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Revista de Folklore número

247



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RELIGIOSIDAD POPULAR EN SILOS Y SU COMARCA (3ªparte)

REPRESA FERNANDEZ, Domingo

Publicado en el año 2001 en la Revista de Folklore número 247 - sumario >



Semana Santa La Semana Santa en la comarca de la Cervera se desarrolla, como en otros muchos núcleos rurales de nuestra comunidad, dentro de un ambiente de recogimiento y enmarcada en unas celebraciones modestas en su desarrollo pero llenas de intensidad en su sentido.

Con anterioridad a la Semana Santa y desde el Miércoles de Ceniza, la religiosidad popular se manifiesta tanto de forma íntima como privada. El ambiente que se vivía en estas fechas en épocas pasadas lo resume el Boletín de Silos: “La Cuaresma. Pasó la Cuaresma con su acostumbrada serie de ejercicios piadosos, sermones, rosario, doctrina, calvario, interrumpida alguna vez por las pocas fiestas de esta epoca” (1).

Al igual que en muchos puntos de nuestra geografía, existe en la zona la creencia de que el Domingo de Ramos se debe estrenar alguna prenda de ropa, pues ello nos dará suerte para el resto del año. En el día de Ramos se bendicen las palmas y ramos que luego permanecerán en los hogares hasta el año siguiente como vigorosos símbolos de protección. Las celebraciones de este día no han sufrido variaciones con el paso de los tiempos. Aunque en la mayoría de las aldeas y pueblos comarcanos los actos del Domingo de Ramos no tienen la espectacularidad de Silos, su sentido y desarrollo son similares. Veamos, sin embargo, cómo narra el cronista del Boletín la celebración primera de la Semana Santa de Silos:

”La Semana Santa se presentó con todos sus conmovedores aniversarios. En el día de Ramos acudieron a la Iglesia los fieles para presenciar las dos extraordinarias celebraciones del día. Todos querían recibir del padre Abad las palmas y ramos y ostentarlos en la solemne procesión por el claustro. Todos querían oír también el canto imponente de la Pasión” (2)

Hasta los años 70 se guardaba una estricta regla de comportamiento durante los días centrales de la Semana Santa. Esta consistía en la prohibición de cantar, silbar, poner música y, en general, manifestar signos de alegría a partir de la tarde del Miércoles Santo hasta el Sábado de Gloria. En los hogares, estaba prohibido comer carne desde la tarde del Jueves Santo hasta la doce de la noche del Viernes Santo, recomendándose igualmente el ayuno (3).

El Miércoles Santo presenta en la comarca un muy escaso valor etnográfico en sus actos. Solamente destacaremos al respecto que en Silos ese día tiene lugar el canto de las Lamentaciones, tras las vísperas.

Los tres días centrales de la Semana Santa concentran, por el contrario, multitud de aspectos de interés para nuestros objetivos. Comencemos, pues, con el primero de estos días: el Jueves Santo. Durante la misa pontifical, en la cual comulgan las autoridades, y en el caso de Silos toda la comunidad monástica, se celebra en algunos pueblos el ritual del Mandato, en el que el oficiante lava los pies a trece personas del pueblo. En Silos, es el Abad quien ejecuta este acto de sumisión y humildad. El Boletín da cuenta del ritual en 1899.

“El Jueves Santo, la misa pontifical con la comunión Pascual de toda la Comunidad y las autoridades del pueblo, la procesión del Santísimo Sacramento y otra procesión por las calles en la tarde, y las visitas de día y noche al monumento. Por la tarde también el Mandato, en el que el padre Abad lavó los pies a trece pobres; no hubo sermón en la Iglesia, pero lo reemplazó uno de los pobres en el refectorio, después de la comida que se les sirvió, sorprendiéndonos muy agradablemente el tío Fernando Santamaría, que hacía de San Pedro, recitando de memoria toda la Pasión del Señor según San Juan, y otras varias cosas” (4).

En los estatutos de la cofradía de la Vera Cruz de Hacinas (1874) se reglamenta de forma muy rigurosa la celebración penitencial del Jueves Santo. El texto que presento a continuación ha sido recogido de la obra Hacinas: (5)

“El Jueves Santo, después de las tinieblas; todos los hermanos de disciplina se juntan en la casa de consejo con sus túnicas y azotes para ir a la procesión. Todos han de estar confesados y comulgados; visten una caperuza con un pequeño agujero para los ojos; tras el que ocultaban su identidad, una capa de áspero sayal negro sobre sus hombros y llevan descubiertas espaldas y riñones. Portan una disciplina, especie de madeja de hilo grueso semejante a la cola de un caballo para azotarse. Los hermanos de luz llevan teas para dar claridad a la negra oscuridad de la noche. Después de haber escuchado la plática de disciplina en la iglesia y precedidos de la imagen de Cristo de la Vera Cruz, salen hacia la ermita y siguen hasta Santa Lucia siguiendo las estaciones del Calvario, regresando al consejo, donde curan sus heridas con vino y sebo, toman una colación y regresan a la iglesia a dar gracias a Dios”.

El Viernes Santo, la aldea de Peñacoba, a principios de siglo, celebraba la Pasión de Jesucristo mediante una representación dramática del Descendimiento ejecutada por sus vecinos. La descripción de esta dramatización la he recogido del Boletín de Silos, correspondiente a 1905.

“Descendimiento de la Cruz en Peñacoba. Viernes Santo. Piadosa y conmovedora función del descendimiento. Tomaron parte unas 50 personas.

1ª parte. Despojaron al Señor de todos los instrumentos de la Pasión y descenderle del árbol de la cruz, para ir exponiendo todo ello a los pies de la Dolorosa y luego venerarlo.

2ª parte. Procesión. La abrían dos soldados romanos montados a caballo, y tras ellos los hebreos, los apóstoles; las catorce estaciones del Vía Crucis; Salomón, David y el anciano Abraham con cuchillo y juego en las manos e Isaac con un hacecillo de leña; luego un Nazareno cargado con pesada cruz y un grupo de penitentes, encapuchados y cubierto el rostro: la Fe, la Esperanza y la Caridad; el ataúd con el cuerpo del Señor, al que seguían las tres Marías.

3ª parte. Se recorren eras y calles, cantando cada grupo sus cánticos y los ministros del Señor el Miserere, hasta llegar al punto destinado para sepultura de Jesús” (6).

El Viernes Santo, día de la muerte de Jesucristo, se conmemora en la comarca a través de diversos actos. Aunque la práctica del Vía Crucis tiene lugar en algunos pueblos durante todos los domingos de Cuaresma, lo normal es que se celebre este día por la mañana. En algunos sitios, el calvario se encuentra en el interior de la iglesia o en sus alrededores y consiste en unas modestas cruces negras pintadas en los muros o columnas del templo. En otros pueblos, la categoría de los calvarios se ensalza mediante pequeñas esculturas que representan los diversos momentos que padeció Jesucristo en su conducción al monte donde seria crucificado. Hay pueblos, como Tejada, donde el Vía Crucis va “a parar” a una cruz blanca situada en la entrada del pueblo. Por último, en Silos el calvario se compone de unas notables cruces de piedra situadas alrededor de la ermita de la Virgen del Camino que se alza en un pequeño monte en el pago conocido como San Juan, a las afueras del pueblo. El Vía Crucis cantado por los vecinos de la comarca encuentra en su melodía sencilla un marco adecuado donde meditar sobre la Pasión de Jesucristo. Solamente he encontrado una versión del mismo que se corresponde con la tradicional de otras zonas de Castilla, por lo que no veo necesario transcribirla íntegramente.

