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EL PARRICIDA Y EL INCESTUOSO INVOLUNTARIOS EN EL FOLKLORE OCCIDENTAL

PRAT FERRER, Juan José

Publicado en el año 2006 en la Revista de Folklore número 306.

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La gran mayoría de las interpretaciones del mito edípico proceden bien de la crítica literaria, de la antropología, pero sobre todo del psicoanálisis, que ha producido una impresionante tradición de análisis del fenómeno que conocemos como complejo de Edipo. Los folklorólogos han criticado, a veces con demasiada dureza, las incursiones de los psicoanalistas en el ámbito del folklore, porque, debido a un comprensible desconocimiento de la materia, las interpretaciones psicológicas de los textos folklóricos se han centrado en una sola versión del material tradicional, por lo general la más literaria, sin prestar atención al hecho de que el material folklórico vive en variantes, con lo que el análisis resultaba inválido a los ojos de muchos; no obstante todo ello, cabe también decir que los psicólogos han aportado, como en el caso de Edipo, interesantes y valiosísimas interpretaciones que han abierto el camino a una mejor comprensión del fenómeno mítico y en muchos casos han sido fuente de inspiración al análisis. El folklorólogo estadounidense Alan Dundes (1934– ), que se confiesa un folklorólogo de orientación psicológica, se queja de que, a pesar de la gran cantidad de material de investigación que los psicoanalistas han producido sobre el folklore, los folklorólogos no le han prestado ninguna atención, aunque sólo sea para rebatir las conclusiones que se presentan en los trabajos; de hecho, la folklorística durante muchos años ha mostrado ser muy reacia al estudio de los símbolos, centrándose sólo en los orígenes, distribución, análisis formal o paradigmático del material, pero sin interesarse por las emociones, impulsos básicos humanos o por el papel que la fantasía pueda tener. Dundes resume la situación de la siguiente manera:

Los folklorólogos, ciegamente comprometidos con lecturas anti-simbólicas y anti-psicológicas del cuento han hecho pocos o nulos esfuerzos por descubrir si los psicoanalistas tienen algo que decir, por poco que sea, sobre los cuentos que estudian. Los psicoanalistas, limitados a las asociaciones libres de los pacientes del siglo veinte a las versiones decimonónicas de los Grimm, desconocen totalmente que el mismo tipo de cuento existe en cientos de versiones pacientemente recogidas por los folklorólogos en archivos o presentadas con minucioso detalle en las monografías histórico-geográficas (1).

Como consecuencia, el rechazo a priori de las interpretaciones psicológicas por parte de los folklorólogos hace que este tipo de investigación quede sólo en mano de los psicoanalistas, que no tienen la preparación necesaria para hacer estudios folklorísticos. La investigación del relato folklórico se desarrolla, pues, en dos mundos apartados. Dundes es de la opinión de que el acercamiento psicoanalítico de los relatos es algo demasiado importante para que quede sólo en manos de los psicoanalistas. Además de los análisis históricos y literarios, se debe analizar la fantasía como tal (2).

MITOS RELACIONADOS

Los diversos motivos y temas que aparecen en el relato de Edipo también se pueden encontrar en otros mitos griegos. En efecto, y por citar sólo unos cuentos, Perseo fue arrojado a las aguas en una caja junto con su madre Danae; existía una profecía que de su mano moriría su abuelo Acrisio; la caja fue recogida por un pescador que se la llevó a su hermano el rey Polidectes. Adrasto, rey de Argos, mató sin querer a su hermano; acogido por Creso para ser purificado, mató también sin querer al hijo de éste. Adonis nació del incesto de un rey del Asia Menor con su hija Mirra, que enamorada apasionadamente de su padre por venganza de Afrodita yació con él tras haberlo emborrachado; Afrodita encerró al infante en un cofre; el chico fue criado por la reina de los infiernos, Perséfone. Telefo, hijo de Auge y de Heracles, que la forzó cuando era sacerdotisa de Atenea, fue abandonado en el monte por su madre cuando iba a ser llevada al sacrificio; encontrado por un pastor, fue criado por un rey; estuvo a punto de cometer incesto con su madre, a la que había recibido en matrimonio.

En otras mitologías se encuentran algunos de estos motivos; basten un par de ejemplos: Moisés fue puesto en una cesta que echaron a las aguas del Nilo; como sabemos, la hija del Faraón lo adoptó. En la crónica de Nennio y en el poeta normando Wace, Bruto, el héroe epónimo de Bretaña mata involuntariamente a sus padres según se había predicho. Las situaciones incestuosas no son nada raras en la literatura medieval. Recuérdese que en algunas versiones de la leyenda artúrica, Mordred, hijo de Arturo, lo es también de su hermana Morgana, que yació con él engañándolo en cuanto a su apariencia. Al final, Arturo muere a manos de su hijo, a quien también mata. En el folklore hispánico se da el romance de Delgadina, que narra un intento de incesto entre padre e hija.

