Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

Tres modelos de castañuelas tradicionales valencianas

ATIENZA PEÑARROCHA, Antonio

Publicado en el año 1994 en la Revista de Folklore número 162.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 162 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


TRES MODELOS DE CASTAÑUELAS VALENCIANAS

La castañuela valenciana no difiere esencialmente, en su forma, de la castellana-manchega o la andaluza. No obstante, hemos podido apreciar que existen tres curiosas variantes que han llegado hasta nuestros días por la voluntad de algunos artesanos; personas que, más o menos conscientes de ser los últimos eslabones de una cadena cultural, han persistido en su labor en una sociedad para la cual son un anacronismo o una curiosidad.

En general, podemos describir la castañuela más utilizada como de cuerpo globular, circular o ligeramente ovalado, y de la cual arrancan las "orejas" u orelletes en la parte superior, generalmente con un triángulo en su base, invertido, cuyo vértice nace en el propio cuerpo. Generalmente se denominan postizas, postisses, castanyetes, castanyoles.

Sus artífices solían ser personas más o menos vinculadas al mundo de la música popular, o bien carpinteros hábiles, o simplemente personas a quienes les gustaba hacer tallas con madera y navaja. En este último grupo destacarían los pastores.

La pervivencia de castañuelas más o menos antiguas no ha sido muy afortunada. En los pueblos donde más se gastaban, es decir, donde más fácilmente se encontrarían, en muchos casos se han extraviado o roto. Es el caso de los pueblos donde se bailaban "Danses", bailes que se efectuaban al aire libre, en la calle, y para bailar los cuales es muy importante el toque de las castañuelas -porque los baila mucha gente y ayudan a mantener el ritmo del conjunto-. En este caso, recuerdo cómo en una casa de "bailadores de toda la vida" de Guadassuar no disponían de ningún ejemplar antiguo porque "como saben que tienes, vienen, te las piden prestadas, y luego no te las devuelven, o te las pierden ". Además, la castañuela es un instrumento frágil, que no sobrevive a un golpe fuerte, como una caída, y su propia baratura provoca su rápida sustitución.

Por todo ello, aunque no es difícil ver castañuelas más o menos viejas en manos de bailadores, sí resulta muy raro ver ejemplares antiguos. La comercialización de la castañuela en las casas de música, una castañuela semiindustrial, ha terminado por uniformizar el panorama. Sin embargo, en algunas localidades se han mantenido artesanos que han conservado las viejas formas de las castañuelas. Formas de ámbito exclusivamente local. Concretamente, es el caso de dos poblaciones: La Font de la Figuera, y Xativa. En un tercer caso, Morella, el artesano nos reprodujo unas castañuelas, pero no se había dedicado a hacerlas.

Las castañuelas que vamos a describir, por tanto, han subsistido únicamente por la conciencia que estos artífices tenían de su belleza, de su particularidad, y de su importancia cultural.

1.LA FONT DE LA FIGUERA

La Font de la Figuera es una localidad situada en la comarca de la Costera, al sur de Valencia. Se encuentra junto al límite provincial con Albacete. Antaño fue importante ciudad, y en la actualidad se destacan su industria y sus vinos. Conserva unas importantes Danses, en las que participan gran cantidad de bailadores. Por esa razón, siempre hubo una gran demanda de postisses. Su artesano que las ha transmitido al presente es D. Fernando Belda Tormo. Aunque actualmente ya no las hace, sus métodos y formas han encontrado dos herederos que actualmente continúan su labor.

D. Fernando Belda nos contó que muchos días, al salir de la escuela, veía a un carpintero, el Tío Guerra, hacer castañuelas. Los Guerra siempre fueron, y son, bailadores. Cuando, ya adulto, D. Fernando se incorporó a bailar, comenzó a elaborar, exactamente igual que él lo recordaba, castañuelas del modelo que las hacía el Tío Guerra. Hay que destacar que Fernando Belda nunca ejerció oficio relacionado con la madera: lo suyo fue una afición, con la que nunca pensó lucrarse, ni en vivir de ello.