En Silos, el Vía Crucis es coincidente con la procesión de la Carrera, aunque lo normal en la comarca es que dicha procesión se celebre la tarde del Viernes Santo, tras los oficios religiosos. La Carrera se desarrolla en todos los pueblos de manera similar: abre la procesión el párroco del lugar escoltado por los monaguillos; tras él, los hombres del pueblo, parte de los cuales llevan en andas la imagen de la Madre de Dios vestida de riguroso luto y la de su hijo Jesucristo. Cerrando la comitiva, desfilan las mujeres y niños. La procesión parte de la iglesia, recorre las principales calles de la población, desemboca en una era o lugar situado en las inmediaciones del pueblo y regresa al templo. El nombre de esta procesión proviene del principal canto que se entona durante la misma: los versos compuestos por Lope de Vega para describir la despedida de Cristo de su Madre Santísima. Durante su interpretación, un verso es cantado por los hombres y el siguiente por las mujeres. Junto a esta composición se cantan diversas canciones, algunas de ellas populares y muy arraigadas en la comarca. Por su belleza y expresividad, transcribo la titulada La Madre Dolorosa, igualmente original de Lope de Vega. Esta composición se cantaba la noche del Viernes Santo en Hacinas en un marco de antorchas y luminarias que potenciaban el dramatismo de sus versos. También la he podido escuchar en Silos y en Santibáñez del Val durante la procesión de La Carrera.

La Madre Dolorosa
La Madre estaba llorosa,
junto a la Cruz dolorosa,
do su buen Jesús pendía.
Y a su corazón amante,
el filo más penetrante
de aguda espada afligía.
¡Oh, qué triste, que angustiosa
la Madre de Dios estaba,
casi muerta de dolor!
¿ Quién no se contristaría
si contemplara a María,
testigo de su aflicción?
Por los pecados del mundo,
con dolor el más profundo,
vio a Dios bajo tal rigor.
Viole herido y azotado,
viole el más desamparado,
sin figura ni color.
Madre, pues, fuente de amores,
haz que sienta tus dolores
y no me aparte de ti.
Que ame a Jesús, y al amarle,
el querer siempre agradarle
sea mi objeto y mi fín.
Santa Madre, esto en mí hagas
de Cristo fija las llagas
en mi duro corazón.
Y que este Jesús tan santo
que por mí padeció tanto,
fije toda mi atención.
Haz que yo contigo llore,
que con Jesús sólo more
por toda la eternidad.
Y que estar siempre afligido,
llorando siempre contigo,
haga mi felicidad.
Virgen de vírgenes pura,
no para mí seas dura:
haz que comience a llorar.
Cargue en mí la triste suerte.
De Cristo la amarga muerte,
lloraré yo sin cesar.
Haz de su muerte mi vida,
de su hiel haz mi bebida,
mi remedio universal
Quede mi alma curada,
de amor de Dios inflamada,
por toda la eternidad.
Sea, pues, la cruz mi prenda,
arma que a todos defienda
del enemigo inmortal
Cuando nuestra vida acabe,
todo espíritu te alabe
en la Patria celestial.

La procesión del Santo Entierro, desaparecida en casi todos los pueblos de la comarca, es especialmente conmovedora en Hacinas. De Juan de Abdón conservamos una breve y meritoria descripción de la misma (7): “Al anochecer del Viernes Santo se celebra la procesión del Santo Entierro.

Un grupo de mozos, y algunos de los que lo fueron, se preparan a la salida de la iglesia para cantar las letanías de Lope de Vega a la Pasión de Jesucristo. Hasta los años cincuenta, aproximadamente, existía en la parroquia con cierto vigor, la cofradía del Santo Entierro, que promocionaba esta procesión.

Repartía a los cofrades velas de cera amarillenta, que llevaban encendidas durante la procesión. El presidente de la cofradía acompañaba al sacerdote durante la misma con una cruz de madera en la mano en forma de bordón.

Entonces, y ahora, desde el comienzo hasta el final de la procesión, se oyen vibrantes las voces recias de los mozos que van desgranando en dos coros alternativos las maravillosas letrillas, a la luz de las linternas, con esta reiterativa, solemne y bella melodía.

En el doloroso entierro
de aquel justo ajusticiado
que por culpas y no suyas
quiso morir en un palo.
Las campanas clamorean
de los sensibles peñascos,
que es bien que las peñas hablen
en tan lastimoso caso.
Viste el sol bayeta negra
y la luna, monjil basto,
capuces, la tierra y cielo,
que son del Muerto criados.
La noche cogió de luto
las paredes del Calvario,
y el templo pesar mostró
sus vestidos rasgando.
Las hachas son amarillas,
que los celestiales astros,
como vieron su luz muerta,
amarillos se tornaron.
Para amortajar el cuerpo
dio piadoso cortesano
de limosna una mortaja,
de su inocencia retrato.
Hizo la madre el acetre
de sus ojos lastimados,
derramando agua bendita,
el “Pater Noster” rezando.
Con olorosos ungüentos
ungen el cuerpo llagado,
de los vasos de sus ojos
mirra amarga destilando.
Llevan al difunto Dios
en los dolorosos brazos,
con lamentables suspiros
tristes lágrimas llorando.
Llegan al sepulcro ajeno,
y fue pensamiento sabio,
que, para sólo tres días,
basta un sepulcro prestado.
Alma, ven a las exequias
de Jesús, tu enamorado,
que yace por tus amores
muerto, herido y desangrado.
Mira sin luz a la luz,
sin vida, al que te la ha dado,
condenado, el Salvador
por salvar al condenado.
Mira aquestos rojos pies
y aqueste cuerpo azotado,
mira este rostro escupido
y este pecho, alanceado.
Yo te perdono mi muerte
como llores tus pecados,
que estoy para perdonar,
aunque muerto, no cansado.
Cesen ya las sinrazones,
alma, basta lo pasado,
que será hacer de tus yerros
otra lanza y otros clavos.
Acábense con mi muerte
tus culpas y mis agravios,
porque es ofender a un muerto
de corazones villanos.
De tus culpas y mis llagas
los dos quedaremos sanos,
si derramares sobre ellas
mirra de dolor amargo.
Alma, mis heridas cura
con este bálsamo santo,
y las tuyas, que tú hiciste,
las podrás curar llorando (8)

Los oficios litúrgicos del Viernes Santo destacaban por el acto final con el que concluían: las Tinieblas. Con la oscuridad de la noche, las Tinieblas consistían en apagar todas las luces del templo durante unos minutos y hacer sonar insistentemente las carracas. Esta impresionante imagen era rota cuando el coro de fieles y oficiantes entonaba el Miserere y el canto, en castellano, del Stabat. En este ceremonial del Viernes Santo también se adoraba la Santa Cruz. En Hinojar y algunos otros pueblos de la comarca, las celebraciones de este día contaban con una procesión denominada de los faroles, en la cual la comitiva era acompañada por la luz de las antorchas.

De la pequeña aldea de Hortezuelos, perteneciente al municipio de Silos, el Boletín de Silos nos ofrece una curiosa información etnográfica y sociológica sobre el desarrollo en ella de la Semana Santa.

“La Semana Santa en Hortezuelos. Todos toman la Bula de martes a domingo. Todos rezan el Rosario por la noche en familia, confiesan y comulgan.

Las funciones de tinieblas del jueves, viernes y sábado se realizaron con orden y recogimiento (9).

Jueves Santo. Durante los oficios se lavaron los pies a doce niños. El Viernes por la noche hubo la procesión del Santo Entierro con luces e iluminación de todas las casas, y a continuación las tinieblas. El Sábado santo, los fieles de este pueblo reciben el agua bendita y la beben en la iglesia con fe viva.

Allí está resuelta la cuestión social. No hay pobres porque no hay holgazanes, no hay borrachos ni escándalos. Es que los padres velan por sus hijos, y éstos suelen respetar a sus padres. Es que las autoridades velan y no se descuidan. Harmonía perfecta reina entre el Sr. Cura, el Sr. Alcalde y el Sr. Maestro. Desde hace veinte años que vivo en esta comarca he visto a tres curas en Hortezuelos: no he oído decir que haya habido la menor contienda entre el párroco y el pueblo (10).