LOS RELATOS FOLKLÓRICOS

Aunque a veces los investigadores que han interpretado el relato edípico hayan tenido en cuenta las variantes, casi siempre se han centrado en un solo relato, el de Edipo según los trágicos griegos, relato que sin duda ha probado ser de una gran riqueza y profundidad temática. No se puede decir, con toda justicia, que se esté analizando un mito, en el sentido estricto de la palabra, sino más bien el producto literario de la pluma de un autor dramático, el genial Sófocles. El tiempo en que los mitos griegos, como relatos sagrados comunitarios, eran creídos y tratados con devoción ya había pasado, por lo menos en lo que se refiere a la clase erudita que produjo las obras que estudiamos. Lo que se ha analizado es, pues, una recreación literaria –una versión dramática– de un mito antiguo, y como hemos visto, sólo una versión de las varias que sabemos que existieron, aunque no tengamos sus textos completos, sino tan sólo referencias fragmentarias. Como escribió Stith Thompson (1885–1976), profesor de la Universidad de Indiana y uno de los folklorólogos más importantes de Estados Unidos, “el estudio riguroso de los casos individuales tiende a demostrar que el relato tal como aparece en la literatura griega no es más que una adaptación de una forma popular griega de un cuento que se halla bien establecido en el mundo” (3).

Es de notar que por el último tercio del siglo XIX se empezaban a estudiar, desde la nueva perspectiva que permitía la folklorística, otros relatos estrechamente relacionados con el mito de Edipo. Cabe resaltar a dos investigadores italianos iniciadores de los estudios folklorísticos en su país, el filólogo e historiador Alessandro D’Ancona (1835–1914), miembro del Risorgimento italiano, y el profesor de historia comparada de la Universidad de Turín, Arturo Graff (1848–1913), que ofrecieron al lector diversas versiones del ciclo que podríamos llamar “El incestuoso y el parricida involuntario” (4), y que se materializa en interesantísimas variantes.

JUDAS ISCARIOTE

Una de las principales variantes de este mito está representada por el relato en que la fuerza del hado produce un ser cuyo destino es el mal, representado por las leyendas medievales de Judas Iscariote. El relato de la vida del apóstol traidor, según la más conocida de sus versiones, la que el teólogo dominico Jacobo de Vorágine (h. 1227–1298) nos ofrece en su Legenda aurea, presenta elementos fundamentales del relato edípico que ya habían aparecido en la antigüedad. He aquí un resumen:

Ciborea, mujer de Rubén (5), tuvo un sueño premonitorio: se le auguraba que iba a dar a luz un hijo que sería la ruina de su gente. Asustada, pronto comprobó que había quedado encinta. Tras dar a luz, los padres no se atrevieron a matar al niño, pero tampoco querían criarlo; decidieron entonces ponerlo en una cesta de mimbre y arrojarlo al mar. La cesta flotó hasta llegar a la isla Iscariote; su reina, que no tenía hijos, lo recogió, fingió estar embarazada y luego lo dio a conocer como hijo propio. Pero resulta que muy poco tiempo después quedó encinta, y a su debido tiempo dio a luz a su propio hijo. Ambos niños crecieron juntos en palacio criados como príncipes. Judas maltrataba continuamente a su hermano, hasta que la reina reveló su historia al rey; Judas se vengó matando al príncipe. Condenado a muerte, logró escapar.

Judas llegó a Jerusalén. Allí entró en el servicio de Poncio Pilato, y ambos se hicieron amigos. Un día Pilatos se encaprichó de las manzanas de un huerto; Judas saltó el muro para robar las manzanas, pero llegó el dueño, y en el altercado que se formó, Judas lo mató con una piedra. Escapó y el cuerpo quedó tendido. Cuando llegaron los habitantes de la casa al patio se encontraron el cadáver y creyeron que su muerte había sido súbita. Pilato, para enriquecer a Judas hizo que se casara con la viuda. Esta un día le contó lo infeliz que se sentía por haber abandonado a su hijo debido a un sueño, por haber perdido a su marido, Rubén, y por haber sido forzada a casarse nada más quedar viuda. Judas se dio cuenta de que había matado a su padre y se había casado con su madre. Entonces se fue tras Jesús buscando el perdón y acabó por convertirse en uno de sus discípulos (6).

La tradición cuenta que tras haber entregado a su maestro, Judas se ahorcó en un tamarindo, árbol que solía ser alto, pero que a raíz de sostener el cuerpo del traidor, se encogió y se retorció, tomando el aspecto que ahora tiene. Judas reventó por la mitad, esparciendo sus vísceras por la tierra. El alma de Judas, según cuentan algunos, no fue admitida en los infiernos y quedó condenada a flotar por los aires, sin poder ascender hacia el cielo ni posarse en la tierra, símbolo del rechazo del universo (7), y en este estado sufre los más — 184 — horribles tormentos. Existe otra tradición que dice que el alma de Judas encuentra descanso una hora al año por haber actuado de forma caritativa en vida con un leproso. En el Viaje de San Brandán, los viajeros encuentran sentado en una roca en medio del mar, sujetándose a una columna para que el oleaje no lo arroje fuera, a Judas, que por ser domingo descansaba de los tormentos que detalla con todo su horror al abad viajero (8).

