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Cuentos populares en el municipio de Mula (Murcia)

HERNANDEZ FERNANDEZ, Ángel

Publicado en el año 2005 en la Revista de Folklore número 295.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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A mi madre

Ofrezco a continuación una brevísima selección de diez cuentos, recogidos en el municipio de Mula, que integran una colección mucho más voluminosa que a lo largo de varios años he ido recogiendo en ese municipio con la ayuda de mis alumnos del I.E.S. Ortega y Rubio.

La metodología utilizada en la recolección ha sido, por tanto, la de recogida indirecta a través de mis alumnos de Educación Secundaria y Bachillerato de este instituto, quienes, previamente instruidos por mí y con la ayuda de un cuestionario para las entrevistas, pudieron reunir un conjunto de unas 330 versiones de cuentos populares que espero publicar próximamente en su totalidad.

De los diez cuentos que aparecen en este artículo, la mayoría pueden considerarse tradicionales por su contenido y forma de transmisión. En otros, no obstante, se aprecia la clara influencia ejercida en los últimos tiempos por las adaptaciones infantiles impresas de cuentos populares. Así, el relato número 3, Los animales músicos, muestra su dependencia con la famosa versión de los hermanos Grimm, lo que por otra parte es habitual en las versiones actuales de este cuento, catalogado en el índice internacional de A. Aarne y S. Thompson como tipo 130. Algo parecido ocurre con el popularísimo relato número 2, El lobo y los siete cabritillos (tipo 123), directamente influido por los Grimm, igual que le sucede al n.º 5, La casita hecha de dulces (tipo 327A), en el que el nombre de los protagonistas (Hansel y Gretel) revela su origen literario. Por fin, el relato número 10, La rata presumida (tipo 2023), ofrece una versión de este cuento, también muy conocido, narrado comúnmente para niños. En todos estos casos observamos, por tanto, un fenómeno evidente en la tradición oral actual que demuestra su claro empobrecimiento: la progresiva especialización del cuento popular hacia el público infantil, del mismo modo que muchos romances tradicionales han terminado convirtiéndose en canciones que acompañan a los juegos de los niños.

Otras versiones, en cambio, parecen conservar su origen popular al margen de la corriente literaria. Por ejemplo, el n.º 1 combina, como es habitual en la tradición hispánica, dos cuentos bien conocidos: el del ave y la zorra que se invitan a comer para burlarse mutuamente (tipo 60), y la posterior venganza del ave (normalmente cuervo o águila) que arroja al depredador desde lo alto después de haberlo engañado al anunciarle un festín celestial (tipo 225). Por cierto que este último cuento parece ser un desarrollo genuinamente tradicional de un cuento literario bien conocido: el de la tortuga arrogante que, no contenta con su naturaleza, se jacta mientras dos aves la llevan por el cielo, hasta que éstas la dejan caer como castigo a su soberbia y loca temeridad (tipo 225A). En este caso estaríamos ante una fábula por su explícita intención didáctica, mientras que las versiones tradicionales, como la nuestra, se contentan con ofrecer una narración jocosa cuyo humor se basa en las burlas y contraburlas de los protagonistas.

Los otros cuentos de esta antología parecen tener también un origen y desarrollo exclusivamente tradicionales. Así, el número 4, El hombre del saco (tipo 311B*), tiene una finalidad admonitoria y va dirigido a los niños para que no se alejen del hogar. En la Región de Murcia la protagonista es una niña coja a quien sus hermanas abandonan en lo alto de un peral hasta que llega el dueño del árbol y la encierra en un saco o zurrón.

El cuento número 6, Estrella de oro, combina los tipos 480B y 510A. En el primero, la madrastra enviará a la muchacha buena a realizar una tarea difícil. La joven, gracias a su bondad, es recompensada por un ser sobrenatural. Cuando la hermanastra envidiosa pretende conseguir lo mismo, sólo obtiene un castigo. El desenlace es la boda con el príncipe, según se narra en el famoso cuento de Cenicienta.

El n.º 7 es una versión del tipo 700, el cuento de Garbancito, que prescinde, como es habitual en las versiones actuales, del nacimiento sobrenatural del héroe.

