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Oraciones y Cruces de los alfareros ante el horno

SANZ, Ignacio

Publicado en el año 1983 en la Revista de Folklore número 30.

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La operación más delicada y trascendente de un alfarero radica en el proceso de cocción. El resto de las funciones necesarias para que el cacharro llegue a su fin, pueden resultar más o menos onerosas y pesadas, requerir de una destreza o experiencia especial, como extraer el barro de las cuevas y barreros, levantar piezas en el torno que por su volumen y altura entrañan muchos años de oficio y una gran sensibilidad, pero en realidad todo queda minimizado ante la dificultad extrema que presenta el dominio del horno, ese ciclo final de la alfarería que cierra las etapas anteriores -tierra, agua, aire y fuego- y que resume un rosario de esforzadas y penitentes labores.

Los cacharros, antes de entrar en el horno, no sólo han de estar exentos de humedad, pues si la tuvieran saltarían y podrían crear una catástrofe en el interior, sino que al hornarles o encañarles les han de ir dejando perfectamente colocados y dispuestos, procurando que los más gruesos y de mayor peso soporten la carga de los livianos que se irán colocando en la parte superior, en lo que algunos alfareros denominan "coguelmo".

Pues bien, acaso por esa inseguridad que presenta cada cochura -téngase en cuenta que algunos alfareros viejos, después de, muchos años de experiencia acuden nerviosos al día siguiente de quemar para destapar el horno, ávidos de apreciar su contenido, sin que logren superar la prueba con ,la serenidad propia de loS años- y al mismo tiempo por la trascendencia económica que una hornada encierra para la familia del alfarero ya que en ella se resume el trabajo de, cuando menos, un mes; y en algunos casos extraordinarios, Como el de Astudillo (Palencia), puede llegar a representar el trabajo y el sudor de todo un año.

No es extraño, entonces, que en algunos centros alfareros, a modo de ensalmos o innovaciones reciten antes de iniciar la hornada: "Que Dios te haga pan", colmo dicen en Cespedosa de Tormes (Salamanca) ante la boca, del horno, antes de echar la primera calda.

"Bruja fuera
y adentro la primera"

es lo que recitan en Pereruela en circunstancias parecidas y que según noS explicara una alfarera del lugar quiere decir que si alguna bruja hubiera dentro del horno que se marchara antes de empezar a cocer, mas si no quisiera hacerlo o anduviera rondando por los alrededores, que se metiera dentro para que allí mismo se quemara con loS cacharros.

Tres son, al parecer, según los testimonios recogidos, las patronas de la alfarería, o mejor, cuatro, ya que si en Arrabal de Portillo (Valladolid) se invoca a Santa Justa y Rufina, en Alba (Salamanca) se hace lo propio con Santa Polonia y en Villar de Peroalonso (Salamanca), centro subsidiario del extinto Paralejos de Abajo, Con Santa Ana.

Lo que, sin embargo, sí parece, Común a todos estos centros es la invocación que se efectúa a la patrona respectiva, después de que el horno se da por cocido y se ha metido la última calda o bieldada:

"Santa Ana bendita,
patrona de alfarería,
si está de menos se lo pones,
si está de más se lo quitas.".

Algo común también entre los viejos alfareros de nuestro país castellano-leonés, era impedir la presencia de mujeres que estuvieran soportando el período de menstruación durante las labores de vidriar y hornar o encañar, previas a la cochura, por considerar que ello podría traer maleficios y dar al traste con la hornada.

LAS CRUCES..

Lo que también constituía una costumbre generalizada entre los alfareros era santiguarse antes de iniciar la cochura, mas algunos, además de santiguarse al principio, hacían ya al finalizar de cocer, una cruz en el suelo junto a la boca de atizar, con la punta de la horquilla. Se trataba -se trata, puesto que en Jiménez de Jamuz (León), Pereruela (Zamora), Ciudad Rodrigo (Salamanca), Lastras de Cuéllar (Segovia), entre otros centros la siguen haciendo- de una cruz normal, muchas veces trazada en el aire y cuya forma vendría a ser:

La de Felipe Pérez, en Alba de Tormes (Salamanca), adquiría más precisión y no se dibujaba en el suelo, sino en 1a pared, por encima de la boca de atizar, empleando para ello un trozo de arbusto:

En el mismo centro, Gregorio Dueñas Cosme nos mostró la cruz suya que a su vez procedía de sus abuelos y que él sigue realizando, pasando el palo o trozo de arbusto, sobre el ya surcado relieve: .

Pero acaso en este recorrido por las cruces de la alfarería, la más interesante e historiada resulte la de Sebastián Martín en Fresno de Cantespino (Segovia), heredada igualmente de sus mayores y cuya representación toma esta forma:

Ni que decir tiene que con la implantación, cada vez más generalizada de los hornos de gas y eléctricos, toda la magia del fuego y los ensalmos subsidiarios tienden a desaparecer. Apretar un botón para que el horno comience a funcionar sabiendo que al llegar a los grados deseados que previamente hayamos marcado en el pirómetro, el horno habrá de pararse, no encierra ninguna emoción. y es que, una vez más, los avances de la técnica nos han ido arrebatando todos los misterios.

NOTA.-Este trabajo se incluyó dentro de "Guía de alfarería de Castilla y León", realizada por encargo del Consejo General de Castilla y León, inédita aún.