Pero no he dicho todavía, amados lectores, la maravilla que encontré allí. Una cosa rara, que casi nunca he hallado en mi vida de 64 años, ni en Italia, ni en Francia, ni en España. He hallado un sacristán que sabe callar en la iglesia, que no habla sino (sic) en voz baja, no sólo con el señor Cura, pero también con los monaguillos (11). El sacristán Baltasar Moreno todo lo hacía en silencio y con esmero” (12) En Hortezuelos se conservan una serie de cantos propios de la Pasión que hasta la década de los 70 eran interpretados por las mozas del lugar a lo largo de los diversos oficios del Jueves y Viernes. En la actualidad, puesto que su memoria no se ha perdido, se cantan alguno de ellos si la presencia de mujeres es suficiente. Pude recoger algunas muestras de este repertorio en septiembre del año en curso gracias a la colaboración de la señora Juliana Camarero Andrés, su hija Isabel Alameda Carazo y una anciana señora de quien desgraciadamente no conozco su nombre.

Los Mandamientos
En breve quiero explicar
De la Pasión los excesos,
Y para mejor decir
Vamos por los mandamientos.
En el primero fue Judas,
cuando aquel manso Cordero
lo vendió por treinta reales;
luego le entregó en el huerto.
En el segundo, los judíos
en el huerto le prendieron
y con grande griterío
en la cárcel le metieron.
En el tercero, la Junta,
que de la Junta salieron,
manda que le crucifiquen
y que le azoten primero.
En el cuarto, a una columna
le amarraron como reo;
le dan cinco mil azotes
y lo demás que no cuento.
En el quinto, cantó el gallo
Cuando le negó san Pedro;
tirándole de la barba,
cien bofetadas le dieron.
Le sacaron a un balcón,
con púrpura y cañas puestas,
y una corona de espinas,
le pusieron en el sexto.
En el séptimo, la cruz
sobre sus hombros pusieron,
y como era tan pesada
con ella cayó al suelo.
En el octavo, el Calvario,
Cuando Simón Cirineo
le ayudó a llevar la Cruz
porque llegara más presto.
En el noveno, tres clavos:
ya están hechos los barrenos;
le clavan de pies y manos,
descoyuntando los huesos.
En el décimo, expiró
y vino Longinos luego,
y le dio una gran lanzada
y el costado dejó abierto.
Y de él salió sangre y agua;
tres días después de muerto
fue a sacar los Santos Padres
que estaban en cautiverio.
Si quieres saber, cristiano,
de estos diez mandamientos,
el doctor que los compuso:
fue Cristo, redentor nuestro.

De los Mandamientos existen versiones algo sensuales que, utilizando la misma estructura que el poema original, se entonan para ensalzar los amores de un joven hacia la moza por él pretendida. Una versión de este tipo de Mandamiento me fue recitada por un vecino de Hinojar:

Fulana, los mandamientos
aquí te voy a cantar.
Si los quieres aprender,
bien los puedes escuchar.
En el primer mandamiento
me mandan que yo te ame,
más que a mi vida te quiero,
aunque la vida es amable.
En el segundo he jurado,
con más de mil juramentos,
el no olvidarte jamás
ni sacarte de mi pecho.
El tercero es la misa.
Nunca estoy con devoción,
siempre estoy pensando en ti,
prenda de mi corazón.
En el cuarto he perdido
a mis padres el respeto:
sólo por hablar contigo,
en público y en secreto.
En el quinto no he matado
a ninguno, vida mía.
Si otro galán te gozara,
no se yo lo que le haría.
En el sexto no he gozado
mujer en toda mi vida.
Sólo te deseo a ti,
Prenda del alma mía.
El séptimo, no hurtar.
No he hurtado nada a nadie.
Sólo por venir a verte,
algunas veces a mis padres.
El octavo, no he quitado
la fama a ningún hambre,
y sólo a ti te he amado
por ese bendito nombre.
El nono, no he deseado
mujer en toda mi vida.
Sólo te deseo a ti,
prenda del alma mía.
El décimo, no deseo
de ninguno yo los bienes,
no hay bienes en este mundo
mejores que los que tienes.
Señora, estos mandamientos
están hechos para amar.
Si los quieres aprender,
los has podido escuchar.

Y esta otra, por Isidoro Alamo, El Rubio, labrador jubilado de Santibáñez del Val:

El primero, amar a Dios:
no le amo con devoción
sólo de pensar en ti,
prenda de mi corazón.
El segundo, no jurar:
yo juré más de tres mil juramentos,
todo por ver si me dabas
palabra de casamiento.
El tercero es oír misa.
No lo hago con devoción,
sólo estoy pensando en ti,
prenda de mi corazón.
El cuarto, honrar padre y madre:
el respeto les perdí,
el respeto y el cariño
sólo te los tengo a ti.
El quinto es no matar
a ninguno, vida mía,
pero si otro hombre quisieras,
entonces, no sé que es lo que haría
Señorita del balcón
quítese y póngase al centro,
que hace pecar a los hombres
en el sexto mandamiento.
El séptimo, no hurtar,
no quitarle nada a nadie,
pero a mí me la levanta
la criada del Alcalde.
El octavo, no levantar
falsos testimonios a nadie,
pero a mí me los levanta
la criada del Alcalde.
El noveno, no desear
a ninguna ajena mujer,
sólo te deseo a ti
y tú mismita has de ser.
Estos diez mandatos santos,
todos se encierran en dos:
que nos lleven a la iglesia
y nos den la bendición.

Los dos siguientes cantos, destacan por su patetismo y profundidad y por la riqueza léxica en ellos empleados. (13)

El Arado

El “Arado” contaré,
de piezas lo iré formando,
y de la Pasión de Cristo,
palabras iré explicando.
El dental es el cimiento
donde se forma el arado,
pues tenemos tan buen Dios,
amparo de los cristianos.
La cama era la Cruz,
Cristo la tuvo por cama,
y al que siguiese su luz,
nunca le faltará nada.
El trechero que atraviesa
por el dental y la cama,
es el clavo que penetra
aquellas divinas palmas.
La telera y la chaveta
ambas dos hacen cruz.
Consideremos, cristianos,
que en ella murió Jesús.
La esteva es el rosal,
donde salen los olores;
María coge olores
de su vientre virginal.
La reja era la lengua,
la que todo lo decía:
¡válgame el divino Dios
y la sagrada María!
El pescuño es el que apremia
todas estas ligazones;
contemplemos a Jesús,
afligidos corazones.
Los orejeros son dos,
Dios los abrió con sus manos,
y significan las puertas
de la gloria que esperamos.
Las vilorias son de hierro,
Donde está todo el gobierno;
significan la corona
de Jesús el Nazareno.
Las hijas eran las gotas
de sangre que iba sudando,
desde la casa de Anás
hasta el monte del Calvario.
El timón que hace derecho,
que así lo pide el arado,
significa la lanzada
que le atravesó el costado.
La clavija que atraviesa
por la punta del timón,
significa que traspasa
los pies de Nuestro Señor.
El barzán es la saeta
que clavaron al costado
y la correa el pañuelo
con que sus ojos taparon.
El yugo será el madero
donde a Cristo le amarraron,
y las sogas los cordeles
con que le ataron las manos.
Los frontines son de esparto,
se los ponen a los bueyes,
y al buen Jesús maniataron
con sus ásperos cordeles.
Los bueyes son los judíos
que de Cristo iban tirando,
desde la casa de Anás
hasta el monte del Calvario.
Los collares son las fajas
con que le tienen fijado.
Los cencerros los clamores
cuando le están enterrando.
La azuela que el gañan lleva
para componer su arado,
significa el martillo
con que remachan los clavos.
El gañán, el Cirineo,
él que a Cristo ayudaba
a llevar la Santa Cruz,
de manera tan pesada.
Las toparras que se encuentra
el gañán cuando va arando,
significan las caídas
que dio Cristo en el Calvario
El curso que el gañán lleva
por medio de aquel terreno,
significa el camino
de Jesús el Nazareno.
La semilla que derrama
el gañán por aquel suelo,
significará la sangre
de Jesús el Nazareno.
La hijada que el gañán lleva,
agarrada de la mano,
significará las varas
con que a Cristo azotaron.
El agua que el gañán lleva,
metida en el botijón,
significará las hieles
que le dieron al Señor.
Ya se concluye el “Arado”
de la Pasión de Jesús;
supliquemos a María
que nos dé su gracia y luz.
Ya se concluyó el “Arado”
de Cristo, Nuestro Señor,
que le han cantado las mozas,
Jueves Santo, en la Pasión.