Si exceptuamos este respiro, fruto de alguna buena obra, la biografía de Judas Iscariote nos muestra un personaje destinado al mal y más aún, inclinado a cometer todo tipo de fechorías; sin embargo, el relato no refleja la visión pagana del hado, sino la idea cristiana de una meticulosa retribución final del bien y del mal hecho en vida. El Evangelio árabe de la infancia nos presenta a un Judas niño endemoniado que atacó al niño Jesús mordiéndolo en el costado en el mismo lugar en que años más tarde recibiría la lanzada. Cuando Jesús se puso a llorar, Satanás salió del cuerpo de Judas en forma de perro rabioso (9).

Jacobo de Vorágine es el primero en relatar el relato biográfico de Judas, dándolo como de origen incierto; pero no es el único. En un manuscrito provenzal se encuentra una Tragedia de la passió mallorquina fechada en 1345, pero que algunos consideran más antigua, Judas tiene un monólogo en el que narra su vida (10):

Sus padres lo salvaron de la masacre de Herodes metiéndolo en una barquichuela que lanzaron al río, pero antes su madre lo había marcado con un hierro candente en la espalda. La barquichuela llegó a un país muy lejano donde un hombre se la llevó al rey. Éste decidió adoptar a la criatura. Judas demostró su carácter malvado, por lo que causaba las iras del rey. Llegó a esas tierras su padre, y Judas, sin reconocerlo, lo mató en un altercado. Huyó a Palestina y allí terminó casándose con su propia madre, de la que tuvo dos hijos. Pero ella lo reconoció por la marca en la espalda y juntos fueron a Jesús, que mandó que se separasen y nombró a Judas su administrador, concediéndole el treinta por cien de sus ganancias para que pudiera criar a sus dos hijos. Cuando Magdalena derramó sobre los pies de Jesús el costoso perfume que valía trescientos dineros, Judas se sintió perjudicado y decidió recuperar el dinero vendiendo a Jesús (11).

Según Paull F. Baum, una versión de la leyenda de Judas se conserva en un manuscrito latino del siglo XII; en ésta, el niño es abandonado en un bosque debido a un presagio (12); Judas es adoptado por un rey; va a Jerusalén y entra al servicio de Herodes, mata a su padre; se casa con su madre (no hay relación entre parricidio e incesto) y tiene con ella dos hijos (13).

Ancona cree que el origen del relato de Judas es eclesiástico, y que todas las versiones mantienen un fuerte carácter literario, ya que más que folklore es “letteratura popolare, o per dir meglio, destinata al popolo” (14). Sin embargo, según señala Lowell Edmunds en su libro Oedipus: The Ancient Legends and Its Later Analogues, una variante de este relato fue recogido en 1938 en la isla de Creta de un hombre analfabeto (padre de la recolectora), lo que parece indicar que existía una tradición oral paralela. Esta historia parece estar relacionada con los ritos de la quema del Judas en Semana Santa:

En esta versión, el anuncio es dado por el profeta Natán. El chico es encontrado por una pareja de pastores de asnos. Uno de ellos hizo que una burra lo amamantara. Cuando creció, lo mandaron a buscarse la vida como criado y resulta que acabó sirviendo en casa de sus verdaderos padres, que habían tenido otro hijo; a éste, Judas lo acabó matando en una pelea. Judas escapó a servir a casa del rey. Sus padres se hicieron jardineros. Un día, el rey se encaprichó de unas rosas del jardín de esta gente; Judas fue a recoger rosas, y cuando llegó el dueño y le llamó la atención, lo mató. El rey lo castigó haciendo que se casara con la mujer que dejaba viuda y sin apoyo. Un día la mujer le pidió a Judas que le contara su vida. Allí se dio cuenta de que ella se había casado con su hijo y lo envió a que siguiera a Cristo, el único que podría perdonarlos.

El parecido entre el relato de Judas y el de Edipo es notable; en ambos se da la profecía, ambos son abandonados y recogidos; ambos matan a su padre y yacen con su madre. Pero hay una diferencia notable, y es que en el de Judas no se da la apoteosis del héroe. Edipo es un héroe salvador por doble partida, primero al vencer al monstruo que asolaba su ciudad, y luego por proteger desde su sepulcro a la ciudad que le dio acogida. Judas, en cambio, en su boda no alcanza una posición alta, y la gloria de ser apóstol la pierde con su traición. Es, en cierto modo el lado opuesto del mismo relato, es el “villano” que se contrapone al héroe. Vemos aquí que partiendo de una situación inicial que causa un desequilibrio, ya sea el presagio funesto o la matanza de los Inocentes, Judas es abandonado sea en las aguas o en un monte; es adoptado, ya por una reina, un rey o por unos pastores, personajes que están al extremo de la sociedad, sea por encima o por debajo. En cualquier caso, Judas demuestra su maldad matando a su hermano o a su padre, o a los dos. Se produce una huida y Judas acaba casándose con su madre, motivo que en algunas versiones está relacionado con la muerte del padre y en otras no; éste es el incesto involuntario de cuya culpa se quiere librar sirviendo a Jesús, pero Judas falla de nuevo debido a una mezcla de envidia y avaricia y termina suicidándose y sufriendo un castigo eterno.

