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LA FILOSOFÍA DEL REFRANERO ESPAÑOL

DIEZ PASCUAL, José Luis

Publicado en el año 2005 en la Revista de Folklore número 297.

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1. FILOSOFÍA VULGAR Y FILOSOFÍA CULTA

“Los refranes son la Filosofía que no muere” como afirmó Juan de Mal-Lara (1). En ellos no se dan los vaivenes de las cambiantes corrientes ideológicas. El refranero vive del realismo, de lo concreto, de la experiencia… No se da en él la pretensión de regir la cultura, ni la petulancia; sino más bien la aplicación práctica del sentido común. No se pretende con esta afirmación limitar el valor de la Filosofía, sino tener también en cuenta este tipo de sabiduría.

Aristóteles llama a los Proverbios o Refranes “ciertas reliquias de la antigua filosofía”. También Platón y Plutarco utilizan el refrán o el adagio antiguo para hacer lo que denominan “demostraciones a ojo”.

Platón en su diálogo Protágoras afirma que “los refranes son la filosofía más antigua y más loada y tenida por más excelente en Creta y Lacedemonia, que eran amigos de la brevedad”.

La sabiduría popular, alma del refranero, ha ido acuñando expresiones y consejos para cada uno de los aspectos de la vida humana. Hay refranes morales, políticos, religiosos, relativos al campo, a la navegación, al tiempo atmosférico, al toreo, etc. Para profundizar en ellos, utilizaremos las enseñanzas del Dr. León Murciego (2).

Las diferencias que señala el mencionado autor entre la Filosofía popular del refranero y la Filosofía propiamente dicha son las siguientes:

1. La Filosofía vulgar no trata los problemas fundamentales que tiene planteados el hombre. No utiliza tampoco la reflexión para resolverlos. Por el contrario, a partir de la experiencia de los hechos concretos, acuña una expresión para poder transmitirla. La sabiduría que se emplea es casuística. Los refranes van surgiendo de la vida. El pueblo expresa sin más lo que piensa, siente o quiere.

2. La Filosofía vulgar carece de la precisión de lenguaje de la Filosofía cultivada. No se preocupa de cuidar los conceptos, sino que los utiliza sin más. Además, su vocabulario es sencillo y por tanto su interpretación unívoca. En ningún momento explica el léxico. Lo da por conocido. El registro que utiliza es universal para todos: “al pan, pan y al vino, vino”. La Filosofía del refranero no tiene en cuenta la necesidad de aquilatar, de precisar términos, porque no busca un desarrollo científico.

3. La Filosofía popular no es sistemática. No analiza ni estructura la realidad. No la clasifica. Aporta sus contenidos y no se preocupa de más. Deja esta tarea a los paremiólogos. Ellos serán los que estructuren y estudien y clasifiquen los refranes por temas concretos. Esta labor fue sugerida e iniciada por el Doctor León Murciego en la obra mencionada y por D. Luis Martínez Kleiser en el Gran Refranero Ideológico Español.

4. La Filosofía popular carece de fundamentación científica. Se basa en los juicios de la realidad y en la experiencia concreta: “Dos adivinos hay en Segura; el uno experiencia y el otro cordura”.

5. La Filosofía de los refranes utiliza la clave de lo popular, de lo rural. Éste es el sello característico frente a la Filosofía culta. Éste es el contexto en el que nace y se desarrolla el refranero.

6. La Filosofía vulgar tiene un origen desconocido. La propagación es natural y espontánea. Se transmite de boca a boca, de una generación a otra mediante su simple sistema de memorización. Nunca se dice de dónde procede. Si alguien pregunta se suele decir: “se lo oía…”. En otras circunstancias se utiliza la expresión: “Como dijo el otro…”.

7. La Filosofía vulgar vive del realismo. No deforma lo que percibe, no lo modifica, no lo relativiza. No se alimenta de modas ni de corrientes ideológicas cambiantes. Vive de lo de siempre, de lo permanente: “lo que hay, hay y lo que no hay, no hay…”, “Te lo puedo decir más alto, pero más claro no”.

La Filosofía propia del Refranero, a pesar de las diferencias con la Filosofía propiamente dicha, tiene un valor indudable y una aplicabilidad práctica. Está impregnada del sentido común y de la concreción. Tiene un brillo singular. Es un tesoro poco valorado, ya que se considera a lo popular pre-científico y hasta grosero. En el refrán aparece el hombre tal cual es. Aparece el hombre de siempre, con los problemas de siempre y con la naturaleza que tiene. Ahí está retratada la auténtica Antropología, la verdadera Filosofía del Hombre. De entre todas las disciplinas filosóficas, la que más abunda es la Ética, ya que el refranero está dando continuamente pautas de comportamiento en la vida, tomadas –como queda dicho– de la experiencia.

Queda, ahora, la ingente tarea de sistematizar todo el acervo del Refranero. Habría que clasificar en apartados cada uno de esos tesoros y llegar a estructurar la cultura real, la auténtica sabiduría acumulada en el tiempo y transmitida de una generación a otra.

2. EL REFRANERO DE LOS REFRANES

Para terminar vamos a analizar brevemente la visión del Refranero sobre sus propios refranes y sobre su utilidad.

2.1. Los refranes son verdaderos:

– “Cien refranes, cien verdades”.

– “No hay refrán que no diga una verdad, y una no, es porque dice dos”.

– “Quien habla por refranes, es un saco de verdades”.

– “Refranes que no sean verdaderos y febreros que no sean locos, pocos”.

2.2. Tienen origen en los sabios y manifiestan la sabiduría:

– “En la boca del vulgo andan los refranes, pero no salieron de bocas vulgares”.

– “Quien refranes no sabe ¿qué es lo que sabe?”.

2.3. Son certeros, son importantes, son buenos y útiles:

– “Hombre refranero, medido, certero”.

– “Saber refranes, poco cuesta y mucho vale”.

– “Si los refranes fueran ley que se cumpliera, mejor el mundo anduviera”.

– “Los refranes te darán consejo y alivio en tus afanes”.

– “Refranes y consejos, todos son buenos”.

2.4. Abarcan todo tipo de situaciones y son muy abundantes:

– “Para todo tiene refranes el pueblo, el toque está en saberlos”.

– “De refranes y cantares tiene el pueblo mil millares”.

– “Los pobres tienen más coplas que ollas, y más refranes que panes”.

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NOTAS

(1) MAL- LARA, Juan de: “Declaración del elogio” (a Felipe II) con que comienza su libro La Philosophia vulgar (Sevilla, 1568).

(2) MURCIEGO, Dr. León: Los refranes filosóficos castellanos, Zaragoza, 1962.