La Baraja

Tú que juegas a las cartas,
nunca pienses en ganar.
Piensa en las cosas de Dios
y verás como te va.
Al principiar este juego,
yo considero en el As
que no hay más que un solo Dios
y en El no puede haber más.
En el Dos yo considero,
aquella blanca belleza,
que siendo el Verbo encarnado
sólo hay dos naturalezas.
En el Tres yo considero,
ésta si que es cierta y clara,
las tres personas Divinas
de la Trinidad Sagrada.
En el Cuatro considero
lo que veo desde lejos,
cosa que manda la Iglesia:
rezar los cuatro Evangelios.
En el Cinco considero,
y siempre considerando,
las cinco llagas de Cristo
de pies, manos y costados.
En el Seis yo considero,
como carta más hermosa,
la Muerte y Pasión de Cristo,
afligida y dolorosa.
En el Siete considero,
contemplo con alegría,
la Muerte y Pasión de Cristo,
los Dolores de María.
En el Ocho considero,
en el Arca de Noé,
aquellas ocho personas
que se salvaron con él.
En el Nueve considero
cuando la Virgen María
estuvo los nueve meses
en cinta y con alegría.
En el Sota considero
aquella mujer piadosa,
que con la toca limpió
a Jesús su cara hermosa.
En el Caballo contemplo,
corrido y avergonzado,
y privado de la gracia,
Adán caído en desgracia.
En el Rey yo considero,
contemplo cuál podrá ser,
siendo el Rey de Cielo y Tierra,
se ha obligado a padecer.
Las cartas de la baraja
ya las tengo explicadas,
y la Pasión de Jesús
no dejes de contemplarla.
Bien sabes tú que a los naipes
se juega de varios modos,
y en la Gloria que esperamos
¡allí nos veamos todos!

El Sábado de Gloria, aunque por la hora de su inicio habría que decir más correctamente el Domingo de Resurrección, tiene lugar el oficio más largo y variado de todos cuantos se celebran a lo largo de la Semana Santa: la Vigilia Pascual. La primera parte de esta Vigilia consiste en la bendición del fuego y la preparación del cirio pascual (14). Una segunda parte está compuesta por la liturgia de la palabra, que alcanza su momento culminante con el canto del Aleluya, silenciado durante toda la Cuaresma. Por último, la Vigilia finaliza con la bendición del agua bautismal y la bendición del Cordero Pascual. Una tierna descripción de este último rito la encontramos en el Boletín de Silos.

“Finalmente se bendijo el Cordero, el cual, bien adornado con flores y cintas, y bien amaestrado los días anteriores por uno de los hermanos, vino dócil hasta el pie del altar mayor, pasando por entre las filas de la gente, deseosa de verle” (15).

En la comarca es costumbre bautizar a los niños durante la celebración de la Vigilia Pascual. Esta práctica, no obstante, entraba en contradicción antiguamente con la premura que algunas familias se daban en bautizar a los recién nacidos que padecían alguna lesión o enfermedad grave.

“Antes no se esperaba al Sábado. No, porque había niños que morían al poco tiempo de nacer. Entonces, si la madre o el médico decían este niño no prospera, se miraba de bautizarlo cuanto antes. Si el niño moría y no había sido bautizado, se le enterraba en el otro cementerio, en el de los ahorcados” (16).

Las campanas anuncian el Domingo de Resurrección el final del duelo y luto de los días anteriores. En el pasado, los repiques y volteos se iniciaban a horas muy tempranas.

“La Pascua de Resurrección. Desde las dos de la madrugada, la sonora voz de las campanas saludaban la gloriosa Resurrección del Señor y convocaban al pueblo a la iglesia para andar otra vez el Vía Crucis; cuyo piadoso ejercicio se concluía cuando llegaban los monjes al coro para Maitines a las cuatro. A las nueve y media se celebraba la Misa Mayor” (17).

El Domingo de Resurrección cuenta en la comarca con una bella procesión, denominada del Encuentro de Jesús con su Madre, que pone punto y final a las celebraciones de la Semana Santa. En la procesión, las mozas solteras del pueblo entonan una larga serie de coplas que anuncian a los fieles por la buena nueva y describen la alegría general de esta jornada. He podido contemplar esta procesión en Hacinas y recoger el texto íntegro de las coplas en Hortezuelos.

Albricias de Pascua

(Hacinas)
¡Oh, qué mañana de Pascua!
¡Oh, qué mañana de rosas!
¡Oh, que mañana de Pascua
ha amanecido, señoras!

No merecen ser de piedra,
Señora, vuestros caminos.
No merecen ser de piedra
sino de diamantes finos.

Mírale por donde viene
el Redentor de las almas,
todo vestido de blanco
con una banda encarnada.

¡Oh, qué gozo y qué contento!
Jesús viene hacia su Madre
a desechar la tristeza
que su corazón deshace.

Por allí viene Jesús
a visitar a su Madre.
Dejadle paso, cristianos,
y no impidáis que se abracen.

Hagan anchura, señores,
que pase el Verbo Divino
a saludar a su Madre,
que hace tiempo no se han visto.

Qué mañana tan alegre,
Jesús ha resucitado,
y con su angustiada Madre
en la calle se ha encontrado.

Quítale ese velo negro
a la Sagrada María;
quítale ese velo negro
y ponle el de la alegría.

Quítale ese manto negro
porque el luto ya ha pasado,
y no es justo que lo lleve,
pues su Hijo ha resucitado.

Regina coeli laetare
han cantado en las alturas;
también nosotras cantamos:
Regina coeli, aleluya.

Regina coeli laetare
aleluya, hemos cantado,
albricias, Virgen bendita,
que tu Hijo ha resucitado.

(Al coger las andas)

Levanta el vuelo, paloma,
de estas andas de madera;
levanta el vuelo, paloma,
vayamos hacia la iglesia.

(Al comenzar a andar)

Marchemos todos ahora,
marchemos todos al templo,
todos en gracia de Dios,
con alegría y contento.

Qué contentos pueden ir
Los jóvenes de este pueblo,
porque llevan en sus hombros
al Hijo del Padre Eterno.

Qué contentas pueden ir las
jóvenes de este pueblo,
porque llevan en sus brazos
a la Reina de los cielos

(Al llegar a la iglesia, antes de la procesión)

Ya hemos llegado a tus puertas
y de ellas no pasaremos,
si no nos da su permiso
esa Reina de los cielos.

Ya nos ha dado el permiso
esa Reina soberana
para entrar en su aposento
y llegar hasta sus plantas.

(Al tomar agua bendita)

Al tomar agua bendita,
lo hacemos con intención
de borrar nuestros pecados
con la mayor devoción.

(Al llegar ante la Virgen)

Hinquémonos de rodillas
ante esta imagen sagrada,
recemos una oración
para bien de nuestras almas.

¡Oh, qué triste está la Virgen!
¡Oh, qué triste y afligida!
Para hacer que se contente,
démosle los buenos días.

Ya estamos en tu presencia
y ya hemos visto tu trono
A tu hijo soberano
los días le damos todos.

(Al comenzar la procesión)

Salgamos todos del templo
con gozo y con alegría,
con Jesús salen los hombres,
las mujeres, con María.

Ya se han marchado los hombres
con Jesús el Nazareno.
Las mujeres, con María,
busquemos a su Hijo eterno.

(Fuera de la iglesia)

Esas lágrimas tan tiernas
que viertes por esos ojos,
quisiéramos recogerlas
y ponerlas en nosotros.

Ya repican las campanas
un melodioso clamor,
anuncian con alegría
que ha resucitado Dios.

¡Oh, qué mañana de Pascua!
¡Oh, qué mañana de rosas!
¡Oh, que mañana de Pascua
ha amanecido señoras!

(Al llegar a la iglesia, después de la procesión)

Estas puertas son de pino,
merecerían ser de oro,
pues por ellas sale y entra
este pimpollito hermoso.

(Dentro ya de la iglesia)

tengan muy felices pascuas
el señor cura el primero,
señores Alcalde y Juez
y todo el Ayuntamiento.