EL PARRICIDA INVOLUNTARIO

Existe un relato en el que sólo aparece el tema del parricidio, sin que se dé el del incesto, es el de la vida de San Julián el Hospitalario, también llamado el Parricida, que aparece en la Legenda aurea de Jacobo de Vorágine, y también en el siglo XIII en el Speculum historiale de Vicente de Beauvais, y parece haber sido un santo popular en la Edad Media.

Según cuentan estos autores, Julián era un noble que un día, mientras cazaba, un ciervo al que perseguía se detuvo y le dijo “¿Osas perseguirme tú, que matarás a tu padre y a tu madre?”. Para huir de este destino, Julián marchó en secreto a tierras lejanas y se puso al servicio de su rey, que en recompensa por sus buenos servicios, le dio a su hija en matrimonio con un castillo como dote.

Sus padres salieron a buscar al desaparecido hijo por todo el mundo, y un día llegaron al castillo. Julián estaba afuera, y su esposa, tras haberles preguntado quiénes eran y haber oído su historia, les dio la bienvenida y los honró ofreciéndoles su propia cama para que durmieran. Cuando Julián llegó muy temprano a la mañana siguiente, se encontró a un hombre y una mujer durmiendo en su cama, y creyendo que su mujer cometía adulterio, sacó su espada y los mató. Luego, al salir, encontró que su mujer regresaba de la iglesia. Al darse cuenta de lo que había hecho, decidió que debía irse de penitente. Su mujer decidió acompañarlo. Juntos fundaron un hospital junto a un río, y ayudaban a los necesitados a cruzarlo.

Una noche Julián oyó gritos; salió y se encontró a un hombre medio muerto de frío. Lo recogió, intentó calentarlo junto a la chimenea, y al ver que no se calentaba, lo colocó en su propia cama. Este hombre, que era un leproso, se levanta de la cama radiante de blancura y le anuncia que es un enviado de Dios, y añadió que Cristo había aceptado su penitencia. Poco después Julián y su mujer también murieron.

Existe una colección de exempla medievales con reflexiones morales titulada Gesta Romanorum; la colección fue compuesta quizá a finales del siglo XIII; circuló en manuscritos muy diversos en cuanto al número y orden de los relatos por la Europa occidental, en especial por Gran Bretaña, Francia y Alemania, y se imprimió por vez primera en Utrecht entre 1472 y 1575. En la versión que nos ofrece esta colección, la mujer de Julián es una rica viuda dueña de un castillo; tras matar a sus padres, Julián va hasta la iglesia donde se encuentra a su mujer. La voz que lo despierta le pide que cruce el río a un necesitado. Julián se acuesta con el leproso intentando darle calor con su propio cuerpo. El que era leproso se muestra rodeado de resplandor y moviendo sus alas vuela hacia el cielo. En ese momento se dirige a Julián anunciándole su perdón y la gloria inminente (15).

Es éste un santo del que no se conocen fechas ni patria ni tumba. En el Acta santorum se daba como fecha de su fiesta el veintinueve de enero y era el patrón de peregrinos, barqueros y venteros; se le dedicaron hospitales e iglesias; se hicieron imágenes de él en frescos y vidrieras, por ejemplo una vidriera de la catedral de Chartres presenta el relato iconográfico de la vida de San Julián (16). Boccaccio en la segunda novela del día segundo nos muestra la devoción que en la Edad Media se tenía a San Julián (17). Lope de Vega escribió la comedia El animal profeta y dichoso parricida San Julián. Finalmente, Gustave Flaubert en sus Trois contes presenta la vida de San Julián (18).

Muy similar a la de San Julián es la leyenda de San Ursio que nos ofrece Arturo Graf:

Ursio nace en Francia de padres nobles. Cuando todavía era lactante, un peregrino vaticina a la madre que el niño será parricida. Pasan los años y Ursio vive en la corte del emperador, buen soldado y experto en las armas. Como su madre siempre que lo ve se echa a llorar, le pregunta la causa, y ella le cuenta la profecía. Ursio se va a Dalmacia con un compañero a luchar contra los paganos. Allí convierte al rey de los dálmatas al cristianismo, se casa con su hija y hereda el reino. Su padre, que se entera, va a visitarlo y llega justo en el momento en que el rey se había ido a cazar. Se da a conocer a su nuera, que lo acoge con mucha generosidad en su propia cama, donde está con un hijo pequeño. El diablo se disfraza de camarero y hace creer a Ursio que su mujer lo engaña. Ursio entra en la cámara y mata al padre, a la mujer y al infante. Cuando horrorizado comprueba su error, se va a hacer penitencia (19).

