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LAS PELEAS DE TOROS

MACHO, Tomás

Publicado en el año 1994 en la Revista de Folklore número 162.

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La pervivencia de costumbres y tradiciones -algunas desde tiempo inmemorial- ha llegado hasta hace apenas 25 años. Me refiero, especialmente, a las arraigadas en pequeños núcleos de población, pueblos y aldeas, en este caso de la Cantabria rural.

El estudio que ahora presento se centra en una costumbre, casi generalizada, en varios pueblucos del sur de la región, campurrianos y de Valdeolea: LAS PELEAS DE TOROS.

El asunto era de la máxima solemnidad e interés general, con un proceso perfectamente reglado, tanto en las ordenanzas concejiles como en la tradición de toda la comunidad.

La vida de estos pueblos estaba organizada, casi exclusivamente, en torno a la ganadería, sobre todo de la vaca. El número de cabezas de ganado vacuno (también ovino y caballar) era referente directo de la situación económica de la familia. Cuentan la anécdota de algunos mozos casaderos que, a la hora de pedir a la novia, medían con su vara la altura del muradal (abono de los animales) para estimar –egoístamente- la posible dote de la dama.

Adjunto en este artículo varias pruebas testimoniales de toda una cultura recientemente desaparecida. Las últimas pruebas escritas. Hacer una referencia más amplia nos llevaría a profundidades que se escapan de los objetivos de un artículo etnográfico. Las coincidencias con otras culturas arcaicas, con toda probabilidad, serían notables: con ojos asombrados veíamos los niños de mi pueblo cómo una familia sangraba a las vacas en primavera y bebía la sangre. La explicación que se nos daba es que, así, con el abundante pasto, se renovaba la sangre del animal y luego engordaba más... (Como sabemos, la tribu africana de los Massai lo practica en la actualidad).

En este ambiente rural, la pequeña comunidad debía organizarse en todos los sentidos. Sabían de su interdependencia y de las necesidades comunes. No resultando extraño el ir "de obrera" (especialmente la mujer soltera, donde había muchos hermanos -aunque ocasionalmente también el hombre-) pero ¡gratis!, a lo sumo por la comida, durante la primavera, a sayar o excavar. "Una mano con otra se lava" y "hoy por ti y mañana por mi".

La primera referencia son las cuentas del pastor. El Presidente de la Ganadería, por turno anual, debía llevarlas con toda corrección y exactitud; calcular lo que debía aportar cada vecino en orden al número de animales, saber cuántos días correspondían a cada uno acompañar al pastor ("veceros"), echar el reparto para el toro, etc. La copia adjunta la hizo mi padre (q.e.p.d.) allá por el año de 1961.

LISTA DE LAS VACAS DEL MES DE ENERO

1961 Nº. de Vacas Ptas. Nº. de Vacas

Pilar Fernández 8 70,40 8
José Fernández 9 79,20 9
Hermenegildo Macho 13 114,40 13
Marcos Llorente 14 123,20 13
Luis Alvaro 7 61,60 3
Santos Macho 15 132,00 15
Alipio Gómez 14 123,20 14
Martín Gutiérrez 6 52,80 6
Casilda González 10 88,00 l0
Teodoro Sáiz 12 105,60 12
Félix Fernández 11 96,80 11
Fidela Fernández 4 35,20 4
Ramón Fernández 17 149,60 17
Jesús Zubizarreta 8 70,40 8
Emiliano Gómez l0 88,00 l0
José Gutiérrez l0 88,00 10
Manuel Sáiz 11 96,80 11
Serafín Macho 12 105,60 12

TOTAL VACAS 191 1.680,80 pesetas

(La segunda lista de vacas corresponde a las que iba a haber para el próximo reparto ).

(Acompañan a esta lista, las siguientes aclaraciones).

Hay que quitar del Seguro de Enfermedad de diciembre pasado, 79,60 pesetas, más la mitad del seguro de enero, 39,80 pesetas, total: 119,40 pesetas, que restadas de 1.680,80, quedan 1.561,40. Restadas 1.550 pesetas, que corresponden al pastor, quedan a favor del pueblo: 11,40 pesetas. (Salieron las vacas a 8,80).

En un pequeña "libretuca" estaban recogidos los recibos como éste: He recibido del Presidente de la Junta Ganadera Serafín Macho la cantidad de 1.750 pesetas correspondiente al mes de agosto y cuatro días del mes de julio. Y para que "coste" los firmo en Fontecha a 31 de agosto de 1961.

El pastor:

(Firmado con letra bastante legible): Manuel Bueno.

