otra obra de idéntica intencionalidad que las precedentes, como ya señala el explícito título: El mundo riendo. Gracias y desgracias chistes y sandeces, epigramas y necedades, cuentos é historias, redundancias y laconismos, problemas y claridades, anuncios, apotegmas, despropósitos, malicias y otras cosas que no son nada de lo dicho. Colección enorme, selecta, novísima en prosa y verso, (con 160 grabados, dibujos de T. Padró) sacada de autores antiguos y modernos, nacionales y extranjeros, clérigos y seglares, famosos y oscuros.

La recopilación de Robert es casi tan notable como las precedentes, pero en un único tomo. La edición es más cuidada y muy bien ilustrada; pero sobre todo, supera a las anteriores en una rigurosidad filológica que supone un avance hacia la modernidad. Suele indicar la autoría, aunque sin precisar, de los temas que transcribe o trata, y las copias muestran mayor fidelidad a los originales, siendo reproducciones precisas muchas veces, lo cual no sucede siempre en Boira, ni siquiera en los temas versificados. Es, pues, El mundo riendo, una obra que debe contar tanto para el crítico literario como para el folklorista. Nos limitamos, como es nuestro propósito actualmente, a entresacar temas coincidentes.

Fue Robert una figura activa en su tiempo. Ossorio y Bernard (1) trazaba su semblanza con las siguientes palabras:

Periodista y literato, que nació en Barcelona en 12 de septiembre de 1827 [seguramente 1837, como reflejan otros críticos, o 1830, como dictan otras fuentes] y falleció en Madrid en 18 de abril de 1873. Diputado a Cortes en varias legislaturas y ministro plenipotenciario de España en la confederación helvética, de cuyo cargo no llegó a tomar posesión. Dirigió en Madrid “El Tío Crispín” (1855), por cuyo primer número pasó un año en la cárcel Saladero, y fue redactor muy distinguido de “La Península” (1856-1857), “La Discordia”, durante muchos años, y “El Fomento” (1862). También colaboró muy activamente en “La América”, “El Museo Universal”, el “Gil Blas” [dirigido por Luis Rivera], “La Ilustración Española y Americana”. Fue uno de los fundadores de la Asociación de Escritores y Artistas y sus libros de crítica social son modelos de gracia y observación.

Fundó el Diario Madrileño, y participó en otros periódicos y revistas más, como Lo Trós de Paper, La Rambla, La Pubila, Lo Noy de la Mare, e incluso el Anuario Republicano Federal. Políticamente, llegó a ser diputado tras la Revolución de Septiembre del 68, además de ministro plenipotenciario.

Poco tiempo sobrevivió a la Asociación de Escritores y Artistas, mencionada por Ossorio y Bernard, que fundó junto a un puñado de condiscípulos, y en la que fue nombrado tesorero-contador. Una comisión promovida por Campo Navas en noviembre de 1871 había convocado junta, a la que sólo asistieron Nombela, Fernando Fragoso, Campo y Navas, Llano y Persi y Robert, además del anfitrión, Álvarez Ossorio; sin embargo allí se proyectaron los cimientos para la nueva asociación, creada firmemente al año siguiente, siendo presidida por Llano y Persi.

Fue un gran pensador y excelente periodista. Su labor literaria no es desdeñable (2).

BOIRA–SANTA CRUZ–ROBERT

5. El lenguaje de los peces (Boira, El libro de los cuentos, I, pp. 61-62; Santa Cruz, Floresta, VI, VIII, 12; Roberto Robert, El mundo riendo, p. 46).

14. Comer para morir (Boira, I, p. 148-149; Santa Cruz, IX, IV, 2; Roberto Robert, p. 109).

19. El soldado y el perro (Boira, I, p. 219; Santa Cruz, VII, I, 25 [26]; Roberto Robert, p. 241).

27. Los ladrones aconsejados (Boira, I, p. 248; Santa Cruz, IV, V, 3; Roberto Robert, p. 16).

44. El pobre y los ladrones (Boira, I, pp. 274275; Santa Cruz, IV, V, 7; Roberto Robert, p. 688b [es en Robert transcripción de R. J. de Crespo]).

46. Los rábanos (Boira, I, p. 277; Santa Cruz, VI, VIII, 3; Roberto Robert, p. 39).

80. Estados en banasta (Boira, II, pp. 178-179; Santa Cruz, II, V, 1; Roberto Robert, p. 35).

84. Diente maduro (Boira, II, p. 181; Santa Cruz, III, I, 20; Roberto Robert, p. 569 [es en Robert transcripción de un epigrama de Ramón Rua Figueroa]).

146. Una mujer flaca (Boira, III, p. 18; Santa Cruz, VIII, V, 3; Roberto Robert, p. 76).

198. El viejo y el joven (Boira, III, p. 107; Santa Cruz, XI, VII, 22; Roberto Robert, p. 255).

208. Encargos para el otro mundo (Boira, III, pp. 118-119; Santa Cruz, II, V, 7; Roberto Robert, p. 39).

211. El robado y el capitán de ladrones (Boira, III, p. 124; Santa Cruz, II, III, 19; Roberto Robert, pp. 159-160).

240. El bufón herido (Boira, III, p. 250; Santa Cruz, II, V, 6; Roberto Robert, p. 44).

BOIRA-ROBERT

340. La profunda habilidad de dos concejales. Los comisionados encargan la estatua de San Sebastián a un célebre escultor de Madrid; cuando El soldado y el perro éste les pregunta que si lo representa vivo o muerto, deciden que mejor vivo, pues si es preciso muerto, bien se le puede matar. (Boira, El libro de los cuentos, I, p. 28) (Roberto Robert, El mundo riendo, p. 14).

341. La traducción literal. Traducción: “César vino a Francia en el cupé de la diligencia” (en vez de con mucha prontitud: summa dilligentia) (I, p. 56) (Roberto Robert, p. 308).

342. El predicador y el albéitar. Un año dijo por equivocación que Cristo dio de comer a cinco hombres con cinco mil panes. El albéitar dijo que también lo haría él. Al año siguiente no se equivocó el predicador, y preguntó. “–¿Y eso lo harías tú?”. Contestó: “–Con los restos del año último”. (I, pp. 57-58) (Roberto Robert, p. 72).