Señala Caro Baroja que la leyenda de San Julián se difundió por las vías jacobeas y que debido a su influencia se formó otra versión en la que el protagonista aparece como el caballero navarro Teodosio de Goñi, quien, engañado por el diablo, mata a sus padres y después hace penitencia; San Miguel lo salva de un dragón y Teodosio acaba su vida en un santuario dedicado a su ángel salvador. La mayor diferencia que hay entre ésta y la de San Julián es que en la leyenda de Teodosio no hay premonición, y al igual que en el caso de San Ursio, la causa del asesinato es el diablo que se aparece en forma de religioso y que lo engaña. Dice Caro Baroja que en un santuario navarro se muestran las cadenas rotas del penitente (20).

En todos estos relatos se repite la misma estructura básica: Un presagio funesto, dado por un ciervo o por un peregrino, hace que el protagonista abandone su tierra. Sus hechos de armas hacen que gane una buena posición social; se casa y vive en un castillo. Por error o engañado por el diablo, mata a sus padres, o sólo a su padre. El protagonista acaba redimiéndose por la penitencia, y su vida termina en la apoteosis de la santidad y la gloria eterna.

GREGORIO PAPA

Otro subtipo lo forman las diversas versiones de la historia del papa Gregorio, que se encuentra en varias fuentes medievales (21). Veamos la versión de los Gesta Romanorum (22):

El emperador Marco tenía un hijo y una hija. Cuando ya estaba a punto de morir, llamó a su hijo, le encomendó mucho a su hija diciéndole que le proporcionara un buen marido y que la quisiera como a sí mismo. El nuevo emperador cumplió los deseos del padre; tenía a su hermana siempre a su lado y la trataba con mucho cariño. Tal fue así que se enamoró perdidamente de ella y acabó violándola. La chica quedó preñada y entonces decidieron llamar a un viejo consejero de su padre para que los aconsejara. Antes de llamarlo, ambos se confesaron. El caballero dijo que él debía marchar en peregrinación a Tierra Santa, dejando a su hermana de regente y a su cuidado.

El emperador marchó y cuando se cumplía el tiempo, el caballero entregó la emperatriz a su mujer, a la que hizo jurar que nadie sabría nada del asunto. La emperatriz parió un hermoso niño; hizo que metieran la cuna en una caja de madera donde también colocó unas tablillas donde escribió: “Quienquiera que seas a quien el destino hace llegar este infante, debes saber que el infante no está bautizado porque es el producto de un amor incestuoso. Por el amor de Dios, bautízalo. Bajo la cabeza del infante encontrarás oro para criarlo, y a sus pies, plata para pagar sus estudios”. Envolvió al niño en telas de seda y oro, colocó el oro y la plata y al niño y mandó cerrar la caja. Después ordenó que echaran la caja al mar.

Cuando el caballero regresaba de haber cumplido los deseos de la emperatriz, se encontró con un mensajero que traía la noticia de la muerte del emperador en Tierra Santa. Trajeron el cuerpo y le hicieron grandes funerales. Poco después, el duque de Borgoña pidió la mano de la emperatriz, pero ella lo rechazó. Entonces juntó sus tropas y le fue tomando las tierras hasta que a la emperatriz sólo le quedaba una ciudad fortificada en donde vivió por muchos años.

La caja navegó por el mar hasta que llegó a la costa de un país donde había un monasterio. Ese día, el abad mandó a los pescadores que salieran a buscar pescado. Mientras preparaban las redes, la caja llegó a la orilla. El abad mandó recogerla y abrirla. Cuando el niño vio al abad, le sonrió. Lo cogió en sus manos y vio las tabletas. Tras leerlas, el abad lo bautizó dándole su propio nombre, Gregorio. Después se lo entregó a un pescador para que lo criara, con el oro y la plata que había en la caja.

El niño creció querido por todos y al cumplir los siete años, el abad se ocupó de su educación. Un día que estaba jugando a la pelota con el hijo del pescador, golpeó a éste demasiado fuerte con la pelota y el niño marchó llorando a los brazos de su madre. Esta lo llamó vagabundo, sin familia y sin patria. Gregorio, compungido, preguntó a quien creía su madre si no era su hijo, y ella le contestó que lo habían encontrado en una caja. Gregorio marchó llorando al abad y le pidió permiso para marchar de soldado por el mundo a buscar a sus padres. Por mucho que el abad insistió, no logró convencerlo, así que lo nombró caballero y lo despidió mientras todos se lamentaban.