Una lista semejante se hacía para el reparto de los toros. Por ejemplo, el uno de marzo de 1961, "salieron las vacas a cuartillo y medio, recogiéndose 238,50 cuartillos. Le correspondía cobrar del tercio cuartillos 192, más dos y medio que se le debían, 194,50. Restan a favor del pueblo 44,00 cuartillos ".

El toro que iba "al Puertu", en verano, acompañando a las novillas y algunas vacas, también recibía su pago. En abril de 1961 dice así: "Se le pagó al toro del puerto 600 pesetas, 300 por vacas y 300 del pueblo, y quedan a favor del pueblo 2 pesetas con l0 céntimos. Salieron las vacas a 1,90 Pts. ", y aclara luego: "No sobran más que 20 céntimos porque Casilda González tiene una menos, la muerta".

Para cerrar este apartado, adjunto la "lista de comisiones y custodias" del año 1961:

"Queda el Pastor en casa de Jesús Zubizarreta y guardó un día ".

"Queda la vez de la Cuesta en casa de Pilar Fernández y José Fernández. Lolo y Serafín terminaron ".

"Queda la «rudiada» del ganado del Puerto en casa de Santos Macho y Alipio Gómez. Marcos Llorente y Luis Alvaro, terminaron”.

"Queda la vez de los «bueis» en casa de Martín Gutiérrez y guardó un día, y Casilda González tiene guardado medio día".

"Queda la custodia del toro del Puerto en casa de Hermenegildo Macho".

"Queda la comisión de los Toros en casa de Alipio Gómez y Martín Gutiérrez".

"Reparto de los toros del pueblo, tienen cobrado a mayores para el reparto próximo de marzo, 22 cuartillos y medio".

Como podemos apreciar, todo un entramado de gastos, trabajos y "burocracia" que debía llevar el Presidente de la Ganadería; pero que llevaban en su mente todos los vecinos y, rápidamente, se hacía un Concejo en cuanto surgía el más mínimo problema. Dilucidándose las disputas, por mayoría, en esa Asamblea Popular.

Las vacas, de raza tudanca, cotizaban a partir de los tres años contados en marzo. De tres años para arriba, también entraban en el reparto para pagar al toro y al pastor. Se contaban las vacas y, según las que había, así salían (si había muchas, salían más baratas). Se echaba el reparto cada tres meses. El total de grano (yeros) que se daba a los dos propietarios (por un año) de los toros podía ser de fanega y media o dos fanegas, es decir, alrededor de tres o cuatro cuartos. (Aproximadamente, la fanega, que tiene dos cuartos, pesa 42 kilos). (Podemos recordar que "el cuartu" tiene cuatro celemines y el celemín cuatro cuartillos). Como hemos dicho esto se hacía cuatro veces al año.

Con este reparto "pa'l jatu" tienen mucho que ver las "coplas" que van a continuación, fruto de la imaginación de dos hermanas (que llegué a conocer en mi infancia). Poseen -a mi modo de ver- un valor extraordinario, entre otras cosas, porque son las últimas compuestas en el pueblo fruto exclusivo del ingenio popular. Podemos calificarlas como "coplas de escarnio" utilizándose los "motes" (apodos) tan frecuentes hasta no hace mucho tiempo.

La comunicante -acobardada y pesarosa- teme que lleguen a oídos de los familiares y aceptó -no de buen grado- colaborar. ¡Lástima que no se pueda transcribir el ritmo musical de las mismas !

COPLAS DE FONTECHA

La Espátula dice al padre:
cómpreme un abrigo negro,
como el que tiene mi tía
para casarme primero.

Cebollas dice a la hija
ya sabes que no hay dinero,
deja que llegue el agosto
venderemos unos yeros.

Al punto sale Sargento,
ya lo tengo yo arreglado,
vete en casa del Alcalde
que eche elreparto pa'ljato.

Que eche el reparto pa 'l jato
y tú no le digas más,
que después que te lo pague
ya le podemos comprar.

Los vecinos muy formales
al punto van a pagarle
porque saben que Cebollas
si no no puede cuidarle,

Cebollas ha "cobrao" el "jatu"
y Sargento se lo gasta,
Cebollas ha "cerrao" el toro
y no le echa a la vacada,'

pero hay algunos vecinos
que le cantan las cuarenta,
y a otro día a la mañana,
muy tempranito le suelta.

Las fincas de Casimiro
no las podemos pagar,
de qué y cómo, Casimiro,
de qué te lo voy a dar.

Espátula ten cuidado
con los mozos de este pueblo,
que por abrirles las cartas
te dan corridas a pelo.

