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TIERRA, PRODUCCION Y PRECIOS. LA LIMIA ALTA, SIGLO XVIII. CATASTRO DE ENSENADA 1753

CERRATO ALVAREZ, Ángel

Publicado en el año 2005 en la Revista de Folklore número 296.

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1.– BREVE ACLARACIÓN SOBRE EL CÉLEBRE CATASTRO

Ensenada fue ministro de Fernando VI en el corazón del siglo XVIII. Fue hijo de todo un proceso cultural, político y económico que quería hacer de España un país próspero, adelantado y progresista. Las ideas madres venían de la Europa de las Luces.

El siglo anterior, el siglo XVII, fueron tiempos agitados o muertos, brillantes o hundidos, imperialistas o esclavizadores. El mismo rey de los últimos años de este siglo, Carlos II, hechizado, poseído, decían, por los mismos demonios dado su aspecto físico y las nulas cualidades mentales, envuelto en óleos sagrados “como un queso manchego”, era la expresión más pura de los momentos políticos del país. Murió sin descendencia –a dios gracias–. Y murió el año 1700.

Hacía dos siglos que los recursos económicos venían de Hispanoamérica; pero Hispanoamérica estaba controlada ya desde mediados del siglo XVII, por el sabotaje, el contrabando y la corrupción, impuestos a espaldas del gobierno de Madrid.

Los comienzos del siglo XVIII fueron años de agitación y violencia europea por el pastel de la riqueza de Hispanoamérica. Es una España con poder sólo nominal sobre las tierras de Ultramar. Fue la época de la llamada Guerra de Sucesión al trono español. La guerra duró ¡13 años! Los palos comenzaron en Europa y pronto pasaron al nuestro. Al final ganó Francia, y Francia era distinta.

Los nuevos tiempos significaban un fuerte revulsivo. Dos y tres generaciones de ambiciosos tecnócratas y políticos quisieron transformarlo todo. Se necesitaban cuartos y más cuartos, y se puso manos a la obra para obtenerlos del país, y del pozo sin fondo de las riquezas de Hispanoamérica, sobre todo. Pero había que empezar por controlar sus rutas y plantar cara a clandestinos y contrabandistas, preparar financieros competentes, y arrancar de cuajo a corruptos, vendidos o comprados.

Para el control de los mares se precisaba una potente Marina de Guerra, el punto más mimado para imponerse en Europa. Se había ensayado el paraguas de Francia con los Pactos de Familia, una especie de OTAN del final del siglo XX, con entrada sí, y salida también. España se creyó alguien. Diversos personajes irrumpieron en la escena con el señuelo de resucitar los viejos dominios del siglo XVI por el Atlántico y el Pacífico. Mas los vientos de la Historia soplaban por otros derroteros.

Ensenada fue de esos políticos que detrás tienen que tener las botas militares. Organizó la marimorena para sacar dinero hasta de debajo de las piedras para su sueño dorado: una potente Armada. Era un perfecto ejecutivo, con una capacidad de trabajo y de eficiencia fuera de lo común.

Desempeñó una gran variedad de puestos y siempre a pleno rendimiento. Su fuerte era la Hacienda.

Pensó que lo primero era conocer el terreno que pisaba, es decir, la riqueza del país y luego organizar el galimatías de los impuestos. Preparó una magna encuesta de 40 preguntas que abarcaban la estructura completa de la economía. Preparó a los funcionarios para que fuesen pueblo por pueblo del Reino de Castilla, y preguntasen y tomasen nota. Gastó 40 millones de reales. ¡Una fortuna!

El problema era la veracidad de las respuestas, por lo que se pasó años después para corroborarlas. Se escogieron 3-4-5 hombres justos de cada pueblo, que juraban decir la verdad, pero que les suponía descubrir a los amigos, a los familiares, a otros del pueblo, por tener que declarar al fisco. Esto sirvió a muchos para desfogarse, pero uno se imagina la desazón que agarró a los gallegos, cuando aún hoy día, cualquier desconocido que se pasea con cualquier apunte en mano, levanta las más suspicaces sospechas. Los datos pueden ir a la baja o a la alta, pueden decir todo o pueden no decir nada. En esto son maestros. Pueblos de Palencia o de Burgos, no se cortaron un pelo, y pusieron a parir a los feudales, recaudadores, clerecía, escribanos y demás. Pero en las tierras del N.O. son maestros en nadar y guardar la ropa.

De todas las formas, el Catastro es hoy en día un documento esencial de investigación histórica.

Ensenada fue aparcado, y con él, el sueño de una reforma profunda de la Hacienda sobre bases que hoy diríamos “científicas.” Pero creó escuela. Posteriormente se siguieron métodos semejantes. Todos los intentos murieron de muerte súbita, porque suponían una seria transformación de los poderosos feudales civiles y religiosos.

Lo que no murió fue el sueño de la recuperación militar de las rutas del comercio; pero los palos, las quijotadas, los fracasos, ponían las cosas en su sitio: gasto inútil, militares de opereta que dijo Valle–Inclán, políticos incompetentes, pasada de Europa. El final, ya se sabe: ¡desastre redondo!