343. La escasez de doncellas. En la censura de La Doncella, de Voltaire, se escribía que “en todo él no hemos encontrado ni una doncella siquiera”. (I, p. 63) (Roberto Robert, p. 363. Agrega también la crítica de El Ingenio de Helvecio).

344. El murmurador. El confesor le manda que se retracte en público de la murmuración pública. Alega que, como es mentiroso, no lo van a creer. Le absuelve, porque tampoco habrán creído la murmuración. (I, p. 65) (Roberto Robert, pp. 228-229).

345. El sacramento del matrimonio. Ha recibido todos los sacramentos, menos el del matrimonio, del que ha sacado tres copias. (I, p. 66) (Roberto Robert, p. 141).

346. El perro novio. Se empeña en casarse con quien la ha salvado del río; resulta que el salvador había sido un perro de Terranova. (I, pp. 6970) (Roberto Robert, pp. 157-158).

347. La compra a deber. Compra un caballo por cien ducados, paga cincuenta y “deberá lo demás”. Cuando le reclaman los otros cincuenta, recalca que dijo que debería lo demás: si lo pagase no lo debería. (I, p. 71) (Roberto Robert, p. 71).

348. El cabello de la Virgen. Enseñaba un cabello de la Virgen como reliquia, hasta que uno confiesa que no ve nada (no existía). (I, pp. 82-83) (Roberto Robert, p. 197).

349. La curiosidad de una niña. ¿Cómo se va a conocer quién es Adán y quién es Eva si no van vestidos? (I, p. 85) (Roberto Robert, pp. 204-205).

350. Que lo ahorquen. Formando parte de un tribunal, se duerme. Cuando tiene que dar su voto, despierta sobresaltado pidiendo que le ahorquen. Informado de que se trata de un campo, pide que lo sieguen. (I, p. 86) (Roberto Robert, p. 107).

351. Sobre favor, paga. Por caridad, el arriero le dice al gallego que suba a una de sus bestias; el gallego le pregunta que cuánto le va a dar por subir. (I, p. 91) (Roberto Robert, p. 87).

352. El paraíso de los moros. Mahoma le dice a la vieja que el paraíso no es para las viejas, porque, al llegar, rejuvenecen. Se alegra ella. (I, p. 94) (Roberto Robert, p. 457).

353. Curiosidad de mujer. El conde de Bufón decía que la diferencia entre el toro y el buey estaba en que los primeros eran padres, y los segundos sólo podían ser tíos. (I, p. 97) (Roberto Robert, p. 142).

354. El acreedor y el deudor. El acreedor pide que le devuelva los diez reales que le debe. El deudor dice que le debe 200. Se conforma con diez. Prefiere no darle los diez y deberle 200. (I, p. 98) (Roberto Robert, p. 339).

355. La abundancia de caza. Exageración: para “tirar a los conejos tenía que retirar las perdices con el cañón de la escopeta”. (I, p. 105) (Roberto Robert, pp. 348-349).

356. Los versos de un rey. Quevedo a Felipe IV: “V. M. se sale con todo lo que emprende. Hoy se ha empeñado en hacer versos malos, y a fe que no habrá quien se atreva a hacerlos peores”. (I, p. 106) (Roberto Robert, p. 357. En Robert, la salida es de Boileau a unos versos de Luis XIV).

357. La murmuración de los borrachos. Reconocen ante Pirro que hablaron mal de él, y que hubieran dicho más si no les llega a faltar el vino: Pirro rió. (I, pp. 118-119) (Roberto Robert, pp. 163-164).

358. La cuenta de un italiano. La señora mandó al italiano que hiciera cuatro niños de yeso para adornar la casa. El marido leyó el recibo cuando volvió a casa: “Por haber hecho cuatro niños á la señora N., cuatro duros”. Lo echó a broma y pagó. (I, p. 120) (Roberto Robert, p. 227).

359. La tos y los dientes (verso). “Cuatro dientes te quedaron”. En una tos volaron dos, en otra los otros dos que le quedaron. (I, p. 125) (Roberto Robert, p. 673. Es epigrama de Bartolomé Leonardo de Argensola).

360. Un testamento original. “Nada tengo, nada debo, dejo lo demás a los pobres”. (I, p. 126) (Roberto Robert, p. 83).

361. La instrucción de un pastor. El tonto va a misa: sólo le dejan el caldo, dice cuando ve lo que hay en la pila bendita. (I, pp. 131-133) (Cf. Roberto Robert, p. 690a).

362. El acertijo. No ha parido un niño; entonces una niña, replica el otro: “¿Cómo ha hecho V. para adivinarlo?” (I, p. 135) (Roberto Robert, p. 470).

363. La costumbre es ley. Hay que acompañar al alcalde en el entierro de la esposa muerta. Oponiéndose el síndico, alguien aseguró, que si él muriese, todos irían con gusto. (I, p. 146) (Roberto Robert, p. 332).

364. El informe. ¿Qué tal la vida de matrimonio? Los primeros quince días, malos, después, peor. (I, p. 155) (Roberto Robert, p. 399).

365. La vuelta del que no marcha. El criado dice que el conde no está, y que cuando manda decir que no está en casa, “no se sabe á qué hora vuelve”. (I, p. 160) (Cf. Roberto Robert, pp. 539-540).

366. Un predicador miedoso. Diciendo: “Todos moriremos”, corrigió: “Casi todos”, al ver entrar a Felipe II. (I, p. 162) (Roberto Robert, p. 202).

367. La explicación de un zapatero. En invierno el aire está frío, porque la gente lo echa a la calle. (I, pp. 164-165) (Roberto Robert, p. 15).

368. El pelo atado (verso). “Con trenzas de pelo atada”, llevas la cabeza, porque se te va el cabello. (I, p. 170) (Roberto Robert, p. 345. Como versos de Salvador Jacinto de Medina).

369. El reloj atrasado. Su reloj está atrasado “de doscientos reales. Lo tenía en una casa de préstamos”. (I, p. 179) (Roberto Robert, p. 230).

370. La razón de no escribir. Justifica la brevedad de la carta por el frío que le atenaza los pies y le impide tener la pluma. (I, p. 185) (Roberto Robert, pp. 237-238).

