Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

CANCIONES Y CUENTOS

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 1983 en la Revista de Folklore número 32.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 32 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


LOS SIETE DOLORES

Pecador si a mis dolores
queréis tener devoción
yo os haré muchos favores
y pondré mi corazón
en favor de los pecadores.

Si siete días cabales
en mis dolores contemplas
ganarás para tus males
sin número de indulgencias
o plegarias o parciales.

No penséis que al escucharlo
de paso me daréis gusto
sino que has de contemplarlo
con sentimiento que es justo
que me ayudéis a pasarlo.

Contempla en el primer día
el filo de aguda espada
que traspasó el alma mía
al escuchar declarada
tan amarga profecía.

Como la ley ordenaba
presenté al templo a mi hijo
Simeón con gran contento
a mi hijo se abrazaba
y estas palabras me dijo.

Señora vuestro hijo amado
hermoso y que tanto estimas
le verás pronto azotado
y coronado de espinas
muriendo crucificado.

Si contemplas el dolor
tan amargo que sentí
en tan triste anunciación
del Salvador el perdón.
luego alcanzarás de mí

En este dolor segundo
para dar muerte a mi hijo
mandó Herodes iracundo
degollar según él dijo
los inocentes del mundo.

Un ángel del cielo vino
avisó a mi digno esposo
que emprendiéramos camino
que Herodes viene furioso
con su ejército maligno.

Con qué angustias en mis brazos
tomé a mi hijo y a Egipto
nos fuimos en breve espacio
mi esposo y yo que conflicto
se hace el corazón pedazos.

A cada instante volvía
la vista por si acaso
el tirano nos seguía
desmayada a cada paso
con mortales agonías.

De bandidos una escuadra
nos hallamos y el mejor
viendo lo que nos pasaba
movido de compasión
nos ofreció una posada.

Si haces como aquel ladrón
compadécete de mí
en tan amargo dolor
que lo que haré yo por ti
será alcanzarte el perdón.

El Tercer dolor tres días
tuve perdido a mi bien
contempla mis agonías
así llorarás también
las crueles penas mías.

Con la mayor precaución
sin un punto descansar
quebrantado el corazón
caminamos sin parar
contempla pues mi aflicción.

Con José mi esposo amado
y Jesús al templo fuimos
los tres habiendo llegado
un grande concurso había
de gente allí congregada.

Una función grande había
y cuando se hubo acabado
yo del templo me salía
y José con gran cuidado
por otro lado venía.

Encontrámonos los dos
preguntaba yo a José
donde está el hijo de Dios
me dijo yo no lo sé
pues juzgué que iba con vos.

Allí el corazón partido
con una angustia tan fuerte
quedé como sin sentido
llorando mi triste suerte
al ver mi Jesús perdido.

Tres días le fui buscando
con sus noches qué tormentos
con José mi esposo amado
hasta que le hallé en el templo
con los sabios disputando.

Si a Jesús tenéis perdido
por tus culpas ven a mí
cuando te halles afligido
pues si lo haces así
tendrás descanso cumplido.

El cuarto dolor fue cuando
con la carga sin mesura
vi a mi hijo caminando
por la calle la amargura
cada instante tropezando.

Siendo la sentencia dada
vino Juan a mi retiro
y dándome la embajada
di un tremendo suspiro
que me caí desmayada.

Con valor que me dio el cielo
y dolor tan excesivo
caminando con anhelo
por ver a mi hijo querido
afligido y sin consuelo.

Llegué a la calle cruel
donde me paré a escuchar
las voces de aquel tropel
que clamaban sin cesar
todas blasfemando de él.

Las trompetas del pregón
decían muera el malvado
facineroso bribón
y pague crucificado
su infame predicación.

Rompí por entre las gentes
con mi hijo me abrazaba
y le hablé interiormente
con la garganta anudada
el dolor más vehemente.

Ya que este amargo dolor
imprimes en tu memoria
te aseguro pecador
que será para tu gloria
prenda de inmenso valor.

El quinto dolor penoso
es digno de contemplar
cuando a mi hijo precioso
le vi yo crucificar
en la cruz como alevoso.

