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CUENTOS POPULARES ANDALUCES (XV)

AGUNDEZ GARCIA, José Luis

Publicado en el año 2005 en la Revista de Folklore número 295.

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El primer apartado del grupo III del índice general, que engloba los chistes y anécdotas, se refiere a los cuentos acerca de tontos. Aseguraba Thompson (El Cuento Folklórico…, pp. 256–264) que este tipo de cuentos aparecían mayoritariamente en la tradición escrita: “En la Edad Media fueron incluidos en los libros de exempla, pero a principios del Renacimiento hubo una serie ininterrumpida de libros de chanzas literarias que contenían cientos de anécdotas. Las chanzas de estos libros pueden parecer nuevas, pero casi siempre están basadas en antiguos patrones”.

Reconoce, no obstante, que muchos de estos “cuentos de tontos son transmitidos por la tradición, ya sea como anécdotas o como canciones”. Pero afirma que es en estos tipos en los que la tradición escrita más ha repercutido en la oral: “Con chanzas y anécdotas mucho más que con cuentos folklóricos serios, las colecciones literarias han influido directamente a los narradores tradicionales y a los cantores de baladas. Esta íntima relación entre literatura y folklore se aprecia mejor en los cuentos de tontos tales como esos que hemos visto”.

Entre los temas que había señalado previamente se encontraba el de los malentendidos surgidos por el desconocimiento de la identidad de los objetos, tema que reconoce que ha “adquirido considerable popularidad en varias tradiciones europeas”. Entre los temas objetos de error se hallan las calabazas tomadas por huevo para incubar, el conejo tomado como potro, y también del que habla “del sirviente enviado a traer las vacas y que se pasa todo el día tratando de acorralar a los conejos (J1757)”. Sospecha que tales “anécdotas están probablemente más esparcidas de lo que las colecciones indican”.

Menor difusión popular, según Thompson, es el tema de los tontos actos en que el remedio es peor que la enfermedad (J2100–J2119), tema “favorito en los libros de chanzas literarios que se encuentra ocasionalmente en los cuentos orales europeos”. Entre las realizaciones concretas del tema identifica el de los “tontos que queman una casa para librarse de un gato o de los insectos”, motivo que se inserta en muchas versiones hispánicas del cuentecillo El Gato, el Gallo, la Hoz que incluimos, sin embargo este cuento en sí debemos conectarlo con mentalidades del pasado, más que con la jocosidad del tonto ignorante.

Otro tema que contempla Thompson es el del tonto que sigue las instrucciones tan al pie de la letra que las obedece en las situaciones más inapropiadas. Para él, el más conocido es el de la madre que le dice al hijo lo que debe hacer en diversas circunstancias. Asegura que es de fuente chino–budista y que “aparece en varios libros de chanzas del Renacimiento. Se ha recogido no sólo en toda Europa, donde aparece en más de doscientas versiones, sino también en Indonesia, Japón y toda África. En Norteamérica lo cuentan los indios de Nueva Escocia y Ontario y los franceses de Missouri”. Y especifica que una forma especializada de tal anécdota “trata del tonto novio que sigue las instrucciones al pie de la letra. Le dicen, por ejemplo, que debería mirar a su esposa con ojos de cordero. Los compra donde el carnicero y se los lanza”.

1 [ECHARLE UN OJO]

Eso era uno. Era tonto, y era… Estaba en la sierra. Un campesino de toda la vida, en la sierra. Y entonces le dice el padre:

– ¡Niño! Tú tienes ya cerca de treinta años. Tú vas a tener que ir al pueblo, buscando novia, y algo, porque yo aquí nada más en la sierra, y con las cabras…; eso, yo no lo veo yo ya muy bien en ti.

Total que dice:

– Bueno, papá. ¿Yo qué tengo que hacer?

Dice:

– Pues tú tienes que ir al pueblo y buscarte una chica por allí; lo que encuentres. Tú tienes que buscar algo.

Total, fue al pueblo, dice:

– Opá, yo, yo (antes no decían papá, antes decían opá), opá, yo, yo no he visto a nadie.

– ¿Que tú no has visto a nadie? Con todas las mujeres que hay en un pueblo, ¿y tú no has visto a nadie?

Dice:

– Yo no he visto a nadie.

Dice:

– Pues mira. Tú vas a ir todos los días al pueblo, y le vas a ir echando un ojito a toda la que veas.

Y entonces dice que… Bueno, pues iba él al pueblo, dice: “Pues a esta le voy a echar yo un ojito”.

Iba una noche, iba otra noche y le echaba un ojito. Pero él, resulta de que, a la semana, va el padre a ver las cabras, y tiene todas las cabras ciegas. Y le dice el padre:

– ¡Niño!, estas cabras que están tan ciegas, ¿eso de qué es?

– ¿No me dijiste que yo les echara un ojito a las, a las muchachas? Pues yo todas las noches llevaba unos pocos de ojitos de las cabras y se los tiraba. ¡Pero ni por esas, yo no he encontrado novia!

AMPARO LÓPEZ OJEDA El Palomar–Paradas, 1992

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CATALOGACIÓN

Aarne–Thompson, nº 1006: Casting Eyes. También puede aparecer como episodio aislable en el contexto del hombre tonto, por ejemplo en el Tipo 1685.

Robe, 1006.

Espinosa, III, pp. 191–198.

Thompson: H1381.3.1, J1700, J1730, J2460, J2460.1, J2462.2, J2470, K1442, P233, P411.

VERSIONES ESPAÑOLAS

Rasmussen (C. P. Andaluces, pp. 170–173), nº 39 (II): El Tonto y la Porra.

Gómez López (C. Poniente Almeriense, pp. 330–332), nº 50: El Tonto y los Ojicos.

Curiel Merchán (Extremeños, pp. 93–95, 179–180), nº 10: Cosas de un Tonto [CSIC, pp. 29–31], nº 38: El Pastorcillo Tonto [CSIC, pp. 97–99].

Rodríguez Pastor (C. E. de Costumbres, p. 179), nº 55: El Hijo del Pastor.

Espinosa (CPCL, II, pp. 281–284), nº 371: Juan el Tonto (Tipo 1006).

Cortés Vázquez (C. P. Salmantinos, I, pp. 114–115, 119–124), núms. 52 y 54: El Pastor Bobo.

Camarena (León, II, pp. 124–126), nº 236: [El Novio Tonto].

Espinosa lo estudia dentro del ciclo de Juan el Tonto. Sería el elemento L1 “Juan quiere buscar novia y su madre le dice que le eche los ojos a alguna moza del pueblo. Juan le saca el ojo a un carnero y se lo tira a una moza”. En esta colección de Espinosa, está incluido en el número 187: Juan Tonto.

Azkue (Euskaleriaren…, pp. 135–138), nº 47: Eroketxo ta Ama. Roquecito y la Madre.

Vinson (L. País Vasco, pp. 74–76): La madre y el hijo idiota.

VERSIONES HISPANOAMERICANAS Y PORTUGUESAS

Robe (Mexican Tales… from Los Altos, pp. 463–464, 477–482), nº 131: [El Ranchero Pajón], nº 133: Juan el Menso o El Suegro.

Jameson–Robe (Hispanic Folktales…, pp. 190, 202–203), núms. 161 y 181.

Vasconcellos (Contos e L., II, pp. 419–420), nº 643: O Homen Bruto (Tipo 1006).

Moutinho (C. P. Portugueses, pp. 108–112): O Manuel Vaz.

2 [LE FALTA UNO]

Eso era uno que iba caminando, un arriero de esos que había antes. Y decía:

– ¡Ya se me perdió un burro! Y empezó a mirar por alrededor, y ¡nada!: que no daba con el burro. Los contaba. Llevaba seis, y no contaba nada más que cinco: “Uno, dos, tres, cuatro, cinco. ¡Nada! Que se me perdió el burro. ¡Vamos a ver!”.

¡Y venga a buscar el burro! ¡Y que no daba con él! Y cuando se da cuenta… ¡iba subido en él! Y ese era el que le faltaba, el que iba subido a él.

AMPARO LÓPEZ OJEDA El Palomar–Paradas, 1993

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CATALOGACIÓN

Aarne–Thompson, nº 1288A: Numskull cannot Find Ass he is Sitting on.

Hansen, 1288A.

Chevalier (C. Folklóricos, nº 96, Cuentecillos, H5).

Thompson: J2022.

VERSIONES POPULARES ESPAÑOLAS

Quesada Guzmán (Cuentos… Pegalajar, pp. 223–224): ¡Me falta un Burro! (facticia).

Sánchez Ferra (“Camándula… Torre Pacheco)”, p. 111), nº 106: El Tonto no encuentra a la Mula.

Díaz (C. en Castellano, p. 119): Los Seis Burros.