Las castañuelas típicas de la Font se caracterizan porque en el cuerpo o galtetes –mejillas- tienen una espina o bordón, que sobresale, recta, en sentido vertical, que arranca desde la base de las orejas u orelletes hasta donde se inicia la curvatura inferior. Son un modelo muy similar al mallorquín. En cuanto a les orelletes, su vértice inferior se adentra hasta una tercera parte de la altura total de la castañuela -aunque los artesanos actuales prolongan más hacia abajo el vértice-. La forma de las orejas, también llamadas aletes o alitas, es rebajada por la parte superior, para ajustarse al dedo, y los extremos laterales adquieren forma de pico curvado hacia abajo. Este pico ha sido algo más rebajado en los artesanos actuales. No se hacía diferenciación entre una castañuela y la otra. Ello se dejaba al usuario, o bien se hacía una señal con tinta en el interior, para recordar cuál era más aguda. El tamaño era de casi nueve cms. de larga, y seis de ancha. Poniéndola de perfil, ambas caras juntas, el grosor o distancia en recto es de 3,2 cms.

La madera empleada en su elaboración es la de raíz de albaricoquero, de soca d'albercoquer. Antaño también usaban la de azufaifo o ginjoler. Esta madera debía dejarse secar cuatro o cinco años, cuanto más mejor, porque cuanto más seca, mejor sonaba; por ello, no era raro prolongar el secado algunos años más.

Una vez bien seca, se comenzaba a trabajar. Se cortaba en tauletes o tabletas de unos seis cms. de ancha y dos de gruesa. Sobre éstas se ponía una plantilla de latón o llanda, preparada al efecto por el propio artesano, y con ella se marcaba el perfil de la fulla u hoja de la castañuela, cada una de las dos piezas que la componen. Seguidamente se sujetaba la tauleta a la mesa con un tornillo, y con un taladro se hacía el hueco. Después se tomaba la raspa, una lima de grano grueso, y con ella se iba sacando la forma de la castañuela, les galtetes o panza, les orelletes. Después se pasaba la llima, una lima más fina, y ya se dejaba lista. Para terminar, se pasaba la lija, y se dejaba suave. Los agujeros de les orelles se hacían con un taladro.

Las castañuelas no se barnizaban, pues se quitaba el sonido. Para protegerlas, se untaban con aceite de linaza -oli llinós-, de la siguiente manera: se mojaba un trozo de algodón en el aceite, y se aplicaba a la castañuela, extendiendo el aceite con los dedos. Otro aceite que también se aplicaba era el resultante de freir en una sartén trigo. Después ese aceite se filtraba, y se aplicaba de la misma forma que el de linaza.

Para rematar la castañuela, se ponía el cordón. Se le llama el cordó de frare o cordón de fraile, y se hacía trenzándolo con cuatro cordones de colores a gusto del destinatario de la castañuela. En esta labor, D. Fernando era ayudado por su esposa. El total de tiempo invertido, en todo el proceso de elaboración de un par de castañuelas, no bajaba de las ocho o diez horas. Por esta razón, el precio era algo casi simbólico.

En la actualidad, D. Fernando Belda ha cedido su puesto de artesano de castañuelas a dos continuadores. Obviamente, éstos han imprimido su propia personalidad a sus postisses, como ya hemos descrito. Uno de ellos incluso ha "creado" una nueva castañuela, sin el bordón, más ovalada.

Pero lo cierto es que si el Sr. Belda no hubiera continuado la tradición del Tío Guerra, muy probablemente La Font no conocería hoy estas castañuelas, y ahora se hubieran introducido las denominadas "andaluzas", generalizadas por toda España, y que en La Font, para diferenciarlas de las propias, reciben el nombre de planes o llanas.