371. El portero alarmado. El portero dice que el señor está en casa, pero…, no está ocupado, pero…, está visible, pero…, tiene trazas de morirse: “todo eso pasa en este momento”. (I, p. 188) (Roberto Robert, p. 127: el incrédulo pasa a ver al señor en su ataúd).

372. La pintura y el blanqueo. Manifiesta su deseo de blanquear la casa para pintarla; el amigo le aconseja que primero la pinte y después la blanquee. (I, p. 189) (Roberto Robert, pp. 170-171).

373. La hermosa sin boca. La joven comprimía los labios para que el retratista los pintase pequeños. Rigaud, el pintor, le dijo que no hiciese tal, que, si quería, la pintaba sin boca. (I, pp. 190-191) (Roberto Robert, p. 199).

374. Para no tropezar estarse echado. No hace mal en beber, sino en andar cuando ha bebido (tropezaba al andar borracho). (I, p. 193) (Roberto Robert, p. 168).

375. Curar con ejemplos. Se curó del dolor de muelas sacándola; aconseja a su vecino que haga igual con el ojo que le duele. (I, p. 196) (Roberto Robert, p. 168).

376. El suicidio de un avaro (verso). “Si me ahorco me cuesta un real”. Morir de hambre es lo más barato para el suicidio. (I, p. 208) (Cf. Roberto Robert, p. 265).

377. La cuenta igual. ¿Cuántos borrachos hay en la calle sin contarte a ti? Al enfadarse, corrige: ¿Pues cuántos hay contándote? (I, p. 210) (Roberto Robert, p. 139. En este caso de cornudos).

378. Contra el mal de suegro. Réplica del yerno a San Sebastián por su suegro. Parte con los conocidos versos populares, propios del cuento en que la mujer pide un buen yerno con palabras de halago hacia el santo, y vuelve al cabo del tiempo con quejas por el mal yerno que le ha dado: “Glorioso San Sebastián Santo cabal y perfecto, Mi alma como la tuya Como tu cuerpo mi suegro” (I, pp. 218-219) (Roberto Robert, pp. 178-180. Romance del doctor Juan Pérez de Montalbán).

379. El consuelo de la albarda (verso). “Robáronle á Antón Llorente”. Se consuela porque, al robarle el rocín, le dejaron la albarda. (I, pp. 220-221) (Roberto Robert, p. 314. Epigrama en dos redondillas de Luis Belmonte Bermúdez).

380. Esopo segundo. Un feo oye que dicen de él que “parece un Esopo”; a lo que apuntilla: “Tenéis razón, porque hago hablar a las bestias”. (I, p.

221) (Roberto Robert, p. 62).

381. Para que dos ratones se maten ellos mismos. Se ceban con buen queso para que se confíen, se mata al gato con el mismo fin. Una vez confiados, se coloca una piedra frente a la ratonera; a su boca se pone tabaco en polvo, que les hará estornudar; así, correrán alocados y se estrellarán contra la piedra. (I, p. 222) (Roberto Robert, p. 36. Anota que lo toma del Almanaque “Mañanas de Abril y Mayo”).

382. El aceite de la lámpara. El caballero se untó con el aceite de la lámpara pidiendo un milagro, pues era ciego de un ojo y tuerto del otro. Como sintió dolor, rogó a la Virgen que le conservase al menos el ojo que tenía. (I, pp. 249-250) (Roberto Robert, pp. 162-163. Redondillas que atribuye a Juan Pérez de Montalbán).

383. El error del pié. El predicador y su legado fueron invitados por el alcalde. El segundo comió y pringó sin consideración, por lo que el predicador quiso propinarle un gran pisotón; pero éste fue a pies del alcalde: “Por Dios, padre, (…) tenga V. presente que no soy yo el que moja”, hizo ver el mandatario. (I, pp. 226-227) (Roberto Robert, p. 288).

384. Pensamientos. Pedía el maestro que admirasen la sabiduría de Dios, que había puesto la muerte al final de la vida, al igual que la Divina Providencia había hecho pasar los grandes ríos junto las ciudades. (I, p. 235) (Roberto Robert, pp. 331 y 340).

385. El novicio jugador (verso). “Era un novicio tahur”. El jugador no oraba; amonestado, dijo que lo haría si el libro del rezo llevase las letras como era el as de oros. (I, pp. 239-240) (Roberto Robert, p. 18. De Felipe Godínez).

386. El primer día de viuda. La desconsolada viuda Emelina llora. Un solterón se le ofrece como marido, pero ella alega que ya se ha comprometido con otro, pero que le aceptará cuando Dios lo lleve. (I, p. 242) (Roberto Robert, p. 165).

387. La alegría para todos. (verso) “El marqués y su mujer / Contentos quedan los dos; / Ella se fue a ver á Dios / Y á él le vino Dios a ver”. (I, p. 285) (Roberto Robert, p. 11).

388. El sermón perdido. Al cura se le olvida el sermón. Por ganar tiempo, ordena al sacristán que cierre las puertas, luego las ventanas…, al fin confiesa que se le ha ido el sermón. El sacristán observa que no hay resquicio abierto por el que haya podido irse. (I, pp. 289-291) (Roberto Robert, p. 593).

389. El caldo entre piedras. Se comió las tajadas y alegó que se le había caído la cazuela entre las piedras, quedando sólo el caldo. (I, pp. 306307) (Roberto Robert, p. 690a [es en Robert transcripción de A. Ribot]).

390. La cena al medio día. Valiendo la comida dieciséis reales y la cena diez, al mediodía pide la cena. (I, p. 309) (Roberto Robert, p. 214).

391. Un negocio mejorable. Dice el marido que ha prestado 8.000 reales al cincuenta por ciento y que ha cobrado los intereses por adelantado, por lo que sólo ha desembolsado 400 reales; le dice la esposa que debería haber prestado al cien por cien y recibido los intereses por adelantado, con lo que no tenía que haber desembolsado nada. (I, pp. 309-310) (Roberto Robert, p. 137).

392. El vado y la puente (verso). “Caminando iba un abad”. El abad prefiere ir hasta el puente y no arriesgarse por el vado en el que el día antes había caído uno. (II, pp. 7-8) (Roberto Robert, pp. 480-481. Transcripción del cuentecillo versificado de Agustín Moreto).

