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HERRAMIENTAS DE FORJA DE LOS RESINEROS
Fragua de Mariano Frías Velasco, de Cabezuela

SANZ, Ignacio

Publicado en el año 1983 en la Revista de Folklore número 26.

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Si cada oficio artesano se ejerce apoyado en unas herramientas que caracterizan y diferencian la naturaleza propia de cada trabajo, en algunos de estos oficios, como el de resinero, las herramientas constituyen, además, una especie de totem; engañosamente acaso podría hacernos pensar que ha sido creado el oficio para dar vida a las herramientas, es decir, que las herramientas son anteriores en el tiempo. Lo cual es rematadamente falso, desde luego, pero tal es la fuerza y la complicada personalidad que palpita tras ellas que así se nos antoja pensarlo. Nos vamos a referir aquí exclusivamente a las herramientas que pasan previamente por la forja, prescindiendo de aquellas como el pato, banqueto, esparabel, etc. que fabrica el propio resinero y cuyo encantamiento, no menos seductor, abordaremos en otro trabajo.

EL HERRERILLO DE CABEZUELA

Para ello nos trasladamos a la fragua de Mariano Frías Velasco, conocido popularmente por "El Herrerillo", ubicada en Cabezuela (Segovia), quien ejerce el oficio por tradición familiar, aunque en la especialización que ahora le ha acreditado entre los resineros, que nos hablaron de él como de un excelente templador; comenzó hace unos cuarenta años, cuando a los catorce se inició en el trabajo, a la sombra de su padre.

A pesar de haberse roto el brazo recientemente y manifestarnos que aún le reteñía cuando golpeaba fuerte con el macho, tuvo la amabilidad de hacer una escoda en nuestra presencia, a modo de demostración. Digamos por nuestra parte que para aliviarle en algo el trabajo, nos encargamos de tirar del fuelle.

PROCESO DE TRABAJO

Con unos listones de hierro previamente dispuestos, hace primero la parte donde habrá de ir encajado el mango, que resulta la zona menos refinada, para ir poniendo cada vez más atención y cuidado en forjar la parte cercana al corte, a cuyo fin es menester introducir en la tobera repetidas veces la pieza, auxiliándose para su mejor manejo de unas tenazas sujetas con presadera.

A través de unas estrellitas blancas que dimanan de la pieza, distintas de las chispas comunes, aunque mezcladas con ellas, el forjador puede colegir que el hierro ha adquirido el grado de fusión suficiente como para hacerse dúctil a los golpes del macho contra el yunque.

Cuando la herramienta tiene configurada su forma, aún con cierta tosquedad todavía, se le añade, en la zona de corte, una lámina de acero de unos ocho centímetros de largo por cuatro de ancho, que después de ser sometido al fuego se funde con el hierro y que constituirá la zona de corte propiamente dicha. Esta zona, que finalmente adquiere forma ovalada en su remate, es sometida repetidamente a la intensidad del fuego para después irla laminando hasta dejar un corte finísimo. Este trozo de acero que remata la parte de corte es incorporado a todas las herramientas.

Después de darse por concluido el proceso de forja, se pasan las herramientas por la lima para raspar posibles abolladuras y agudizar el refinamiento.

El último proceso a que es sometida la herramienta antes de ser entregada al resinero es el del afilado, para lo cual dispone Mariano de una piedra que funciona eléctricamente, que tiene los bordes redondeados para adaptarse a la forma curva del corte de la escoda.

Las herramientas que salen de esta fragua destinadas a los resineros son:

-Hacha de dos bocas.

-Media luna de ácido.

-Escoda de ácido.

-Media luna normal.

-Cuchillos de coger miera.

-Barrasco para desroñar pinos.

-Escoda normal para abrir caras.

-Raedera para raer el final del pino.

-Hacha pica, empleada también para desroñar.

Desde Mojados, Sanchonuño, Pinarejos, Zarzuela del Pinar, Aguilafuente, Lastras de Cuéllar, Navalilla, Fuenterrebollo, Veganzones, Sauquillo de Cabezas y algunos pueblos más de la zona de pinares se acercan los resineros para solicitar los servicios de Mariano, con quien posiblemente termine la tradición de la fragua en Cabezuela, ya que si bien es verdad que un hijo suyo trabaja con él (aunque ahora está cumpliendo el servicio militar), nos dijo su padre con cierto desaliento que no le tira la fragua, que prefiere la autógena y las máquinas más modernas.

De lo que sí estamos seguros es de que las grandes industrias de producción masiva no podrán sustituir nunca a estos hombres dada la peculiaridad y especialización de su trabajo, por lo que su mantenimiento se hace imprescindible para el desarrollo de las labores de este sacrificado y hermoso oficio pinariego.

Talleres semejantes al de Cabezuela donde se realizan herramientas de resineros, existen también en Navas de Oro, Chatún, Samboal y uno que se puede considerar extinguido por la edad del forjador en Zarzuela del Pinar.