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EL CHIFLO (Juego infantil con aspectos mágicos)

ACIN FANLO, José Luis

Publicado en el año 1983 en la Revista de Folklore número 25.

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En recuerdo de unas gentes y de unas tierras, cada vez menos pobladas: el Alto Aragón

Las presentes líneas no tienen otro objetivo que el de acercarnos, el de servir de introducción para posibles futuros trabajos, a un juego muy extendido a lo largo de todo el Pirineo -desde. Navarra hasta Cataluña-, perteneciendo al grupo de juguetes bajo la denominación de aerófonos. Asimismo, aquí sólo se van a analizar los casos de dos zonas determinadas y cercanas -mejor aún, colindantes- entre sí del Pirineo aragonés: Serrablo y Valle de Tena. Por estas tierras, el mencionado juguete se conoce bajo el nombre de "chiflo" o "chuflo" (ambas denominaciones son usadas por sus habitantes).

La realización del mismo no difiere. excesivamente entre los lugares citados, a no ser por el tipo de madera utilizada o por pequeñas variantes -según casos- en su elaboración.

Igualmente, al hacer un "chiflo" (palabra derivada del verbo aragonés "chuflar", que se traduce por silbar), y en determinados casos (que. luego veremos), se recitaban unas "cancioncillas" -valga la palabra-, que conllevan ciertos aspectos mágicos y lúdicos; aspectos que se intentarán analizar desde nuestro punto de vista.

Adentrándonos ya en los modos de realización de un "chiflo", empezaremos por la zona del Serrablo. Tanto en esta comarca como en el Valle de Tena, o como en los otros lugares donde construyen estos objetos, la mejor época -por no decir la única- para su realización se da en la primavera -finales de abril, mayo y en menor medida en verano, debido a que durante ese lapsus de tiempo, es cuando "suda" -o, lo que es lo mismo, "corre" la savia la madera y hay facilidad en el desprendimiento de la corteza. En el Serrablo utilizan las ramas jóvenes, de menor grosor, del chopo y, también (fundamentalmente en la "Guarguera" -Valle del Guarga-), de "salcera" -sauce-. Para lo cual -tal y como me relataron-, "se corta un "troce" (fragmento de unos 10 cms)", y de esta forma "ya queda delimitado el pito".

Seguidamente se practica un corte en diagonal, quedando -así- delimitada lo que será la boca del juguete -acción que por las tierras serrablesas recibe la denominación de "bislay"-, y se hace un corte -semejante a la forma de un semicírculo- para la salida del aire (I). A continuación, se procede a hacer un corte fino -del grosor de la corteza- a todo alrededor del palo para sacar la misma, operación que se realiza dando unos golpes por todo el contorno con el mango de la navaja (pues todos los "zagales" llevaban una). Si, por la circunstancia que sea la corteza no sale, se recurre a algo semejante a unos refranes-fórmula para que, por medio de ello, se desprenda la mencionada corteza. Refranes-fórmula como el siguiente, sin localización concreta dentro de tierras serrablesas y, al parecer, incompleto:

"Suda, suda, cabrito,
que si no, non chuflará o pito".

O como el procedente de la localidad de Yebra de Basa y, presumiblemente, también incompleto:

"Suda, suda, vito
con mierda de cabrito,
y suda, suda, bom,
con mierda de cabrón".

Una vez extraída la corteza, existen dos procedimientos para realizar el orificio por donde pase el aire a todo lo largo del "chiflo", desde la embocadura hasta el lugar por donde sale aquel (II). Un primero que consiste en cortar un trozo del palo -desde la mitad, aproximadamente- y delimitar lo que es en sí la embocadura, sobrando el resto de la madera (III-IV); éste es uno de los dos tipos utilizados en el Serrablo y el único del Valle de Tena. El segundo, centrado en el Serrablo, no necesita separar el trozo de madera en dos partes; una vez desprendida la corteza, se corta el pedazo superior sobrante por donde pasará el aire (III bis). Una vez acabados, y según casos, decoraban -a base de dibujos geométricos, generalmente- la parte trasera, con claras reminiscencias célticas (V).

Similares son las técnicas utilizadas en el Valle de Tena. Se diferencia con el Serrablo -además de la apreciación anterior-, por el tipo de madera empleada al efecto; en este caso procede del fresno y recibe la denominación popular de "chiflotaire", nombre, dado porque de aquí sale el "chiflo".

Igualmente, similares son las recitaciones; dos son los ejemplos que hemos podido recopilar, una proveniente del abandonado y despoblado pueblo de Búbal:

"Vito, vito, culo cabrito.
Bom, bom, culo cabrón.
Cebarás,
veinticuatro llevarás.
y si no sales,
a los veinticuatro morirás".

y el otro procedente de Piedrafita de Jaca:

"Sale, sale, chifle,
por las barbas de un chote.
Sale. sale, vito,
por las barbas de un cabrito.
Sale, sale, bom, bom,
por las barbas de un cabrón.
Si no sales a las tres veces,
una navajada te pegaré" .