El n.º 8, otro cuento muy popular (tipo 780), narra la traición de unos hermanos contra su hermano menor, al que matan por envidia porque ha conseguido la flor mágica que sanará la enfermedad del padre. Del cadáver del joven enterrado nacerá una caña que, convertida en flauta por un pastor, revelará el crimen.

Por último, el n.º 9 es un cuento encadenado, muy popular en la Región de Murcia, que combina los tipos 2021* y 2021A. Puede estar protagonizado por seres humanos (una madre y su hijo) o insectos (habitualmente, piojo y pulga), y los elementos que integran la cadena permanecen bastante estables en todas las versiones.

TEXTOS

1. La zorra y el cuervo se invitan a comer

Mira, esto es una zorra y un cuervo que eran muy amigos. Y un día la zorra invita al cuervo a comer gachas, que entonces estaba muy de moda. Total, que la zorra las destiende en una gran roca para comérselas los dos, pero como el cuervo tenía pico pues… no podía comer, porque se hacía polvo el pico al comel, y la zorra pasaba la lengua y se lo comía tó de una pasada.

Así que el cuervo decidió hacerle una pasada, y así fue. Y se la hizo: le dijo que se fuese con él a una boda a la luna, y la zorra le dijo que cómo lo iba a acompañar si ni podía volar, y le dijo el cuervo que no se preocupase, que lo llevaría él a cuestas.

Y así fue que cuando iban para arriba le iba preguntando el cuervo a la zorra que si veía el suelo, y cuando la zorra dijo que ya no lo veía, el cuervo se sacudió y la tiró hacia el suelo. Y mientras iba cayendo la zorra al suelo, iba diciendo: –

¡Tomillos y bojas, ponerse debajo;
piedras, quitarse de debajo que os rajo!

hasta llegar al suelo…, que se estampó con el suelo.

Y así termina el cuento.

Narrador: Pedro Egea Moreno (El Niño de Mula)

2. El lobo y los siete cabritillas

Era un bosque en el que vivía una mamá que tenía siete cabritillos, y vivían en un corral con una cerca. Y le dice la mamá de los cabritillos al mayor de ellos:

– Voy al bosque a por comida. No abras la puerta a nadie porque el lobo está al acecho y quiere comeros.

Entonces dice el mayor:

— ¡No, no, no, mamá, no te preocupes, que no abriremos la puerta a nadie! Se va la madre a por comida y al rato se oyen unos golpes en la puerta:

– Toc, toc, toc.

– ¿Quién es?

– Soy vuestra madrecita que viene del bosque de traeros comida.

Y dice el cabritillo mayor:

– ¡No, no, no, tú no eres nuestra madrecita!: ¡tú eres el lobo, porque nuestra madre tiene la voz más fina!

Y el lobo se fue todo enfadado al huevero para que le diera huevos. Entonces le dice para que le diera huevos:

– ¡Huevero, huevero, dame huevos!

Y empezó a comer huevos, venga huevos, venga huevos porque le habían dicho que aclaraba la voz. Y cuando se había comido lo menos trescientas docenas, va otra vez a la casa de los cabritillos y llama a la puerta:

– Toc, toc, toc.

Y contesta el cabritillo:

– ¿Quién es?

– Soy vuestra madrecita que viene del bosque de traeros comida.

Y el cabritillo, no fiándose, le dice al lobo:

– Pues enseña la patita por debajo de la puerta.

Y tenía una pata toda llena de pelos marrones, muy sucios, y el cabritillo se asusta y dice:

– ¡No, no, no, tú no eres nuestra madrecita! ¡Nuestra madrecita tiene las patas más blancas!

– ¡Ay, qué enfado tengo!

Y se fue a un molino:

– ¡Harinero, dame harina!

Y entonces se pintó las patas de blanco con harina.

Como la voz ya la tenía fina, y con las patas blancas, se fue a llamar a la puerta de los cabritillos:

– Toc, toc, toc.

– ¿Quién es?

– Soy vuestra madrecita que viene del bosque de traeros comida.

– Pues enséñame la patita por debajo de la puerta.