Contos P. Lugo (p. 134), nº 141: O Home Descoidado i o Burro.

Quintana (Bllat…, pp. 69–71), nº 31: Juan el Tonto.

Amades (R… Catalunya…, p. 1126b), nº 509: Fer com aquell que cercava l’ase i anava a cavall.

VERSIONES ÁRABES

García Figueras (Cuentos de Yehá, pp. 142–143), nº 252: ¿Son Ocho los Burros o Nueve? Igualmente en Cuentos del Marruecos español (pp. 198–202): Aventuras de Yehá.

Pinto (Bajo la Jaima… Sáhara, p. 31): Yoha y los Asnos Sedientos.

VERSIONES LITERARIAS

Poggio (cf. Fradejas, “Las Facecias de Poggio…”, en Varia Bibliographica.

Homenaje…), LV: Fabula Mancini.

Correas (Vocabulario, p. 256a): La Asnada de Gálvez. Refiere el cuento tras el dicho y explica cómo vino a quedar “por refrán

– la asnada y bobería de Gálvez, en Aragón”. Vuelve a mencionarlo en Las asnadas de Villena, donde explica que es: “Como Las asnadas de Gálvez (p. 262a), y en Llevar seis asnos y contar con cinco (p. 282a).

Cervantes lo menciona (Don Quijote, II, LVII; p. 598): “… y he caído en el descuido del que yendo sobre el asno, le buscaba”.

También A. Auset (“El mayoral de diligencias”, en Los españoles pintados, II, p. 194): “¡Oh admirables designios de la Providencia! ¡ó locura de los sábios que andan tras el descubrimiento de los arcanos de la naturaleza cuando los tienen resueltos á la mano, como el arriero que iba buscando el burro que llevaba debajo!” Fernán Caballero (“Las noches de invierno en las gañanías.

Cuentos” en O. C. El refranero…, nº 26, pp. 84–85).

Rodríguez Marín (Más de 21.000…, pp. 499a, 504a):

– Uno, dos, tres, y mi burro no parece. “Decía un harriero, sin contar el burro en que iba montado.”

– ¿Vas caballero en el asno, y ándaslo buscando? Rodríguez Marín (12.600 Refranes…, p. 154a): Iba en su yegüa, y preguntaba por ella.

Rodríguez Marín (Los 6.666…, p. 34b, 73b):

– Buscaba el necio su asno, y lo llevaba debajo.

– En su burra iba caballero, y echábala menos.

Junceda (Diccionario…): Uno, dos, tres, y mi burro no aparece.

Utilizado como material didáctico por Herrero (Cuentos…, pp. 23–25): Le falta un Borrico.

Chevalier refleja o menciona además la versión de Cristóbal de Castillejo (Coplas a la Cortesía) y la popular de Mason (versión de Puerto Rico).

OTROS TEMAS SIMILARES

Hay varios tipos semejantes reflejados en el catálogo general. Thompson (El Cuento Folklórico, pp. 250–264) hace una breve mención de los más interesantes. El Tipo 1287: Numskull unable to Count their own Number está basado, esencialmente, en la misma estupidez del tonto y aparece con frecuencia en el folklore hispánico. Véase por ejemplo: Nogués (Aragón, pp. 124–125). Incapaces de contarse, defecan y cada uno de los tontos hace un hoyito en los excrementos para contarlos. Igualmente en Feijóo (Cubanos, II, p. 76).

Algo semejante es, también, el Tipo 1288, donde los tontos son incapaces de distinguir los propios pies. En una versión de Yehá, éste lo arregla a palos, tal como sucede en un cuento de Espinosa (CPCL, nº 288), donde, también, falta uno al contarse.

Thompson (El C. Folklórico, p. 259) afirma que estos cuentos “de cálculos absurdos son esencialmente literarios, aunque uno u otro se encuentran ocasionalmente en toda Europa, en la India y aún en la tradición europea en América”.

3 [CABRA O LIEBRE]

Un tonto. Y lo mandaron a guardar cabras, y le dijo:

– Mira, te vas a ir –pero ese era tonto del todo–, te vas a ir a guardar cabras; por la piara te vas a ir. Tienes mucho cuidado, ¡eh! Ten mucho cuidado que no se te vayan a los sembrados, ni te se vayan a ningún lao.

Bueno, pues mira: tenía una cabra. Toda la noche la estuvo corriendo, toda la noche. Y se le metía en un sembrado y se le metía en otro, y él ¡venga correr venga correr! Y cuando llegó el dueño por la mañana, le dijo:

– ¿Qué pasa? ¿Cómo te has portado? Dice:

– Yo te voy a decir la verdad: a las cabras grandes, todo muy bien; pero a la chica…: la chica me ha vuelto loco!

– Te ha vuelto loco ¿cómo? Dice:

– Que me ha vuelto loco. Toda la noche, en este sembrado, en aquel sembrado; allí me mete, en aquel melonar, en el otro. ¡Y yo ya estoy loco con ella! ¡Y yo no puedo meterla en la piara!

– ¡Y dónde está! Y entonces dice:

– Mira dónde está, en medio de la piara.

Y cuando la mira, dice:

– ¡Hombre, pero si eso es una liebre, por Dios! Y había estado toda la noche corriendo detrás de una liebre.

AMPARO LÓPEZ OJEDA El Palomar–Paradas, 1993

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CATALOGACIÓN

Aarne–Thompson, nº 1316: Rabbit Tought to be a Cow.

Thompson: H1112, J1700, J1730, J1736, J1757, P360.

Generalmente, aparece asociado a otros motivos, como por ejemplo en Espinosa (CPCL, nº 288). Sobre la expansión del cuento, puede verse Thompson (El C. Folklórico, p. 257).

VERSIONES ESPAÑOLAS

Gómez López (C… Poniente Almeriense, pp. 328–329), nº 49: El Soldado que se metió a Pastor.

López Megías (Tratado…, p. 199), nº 81: El Pastor puesto a Prueba.

VERSIÓN HISPANOAMERICANA

Don Pampa Viejo (Fogón de las Tradiciones, I, pp. 127–128): La Chiquitita era la Brava.

VARIANTE LITERARIA

Timoneda (Portacuentos, II, 34) nos presenta al vizcaíno que, habiendo perdido el machuelo, “viendo una cierva por una montaña arriba, fue tras ella, pensando que era su machuelo”. Y en la persecución iba hablando a la cierva y prometiendo mejor vida.

4 [EL CORREO DEL CIELO]

Pues señor, esto era un pueblo chico de la provincia de Sevilla, en el que vivía una tonta, una tonta…, pero ¡tonta! Resulta que un granuja se dio cuenta de que la tonta era tonta, y entonces inventó un plan: pasando por su puerta, diciendo: “¡El correo del cielo, el correo del cielo…!”.

Total, salió a la puerta la tonta, y entonces, le pregunta:

– Oye usted. Usted, ¿conoce a mi hermano Manué? Que hace ocho meses… ¿Le recuerda usted? Y entones le dice el cartero, o el correo, dice:

– Claro que sí que lo conozco ¡Está más flacucho el pobre! Entonces dice la tonta:

– Mire usted, usted… ¿usted podría llevarle un regalito a mi hermano?

– ¡Hombre, pues claro que sí! ¡Joé, pues no voy a poder, si yo soy el cartero! ¡Nada, si yo estoy para eso!

– ¡Ah! ¿Qué usted está para eso? Pues entonces espérese usted.

Y entró en la casa, muy deprisa, y se fue a la cocina donde tenía una caña con muchos chorizos, y cortó, cortó ¡ocho chorizos! Y acá salió a la puerta, en busca del granuja. Le dio los ocho chorizos para su hermano.

Vio el cielo abierto. Se fue para allá para quitarse de en medio. Al día siguiente, otra vez, otra vez cayó en la trampa; porque entonces viene el tonto, el granuja, diciendo:

– ¡El correo del cielo, el correo del cielo, el correo del cielo! Total, que la tonta, en seguida que se enteró, salió a la puerta y pidió otra vez. Le dice a, al correo, le dice:

– ¡Oiga usted! ¿Y mi hermano, cómo está? Dice:

– Su hermano…, mire usted, estaba…, está… ¡Se puso tan contento con los chorizos! ¡Ojú, no se puso contento! Y entonces, ella le pregunta:

– Mire usted, ¿y usted le ha visto cómo tiene las botas? Dice:

– Las botas… ¡las botas están fatal! Está el pobre con los, viene con los dedos por fuera.

– ¡Huy, huy, qué lástima de hermano! Pues, mire usted, yo lo que hago, si usted puede llevárselo, le voy a dar unas botas de mi marido.

