Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

LA LEYENDA DEL OSO EN FREISING (BAVIERA) Y EN ARBAS (LEÓN)

MARTINEZ ANGEL, Lorenzo

Publicado en el año 2005 en la Revista de Folklore número 300.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 300 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


LA LEYENDA DEL OSO EN FREISING (BAVIERA) Y EN ARBAS (LEÓN) Ya anteriormente, en esta misma revista, hemos analizado leyendas que aparecen en lugares geográficos distintos, tema éste que aparece de vez en cuando en publicaciones de tema religioso, etnográfico y artístico (1). En el presente trabajo seguimos profundizando en un campo tan interesante, en nuestra humilde opinión, tanto para buscar conexiones y explicaciones sobre el origen y significado de las leyendas, como para eliminar matices localistas que, en realidad, resultan no serlo. De sobra conocida resulta la leyenda del oso de Arbas, el cual, habiendo matado a uno de los bueyes que se empleaban para arrastrar piedra para la construcción de la colegiata, fue uncido al carro para substituirle en la tarea. Esta leyenda conoció una premiada y ya antigua publicación que citamos en nota (2), y en relación con ella se interpretan unas cabezas de oso y buey esculpidas en el mencionado templo (3).

Refiriéndose a la leyenda citada escribió en 1928 H. García Luengo:

“La leyenda objeto de este trabajo en sí no es más que una de las múltiples milagrerías a las que tan aficionados nos hemos mostrado siempre los españoles; pero es un milagro ingenuo, de buena cepa, de marcado carácter medioeval, que no desdice entre los que el Rey Sabio nos dejó inmortalizado en sus cantigas. Es algo emanado del pueblo, algo inventado por él ante los caprichos del imaginero instintivo, de los que quiso dar una interpretación ajustada a sus sentires” (4).

Podría pensarse que con estas inspiradas líneas tendríase ya explicada la leyenda. Pero consideramos que hay que tener en cuenta otras cuestiones para el análisis pormenorizado de la misma. La primera de ellas sería el hecho de que se repite. En el escudo episcopal del actual pontífice, Benedicto XVI, aparece un oso con una alforja, y ello porque existe la leyenda de que el fundador de la diócesis germana de Freising, San Corbiniano, padeció el hecho de que un oso le matase el caballo en el que transportaba sus cosas de viaje a Roma, razón por la que el citado prelado le hizo llevar la carga al animal asesino (5). Difícilmente cabe imaginar mayor paralelismo entre la leyenda leonesa y la alemana.

Visto que la leyenda aparece por diversos lugares de Europa cabe preguntarse por su origen, su razón de ser. En verdad, desde los más remotos tiempos de la cristiandad se documentan milagros relacionados con la subordinación de los animales peligrosos. Ya en los mismos Apotegmas de los Padres del desierto egipcio aparece alguna narración de esta índole, si bien, obviamente, no referidas a osos (6).

¿Por qué los osos? En verdad, la presencia de estos animales en las narraciones de vidas de santos de Europa Central no es extraña. Así, podemos citar, por poner un solo ejemplo, la vida de San Galo (7), la cual también ha dejado su huella en el arte de la famosa abadía suiza (8). Evidentemente, la presencia de osos en aquellos lugares es indiscutible. Pero quizá haya algo más. En la mitología céltica, el oso tenía su lugar:

“Los celtas del Continente adoraron también diversos animales […]. Los Helvecios de las proximidades de Berna veneraban a la diosa Artio, es decir, «la osa», que puede parangonarse, por sus funciones, con la Artemis griega. En el museo de Aviñón, y con el nombre de «monstruo de Noves», existe un oso, sentado sobre sus patas traseras, que tritura con sus mandíbulas un brazo humano y descansa sus patas delanteras sobre cabezas, también humanas. Se cree que este monstruo devorador de hombres representa algún ídolo primitivo” (9). La milagrosa subordinación de osos a cristianos: ¿será acaso una cristianización? Sin duda, es una hipótesis que no debe ser descartada (10). Y, si así fuese, ¿podría pensarse que en las montañas leonesas también se estaba produciendo un fenómeno similar a comienzos del siglo XIII? ¿O es que la leyenda fue traída de más allá de los Pirineos? (11). La relación entre los osos y el cristianismo también se presenta en otros ámbitos de análisis, incluso en el de las casualidades. Así, no creemos que exista una relación de causa-efecto entre que un monasterio cisterciense gallego lleve el nombre de Oseira (12) y que el nombre de Bernardo (no es necesario recordar aquí lo que San Bernardo ha representado en la historia del Cister) signifique algo así como atrevido como un oso, si bien no debemos dejar de estar abiertos para la sorpresa.