Claro, como el lobo iba teñido de blanco, enseñó su patita y la tenía toda blanca. Y dice el cabritillo:

– ¡Sí, sí, sí, tú eres nuestra mamá!, ¡tú eres nuestra mamá!

– ¡Abrir la puerta!

Abren la puerta y era el lobo. Entonces empezaron a correr pero él empieza a comérselos:

– ¡Ah, uno! ¡Ah, dos! ¡Ah, tres! ¡Cuatro! ¡Qué ricos están y qué tiernos! ¡Cinco! ¡Seis! ¡Pero me falta uno! –que era el más pequeño, que se había escondido en la caja del reloj. Dice el lobo – Pero bueno, ya estoy cansado.

Y se fue a dormir.

Enseguida llegó su madre y empezó a llamar a sus hijos:

– ¡Ay, hijos míos, habéis abierto la puerta! ¿Dónde estáis? ¡Seguro que os ha comido el lobo! Entonces salió el pequeñín de la caja del reloj y le dijo a su madre:

– ¡Mamá, mamá, mamá, el lobo se ha comido a mis hermanos! Entonces la madre le dice:

– Venga, corriendo tráeme hilo, aguja y un dedal y unas tijeras, que vamos a buscar al lobo.

Entonces se fue con el pequeñín y, viendo que estaba a la orilla del río durmiendo…

—¡Zzzzzzzzzzz!

Y cogió la cabritilla, le abrió la barriga con las tijeras y sacó a los cabritillos, que estaban todavía vivos. Y le echó piedras y se puso el dedal y lo cosió. Y de pronto se despierta el lobo:

– ¡Ay, qué sed tengo! ¡Ay, qué sed tengo! ¡Parece como si hubiera comido piedras!

Se asomó al río a beber agua y se ahogó. Y la mamá y los cabritillos se fueron cantando a su casita.

Y colorín colorado, este cuento se ha terminado.

Narradora: Josefa Egea López (Mula)

3. Los animales músicos

Cierto día, un asno llamado Borrico observó su dueño, su mal estado de vejez; ya cuando lo cargaba se caía el pobre animal y no llegaba con su carga al sitio domiciliado, y su dueño ya decía que había que llevarlo y tirarlo donde se lo comieran los grajos.

El burrito, al ver esto, se salió caminando y se encontró con un cerdito y le preguntó:

– ¿Dónde vas? –le dijo el asno al cerdo.

Y éste le contestó:

– Pos mira, compañero: que ya viene la Pascua y he observado en el preparativo de la Pascua que me quieren liquidar y hacer morcillas.

Más adelante se encontraron con un pobre caballo que iba renqueando, y el asno y el cerdito le preguntaron:

– Compañero, ¿dónde caminas?

Y el caballo les contestó:

– Yo estaba en una casa de señores que me enganchaban a un carruaje para llevarlos, pero como ya no valgo han pensado desterrarme para ya no hacer gastos en la casa.

Dijeron:

– Ya vamos tres.

Y salieron caminando los tres y se encontraron un pavo muy elegante y hermoso y le preguntaron:

– ¿Dónde caminas?

– Que viene ya la Pascua, y los pavos en la Pascua lo pasamos muy mal, y he pensado salirme porque si no, lo iba a pasar muy mal en la Pascua.

– Ya vamos cuatro en la banda de los Trotamundos.

Cuando llevaban cierto camino andado, también se encontraron con un gallo de corral hermoso y, claro…

– Compañero, ¿dónde vas tan corriendo?

Y dijo el gallo:

– Que anoche se casó la hija del amo del cortijo y dijeron los viejos que mañana en la comida iban a matar al gallo más hermoso, que era yo. He pegado un salto del gallinero y ya voy por este camino. A mí ya no me van a pillar –decía el gallo.

Y más adelante, cuando iban cinco, encontraron a un pobre gato y le dijeron:

– ¿Dónde vas tú?

Y dijo el gato:

– Que ya estoy viejo y no cojo ratones, y los dueños de la casa dijeron: «Este gato hay que tirarlo fuera porque no hace más que comer y no caza ratones; hay que echarlo».