Gregorio pactó con unos marineros su viaje a Tierra Santa, pero en el viaje tuvieron vientos contrarios y acabaron en el país donde estaba la ciudad en que se había refugiado la emperatriz. Gregorio entró a la ciudad y preguntó dónde estaban y quién reinaba. Un caballero le contó sobre la muerte del emperador y el estado de la emperatriz. Gregorio se ofreció como soldado, y el caballero lo presentó al senescal, que lo aceptó gustoso, pactando su sueldo y el tiempo de su servicio, que era de un año. Gregorio luchó tan bien que ganó todas las batallas, reconquistó las tierras de la emperatriz y hasta llegó al palacio del duque y le cortó la cabeza. Cuando el año se había cumplido, se le ofreció como pago y recompensa la mano de la emperatriz, que aceptó gustosa casarse con su benefactor. Los dos se amaron con ternura. Un día que Gregorio se había ido de caza, una criada le contó a la emperatriz que el emperador solía meterse en una cámara privada y allí lloraba un rato, luego salía, se lavaba la cara y volvía a estar alegre como antes. La emperatriz decidió entrar en ese cuarto y allí encontró las tablillas que había escrito. Cuando llegó Gregorio de la caza, lo llevó aparte y le preguntó de dónde había sacado esas tablillas. Gregorio le contó su vida y allí supieron que eran madre e hijo además de mujer y marido.

Esa noche Gregorio se despojó de las ropas reales y se vistió de peregrino, se despidió de su madre diciéndole que ya que a ella le tocaba reinar, que él haría penitencia por los dos, y marchó descalzo. Caminó hasta la frontera del reino, y un día que entraba en una ciudad un pescador lo alojó y le dijo que por qué no hacía penitencia en algún lugar remoto en vez de andar caminando por el mundo. Gregorio le preguntó que lo haría si supiera de algún lugar donde hacer penitencia. Al otro día el pescador lo invitó a subir a su barca y lo llevó a una isla remota donde había una roca con unas cadenas con grilletes. Hizo que Gregorio se pusiera junto a la roca y le puso los grilletes en los pies; luego tiró las llaves al mar y regresó a casa. Gregorio pasó diecisiete años haciendo penitencia atado a la roca.

Por ese tiempo el papa murió, y en el momento de su muerte, se oyó una voz que bajaba del cielo y que decía “buscad a un hombre de Dios llamado Gregorio y hacedlo mi vicario”. Los electores mandaron mensajeros por todo el mundo para buscar a este hombre. Tras mucho buscar, un día llegaron a la casa del pescador, que recordó al peregrino que había llevado a la isla de la roca. Ese mismo día, cuando le sacaba las tripas a los peces que había pescado, encontró las llaves de los grilletes e informó de este portento a los mensajeros. La siguiente mañana fueron en barca hasta donde estaba Gregorio, lo liberaron de sus cadenas y le anunciaron el deseo divino. Según llegaban a Roma, las campanas de la ciudad empezaron a doblar sin que nadie las hubiese tocado.

Cuando la emperatriz oyó hablar de la santidad del nuevo papa, decidió ir en peregrinación a Roma. Allí se confesó con él, que la reconoció y le dijo que habían vencido las trampas del diablo. Luego la abrazó con ternura. Fundó un monasterio y la nombró abadesa. Poco tiempo después ambos entregaron sus almas.

Para Ancona, esta leyenda es de origen francés y después se expandió por Inglaterra y Alemania. Según la versión trovadoresca en francés, de la que sólo señalo las variantes, ya que en lo demás es idéntica, los hermanos incestuosos son hijos de un conde de Aquitania. En la barquichuela colocan estos versos:

Qui trovera icest enfent
Sache de veir e ne l’ dot mie
Que, par peché e par folie,
L’ot uns freres de sa seror (23).

Gregorio sirve a la condesa de Aquitania, que estaba siendo acosada por los barones para obligarla a que se casase con uno de ellos y mientras, se apoderaron de sus territorios (24). Gregorio la libera de sus opresores y se casa con la condesa, que descubre las tabletas. Gregorio marcha a hacer penitencia en una gruta toda rodeada de agua; el pecador que lo condujo allí le cierra con llave el cepo que se puso en los pies y tira la llave al mar. Cuando muere el papa, un ángel avisa al clero y al pueblo de Roma que busquen a un penitente encerrado en una gruta en una isla en medio del mar. Gregorio, acepta a regañadientes el nombramiento.

Juan de Timoneda en el Patrañuelo presenta el mismo relato con pequeñas variantes: Los hermanos incestuosos se llaman Fabio y Fabella. El príncipe de Borgoña es quien asedia la ciudad donde vive Fabella, que rehúsa casarse. La leyenda que da Graf añade que las tablillas eran de marfil. Los barones la acosan para que se case, pero ella rehúsa, entonces un duque le hace la guerra. El abad intenta disuadir a Gregorio diciéndole que heredará el cargo. Gregorio no mata al duque sino que sólo lo encarcela. Un ángel del cielo indica a los romanos que busquen a Gregorio. Lo más notable de esta variante es que no se da el parricidio, que se imposibilita por la muerte del padre durante una peregrinación a Jerusalén; por otra parte el incesto cobra mayor importancia, ya que el héroe no sólo lo comete, sino que es producto de él. La tradición oral de este relato se conservaba a principios del siglo XX entre checos y polacos.