Dice:

– ¡Claro que sí! ¡Si yo estoy para eso! Y entonces le dio las botas. Se fue con las botas tan contento, porque ya estaría… Las botas, pues iba a llegar el hermano… ¡Iba él tan contento! De manera que… se fue con sus botas puestas. Y al día siguiente, ¡otra vez volvió! Entonces preguntó que cómo estaba de…, que si hacía frío. Dice:

– ¡Ojú! ¿Frío? ¡Allí hace un frío que pela! ¡Allí no se puede estar sin pelliza! –dice–. ¡Allí hace un frío! Y entonces le pregunta:

– ¿Usted se podría llevar… una pelliza que yo tengo ahí, que ha comprado mi marido? Dice:

– ¡Pues claro que sí! ¡Si yo estoy para eso!

– ¡Ah! ¿Usted…? Pues mire usted, se la voy a dar –y se entró para dentro y vino tan contenta con su pelliza en la mano.

Y entonces ¡vio el cielo abierto! Dijo…: “Otra vez, otra vez cayó la tonta”.

De manera que, al otro día ya, pasó el día siguiente… Total, que al otro día, otra vez, otra vez pasó por la puerta diciendo:

– ¡El correo del cielo, el correo del cielo, el correo del cielo! La tonta le pregunta:

– ¡Oiga usted! ¿Y mi hermano? ¿Cómo está?

– Su hermano… está bien. Se puso la pelliza, le está… Es menester un poquillo estrecha, pero le está bien.

De manera que le preguntó si podía llevarle…:

– Usted se podía llevar un cochinito que yo tengo ahí… Y:

– ¡Claro que sí! ¡Si yo estoy para eso! –siempre repetía que estaba para eso, para dejar la cosa más segura.

De manera que entonces entró y…

– ¡Entre usted, entre usted! Entró en el corral y había una cochina como…, ¡hacía como de unas tres arrobas, una cosa así! Y entonces cogió la cochina por delante y se acercó muy ligero para quitarse del medio con la cochina. Y al ratito ¡llega el marido! ¡Ojú! Llega el marido y le pregunta:

– ¿A que no sabes, no sabes tú quién ha estado aquí hoy? Dice, dice el marido:

– ¡Yo qué sé quién ha estado aquí! Dice:

– Pues ha estado aquí ¡el correo del cielo! Dice:

– ¡Quilla! ¿El correo del cielo? ¡Si en el cielo no hay correo! ¡Cómo va a ser eso! ¡Te han engañado! No seas más tonta. Anda, anda, hombre, eres tonta del todo.

Dice:

– Pues mira, yo le he dado chorizos, yo le he dado… la pelliza y ¡la cochina que se llevó! Esas cosas nada más.

Dice:

– ¡Anda mujer, si, si eres, si eres tonta del todo! Dice:

– Pues, pues…–salió corriendo el marido en busca de él, dice

– mira, pues aquel hombre que va por allí, aquel es.

Y salió el marido corriendo a alcanzarlo.

Y, y empieza la madre de su mujer:

– ¡José, José, vuélvete, vuélvete, vuélvete, José, ven, vuélvete!

– Pero, ¿qué pasa? –se vuelve y, y dice–, ¿qué quieres hija, qué quieres? Dice:

– Mira. ¿Tú ves este charquito que hay aquí? Pues aquí meó la cochinita antes de salir.

Y mientras, el granuja salió con la cochina corriendo.

Y se quitó del medio.

Y aquí termina la cosa.

CRISTÓBAL RAMÍREZ BARRERA Arahal, 1993

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CATALOGACIÓN

Aarne–Thompson, nº 1540: The Student from Paradise.

Boggs, 1540.

Hansen, 1540.

Robe, 1540.

Camarena (Repertorio… Cantabria), 1540.

Chevalier (C. Folklóricos), nº 173.

Beltrán (“Notes… Vall d´Albida i l´Alcoià”, p. 128b–c), nº 17: La Criada Bajoca.

Thompson: J2326, J1701, J1700, J1730, J2300, J2326.1.

VERSIONES ESPAÑOLAS

Reinón (Cuentos… Vélez, p. 108): Las Mujeres Tontas.

Rodríguez Partor (Extremeños y Andaluces, pp. 193–198), XXXIV: ¿Quién es más Tonto? Rodríguez Pastor (C. E. de Costumbres, pp. 162–164), nº 47: El Correo del Cielo.

Carreño (C. Murcianos, pp. 245–246): El Arriero (variante) [López Valero (C. Murcianos… Aplicaciones…, p. 124)].

Agúndez (C. Valladolid, nº 24): A quién más Tonto.

Díaz–Chevalier (C. Castellanos, pp. 68–69), nº 35: La Matanza (variante).

Los Cuentos del Abuelo (pp. 58–60): El hombre que venía del otro mundo.

Cf. Guardiola (Contes… Marina Alta, pp. 55–66): El Correu del Purgatori.

González Sanz (La Sombra Guara, pp. 101–103), nº 44: [Chiste del Estudiante Talante].

Suárez López (Cuentos… Asturias, pp. 276–277), nº 84: El Mensajero de las Ánimas.

Azkue (Euskaleriaren…, pp. 358–364), nº 131: Zeruko Beriak.

Noticias del Cielo.

VERSIONES HISPANOAMERICANAS Y PORTUGUESA

Pino Saavedra (Nuevos… Chile…, pp. 323–326), nº 68: [El mejor sueño y Pedro lleva encargos al otro mundo].

Dannemann (C. F. Chilenos…, pp. 40–43): Pedro Urdemales.

Coelho (C. Portugueses, pp. 200–202), nº 41: A Machadinha.

VERSIÓN NO HISPÁNICA

Grimm (CC, pp. 365–368), Gente Lista. Igual que el último de Nogués, el marido sale a buscar mujer más tonta que la suya; había dejado que el comprador se llevase dos vacas dejando una tercera como prenda. Haciéndose pasar por emisario del cielo, burla a una madre y su hijo en lances sucesivos.

VERSIÓN LITERARIA

Cf. Boira (El libro de los cuentos, II, pp. 16–17): El correo del otro mundo. Murió el carpintero apenado por una sierra perdida.

Falleciendo un vecino, la mujer le encargó que dijese a su marido que la sierra había aparecido.

OTRAS VERSIONES

Chevalier (C. Folklóricos, nº 173) extracta un pequeño fragmento de Cervantes (Pedro de Urdemalas, II–III) donde el pícaro se hace con dinero ofreciendo la redención de las almas del purgatorio. Menciona una versión chilena de Pino Saavedra y otra mejicana de Wheeler.

– Existen versiones similares. Véanse dos de Nogués (C. de Aragón). Una mujer manifiesta su deseo de ver al difunto marido. El sacristán dice que lo puede ver en la chimenea. La mujer crédula le va entregando los objetos por la chimenea al sacristán, que dice ser el marido (p. 126). En Bureta, vendió la esposa unas gallinas y un gallo, y dejó el comprador el gallo como prenda de la compra hasta que pagase las gallinas. Al regreso del marido, la esposa cuenta contenta su venta. El indignado marido sale a buscar a una mujer más tonta que la suya; en Alberite hay una mujer que le da una camisa para el marido difunto, pues desde que había muerto no se la había cambiado: encontró una mujer más tonta.

VIAJES ENTRE LOS DOS MUNDOS

No debe extrañarnos que, en nuestra cultura, como en prácticamente todas, donde existen dos mundos, el de los vivos y el de los muertos, se pueda establecer una correspondencia. Las visitas de seres del otro mundo, generalmente pidiendo que se pague en su nombre alguna deuda no saldada en vida o advirtiendo de las penalidades que aguardan en el otro mundo al que merece el Infierno, fueron muy frecuentes en la Edad Media; baste una revisión de El Especulo (331, 332,…) donde se describen infinidad de casos.

Valerio Máximo (II, V, 10) nos habla de los préstamos de objetos materiales entre los galos, pues “según, suelen prestarse entre ellos grandes sumas de dinero, que han de ser devueltas en el otro mundo, porque están persuadidos de que las almas de los hombres son inmortales”.

La cita anterior puede parecernos referente a un mundo alejado, un mundo inmerso en las primeras mentalidades en que la muerte era concebida como un largo viaje que se había de afrontar con pertrechos y buena provisión de comida. Algo, no obstante, permanece en la mente colectiva. Ciertas prácticas, ciertas supersticiones han alargado hasta cerca de nuestros días sus sombras.

Aurelio de Llano (Del Folklore Asturiano, pp. 187–198) recuerda toda una serie de costumbres y supersticiones relativas a los entierros y exvotos por las almas de los difuntos. La oblada, en fin, es la ofrenda que se da por los difuntos; existe la palabra porque existe la costumbre. “La oblada de hoy –dice Llano – consiste en pan y vino, carne o dinero, pero no se deposita encima de la sepultura como se depositaba antiguamente antes de dársela al cura”. Y agrega:

“En Cavia –una cosa parecida hacen en el concejo de Infiesto y en otros–, el domingo siguiente al entierro, llevan al templo una cesta con tres carriones de pan, uno para el cura y dos para las ánimas; y son tantas cestas como parientes cercanos y amigos haya dejado el difunto.