2.– TIERRA, PRODUCCIÓN Y PRECIOS

2.1.– Localización de la Limia Alta

La Limia Alta es una comarca entre Verín y el Sur de Orense, cruzada por la vieja carretera 525 y por la actual Autovía das Rías Baixas. Está regada por el Río Limia que desemboca directamente en el Atlántico por debajo del Miño. Su prodigioso accidente geográfico, la Laguna de Antela, fue la mayor balsa natural de la Península Ibérica. Era a su vez el Centro Norte número uno de acogida de aves migratorias y el segundo del país. Se le llamó el granero de Galicia. Era célebre por el cultivo del lino, y sus ferias están registradas históricamente como las de mayor movimiento económico de Galicia. Fue siempre centro obligado de paso de ejércitos, pronunciamientos, mercaderes, y tierras apetecidas por los gobiernos de ambas tierras de la frontera, la famosa raia. Eran tierras de paso también obligado de las manadas de segadores que se descolgaban a Castilla por La Canda y el Padornelo.

2.2.– Metodología

Se trata de un rastreo por el Catastro de Ensenada, de 25 poblaciones del siglo XVIII. Se escogieron Villas importantes como Ginzo –Xinzo hoy en día–, Sandiás, Vilar de Santos, Junquera de Ambía, Baltar… y poblaciones más humildes. Se escogieron de la llanura, de las tierras altas, de las tierras alejadas, y una de la Sierra: La Boullosa. El objetivo era tener la visión más variada posible.

2.3.– Tierra, producción y precios

La distribución de las tierras de los pueblos del siglo XVIII, era semejante a la distribución a lo largo del siglo XIX y XX, hasta la llegada de la concentración parcelaria. Aún hoy día, después del cambio radical en repartos, toponimia, aguas, productos, maquinaria y ritmo de trabajo del campo, más los cambios de la situación ecológica, algunas tierras siguen como siempre, de modo excepcional, las huertas y los montes altos. Y los que se han librado del desastre de la parcelaria, de los embalses, del trazado de las pistas y del saqueo de los incendios, muestran sus seculares estructuras.

A lo largo del proceso histórico de creación y de ocupación de las poblaciones, hubo siempre condicionantes que les obligaron a buscar el lugar de su ubicación. Algunos fueron, el Naciente y el Poniente, la protección de los vientos, los cruces de caminos, senderos y atajos, el trasiego de las gentes, un espacio conveniente para el montaje de una feria, una buena plaza, la bonanza y la abundancia de aguas, y desde luego y lo más decisivo, la calidad de la tierra.

Los pueblos se construyeron de tal manera, que la tierra mejor quedaba al pie de las casas, prefiriéndose a veces montarlo en un lugar poco acogedor, con tal de que la mejor tierra de trabajo quedara junto a él.

En la concepción gallega, esas tierras son llamadas, huertas, tierras de hortalizas. Es la primera que se cita en el Catastro (pregs. 4–12 ). Todos tienen tierras de huertas. Muchos las tienen con regadío y muy pocos sin regadío. Morgade, por ej. hace un esfuerzo, y “riegan Junio y Julio con pozas y fuentes de su industria, hasta que se secan”.

Los pueblos que tienen huertas de regadío también las tienen de secano. Las huertas de regadío son todas tierras de primera calidad, otras de segunda y pocas de tercera. Los informantes insisten con orgullo, que las tierras de sus huertas son de primera calidad o que sólo tienen huertas de primera calidad y regadía. Es el caso de Ginzo; y Junquera de Ambía, que no tiene suficientes aguas para las tierras de labradío, insiste en que sus huertas sí que tienen agua. Otros dicen que sus huertas no tienen tierras de segunda calidad. –La clasificación de las tierras en tres calidades, fue algo que les vino de los agentes del Catastro, pero los campesinos no tuvieron problemas, porque sabían muy bien qué clases de tierras trabajaban–.

Los productos que sacan de las huertas son las hortalizas: berzas, que muchos llaman del país, calabazas, lechugas, guisantes que también llaman pedrones; favas, cebollas y coles, y Pena aclara que produce judías negras. Casi todos acaban con la coletilla de “otras menudencias”, “demás legumbres”, “otras cosas para el sustento de la casa”.

No todos los pueblos tienen todos los productos. Los más cultivados son: berza, guisantes, lechugas, cebollas, y calabazas y calabazones. Escasean las coles y las favas. Nótese los productos que no aparecen explícitamente: ni pimientos, tomates, zanahorias o patatas.

Y se sienten satisfechos con la producción que dan, “es mucho lo que rinden” (Abavides, siendo el caso de que no declaran huertas de regadío). “Las huertas no tienen descanso” (Morgade).

El Catastro estaba en función de obtener la mayor precisión de datos de todos los productos y de sus precios. Pensaban en Madrid que los campesinos sacaban grandes beneficios. Se les pide entonces, que traduzcan en cuartos qué podría dar un ferrado de tierra de huerta, ya que no pueden contar la producción, en carros de lechugas, por ej. Se les pide, además, que aclaren los beneficios según las calidades de las huertas.

Los de primera calidad de regadío oscilan entre los 13 reales de Baltar, los 20 de San Martín de Porquería, y los 80 de Vilar de Santos y de Congostro. Los de Ginzo declaran 40 reales de beneficio, y es bien poco, dado que es uno de los mejores terrenos de huertas. Los de Ginzo, hacen un hermoso canto a su pueblo, pero cuando se trata de declarar al fisco, asoman demasiado el plumero.