No obstante, dejando aparte el oso, lo cierto es que esta misma leyenda se repite por diversos lugares de Europa, incluido León, si bien con otros animales, como el lobo. Así, leemos lo siguiente en una biografía de San Froilán escrita por el sacerdote leonés D. José González:

“Caminaba, dice [Fray Bernardo de la Peña en su obra «Santos de la Orden de San Benito »] para ir a predicar a un lugar […] y apartándose a tener oración, antes del alba, dejó solo un jumentico en que llevaba sus librillos […]. Salió un lobo de lo cerrado del monte y haciendo presa en el animalejo se lo comió […]. Llegó el Santo a tiempo que el feroz animal estaba en lo cruento de su maleficio y riñole, diciendo: «Pues me quitaste el alivio que tenía para llevar mi valija, servirás de hoy en adelante, en su lugar rendido». Con esto puso al lobo bajo los aparejos del pollino, y, cargándole las alforjas, comenzó a caminar…” (13).

D. José González también reparó en lo común de estas leyendas (14), dándole una valor “casi nulo” (15). Sin embargo, habiendo reparado en que no aparece entre los milagros que de San Froilán se relacionan en su vida más antigua, parece claro que debió surgir posteriormente, en época plenomedieval. Precisamente entonces comienzan a surgir tradiciones y leyendas en la cristiandad hispana de raigambre ultrapirenaica (16), por lo que tanto la del lobo de San Froilán como la del oso de la colegiata de Arbas, junto con otras, tienen aspecto de haber llegado en un momento, que arrancaría, de modo general, a partir de finales del siglo XI en adelante, y sigue con fuerza en el siguiente, en el que el catolicismo hispano ve perder en buena parte su propia liturgia y costumbres, siendo sustituidas por la traída por gentes de más allá de los Pirineos (17) –tanto laicos como clérigos que ocuparon cargos de enorme importancia en la iglesia peninsular–, incluso con ciertas influencias bizantinas evidentes en cuanto a la consideración de las imágenes (18). Y no sería incompatible con esto que sirviesen, con la carga taumatúrgica que contenían, para profundizar en la cristianización, proceso no totalmente terminado en los reinos hispanos en los momentos indicados. Respecto los aspectos naturalistas, serían significativos en toda Europa, dado el tipo de creencias que en todo el continente existían antes del cristianismo.



NOTAS

(1) P. ej. GONZÁLEZ GARCÍA, Miguel Ángel: El Santo Cristo de Ourense. La historia, el culto y la dádiva, Cadernos do Restauro. A capela do Santo Cristo de Ourense, Coordinación Dolores Vila Jato, A Coruña, 1996, pp. 154-161, concretamente p. 154: “En lo esencial [en referencia a la leyenda de su origen], se reduce a ser obra de talla de Nicodemo, uno de los santos varones que estaban en el Calvario y se hicieron cargo del cuerpo de Jesús. La talla se iría transmitiendo de generación en generación hasta que en un momento determinado, la imagen llega como una nave de salvación en una caja, sobre las aguas, a las playas de Finisterre. Una similar leyenda, en lo fundamental, se atribuye a las veneradas imágenes del Crucificado de Chioggia o Lucca, en Italia, de Bouzas (Matosinhos), en Portugal o a los de Burgos, Villarín de Campos (Zamora) y Finisterre en España”.

(2) LUENGO, José María: El oso de Arbas (leyenda leonesa). Anteloquium de H. Garcia Luengo, León, 1928. También se recoge información sobre esta leyenda en DÍEZ ALONSO, Matías: Mitos y leyendas de la Tierra Leonesa, León, 1982, p. 104.

(3) VIÑAYO, Antonio: León y Asturias. Oviedo, León, Zamora y Salamanca. Volumen 5 de la serie La España románica, Madrid, 1982, pp. 267-271: “Esta puerta tiene dintel liso que sostienen dos modillones, parecidoss a los del ingreso del Perdón, en el templo leonés de San Isidoro. Al Norte una cabeza de oso (foto 111) y al Sur una de toro (foto 112), que recogen la leyenda del oso que se comió a uno de los bueyes de la pareja que acarreaba los materiales para la obra y luego hubo de uncirse con el buey sobreviviente”. (4) P. 11 del “Anteloquium” contenido en la obra citada en la nota 2 del presente trabajo.

(5) RATZINGER, Joseph: Mi vida, Zaragoza, 2005, pp. 157-159.

(6) “Un dels pares contava que un abbà anomenat Pau, que era natural del Baix Egipte però vivia a la Tebaida, agafava amb les mans escurçons, colobres, serps i escorpins, i les partia pel mig. En veure-ho alguns germans, li van fer una reverència i li preguntaren: «Què has fet per a obtenir aquesta gràcia?». Ell respongué: «Perdoneu, germans però si un és pur, totes les creatures se li sotmeten, igual que passava amb Adan en el paradís, abans de la seva desobediència al manament diví»” (Pau de Tebes, 1) (Apotegmes del Pares del desert. Introducció de Josep Torné. Traducció de Josep Vives, Barcelona, 2001, p. 270).

