Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

EL TIO BASILIO Y EL SEÑOR JOSAFAT

VAL SANCHEZ, José Delfín

Publicado en el año 1983 en la Revista de Folklore número 30.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 30 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


Entre los copleros vallisoletanos, es fama que el "Tío Basilio" era de los mejores. Andaba de pueblo en pueblo, siguiendo preferentemente una ruta pinariega, sin alejarse demasiado de su pueblo -me dicen que Portillo-, adonde regresaba después de vendido el cargamento de coplas que en forma romancesca contaban una historia truculenta. Me cuentan que el "Tío Basilio", cuando venia por Valladolid, para hacer parroquia, entonaba una sarta de coplillas burlescas, una de las cuales decía:

Mi burro quiere cebada
y mi mujer quiere un traje.
¡Caramba qué caro cuesta
tener en casa animales!

Las coplas del "Tío Basilio", y las de todos los ciegos copleros, iban escritas en hojas volanderas que los mozos y mozas de los pueblos adquirían para aprendérselas y cantarlas, como era costumbre, en el hogar, a la lumbre del atardecer .

Las coplas del "Tío Basilio", y las de todos los "tíos basilios" que en el mundo han sido, iban precedidas de un pregoncillo que él mismo echaba a voz en cuello y que era como un toque de atención para el mocerío paseante. Era el pregón del pregonero. Después cantaría el romance y lo ofrecería en letra impresa a la parroquia.

Yo me imagino al ciego coplero entonando su salmodia con la barbilla estirada y mirando, sin ver, el cielo en medio de un corro de chicos.

¡Chicos, mozas, grandes, venid
todos a oír al coplero
que trae el mejor relato
que se escribió en aquel tiempo.

No hay crimen que yo no cante,
ni amor para mi secreto,
ni batalla, ni conquista
de torero.

¡Todo en romances escrito
para solaz y recreo
del que por su limosna quiera
oír al coplero!

En Renedo de Esgueva el señor Josafat ("tengo un nombre extranjero, ¿sabe usted?"), infatigable paseante pique el sol o sople el matacabras, me habló, hasta con entusiasmo, del "Tío Basilio" y sus coplas. Llegó a hacerse tan famoso coplero, que también él fue puesto en solfa:

¡Arre, borriquito,
vamos al Henar
y al señor Basilio
le oiremos cantar!

Las coplitas nuevas
yo le compraré,
y luego en mi pueblo
yo las cantaré.

El señor Josafat, nostálgico de su tierra portillana, pone los ojos en blanco para recitar unos versitos muy aparentes:

Por Arrabal de Portillo
y San Miguel del Arroyo
bajan cuatrocientos carros
llenos de novias y novios.

Al lado del señor Josafat caminamos por la carretera hacia el pueblo. Detrás de nosotros quedan el Pico Uris y el Pico Blanco, y la gasolinera, y la carretera del Valle. El señor Josafat, que fue peón de arrastre y ahora pertenece a las clases pasivas, me acerca a las ruinas de la casona de la familia Power, vieja gloria de un pasado de esplendor y fasto.

Cuando llegamos a la alameda el señor Josafat ya va por lo coplero:

En Sardón, todos son.
En Olivares, a pares.
En Valbuena, ni mujer
ni burra buena.

Adiós Pedraja del burro,
adiós Aldea del macho,
y adiós Aldeamayor
que campeas en El Raso.

Al señor Josafat, que tiene vocación de lingüista, lo que más le gusta es que le rectifiquen.

-Yo lo que quiero es que un señor llegue y me diga: Josafat, esa palabra no está bien dicha. O ese verbo está mal puesto. A mí, sabe usted, lo que más me gusta es aprender.