Tengan muy felices Pascuas
el público en general,
y los hijos de esta villa
de una manera especial.

Salga el señor cura, salga,
salga de la sacristía
a decirnos una misa
que así lo requiere el día.

Salga el señor cura, salga,
salga vestido de gala
a decirnos una misa
esta mañana de Pascua.

(Terminado el Evangelio)

Le damos los buenos días
al señor predicador.
Dios le dé salud y gracia
para decir el sermón.

(Al terminar el sermón)

Le damos la enhorabuena
al señor predicador,
que en esta villa de Hacinas
ha quedado con honor.

(Al terminar la misa)

Damos gracias infinitas
a Cristo, Rey inmortal,
ya que terminó la misa
con toda felicidad.

(Despedida)

Mis compañeras me dicen
que eche yo la despedida.
Yo les digo que no puedo
Despedirme de María.

Mis compañeras me dicen
que eche yo la bendición.
Yo les digo que no puedo
despedirme del Señor.

Adiós todos, adiós todos.
Adiós que nos retiramos.
A la Virgen y a su Hijo
en el templo los dejamos.

Coplas para el Encuentro de Jesús con su Madre (Pascua de Resurrección)

(Hortezuelos) (19)

Entrad, compañeras mías,
entrad, si queréis entrar,
que aquí esta la Capitana
que venimos a adorar.

Tomamos agua bendita
mis compañeras y yo.
Hinquémonos de rodillas,
pidamos a Dios perdón.

En la casa de Dios entro,
donde Dios hizo morada,
donde está el cáliz bendito
y la hostia consagrada.

Consagrada está la hostia,
Consagrado está el altar,
consagrada está la losa
donde nos vamos a hincar.

Salga, salga señor cura,
Salga de la sacristía,
a echarnos un aspergus
y también un aleluya

Cojamos cuatro doncellas
estas andas con cuidado,
para llevar a María
en busca de su Hijo amado.

Ya repican las campanas,
ya sale la procesión,
ya sale la cruz de plata
y el encarnado pendón.

Levanta el vuelo, paloma,
de esa mesa celestial;
levanta el vuelo, paloma,
daremos la vuelta al lugar.

Estas puertas son de pino,
merecían ser de plata,
que por ellas entra y sale
esta palomita blanca.

¡Oh, qué doncella es la Virgen!
¿A dónde la llevaremos?
Hasta la plaza del pueblo,
donde a su Hijo encontraremos.

Ya no se conocerán
María con Jesucristo;
ya no se conocerán,
días ha que no se han visto.

Mírale por donde viene,
el Redentor de las almas;
viene vestido de blanco,
trae banda colorada.

Por allí viene Jesús,
aquí traemos su Madre;
hagan anchura, señores,
que pasen a visitarse.

Quita el luto mayordoma,
que es un luto muy pesado;
y no es digno que lo lleve,
que su Hijo ha resucitado.

¡Oh, qué mañana de Pascua!
¡Oh, qué mañana de flores!
¡Oh, qué mañana de Pascua
ha amanecido, señores!

Las Pascuas al señor cura
se las debemos de dar;
a la señora Justicia
y a to el pueblo en general.

Tengan muy felices Pascuas
el señor cura el primero,
alcalde, autoridades,
recibidlas todo el pueblo.

Afuera, afuera, señores,
afuera de la Carrera,
que la Sagrada María
se quiere pasear por ella.

Pascua de Resurrección,
Pascua de grande alegría,
Todas las aves del cielo
dan las gracias a María.

Pascua de gran alegría,
Pascuas de resurrección,
todas las aves del cielo
dan las gracias al Señor.

¡Oh, quién fuera tan dichosa!
Como son esas casadas,
regalaría a la Virgen
un collar de esmeraldas.

¡Oh, quién fuera tan dichosa!
Como son esas doncellas,
regalaría a la Virgen
un ramillete de perlas.

Cansada y rendida vengo
de subir la cuesta arriba,
pero vengo enamorada
de ver la Virgen María.

Estas puertas son de pino,
deberían ser de oro.
Que por ellas entra y sale
Jesucristo glorioso.

Ya hemos salido de misa
y comulgado también;
Dios nos dé salud y gracia,
y después la gloria, AMEN.


En muchos pueblos, el día de la Pascua se bendecían los huevos pascuales pintados de llamativos colores. También, las jóvenes que participaban en la procesión del Encuentro ofrecían una cima de rosquillas a la Virgen que luego rifaban entre los vecinos del pueblo tras la venta de unas papeletas.

El culto a los muertos

Hemos podido constatar a lo largo de la investigación cómo el recuerdo de los vecinos muertos está presente en la mayoría de las celebraciones que tienen lugar en los pueblos de la comarca. Esta especial rememoración de los difuntos en la comarca se acentúa y magnifica en diversos rituales y fechas que voy a exponer en las próximas páginas.

Sin embargo, antes de emprender este cometido, conviene también hacer referencia al tratamiento que reciben por parte de la religiosidad popular los fenómenos de la agonía y la muerte.

Cuando un vecino se encuentra en una fase terminal de la enfermedad que le conducirá en breve a la muerte, la religiosidad cristiana recomienda una serie de acciones devotas para su alivio y consuelo. En la mencionada obra del padre Claret se indican cuáles, cómo y cuándo se han de administrar. Cotejadas todas ellas con la opinión de los vecinos de la comarca, no encontré en ellos disconformidad alguna con las palabras de Claret.

“Se ha de procurar que cerca de la cama del enfermo haya imágenes de Jesús crucificado y de María Santísima; y también un poco de agua bendita, para poder rociar alguna que otra vez su cama y su aposento (20).

Cuando el enfermo se halla muy malo, se procurará llamar a algún sacerdote para su consuelo y alivio; y si esto no es posible, a lo menos alguno de los asistentes debe dirigirle alguna breve pero fervorosa jaculatoria, pues así como en lo corporal se le asiste con alguna cucharadita de cordial y medicina; así conviene se le asista con alguna jaculatoria, sin cansar al enfermo.

Al tiempo de las jaculatorias, parientes y amigos se hincarán de rodillas delante de la Virgen y rezarán el Santo Rosario y las Letanías.

No se olviden los albaceas de cumplir las disposiciones testamentarias” (21) El inminente fin de la vida de una persona se adivina en la comarca por una serie de señales inequívocas del fatal desenlace. Las manifestaciones de una muerte próxima son muy numerosas y la siguiente relación es sólo un resumen de las más citadas en los pueblos del espacio comarcal de Cervera.

Señales de la muerte próxima

Cuando falta el pulso o está intermitente. Cuando el enfermo tiene la respiración dificultosa. Cuando sus ojos están hundidos y vidriosos o más abiertos que de costumbre. Cuando su nariz está afilada y blanquecina en la extremidad. Cuando sopla como un fuelle. Cuando tiene el rostro pajizo, cárdeno y amoratado. Cuando tiene la frente bañada en sudor. Cuando su cuerpo coge las hilachas y pelusillas de las sábanas. Cuando se le enfrían las extremidades.

Señales de muerte inminente

Cuando el enfermo tiene una respiración lánguida. Cuando le rechinan los dientes. Cuando le sobreviene una destilación a la garganta. Cuando emite un breve y débil gemido o suspiro. Cuando una lágrima le sale por sí misma y recorre su rostro. Cuando tuerce la boca, los ojos y todo el cuerpo. Cuando aúllan los perros de la casa.

Cuando la familia del moribundo supone que el enfermo va a morir en breve, solicitan del párroco su presencia para administrar al agonizante la extremaunción. Durante el recorrido del sacerdote, con el viático y la extremaunción, hacia la casa del desahuciado, el sacristán de la parroquia realizaba el toque denominado de comunión de enfermos. Cómo se efectuaba este volteo nos es explicado por Lázaro de Miguel, sacristán y campanero de Hacinas:

“Se anunciaba con un largo repiqueteo de campana y se terminaba con fuertes campanadas al mismo tiempo” (22)

Cuando se producía el fallecimiento se tocaba a difunto. El mismo sacristán de Hacinas nos describe este toque:

“Este toque se ejecutaba con una campana pequeña a media vuelta y con un intervalo de segundos entre el sonido del medio volteo y la campanada de la mayor para que se oyera el tin-tan. Si el enfermo era hombre, tres clamores y si era mujer, dos, terminándose con tres badajazos para los hombres y dos para las mujeres con la campana mayor” (23).

