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FIESTA DE LOS GALLOS EN MUCIENTES

VAL SANCHEZ, José Delfín

Publicado en el año 1981 en la Revista de Folklore número 2.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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El "juego de gallos" es hoy una tradición perdida. O casi a punto de perderse. y conste que' hemos añadido el "casi" porque por suerte, aún se mantiene una modalidad de "fiesta de gallos" en Tordesillas, en el porche de una de sus ermitas, a orillas del Duero. Y nos han hablado de una fiesta de "gallos enterrados" celebrada hace algunos años en Pozal de Gallinas. Nos complacería saber que este tipo de fiestas vuelven a celebrarse en éstos y en algunos otros pueblos de Valladolid, donde, nos consta, había costumbre, de "correr gallos".

Julio Caro Baroja dice que "el juego más característico de chicos y mozos por Carnaval es el del gallo. Son abundantes los textos de la literatura clásica española que. hablan de este juego y del personaje estrechamente relacionado con él: el rey de gallos.

Quevedo, que es uno de los más fieles guardadores de las costumbres populares, cita fiestas de gallos en sus obras "El gran tacaño" y "Kalendario nuevo del año y fiestas que se guardan en Madrid". Góngora hace mención de esta fiesta del mocerío español en diversos momentos de su larga obra poética. Otro autor de la picaresca, Mateo Alemán, reanima el recuerdo de las fiestas de gallos en la primera parte de su "Guzmán de Alfarache", y tampoco debemos olvidar al autor del Quijote" apócrifo, Alonso de Avellaneda, que hace decir a Sancho:

"...y yo me quedé tras todo eso sin ser rey ni roque: si ya estas Carnestoliendas no me hacen los muchachos rey de los gallos".

La costumbre no debió perderse tampoco en el siglo XIX, pues en una crónica de las fiestas populares de Madrid la cita Basilio Sebastián de Castellanos en un artículo sobre, el Carnaval de Madrid y sus pueblos. Y hasta hace muy pocos años se ha venido manteniendo la costumbre en pueblos de Zamora (Villalba de la Lampreana), de Soria (Calatañazor), en La Alcarria, en algunos del País Vasco y en Galicia.

El matador del gallo o gallos, o los matadores, suelen decir frases como éstas:

Este gallo que mal canta
tiene mala la garganta
de comer trigo y avena
en las cámaras ajenas.

O bien:

Ya se te acabó, gallo,
el dormir con las gallinas
y el cantar por las mañanas
saludando al nuevo día.

Por algunos pueblos de Galicia, donde las costumbres tradicionales se mantienen más arraigadas por razones de cultura, los escolares suelen cantar una coplilla que resulta ser anticipo de la fiesta de gallos que harán de mozos. Dice así:

Viva el Rey
Muera el gallo
cuatrocientos y un caballo.

El "sistema" del juego ofrece algunas variantes: O colgando los gallos de una cuerda sujeta a dos pértigas (como en el caso de Tordesillas) o enterrados en el suelo con la cabeza solamente fuera (caso de Pozal de Gallinas). Los mozos pueden "intervenir" a pie o a caballo e incluso en alguna ocasión el privilegio de atizarle al gallo un mandoble con la espada puede reservarse a las mozas del lugar. La última vez que asistí a la fiesta de gallos de la ermita de San Vicente, en Tordesillas, se hizo así.

Pasemos ahora al texto de una representación.

La que aquí se detalla tuvo lugar en el sitio llamado "La Ronda", en Mucientes, hacia 1931. Tomaron parte en la representación (a modo de juicio a unos gallos) los siguientes quintos: Pedro Herrero, que hizo el papel de Capitán; Moisés Olmedo, que representó al Defensor; y los Soldados Vicente Barrigón, Miguel Zalama, Arturo Sanz (que actuó también de pregonero del festejo), y Jacinto Mintegui.

PREGON:

Si quieren saber, señores,
dónde va a ser la batalla:
camino de las bodegas,
la Cuesta de la Tía Cana.

Capitán:

Licencia vengo a pedir
al ilustre Ayuntamiento
y a todos los que hay aquí.
La licencia que yo pido,
es para matar estos reos,
que les ha salido sentencia
de morir en este pueblo.
Animo soldados míos,
la licencia ya está dada,
preparad bien los caballos,
desenvainad las espadas
para salir al momento
a la sangrienta batalla.

Defensor:

¿Quién eres tú que así hablas
con tan vil atrevimiento
y no acatas estas órdenes
de este ilustre Ayuntamiento?
Soy defensor, vive el cielo,
valeroso y diligente.
¡Vive Dios, que si me enfado
para mi nada es la gente!
Soldados, cabos de escuadra,
coroneles y tenientes:
todos para mi sois pocos
para hacerme doblar la frente.
Tengo la espada en la mano.
Si hay algún majo valiente,
salgan conmigo a campaña.
Capitanes, tenientes,
les mostraré mi entereza
a esa maldita gente.

Capitán:

¡Deteneos atrevidos,
si no consta por escrito
ni habéis de matar los gallos
ni me voy de aqueste sitio!

Sargento:
Soy sargento de a caballo
y vengo de gente noble
te partiré el corazón
como esta espada no doble.

(y arreaba su mandoble correspondiente al pasar a caballo bajo la colgadura de los gallos.)

Soldado:

Dime, gallo fanfarrón:
¿por qué dabas tantas voces
cuando yo estaba charlando
con mi novia la otra noche?
Todo el mundo se enteró;
y yo tuve que escapar
atravesando las tapias
que había por el corral.

(Todos los soldados pasaban por bajo de la colgada, entonando su canto y arreando su mandoble.)

Otro soldado:

Ese gallo cantador,
que canta tras de la puerta,
a mi no me deja dormir,
y a mi novia la despierta.
y por ese mismo motivo
le voy a cortar la cresta.

(Despedía las cuartetas el capitán entonando estos versos):

Capitán:
Terminada la batalla
con tan fieros enemigos,
con emoción y entusiasmo
os felicito, mis valientes guerreros,
mis valientes soldados.
Os felicito también
por el triunfo obtenido
de ser buenos matadores
de aquestos flamantes gallos.
Y para premio de vuestra proeza,
mando a mis vasallos
que os agasajen con hurras y vivas,
y que os regalen un ramo
de ilesas y bonitas plumas,
para que con él, prendido en el pecho,
vayáis diciendo por las calles:
¡Hurra, vivan los mozos de este pueblo!

Defensor:

Ea, pues, noble auditorio
ya se han matado los reos
Es obra de caridad
les hagamos el entierro;
y en medio de un bodegón
hemos de tener el duelo
y echaremos un " requiescat"
cuando el jarro esté bien lleno.
Ya los presentes les digo
que recen un Padrenuestro
y pidan a Dios por ellos.
¡Que nos haga buen provecho!