Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

UN JUEGO RUSTICO

FRAILE GIL, José Manuel

Publicado en el año 1983 en la Revista de Folklore número 34.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 34 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


No podemos olvidar el papel que lo lúdico ha jugado en la vida del campo divirtiendo a chicos y grandes los ratos de asueto que, pocos o muchos, dejaban los quehaceres rutinarios.

Este pequeño juego o mejor "acertijo" como lo calificaba su informante, al que hoy hacemos mención, no es sino uno de los entretenimientos que él, un pastor, aprendió de otro hombre de campo que entre otras habilidades tenía la de cestero.

Mi informante es pastor, pastor de ovejas y de alguna que otra cabra triscadora de peñas. En una de mis frecuentes visitas a Guadalix (población distante unos 50 Kms. del Madrid capital donde están redactadas estas líneas) motivadas a veces por asuntos familiares y siempre por el folklórico del que es difícil desprenderse desde que se toma contacto con el tema, fue en una de estas visitas cuando fui abordado por mi informante.

-Vamos a ver si tú sabes, tú que tienes estudios, acertar una adivinanza que te voy a proponer.

-Vamos a ver qué es ello. (Estamos a las afueras del pueblo yo voy hacia él, nuestro informante sale.)

-Vamos tras las ovejas y por ahí sentaos te lo explicaré.

Caminamos unas docenas de metros hasta que unas piedras nos procuraron asiento.

-Vamos a ver si te interesa esto a ti que andas siempre tras estas cosas.

Saca una navaja, se levanta y aprisiona en su mano encallecida un manojo de juncos que siega casi de raíz, cerrando sigilosamente la navaja y con los juncos bajo el brazo se sienta a mi lado.

-El caso es que no debes verme porque sabrás si no el secreto, así es que date una vuelta por ahí que luego si te interesa ya te diré yo cómo va este asunto.

Camino a su alrededor mirando de reojo intermitentemente, le veo trajinar con los juncos, mover con habilidad su navaja y observarme a mi con igual disimulo. Al fin me avisa que el asunto está acabado, ya puedo acercarme.

Al llegar me presenta un enredijo de juncos enlazados y forma semejante a un nudo marinero difícil de desenredar.

-Anda, sepáralo sin romper nada -me dice.

Tomo aquello con mis manos y comienzo a darle vueltas entre los dedos como el que tiene en su poder un enigma digno de la Esfinge.

-Pues no sé -le digo.

Me sonríe como si estuviera en posesión de la verdad clave de un gran conflicto.

-Trae acá, que ya sé yo que más de uno lo dejó por imposible.

Deshizo aquello con sus dedos y me miró con la cara de satisfacción de la obra bien hecha.

-Ahora te diré cómo debes hacerlo para lucirte con las amistades.

La pieza 1 se ha ahuecado con la punta de la navaja y debe estar hecha con la base de un junco grueso para que por su interior pasen los extremos de la pieza 3. La pieza 3 se pasa por entre las varillas de la pieza 2, luego se flexiona por su centro y se pasan sus extremos (primero uno y luego otro -y aquí está el secreto-) por el tubo que forma la pieza 1 y que impide, al modo de un pasador, que la pieza 3 vuelva a su posición inicial deshaciendo el conjunto.

Lugar de la recopilación: Guadalix de la Sierra (Madrid)
Informante: Vicenta García García, 56 años
Fecha de recopilación: Verano 1981