En Santibáñez del Val, y en todos aquellos pueblos que contaran con la Cofradía de la Vera Cruz, “cuando moría un cofrade, sus hermanos recorrían las calles del pueblo haciendo sonar una campanilla y dando cuenta al vecindario del fallecimiento y de la hora del entierro” (24).

Las campanas de la parroquia avisan al vecindario del momento en que habrían de iniciarse los funerales y el entierro del finado. En esta ocasión, la información proviene de Román Alamo, encargado de los toques de campana en Silos:

“Los entierros se anuncian con media vuelta de la campana pequeña, luego un volteo del esquilín y se termina con un clamor. Cuando el muerto era pequeño, menor de siete años, se tocaba los esquilines con un repiqueteo muy especial, muy acompasado”.

Tras los actos religiosos en la iglesia, todo el vecindario, o al menos un representante de cada casa, acude al cementerio donde se habrá dar sepultura al cadáver. Durante el trayecto, se entonan diversos cánticos religiosos oportunos para el momento.

No faltan en este sombrío apartado de la vida comunitaria las bromas propias que la cultura popular sabe imaginar para quitar dramatismo a los hechos o para lanzar su mordiente crítica a los estamentos privilegiados de su sociedad. Las siguientes palabras son de Lucio, nuestro ya citado pastor de Silos:

“Cuando se moría un hombre.., cuando iba yo a eso, de monaguillo a los entierros, decía el cura, si el muerto era pobre:

Quitáimele de delante
a este calamitatis.
Quitáimele cuanti nantis.

Y luego de que se moría un rico, nos parábamos tres o cuatro veces:

Detenímele, detenímele,
Que suelte, que suelte,
Que ese buena bolsa tiene”.

Los entierros de aquellas personas muertas en pecado, generalmente suicidas, o de los párvulos que no pudieron recibir el bautismo, se realizaban en un lugar aparte del resto de las sepulturas cristianas o, incluso, en un cementerio independiente al religioso. Este hecho lo recuerda Antonio Fernández, juez de paz de Silos:

“Antes en Silos había dos cementerios. El normal y el de los ahorcados que decíamos. En este se enterraban a los que morían en pecado, gente que no recibía los sacramentos porque eran suicidas o habían rechazado la extremaunción. También se enterraban ahí a los niños que no tenían el bautismo porque morían de seguida. De estos había muchos. Antes moría la gente como las moscas. Basta que llegara una gripe o un sarampión y ese año había a al menos 20 entierros. Yo creo que antes sentíamos menos la muerte que ahora porque estábamos más acostumbrados a ella”.

La muerte es valorada de forma muy cabal y sobria por los vecinos de Silos y su comarca. En primer lugar, el sentir popular reconoce el carácter inevitable de la muerte:

La muerte a nadie perdona
Para todo hay remedio, menos para la muerte (25).

Por esta razón, cualquier sentimiento de temor ante ella es reprobado por el refranero:
La muerte, ni buscarla ni temerla
Quien teme la muerte no goza la vida
Comer bien y cagar fuerte y no tener miedo a la muerte (26).

Como si de un Jorge Manrique se tratara, el parecer popular considera la muerte como el mejor ejemplo de la igual condición de los seres humanos:

En el nacer y en el morir todos somos iguales,
aunque no sea en el vivir
La muerte todo lo iguala, todo lo barre y todo lo ataja (27).

Los entierros en la comarca son momentos para la comensalidad. Como ocurre en otros muchos lugares de la ruralía española, durante el velatorio y al finalizar los rituales de defunción, la casa del difunto dispensa diversas bebidas y alimentos a las personas que participan de modo más directo en los actos funerarios (28). No he podido constatar en la actualidad la presencia de plañideras. En el pasado, tampoco los informantes recuerdan esta figura como la de una profesional del llanto; si tienen memoria de ciertas personas que por su especial sensibilidad y vinculación con el muerto destacaba más en su dolor que el resto de los afectados por el suceso.

Los formulismos de los entierros han debido variar poco en el tiempo. En líneas generales, así se desarrollan sus principales actos. La noche en que acontece el óbito, se vela el cadáver. En la casa está presente la familia nuclear y por la estancia donde descansa el fallecido pasan los vecinos y familiares, durante un espacio de tiempo variable, a rendir el último homenaje al cuerpo del familiar/amigo/vecino. Al día siguiente, tras el toque a entierro, sale la comitiva fúnebre de la casa. En ella van los parientes y amigos más allegados del difunto, mientras que en la puerta de la iglesia espera el resto de la asistencia. Es costumbre santiguarse y descubrirse ante el paso del féretro. Terminada la ceremonia religiosa, la comitiva se traslada al cementerio y se da tierra al fallecido. Luego, la familia más directa se recoge en su vivienda y uno o dos representantes de la misa, esperan en la entrada del cementerio o en el zaguán de la casa a recibir el pésame y las condolencias del vecindario. Este es un ritual importante porque en el se deja constancia de “que tu familia ha asistido al entierro” (29).

El luto es una costumbre que persiste entre las personas de mayor edad, especialmente entre las mujeres. Las nuevas generaciones son menos propensas a vestir de negro durante mucho tiempo y, en cierta formar, con su actitud, no hacen más que refrendar la precisión del siguiente refrán:

Camisa y toca negra, no sacan ánima en pena (30)

En fin, la muerte, aun la de los seres más queridos y allegados, termina por mitigar, con el paso del tiempo, el dolor padecido por los vivos:

El muerto al hoyo y el vivo al bollo
Los muertos y los idos, pronto caen en el olvido (31)

Los casos de enterramientos de personas vivas son infrecuentes en la comarca. Lucio, de Silos, y Modesto, carbonero jubilado de Santibáñez del Val, entre bromas y veras, relataron durante una alegre comida algunos episodios de estos sucesos y de apariciones de difuntos. Esta es toda la etnografía que he podido documentar, puesto que tales temas son muy difíciles de tratar, en conversaciones fugaces, entre la gente de la comarca.

“Lucio. - Dicen que le llevaban, que ya allegaba (risas), que ya le iban a meter, da con las manos p’arriba (risas más escandalosas de ambos), ¡me cago en diez, estaba vivo! Oye, en Retuerta creo que había una, bueno, tú lo habrás oído.

Modesto.- En Retuerta había una que la llamaban la Resucitada. Entonces las llevaban encima de en una manta, así que se podían escapar más pronto (risas). Si la meten en una caja, no sale, porque la caja está fuerte y clavada...

Lucio.- A uno de Contreras que le llamaban el Joaquín, el Jicarín, a ese ya le llevaban, ya le habían metido, hasta que dio también aviso. Eso sí, eso es verdad, eso sí que lo sé yo. Luego duró un mes o más.

Modesto. - Algunos dicen que le llevaban..., y como les ponen tripa arriba, pues creo que aruñó la tabla, estuvo aruñando la caja, se quería escapar...

Lucio. - Y luego está el caso de ese manco, el marido de la tía Churra. A ese se le apareció un muerto de Mamolar, dos veces, dicen, que se le apareció.

Modesto.- Es que él era algo pariente de ella”.

El culto a los muertos tenía en el pasado una importancia relativamente mayor que en la actualidad (32). Baste mencionar el toque de ánimas diario para constatar la veracidad de esta afirmación.

“Todas las noches, media hora después del toque de oración o del Angelus, en la torre de San Pedro, se oye un clamor, y no hay familia que no rece un Padrenuestro o un De profundis” (33)

En algunos pueblos me han informado que este toque tenía además otra función más práctica:

“El toque de ánimas era a las doce de la noche. Se hacía con la campana pequeña a media vuelta y servía también para orientar a alguien si se había perdido” (34).