[…] Los carriones que no pertenecen al cura se venden […]; el producto lo recoge el sacerdote para aplicarlo a oficios por las ánimas”.

Seguidamente, recoge la costumbre de Ibia, donde “llevan como ofrenda varias monedas hincadas verticalmente en una tela, del medio hacia arriba. Y cuando termina el ofertorio de la misa un pariente del muerto se arrodilla con la vela en la mano delante del sacerdote; éste reza un responso y después recoge las monedas”.

Con estos ejemplos y otros, no queremos asegurar que el cuento refleje hechos concretos; el cuento podría trivializar, descubrir el lado risible de ciertas costumbres.

La literatura no ha sido ajena a estos tráficos de mercancías y mensajes entre los dos mundos. Recordemos un caso que está a medio camino entre lo popular y lo culto. En Cuentos Populares. Regalo a los Suscriptores de “El Cascabel”, II, (pp. 21–23), aparece el siguiente cuento. El conde de Lázaro, celosísimo, a punto de morir, deja escritas unas cartas a su ayuda de cámara para que las vaya entregando a la esposa en el caso de que sea infiel después de muerto. La esposa se dispone a casarse y comienza a recibir cartas amenazantes, firmadas desde el Paraíso. Al principio hace caso omiso, después duda y, finalmente, se recluye en un monasterio.

EL TIMO

Si despojamos a este cuento de la estupidez de la madre y la hija, que constituye su verdadera sal y gracejo, tenemos entre manos un viejo timo. Hace justamente cien años, circuló por la prensa sevillana la siguiente noticia de pícaros. Unos caballeros de la industria se hicieron con una lista de expedicionarios que iban a la guerra de Cuba y fueron visitando a los padres, informándoles de que su hijo se había tenido que quedar muy enfermo en un hospital de Cádiz. Una vez informados del lamentable estado en que se encontraba el hijo, exponen sus peticiones: “El pobre desearía que le mandasen ustedes algún dinero para comprar una bufanda y algunas prendas de abrigo, porque está materialmente en cueros, de modo que si ustedes quieren, como yo salgo mañana de servicio, para Cádiz, puedo llevárselo”.

Evidentemente, y como concluye la noticia, “le salen bien las cuentas al pillo redomado, siendo infinitos los timos que estos pájaros de cuenta están dando por Madrid y por todas las provincias”. (Noticia reproducida en La Revista, 185 (1998), 221 [El Correo de Andalucía, 3, 7, 1998]).

5 [LAS HERMANAS QUE HABLABAN MAL]

Tres, tres eran, tres hermanas, y hablaban mu malamente.

Y le decía la madre:

– Ustedes, cuando salgáis por ahí, no hablar, que no les va salir a ustedes novio.

Y cuando iban por ahí, iban siempre callás, y los mocitos decían:

– Esta gente, que nunca habla… Y ellas se sentaban en un balcón que tenían a coser.

Y se ponían un bucarito de agua a la vera. Y dice uno:

– Pues esa gente la tenemos nosotros que hacer hablar.

Dice el otro:

– Pues le vamos a, a tirar un chinito.

Estaban en el balcón. Les tiró un chinito y le dieron al búcaro. Y dice una:

– Ya e o piyé e búcaro.

– Dice la otra:

– Ce ha oto e búcaro y no e to…

– ¿No te dijo mamá que no habara? Y dice la otra:

– Po, po, po ezo yo me cayo.

OBDULIA BRAVO PEÑALOZA Arahal, 1991

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CATALOGACIÓN

Aarne–Thompson, nº 1457: The Lisping Maiden.

Hansen, 1457.

Robe, 1457.

Camarena (Repertorio… Cantabria), 1457.

Pujol, 1457: La Noia Queca.

Thompson: J1082, K1984, K1984.1, (N300), P232, P252, X135.

VERSIONES POPULARES ESPAÑOLAS

Rasmussen (CP. Andaluces, pp. 166–167), nº 37: Las Tres Tontas.

Gómez López (C… Poniente Almeriense, pp. 315–316), nº 45: Las Tres Hermanas.

García Surrallés (Era… Gaditanos, p. 269), nº 91: Las Muchachas que no sabían hablar.

Reinón (Cuentos… Vélez, p. 109): Las Hijas Desobedientes.

Rodríguez Pastor (Extremeños y Andaluces), XXXVI: La Tartajosa y la Media Lengua.

Rodríguez Pastor (C. E. de Costumbres, pp. 82–84), nº 18: Las Dos Medias Lenguas, nº 19: Las Tartamudas.

Sánchez Ferra (“Camándula… Torre Pacheco”), p. 120), nº 129: Las Hijas Tartamudas y el Pretendiente, nº 130: Las Tres Hijas Tontas.

Hernández Fernández (C. P. Albacete, p. 213), nº 151: Las Hermanas Tartamudas.

Carreño (C. Murcianos, p. 359): La Familia de los Nombres Feos (variante) [López Valero (C. Murcianos… Aplicaciones…, p. 196)].

Morote (Cultura Tradicional de Jumilla, pp. 189–190): Las Tres Hermanas que no saben hablar.

Espinosa (CPCL, II, p. 174), nº 312: El Matrimonio de los Maestros Cojos (variante).

Camarena (León, II, pp. 75), nº 203: [Las Tres Mozas Balbucientes].

Fonteboa (Lit. Tra. Oral en el Bierzo, p. 128), nº 33: As Cuatro Fillas.

Puerto (C… Sierra de Francia, pp. 152–153), nº 105): Las Tres Hijas Zarabatas.

Ayuso (“Consideraciones…”, p. 160a): Las Tres Rapudas.

Pereiro (Narracións… Palas de Rei, p. 80), nº 21: O silencio roto das tres fillas.

Otero Pedrayo (Historia de Galicia, I, p. 713): As Rapazas que falaban mal.

Noia Campos (Contos Galegos…, pp. 321–322): As Fillas Tartamelas (2 versiones).

Azkue (Euskaleriaren…, p. 411), nº 179: Iru Alaba. Tres Hijas.

VERSIONES HISPANOAMERICANAS Y PORTUGUESAS

Houser (“Consideraciones… Ecuador”; pp. 175–176): Las Tres Hermanas Tontas.

Vasconcellos (C. e Lendas, II, pp. 94–97), nº 397. [Língua de Trapos], nº 400: [Nomes Esquisitos], nº 399: [Nomes Estranhos]. Los nombres familiares son tan raros (Clamoques, Calhantrampos…) que el padre prohíbe usarlos. Al quemarse los vestidos en el brasero, el hermano llama a la hermana. El novio termina por marchar porque dice que donde hay nombres “tão tortos/ Nao casam Barrocos”.

Braga (C. Português, p. 226): As Irmãs Gagas.

Moutinho (C. P. Portugueses, pp. 98–98): Un Porco Roubado.

Carvalho–Neto (C. F. Ecuador…, I, p. 40), nº 22: Las Tres Hermanas Tontas.

VERSIONES LITERARIAS AFINES

Las versiones literarias afines parten también de la prohibición de hablar, en este caso al hijo, en los desposorios. Pero alguien habla de necios y él, que se da por aludido, descubre su estupidez al dirigirse al padre.

Arguijo (Cuentos, nº 670, p. 262; también en Paz, Sales…, pp. 205–206). Aparece la sentencia final: “Señor, bien puedo hablar, que ya me han conocido”.

Garibay (Cuentos, p. 214; en Paz y Meliá, Sales…, p. 42): “Señor, bien puedo ya hablar que me han conocido”.

Santa Cruz (Floresta, I, VI, IV, II; pp. 229–230): “Señor, bien puedo hablar, que ya me han conocido”.

Alcalá Yáñez (II, VII, puede leerse en Chevalier, Cuentos Esp., pp. 296–297): “Compadre bien puedo hablar, que estoy conocido”.

Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno (p. 180).

Boira (El Libro de los Cuentos, II, p. 144): El Tonto Conocido.

Montoto (Personajes) recopila el dicho: Chuzón del Pedroso.

Como Chuzón de Pedroso: vámonos, que ya me han conocido. Explica lo anterior con el cuento de Alcalá Yáñez.

Rodríguez Marín (Más de 21.000…, p. 284a): Madre, bien puedo hablar; que ya me han conocido.

OTRAS VARIANTES

Asensio (Floresta, III, III, IV, VIII, I). Descubre un cuentito similar.