Los beneficios de las escasísimas huertas de segunda y de tercera calidad sin regadío, cuando las citan, las citan como iguales, y oscilan entre los 10 reales de Ginzo, los 12 de La Boullosa, y los 40 de San Martín de Porqueira, San Lorenzo, Congostro y Junquera de Ambía.

La siguiente tierra citada en riguroso segundo término, son las tierras de labradío, que llaman heredades, tierras de sembradura. Son las tierras de los diversos productos de las cosechas tradicionales del campo.

Las hay de 1ª-2ª y 3ª calidad. Algunos pueblos riegan las de 1ª y las de 2ª, y se las cita como tierras de labradío regadío. Son pocos los que riegan las de 3ª calidad como por ej. San Martín de Porqueira, San Lorenzo, Santa María de Porqueira, Congostro, Ordes y Bande, de las 25 poblaciones consultadas.

En las tierras de labradío cultivan trigo, millo groso, esto es, el maíz actual; lino, centeno, que los naturales siempre llamaron, y siguen llamando, pan; millo miudo –el mijo–; favas, garavanzos; y nabos y ferraña que en la mayoría de las citas van cultivados después de levantado el lino, y en otras ocasiones, las menos, lo siembran entre el trigo o entre el millo groso. Hay que hacer notar, que el centeno se sembró siempre, y se sigue sembrando, en tierras de 2ª calidad, y de secano.

El trigo es quien ocupa las mejores tierras de labradío regadío y va siempre en las de 1ª calidad y en las de secano también de 1ª calidad, que de nuevo, y para muchos, “es la misma cosa”. San Martín de Porqueira, San Lorenzo, Santa María de Porqueira, Congostro y Ordes, lo cultivan en las tres clases de tierra de labradío regadío. Ginzo y Bande lo cultivan en las tierras de labradío regadío de 1ª calidad y en las tierras de secano. Penelas, Baltar, Piñeira Seca y Abavides, sólo lo citan en las tierras de secano, y La Boullosa no lo cita por ningún sitio.

La producción oscila entre 4 ferrados de grano por un ferrado de tierra en Sandiás, 6 en Ginzo, 8 en Congostro, todo en las tierras de 1ª calidad de labradío regadío. Y va descendiente en el resto de clases de tierras.

El maíz, –millo groso–, llevaba poco tiempo de cultivo en Galicia, pero fue suficiente para que revolucionase tierras, aguas, canastros, y alimentación de hombres y de animales.

El maíz se cultiva en las tierras de labradío regadío, y en las tierras de labradío secano de 1ª calidad. Sandiás, Santa María de Porqueira, Morgade y Penelas lo cultivan sólo en tierras de secano de 2ª calidad. –Pero hay que hacer notar que las tierras de estos pueblos estaban al pie de la Laguna, por lo que la tierra se conservaba fresca –. Cuando se arrancaba el maíz, se podían sembrar inmediatamente, nabos, ferraña, favas y guisantes.

La producción de maíz, va de 5 a 10 ferrados de grano por un ferrado de tierra en las de regadío de 1ª calidad. Quien más da es Junquera de Ambía. Se cita también una producción de 3 a 6 ferrados de grano en las tierras de 2ª y de 3ª. Quien más da es Ginzo. El maíz de las tierras de secano produce desde los 2 ferrados en Santa María de Porqueira a los 7 de Junquera de Ambía.

Un ferrado de maíz tiene un valaor de 4 a 7 reales. El maíz más caro es el de Ginzo, que es la única población que lo vende a 7 reales.

El mijo, llamado “millo miudo”, se cita por Vilar de Santos, Sandiás, San Lorenzo, Congostro, Morgade, Junquera de Ambía y Piñeira Seca. Fue sustituido progresivamente por el “millo groso”. Se ha cultivado hasta los años 80 del siglo XX por algunas tierras de la Limia. Ahora mismo, parece un resto paleolítico.

El mijo se cultiva en tierras de secano de 2ª y de 3ª calidad, menos en Morgade, que cita su cultivo en tierras de regadío de 2ª y de 3ª, y en secano también de 2ª y de 3ª. Junquera de Ambía lo cultiva en regadío y en secano de 1ª calidad.

Un ferrado de mijo “bien raseado”, vale de 2 a 7 reales. El más caro se vende en Piñeira Seca y el más barato en Morgade. Hay poblaciones que no declaran el precio.

El cultivo de mijo y de maíz no se cita por tierras de Cualedro, Baltar, Abavides o la Boullosa.

El lino. Hoy en día está casi olvidado de las generaciones actuales de la gente joven, que piensan que fue de épocas ya pasadas. Pero se cultivó con intensidad en las tierras de La Limia Alta.

Dos, y tres, y cuatro milenios antes de la era cristiana, el lino se daba por tierras de Asia Menor. En Galicia hay restos arqueológicos de las tareas del trabajo del lino en época castrexa, antes de la llegada de los romanos.

El trabajo y el instrumental del lino desempeñó un papel transcendental en el proceso del progreso técnico del hombre. No hay que olvidar que fue uno de los puntales de la aparición de la Primera Revolución Industrial.

