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Canciones y juegos de taberna en dos pueblos salmantinos: Cerralbo y Lumbrales

GARCIA MATEOS, Ramón

Publicado en el año 1983 en la Revista de Folklore número 34.

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Cuando hablamos de cultura popular -expresión ambigua debida al múltiple uso que de ella se ha hecho- no podemos intentar definir, ni poner límites a una realidad viva que se escapa de encuadres, lindes y clasificaciones; todas aquellas manifestaciones que influyen, de manera directa e inmediata, en la vida diaria y la configuración de una comunidad han de ser respetadas y consideradas como la esencia de un pueblo, como su identidad más verdadera. Los hechos menores, los sucesos cotidianos, van ligados a los acontecimientos relevantes que se escriben con grandes letras en las páginas de la historia, el arte o la literatura.

La literatura popular, rica hasta límites insospechados, va unida, casi siempre, a estas muestras, mal llamadas menores, de la cultura de los pueblos; así los niños, en sus juegos infantiles, emplean fórmulas y expresiones rimadas, coplillas inocentes o picarescas, retahilas incoherentes pero con matices fónicos sugerentes, fragmentos de viejas canciones y romances, etc., etc. Las creencias campesinas, de claro origen pagano transformado en religiosidad poco convencional, que atribuyen a ciertas hierbas, arrancadas de madrugada, poderes curativos, o que creen en la posibilidad de alejar tormentas y malos tiempos con gestos y palabras, se expresan mediante la declamación de oraciones, jaculatorias o invocaciones dirigidas al protector correspondiente del santoral. Podríamos seguir enumerando situaciones, propias de la vida cotidiana, en las que la poesía -la literatura en general- juega un papel importante, a pesar de que en la mayor parte de los casos sea de manera inconsciente, natural.

Quiero ver en este trabajo algunas canciones y juegos que se emplean o tienen su origen en una de las vertientes más singulares -dotada de un carácter marginal indudable- y propias de las fiestas populares: la taberna. La taberna influye, aunque no como elemento primordial sino de forma individual, en la relación entre los hombres -debemos verla como lugar de reunión, de tertulia, de comunicación entre amigos que se reúnen en torno a una botella de buen vino- y en el transcurso de las fiestas de nuestros pueblos que tienen, como último eslabón de la cadena, la reunión alegre en bares y bodegas, para despedir la jornada al compás de una canción. Esto no es más que una forma de cultura, cultura abierta al entorno social y basada, fundamentalmente, en la relación con los demás, vistos como compañeros y amigos. Los campesinos castellanos, en más de una ocasión he oído la misma consideración en poblaciones distantes, dicen que la amistad empieza cuando se comparte la petaca y el vino de la bota; este artículo pretende demostrar esta aseveración, uniendo al vino y la picadura el juego y la canción.

Voy a ceñirme, en los ejemplos utilizados, a muestras recogidas directamente (1) en dos pueblos salmantinos, cercanos entre sí: Cerralbo y Lumbrales. Situados ambos en el partido judicial de Vitigudino, distan doce kilómetros, y se hallan comunicados por la carretera comarcal que va de Salamanca a La Fregeneda. Como la mayor parte de los pueblos de Castilla y León son eminentemente ganaderos y agricultores, atacados, desde hace muchos años, por esa plaga terrible que se denomina emigración. El motivo de la elección de Cerralbo y Lumbrales como centro de mi trabajo es el conocimiento de las dos poblaciones, de sus gentes y costumbres, por lo tanto esta relación directa facilitará el análisis de los ejemplos recopilados. Estas muestras, aunque propias de una zona concreta y utilizadas en unos momentos determinados -que iré especificando-, pueden ser significativas para entender el vínculo de unión que se establece en los cantos y juegos de taberna.

El vino y la canción han ido ligados estrechamente sin una razón explicable que nos sea útil para la mayoría de los casos, aunque esta unión se manifiesta de diferentes maneras y en campos distintos podemos hablar de canciones -poemas, coplillas...- en las que el vino es el punto central de la composición y, también, podemos referirnos a aquellas que nacen o se extienden en derredor de la bebida, es decir, poniendo al vino como excusa. Las canciones de taberna abarcarían parte de ambas clasificaciones y escaparían, incluso, más allá de la división establecida.

La bebida destierra fantasmas y desinhibe el espíritu, dando salida a todo aquello que la formalidad y seriedad social recortan y reprimen, haciendo posible que la canción brote con toda la naturalidad de que es portadora. Así se puede declarar, sin ningún rubor, el gusto incomparable de empinar de la bota:

"Cuando yo me muera
tengo ya dispuesto
en el testamento
que me han de enterrar (bis)
en una bodega,
dentro de una cuba,
con un gajo de uvas
en el paladar. (bis)

A mí me gusta el pipiriripipí,
de la bota empinar, papararapapá.
Con el pipiriripipí,
con el pipirarapapá,
al que no le gusta el vino
es .un animal." (2)

No hace falta ningún motivo para lanzar una tonada al viento y llenar el ambiente del bar o la taberna, sólo una buena voz que diga:

"El vino que tiene Asunción
no es blanco ni es tinto
ni tiene color.
Asunción, Asunción,
échale media de tinto al porrón." (3)

y nada importa que la tabernera no se llame Asunción -¡ni falta que le hace!- o que tenga el mejor vino en veinte leguas a la redonda. No existe una causa inmediata que obligue a los mozos a cantar sus coplas. También las jotillas picarescas tienen cabida en ese marco sin límites, como ésta que se cantó sin cesar en Cerralbo durante las fiestas de quintos de 1982:

"y arrincónamela
y échamela al rincón,
si es soltera la quiero
si es casada mejor." (4)

De la canción nació la Peña de la Rinconera, formada por un grupo de jóvenes que se unieron alrededor de la copla.