Uno que viene de las Indias consigue estar largo rato con una hermosa joven que no dice ni una palabra. Al final le pregunta su nombre y ella responde en mal castellano: “Yo, sonior liamarme Fátima”, con lo que descubre su naturaleza. Sabido lo cual replica él: “Más que te llames Hamete”.

Posiblemente, un cuentecillo de Arguijo refleje un asunto similar. Hablaba un caballero con una dama mientras por allí estaba un personaje “rebozado”. La mujer le pidió al caballero que lo “echase de allí”, pero el hombre replicó: “–Mucho mejor lo hará, si v. m. le dice una palabra” (Cuentos, nº 260; p. 119).

También recuerda la anécdota del esclavo que dejó de hablar a la hora de su rescate. Como era tartamudo, le reprenden porque la liberación habría sido menos costosa si hubiese hablado, como lo reflejan Arguijo (Cuentos, nº 108, p. 107; en Paz, Sales…, pp. 117–118) o la Floresta Cómica. Colección… p. 24 [recogido de CALDERÓN: Los Dos Amantes del Cielo, jornada 2ª]. También Jiménez Hurtado (Cuentos Españoles…, pp. 55–56) y Goyri de Menéndez Pidal (Fábulas…, pp. 151–152) recogen la versión de Calderón.

Braulio Foz (Vida de Pedro S., lib. IV, cap. VII) rechaza una de las muchas novias que le surgieron porque, presumiendo de culta, decía cosas tales como “dife–ri–encia”.

6 [LOS LADRONES]

Era uno, un tonto, que decía que le habían quitado uno, no sé lo que fue, unos guarros, no sé lo que era, y decía:

– Pero, yo sé, yo, yo.

Y…

– El tonto dice que sabe quién… quién son los ladrones.

– ¿Y el tonto va a saber quién son los ladrones?

Dice:

– Pues mira, el tonto dice que sí, insiste que sí, de que sabe los ladrones, los que han robado, han robado los cochinos.

Entonces dice que fueron en busca de él. Y le dijeron:

– Vamos a ver, tonto, ¿tú dices que sabes quién ha robado los cochinos? Dice:

– ¡Ya lo creo que lo sé!

– Bueno, ¿y quién los ha robado? Dice:

– ¡Los ladrones! AMPARO LÓPEZ OJEDA El Palomar–Paradas, 1993

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CATALOGACIÓN

Aarne–Thompson, 1641B* Who Stole from the Church… Thieves.

Boggs, *1550B.

Hansen, 1550**E.

Espinosa, II, p. 258.

Thompson: J156, J1700, K1956.

VERSIONES POPULARES ESPAÑOLAS

Larrea (Gaditanos), XXIX: El Tonto que se hacía el Sabio. Los “ladrones” son los propios padres del tonto, que provocan la “confesión” del hijo.

Quesada Guzmán (Cuentos… Pegalajar, pp. 163–165): Periquillo el Tonto (v. facticia).

Rodríguez Pastor (C. Extremeños Obscenos y Anticlericales, pp. 208–209), nº 86: El Tontino.

López Megías (Tratado…, p. 122), nº 50: El Tonto y los Ladrones.

Fraile (C… Madrileña, pp. 274–275): Habán sío los Ladones.

Agúndez (C. Valladolid, nº 25): El Hombre llevado en Procesión.

Blanco (Palabras… Peñafiel…, p. 17): El Robo de la Iglesia.

Los Cuentos del Abuelo (pp. 10–12): El Tonto Landelino.

Cortés Vázquez (C. P. Salmantinos, I, pp. 125–126), nº 55: Periquito el Bobo.

Lorenzo Vélez (C. Anticlericales…, pp. 130–132): El Robo de la Custodia (v. salmantina).

Puerto (C… Sierra de Francia, pp. 147–148), nº 95: El Robo de la Custodia, nº 96: El Robo de la Iglesia.

Ayuso (“Consideraciones…”, p. 154): Juanillo en Procesión.

Asensio (C. Riojanos…, pp. 201–203): El Tonto Lilé (¿Quién robó la iglesia?) (3 versiones).

Fernández Pajares (Del F. de Pajares, pp. 134–135): ¿Quién robó la Lámpara? Espinosa (CPCL, II, pp. 234–235), nº 340: Los Ladrones.

Espinosa (CPE, I, p. 98), nº 55: El Tonto Adivino (v. palentina).

En el estudio, dice que sólo conoce la versión de su hijo.

VERSIONES LITERARIAS

Boira (El libro de los Cuentos, II, p. 196): La Verdad Inútil.

Ibáñez Arroyo (Sucedidos…, pp. 74–75).

VERSIÓN LITERARIA CON SEMEJANZAS

La simplicidad de nuestro tonto nos recuerda la del fraile de Moreto en Industrias contra Finezas, 2, 13: “¿Quién ha muerto?, preguntó,/ y el fraile le respondió:/El que vá en el ataud” (puede leerse en Jiménez Hurtado, Cuentos Españoles…, p. 188). Puede verse el tema también en Chevalier, Cuentos españoles, p. 310.

Boira (El libro de los Cuentos, II, p. 211): Sacar de duda.

7 [EL GATO, EL GALLO, LA HOZ]

Había un molinero que tenía tres hijos. Y el pobre, cuando estaba muy viejecito, que sabía que se iba a morir, los reunió, los llamó a los tres, les dijo:

– Hijos míos, yo me voy a morir y no os dejo ningún capital, porque somos muy pobres, pero ahí tenéis el gato, el gallo, y… las hoces, los hocinos.

– ¡Qué vamos a hacer nosotros! –ya el padre se murió y decían–. ¡Qué vamos a hacer nosotros con el gallo, el gato y esos hocinos!

– Ya, ya buscaremos a ver lo que hacemos.

Y entonces, el mayor cogió el gallo, dice:

– Pues yo voy a salir por ahí a ver lo que encuentro con mi gallo.

Lo metió en un jaulón que tenía y se lo echó al hombro, a la espalda, y andar. Salió andando. Anda que te anda, anda que te anda… Y anduvo muchos días y muchas noches; hasta que el pobrecito estaba ya cansadito.

Y buscaba a ver qué encontraba con aquel gallo, a ver si se le presentaba algo. Pero llegó a un pueblo ya muy lejano y sintió, se quedó en la posada, y sintió, por la madrugada sintió ruido, por la noche sintió unos ruidos.

– ¿Y a dónde va la gente? –preguntó.

Y le dijo el posadero, dice…:

– Esa gente va a traer al día, y lo traen con cadenas, que lo traen con cadenas.

– Bueno, ¿y con cadenas traen el día?

Dice:

– Sí, porque el día, como no tiren de la cadena, no viene.

– ¡Qué barbaridad! Pues yo traía aquí un bicho que, en cuantico cante tres veces, ya está aquí el día.

– ¿Y eso es verdad?

Dice:

– ¡Cómo si es verdad! ¡Que no tire nadie de la cadena, hombre! Que vais a ver por la madrugada… Y ya, avisaron a todos, al alcalde, a los municipales, a todo el pueblo.

Se presentó allí en la posada que estaba en la plaza del pueblo, y puso el gallo allí en el balcón, y dice:

– ¡Ea! Escucha a ver.

– Y mos ahorramos de tirar… Si es verdad lo que dice este hombre nos ahorramos de tirar de la cadena –que iban mil personas lo menos para tirar de una cadena muy gorda y muy larga.

Y entonces, pegó el gallo la primera cantada –serían las cuatro o las cuatro y media… Y dicen:

– Todavía no viene el día…

– ¡No, no, ya vendrá! Ese es el aviso para que venga.

Y al rato, a la media hora o así, a la media hora, cantó dos veces.

– Ya… ¿Vendrá el día con eso ya? Dice:

– ¡No, todavía tiene que cantar más! A la otra media hora cantó tres veces, o cuatro… Dice:

– Ya se acerca, ¡eh!; ya, con dos o tres o cuatro avisos ya viene… Se está acercando.

Total que ya empezó y cantó muy seguido unas pocas de veces, y ya empezó a clarear.

– ¿Lo estáis viendo? Os ahorráis de cadena ni…

– ¡Qué barbaridad! Bueno, y esto…, esto era menester que nos lo vendiera usted, porque nosotros aquí tenemos un trabajo… Dice:

– Yo…, esto vale mucho dinero ¡eh! Esto vale…

– ¿Cuánto quiere usted? ¡Lo que usted pida le damos!

Dice:

– Pues me tenéis que dar un millón de reales. Y si no, pues no se lo vendo, porque más adelante me van a dar más, ¡eh! ¡Seguro!, más adelante me dan más.

Total que estuvieron…Se reunieron todos los del pueblo…

– Venga, vamos a comprar éste. Cada uno va a aportar lo que pueda.