La transformación del trabajo y del instrumental, fue decisiva, pero negativa, para Galicia. Los “Ilustrados”, que hicieron encomiables esfuerzos por modernizar el país globalmente, pensaron que la mejor manera de adaptarse sería imponer el “progreso” y descuajar lo viejo. El campesinado no entendía, y no precisamente porque fueran tontos; no estaban por el tema, y siguieron con lo suyo. Pero fue el principio del fin, un final que llegaría en la segunda mitad del siglo XX con la destrucción de los cultivos, del trabajo y del instrumental, y de manera especial con la destrucción de la mentalidad, haciéndoles pasar el trabajo del lino y los procesos de transformación, como anticuado y fuera del progreso. Su recuperación posterior por ciertas tierras y ciertas escuelas no deja de ser un hecho meramente folklórico oficial.

El lino se cultivó en tierras de labradío regadío de 1ª calidad y sólo Ginzo lo cita también en tierras de regadío de 2ª calidad. Pena y Morgade, Sandiás y Junquera de Ambía, lo trabajan en tierras regadío y de secano de 1ª calidad. Pero conviene recordar que las declaraciones de los “hombres honrados” a los delegados del Catastro afirman, con frecuencia, que las tierras de secano de 1ª calidad tienen la misma categoría que las de regadío de 1ª. “Son la misma cosa”, dicen. Incluso el mismo Sandiás y Junquera de Ambía se permiten trabajarlo también en tierras de secano de 2ª calidad. Baltar y La Boullosa no citan su cultivo.

La producción de lino se mide en afusales, “que es la cantidad que una mujer puede llevar al río en la cabeza para su curación”. En algunos sitios, al afusal le llaman feixe o largueiro. Cada afusal tiene 16 estrigas –cada manada de que está hecho el afusal–. Conviene hacer notar que éstas son las medidas que se siguen citando por las ancianas que hablan del trabajo del lino.

Un ferrado de tierra puede dar de 5 a 10 afusales en las tierras de regadío de 1ª calidad. Quien menos da es Sandiás y quien más declara es San Martín de Porqueira, San Lorenzo, Santa María de Porqueira, Ordes y Junquera de Ambía. Ginzo declara que sus tierras de regadío de 2ª calidad dan 3 afusales. Las tierras de secano de 1ª calidad pueden producir 4, 5, 6 afusales, y los dos pueblos que citan el cultivo en tierras de secano de 2ª calidad declaran que recogen sobre dos afusales.

El precio de los afusales va desde los 4 reales en Cualedro a los 8 de Bande. En Bande se toma como medida del pago de los foros.

La linaza es la simiente del lino. Su fruto era muy importante por los derivados y las aplicaciones que se obtenían de ella. Con la obsesión de reducir todo a “cuartos”, el Catastro pensó que se debía de anotar. Se declara que por un ferrado de tierra sembrada de linaza, se obtiene la misma cantidad que se siembra. Hay que anotar, que la medida que más se cita en los diversos productos que aparecen, es el ferrado, pero cuando se habla de la linaza, la medida es la tega, que es lo mismo que el ferrado. Se añade que tiene que ser una tega “bien raseada”. Ginzo y Santa María de Porqueira declaran media tega, y dos tegas en el resto de poblaciones consultadas. San Martín de Porqueira y San Lorenzo, declaran la producción de afusales, pero no la de linaza.

El precio de una tega de linaza va desde 5 reales en Abavides a 8 en Cualedro.

El lino es una planta de crecimiento y sazón precoz. Se siembra por finales de abril comienzos de mayo y hay que recogerlo a últimos de agosto o primeros de septiembre. El trabajo de transformación del lino en ropa, dura todo el año. Las tierras que quedaban libres después de la cosecha se empleaban en el cultivo de nabos y ferraña para alimento de los animales. Es lo que los informantes, y aún hoy día, llaman, restreva. A los del Catastro la palabra “restreva” no les sonaba ni a palos, y, o la copian mal, o no saben lo que copian, por lo que los campesinos tienen que aclararles que restreva “es el aprovechamiento de las tierras del lino en segunda mano”. Y vuelta a insistirles que es el cultivo que se hace de las tierras para el alimento del ganado.

La producción y el precio de un carro de nabos y un carro de ferraña se declaran juntas. La producción en carros va desde medio carro de nabos y medio carro de ferraña en San Martín de Porqueira, Santa María de Porqueira, Sandías, y Abavides que cita los carros de nabos, “bien cargados”. Los precios en reales van desde los 6 de Morgade, 8 de Ginzo, 12 y 16 de Bande, y 16 de Cualedro.

Los nabos y ferraña se sembraban en las tierras del lino, pero también los sembraban en las tierras de trigo por Cualedro. Se sembraban también en tierras de cultivo del “millo groso”, –el maíz actual– en varias poblaciones.

En este momento de las anotaciones del presente pequeño artículo, es importante hacer una llamada al conocimiento práctico de los campesinos de siempre. Los campesinos sabían muy bien, y saben, que nabos, ferraña, guisantes y favas, incluído el lino, oxigenan la tierra. Allá por finales del siglo XVII y a lo largo del siglo XVIII, holandeses e ingleses se volvían locos buscando la manera de abonar mejor las tierras y vieron y comprobaron que había plantas con capacidad para hacerlo. Eso mismo lo practicaban por muchas partes del N.O. de la Península Ibérica. Pero no tuvieron los publicistas suficientes, que si era el caso, pasaban, y trataban de atrasado el mundo del campo, como pasaron de sus ancestrales conocimientos del cultivo y del proceso de la fibra del lino.