Dijeron:

– Ya vamos seis.

Y dice el asno:

– Nosotros podemos formar una banda nueva de música que se llamará «Los Trotamundos».

Todos se pararon y, claro, empezaron a ensayar: empieza el burro rebuznando; luego el caballo relincha; el cerdo gruñe; el pavo «¡uluuluulu!»; el gallo «¡quiquiriquí!»; y el gato maúlla, y entre todos se formó una gran orquesta.

Y siguieron adelante y ya llegaron a un cortijo. Entraron a un patio grande en el que había una banda de ladrones que querían robar al labrador. Los animales empezaron a cantar, y tal fue el ruido que se formó, que los ladrones salieron corriendo y no pudieron ejecutar el robo. Y los dueños se despertaron por el ruido y se dieron cuenta que por la intervención de «Los Trotamundos» no los robaron.

Total: tal efecto bueno les causó a los labradores que allí en su misma propiedad les formó su cerco para que allí existieran, hasta que murieron.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Narrador: Sebastián Zapata Alcázar (La Puebla de Mula)

4. El hombre del saco

Esto eran tres hermanas, y la más pequeña era la coja. Y las mayores se querían ir al campo a coger flores y ella quería ir a coger flores con ellas, pero como estaba coja no querían llevársela; y al final las convenció para que se la llevaran.

Y estando allí, en el campo aquel, como la cojica no podía subirse con sus hermanas a los árboles, pues estaba llorando para convencerlas que la subiesen, hasta que así fue. Pero cuando llegó la hora de irse, no la bajaron. Y de pronto vieron cómo un hombre con un gran saco se acercaba allí y salieron corriendo, dejándose a la cojica en el árbol; así que el hombre la vio y la cogió para ganar dinero haciéndola pasar como que era un saco que hablaba.

El hombre, como no tenía donde dormir, fue buscando un lugar donde dormir hasta que encontró, y fue en casa de la cojica. La madre, recelosa de qué es lo que llevaría el hombre en el saco que se movía, cuando todos estaban durmiendo abrió el saco… y comprobó que era su cojica, que se le había perdío. Así que le llenaron el saco de pájaros, de animales…

Y cuando este hombre se marchó de allí y fue a hacer su demostración enmedio del pueblo y vio que nada le hablaba y todo el mundo se reía de lo que él decía, abrió el saco y empezó a salir toda clase de animales por allí. La gente que estaba viéndolo, pensando que les había tomado el pelo, empezaron a tirarle piedras, y los animales a morderle y a picarle, y no tuvo más remedio que marcharse corriendo.

Narradora: Concha Molina Moreno (El Niño de Mula)

5. La casita hecha de dulces

Había una vez un matrimonio muy humilde que se adoraban mucho. Éstos tenían dos hijos preciosos: una niña llamada Gretel y un niño llamado Hansel.

Pero un día la madre de estos dos niños se encontraba muy mal para seguir viviendo y la pobre murió, y quedaron huérfanos de madre, aunque su padre hacía todo lo mejor por ellos ya que eran muy pequeños.

Al pasar el tiempo, el padre de los niños se casó con una mujer muy grosera y mandona a la que los niños odiaban. La mujer vivía muy amargada porque no tenía comida para poder comer; sólo pensaba en sí misma. Cuando su marido llegó de trabajar le dijo:

– He pensado llevarme a los niños lejos de aquí para comenzar una nueva vida entre tú y yo.

Pero él contestó de una manera muy brusca:

– ¡Jamás!

Entonces, aprovechando ésta que su marido marchara para trabajar, llevó a los niños al bosque para coger fresas. Cuando los hermanitos terminaron de coger las fresas, buscaron a su madre para ir a casa pero ésta no se encontraba allí, aunque ellos sabían lo que ella pretendía. Por este motivo, Hansel, mientras que venía por el camino, iba echando piedrecitas para que le sirvieran de guía para llegar hasta su casa. Cuando llegaron, el padre se alegró mucho; por el contrario, ella no estaba del todo contenta.