Son canciones solidarias, canciones que han de entonarse pasando la mano sobre los hombros del compañero para decir:

"Si no nos quieren las mozas
que no nos quieran,
viva el compañerismo
y la borrachera.

y son, y son,
y son unos fanfarrones
que cuando van por las calles
van robando corazones.

y si no se le quitan bailando
los dolores a la tabernera,
y si no se le quitan bailando,
déjala que de pena se muera.

Ahí la tienes, bailalá,
no le rompas el mandil,
mira que no tiene otro
la pobrecita infeliz." (5)

Si son abundantes las canciones que entroncan con este tema también son numerosos los juegos que "ayudan a beber"; juegos divertidos que se extienden tanto como pueda alargarse la alegría y la serenidad de los participantes. Uno de los más usuales en la zona a que nos referimos -éste, concretamente, realizado en Lumbrales- es el de El Tío Maragato (6); un grupo de personas se sienta alrededor de una garrafa de vino; a cada una de ellas se le asigna un número que ha de recordar para no tener que cumplir la "pena" de beber del garrafón. El maestro de ceremonias inicia el juego diciendo:

"En casa del tío Maragato
se ha muerto un gato.
¿Quién lo mató?
El número..." (7)

El poseedor de dicho número ha de responder:

"¡Mientes, bellaco!"

a lo que el maestro contestará con la misma pregunta: "¿Quién lo mató?", para que el acusado dé un número diferente al suyo; aquél que tenga asignada la cifra cantada debe estar atento, para replicar, inmediatamente, de idéntica manera. Las preguntas y respuestas se van sucediendo hasta que alguno de los participantes confunda su intervención, la omita o se acuse a sí mismo, entonces tendrá que beber obligatoriamente de la garrafa que preside el juego.

La mayoría de estos juegos de taberna son juegos elementales, sencillos, con raíces claramente infantiles. No debemos buscar en ellos otra finalidad que la de intentar pasar un momento agradable, alejando los problemas cotidianos, teniendo como aliados el vino y los amigos. La canción y el juego alcanzan su máximo exponente cuando la participación es total, cuando todos los compañeros cantan en una sola voz y todos, sin excepción, beben de la misma jarra

"y entró Carlos en Madrid
con la capa arrastrando
y aluego le dijo así:
-Echate un trago.
Y otro traguito.
Y otro más largo.
Y otro poquito...
Y después de haber bebido
se lo(a) (8) pasas a tu amigo." (9)

Esta canción, por sí misma, explica con claridad su intención lúdica y de participación en la bebida. Tomando como personaje central un hipotético Carlos los participantes han de ir bebiendo según las indicaciones de la cancioncilla: primero un trago, después otro traguito y aluego otro más largo... para dar turno al siguiente en la ronda. Las variaciones en la letra dependen de la imaginación de los presentes, de los grados de la bebida o de la duración de los traguitos.

No quiero extenderme dando un mayor número de ejemplos, con las muestras presentadas es suficiente para entender el carácter de estas canciones y juegos, presentados mediante coplillas y fórmulas recitadas, de taberna. La literatura popular -y que no salga nadie intentando momificar una realidad viva, queriendo excluir esto o aquello, poniendo límites y características que han de cumplir los poemas, canciones o cuentos, es igual, para ser literatura- vive al compás del hombre, es latido vital que camina del hogar a las eras, del tajo a la taberna. Latido que nos hace sentirnos, mediante estas pequeñas cosas que son un vaso de vino o una canción, fieles a una tradición encarnada en las gentes humildes de las aldeas castellanas.


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(1) Señalaré en cada uno de los ejemplos el lugar donde han sido recogidos y la fecha en que fueron oídos por última vez No indicaré nombres de informantes ya que en la mayor parte de las ocasiones fueron cantados en grupo, de forma espontánea y sin petición previa.

(2) Canción popular ampliamente extendida por toda Castilla y León. Versión cantada en Cerralbo, en agosto de 1982.

(3) Conocida en muchas zonas de la geografía española, esta versión fue recogida en Cerralbo, en agosto de 1982.

(4) Jota popular, cantada en Cerralbo durante las fiestas de Pascua de 1982.

(5) Popular. Cantada durante las fiestas de toros, que tienen lugar en la última semana de agosto, en Lumbrales, 1982.

(6) Juego que se practica con asiduidad en Lumbrales en las mencionadas fiestas de toros.

(7) La cifra varía de acuerdo con la mecánica del juego.

(8) El género del pronombre depende del recipiente en el cual se beba (vaso, jarra, bota, porrón...).

(9) Canción-juego recogida en Lumbrales, en uno de los bares del pueblo, el domingo de Pascua de 1979.