El cultivo del trigo, del maíz y del lino, va en este orden en la mayoría de los casos: un año, trigo, al siguiente maíz, y al siguiente lino con nabos y ferraña. Pocas veces aparece cambiado.

El centeno, que también aparece con las palabras del idioma gallego: pan y centeo, se cultiva en tierras de regadío en Ginzo, Pena, Morgade, Vilar de Santos ¡y hasta en Cualedro, que está en la sierra! Pero el cultivo del centeno con regadío en estas poblaciones puede deberse al hecho de estar ubicadas al mismo pie de la Laguna de Antela. Tampoco está generalizado que se trabajara en tierras de secano de 1ª calidad, como es el caso de Pena, Morgade, Penelas, Cualedro, Bande, Abavides y la Boullosa, sobre un rastreo de 25 poblaciones.

Porque el centeno se sembró, y se sigue sembrando, con abrumadora preferencia, en tierras de secano de 2ª y de 3ª calidad. Es un producto que vino como anillo al dedo a la orografía mayoritaria gallega, con capacidad alimenticia tan potente como la del trigo, y con un registro de aprovechamiento de la paja que desbordaba totalmente a la paja del trigo.

En las tierras de secano de 2ª y de 3ª calidad, se cultivaba con una rotación de año sí, año no, lo que continuamente llaman “año de intermisión y descanso”. Un año de cultivo, otro de barbecho. Pero hay que saberlo interpretar: pueden dejar toda la tierra de barbecho, o pueden dejar una parte, y la otra se cultiva, y así se alternan, lo mismo que han hecho hasta hace poco. Incluso, algunas poblaciones rizaron el rizo, y la rotación se hizo en función del aprovechamiento de las aguas comunales en el verano: un año trabajaron el centeno “arriba” y al año siguiente “abajo”. Arriba, quiere decir, el secano. Y abajo, el regadío.

La rotación se hacía también con los productos: en una tierra podía haber el proceso siguiente: un año trigo, otro maíz, al tercero lino y al cuarto centeno, y vuelta de nuevo al quinto año. Como se acaba de indicar, podía rotarse con una tierra entera, o rotarse con “parcelas” de una misma tierra. Cuando se cita el lino en rotación con el trigo y el maíz, cuidan muy mucho de aclarar que el cultivo del lino en rotación con los otros productos “es si se quiere”.

El cultivo del centeno en tierras de secano de 1ª calidad obtiene 5 ferrados de grano por un ferrado de tierra. En esto están todos de acuerdo. El secano de 2ª calidad da entre 3, 4 y 6 ferrados. En Congostro da 7. Las tierras de secano de 3ª calidad dan 2, 4 y 5 ferrados en Vilar de Santos, y Sandiás declara 7.

Los precios oscilaban siempre entre 3-4 reales por ferrado de grano.

La cebada, se cultivó en Morgade y en Pena, en las tierras de regadío de 1ª calidad. Son las únicas poblaciones que la citan. Y tenían sus buenos motivos para dedicarse a su cultivo, porque Pena y Morgade están al pie de Ginzo, que celebraba dos veces al mes las ferias de mayor movimiento económico de toda Galicia. Y no sólo en el mismo Ginzo. A unos 8 kilómetros en línea recta río abajo, se había creado una nueva feria, a feira nova. El lugar era el más estratégico del mundo, porque era la confluencia obligada y necesaria del paso de la Limia Alta a la Limia Baja, con un puente ya de la época de los romanos, que se había especializado en el trasiego de mulas y machos. Y entre Ginzo y la de la feira nova, la de San Mateu, también de lo mismo. Y no muy lejos, estaban las de Cualedro, de gran movimiento. En Ginzo tenían su sede nada menos que 29 arrieros. Y los de Pena y Morgade se hicieron con el monopolio total de la paja y del grano de cebada. Mientras un ferrado de grano de cebada valía 4 reales, un carro de paja valía ¡24! –Un carro de paja de trigo valía 20 reales–.

Las favas y las judías, son un producto muy citado. Se cultivan en tierras de regadío y de secano por Pena, Vilar de Santos, Sandiás, Congostro, Penelas, Ordes y Junquera de Ambía. Ginzo las cultiva en regadío.

También existe una rotación: En Ordes, el proceso es trigo, maíz, favas y vuelta a lo mismo. En Junquera de Ambía es, maíz, trigo, favas, mijo, y vuelta al proceso.

Ginzo declara una producción de medio ferrado de grano, en tierras de regadío de 2ª calidad. El resto va de 3 a 5 ferrados en las tierras de regadío y de secano de 1ª calidad. Quien más producen son Pena y Ordes.

El precio de un ferrado de favas, “bien colmado”, está entre 5 y 6 reales.

Los guisantes o pedrones y pedrolos, se siembran en huertas por Piñeira Seca, Abavides, Ginzo y otros. En las tierras de secano también se cultivan, pero en este orden: un año guisantes, al otro barbecho, al otro mijo y al año siguiente se deja descansar; luego se siembra centeno, se vuelve a dejar uno más de barbecho, y vuelta a empezar.