Y entre todos reunieron el millón de reales.

Se vino solo a Mairena, solo. Compró una huerta (allí en Mairena hay muchas huertas de naranjos). Y ya se casó, y ya… Y los hermanos, cuando lo vieron…

– Bueno, ¿y qué ha pasado? Dice:

– ¡Yo qué sé! A mí, hombre… ¡Lo que yo he andado por ahí! Hasta encontrar un pueblo que tiraban del día con cadenas, y he vendido el gallo, y me he hecho rico.

– Bueno, pues yo voy a ver, a ver lo que hago –dijo el otro hermano–, a ver lo que hago con este gato.

Lo metió en un saco y se lo echó a cuestas, y salió por aquellos andurriales, por aquellos caminos de la sierra, y ¡venga a andar venga a andar! ¡Y un día y otro día…! ¡Y que no encontraba nada! Hasta que llegó ya a un pueblo muy viejo con muchos ratones. ¡No podían vivir de ratones que había! Y dice:

– Pues aquí me voy a quedar yo. A lo mejor hago yo negocio aquí con el gato.

Y se quedó en la posada.

– ¿Qué trae usted ahí, amigo?

– Que me he traído un bicho para todos los bichitos que haya.

– ¡Uf! Pues aquí hay ratones… Mire usted, aquí hay tantos ratones… Mire usted la cama dónde la tenemos para que los ratones no anden, porque los ratones andan por todas partes: por lo alto de nosotros, y… –tenían las camas en alto.

Y entonces dice:

– Pues yo traía aquí un bicho que, cuantito lo suelto, no queda un ratón aquí.

Total, estuvieron viéndolo.

– Y, ¿eso va a matar los ratones?

Dice:

– ¿Esto? ¡Usted verá! Soltó el bicho allí en la posada. Cerró la puerta para que no se saliera. Y por la mañana, cuando amaneció, había más de dos, más de dos cuartas de ratones. Estaba ¡tanto así! de ratones por el suelo.

– ¡Qué barbaridad, lo que ha hecho este animalito! ¡Esto acaba con los ratones del pueblo enseguida! Bueno, amigo, este bicho es menester que nos lo venda usted a nosotros.

Dice:

– ¿Este bicho? Esto vale mucho dinero ¡eh! Esto yo no lo vendo por nada, ¡vamos!

– Pues, pida usted dinero, hombre, que pida usted dinero, que le damos todo el dinero que usted pida.

Dice:

– Pues, yo he pedido a ustedes un millón de reales, porque lo necesito. Y además que esto, este bicho, esto es fantástico.

Total, que entre todos lo vecinos del pueblo reunieron el millón de reales, y se vino ya más contento que la mar, con su dinero, sin gato. Pero hizo lo mismo que el hermano. Allí, otra huerta vecina, aquella la compró. Se casó y ¡no vivía bien! ¡Señorito ya, vamos!, después de estar tanto tiempo pasando calamidades.

Bueno, pues, el hermano con las hoces.

– Ustedes, uno el gato y otro el gallo, pero yo las hoces estas ¡qué voy a hacer! Esto…, yo no puedo hacer nada con esto.

– ¡Quiyo!, sal por ahí, algo encontrarás.

– Pero yo las hoces estas ¡qué voy a hacer! Esto…, yo no puedo hacer nada con esto.

– ¡Quiyo!, sal por ahí, algo encontrarás –le dijeron los hermanos.

Echó la hoz acuestas y se fue. Y anduvo… ¡Yo qué sé a los países que anduvo! Ya ves, hasta que llegó a un país en que había un trigo, y vio que había tres hombres.

– ¡Estarán haciendo esa gente ahí! Pues esos están recogiendo la cosecha.

Uno cogía un taquito de madera, y lo ponía en el suelo, el otro cogía la espiocha, y se la ponía aquí, en lo alto del taquito de madera, y el otro con un escoplo le daba un martillazo; y así cortaban la espiga. Y ya ves, para cortar un haz de espigas, pues estaban todo el día.

Y llegó el de las hoces y dice:

– Amigos, ustedes estáis muy atrasados en la materia.

Yo traigo aquí un instrumento que, con esto siegan, con esto siegan toda esta tierra que tienen ustedes aquí sembrada de trigo: la siega mi instrumento en un día, o en menos.

Dice:

– A ver, a ver.

Sacó el tío una hoz que era, ¡buf! Y además era un buen segador, porque le había enseñado su padre. Se puso los dediles, la teta. (Que para segar hay que ponerse una teta, ¡eh!; la teta, que pilla estos tres dedos… y aquí otro dedo. En este dedo un dedil. Y este para la llave, para echar la llave el dedo gordo.) Se puso, en un momento hizo un rempujo (así lo llaman, un rempujo, eso de que se hace una maná; en otro sitio le llaman una maná, pero en mi pueblo le dicen rempujo; y de cuatro a cinco rempujos, un haz gordo, o medio haz). Y se lio, ¡pumpún, pumpún! y en tres o cuatro, dos o tres horas, segó todas las tierras que tenían allí, todo el trigo que tenían. Y entonces…

– ¡Esto me lo tiene usted que vender, eh! Esto nos lo tiene usted que vender, que si no, nosotros aquí no podemos, con esto no podemos ni comer.

– Esto yo…, hombre, yo no lo quiero vender; pero si me lo pagáis bien…, porque esto es más –aquel quería más dinero ¡eh!, estaba ya avisado y dice–. Yo si me dais un millón y medio de reales, lo vendo, si no, no lo vendo, porque más adelante me van a dar más.

– ¡Un millón y medio de reales! ¿A dónde vamos a ir nosotros por ese dinero?

– Ustedes lo juntáis entre todos los del pueblo.

Y entonces, ya hubo una junta de los ediles del ayuntamiento y el alcalde; los municipales y el cartero, todos se la compraron. Dice:

– Bueno, amigo. Y, y esto… Dice:

– Eso… ya ustedes os aviáis. Yo ya me voy con mi dinerito y ustedes ya sabéis cómo se hace eso.

Y se vino con su dinero, y ahí los pobres fracasaron porque, como no sabían segar, porque ni el alcalde, ni el municipal, ni ninguno sabía segar… Pues se puso el alcalde, fue el primero que se puso a segar, y se cortó, se pegó un corte en el dedo.

– ¡Uf! ¡Qué bicho más malo, que le ha cortado el dedo al alcalde!

– Y la cogió otro también y se cortó, porque las hoces, como no se sepa segar, cortan seguro ¡eh! Hay que llevar su teta y saber.

Y ya los pobres dicen:

– Después que nos ha costado tanto dinero, y… ¡Esto es un bicho malo, hombre! Y entonces la tiraron allí, y se liaron a tirarle piedras… Y montaron un montón de pasto para quemarla; pero, como la hoz era de acero, pues no ardía.

– ¡Digo! ¡No, si ni se quema siquiera! Y se liaron a tirarle piedras y le pegaron una pedrada; y como la hoz es curva, pegó un salto y se le clavó a uno en la espalda.

Salieron corriendo…

– ¡Qué ruina! ¡Qué bicho más malo que va a matar a medio pueblo! Pero el otro estaba ya… Se había quitado del medio con su dinero. Ya ves, zafado; se había venido a Mairena y había comprado una huerta, y ya está.

Y ya está mi cuento acabado y mi culito chamuscado.

JUAN RAMÍREZ ÁLVAREZ Arahal, 1993

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CATALOGACIÓN

Aarne–Thompson, nº 1650: The Three Lucky Brothers. Incluye los Tipos 1202, 1281 y 1651.

González Sanz (Catálogo… Aragoneses), 1650: Los tres hermanos afortunados, 1651: El Gato como animal desconocido, 1202: El Grano Cosechado.

González Sanz (Revisión del Catálogo…).

Pujol, 1650: Els tres germans que fan fortuna.

Thompson: F708.1, J706, J1700, J1736, J1891, J1900, J1932, J2196, J2514, N411, N411.1, N411.2, N411.2.1, N421.

VERSIONES POPULARES ESPAÑOLAS

Quesada Guzmán (Cuentos… Pegalajar, pp. 51–54): El País de los Necios (v. facticia).

Rodríguez Pastor (Extremeños y Andaluces), XXXIII: Los tres hijos que hicieron fortuna.

Rodríguez Pastor (C. E. de Costumbres, pp. 160–161), nº 46: El Gallo (episodio del título).

Garrido (“Cuentos que me han contado”, pp. 143a–144b), XI: Los Tres Hermanos (versión segoviana).

Morote (Cultura Tradicional de Jumilla, pp. 176–178): El Militar y el Gato (simplificado).

Hernández Fernández (C. P… Albacete, pp. 173–174), nº 102: El Pueblo de los Tontos (episodio del gallo).