Al día siguiente los llevó otra vez al bosque, pero aún más lejos. Esta vez Hansel iba echando por el camino migas de pan. Cuando terminaron de coger las fresas, buscaron a su madre pero ésta se había ido. Entonces buscaron las migas de pan pero ya no se encontraban por el camino; los pajarillos de allí se las comieron, y tuvieron que quedarse en el bosque.

Su padre estaba toda la noche muy preocupado y echó a su mujer a la calle, la cual fue muerta por un rayo.

El día empezó a clarear y Hansel y Gretel vieron un pájaro precioso que volaba y decidieron seguirlo. El pájaro llegó hasta una casita. Esta casita estaba toda hecha de dulces, las ventanas eran de azúcar, el tejado de nata y fresas, y los dos hermanitos comenzaron a comer. Y de repente se asomó una mujer muy mayor y les dijo que pasasen. Los niños pasaron y cenaron de todo lo mejor: aquello parecía una mesa de lujo.

Pero cuando los niños se acostaron, la mujer estuvo haciendo una receta con la ayuda de aquel bello pájaro, el cual se convirtió en murciélago. Hansel estaba investigando lo que esta mujer hacía y se dio cuenta de que la comida que quería realizar era carne de niño. El niño descubrió que era una bruja y llamó a su hermana. Éstos querían escapar pero no lo lograron.

La bruja se dio cuenta de que éstos sabían lo que sucedía. La malvada bruja encerró al niño en una jaula y a la niña la puso a trabajar. La bruja llevaba todos los días la comida para que el niño comiera y se pusiera gordito, pero éste no engordaba, ya que fingía a través de un hueso: cada vez que la bruja revisaba al niño, el niño le sacaba un hueso para que lo tocara.

Una noche el niño escapó de la jaula y decidió salvar a su hermana, y luchó con la malvada bruja. La bruja cayó al fuego y murió.

Los niños regresaron a su casa, donde su padre se encontraba muy mal y muy triste, y otra vez empezó a brillar la sonrisa en sus labios. Esta familia vivió muy feliz durante el resto de sus vidas.

Narradora: Teresa Boluda Párraga (Mula)

6. Estrella de Oro

Había una vez un rey y una reina que tenían una hija. Y la madre se muere. Y el rey se casa con una mujer que tenía una hija. Y la mujer no quería a la hija del rey.

Y un día la madrastra le dice que vaya al bosque a buscar fresas, y ella no encuentra. Y se pone a llorar y aparece una vieja y le pide pan. Y ella se lo da todo el que tenía. Y la vieja le toca la frente y la lleva a un sitio donde había muchas fresas, y llena la cesta enseguida y se va a su casa.

Y la madrastra al verla se enoja y le dice:

– ¿Qué traes? ¡Ya te habrás herniao! –al ver el pañuelo.

Y al quitárselo llevaba en la frente una estrella de oro. Y la madrastra le dice que mañana iba a ir su hija.

Y la hija no encuentra fresas. Y se pone a comer y aparece la vieja y le pide pan, y ella no le da. Y la vieja le tocó la frente y le puso un pañuelo. Y la vieja se va y la hija no encuentra fresas. Y se va a su casa y la madre, al verla, le quita el pañuelo: vio que tenía en la frente un rabo de burro.

A la hijastra la encerró.

Y por allí había un príncipe y organiza un baile para buscar novia. Y le mandan una invitación a su casa pero la madrastra no le deja ir, y la madrastra lleva a su hija. Y a ella se le aparece la vieja y le cuenta lo que pasa, y la vieja le pide dos ratones y una calabaza: y la vieja convirtió en caballos a los ratones y con la calabaza hizo una carroza. Y a ella le puso un vestido y unos zapatos de cristal y le dijo que era sólo hasta las doce de la noche.

Y se fue al baile. Y cuando la vieron entrar, se quedaron todos mirándola. Y el príncipe se puso a bailar con ella. Y cuando eran casi las doce, se sale corriendo y se le cae un zapato.

Y el príncipe empieza a buscarla con el zapato hasta que llega a su casa; y la madrastra se lo prueba a su hija, y le está pequeño. Entonces sale ella y se lo prueba y le está bien. Y saca el otro y aparece la vieja y le pone el vestido, y a la madrastra y a la hija las convierte en conejos, pero hasta las doce. Y ella se casa con el príncipe y se va con él.