2.-XATIVA

Xativa es la capital o principal ciudad de la comarca de la Costera. Está situada a unos cincuenta kilómetros al sur de Valencia, en el centro de su Huerta. Está coronada por su célebre castillo, y es una de las poblaciones más importantes de la Comunidad Valenciana.

Al igual que en la Font de la Figuera, en Xativa también les Danses fueron, y son, manifestaciones sociales y festivas de importancia. Sólo que, como ya destacamos en otro lugar, en las localidades pequeñas les Danses actúan como aglutinadoras de toda la población; pero en las ciudades grandes el fenómeno se atomiza, y les Danses se convierten en actos festivos propios de las fiestas de calle -de carrer- o de barrio. Normalmente, se celebran dos días de Danses: en uno, por la noche, la Dansa es seria y formal; pero al día siguiente, o a los pocos días, se bailan las Folías, con el paso de les Danses, pero con los bailadores disfrazados, con un aire jocoso y alegre. También cambia la hora, pues se hacen por la tarde. Actualmente, destacan como concurridas y vistosas les Danses de la calle de Sant Josep -San José-.

Obviamente, en este marco también existía una gran demanda de castañuelas. Y a llenar este vacío llegó D. José Franco Murillo, carpintero o fuster, y persona de gran sensibilidad.

El abuelo y el padre de D. José fueron carpinteros. A los diecisiete años, en 1927, nuestro protagonista fue a arreglar determinadas piezas de un molino. El molinero le preguntó si le podía arreglar o reproducir una castañuela, en una de cuyas caras se le había hecho un agujero. D. José se la reprodujo, y seguidamente hizo otras iguales, que aún conserva su familia. Desde ese momento el gusanillo de la artesanía se le introdujo, y ya no cesó su trabajo hasta que su salud lo impidió.

D. José Franco hizo sobre todo el modelo del molinero, pero también conoció otro, que siempre conoció en su casa; eran unas castañuelas hechas por su abuelo. Las castañuelas del molinero, que eran las más típicas de Xativa, eran y son de forma muy globular, con el cuerpo o panza abultados, de forma ovalada, tendiendo a puntiagudas por abajo, pero sin llegar a serlo. Las orejas nacen del propio cuerpo, y tienen forma como de barca, con dos entrantes a los extremos laterales como los de un violín. Su tamaño es de ocho cms. desde las orejas al extremo inferior, la anchura de las orejas es de cuatro cms. y medio en su parte más ancha, y la anchura o grosor de la castañuela vista de perfil, con ambas caras unidas, es de tres cms. y medio. El cordón es de persiana, de color rojo.

Las castañuelas de su abuelo son más almendradas, y terminan en punta en su parte inferior. Las orejas parecen las de un gato, pues son rectas -sin las molduras de violín y apuntadas hacia arriba, como el perfil de la cabeza felina. La base es igual en las orejas de ambas castañuelas. Su tamaño es similar, si acaso algo más pequeñas, pero muy poco.

Las maderas utilizadas eran las de árboles frutales, duras. Destacaban la de albaricoquero, olivo u olivera, nogal, peral o perera, azufaifo o ginjoler, almez o lledoner, incluso de carrasca o encina. Destacaban por su bonito sonido las de ciprés. Seleccionada la madera, ésta debía cortarse en junio, en luna menguante, para que no se corcara o carcomara. Después se descortezaba, se cortaba en tauletes o tabloncitos, y se dejaba secar. Si el tiempo venía seco, en un par de años o en menos, estaba lista para trabajar. Menos la madera del cor o corazón del tronco, toda servía.