La leyenda del papa Gregorio Magno (540–604), se contaba en un manuscrito escrito hacia el 713 en el monasterio de Whitby; de ella se hace eco Jacobo de Vorágine (25). Se contaba que, buscado por los emisarios para hacerlo papa, Gregorio huyó de — 188 — Roma dentro de una cuba y se refugió en las cuevas de un bosque; pero del cielo descendió una columna de fuego sobre el lugar en que se escondía; así que los mensajeros lo pudieron encontrar y persuadirlo a que aceptara el pontificado. La leyenda cuenta también que hubo una gran peste en Roma, debido a que el Tíber bajaba lleno de serpientes que ahogadas, corrompían el aire. La primera víctima de esta peste fue el papa Pelagio, luego muchos otros romanos murieron; entonces el clero y el pueblo aclamaron a Gregorio, que por entonces era abad de San Andrés. Pero éste, que no quería aceptar, escribió al emperador Mauricio para que no confirmara la elección. El prefecto de Roma, Germano, impidió que la carta llegara al emperador, a quien envió los escritos oficiales para la confirmación. Mientras llegaba la respuesta imperial, Gregorio hizo que se celebrara una gran procesión penitencial para que acabara la peste. Entonces se vio sobre el mausoleo de Adriano al arcángel Miguel envainar la espada. Desde entonces este lugar se llama Sant’Angelo. Finalmente llegó la confirmación imperial (26).

Una tradición holandesa consignada por Graf cuenta que el protagonista, ahora llamado Seguelín de Jerusalén, fue expuesto al nacer y criado por un pescador; llevó a cabo actos heroicos; casó con la hija del emperador Constantino, con quien descubrió la Vera Cruz, llegó a ser emperador, mató a sus padres sin querer; se hizo ermitaño y acabó siendo papa con el nombre de Benedicto I.

SIMÓN EL VAGABUNDO Y SAN ANDRÉS DE CRETA

En Serbia se contaba la historia de Simón el vagabundo, también llamado el expósito, que es muy parecida a la de Gregorio:

El rey de Hungría fuerza a una muchacha. Como ella no puede criar al niño, lo mete en una caja con unas monedas de oro y lo deja en el Danubio. Un abad recoge la caja cuando iba a lavarse y llevar agua. Lo bautiza y lo cría con miel y azúcar. Le da el nombre de Simón. El chico creció más alto y más fuerte que los demás y siempre ganaba en los juegos. Entonces los compañeros le dijeron que era un recogido. Simón, entristecido se refugia en la lectura de los evangelios. El abad lo encuentra y le da permiso para irse, le entrega un caballo blanco, vestidos y dinero. Tras nueve años de búsqueda decide regresar al monasterio. Pasa por Buda. La reina lo ve y lo oye cantar. Lo llama, le da de beber hasta emborracharlo y se acuesta con él. Por la mañana, él, arrepentido de su pecado, se escapa, pero después da la vuelta pues se había olvidado de su evangelio. La reina que había visto el libro, lo abre, lee lo que había escrito en él y reconoce a su hijo. Él regresa al abad, le cuenta lo que ocurrió; el abad lo encierra en una celda para que haga allí penitencia y tira la llave el río. Nueve años después, un pescador encuentra la llave en el estómago de un pez, la lleva al abad, que se acuerda de Simón. El abad abre la puerta de la celda y encuentra el cuerpo de Simón sentado en un trono de oro con los evangelios en la mano.

La mayor diferencia entre este relato y los de Gregorio reside en que en el de Simón no existe el incesto inicial. Muy parecido es también el relato sobre la vida de San Andrés de Creta, que comienza con una profecía, el héroe es puesto en el mar y criado en un monasterio. Cuando conoce que es un recogido, abandona el lugar, y consigue trabajo de guardián en el jardín de sus padres. Mata a su padre mientras vigilaba creyendo que era un intruso, y acaba casándose con su madre. Descubre la verdad y cumple una penitencia en un pozo o en una fosa. Allí muere, y cuando lo van a ver, encuentran su cuerpo con señas de santidad. Como se puede ver, este relato es idéntico al de Judas, excepto por el desenlace. Según Vladimir Propp, el relato de San Andrés de Creta es el más cercano al de Edipo, si se exceptúa el hecho de que no accede al trono. Es una tradición que se ha encontrado en la Europa oriental: Rusia, Ucrania, Bielorrusia (27). Otras versiones de este relato son la búlgara de Pablo de Cesarea y la copta de Armenios (28).

Existió un Andrés de Creta histórico nacido en Damasco a mediados del siglo VII, ingresó como monje en Jerusalén, vivió en Constantinopla y fue nombrado obispo de Gortyna en Creta. Escribió himnos y es famoso por su Canon Griego, composición penitencial que se canta durante la cuaresma. En esta larga obra en la cual se presenta como el peor pecador, se acusa de haber profanado su cama como Rubén profanó la de su padre; se compara también con el rey David, que cometió adulterio y asesinato, pero dice que su pecado es aún mayor, se compara con Caín, a Cam en su pecado contra su padre, también con Absalón, que insultó la cama de su padre David. Quizá la fama de este canon propició la leyenda (29).