Narradora: Carmen Ibáñez Zapata (Mula)

7. Garbancito

A Garbancito lo mandó su madre a por una papeleta de azafrán. A todo esto, en la mitad del camino no cesaba de llover. Entonces Garbancito atravesó un bosque donde había animales y, viendo que no cesaba de llover, se refugió en una hoja de una col. Vino un buey y se comió la hoja de la col y se tragó a Garbancito.

Viendo su madre que era ya oscuro, se reunió con sus vecinos y empezó a buscarlo por el bosque, gritando:

– ¡Garbancito, Garbancito!, ¿dónde estás?

Y Garbancito contestó:

– ¡En la barriga del buey, donde no llueve ni nieva!

Y su madre otra vez lo volvió a llamar, porque no lo oía:

– ¡Garbancito!, ¿pero dónde estás?

Y Garbancito, otra vez:

– ¡En la barriga del buey, donde no llueve ni nieva!

Entonces pensaron todos cómo sacar a Garbancito de la barriga: pues dándole mucha cantidad de comida al buey; y al darle tanta cantidad, cagó a Garbancito.

Narradora: Antonia Roda (Mula)

8. La flor de Lalilá

Había una vez, en un país muy lejano, un rey que tenía tres hijos; y su preferido era el pequeño porque era el más valiente y el mejor, el que tenía mejor corazón.

Cierto día el rey se puso muy enfermo y entonces le dijeron que la única manera que tenía de salvarse era que le dieran a oler la flor de Lalilá, una flor que crecía en lo alto de una montaña en lo más alejado del reino. Y entonces les dice a sus hijos que aquél de los tres que consiguiera traérsela pues que heredaría el reino.

Y entonces los príncipes se pusieron en camino. Cada uno cogió un camino distinto, y al llegar a un cruce, como los príncipes mayores le tenían envidia al pequeño, pues los dos se ponen de acuerdo en dejar que el pequeño consiguiera la flor y de vuelta con ella matarle y quedarse con el reino.

Y así lo hacen. El pequeño se va y consigue la flor; y cuando venía, le cogen, le matan, lo entierran y se llevan la flor al reino. Se la dan a oler a su padre y él inmediatamente se pone bien; pero como el príncipe menor no volvía, su padre, extrañado, les pregunta a sus hijos:

– ¿Dónde está vuestro hermano?

Y ellos le contestaron:

– ¿Es que acaso somos el guardián de nuestro hermano? No sabemos dónde está.

Cierto día pasó un pastorcillo, por donde estaba el príncipe enterrado, con sus ovejas, y como había muchas cañas allí, coge una y se hace una flauta y se pone a tocarla; y la flauta le canta:

– Pastorcillo, no me toques
ni me dejes de tocar;
mis hermanos me mataron
por la flor de Lalilá.

– ¡Oh, una flauta que canta!

Al oír esto el pastorcillo, pues como es normal se asustó. Volvió a tocar la flauta, y la misma canción.

Entonces se va al pueblo tocando y la flauta siempre seguía cantando lo mismo. Al pasar por debajo del palacio del rey, el rey estaba asomado a la ventana y al oír la canción inmediatamente le dice a sus soldados que le suban al pastorcillo y le pregunta que de dónde había cortado la caña. Entonces descubren la tierra; ven que estaba el príncipe allí muerto. Entonces le da a oler la flor de Lalilá e inmediatamente el príncipe se pone bien, y el rey le pregunta lo que había sucedido y él se lo cuenta.

Y vuelven a palacio, reúne a los dos hijos mayores y los destierra del reino para siempre, y el pequeño se queda como heredero, y viven felices… Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Narradora: Silvestra Boluda Párraga (Mula)

9. Juan Chapinica

Érase una vez Juan Chapinica que se cayó a la ollica, y su madre necesitaba una cucharica para sacarlo de la ollica, porque era muy pequeñico, muy pequeñico, muy pequeñico. Su madre fue a cá su vecinica y le dijo:

– Vecinica, déjame una cucharica para sacar a mi Juan Chapinica que se me ha caído dentro la ollica.