Un ferrado de guisantes vale 5 reales en Ginzo.

Los garbanzos son un cultivo que sólo lo citan Vilar de Santos y Junquera de Ambía. Los trabajan en tierras de regadío de 1ª y de 2ª calidad, y en tierras de secano de 1ª calidad. Caros garbanzos: ¡9 reales el ferrado en Vilar de Santos y 10 en Junquera!

Los prados son los que vienen detrás de las tierras de regadío y de secano. Los prados están en función de la “hierba para las vacas, que se la dan verde o seca”. “Las tierras de regadío y los prados dan todos los años”.

Quizá, por imposición de los entrevistadores del Catastro, los declarantes dividen las tierras de pastos en tres calidades.

Varios pueblos citan el regadío que se les da a los prados, aunque Morgade, Penelas, Bande, Junquea de Ambía y Cualedro señalan que también les hay de secano. Incluso Baltar, con un “expediente” de declaraciones realmente insulsas y a ciegas, dice que sus prados son de regadío. Y Santa María de Porqueira, e incluso Cualedro, no citan producción de hierba en los prados de secano.

“Los prados y las huertas son de buena calidad”. La Boullosa, que declaró que no tenía regadío, habla de sus prados de secano como “pasto al pico”, –expresión que se conserva aún hoy día–.

La producción se cita en carros o en reales. Los prados de regadío de 1ª calidad dan entre 5 y 6 carros de hierba; los de regadío de 2ª y 3ª calidad tienen que conformarse con 1 ó 2 carros.

Un carro de hierba verde vale 6 reales, aunque los de Sandiás lo valoran en 7. Normalmente dan una valoración global a lo largo del año por cada ferrado de prado. Los que más alto pujan son los de Ginzo: sus prados de regadío de 1ª calidad producen al año 50 reales y los prados de secano también de 1ª calidad dan 40 reales; los de Piñeira Seca, Pena y Morgade tasan el beneficio de los prados de regadío de 1ª calidad y los de secano de 1ª calidad, en 36 reales. Los de Baltar, más humildes –si de algo se enteraron– citan 15 reales como beneficio de sus prados de regadío de 1ª calidad.

Las campiñas no se citan en todos los pueblos, pero los que lo hacen, las nombran en último lugar, y las consideran “prados de secano”, “tierras de pasto”.

Las campiñas no tienen riegos. Dada la manía del Catastro de reducir todo a dinero, la producción y el valor de las campiñas podría no ser tenido en cuenta. Pero como dato, las de la Boullosa, Baltar y Ginzo, se citan como las más pobres.

El tojal, también llamado “monte bajo” y “monte cerrado”, es citado por todos. En realidad tenía la misma importancia que las tierras para huertas, para labradío y para prados. Aún hoy día, la posesión de un tojal es uno de los lugares comunes de las herencias. El tojal “está para el estrume”, palabra de vieja raigambre del idioma gallego y cuyo significado causó un verdadero galimatías a los copistas del Catastro. El estrume es la materia prima esencial para los futuros abonos del campo. El abono puro se llamará esterco.

La división de las tierras de un tojal en las tres calidades que se ha hecho para todas las demás, refleja, con todo, muy bien, su aprovechamiento y la adaptación de los labriegos a la tierra. Una misma población puede tener tojales de las tres categorías.

La explotación de un tojal se hace por años de rotación.

Los de 1ª calidad se explotan de tres en tres años, que es el caso de Ginzo, Pena, Sandiás, Morgade, Vilar de Santos y Penelas. De cuatro en cuatro los explotan San Martín de Porqueira, Santa María de Porqueira, San Lorenzo, Congostro, Ordes, Cualedro y Junquera de Ambía.

Los tojales de 2ª calidad se explotan, unos, de tres en tres años como Vilar de Santos, Sandiás y Ordes; otros, de cuatro en cuatro años, como Congostro, Cualedro y Junquera de Ambía; y otros, de seis en seis como Ginzo, Pena, Morgade, Piñeira Seca y Abavides.

Un tojal de 3ª, se explota de seis en seis, de ocho en ocho o de diez en diez años.

La producción, medida en carros, es de tres carros para un tojal de 1ª calidad al margen del tiempo de su rotación; en Cualedro recogen algo más, los de Junquera de Ambía, Piñeira Seca y Abavides declaran un solo carro. Los de Baltar y los de La Boullosa confunden carros con reales.

La producción de tojales de 2ª calidad es de tres carros en cuatro poblaciones, dos, en seis; y uno en otras seis. Los tojales de 3ª calidad dan uno y dos carros.

Tres poblaciones valoraban un carro de tojos en 5 reales; tres, en 4; dos en 3 y cinco en 1 real.

El monte alto, también llamado devesa, monte, monte común y comunal, se dedica a robledales, –carballeiras–, para leña.

Tiene su rotación de explotación. El monte de 1ª calidad se explota cada tres años en Ginzo, Morgade y Piñeira Seca; cada seis años, en Bande; cada diez, en Santa María de Porqueira, San Martín de Porqueira y San Lorenzo. Cada 12, en Vilar de Santos; cada 14, en Congostro; cada 15 en Ordes y cada 16 en Sandiás.