Espinosa (CPCL, II, pp. 258–265), nº 360: El Dalle, el Gato y el Gallo, nº 361: La Hoz, el Gallo y el Gato, nº 362: El Gallo y la Hoz.

Cortés Vázquez (C. P. Salmantinos, I, pp. 81–83), nº 40: La Hoz, el Gallo y el Gato. [C… Ribera del Duero (pp. 49–50), nº 15: La Hoz, el Gallo y el Gato].

Camarena (León, II, pp. 32–33, 113–115), nº 61: El Gallo Come –Hombres (sólo el episodio a que alude el título), nº 231: [La Herencia de los Hermanos].

Rubio Marcos (C. Burgaleses…, pp. 164–168; 266), nº 57: El Descubrimiento de la Hoz El Gallo que trae el Día El Arreglador de Quíquiles, nº 167: La Comida del Gato (episodio único).

Asensio (C. Riojanos…, pp. 203–204): Los Tres Hermanos Afortunados.

Noia Campos (Contos Galegos…, pp. 450–451): O Home Espilido (episodio del gato).

Marcial Valladares (sobre el folklore gallego, en BTPE, IV, p. 150), el episodio del gallo que trae la mañana (que aparece en el Tipo 1000).

Nieves (“Alzira…”, pp. 176b–177a), nº 26: El Gato y los Ratones.

López Megías (Tratado…, pp. 314–315), nº 131: El Arriero y los Gatos (episodio único).

López Megías (Etno…Alto de la Villa, pp. 187–188), nº 87: El Gallo, la Hoz y el Gato.

Super–Cuentos (pp. 256–269): La Herencia.

Quintana (Lo Molinar… Mequinensa, pp. 184–187), nº 81: [Lo pare i els tres fills], nº 82: [Lo del gat i els dels mas de Barberans], nº 87: [Lo Qüento de la Falç] (los tres episodios aislados).

Quintana (Bllat…, pp. 271–272, 273, 280–281), nº 387: [Lo Gall de L´Estall], nº 390: [La Segadera], nº 408: [El Gat i les Rates]. Cada cuento presenta un episodio, el de su título.

Alcover (Aplec… Mallorquines, VII, 143–156): Es Quatre Germans.

Bertrán i Bros (El Rondallari Catalá, pp. 75–78), nº 16: Els tres germans que fan fortuna.

Amades (Folklore de Catalunya…, pp. 928b–931b, 1024b–1026b, 1148a–1150a), nº 373: La Terra dels Babaus, nº 410: Els Dos Germans Espavilats, nº 557: Els “Tontos” de Bescarán (episodio de la hoz).

VERSIONES PORTUGUESAS

Vasconcellos (Contos e Lendas, II, pp. 134, 137, 148–151, 198–199):

– nº 444: Os Da Broa de Unto. Los del pueblo pasan la noche intentando recoger el reflejo de la luna pensando que era una porción de “unto”.

– nº 451: [A Seitoira da Mofreita]. “Nalgum tempo a gente de Mofreita…”. Recoge el episodio de la hoz y, en nota a pie de página, dice que es una facecia dedicada a los de Mofreita.

– nº 469: [Gente de Vila Verde da Franca]. Anécdota f, similar a la anterior.

– nº 528: Os Três Filhos do Molinero. Con los tres episodios. Véase el final; cuando le preguntan al joven que qué come el gato y este contesta que lo que la gente, entendiendo los del pueblo que el gato comía gente, deciden: “–Tenemos que ir matar alguem”. Y matan a un viejo, a un joven y a una joven para el gato; pero este no los come y “os homens, com a maior desconsolaçao, viram tristemente morrer o gato”.

VERSIONES NO HISPANAS

Italo Calvino (Italianos), nº 173. El joven triunfa con sal, gatos y habas. El recopilador recuerda que una historia donde un joven hace fortuna vendiendo un gato, en país en que lo desconocían, figura en la facecia 70 de Arloto. De igual forma, dice, Nicolás de Troyes recoge, en 1535, un cuento en el que un jovencito vende el gato, la hoz y el gallo en un país donde los ignoraban.

Grim (CC, pp. 232–234): Los Tres Favoritos de la Fortuna. Con los tres elementos: gallo, guadaña y gato. Al maullar el gato, piensan que es un monstruo y bombardean el palacio donde se halla alojado, pero el gato huye mientras es destruido el palacio. El mismo episodio de la destrucción del palacio se repite (págs. 611–612) en el cuento titulado El Buho. El buho se refugia en un granero y todo el pueblo piensa que es un monstruo; para acabar con él destruyen el granero, previo el acuerdo de pagárselo al amo.

MOTIVOS DEL CUENTO

Díaz Martín (Maldiciones Gitanas, pp. 193–196) refiere la historia de un huérfano inglés, Dick Wittington, que llegó a hacerse rico porque, entregando un gato a un capitán de barco como bagatela para intercambiar en África, el capitán lo hizo en un lugar donde había plaga de ratones, y recibió a cambio “una pipa llena de polvo de oro y de piedras preciosas”. El armador le hizo partícipe de sus negocios.

Perés (La Leyenda…, p. 54) nos presenta una leyenda japonesa muy interesante. El Sol decide recluirse en una cueva para protestar porque Izanagi había dado el gobierno del universo a Luna y el dios de las Tempestades. Para evitar las tinieblas, deciden hacer salir al Sol de su retiro. Fabrican un gran espejo y lo colocan frente a la cueva, hacen un muñeco y comienzan a alabarlo y elogiarlo. El Sol, envidioso ante los loores del nuevo dios, decide asomarse, se ve reflejado en el espejo y piensa que es su nuevo rival, tan bello como él; pero entonces amarran al Sol con recias cuerdas y así impiden que pueda ocultarse en la cueva.

En Equilbec (C. África, pp. 182–192), hallamos un cuento (Los Dos Ntyi) relacionado con el nuestro en un estado más antiguo, porque aún aparece el ritual para propiciar la ausencia de plagas. En este cuento, el personaje generoso le pide al egoísta que, en su ausencia, le venda la cosecha y compre con el dinero hembras de animales. El egoísta, para perjudicar al convecino, compra casi un centenar de gatas. Pero el generoso conoce un país donde anualmente acude una plaga de ratones que sólo se aplaca con el tributo de una hija del rey, a la que devora. Allí acude el joven a vender el gato. Nada en este cuento es jocoso.

La enseñanza hebrea recuerda, en sus plegarias, el agradecimiento al ser que dio las facultades al gallo (Antología del Talmud, p. 55; nº 86: Bendiciones Matutinas): “… Al oír el canto del gallo debe decirse: «Bendito sea Aquél que dio al gallo entendimiento para distinguir al día de la noche»”.

Snorri Sturluson (Textos… de las Eddas, Skaldskaparmal, II) nos cuenta una leyenda escandinava:

La historia cuenta que Odín marchó de casa y llegó a un lugar donde nueve siervos segaban el heno. Preguntó si querían que les afilara las hoces y ellos aceptaron. Entonces cogió una afiladera que llevaba en el cinto y enseguida les pareció que las hoces cortaban mucho mejor, y quisieron comprar la afiladera. Y él dijo que la vendería al que diera un precio justo, y pidieron que se la vendiera. Y él lanzó la afiladera al aire, y como todos quisieron cogerla, se enzarzaron de tal forma que se cortaron el cuello unos a otros. (p. 86)

LA ESTUPIDEZ

El tema de la estupidez por desconocimiento ha sido apetecible recurso para los moralistas. No debemos actuar como el ignorante que por su torpeza pierde los bienes eternos, nos dicen, o que, ignorantemente devalúan el verdadero alcance del pecado… En Buenaventura (Historias y Parábolas, VII; pp. 47–51), por ejemplo, contemplamos a los campesinos que, ignorando los efectos de las densidades, se admiran de la facilidad con que un niño conduce un tronco por el río. Apuestan a que ellos son capaces de arrastrarlo a tierra. Naturalmente, pierden: debemos dar el justo valor a nuestros pecados. En otra parábola (XXXIV), podemos ver al torpe Pedro sentado al lado de un río esperando a que pase el propio río (desconocía qué era un río) y pierde una rica herencia que sí recoge Diego posteriormente. Diego fue rico (cruzó el río) y Pedro, dice el P. Buenaventura, permaneció en la miseria. Nosotros, es la enseñanza, debemos actuar frente a la herencia celestial aplicando el cuento.