Vecina:

– Pues dame leche.

Y entonces la madre se va al prado y ve una vaca.

– Vaca, dame leche pa dársela a mi vecinica, que mi vecinica me dé una cucharica pa sacar a mi Juan Chapinica que se me ha caído dentro la ollica.

Vaca:

– Pues dame hierba.

La madre va a un bosque a por hierba y dice:

– Bosque, dame de tu hierba pa dársela a la vaca, pa que la vaca me dé leche pa dársela a mi vecinica, pa que mi vecinica me dé una cucharica pa sacar a mi Juan Chapinica que se me ha caído dentro la ollica.

Y le dice el bosque:

– Pues tráeme agua.

La madre se va al río y le dice:

– Río, dame agua pa dársela al bosque, que el bosque me dé hierba pa dársela a la vaca, que la vaca me dé leche pa dársela a mi vecinica, pa que mi vecinica me dé una cucharica pa sacar a mi Juan Chapinica que se me ha caído dentro la ollica.

Y entonces el río le da el agua, ella le da el agua al bosque, éste le da hierba pa dársela a la vaca, la vaca le da leche pa dársela a la vecinica y la vecinica le da la cucharica pa sacar a su Juan Chapinica que se había caído dentro la ollica.

Y cuando la madre se dio cuenta había pasado tanto tiempo que, cuando llegó a su casa con la cucharica que le dio su vecinica, su Juan Chapinica se había ahogao dentro la ollica.

Narradora: Concha Ruiz Férez (Mula)

10. La rata presumida

Había una vez una ratita buena y bastante presumidilla y excelente ama de su casa.

Un día, barriendo la escalera se encontró una moneda de plata, y pensando qué podía comprarse, pensó que algo para estar guapa. Se fue a la mercería de la esquina y Juanito, el dependiente, estuvo muy amable y le enseñó muchas cosas, pero la ratita se decantó por un lacito rojo de finísima seda. La ratita se puso el lazo y dijo que lo importante era estar guapa para así echarse novio.

Bebeto Asínez la saludó con agrado y le dijo que la quería, pero a la ratita no le hicieron gracia sus gruñidos.

En el parque, Burro Burrínez también quiso probar suerte, pero la ratita le largó unas calabazadas como una casa.

Llegó el gallo Pinto, galán pinturero, y le recitó una poesía, y como su canto no le agradó, lo rechazó.

El Conejo Tin, con su risita, estuvo la mar de zalamero, pero cuando la ratita le invitó a cantar, éste se quedó mudo y se llevó un calabazón enorme.

La ratita, aquella noche, le costó dormir y dijo que quizá se había hecho la melindrosa repartiendo calabazadas. De pronto, la despertó cierta música celestial. La ratita aceptó su mano y cedió la patita al galán y a los pocos días se casaron y fueron todos los que la cortejaron.

Pero, ¿quién era nuestro músico galán?: nada menos que el gatillo Micillo, famoso por serenatas nocturnas de azotea al claro de la luna.

Tras de la boda, la ratita y Micillo salieron de viaje. Todo iba sobre ruedas, pues el gatito no dejaba entrever sus malvadas intenciones. Sí señor, sí, ambos parecían muy felices, pero una vez, ya en casa, Micillo miraba a la ratita de una forma tan rara que a la pobrecilla se le paraba el corazón. La ratita sabía que éste le miraba mal, hasta que al final dijo el pérfido gato que se acercase, pero la ratita, al comprobar que éste quería comérsela, se alejó de él y la ratita se fue corriendo.

Bueno, hay quien dice que el gatito pudo alcanzarla, mientras otros aseguran que Tilda consiguió burlar a su enemigo. De todas formas, si no hubiera sido tan confiada y tan presumidilla en fin mi querida ratita…; porque como buena, era buena, de veras, muchísimo más que el gatito marrullero, mucho más que mis amigos, mis arriscados amigos. Pienso que nunca olvidaré a la ratita presumida.

Narrado por Marcos Mellado Navarro (Mula)