Espátula ten cuidado,
ya sabes lo que te pasa,
que "Santucos" no te quiso
y éste te da calabazas.

Espátula de mi vida,
dices que no me has querido,
cuántos abrazos y besos
me diste tras el postigo.

Espátula de mi vida,
ya puedes andar al tanto,
si con éste no te casas
te quedas "pa" vestir santos.

La madre del novio llora,
¡hijo mío, qué vas a hacer!
que entre Sargento y Cebollas
te van a comprometer.

Te van a comprometer
Y a mí no me eches la culpa,
la Espátula no te vale
más que "pa" lamber azúcar.

Siguiendo con la ambientación de LA PELEA DE TOROS, deberemos decir que los dos toros que iban a entrar en servicio el primer día de septiembre habían sido "aprobados" por una comisión de dos vecinos el invierno anterior. Tener un toro al servicio del pueblo durante un año, por riguroso turno, era obligatorio siempre que se tuviesen vacas.

Los toros, con poco más de dos años, convivían pacíficamente desde septiembre hasta que caían las primeras nieves: Entonces se cerraban en la cuadra y salían con la vacada, a la Vez (que se decía), uno cada semana.

Durante todo el invierno, el animal, bien cebado -ya hemos hablado del "reparto pa'l jatu"- no se veía con su antiguo compañero. De ahí que el primer día de marzo, antes de que nuevamente tuvieran que convivir, se les juntaba en una pradera (o en el "corrobolos" como en mi pueblo) para que luego no pelearan en lugares "pendios" o peligrosos y se lastimaran; pues, normalmente, el vencedor de esta pelea era el amo durante los seis meses siguientes, hasta el uno de septiembre que entraban en servicio los nuevos sementales.

Desde el uno de septiembre hasta el 21 (día de S. Mateo en que se vendían) los dos toros salientes permanecían encerrados para que cogiesen más kilos.

Estas peleas de toros (de raza tudanca) ya desaparecidas, se han intentado repetir artificialmente, quiero decir, fuera de su ambiente y de su lógica. Hace unos años, en la Feria de San Mateo, dos ganaderos recibieron una cantidad de dinero para que juntasen los toros de sus respectivas cabañas y verles pelear.

El "Día de la Montaña" (2º. domingo de agosto), en Cabezón de la Sal, suele contar con este menú en el programa. (Los toros, con frecuencia, renuncian a pelear).

Tenemos noticia de que en algunos concejos asturianos también echaban a pelear los toros, incluso para establecer la raya o el límite entre los pueblos.

Junto a los recuerdos escritos, mis propios recuerdos. Van a saber de las peleas de toros con la objetividad que da el paso del tiempo; pero con la emoción de recordar la pelea de "mi toro", en "mi pueblo" (Fontecha, en Campoo de Enmedio. Cantabria).

El toro, a diferencia de las vacas, no tenía nombre. Era, simplemente, EL TORO.

"Mi toro (imborrable recuerdo infantil) era de capa negra como el azabache y fina como la seda, con el morro, la oreja y la cinta del lomo blancas, como mandan los cánones del buen ejemplar de raza tudanca. Junto a estas virtudes físicas tenía otras más entrañables: la nobleza y la mansedumbre. Jamás se enfadó con sus amos, ni soltó una patada, ni hizo un ademán violento con la cabeza a los niños. Tremendamente serio, aceptaba de buen grado que se le cogiera de los cuernos, incluso en el corral. Eso no quiere decir que no "rebumbara" cuando salía a beber y oteara el horizonte considerándose el rey.

Su oponente en aquella mañana del primer día de marzo, que los niños vivíamos -con permiso de la Maestra- desde la cerca próxima al corrobolos para no correr riesgos innecesarios, era un toro de raza campurriana (hoy desaparecida), es decir, más alto de agujas, de cabeza más grande, y de color avellana; con la cinta del lomo y los pelos del testuz de color rojizo.

"Mi toro" peleó con fuerza, con bravura y firmeza. Barría a su oponente una y otra vez; pero estaba condenado al fracaso. Estaba haciendo todo el gasto: era más pequeño, estaba más gordo y se fatigó antes. Se podría decir que su oponente le dejó hacer.

La pelea fue larga, muy larga.

Cuando vio el imposible ya de fijo, entonces fue -como la zorra con las uvas- cuando mi toro dijo; me voy. Salió huyendo sin recibir una sola cornada. Inútilmente, su oponente le persiguió por las callejuelas del pueblo. Ese día no le pilló. No sucedió lo mismo durante los meses siguientes; traicionero, le sacó a "mi toro" más de una "cinchada" (trozo de piel)".