Subimos a la montaña
del calvario entre sollozos
le arrancan con fiera saña
al lucero de mis ojos
la túnica que llevaba.

Cuando le vi destrozado
renovaban sus heridas
todo el cuerpo destrozado
crecieron las ansias mías
al verle tan maltratado.

Que se tendiera mandaron
en la cruz y con paciencia
hizo lo que le mandaron
y con tirana inclemencia
pies y manos le clavaron.

Y después la cruz volvieron
aquellos sayones bravos
su Santa Cruz traspasaron
y remacharon los clavos
con que mis penas crecieron.

Después aquellos sayones
la Santa Cruz levantaron
con blasfemias y baldones
y al santo cuerpo dejaron
en medio de dos ladrones.

Si tan amargo dolor
te detienes a pensar
compadeciendo mi suerte
yo te prometo ayudar
en las ansias de la muerte.

El sexto con tiernos lazos
al hijo de mis entrañas
difunto y hecho pedazos
por tan malignas hazañas
me le ponen en mis brazos.

Y luego que desclavaron
al cadáver sacrosanto
en mis brazos le dejaron
con un lienzo limpio y blanco
y al punto le amortajaron.

Dos santos varones vieron
mi tristeza y amargura
para darle sepultura
y a Pilatos le pidieron
el cuerpo y lo consiguieron.

Con ungüentos olorosos
que prevenidos traían
le ungieron esos piadosos
varones que me asistían
en trance tan congojoso.

Yo que le estaba mirando
de los pies a la cabeza
mi dolor siempre avivando
con una amarga tristeza
le decía suspirando.

Hijo mío muy amado
quién os coronó de espinas
y os abrió ese costado
y esas manos tan divinas
y vuestros pies taladraron.

Si aqueste dolor tan fuerte
contemplas dejando el vicio
de lo que Dios te haga cargo
en aquel día del juicio
yo por ti daré el descargo.

Oh qué angustia pecador
oh qué dolor tan prolijo
oh qué pena sin igual
es el ver muerto a mi hijo
y no poderle hablar.

Los varones con quebranto
me decían gran Señora
no os entreguéis al llanto
que ya ha llegado la hora
de su entierro sacrosanto.

Mitigad tanto tormento
cese ya esa pena dura
dadnos el cuerpo sangriento
para darle sepultura
en un nuevo monumento.

Pero yo aunque agradecía
fineza tan amorosa
dando a mi hijo decía
tomad esa prenda hermosa
que otro igual no se hallaría.

San Juan y la Magdalena
me llevaron en sus brazos
todos cargados de pena
fuimos siguiendo los pasos
donde el sepulcro se ordena.

Llegamos al monumento
donde con piedad honrosa
depositaron el cuerpo
cubriéndole con la losa
contempla mis sentimientos.

Triste está la Virgen Pura
aquel sepulcro mirando
cual jamás vio criatura
a su hijo contemplando
con tal dolor y amargura.

Está viva y sepultada
está muerta y tiene vida
está llagada y herida
viendo muerto y destrozado
al que era su luz querida.

Todas estas siete espadas
pasaron mi corazón
si de ti son contempladas
ganarás el galardón
en la celestial morada.

Afligida madre mía
yo siento el veros penar
en tan cruel agonía
por si os puedo aliviar
rezaré un Ave María.

ANGELINES DE DIEGO ARRANZ

ROSARIO DE LA BUENA MUERTE

1º Amoroso Jesús Crucificado.

Por la jornada que hiciste
del cielo al mundo para salvarnos.
(Danos, Señor, buena muerte
por tu santísima muerte.)

Por la humildad y pobreza
con que naciste en Belén. (Danos)

Por la sangre que vertiste
cuando te circuncidaron. (Danos)

Por el dulcísimo nombre
de Jesús que te pusieron. (Danos)

Por la humildad con que fuiste
en el templo presentado. (Danos)

Por la abstinencia y ayuno
que en el desierto guardaste. (Danos)

Por el celo de las almas
con que andabas predicando. (Danos)

Por la solemne entrada
que hiciste en Jerusalén. (Danos)

Por la cena del cordero
que en el Jueves celebraste. (Danos)

Por lo liberal que fuiste
en darnos tu cuerpo y tu sangre. (Danos)

María madre de gracia, madre de misericordia
(líbranos del enemigo y de nuestra última hora).