La explotación de los montes de 2ª calidad se hace cada 5 años en Ginzo y Piñeira Seca; cada 9, en Bande, cada 10 en Ordes, cada 12, en Vilar de Santos, Santa María de Porqueira, San Martín de Porqueira y San Lorenzo; cada 16 en Sandiás y cada 20 en Congostro.

La rotación de la explotación de los montes de 3ª calidad va desde los 8–10–12–14–20 y 24 años.

El Catastro no entra en más detalles, pero lo mismo que se repartían las aguas comunales, los tojales, y las cavadas, se repartían los ferrados de monte entre cada vecino. Las parcelas se llamaban meras. Fue ésta una práctica que ha estado vigente hasta hace poco. El trazado, el sorteo y la tala de las meras, así como el acarreo de la leña, eran todo un acontecimiento comunal.

La producción de los ferrados talados del comunal de 1ª calidad oscila entre un carro en Ginzo; 3 y 4, en la mayoría; y otros entre 5–6 y 8. A mayor número de años de rotación, mayo número de carros.

En los ferrados de monte de 2ª categoría, baja la producción, a pesar de la prolongación de los años de rotación. Los montes clasificados de 2ª categoría dan 1–2–3 carros. Ordes es el único que declara 4 carros.

Los de 3ª categoría dan medio, uno o dos carros. Ordes da 3 carros con una rotación de 20 años.

El precio de un carro de leña se estimaba en 3–4 reales. Los de Penelas y Piñeira Seca, lo estimaban en 6 reales.

El soto es la tierra en la que crecen los castaños. Es de las últimas nombradas y hay poblaciones que no las declaran. Otros declaran que los castaños “son tal cual pie que no reportan utilidad ninguna a sus dueños…”, “están puestos en los linderos de los caminos…”, “…en las separaciones de las tierras…”, “en sitios comunes…” y hasta “…en los abrevaderos”. Algunos no los dan importancia; otros, que tienen muy pocos, y otros, que no los tienen. En ningún producto hay tanta variedad de opiniones. Pero haberlos, había… hasta que las pestes de finales del siglo XIX y comienzos del XX, luego las concentraciones parcelarias y últimamente el ensanche de pistas y los incendios, arrasaron con todo. Aún quedan solitarios ejemplares de 1.000, 1.500 y 2.000 años de vida. Y todos sabían muy bien los muchos derivados que se obtenían de un castaño, incluso del soto. Curiosamente, en otros sitos, se reconocen dos beneficios: la castaña y la madera de castaño, que no era poco en aquel tiempo, pero cuando los tienen que declarar, se callan. ¡Todo muy gallego!

La declaración de las cantidades de ferrados de castañas por ferrados de soto no es ni orientativa, porque lo que no cuela es, declarar que por ferrado de tierra de soto, recojan 9–10 ferrados de castañas. Porque eso, y mucho más, lo daba un solo castaño de aquellos, con el cachondeo añadido de que declaren, que por ferrado de tierra hay hasta 8–10–12 y 19 castaños, que llaman pies. Lo que indica, por otra parte, la empanada de los “agentes” del Catastro, y por extensión, las empanadas en las que se mueve cualquier burocracia de despacho. ¡Si los campesinos hablasen!

Lo que tiene más visos de ser cierto es que un ferrado de castañas esté entre 1 y 3 reales.

El Catastro de Ensenada quiere saber también cuánto valen muchos de los haberes que conforman las necesidades de un labriego, y aquí sí que es interesante, como baremo de riqueza y de costes de vida. Se da una relación en una de las monedas más oficiales de la época, el real de vellón.

Una gallina, 2 reales; un pollo, medio; un cordero, 4; un cabrito de 1 a 6 reales; un carnero, de 5 a 10; un cerdo cebado o de cría, los de Pena lo tasan en 6, los de Bande en 11, los de Piñeira Seca en 16, los de Sandiás en 44, y los de Junquera de Ambía en 55; un jamón, 16 reales; un tocino, 20; un cuartillo de aceite, 2; una libra de unto, que también llaman cuartillo, 2; una libra de cera, 7; una libra de lana, 2; un cuartillo de miel, 1; un mollo de vino, 22, pero sólo lo declaran los de Penelas; un par de pichones, 15. Todos los declarantes de estos productos insisten en que están en función de los impuestos de los foros; el más empleado como modelo es el de la gallina.

3.– LA POSESIÓN DE LA TIERRA

Por las páginas anteriores han pasado diversas clases de tierras, trabajo de los labriegos, productos y precios. Pero todo quedaría manco si no se citara a los dueños, a los poseedores de la tierra, que desde luego, no eran los que las trabajaban. Y fue previsto por el Catastro, que hizo de ello el objeto de la segunda pregunta. Porque Ensenada sabía muy bien quiénes eran unos y quiénes eran otros. Quiénes trabajaban y quiénes despilfarraban el fruto del trabajo. Ya se comentó la cerrada oposición de los poderes a ser fiscalizados, y cómo fueron aparcados todos los intentos de reformas del siglo XVIII sobre la tierra y sobre los impuestos. A algunos reformadores, les costó bien caro.