Junto a esta manifestación colectiva del tributo a los muertos, en la comarca existe la costumbre de honrar de forma privada la memoria de los familiares fallecidos. Las misas de aniversario y el encendido de velas en los templos parroquiales son las formas más usuales de llevar a la práctica este culto particular. También, como demuestra la narración siguiente, se ofrece alguna oración duración la misa dominical (35).

“Había una familia, la de éste, la del Domingo, el alguacil, que todos los domingos ofrecían públicamente un Padrenuestro en misa, en memoria del difunto Norberto. El Norberto era pastor, ¿sabes?, y una noche le salió el lobo, ahí en la Majada La Casa. Así que el Norberto se subió en una encina y se ató con el cinto a una rama, la más gruesa. El lobo se fue, pero al rato vino la manada entera. Yo no sé si por frío o por ahuyentar a los lobos, pero dicen que el Norberto encendía de vez en cuando una cerilla, no sé... El caso es que el miedo que debió pasar el Norberto fue de cuidado. Y claro, para pasar el rato que quedaba hasta el amanecer, se puso a rezar y se encomendó a las Benditas Animas, haciendo la promesa de que si salía con bien de aquella, todos los días festivos pediría a los fieles que le acompañaran en su rezo por las ánimas. Bueno, pues llegó el día y los lobos se retiraron de allí, de adebajo de la encima, y el Norberto volvió al pueblo, ¿ya ves cómo, no? Y cumplió la promesa toda su vida. Y después de él sus hijos. De eso me acuerdo yo. Se levantaba uno, al acabar la misa, y decía: “Un Padrenuestro en favor de las Benditas Animas del Purgatorio, por amor de Dios”. Ese también lo hizo hasta que se murió. Ahora, no. Ahora ya se ha perdido eso “ (36)

En Hortezuelos, pude recoger este bello canto alusivo a las ánimas del Purgatorio. Lo recitó la señora Juliana Camarero.

El Reloj

(Canto alusivo a las Animas del Purgatorio)

Estad atentos, mortales,
para poder explicar
el Reloj del Purgatorio
cuando las horas va a dar.
A la Una, entre llamas,
dicen con grandes tormentos:
‘Por favor de Dios, siquiera,
récenos un padre nuestro’.
A las Dos todos rogamos
a la Reina celestial
porque dos ánimas saca,
el sábado, cuando dan.
A las Tres, entre tormentos,
dicen con ayes profundos:
‘Por aquellas tres Marías,
rogad a Dios en el mundo’.
Cuando el reloj se prepara
para las Cuatro tocar,
a los cuatro evangelistas
por las ánimas rogad
A las Cinco contemplando
de Jesús las cinco llagas,
a la Virgen van rogando
que las saque de las llamas.
A las Seis, por las velas
que alumbraron al Señor,
le piden a Jesucristo
les saque de aquel ardor.
A las Siete contemplando
de María los dolores,
a la Virgen van rogando
les saque de esos ardores.
A las Ocho están metidas
las pobres en hondos pozos,
pidiéndole a Jesucristo
por aquellos ocho gozos.
A las Nueve todas piden
a María con decoro
las saque de aquel incendio,
por aquellos nueve coros.
A las Diez todas padecen
grandes penas y tormentos,
sólo por no haber guardado,
de Dios; los Diez Mandamientos.
Once mil vírgenes fueron
coronadas de laurel,
a las Once las pedían
las saquen del padecer.
A las Doce todas piden,
al divino apostolado,
rueguen los doce por ellas
a Cristo crucificado.
Todo cristiano piadoso
ha de tener en memoria
el Reloj del Purgatorio,
pidiéndole a Dios la Gloría.

La culminación de los rituales de difuntos se produce en el mes de noviembre, mes consagrado a las Animas del Purgatorio. El acto central de este mes lo constituye la conmemoración de las fiestas de Todos los Santos y de Los Fieles Difuntos, los días 1 y 2 de noviembre. En la noche de uno a otro día, la campana de las ánimas tañía incansable hasta llegar el alba (37). Son muchos los informantes que recuerdan haber realizado esta función en algún momento de su vida. En Silos, algunos vecinos recuerdan vagamente la figura de un campanero que murió durante el ejercicio de su piadosa función. Quise verificar este hecho de forma más documentada y, de nuevo, encontré respuesta a mi curiosidad en el Boletín de Silos. El relato no tiene desperdicio.

“Dichoso por cierto aquel vecino de Silos, hoy socio perpetuo de nuestra Cofradía, merced al amor filial de uno de sus hijos: dichoso sí, aquel que, habiéndose encargado de tocar por las ánimas, y habiéndolo practicado fielmente durante años, murió de repente en la misma torre, mientras estaba tocando por última vez a la oración. ¡Cuánto habrán rogado por él aquellos difuntos a quienes procuró tantas oraciones!

La muerte de un devoto de las Animas. En Silos existe la piadosa costumbre de tocar por las Animas. Al anochecer tocan a las Ave María; es el toque del Ángelus, o de la oración. Pero como media hora después, en el silencio de la noche, se oyen otros golpes lentos y prolongados de la campana: es el toque que dan las Animas, el que repite a los cristianos: ‘acordaos de vuestros difuntos’, y en todas las casas, hasta en la taberna, se reza por ellos un Pater Noster.

Antes esta costumbre existía en todos los pueblos. En Silos se conserva todavía, y no falta quien se encarga, sin retribución alguna, de subir a la torre de San Pedro para dar este clamor todas las noches.

Un humilde pastor, Ildefonso Martínez, cumplió durante muchos años este acto de piedad para con los difuntos, mientras su esposa, la tía Mónica, se encargaba de subir diariamente a la ermita de Nuestra Señora del Camino, para encender la lámpara de la Virgen. Ildefonso volvía del campo, a veces cansado, rendido, a veces mojado por las lluvias y nieves, con grandes ganas de descansar. Sin embargo, nunca se echó en la cama sin haber rezado antes el Santo Rosario con su familia, y sin haber subido a la torre de San Pedro a tocar por las Animas.

La noche de Animas, subió Ildefonso como de costumbre a su piadosa tarea; dio tres o cuatro campanadas, y cesó el toque. Después de un rato, al notar que no seguía tocando, la tía Mónica subió también a la torre, y encontró a su marido muerto junto a las campanas. El buen campanero de las Animas había entregado su alma a Dios en el acto de ejercer su oficio de caridad ¿Quién podrá dudar de que aquel que por tantos años había practicado la caridad para con los difuntos, haya alcanzado también misericordia en su día? Después del marido, la mujer, mientras pudo, Siguió tocando por las Animas, y ahora la tradición que de sus padres heredaron la continúan los hijos “(38)

Para paliar el dramatismo de este episodio, presento a continuación dos informaciones que contrastan con la gravedad del texto anterior. La primera proviene del señor Juan Martín Cebrecos, sacristán de Santibáñez. La siguiente me la proporcionó Lucio Puente.

“Si, se tocaba toda la noche. Pero aquello era más una fiesta que un duelo. Subía los mozos, los que entraban en quintas ese año, bien cargados de vino. Algunos años aquello era un desmán..., claro, a alguno no le sentaba bien la bebida y claro, imagínate cómo tocaba ese las campanas.

“Mi tío fue campanero de las ánimas muchos años. Y el hombre, pues ahí, toda la noche solo, pues se debería encontrar algo solo. Entonces dicen que llamaba a su mujer, con las campanas, ¿eh?, la llamaba así:

Pla-ci-da, ven.
Pla-ci-da, ven”.

Las cofradías de Animas han existido en casi todas las poblaciones de la comarca hasta hace escaso tiempo. Esta institución se encargaba de velar por el cumplimiento de los ritos hasta ahora estudiados y era quien organizaba la Novena de las Animas. Las cofradías de Animas, a parte de sus cometidos religiosos, eran instituciones económicamente muy poderosas. Si recordamos el episodio del padre Moreno y el cura Merino, podemos dar constancia de este hecho. En este mismo relato, señala García Gallardo:

“Los bienes de las cofradías de Animas eran muy corrientes por estas tierras de Castilla. Con sus rentas se aseguraban sufragios por las almas de los fieles difuntos cofrades, consistentes en toda clase de frutos, especialmente de granos y vino” (39).