Había no menos de veinte manipulaciones para realizar la castañuela o postissa. Se cortaba la forma, y se vaciaba un poco el hueco. Después se hacía la parte exterior, trabajándola con una gubia, y se hacen las orejas u orelletes. Después se ahondaba más el hueco. La gracia estaba en hacer el agujero lo más hondo posible, incluso dejando una pared de madera muy delgada. Así se calibraba el sonido: cuando más hondo era el hueco, mejor sonaba, más agudo era el sonido. La castañuela ya estaba tallada. Entonces se pasaba la raspa o lima de hierro, de grano grueso, y para terminar se pasaba la lija y se dejaban terminadas. Seguidamente se lacaban, para hacerlas suaves al tacto, y se hacían con un berbiquí los agujeros de les orelletes. El proceso total costaba unas doce horas.

D. José Franco también realizó castañuelas para el Ball dels Nanos o Baile de los Cabezudos, de la ciudad de Xativa. Son mucho más grandes, y se tocan cogiéndolas con las manos, el pulgar por debajo y los demás dedos por arriba, y abriendo y cerrando las manos. También las hizo infantiles, algo más pequeñas que las descritas. Recordaba que antaño hubo otros artesanos que también hacían castañuelas: sobre todo los molineros, y los artesanos dedicados a la carpintería de molino. Sobre esta afición de los molineros a la castañuela, y al baile que conllevaban, queda la siguiente copla:

Marieta del Molí Nou
tot son bots i carreretes
i al roïdo de la mola
repica les castanyetes.

Marieta del Molino Nuevo
todo son saltos y carreras
y al ruido de la muela
repica las castañuelas.

La labor de D. José Franco ha sido muy importante, y hoy sus castañuelas se tocan en todas las fiestas folklóricas de Xátiva. Además, grupos de Danzas y estudiosos le solicitaron ejemplares, y se hallan repartidas por la geografía valenciana. Por desgracia, su importante papel en la transmisión de un instrumento popular autóctono no ha sido reconocido, y no ha tenido continuadores. Su amabilidad y su humanidad nos ha dejado a todos un grato recuerdo, pero de regusto amargo porque parece que la cadena de transmisión de su conocimiento queda definitivamente truncada.


3.MORELLA

Morella es una bellísima ciudad del norte de Castellón, dedicada a la lana y al turismo. Su imponente fortaleza, su enorme recuerdo histórico, atraen todos los años a miles de forasteros.

En Morella reside D. Casimiro Ripollés, un hombre que a lo largo de su existencia ha sido pastor, labrador, y "paleta" o albañil. En su etapa de pastor, D. Casimiro trabó contacto con pastores más mayores que él y que dominaban técnicas de artesanía, hoy totalmente desaparecidas. El Sr. Ripollés ha dedicado fundamentalmente sus conocimientos y habilidades a la producción de dulzainas, labor que ya describimos en otro lugar (1). En esta ocasión, sin embargo, vamos a tratar de las castañuelas o castanyetes, de las cuales ha reproducido muy pocos ejemplares, dada la dificultad y el trabajo que conllevan.

Las castañuelas miden siete cms. desde las orejas al extremo de la panza, y ésta mide cinco cms. y medio de ancha. Destaca la altura en vertical de las orejas, pues la concavidad para alojar el dedo es muy pronunciada; la anchura de oreja a oreja es de 4,3 cms. El grosor de la castañuela, es decir, la altura de panza a panza es de tres cms.

Al igual que en las castañuelas-tipo, la moldura de las orejas penetra en la panza, pero no forma pico o vértice de triángulo invertido.

Su característica más llamativa, sin embargo, es su decoración. Esta puede ser muy simple -una "rosa" o rueda solar de seis puntas o pétalos inscrita en un círculo-, o no existir, o ser abigarrada, cubriendo toda la superficie de la castañuela. Los motivos decorativos son puramente pastoriles, enmarcados en el llamado "Arte Pastoril": círculos, triángulos radiales, ruedas solares, arcadas, ramas con hojas simétricas, punteados, corazones...