Aunque en Galicia, el foro daba garantía de continuidad en la posesión de la tierra, el foro no les hizo dueños absolutos. El precio, vía impuestos, que tenía que ser pagado, esclavizaba y asoballaba hasta los tuétanos. Aquí es donde hay que buscar una de las causas profundas de la emigración, no en las folklóricas que tanto han manejado sociólogos, economistas y políticos al servicio del poder. De los sofocantes impuestos de la Edad Moderna por estas tierras, ya fue escrito, y con detalle, en el Nº 3 de LETHES, Otoño 2001.

De 25 poblaciones aquí consultadas, Ginzo, Lamas y Damil, San Lorenzo, las feligresías de Penelas y de San Miguel, con los dos lugares de Piñeira y Pegín; Baltar, Piñeira Seca y La Boullosa, pertenecían al Señorío de la Duquesa de Alba y Condesa de Monterrey.

Morgade, Pena y Abavides a la jurisdicción de la Condesa de Lemos.

Ordes y Congostro, al Señorío del Conde de Montezuma. Sandiás, a la Casa de Malpica. Santa María y San Martín de Porqueira, al obispado de Orense. Cualedro al Convento de San Rosendo de Celanova. Bande, Cadós y Calvos, al monasterio de San Salvador de Celanova. Junquera de Ambía al obispado de Valladolid y Vilar de Santos a la “Encomienda de la Barra de Santiago”.

4.– BREVES CONSIDERACIONES FINALES

1.– Los campesinos son gentes enraizadas en la tierra, sabia y trabajadora. El concepto de atrasados, anticuados, cosa vieja, es un concepto impuesto por nuestro progreso burgués, que piensa, dice y hace, que lo que no es suyo, no merece — 47 — la pena. De paso, vale para imponer sus negocios, cueste lo que cueste. Ya lo hicieron con el mismísimo mundo feudal que ellos se cargaron: airear sus lacras, negarlo y vilipendiarlo, camino que no están dispuesto a seguir sobre ellos mismos.

2.– La injusta posesión de la tierra creaba una estructura de explotación y de esclavización despiadadas que revertía sobre el tipo de vida de los campesinos.

3.– La succión de impuestos camino de pazos, cortes, obispados, y monasterios, privaba a los campesinos de gran parte del trabajo de sus manos. La explotadora distribución de la tierra con la obligada secuela de extracción del trabajo de los labradores vía impuestos a lo largo de los siglos, trajo las consecuencias económicas, sociales y culturales bien conocidas y tan banalmente interpretadas. Es aquí donde hay que buscar una de las profundas raíces del ser del pueblo gallego. Hay elucubraciones que no dejan de ser elucubraciones de salón, de cátedras, de “despachos” y de intereses políticos.

4.– El mundo campesino que aparece a lo largo y ancho del Catastro de Ensenada, es un mundo heredero del trabajo de siglos, un sabio trabajo, adaptado al hábitat y respetuoso con la tierra. La misión del Catastro era obtener una visión lo más ajustada posible del movimiento de la riqueza de los reinos de Castilla. Junto al trabajo, a los productos y a los precios, a los impuestos y a la posesión de la tierra, aparecen las actividades, oficios y artesanías que bullían alrededor de una aldea. Esa era su misión.

5.– Pero no estaría de más profundizar en las relaciones humanas a las que les obligó la necesidad, que abarcan una asombrosa gama de actividades y que están absolutamente ausentes del Catastro. Y eso es lo que asombra: cómo un pueblo, sumido en duros trabajos, en condiciones externas peliagudas y explotadoras, fue capaz de vivir y de crear un tan variado y rico patrimonio agrícola, oral, musical, supersticioso, lingüístico y arquitectónico popular, y que tuvo tres ejes fundamentales: las relaciones del hombre con el hombre, las relaciones del hombre con lo trascendente y la comunión del hombre con la Naturaleza.

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BIBLIOGRAFÍA

Catastro de Ensenada; Archivo General de Simancas (VA)

– Abavides, libro 221, folios 47 y ss.

– Baltar, libro 217, folios 294 y ss.

– Bande, Cadós e Calvos, libro 225, folios 243 y ss.

– Boullosa, A. Libro 217, folios 145 y ss.

– Congostro, libro ?, folios? – Cualedro, libro 213, folios 294 y ss.

– Morgade, libro 221, folios 1 y ss.

– Ordes, libro 226, folios 630 y ss.

– Pena, libro 221, folios 93 e ss.

– Penelas, San Miguel, Piñeira y Pegín, libro 219, folio 101 y ss.

– Piñeira Seca, libro 223, folios 145 y ss.

– Sandiás, libro 224, folios 701 y ss.

– San Lorenzo, libro ?, folios 705 y ss.

– San Martín de Porqueira, libro 221, folios 587 y ss.

– Santa María de Porqueira, libro 222, folios 680 y ss.

– Vilar de Santos, libro 222, folios 695 y ss.

– Xinzo de Limia, Lamas e Damil, libro 222, folios 161 y ss.

– Xunqueira de Ambía, libro 225, folios 679 y ss.

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CERRATO ÁLVAREZ, A.: LETHES, Nº 4, 2002 –2003, sobre los ancestrales repartos de las aguas comunales de La Limia, productos de la tierra y clases de tierras, pp. 191 –213.

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FERNÁNDEZ JUSTO, María Isabel: La Metrología Tradicional Gallega, Instituto Geográfico Nacional, 1986.

FERNÁNDEZ PRIETO, L.: Labregos con Ciencia, Xerais, 1992.

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