La Novena de Animas tenía lugar del 2 al 10 de noviembre. En Silos, el último día de la misma se celebraba la procesión de Los Responsos por las naves de la iglesia parroquial. En Peñacoba, la Novena y el ritual de la noche de Animas debieron ser especialmente interesantes desde el punto de vista etnográfico.

“En Peñacoba, aldea de Silos, el nuevo párroco hizo el novenario con grande alegría y concurrencia de sus feligreses. Estableció también el celoso párroco, a imitación de lo que se practica en otras comarcas; la conmovedora costumbre de cantar el Padre Nuestro en las troneras de la torre, en la noche de Animas, alternado cada petición del Padre Nuestro con un clamor de campanas.

Una piadosa y cristiana tradición dice que los Angeles vuelan alrededor de los campanarios, al toque de Animas, y llevan a los oídos de los fieles los ayes de los difuntos, abrasados por el fuego purificador.

En Peñacoba los Angeles habían tomado la voz de los hombres, para llegar sensiblemente a conmover los corazones. Se encendió mucho la devoción de estos buenos cristianos, y en ese pueblo de corto vecindario se alistaron pronto cuatro coros de diez socios” (40).

Durante el Novenario se entonaban diferentes salmos y oraciones relativas todas ellas a los difuntos y a su salvación. De entre todas ellas, destaca por su desgarrador sentimiento el siguiente Lamento de Animas (41).

Lamento de Animas

(Novena de las Animas)

Romped mis cadenas,
alcanzadme libertad
¡Cuán terribles son mis penas!
Piedad, cristianos, piedad.
Una chispa que saliera
de este fuego tenebroso
montes y mares, furioso,
en un punto consumiera.
Ya que podéis estas llamas,
compasivos apagad
¡Cuán terribles son mis penas!
Piedad, cristianos, piedad

Falta, por último, señalar las celebraciones propias del día de Todos los Santos. En la actualidad, los vecinos de la comarca acuden a la misa del día y, tras ellas, bien de forma privada en algunos pueblos y aldeas, bien de forma conjunta, en procesión, en otras poblaciones, se procede a la visita del camposanto (43). Allí y ante las tumbas de los familiares difuntos, previamente adecentadas, se renuevan las flores que adornan las sepulturas y se ora por el descanso y la salvación de los muertos de la comunidad.

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NOTAS

(1) Boletín Mensual de la Cofradía de Animas Benditas de Silos, bajo el patrocinio de María Santísima y Santo Domingo de Silos, establecida en la iglesia abacial del Real Monasterio BeAZnedictino de Santo Domingo de Silos, Imprenta de Juan Encina, Burgos, Tomo III, Años 1900-1901, nº 10, Agosto, 1900, p. 191.

(2) Boletín de Silos, op. cit., Tomos I-II, Años 1898-1900, p. 163.

(3) “Ayuno, ayuno no, pero si comer cosa de poco: unas acelgas o una tortilla. ¿ Otras prohibiciones? Hombre, no cantar ni reír” (Ignacio Martín, jubilado de Silos). La señora Lucía Palomero Nebreda, varias veces citadas en el trabajo presente como informante de primer orden, me proporcionó una hoja divulgativa que señalaba las obligaciones que debía seguir los fieles en esta materia. El texto, titulado Advertencias, tiene fecha de 1921 y dice lo siguiente: “Abstinencia: no comer carne ni caldo de ella, y en los sin abstinencia se puede tomar carne y caldo de carne, y también pescado y mezclarlo en la misma comida.

Ayuno (con o sin abstinencia): se puede condimentar con manteca, tocino y manteca de tocino o cualquier otra grasa. También se pueden tomar huevos; leche y lacticinios.

Para disfrutar de estos privilegios es necesario tomar el Sumario general de la Cruzada y el Indulto singular de carnes, pero los pobres están dispensados”.

(4) Boletín de Silos, op. cit., Tomos I-II, Años 1898-1900, p. 165.

(5) Roberto Alonso Olalla, Hacinas, Edición del Autor, Navarra, 1995, pp. 67-68.

(6) Boletín de Silos, op. cit., Tomo VII, Años 19O4-19O5, p. 229.

(7) Abdón de Juan, El folklore de Hacinas, Coculsa, Madrid, 1985, pp. 175-179.

(8) Esta canción se entona en otros muchos pueblos de la comarca, si bien fuera de la mencionada Procesión del Entierro.

(9) Esta aclaración sobre la función de Tinieblas hace suponer que no siempre se respetaba el momento que implicaba la oscuridad reinante y que algunas personas, amparadas en el anonimato, podían dedicarse a romper la solemnidad del momento. Recabando información al respecto, Lucio Puente, pastor de Silos, me dice lo siguiente: “Alguno, alguno sí había. Algunos, cuando llegaba en eso de las tinieblas, pues hacían monerías o daban gritos como de pena, pero así en plan de guasa”. El testimonio es sumamente interesante pues guarda estrecha relación con un tipo de cultemas judíos que Jiménez Lozano, en su obra Sobre judíos, moriscos y conversos, Ambito, Valladolid, 1982, pp. 138-139 y Notas 11 y 12 del Apéndice, denomina filosófico-religiosos. Entre los cultemas de esta variedad, destaca Jiménez Lozano las dudas y burlas en torno a la muerte de Dios en Viernes Santo. Aprovechando la disposición de mi informante para la charla sobre asuntos religiosos, le interrogué acerca de otros tres de estos cultemas: la virginidad de María, la promesa de una vida eterna en otro mundo y el gobierno de Dios en el mundo. Lucio contestó de la siguiente manera a cada uno de estos planteamientos: “Hombre, eso de que la Virgen no tal, pues es algo difícil de creer, ¿no? Dicen, que yo no lo sé de cierto, que si San José era algo tonto y se hizo cargo del niño y que luego, claro al burlarse la gente de él, pues que quiso divorciarse de María, como ahora si tu mujer te trae un niño que tú nos has hecho”. “Vida futura en otro mundo no hay. Es una promesa para que nos sujetemos aquí, en la tierra. Es parecido a la policía y los jueces. Te dicen: ‘si te portas bien y tal, vas al cielo’. No creo, más bien es para que seamos buenos” .”Si Dios existiera, hablábamos el otro día en lo de mi sobrina, pues pararía las guerras y las hambrunas esas que se cargan tanta gente. A lo mejor, tú y tu familia, que sois buenos y no hacéis mal a nadie, ¿por qué os va a partir un rayo? Dios, creo yo, nos ha dejado que nos las apañemos solos y no quiere saber nada de nosotros”. Dos contundentes refranes, recogidos en Ciruelos de Cervera, resumen de forma magistral las palabras de Lucio:

“En muriéndome yo, todo se acaba”
“Dios y el mundo no pueden andar juntos”

(10) Evidentemente, la religión oficial intenta influir en las cuestiones sociales de las pequeñas comunidades rurales. Las actuaciones que en este sentido lleva a cabo la Iglesia católica son de muy variado signo. En algunos casos, sus consecuencias fueron muy positivas. La creación de los Sindicatos Católicos facilitó a los labradores de la comarca los medios necesarios para mejorar el cultivo de sus tierras. También vendía comestibles a bajo precio, pero, sobre todo, libraron de las garras de los usureros y especuladores a muchos vecinos pobres que antes se veían abocados a la miseria por las deudas que contraían con ellos. En el caso de Silos, testimonios de esta circunstancia pueden verse en mis trabajos Pastores de las Peñas de Cervera, Revista de Folklore, nº 211, Obra Social y Cultural de Caja España, Valladolid, Agosto, 1998, y en Demografía, sistema económico, propiedad y estratificación social en una pequeña comunidad rural castellana, obra mecanografiada que constituye mi investigación de fin de los Programas de Doctorado cursados en la Facultad de Sociología de la UNED.

En otros momentos,



RELIGIOSIDAD POPULAR EN SILOS Y SU COMARCA (3ªparte)

REPRESA FERNANDEZ, Domingo

Publicado en el año 2001 en la Revista de Folklore número 247.

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