393. La viuda agradecida. Pidió al santo por su marido. Falleció. Dio gracias al santo por haberla concedido más de lo que había pedido. (II, p. 24) (Roberto Robert, p. 45).

394. La ciencia odontálgica. Una señorita quiso saber qué era un odontálgico: “Odontalgista (…) es un hombre que se dedica á extraer las muelas de los demás, para dar con el producto de esta operación trabajo á las suyas”. (II, p. 25) (Roberto Robert, p. 486).

395. Necesidad de saber nadar. Como las mujeres se quejaban al alcalde continuamente de sus maridos, él ordenó que todo marido tonto que no supiese dirigir sus negocios y familia fuese arrojado al Sena. Su propia esposa le aconsejó que aprendiese a nadar. (II, p. 26) (Cf. Roberto Robert, pp. 564-565. Epigrama de Juan Owen).

396. Razón contraproducente. Escribió en el testamento que nada dejaba al mayordomo, porque llevaba dieciocho años sirviéndole. (II, p. 28) (Roberto Robert, p. 529).

397. Tentativa de un condenado a muerte. Enterado de que la primera sangría salva la vida, el hombre condenado a muerte la pidió. (II, p. 30) (Roberto Robert, p. 106).

398. La mujer ladrona (verso). “Hurtóle el bolsillo un día”. La mujer le robó el bolsillo al marido. El criado dijo que conocía al ladrón; pero que no lo decía, porque estaba presente. (II, p. 31) (Roberto Robert, p. 676b. De F. de Leyva).

399. El estudiante y las ovejas. Un estudiante paseaba con su padre por un prado. Un zagal cuidaba un pequeño rebaño y el estudiante quiso burlarse de él; pero aquél le propuso el siguiente problema para darle a entender las ovejas que tenía: “Con éstas y otras tantas como éstas, y la mitad de Un negocio mejorable éstas, tendría las veinte que V. quiere que tenga. ¿Sabe V. cuántas son?” (II, pp. 35-36) (Roberto Robert, p. 411).

400. Admiración justa (verso). “Admiróse un portugués / De ver que en su tierna infancia…”. (II, p. 42) (Roberto Robert, pp. 662 y 673. Transcripciones de Nicolás Fernández de Moratín).

401. La escalera de un salto. Cayó rodando por la escalera, escalón tras escalón, sin dañarse; le dijeron que diese gracias a Dios. Se negó porque no le había perdonado ni un escalón. (II, pp. 54-55) (Roberto Robert, p. 119).

402. Besar su mejilla. San Lamberto, mártir zaragozano, recogió su cabeza al ser decapitado y se fue con ella al sepulcro. (II, p. 62) (Roberto Robert, p. 431. Únicamente el hecho en sí del santo que toma su cabeza y va al sepulcro, referido a San Dionisio).

403. Diferencia de edad. La coqueta madre reconoció ser mayor que la hija; pero sólo “dos o tres meses, y eso á lo más”. (II, p. 75) (Roberto Robert, p. 252).

404. Pensamiento excelente. El hijo de un manirroto dice que podría ser rico si su padre no hubiese entrado en su familia. (II, p. 77) (Roberto Robert, p. 150).

405. El tuerto ve más. Ve más que el otro porque puede verle dos ojos cuando aquel sólo puede verle a él uno. (II, p. 80) (Roberto Robert, p. 85).

406. El guardián y el lego. Un lego se apeaba a la puerta del convento. Un franciscano le recordó que la regla le prohibía ir a caballo. Dijo que no iba, sino que venía. (II, p. 84) (Roberto Robert, p. 124).

407. El lenguaje culto (verso). “En un pueblo, no sé cuál,”. Le dijo que le sacase la penúltima muela. Le sacó la última. Le informó que penúltima es la que está junto a la última. Le volvió a sacar… la penúltima actual. (II, pp. 120-129) (Roberto Robert, pp. 236-237. En prosa y con variante: el barbero no llega a sacar la muela y le cobra el trabajo de las sanas que ha sacado).

408. Criado perezoso. No le limpió las botas al procurador, porque las iba a ensuciar enseguida. El procurador no le dio las llaves de la despensa, pues la comida le saciaría momentáneamente, no para siempre. (II, pp.130-131) (Roberto Robert, p. 78).

409. Camino del Saladero. Preguntó cuál era el camino más corto a la cárcel: entrar en la platería y robar. (II, p. 136) (Roberto Robert, p. 50).

410. El que parte y bien comparte. Yendo a comer dos amigos a una venta se encontraron con que sólo podían compartir una botella de vino y tres huevos. Uno dijo que el vino era para él; porque el otro no bebía; tomó dos huevos y propuso al otro que escogiera: podía optar por tomar el huevo que quedaba o no tomarlo. (II, pp.137-138) (Roberto Robert, p. 67).

411. El burro doctor. Consiguió graduarse con facilidad en la universidad y quiso saber cuánto le costaría graduar a su caballo; le indicaron que graduaban burros, pero no caballos. (II, pp.138-139) (Roberto Robert, p. 263).

412. El príncipe y el abate. El príncipe de Conti convidó a comer a un abate, pero éste olvidó la cita. Incomodado el príncipe, dio la espalda al abate cuando con él se topó: el abate le dio las gracias, pues con esa actitud demostraba que no estaba incomodado, porque nunca daba la espalda a un enemigo. (II, p. 146) (Roberto Robert, pp. 637-638).

413. Inconvenientes del buen tiempo. Un labrador asegura que si sigue lloviendo así, “no habrá cosa que no salga de la tierra”; el otro se alarma, pues tiene a sus suegros en el Campo Santo. (II, p.151) (Roberto Robert, p. 52).

414. El amigo perdido. Como el amigo no le devolvía el dinero prestado y le rehuía, un día le dijo que le devolviese el dinero o el amigo. (II, p.153) (Roberto Robert, p. 356).

415. El amor en el río. Las dos damas que cortejaban a un joven le preguntaron que a quién salvaría primero si se cayesen al río; contestó que a ninguna…; arguyó que no sabía nadar. (II, p. 156) (Roberto Robert, p. 607. Con variante; dice a la que le pregunta directamente que ella ya sabe nadar como los ángeles. Lo personifica en Talleyrand, colocado entre las señoras de Recamier y Stael).

