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DIVAGACIONES SOBRE EL VESTIR BURGALES

GONZALEZ MARRON, José María

Publicado en el año 1983 en la Revista de Folklore número 25.

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En el ámbito popular, entre la gente que nace, trabaja, se reproduce y muere, casi siempre en silencio, una vez resuelta su misión gregaria y una vez cumplida su misión participativa, no deja más que un recuerdo tenue en general que a la segunda generación prácticamente ha quedado totalmente borrado. Quizás un retrato, quizás un tapete bordado, quizás una prenda de vestir, recuerdan por un instante a aquel que pasó sin pena ni gloria por el ente familiar.

Las prendas de vestir, que por naturaleza son fungibles a plazo medio, desaparecen totalmente víctimas unas veces del uso, otras de la voracidad de la polilla y otras veces por la utilización ingeniosa en otros menesteres diferentes a aquellos para los cuales la prenda se confeccionó. Cuántas faldas de camilla no se han hecho con capas o refajos encarnados. Cuántas chambras de seda natural no se han aprovechado para adornar vestidos más modernos. Por eso en este trabajo quisiera evocar aquellas prendas que ya no son utilizadas y por lo tanto casi todas olvidadas, pero no por ello no sirvieron en su tiempo para marcar una forma de vestir que en muchos casos diferenciaba a regiones geográficas e incluso a pueblos de la misma región.

Todas las prendas a que me voy a referir están estudiadas en la zona burgalesa, que aunque, se puede decir que en general muchas de ellas pueden extenderse a otras regiones, afirmo rotundamente que siempre me referiré a la provincia de Burgos que es la única que he estudiado profundamente.

Los hombres de esta provincia la cabeza la han llevado siempre cubierta y aun se mantiene este uso con la popular boina, pero la prenda primaria para cubrirse fue el pañuelo, que se ha conservado hasta la entrada del siglo XX, bien cubriéndose toda la cabeza con la lazada atrás para el trabajo o bien en forma de banda atada a un lado para danzar. Estas ,manifestaciones se pueden comprobar viendo diversos grabados de Villa-Amil y el cuadro del pintor burgalés don Marceliano Santa María.

Un sombrero, no por menos utilizado menos burgalés, es el llamado por don Anselmo Salvá en su libro "El día del Señor en Burgos" el sombrero de "Velludo" y que es el hermano de los que con más significado se han conservado desde Salamanca hasta Murcia y que con variantes aparecen hasta en las serranías andaluzas. Es de ala ancha rebordeada y la copa ligeramente troncocónica adornada con dos pompones de seda. En Burgos usa este sombrero desde 1898 uno de los personajes más populares y representativos de nuestra capital: el "Gigantillo", diseñado por el pintor burgalés de la época don Evaristo Barrio.

Otra prenda burgalesa olvidada es la "montera", especie de bonete con rebajo arqueado en la parte izquierda y todo él rebordeado con jalón diferenciado; solía ser de sayal (pura lana churra). De él ,habla don Gaspar Melchor de Jovellanos cuando al pasar cerca de Burgos la detecta en Buniel. Esta es la prenda que con más frecuencia se ve representada en dibujos y litografías del prototipo burgalés de finales del siglo XIX y principios del XX.

En las mujeres aunque no sea prenda ajena me inclino por mencionar algo muy significativo, el moño de, "picaporte" que caracterizó a la mujer burgalesa en el siglo XIX y principios del XX en que pasó a simplificarse con el clásico moño de rodete.

El moño de picaporte necesita para ser perfecto una melena de unos 80 cms. de largo, la cual se trenzaba en horizontal a guisa de tejido de cesta con 14 guías de pelo; una vez trenzada se unía el final con el. principio ajustándolo en el centro con dos o tres guías de pelo simplemente retorcido formando el clásico ocho del picaporte. Como dato curioso mencionaremos que este peinado duraba varios días.

Una prenda generalmente utilizada por los hombres en esa época eran las "alforjas" que dieron fama a los jalmeros burgaleses, ya que no se concebía un burgalés sin sus alforjas al hombro. Las más de las veces estaban confeccionadas haciendo juego con .las albardas correspondientes y ambas bordadas con las iniciales del propietario.

¡Qué hubiera sido de los arrieros de Poza de la Sal sin los jalmeros burgaleses! Tanto las alforjas como las albardas para el burro se confeccionaban con lana.

Hablando de hombres y de lana surge otra prenda totalmente olvidada y muy desconocida, me refiero a la "anguarina".

Esta prenda, que era muy original, la voy a describir como lo hizo en su día mi buen colaborador en la búsqueda de prendas populares Sixto de la Torre: "Es una especie de abrigo de sayal con mangas y bastante "campo" casi siempre sin solapas, una de las mangas está atada con una cuerda por el puño para poder meter una piedra y que ésta no se escape. Se pone sobre el cuerpo, y la manga con el peso de la piedra se la hace girar alrededor del cuerpo de tal forma que al volver por delante deje perfectamente embozado al pastor" .

He podido comprobar su existencia no muy lejana, no sólo por un grabado del XIX sino por tres que he tenido en mis manos en la localidad de Villoruebo y dos de ellas tenían aún la cuerda atada en la manga.

También me describió detalladamente lo que los pastores de su tierra, San Millán de Lara, utilizaban para preservarse del frío, humedad y nieve en los pies; se llamaban "amelgos" y eran unos trozos de piel de oveja bien esquilada que se ponían en los pies sobre los escarpines y que se sujetaban con las abarcas y por los tobillos con las polainas, .las que habitualmente eran de "material", es decir, de cuero curtido.

El mantenimiento se hacía con aceite y aguantaban la humedad mejor que una bota de cuero (me refiero al "borceguí", que ya se conocía en el siglo XVI).