El mismo asombro que la hoz debió causar el microscopio en algún lugar entre Praga e Inspruk, según nos cuenta el mismo Buenaventura (parábola XXXVIII), recordando al cardenal benedictino Sfrondati. En un viaje entre las localidades mencionadas, murió un religioso; encontraron una cajita de vidrio y madera en su equipaje. Al mirar por el vidrio, descubrieron un ser horrible que conmovía al pueblo, porque pensó que era el diablo. Se formaron autos y se condenó al muerto, por diabólico, a privación de sepultura eclesiástica. Dio la casualidad que pasó por allí un filósofo prusiano que hizo ver al pueblo que aquel ser dabólico no era más que un simple escarabajo.

Nos parece ingenuo recordar cuántos errores similares ha cometido la propia ciencia. ¿Por qué pensar que el pueblo no ha vivido en la ignorancia de cosas que hoy nos parecen elementales?

El hombre debe ser congruente, debe reconocer su propia estupidez. El saber popular sí reconoce esta verdad, lo refleja en los cuentos, aunque lo refiera de otros. Así es; existen cuentos en que el hombre parte en busca de alguna persona más torpe que su mujer; y la halla. Trueba (C. Color de Rosa, pp. 125–205: Desde la Patria al Cielo), como ejemplo que ya hemos mencionado antes, nos hace ver que en todo el mundo reina la ignorancia y estupidez: en Chipre bautizan el vino, en Constantinopla los harenes los llenan de mujeres rubias, en Grecia no saben nada de su historia, etc. Iribarren (El Por qué de los Dichos, p. 77), bajo la cita Estar en Babia, expone algunas interpretaciones de personajes que la han estudiado. Dice que Sbarbi entiende por Babia como el país de los tontos, aunque, estudiando su etimología, puede significar otra cosa.

Lo cierto es que Montoto (Personajes), cita el dicho: Los de la tierra de Babia, que siegan el trigo con escaleras. Y también transcribe unas palabras de Fontanals:

Se ve que los habitantes de Babia pasaban por hombres de pocos alcances y que se les atribuían costumbres ridículas, como de los otros pueblos se cuenta que quisieron secar velas al humo o pescar la luna reflejada en un charco, etc. La circunstancia de ser Babia país en todo o en parte montuosa conviene con tan extraña siega y con la errante opinión de tierras llanas, que miran como a lerdos a los montañeses.

Sobre la estupidez de otros tiempos –dejemos aparte las supersticiones actuales–, recordemos, aprovechando el mismo Por qué de los Dichos (pp. 91–92), cómo el autor nos explica, basándose en otras opiniones, la locución Dar gato por liebre. Como los mesoneros tenían por costumbre tal práctica, los viajeros antiguamente, afirma, usaban otra práctica que contrarrestaba la del ventero. El viajero más autorizado dirigía la palabra al guiso –gato o liebre–, estando todos los comensales en pie, con la siguiente fórmula que extracta de Bastús [La Sabiduría de las Naciones]: “Si eres cabrito,/ mantente frito;/ si eres gato/ salta del plato”. Seguidamente se separaban del plato para dar opción a que el gato, si tal era, saltase de la mesa y escapase. Dado que nunca sucedía así, agrega, siempre comían lo que fuese.

EL CUENTO, FUENTE DE ENSEÑANZA

El informante nos dio todo tipo de detalles sobre este cuento. Nos aseguró que se lo oyó contar varias veces a un hombre de la localidad vecina de El Viso del Alcor, cuyo nombre aún recuerda. El relato, asegura, duraba varias horas, hasta después de media noche, porque el narrador enlazaba infinidad de circunloquios sobre cómo, en realidad, se debería segar, sobre los tiempos adecuados para determinadas actividades agrícolas, etc. Nuestro informante nos aseguró que la narración –era joven cuando la escuchaba – comenzó no gustándole, pero que finalmente le interesó.

Con lo anterior, queremos apuntar un aspecto de la función didáctica de los cuento; en cierto tipo de ellos, se vierte gran cantidad de descripciones y enseñanzas teóricas. Además, el oyente puede percibir el mundo real que el narrador hace palpitar en los relatos, especialmente si aquel es un niño o una persona poco informada. El interesado oyente descubre otras posibilidades de vida fuera de las que le rodean, abre su propia mente. No olvidemos que la ignorancia puede ser realmente preocupante en ambientes cerrados al mundo evolucionado, como sucedía en muchos rincones rurales en otros tiempos. Nuestra informante Amparo, de El Palomar, nos recuerda en algunas ocasiones, con toda convicción, y reiteradamente, que los de antes eran todos tontos. No sabían ni andar por el campo; en la ciudad se perdían, afirma, como se refleja en algún cuento. Siendo esto así, bien podemos asegurar que estos cuentos, de forma jocosa, ciertamente, abrían la mente a las personas de determinados círculos.

Negar, además, que el cuento es un vehículo para zaherir a una colectividad vecina, sería estúpido. En su polivalencia, el cuento también servía para eso.

8 [CON LA PUERTA ACUESTAS] Esto quería ser una señora, y dice a la hija:

– Niña, voy a ir a la plaza. Ten cuidadito, que no me entre nadie. Ten cuidado de no abrirle a nadie: no abras.

Me voy a la plaza hasta que vuelva.

Pues se va la mujer a la plaza. Y había matado un cochino, y tenía toda la casa cargado de chorizos. Y llega una gitana, llama.

– ¿Quién es? Y le abrió la muchacha. Y era una gitana.

– ¡Huy, niña, qué de chorizos! ¿Quieres que coja un choricito?

– ¡No!, que mi madre me ha dicho que no coja nada.

– ¡Yo voy a coger un choricito! Y coge, coge… ¡Que cogió todos los chorizos la gitana! Viene la madre de la plaza.

– ¡Niña! ¿Y los chorizos?

– ¡Ay, mamá!, una gitana, que ha estado ahora mismo y se los ha llevado.

– Y, ¿para dónde se ha ido la gitana? Dice:

– ¡Por allí! Sale la madre corriendo a buscar a la gitana, y a la niña le dice:

– ¡Cierra la puerta y vente!

– ¿Que arranque la puerta? Y cogió la puerta y la arrancó. Y se colgó la puerta y fue corriendo con la madre. Cuando llega…

– ¡Ay lo que has hecho! ¡Arrancar la puerta! ¡Vaya por Dios! Te dije que cierres la puerta.

Subieron a una higuera que había al salir del pueblo –ya no veían a la gitana–, se suben en la higuera, y cuando estaban subidos, sienten ruido de hombres.

– ¡Ahí hay hombres! Y eran ladrones. Empezaron a contar dinero. Se lían a contar:

– Uno para ti, otro para mí; uno para ti, otro para mí…

– Dice:

– ¡Momá, que me estoy cagando!

– ¡Ay, cállate! ¡No hables!

– ¡Que me estoy cagando!

– ¡Pues, cágate! Dicen los ladrones:

– ¡Huy! ¡Qué de pajarracos habrá ahí tan grandes! ¡Qué peste, qué peste! ¡Se habrán cagao los pajarracos!

Y a esto dice:

– Momá, ¡que me se cae la puerta! Momá, ¡que me se cae!

– ¡Ay, espérate, chiquilla! Hasta que se cayó la puerta. Sale el hombre corriendo…

– ¿Qué será eso? ¿Qué será eso?… Y dejaron allí el dinero. Y llegó, y ellos ya lo recogieron y se pusieron muy contentos.

MARÍA FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ Arahal, 1990

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CATALOGACIÓN

Aarne–Thompson, nº 1681B: Fool as Custodiam of Home and Animals nº 1653A: Guarding the Door. (Cf. 1009: Guarding the Store–room Door) 1653: The Robbers under the Tree.

Boggs, 1653B.

Hansen, 1653B, 1009.

Robe, 1653B: The Brothers in the Tree, 1009.

Camarena (Repertorio… Cantabria), 1653A.

González Sanz (Catálogo… Aragoneses), 1653A: Guardando la Puerta.

Pujol, 1653A: El Beneit agafa la Porta.

Oriol–Pujol, 1653: Els lladres arrecerats sota l’arbre.

Espinosa, III, 191–198.

Thompson: J1730, J2460.1, J2470, K335.1, K335.1.1, K335.1.1.1, K1413, N331, N696.

VERSIONES ESPAÑOLAS

Pino Saavedra (“Seis… Andaluces”, RDTP, XXXVI), nº 6: El Tonto carga la Puerta en Hombros.

García Surrallés (Era… Gaditanos), nº 93: Tosantos, nº 97: El Tonto y el Discreto.

Reinón (Cuentos… Vélez, pp. 104–105; 114; 129–131): Mariquilla la Tonto; Mayorlargo; El hijo de la Burra; El Tonto y el Listo.

Montero (Los C. P. Extremeños…, pp. 134–137), nº 33: El Hijo Tonto.

Rodríguez Pastor (C. Extremeños Obscenos y Anticlericales, pp. 77–79), nº 7: El Hijo Tonto.

Rodríguez Pastor (C. E. de Costumbre