416. La propina. No teniendo para pagar el desayuno, el jaque andaluz dio al mozo dos reales (cuanto tenía), el mozo dijo que faltaban cuatro cuartos, le contestó que se quedase con ellos. (II, p. 172) (Roberto Robert, pp. 349-350. Lo extracta de Mirecourt, está seguro de que es una anécdota cierta de Lamaitre, además de revelarnos que es un chiste que circulaba por toda Europa: “Este chiste ha corrido por toda Europa; mas es ciertísimo que su verdadero autor es Federico Lemaitre”).

417. Luis XVI. El rey sostenía, frente al conde de Guiche, que los vasallos debían obedecer ciegamente sus órdenes, que si le decía que se tirase al mar, así debería hacerlo: el conde salió corriendo a aprender a nadar, por si a “V. M. le ocurriese ese capricho”, explicó. (II, p. 172) (Roberto Robert, pp. 202-203).

418. La perdiz no se puede comer sola. Decía que comería la perdiz acompañado: él y la perdiz. (II, p. 173) (Roberto Robert, p. 140).

419. Un abate y un criado. El abate Bosiroberto criticaba en casa del cardenal de Richelieu a cierto magistrado. Un criado le dijo que cesasen las críticas o se lo comunicaría a su pariente el magistrado; pero el abate dijo que él, por su parte, le contaría que el criado pretendía ser su pariente, lo que enfadaría más al magistrado que las críticas. (II, pp. 180-181) (Roberto Robert, pp. 113-114).

420. Mujer vieja y marido joven. Observó la marquesa que su joven marido se había casado con ella por la herencia. Comenzó a gritar que su marido la había envenenado; pero él negó, y pidió: “¡Que la abran inmediatamente en canal, sí señor, que la abran y se verá la calumnia!” (II, pp. 191192) (Roberto Robert, p. 351).

421. Sacar de duda. Pregunta que quién es el muerto; le contestan que el que va dentro del ataúd. (II, p. 211) (Roberto Robert, p. 36. Revela que es epigrama de Agustín Moreto. Efectivamente, véase Chevalier, Cuentos españoles, p. 310, que extracta la versión de Moreto, Industrias contra finezas, II, BAE, XXXIX, pp. 279c-280a).

422. El orgullo del talento. El catedrático les había hablado del orgullo del nacimiento y el de la fortuna; faltaba el del talento; pero de ese no hablaba, pues allí nadie tenía tal vicio. (II, p. 218) (Roberto Robert, p. 444. Referido al satírico inglés Swift).

423. Obra hermosa. La hermosa dama retiró sus manos de las del escritor. Uno que estaba presente aseguró que era lo mejor que había salido de las manos del escritor. (II, p. 218) (Roberto Robert, pp. 161-162).

424. Defensa de la mujer. “Hombres necios, que acusais / á la mujer sin razón…”. Redondillas de Sor Juana Inés de la Cruz. (II, pp. 220-222) (Roberto Robert, pp. 220-222).

425. Criado listo (verso). “Llámame pronto, Mateo,” le dice al ayudante, que pide a su vez que si él se duerme, le grite, que luego le irá a despertar él. (II, p. 224) (Roberto Robert, p. 248).

426. Extraño modo de conocer. Preguntaron a unos indios del Canadá si habían visto a un obispo que se había perdido; respondieron que sí: hasta lo habían comido. (II, pp. 227-228) (Roberto Robert, p. 610).

427. Mujer gigante. Madame Luchesini, esposa del embajador de Prusia, era una mujer muy hermosa, pero gigantesca. Hablando de ella Mr. de Talleyrand, dijo: “Los tenemos mejores en los granaderos de la guardia”. (II, p. 232) (Roberto Robert, p. 138).

428. Amante codicioso. Un abogado cobró altos honorarios a su prometida para que viese lo lucrativa que era su profesión, pero ella le replicó que la codicia no era el camino que condujese a su corazón. (II, p. 236) (Roberto Robert, p. 330).

429. Fea es palabra mayor. Le dijeron al duque de Roquelaure que dos mujeres se habían insultado; preguntó que si se habían llamado feas; le contestaron que no; se encargo él mismo de reconciliarlas. (II, pp. 237-238) (Roberto Robert, p. 163).

430. El descanso del séptimo día. Un cervecero inglés no hacía cerveza el sábado para que no fermentase el domingo, con el fin de preservar el precepto dominical. (II, p. 245) (Roberto Robert, p. 478).

431. Afeitar callando. Le preguntó al rey Arquelao cómo quería que le hiciese la barba: “Callando”, contestó. (II, p. 252) (Roberto Robert, p. 104).

432. El ladrón burlado. Al ser asaltado un licenciado del ejército, entregó las dos onzas de oro que llevaba; pero pidió al joven asaltante que le disparase en la capa para que la gente pensase que se había defendido, y no ser deshonrado. Al disparar el trabuco, éste quedó descargado, lo que aprovechó el asaltado para caer sobre el sorprendido salteador. (II, pp. 283-284) (Cf. Roberto Robert, p. 443-444).

433. Afeitar de limosna (Verso). “De limosna y sin dinero,” le hacía la barba al pastor con grandes daños. Cuando oye los alaridos de un perro dice que también le estarán haciendo la barba de limosna. (III, pp. 14-15) (Roberto Robert, p. 518. Epigrama en redondillas de Jerónimo Morán).

434. Una apuesta. El labrador, jinete en un mal caballo, apuesta con el caballero, sobre hermoso corcel árabe, que hará con su jamelgo lo que no será capaz de hacer él con su montura. Lo echó por el puente al río con sus propias manos. Ganó. (III, p. 31) (Roberto Robert, pp. 664-665).

435. ¿Y el otro? El padre reprende al hijo por haber perdido, como no podía ser de otra forma al jugar en Viernes Santo, a lo que el hijo replica que quien le ganó también había jugado en tal día. (III, p. 52) (Roberto Robert, p. 292. Igualmente el epigrama de Agustín Príncipe en p. 672).