Estos motivos, siempre tendiendo al círculo, se basaban en los que decoraban las clavijas o cleviges, pasadores de madera rematados en un botón o círculo, longitudinal al palo, al igual que las clavijas de tensar las cuerdas de la guitarra. Estos pasadores cerraban los collares de esparto trenzado con los cuales se colgaban los cencerros a los mansos. Los pastores decoraban estos botones de les cleviges con motivos circulares como los descritos, tallando la madera con navajas, a las cuales les cortaban la punta. Para trazar los círculos, se servían de un clavo largo doblado, a guisa de compás.

El rígido clima morellano no facilita el crecimiento de árboles frutales, pero sí que permite el desarrollo de especies silvestres de madera dura, muy apropiada para las castañuelas. La madera más apreciada era la cor de carrasca, es decir, la que está al centro del tronco de las encinas. También se usaba la de boix o boj, pero menos. La madera de cor de carrasca, del corazón de la encina, era negra o muy oscura, y muy fuerte. Con frecuencia no se dejaba secar, porque los pastores aprovechaban la de viejos árboles ya secos que encontraban.

Seleccionada la madera, ésta se trabajaba con el aixolet o aixa, azuela, hasta dejar ya esbozada la castañuela, y después se iba tallando ésta con la navaja o navaixa, haciendo el forat o hueco del tou o toret, el cuerpo o panza. Después se hacían las orejas o orelletes, y con una barrineta o taladro manual se hacían los agujeros. Seguidamente, se podía dejar así, tal cual, sin ninguna decoración. Para alisarlas, y pulirlas, se rascaban con un trozo de cristal. No se les aplicaba nada más, “porque los pastores no tenían nada; se dejaban así". En el caso de que el pastor fuese algo más artista, trazaba algunos dibujos con la punta de la navaja o con un clavo. Sólo personas de sensibilidad artística popular, como el Sr. Ripollés, iban más allá, y planteaban la castañuela como el soporte de toda una representación plástica de innegable belleza. En este caso, los motivos eran, ya lo hemos dicho, los propios del mundo pastoril, en especial los que adornaban la clevija de la correa de los cencerros o esquellots.

Para rematar la obra, los pastores trenzaban el cordó o cordón que une las castañuelas. Lo hacían de lana, material muy abundante en la zona, porque la comarca era ovejera, y las mujeres hilaban y tejían la lana en sus casas. Hoy en día, la artesanía morellana sigue basándose en la confección de prendas de lana. Por otra parte, D. Casimiro Ripollés Escuder ha sido y sigue siendo un artesano dedicado a la elaboración de dulzainas, dolçaines. Un sentido innato del arte popular le ha llevado a que sus objetos sean apreciados y solicitados por dulzaineros y folkloristas. Pero, por encima del valor plástico de sus obras, el Sr. Ripollés nos ha transmitido conocimientos, saberes que, sin él, hubiéramos perdido para siempre.


4.RECAPITULACION

Esta muestra es pequeña, pero nos indica que la tenacidad de estos artesanos ha sido el hilo conductor que une nuestra vida actual con la pasada. Labor constante, callada y mal pagada, sólo recompensada con ese momento mágico en que el artífice oye el instrumento por él creado, en manos de una persona feliz.

D. Fernando Belda, al inicio de su actividad, cobraba cien pesetas por cada par, pero la mayoría de las veces las regalaba; D. José Franco vendió sus últimas postisses por cuatro mil pesetas, cuando las "industriales" valen más; D. Casimiro Ripollés no sabía ni qué cobrar. "Para mí, el mayor orgullo era ver la plaza llena de gente, y saber que muchos estaban tocando castañuelas hechas por mí...mira, me emocionaba y todo". Frase que, poco más o menos, todos comparten.

____________

NOTA

(1) En nuestro Introducción a la Artesanía Pastoril en la comarca de Els Ports de Morella: La dulzaina, en Luis Vicente Elías y Julio Grande Ibarra, cords., "Sobre Cultura Pastoril", Sorzano (La Rioja), 1991.