2º Amoroso Jesús crucificado.

Por la oración que en el huerto
hiciste a tu eterno Padre. (Danos)

Por el gran sudor de sangre
que en tu cuerpo padeciste. (Danos)

Por la grande mansedumbre
con que dejaste prenderte. (Danos)

Por la crueldad con que fuiste
de los verdugos atado. (Danos)

Por el tropel con que fuiste
llevado a casa de Anás. (Danos)

Por las injurias y aprobios
que en su presencia te hicieron. (Danos)

Por la prisa y vilipendio
con que a Caifás te llevaron. (Danos)

Por la cruel bofetada
que recibiste de Malco. (Danos)

Por la aflicción con que fuiste
presentado ante Pilatos. (Danos)

Por los falsos testimonios
que contra ti levantaron. (Danos)

María madre de gracia...

3º Amoroso Jesús crucificado.

Por lo ultrajado que fuiste
en la presencia de Herodes. (Danos)

Por los desprecios que oíste
de este rey y sus privados. (Danos)

Por lo que en esta ida y vuelta
te ultrajaron los soldados. (Danos)

Por la burla y vejamiento
de tus ojos soberanos. (Danos)

Por los cinco mil azotes
que a la columna te dieron. (Danos)

Por el dolor que pasaste
al coronarte de espinas. (Danos)

Por los desprecios que oíste
siendo sacado al balcón. (Danos)

Por la sentencia de muerte
que dio contra ti Pilatos. (Danos)

Por la interior alegría
que con la cruz recibiste. (Danos)

María madre de gracia...

4º Por la fatiga y congojas
que con la cruz padeciste. (Danos)

Por las caídas que diste
hasta llegar al calvario. (Danos)

Por la vergüenza y dolor
que tuviste al desnudarte. (Danos)

Por el terrible momento
que pasaste al enclavarte. (Danos)

Por las blasfemias que oíste
al poner la cruz en alto. (Danos)

Por la sed que padeciste
en tu boca soberana. (Danos)

Por el amargor que en ella
dejó la hiel y vinagre. (Danos)

Por la promesa que hiciste
del paraíso al ladrón. (Danos)

Por el perdón que pediste
para todos tus contrarios. (Danos)

Por la aflicción y congojas
que al expirar padeciste. (Danos)

María madre de gracia...

5º Amoroso Jesús crucificado.

Por la llaga que te abrieron
en tu pecho soberano. (Danos)

Por aquella sangre y agua
que por ella derramaste. (Danos)

Por las penas y amarguras
de tu santísima Madre. (Danos)

Por la aflicción que pasó
viéndote muerto en sus brazos. (Danos)

Por las angustias y penas
que en su soledad pasó. (Danos)

Por el dolor que sintió
al verte dar sepultura. (Danos)

Por tu muerte y sepultura. (Danos)

Por tu santa resurrección. (Danos)

Por tu admirable ascensión. (Danos)

Por la gloria que posees
a la diestra de Dios padre. (Danos)

Danos Señor buena muerte
y tu santa bendición. Amén.

OFRECIMIENTO

Este rosario Jesús
que ahora os hemos rezado
a vuestras plantas le ofrezco
aunque pecador ingrato.

Mas vaya por la Pasión
que pasaste en Jueves Santo
también Viernes en la cruz
te sacaron a lo alto
y te dejaron caer
sobre unos duros peñascos
donde las llagas y heridas
de nuevo se renovaron.

¡Ay Jesús del alma mía,
quién pudiera contemplarlo!

Yo soy la oveja perdida
que ando por campo vedado
y ahora me vuelvo Señor,
a recogerme a tu lado.

Por el padre que me crió
por el padre que el ser me ha dado
por el padre que por mí quiso
ser muerto y crucificado.