436. El dormido despierto. En medio de la noche pregunta al compañero que si duerme. El amigo dice que no. Aprovecha para pedirle una peseta; entonces asegura aquél que está dormido y que antes había dicho que estaba despierto, pero que lo había hecho soñando. (III, p. 58) (Roberto Robert, pp. 777-778, además otra versión más en verso en p. 700a).

437. Memoria feliz. Lamotte Houdard escuchó una tragedia que le leía un joven. Le dijo que la había plagiado, para lo cual recitó totalmente una escena. Viendo el apuro del autor, le tranquilizó diciendo que la obra sí era suya, y que era tan buena que todos deberían aprenderla como él mismo había hecho. (III, pp. 58-59) (En Roberto Robert, p. 557, se dice algo semejante: Casimiro Bonjour reunió a los actores y, en vez de leerles su obra, se la dijo de memoria desde principio a fin. También cita la capacidad de Crebillon, Fernández y González, Camprodon y Castelar).

438. La carta de un muerto. Para librarse el literato de un importuno, le escribió una carta diciendo que había muerto. El importuno le correspondió enviando la contestación al “otro mundo”. (III, p. 60) (Roberto Robert, pp. 248-249. Atribuido a Voltaire).

439. Música de rodillas. Después de escuchar el Miserere de Lulli, interpretado por los músicos de Luis XIV en la capilla, le dice el conde de Grammont que la música ha sido “muy dulce para el oído; muy amarga para las rodillas”. (III, p. 71) (Roberto Robert, pp. 311-312).

440. Los botones sin levita. Hubiera sido mejor poner levita nueva a los botones. (III, pp. 91-92) (Roberto Robert, p. 537).

441. Moler a pistoletazos. En una escaramuza, tras un disparo, dijo que había matado a un enemigo; pero el compañero no veía ningún cadáver. Explicó que porque lo había reducido a polvo. (III, p. 104) (Roberto Robert, p. 86).

442. El ojo de cristal. La criada espera que el viajero se quite el segundo ojo de cristal. (III, p. 105) (Roberto Robert, p. 235).

443. La Grecia de hoy. Disputando con un napolitano, dice que de Grecia habían salido todos los sabios y filósofos; le replica que por eso ya no queda allí ninguno. (III, pp. 106-107) (Roberto Robert, pp. 268-269).

444. Respuesta de Solís. En una conversación entre el duque de Medinaceli, el conde de Oropesa y el sacerdote Antonio de Solís, le piden a éste que diga su opinión sobre cierto asunto; Solís declara que él sólo dice misa. (III, p. 109) (Roberto Robert, p. 15).

445. La cuchillada en la cara. El soldado explica a Federico II que la cuchillada se la dieron en la taberna en que él había pagado el escote (batalla de Kolen, 1759). (III, p. 110) (Roberto Robert, p. 539. No hay coincidencia en la ambientación y personajes; en Robert es el general Budgeaud, y la batalla de Isly).

446. El traje igual (verso). “Tus muchachos y mi vino”. El tabernero le dice al gitano que su vino y los hijos “corren una suerte igual (…). Porque él y ellos van en cueros”. (III, p. 118) (Roberto Robert, p. 16).

447. La amenaza por defensa. Habló molesta y pesadamente uno de los religiosos a Felipe II para pedir una gracia. El monarca preguntó al otro si tenía algo que añadir, a lo que contestó que si no les despachaba bien, volvería el padre maestro en persona. (III, pp. 120-121) (Roberto Robert, p. 29).

448. El provisor y el ordenando. Dios no está en el patio de su casa…, porque su casa no tiene patio. (III, p. 122) (Roberto Robert, p. 430).

449. La consulta (verso). “–Bartolo, por tus amores” qué haré con este ojo que me duele. —Lo que yo con mi muela, sacarlo”. (III, p. 126) (Roberto Robert, p. 168).

450. Corra la bola. Exageraciones: El primero dice haber matado a trescientos enemigos en combate, el segundo haberse colado por una chimenea en Suiza para ver a una dama. Al primero no le parece cierto, ya que en ese país alpino no hay chimeneas. Se queja el segundo porque le deja matar a trescientos enemigos y no le permite colarse por una chimenea. (III, pp. 130-131) (Roberto Robert, p. 342).

451. La ronda y el loco. El loco sevillano Juan García le dijo al alcalde, en noche oscura, que era la Santísima Trinidad. Cuando el alcalde le mostró su extrañeza por los harapos que llevaba, el loco le dijo que reparase en que rompía por tres. (III, p. 138) (Roberto Robert, p. 28).

452. Guerra al mal vino. Prometió no beber más vino… malo. (III, p. 147) (Roberto Robert, p. 204).

453. La ciencia á pistoletazos. Hirió al adversario en un desafío, y le preguntó que si estaba convencido. Le respondió que vencido sí, pero convencido no. (III, p. 151) (Roberto Robert, p. 105).

454. Sopitas y a la cama. Preguntó a la señora que a qué hora se acostaba su lindo y revoltoso niño. (III, p. 151) (Roberto Robert, p. 141).

455. El enderezador torcido. El rey de Inglaterra preguntó que para qué servía el contrahecho Pope; éste le aseguró que para “hacer andar derechos á los demás”. (III, pp. 150-151) (Roberto Robert, pp. 234-235).

456. El rey hombre. El historiador Pelisson le dijo a Luis XIV que trataría el periodo de su relación con madama de Montespan de forma que hubiese algo de hombre en su historia para ser creída. (III, p. 152) (Roberto Robert, p. 390).

457. El abate ingénuo. El príncipe de Conti nombró capellán al abate Prevot, advirtiéndole que no oía misa; pero no había inconveniente, según el abate, pues él tampoco la decía. (III, p. 158) (Roberto Robert, p. 358).

458. Vaya una comida. Al enterarse de que los lobos habían devorado a una cortesana entre Segovia y Madrid, la señorita comentó lo terrible que debe ser el hambre. (III, pp. 158-159) (Roberto Robert, p. 143).

459. El habeas corpus. La solterona decía que prefería, entre todas, la constitución inglesa; el diputado aventuró que sería por el Habeas corpus. (III, p. 159) (Roberto Robert, p. 210).

460. El rábano por las hojas. El médico le dio una receta diciéndole: “Tome V. esto mañana”. Y la paciente se tomó la receta. (III, p. 160) (Roberto Robert, p. 264).