SAN ALBANO

Otra leyenda que incluye el incesto de los progenitores del héroe junto con el parricidio, es la de San Albano (30):

Un emperador de tierras del norte, tras la muerte de su mujer, engendra un niño en su propia hija. El emperador quiere matar al infante, pero, a ruegos de la madre, consiente en que sea enviado a Hungría y abandonado en la calle real envuelto en paños de púrpura. Junto al niño colocan una bolsa con un anillo de oro y muchas monedas. El niño es recogido por una pareja de campesinos y llevado a la corte del rey, que, al no tener hijos decide adoptarlo. Su mujer finge un embarazo y un parto y después presentan al niño en la corte, donde es educado como príncipe heredero con el nombre de Albano. Cuando mueren los reyes de Hungría, Albano hereda el reino, pero antes el rey le cuenta sobre su origen y le entrega los paños, la bolsa y el anillo. El emperador, ya anciano, cuando se entera de las virtudes del rey Albano de Hungría, le ofrece la mano de su hija. La nueva reina de Hungría, cuando ve los objetos que Albano guardaba de su niñez, se da cuenta que es a la vez su madre, su esposa y su hermana. Ambos van al emperador, que arrepentido decide encontrar el perdón. Un obispo los manda a pedir consejo a un ermitaño muy santo, que les impone la penitencia de andar peregrinando separados durante siete años pasando muchos trabajos. Al cabo de este periodo, se encuentran cuando van hacia la morada del ermitaño. Se pierden en el camino y deben pasar la noche en un bosque. Albano prepara una cama de hojas y hierbas para sus padres y se va a dormir en las ramas de un árbol. El emperador y su hija son tentados por el diablo, que les infunde un nuevo ardor lujurioso y caen en la tentación. Albano los descubre yaciendo en uno y los mata. Albano debe cumplir una nueva penitencia de siete años, al cabo de los cuales renuncia a su reino a pesar de que sus súbditos suben a la montaña a pedirle que los guíe, y retirado del mundo vive en una ermita, hasta que muere a manos de unos ladrones que lo asaltaron. Su cuerpo cae al río y llega flotando hasta la rueda de un molino. Cuando unos leprosos van a lavarse a ese lugar, encuentran que se han curado milagrosamente. Entonces se descubre su cuerpo (31).

Graf considera que la leyenda de San Albano, que se ha conservado en la tradición oral contemporánea, es menos antigua que la de San Gregorio. Propp desconoce la tradición oral de este relato y sólo cita la tradición manuscrita latina y paralelos con uno de los cuentos de las Mil y una noches (32). Aldo Scaglione ha estudiado este relato en la obra del clérigo humanista alemán Albrecht von Eyb (1420–1475) Ehebuch, inserta en un discurso sobre el matrimonio, y señala que la Albanuslegende se propagó en manuscritos latinos, alemanes y holandeses (33). Una variante de este relato, estudiada por Ancona es la de Andrés de Vergogna.

La vida de este santo se propagó en pliegos sueltos en la España del siglo XVIII. La historia que narran es muy parecida:

Hisano, noble húngaro viola a su hija cuando ésta sólo tenía quince años. Durante su preñez, ella borda unos pañales con el escudo de armas. Cuando nace el niño, Hisano manda a un criado que lo mate, pero éste sólo lo expone bajo un árbol con los pañales que su madre bordó. El rey recoge y cría a la criatura a la que adopta y da el nombre de Albano. Al pasar el tiempo lo nombra heredero, y cuando llega a la edad de casarse, el rey manda que sus nobles envíen retratos de sus hijas. Albano elige a la hija de Hisano. Seis años después el rey enferma, y en el lecho de muerte revela a Albano su origen, entregándole los pañales. La esposa de Albano, al ver los pañales se da cuenta de que es su hijo. Ambos marchan a ver a Hisano y los tres van a peregrinación a Roma. El papa les impone siete años de penitencia desnudos como salvajes por los montes. Tras la penitencia Hisano, y su hija vuelven a pecar; Albano los descubre, los mata y los entierra en una cueva. Vuelve a Roma y el papa le ordena que se haga ermitaño y que viva junto a la cueva. Al cabo de los siete años muere (34).

DIT DU BUEF O LOS TRES PEREGRINOS

Un poema medieval francés titulado Dit du Buef narra la siguiente historia:

Una viuda, tentada por el demonio, comete pecado de incesto con su hijo. Como su confesor se niega a absolverlos, el hijo marcha a Roma, a confesarse con el papa, que lo perdona y lo retiene consigo. Mientras, al cabo de nueve meses, la madre entra en parto, y la Virgen María baja a hacer el oficio de comadrona. Pare una niña, y pasados bastantes años, viaja a Roma con su hija. