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PREGONES CALLEJEROS

BRAVO-VILLASANTE, Carmen

Publicado en el año 1981 en la Revista de Folklore número 2.

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LOS GRITOS DE LA CALLE

En una época en que el vendedor callejero y ambulante vuelve a llenar las calles y las plazas, y comienzan de nuevo las industrias nómadas e itinerantes a brota en todos los países, recordamos que esa fue una de las formas usuales del comercio en los tiempos pasados, y de la mayor parte de los oficios. El vendedor anuncia su mercancía con un determinado grito o con un pregón, que tiene una connotación musical. Ya Francis Grose (1) en 1796 dice que: "La variedad de los gritos de los vendedores de diversos artículos en las calles de Londres es una de las partes más considerables de la novedad que éstas ofrecen a los extranjeros y visitantes", aunque reconoce que adivinar la mercancía por medio del lenguaje es tentativa vana ya que únicamente se oía un sonido articulado, y en ese caso los gritos de Londres se diferenciaban unos de otros por la melodía.

Las ciudades y los pueblos de Francia, Alemania, Suiza, Italia e Inglaterra reververaban con los pregones callejeros (2), y en algunos sitios había momentos en que era un guirigay. Lo mismo sucedía en España, donde desde bien antiguo, el pregón de la calle era tradicional .

En las calles solitarias los gritos callejeros resuenan como algo familiar, como algo esperado. Los gritos de la calle han llamado siempre la atención de los poetas, los historiadores, cronistas y músicos. El gran escritor Marcel Proust medía las horas de la mañana, desde su cama, por los gritos de ]a calle.

Todavía hoy por algunas calles de Madrid se oyen algunos pregones callejeros. En la calle de Arrieta, donde yo vivo, en el barrio antiguo de Palacio, a las diez de la mañana, pasa el más típico voceador, el cacharrero, que grita modulando:

¡Cacharrero!

Y poco después pasa otro apuesto voceador que grita con voz de bajo, oscureciendo el final:

¡EI traperooo!
¡Botelleeero!

Ya veces sólo parece decir:

¡Trapooo!

A las doce suele pasar el afilador, que ahora sólo toca el silbato, esa especie de siringa antigua degenerada. Ya no grita aquel antiguo grito de nuestra infancia:

¡El afiladóoor!
¡Cuchillos, navajas que afilar!,

Un mocito de buena voz y buena planta se ha modernizado y vocea hacia las diez y media:

¡Chatarrerooo, señoras,
se compran neveras, lavadoras,
camas viejas, trapos viejos,
chatarrerooo!

Esta es la primera forma oral de la publicidad. Este es, también, el sistema de que se valieron los pueblos para enterarse de las noticias, por medio del pregonero. Y así es como daba las horas y el estado del tiempo el sereno cuando decía:

¡Las once en punto
y sereno!

En algunas calles y plazas de Madrid, como la castiza Plaza del Alamillo y la calle de la Morería, se oyen diariamente los pregones de los ropavejeros:

¡Cambio ropa vieja por cacharros ! ,

y

¡Colchoneeeero!

Todo ello trae a nuestra memoria gritos que ya no se oyen y que oimos en nuestros años juveniles, como el de:

¡La sillera!
¡Se arreglan sillas!

y el de:

¡Lilas de la casa de Campo!

que se compraban por los balcones de los pisos bajos .

y los gritos de:

¡Paragüero, leñador!

y

¡Fresas de Aranjuez!

y

¡Miel de la Alcarria!

y

¡Rositas de olor
y qué bonitas!

que evocan otros más recientes y misteriosos, como aquel de los vendedores de la calle de Postas que decían con voz cavernosa, como si ofreciesen una mercancía prohibida, y con las manos en los bolsillos:

¡Mechero, vendo,
piedra mechero!

y otro lejanísimo que se decía en la Puerta del Sol, y nosotros niños entendíamos como "la mugra adultra", y que en realidad era el título de un folleto, que entonces se consideraba pornográfico:

"¡La mujer adúltera!"

y de nuevo el pregón juvenil y dinámico:

¡Goleada, goleada de hoy,
cóon el resultado de los partidos!

y

¡La lista grande de la lotería!

Como aquel de los limpiabotas, ahora silenciosos:

¡Limpia, limpia!

o aquel otro cantado monótonamente:

¡ABC, Informaciones,
Arriba, El Alcázar!
¡Ha salido el Marca!

o el de la castañera, también ahora callada:

¡Castañas calentitas!

Se acabó aquel niño que voceaba cantarinamente en los entreactos del cine y del teatro:

¡Patatas fritas
a la inglesa!
¡A diez la bolsa,
qué ricas y qué saladas!

y

¡AI rico bombón helado!

Unicamente en Santander, durante el verano, por las playas del Sardinero, vocea con gracia el vendedor vestido de blanco, con gorro de cocinero:

¡AI rico gofre parisién!

o la vendedora que chilla con voz nasal y agudísima:

¡Caracolillos,
cangrejos, percebes!

Los gritos de la calle o sea los pregones callejeros se reprodujeron en comedias, zarzuelas y sainetes costumbristas. Ricardo de la Vega en la Escena Primera del sainete titulado "El señor Luis el Tumbón o Despacho de Huevos frescos", saca a los vendedores pregonando sus mercancías:

Vendedores

¡Naranjas! ¡Camuesas!
¡Qué ricas! ¡Qué ricas!

Trapero

¿Hay trapo y hierro viejo
que vender?...¡Trapero!

Vendedores

¡Aleluyas finas, aleluyas,
con la vida de don Perlimpín!

Vendedores

¡Peces vivos del Jarama, peces!

Vendedores

¡Aleluyas finas, aleluyas,
con la vida de Napoleón!

Pero, sobre todo, los gritos de la calle fueron tema de inspiración de calendarios, estampas, abecedarios, aleluyas, grabados y toda clase de imaginería. Por las estampas de los vendedores y de sus gritos que se conservan en el Museo Municipal de Barcelona y en el de Madrid, sabemos que los pregones de Madrid hacia 1840 y hasta 1880-1900 eran de lo más variado y entretenido. Se oía vocear: "¡Agua de limón!", "Medias de estambre y de lana, el mediero!", "¡El artesonero!", "¡Cestas y canastillosl", "¡A componeeer... Tinajas y artesoneees... barreños, platos y fuentes!", "¡Arena de San Isidro, el areneroooo!", "¡Arrope rico de la Mancha, al buen arrope!", "¡EI horchaterol", "¡Zooorros y plumeeeros!", "¡Las plantas con claveles dobles vendo! ", "¡La zapatilleraaa...!" "¡Perdices y conejos de campo!", "¡EI requesonero de Miraflores y a prueba!" "¡Boquilla y pipa vendo! ;.Quién me compra una?" "¡Papel y fósforos! ¡Doy cien cerillas por dos cuartos!", "¡EI esquilador!", "¡EI choriceroooo!", "¡El perrero!", "¡Navajas y puñales de Albacete y Toledooo!"

Tan populares fueron los gritos de la calle que se publican estampas con voceadores callejeros catalanes, que pregonaban: en Barcelona. Y ahí veíamos a la vendedora de "ous" y al vendedor que gritaba " ¡Carn de bou! " y luego tocaba una trompeta, y otros voceaban " iToronja dolsa!", "¿Qui compra peix?", "Pomas y prunas", "¿Qui compra pells?" y hasta "¡Pronostichs nous! ".

Los voceadores callejeros de Valencia decían: "iComprau sireres!", "iComprau llimes!", "iAlls melacatons groses!", "iAma, ¿vol freses?, "¿Voleu un forc de ails?", "¿Velem pollastres y gallines?", "¡Comprau cacahuet!", sólo para poner unos ejemplos.

La estampería de los gritos de la calle reproducía el tipo callejero y el traje popular. Posteriormente la fotografía reprodujo al vendedor ambulante, que voceaba la mercancía. A veces el disparate en el grito de la calle bordea el absurdo. En "Les cris de la ville" se refiere el caso de una vendedora francesa de arenques, que en su pregón iba enumerando las diferentes especies, de procedencia extranjera, y ,al final ofrece: "hareng notre" (arenque nuestro), lo que es semejante al pregón que nos refiere el poeta Manuel Ríos Ruiz, oído en su pueblo natal Jerez de la Frontera, y cantado como el tercio de cante flamenco:

¡Uvas con hueva!

la hueva como elogio, por analogía con el pescaíto fresco y bueno .

Del mismo Jerez es el pregón canción, para vender las avellanas:

Yo las tiro y las regalo
Y a nadie le importa ná,
lo mismo que doy una gorda,
también despacho un real .

Y el pregón gracioso y musical del velonero, que golpeando dos trozos de metal, grita y canta:

iEl velonero va por la calle
con su campana, dale que dale!

Estoy segura que a la memoria de cada lector acudirán pregones de su tierra, cuando lean estas líneas, y mucho habría que extenderse Solamente si quisiéramos hacer una breve mención de los gritos de la calle en la América de habla española. Hoy los gritos de la calle pertenecen al pasado, se han transformado en "slogans" publicitarios en la prensa, en la radio y en la televisión, la forma más actual de pregonar una mercancía, por los grandes medios de comunicación. Sin embargo, cuando oímos un grito de la calle, a un voceador callejero, sentimos el mismo encanto que ante una labor de artesanía, que es la forma individualizada .

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(1) Andrew W. Tuer. "Old London Street Cries". London. The Scolar Press. 1978.

(2) Massis. "Les crls de la ville" Gallimard. París. 1978.