461. La fea y la hermosa. Le reprochan a un célebre jurisconsulto que esté descuidando sus negocios desde que se ha casado, y le dicen que tome ejemplo de Sócrates, que no obró igual. Se defiende el letrado diciendo que Xantipa fue mujer desagradable y fea, y la suya era agradable y hermosa. (III, p. 161) (Roberto Robert, p. 127).

462. Astucia de Mazarino. El avaro Mazarino se ofendió mucho cuando corrieron unos libelos contra él: ordenó recogerlos todos, y después los vendió. (III, pp. 163-164) (Roberto Robert, p. 390).

463. El yerno ciego. El suegro no quiere que el yerno recobre la vista y pueda ver a su fea hija. (III, pp. 164-165) (Roberto Robert, p. 208).

464. La necesidad de huir de casa. Pasaba las tardes en casa de la vecina. Cuando murió la esposa, le aconsejaron que se casase con ella. Repuso que entonces no tendría donde ir. (III, pp. 165-166) (Roberto Robert, pp. 136-137).

465. El portero engañado. Le negaba el portero la entrada al poeta Santeul, así es que éste deslizó un luis bajo la puerta: entonces se abrió. Cuando estuvo dentro, dijo que se le había olvidado un libro sobre el poste y mandó al portero por él. Al salir el portero, cerró la puerta y sólo la abrió cuando el portero puso los mismos medios que él para entrar. (III, pp. 167-168) (Roberto Robert, pp. 490-491).

466. Los burros de Kis. Tres estudiantes pretenden divertirse a costa de un labrador, y se intercalan a lo largo del camino a cierta distancia. Cuando llega a la altura del primero, éste le saluda: “Buenos días, padre Abraham”; el segundo: “Buenos días, padre Isaac”; el tercero: “Buenos días, padre Jacob”. El labrador se va deteniendo y diciendo que él no es ninguno de los personajes, sino Saúl, hijo de Kis, y agrega: “Que he salido á buscar las burras de mi padre y he tropezado con los burros”. (III, p. 174) (Cf. Roberto Robert, p. 400. Es saludo a una anciana: “Buenos días, madre de los burros”, y la contestación de esta: “Buenos días, hijos míos”).

467. Objeción de criado. Un caballero envió a su criado durante la noche para que viese en el reloj de sol qué hora era; le dijo que llevase una vela por si se veía poco. El mismo caballero le tenía encargado al criado que le avisase durante la noche si veía que se despertaba, para poderse dormir de nuevo. (III, pp. 190-191) (Roberto Robert, pp. 138-139).

468. La música de Mozart. No pudiendo rebatir la buena música de Mozart, le dijo al oponente que tenía un terrible constipado. (III, p. 191) (Roberto Robert, p. 142).

469. ¡Los pobres también tienen dedos!!!! La princesa Victoria, hija de Luis XV, se extrañó, al ver la mano de otra niña, de que también tuviese cinco dedos, sin ser hija de rey. (III, p. 192) (Roberto Robert, p. 243).

470. La lección de gramática. Preguntaba una señora a la célebre Sofía Arnould cómo había sucedido “esta terrible incendia” de la Ópera de París, en 1763. Contestó que lo único que sabía era que incendio es masculino. (III, p. 192) (Roberto Robert, p. 138).

471. La profecía. Le pidieron a un loco los tres números que iban a salir en la lotería. El loco los escribió en un papel, los tragó y dijo que saldrían pasado mañana. (III, p. 194) (Roberto Robert, p. 589).

472. La vida larga. La víspera de una batalla, un oficial cobarde le pide al valiente general que le dé permiso para visitar a sus padres, que están en el pueblo próximo. El general le dice que vaya: “Honra á tu padre y á tu madre, y vivirás muchos años sobre la tierra”. (III, pp. 198-199) (Roberto Robert, pp. 158-159).

473. Estudiar con los cinco sentidos. La criada acude a informar al señor de que está ardiendo la sala; el abogado pide a la sirvienta que advierta a la señora, que esas son cosas de ella, que le deje a él con sus pleitos. (III, p. 220) (Roberto Robert, p. 509).

474. Los dos feos. El duque de Roquelaure halló un hombre más feo que él; lo presentó al rey pidiendo que le concediera un destino en agradecimiento de los favores, pues si no hubiera aparecido, él sería el hombre más feo de Francia. (III, pp. 226-227) (Roberto Robert, p. 667. Cf. también otra variante en p. 148).

475. El convite. El examinador le dice al bedel que traiga una arroba de paja para que almuerce el graduando; pide éste, a su vez, que traiga dos, pues el señor catedrático almorzaría con él. (III, p. 232) (Roberto Robert, p. 247).

476. El ministro sabio. El rey, que escribía una carta al Padre Santo, pidió a su ministro que escribiese otra para escoger la mejor. Escogida la del ministro, éste se preparó para salir de Lisboa, pues el rey ya no le podía querer, por tener más talento.

(III, p. 239) (Roberto Robert, p. 187).

477. La fuerza. Un forzudo gascón quiso probar la fuerza de cierto labrador; se dirigió a su campo a caballo, se acercó con los puños cerrados al campesino: fue cogido en brazos y lanzado por la tapia fuera del campo. El granjero le preguntó que si quería algo más, pidió que le echase el caballo por encima de la tapia. “Y lo echó”. (III, p. 246) (Roberto Robert, pp. 19-20).

478. La obra interesante. El rey de Prusia envió a su ayuda de campo un libro con un billete dentro para aliviar su necesidad; pasado un tiempo, le preguntó que si le había gustado la obra. El ayuda dijo que le había gustado tanto que esperaba un segundo tomo. El monarca así lo hizo, pero advirtiendo que aquella obra sólo tenía dos volúmenes. (III, pp. 246-247) (Roberto Robert, pp. 109-110).

479. Salir de mozo. Le decía al mozo de café que se casase, que para mozo valía poco. (III, p. 247) (Roberto Robert, p. 293).

480. El pintor y el vestido. Al ver que con su vestido nuevo todos le aceptan, derrama la sopa sobre él, diciendo que coma su vestido, que es a él a quien invitan. (III, pp. 249-250) (Roberto Robert, pp. 294-295).