Y a las ánimas benditas
ofrecemos estos pasos
y en la gloria celestial
todos juntos nos veamos.

Recogido en Quintanilla de los Oteros por José Luis Alonso Ponga.


LA SERRANA

Por alta sierra Morena,
por alta sierra Morena,
se pasea una serrana
alta, rubia y colorada.

Cuando quiere beber agua
se bajaba a una ribera,
cuando quiere ver los hombres
se sube a una alta vereda.

Pasa uno, pasan dos,
no pasa el que ella quisiera;
ya ha pasado un soldadito
desechado de la guerra,
lo ha cogido por la mano
y a su cueva se lo lleva.

-¿Para qué son tantas cruces,
tantos montones de tierra?

-Cruces habrá veintinueve;
con la tuya serán treinta.

Y se han salido a cazar,
su cintura trajo llena:
de perdices y conejos
su cintura trajo llena;
los conejos para él,
las perdices para ella.

y después de bien cenados
le mandó cerrar la puerta.

El soldado, como astuto,
la ha dejado medio abierta
y la ha dado un rabil
para que se entretuviera.

Cuando la sintió dormida
se ha echado la puerta afuera;
cuando despertó la serrana
ya iba de allí legua y media.

Puso una piedra en su honda
que pesaba arroba y media,
con el brío que llevaba
le derribó la montera.

-Vuelve, soldadito, vuelve,
vuelve atrás por la montera.

-No volveré yo, por cierto,
aunque de oro y plata fuera,
porque esa de paño pardo
muchas hacen en mi tierra.

Cantó: María Bermejo, 68 años, de Hinojal (Cáceres).
Recopiló: Joaquín Díaz.

ORACIONES DE VELATORIO

Te acompaño en la calle de la amargura,
Virgen de los Dolores, bendita y pura.

¿No ves mi llanto?

Yo también, Madre mía, padezco tanto.
He perdido el sosiego, la paz, la calma,
y en un mar de pesares vive mi alma,
nadie se compadece de mis tormentos,
sólo tú, Madre mía, ves lo que siento,
por eso te suplico que desde el cielo,
me envíes cariñosa dulce consuelo.

Virgen del Carmen,
del infierno librarle,
del purgatorio sacarle,
al cielo llevarle.

Por vuestro santo escapulario,
por vuestro escudo verdadero,
por vuestro amparo amoroso,
Madre de Dios del Carmelo,
Madre del resplandor
Madre que parió sin pena
y de gozo toda llena,
socorrer al pecador.

Recopiló Juliana Panizo

LA NOVIA DE PEDRO CARREÑO

En la provincia Valencia, un matrimonio habitaba
de los ricos hacendotes: una hija que tenía.

María tenía un novio llamado Pedro Carreño
al que María adoraba porque era un chico muy bueno.

A los padres de María, Pedro no les hizo gracia
y celebraron la boda con un sobrino de casa.

El veinticinco de abril, ya se celebra la boda
y al otro día siguiente ya estaba la gente toda.

María fue a confesar, ya se ha vestido de gala,
y al ver entrar a su primo se ha caído desmayada.

María dice a la gente, voy a bajar al jardín,
y se ha tirado al pozo recibiendo allí la muerte.

Al ver que María tarda, todos al jardín bajaron
y al verla muerta en el pozo quedaron horrorizados.

Ya la sacaron del pozo, ya la van a hacer la autopsia
y del pecho la sacaron una carta muy penosa.

-"Adiós madre de mi vida, adiós madre de mi alma,
que su hija se la va cuando más falta la hacía.

Padres que tengáis hijos dadles consejos prudentes,
que casarles sin amor es preferible la muerte.

Pedro, te juro, te juro: Pedro, te juro ante Dios
que a ti sólo te quería con todo mi corazón."

Y Pedro que estaba allí, lloraba como un niño,
sólo de pensar el caso que ha sucedido
.
Informante: Martín Encinas Catalina, de 56 años, natural y residente en Mojados.
Recopiló: Vicente Vega.