En ambos casos -Serrablo, Valle de Tena- estas formulillas tienen varios aspectos a desmenuzar.

En primer lugar, el hecho de que todos los "zagales" las cantaran al hacer este juego, como práctica mágico ritual -que puede llevarnos hasta los comienzos de la civilización- para que fuera bueno, es decir, para que "chiflara". Práctica fundamental y que, si por un casual, no se extraía la corteza (por las circunstancias que. sean: mala factura, madera no verde...), se procedía a darle unos golpes ("Cebarás, veinticuatro llevarás" ; "Si no sales a las tres veces"...) y, si aún con todo seguía sin salir, se tiraba, es decir, no valía para el requisito pretendido ("Y si no sales, a los veinticuatro morirás" -morirás en sentido de tirar-; "...una navajada te pegaré" -navajada, por la pérdida de tiempo ocasionada, enfado-). Es decir, que las referidas canciones tienen un fin específico (hacer posible que la construcción del "chiflo" sea buena) y, al mismo tiempo, llevan una sucesión, en sus estrofas, ascendente, como es comprobable en los ejemplos de Yebra de Basa, Búbal y Piedrafita de Jaca (vito-bom-muerte; cabrito-cabrón -Yebra de Basa, Búbal-. Chifle-vito-bom-muerte; chote-cabrito-cabrón -.Piedrafita de Jaca-). Van desde. unos sonidos onomatopéyicos que suenan más tenues -más flojos- a otros que nos expresan ya el final, el enfado -más fuertes-; desde un animal en sus años jóvenes -chote, cabrito, hasta su época de madurez, de vejez -cabrón- (1).

Por último, la figura de un animal muy mitificado en la sociedad ancestral de nuestros pueblos -y que arranca de tiempos inmemoriables-: macho cabrío, cabrón o buco (como se prefiera). Y recordemos que, aparte de estas canciones, es utilizado en otras manifestaciones etnológico- lúdicas: Carnaval (de Bielsa, por ejemplo).

Se podría establecer -y siempre teniendo en cuenta los más altos niveles de duda- una interrelación entre el anterior animal citado y la acción de golpear la tierra con varas -es decir, con la madera-, como medio para conseguir la mayor fertilidad de la tierra. y si tenemos presente que el buco -como símbolo cornudo- encarna la fuerza sexual como algo que renace continuamente, podríamos entender -en cierta manera- las anteriores recitaciones citadas. A su vez, este animal representa, también, la fuerza de la vida -,en lucha con la fuerza del inframundo-; ¿se podría aludir, con respecto a las composiciones mágicas mencionadas, en el sentido de que no se interpusieran estas fuerzas del inframundo para la realización del "chiflo" y, que de esta forma, éste llegara a buen fin?

Lo que sí podemos tener claro es que intervienen dos fuerzas, una como símbolo mágico -buco- y otra como objeto material -madera- que, ambas unidas, conllevan un rito hacia la fertilidad de la tierra, para la fertilidad y subsistencia de la vida.

Aspectos mágicos, los antes mencionados, que encontramos en un juego infantil que, a su vez, contienen ciertas prácticas, ciertos ritos iniciáticos, de carácter lúdico y que tienen su máxima expresión en representaciones mayores -como la del carnaval, antes apuntada- y, generalmente, relacionadas con las personas adultas; ¿quizá como iniciación a esos ritos desde la más pronta infancia?

No obstante, todo lo anteriormente citado es muy subjetivo y su afirmación podría ser errónea. Penetrar en unos aspectos tan oscuros de la cultura popular (aspectos que tienen sus orígenes en los tiempos más remotos -neolítico, épocas anteriores a la romanización-), es harto difícil y es preferible exponer ciertas suposiciones que no afirmarlas con toda objetividad.

Pero lo que tenemos presente es que este tipo de rituales se están perdiendo en la actualidad y que, casi con toda seguridad, dentro de pocos años permanecerán en un total olvido. Sirvan estas líneas, pues, para acercarnos a ellos y tenerlos presentes para cuando ya no existan.

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(1) ¿Posible interpretación de la vida de la montaña: nacimiento-juventud-senectud-muerte?. Quizás sea muy arriesgado confirmar esto último, sobre todo si pensamos que son canciones infantiles -aunque el mundo de lo mágico, de lo popular, en suma, es increíble y a veces nos da sus sorpresas-, pero cabe una interpretación, si no igual, sí similar.

BIBLIOGRAFIA

CARO BAROJA, Julio, El carnaval, Madrid, Taurus ed., Col. La otra historia de España, 2ª ed. 1979.

ROMA RIU, Josefina, Aragón y el carnaval, Zaragoza, Guara ed., Col. Básica aragonesa, 1980.

VIOLANT I SIMORRA, Ramón, El Pirineo español, Madrid, Ed. Plus-Ultra, 1949.

Mi. agradecimiento a Julio Gavín Moya, Jaime Marcuello (" Amigos de Serrablo"); a mi hermano Ramón y a mis padres, por sus buenas y claras informaciones y por la transmisión de los refranes, sin las cuales no hubieran sido posibles estas pobres líneas.