Me entristece pensar como se pasa la vida...(me iba a Jorge Manrique) y no quiero acabar así. Voy a hacerlo con más referencias escritas de indudable interés. Las últimas publicadas.

La primera de ellas titulada "Una costumbre ancestral que pervive, La pelea de toros en Olea, espectáculo apasionante" la publicó en el diario regional ALERTA, D. Edesio Gómez Rodríguez, un 13 de octubre de 1970. Esto es un resumen.

"Si -como dicen los entendidos en prehistoria- el hombre u «homo sapiens» no surgió hasta la era cuaternaria y que la fauna actual había aparecido ya en la terciaria, el toro o «bos taurus primigenius» vendría al mundo antes que el propio ser humano. Para subsistir, el hombre primitivo se vería precisado, entonces, a cazar con arpón ciervos y caballos y... «toros salvajes» que pastarían en las frondosas pradera aquéllas, infinitamente más ricas que las de hoy. En el Paleolítico, y a la humanidad comenzaría a realizar sus progresos y a tener a los animales en cautiverio. De cazadores los hombres pasaron a ganaderos. Luego, alumbrándose en el interior de sus viviendas con la grasa de los animales aparecería en aquellos hombres la inquietud artística, pintando en las paredes cavernarias figuras de bisontes, de ciervos y de toros.

La más patente muestra de tales manifestaciones la tenemos los cántabros en las cuevas de Altamira, la "Capilla Sixtina" del arte rupestre, cuya bóveda contiene -entre más de un centenar y medio de alegorías- una monumental cabeza de toro. Su «caza» está simbolizada también, particularmente en Valonsadero -cerca de Soria- como tema cumbre de su arte rupestre. La caza del toro -como primera necesidad del hombre- quedaría atrás al despertarse la emulación en los moradores de las cavernas, surgiendo así las competiciones deportivas. España, que fue el crisol donde se fundieron las razas de toros de uno y otro continente, logró ese toro ibérico (1) cuya nobleza y acometividad dio lugar a ese espectáculo taumatúrgico, sin par de la fiesta nacional, y a las luchas de toros con otros animales, y aún entre sí, heredadas de Roma, donde la pelea del toro y con el toro constituyó uno de los atractivos más populares de la antigüedad.

Estas luchas célticas siguen practicándose en todo Campoo. Y en Olea espectáculo apasionante en el sitio del palenque". (...) Termina así: "Espectáculo, en fin, admirable donde no hay aplausos pero sí la más emotiva espectacularidad céltica. Es el espectáculo pasional de un pueblo que no quiere renunciar a sus ancestrales costumbres que se repiten cada año, apenas comienza a despuntar la primavera. Es el plato fuerte de estos pueblos campesinos, heroicos, del sur de la Montaña, que guardan en sus ritos populares el tesoro de la más remota y pura historia escrita en el decurso de los siglos".

El mismo periódico recogía en sus páginas con motivo de las Fiestas de San Mateo, el 21 de septiembre de 1972, las referencias que hacía D. José Calderón Escalada (el "Duende de Campoo") al FOLKLORE DE CAMPOO y, entre ellas, a las peleas de toros. Debo aclarar que es una referencia del periódico a lo que D. José había escrito años atrás, porque, en estas fechas, las peleas de toros -al menos en su auténtico sentido- habían desaparecido por completo.

"El día del Angel, 1 de marzo, o en los domingos anteriores y subsiguientes, según el tiempo, se echan a pelear en mitad de una pradera los toros sementales de las cabañas que han de estar vecinas en los distintos puertos durante el verano. La razón de echarlos a pelear es para que luego no se enfrenten en sitios peligrosos donde uno a otro pudieran matarse o al menos inutilizarse. Son tan vistosas estas peleas, que la gente acude de pueblos bastante alejados y en masa, pues siempre hay pasión por unos o por otros; y son tan interesantes si las fuerzas están bastante igualadas, que pueden competir con ventaja con las mejores corridas. Y no cuestan nada ni hay peligro para nadie. Son tan del gusto de los ganaderos, que se ponen de acuerdo para no celebrar más de una cada domingo o día de fiesta, y así verlas todas.

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NOTA

(1) En el nacimiento del río Ebro (el "Iber" que dio nombre a la península Ibérica) en Fontibre (a 5 kilómetros de Reinosa) hay un monumento de piedra, muy sencillo, obra del escultor Jesús Otero, donde, junto al guerrero y la Virgen, aparece un toro.