Cuando los amelgos estaban hechos de "trapo" como en la Bureba, se llamaban "peales".

De sierra a sierra y pasando al campo de la mujer, surge sin querer, un aparejo que en Cabezón de la Sierra y algunos otros pueblos serranos se utilizaba como característica de la zona y que era una cuna que las madres llevaban a la espalda para no abandonar a sus hijos pequeños en casa. La cuna se componía de un bastidor de madera formando un rectángulo de unos 80 cms. de largo y unido con dos o cuatro tiras ligeramente curvadas al que se denomina "cunacho". Este cunacho-bastidor con un colchoncito pequeño y una almohada sujeta al mismo se introduce en una "talega" confeccionada con la misma tela que las alforjas y adornada en sus dos puntas inferiores con dos pompones rojos. Esta talega se sujeta pasando por la cabeza una asa larga que se une a dos tirantes que salen de la parte inferior de la talega formando una especie de mochila.

Hablando de esta sierra burgalesa, de la obra "Descripción histórica del Obispado de Osma" de Juan Loperráez, voy a entresacar unos párrafos en los que se describe cómo veía en 1788 este escritor a las gentes de la sierra burgalesa.

Refiriéndose a la zona de pinares, como los arciprestazgos de Coruña del Conde y Rabanera del Pinar, escribe: "No gastan sábanas en la cama y muchas personas ni aun camisa; echan muy pocas telas; apenas saben coser ni hacer media; echan algunos paños en las lanas del país y las hilan, en lugar de uso, con un canto y un palo, que le atraviesan, dando a sus extremos para que tuerza; y es país que necesita mucha educación..." (T. II, p. 3).

Refiriéndose a Palacios, Vilviestre, Regumiel y Canicosa, todos de la sierra, escribe: "Visten con tanta desnudez que, por lo común, las mujeres llevan unos sacos de paño basto que las coge desde el hombro a los pies y les dan el nombre de "jornea", sin más abrigo ni sayas, guardapié ni otra ropa...". "Jornea es un trage cerrado pero tan estrecho y de hechura tan extraña que, para ponérselo, entran primero la cabeza y, para quitárselo, tienen en la espalda una lazada, y entrándola en una escarpia, que está a prevención clavada en la pared del dormitorio, van sacando poco a poco el cuerpo de la jornea, quedando colgada y en disposición para vestirse a la mañana siguiente".

No quisiera ser excesivamente casuístico hablando de cada una de las prendas que en la actualidad no se utilizan como los zahones o badanas, mitones, manteletas y pañoletas, pelerinas, mantones, faltriqueras, refajos, jubones, chambras, capas, tapabocas, etc., etc., pero sí quiero terminar hablando de la prenda que en su época marcó una diferenciación perfectamente burgalesa. Me refiero a la camisa de lino burgalesa.

Fue muy popular ya que en el siglo XIX en la corte de Madrid, y debido a la influencia que el traje que llevaban las amas de cría burgalesas ejerció en el uniforme de todas ellas, se pueden leer en facturas de 1817 del Palacio Real párrafos como éste: " ...por confección de ocho camisas de mujer a la burgalesa a 24 reales cada una..."; o como éste: "...primeramente ocho camisas de cotanza a la burga.lesa a 26 reales. .." .

Estas camisas se confeccionaban de cotanza, lino o estopón, se cerraban en el cuello con dos ojales para pasar una botonadura de lino o metálica; llevaba frunces tanto delante como detrás, dando holgura a la prenda que en muchas ocasiones tenía pechera y puños adornados con labor de crucetilla y filtiré. Estaba abierta por delante, pero cerrada desde aproximadamente la punta del esternón; las mangas arrancaban del hombro muy fruncidas para darle anchura y terminar también muy fruncidas en el puño, recogiendo la holgura de la misma. El puño se cerraba con botón de lino o redondo de chupa.

El lino era el material más común para la confección de estas camisas, ya que eran también de este tejido las de hombre. Tenían que confeccionarse muchas, ya que en abundantes pueblos por no tener posibilidades de lavar frecuentemente tenían que ir guardándolas sucias para llevarlas todas juntas las veces que se iba a lavar y que en algunas localidades había que hacer un viaje en el carro para ello.

El lino para estas camisas y sábanas lo sembraban en cada localidad. Se sembraba en primavera a "manta" bien "ecernido" (1) y muy espeso -de ahí la frase "más espeso que el lino"- para recogerlo en agosto, que una vez pelado y remojado en el río se machacaba y frotaba para que, las mujeres, en las granillas, lo espadaran con su espadilla de haya, y una vez hecha la concuña, lo llevaran al rastrillo que, sujetándolo con el pie iban sacando primero lo más burdo, la "alrota", después la "estopa", y por fin lo más fino, el "lino".

Las camisas las confeccionaban con la pechera de lino y los faldones de alrota, por eso se ha podido recoger en el decir popular serrano no vacío de picante ingenuidad: "la camisa: la pechera de lino y el haldar de alrota; la mejor carne la peor ropa".

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(1) Oído en San Millán de Lara.

BIBLIOGRAFIA

"Nacimiento y crianza de personajes reales de la Corte de España" , por Luis Cortés Echanove..

"El día del Señor en Burgos", Anselmo Salvá.

"Descripción histórica del Obispado de Osma", de Juan Loperraez.

"Burgos", Luis Amador de los Ríos.

"Enciclopedia ilustrada Seguí", tomo 3º.

OTRAS FUENTES

"El vestir Burgalés", del mismo autor del artículo.

Grabados antiguos propiedad de diversas personas y entidades.

Cuadros propiedad de la Excma. Diputación Provincial de Burgos.