481. Los dos disímiles. El comisionista indiscreto que quiere burlarse del arzobispo de París, monseñor Augusto Dennis Affre, le propone un acertijo: la diferencia entre un arzobispo y un burro. Según la solución, el arzobispo lleva la cruz sobre el pecho y el asno sobre la espalda. El prelado le pregunta al joven en qué se diferenciaban un asno y un comisionista. A lo que éste confiesa que no la encuentra. El obispo aclara: “Yo tampoco”. (III, pp. 251-252) (Roberto Robert, p. 28).

482. El pasaje á cuenta de palabras. El barquero pasa el río al estudiante a cambio de un consejo; le sugiere que si quiere comer de su trabajo, que no pase a ninguno gratis, como ha hecho con él. (III, pp. 254-255) (Roberto Robert, p. 116).

483. La amistad (verso). “De dos frailes que habían sido” muy amigos, uno fue elegido provincial, y desde ese momento siempre alegaba que estaba haciendo cuentas, cuando el otro quería verle. (III, p. 264) (Roberto Robert, p. 147).

484. Los garbanzos convertidos en suizos. Las tropas asolaban los campos de un labrador al hacer maniobras ante Luis XV. Al verlo, el campesino comenzó a gritar: “¡Milagro, milagro!”. Llevado ante el rey, explicó que había sembrado garbanzos y le nacían suizos. El rey le pagó los perjuicios. (III, pp. 275-276) (Roberto Robert, p. 495).

485. Principio y fin. Para picar a un mejicano, un fatuo caballero le preguntó que quién era su padre, contestó que un mulato; su abuelo, un negro; su bisabuelo, un mono. Sorprendido el necio, sentenció el americano: “Mi familia empezó por donde acaba la de V.”. (III, pp. 282-283) (Roberto Robert, pp. 338-339).

486. Un inglés. En un descarrilamiento, el caballero inglés fue arrojado a un lado de la vía y su criado fue seccionado en dos partes por un vagón. Cuando el lord se enteró, quiso saber en qué mitad estaban las llaves de su equipaje. (III, pp. 284-285) (Roberto Robert, p. 236).

487. La gramática del amor. El estudiante de medicina repite insistentemente a su novia: “Yo te amo”. Ella le pregunta un día qué tiempo es yo te amo. Contesta que presente de indicativo; pero le corrige: “Tiempo perdido”. (III, p. 293) (Roberto Robert, p. 543).

488. La barba de Judas. En presencia del rey Enrique IV, Soissons (tenía barba roja) le preguntó a su jardinero eunuco que por qué no tenía barba. Contestó que había llegado en el momento en que Dios distribuía las barbas y que, como sólo le quedaban rojas, había preferido no tenerla a tenerla del color de la de Judas. (III, p. 296) (Roberto Robert, pp. 271-272).

489. Embargo de bienes. Diligencia de embargo en la que cada elemento encerraba un significado ambiguo: “Unas mesas de comer viejas de pino”, etc. (III, pp. 302-303) (Roberto Robert, pp. 518-519).

490. Tranquilidad de conciencia. Están satisfechos con su conciencia y, antes de dormir, van repasando a ver si han hecho bien las cosas: han echado agua al vino, harina al azúcar…: todo perfecto. (III, pp. 303-304) (Roberto Robert, p. 215).

491. Dos mujeres. Una mujer le confesó a otra que la habían engañado, pues le habían dicho que su interlocutora había perdido la cabeza; la otra contestó que a ella también, pues le habían dicho que ella la había encontrado. (III, p. 307) (Roberto Robert, p. 563. Personaliza en la señora de SaintLoup, visitando a la de Cornuel).

492. El pensamiento (verso). “Una recién casada” pensaba el día de su boda quién sería su marido en segundas nupcias si muriese el presente. (III, p. 310) (Roberto Robert, pp. 552-553, en prosa).

493. El hércules. Quiso demostrar a su amigo un juego de combate: “lo cogió por detrás y lo arrojó por encima de su cabeza”. Tras la gran caída, le dijo que, dada su amistad, era la única persona a la que había demostrado el difícil juego. (III, pp. 310311) (Roberto Robert, p. 256).

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NOTAS

(1) Ossorio y Bernard: Ensayo de un catálogo de periodistas españoles del siglo XIX, Madrid, Imp. y Lit. de J. Palacios, 1903-1904. 2 vols. También aparece en Antonio Elías de Molins: Diccionario biográfico y bibliográfico de escritores y artistas catalanes del siglo XIX, Barcelona, Imp. F. Giró-Imp. de Calzada, 1895, t. II, p. 460.

(2) Cabe reseñar: El último enamorado: novela original de costumbres españolas (Madrid, 1857); El conde Selmar: drama en cinco actos, traducido del francés (Madrid, 1857); El último enamorado. Novela original de costumbres españolas (Madrid, 1957); El saladero de Madrid: su historia, sus costumbres, su estadística, su organización (Barcelona, 1863); Los cachivaches de antaño (Madrid, 1869); Los tiempos de Mari-Castaña (Madrid, 1870); La Corte de Macarronini I : conjetura cómica en un acto (Madrid, 1870); Crítica de la bufonada cómica Macarronini I (Madrid, 1870); La espumadera de los siglos (Madrid, 1871); El gran Tiberio del siglo entre luces y pedradas: jolgorio celebrado en Madrid con motivo del 25 aniversario de Pio IX (Madrid, 1871); Las españolas pintadas por los españoles: colección de estudios acerca de los aspectos, estados, costumbres y cualidades generales de nuestros contemporáneos (Madrid, 1871-1872). Serie que dirigió y en la que participaron otros autores, entre ellos el mencionado Manuel del Palacio o Pérez Galdós; Artículos escogidos (El Diablo, Los Milagros, Los Señores, Los Obispos) (Madrid, 1885); Los autos de Fé: El Santo Oficio. Conjuros y exorcismos. Los judios (Madrid).

Tradujo diversas obras, entre ellas: Cuestiones económicas [Capital y renta], de Federico Bastiat (Madrid, 1860) o Teoría de la contribución de P.J. Proudhon (Madrid, 1862). Así como participó en otras obras, como en Los hombres de la revolución: retratos históricos, de Lamartine y otros (Madrid, 1870).