(7) Del que se dice que tenía un oso que le seguía (PÉREZ DE URBEL, Fray Justo: Las grandes abadías benedictinas, Madrid, 1928, p. 162).

(8) MAUROIS, A.: Historia de Alemania, Barcelona, 1966, p. 43: “SAN GALL DA PAN A UN OSO. Un episodio de la vida del Santo que es origen del monasterio. Marfil carolingio sobre las cubiertas de un evangeliario de San Gall. Códice 53 (Foto Stiftsbibliothek de San Gall)”. El pan se lo da San Galo al oso por haberle éste llevado leña (CARDINO, Franco: Europa año Mil. Las raíces de Occidente, Milán, 1995, p. 94).

(9) ROTH, G. y GUIRAND, F.: Mitología céltica, en GUIRAND, F. (dir.): Mitología general, Barcelona, 1960, pp. 294-320, concretamente p. 298.

(10) Escribe Franco Cardino, en relación con la Europa del año 1000: “Sabemos que, por lo general, el cristianismo –que, en teoría, hacía tiempo había conquistado a las poblaciones de origen celta y germámico y estaba conquistando también a las eslavas; pero que, en la práctica, era casi una corteza superficial de nuevas costumbres rituales que recubría de forma fluctuante antiguos y enraizados usos–…”, (CARDINO, F.: O. c., p. 34).

(11) Esto lo desarrollaremos un poco después.

(12) YÁÑEZ NEIRA, Fray Damián y GONZÁLEZ GARCÍA, Miguel Ángel: El Monasterio de Oseira, León, 1996, p. 3: “El lugar escogido y más adecuado es el mismo que hoy ocupa el monasterio, una pequeña planicie en la margen derecha del río Ursaria –Oseira–, topónimo derivado de oso –que significa lugar de osos, o lugar adecuado para vivir osos– del que proviene el nombre del monasterio y adoptaría la heráldica como escudo parlante”. En la nota 3, p. 202, añade: “Del latín ursus, que significa oso. Por lo tanto, existen dos versiones al respecto: Oseira significaría lugar de Osos –si bien no consta que los hubiera en ninguna época–, o quizá mejor, se trata de un lugar adecuado para vivir osos, debido a la gragosidad de los bosques que le rodeaban en el siglo XII. Pascual Madoz, al hablar de Oseira, en su Diccionario geográfico estadístico e histérico [sic], dice que «hay caza mayor y menor, lobos y algunos osos»”.

(13) GONZÁLEZ, José: Estudio crítico-biográfico, León, 1946, pp. 78-79.

(14) ID., ibid., p. 79: “La leyenda del lobo de SAN FROILÁN tiene todas las trazas de ser una de tantas como se forjaron en la Edad Media, como las que se cuentan de San Antonio de Padua, de San Pablo primer ermitaño, de San Macario, de San Francisco de Asís y otros santos que dominaron las fieras con su palabra. De San Norberto se cuenta un hecho parecido en el siglo XI…”.

(15) ID., ibid., p. 80.

(16) Existen muchos ejemplos aducibles, como el de una imagen o una reliquia mariana inamovibles para indicar que desean permanecer en un determinado lugar. Analizamos un caso, referido a un lugar de la provincia de Palencia en Sobre San Saluador de Çabrosa, Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses 67 (1996), pp. 551-555. Sin embargo, la leyenda se documenta con mucha anterioridad en Alemania; así, sobre el origen del Dom St Mariä de Hildesheim se ha escrito lo siguiente: “Se cuenta que, durante una cacería en 815, Ludwig der Fromme, Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno, colgó de un árbol unas reliquias de la Virgen. Cuando intentó retirarlas, éstas no se movieron, lo que interpretó como una señal divina que le indicaba que allí debía erigirse una iglesia y una ciudad”. (VV. AA.: Alemania, Madrid 2002, p. 434). Dejando aparte el elemento interesante, elemento arbóreo de la leyenda germana, lo cierto es que parece claro que también en este caso la tradición alemana es muy anterior a la hispana.

(17) Los llamados, de modo general, francos, y que tanta huella han dejado en la historia cultural (p. ej., en la toponimia). (18) Sobre influencias bizantinas en relación con las imágenes remitimos a nuestro ensayo “Lo invisible en lo visible - consideraciones sobre la imagen en el cristianismo”, Religión y Cultura, 233 (2005), pp. 359-412, concretamente pp. 397-398.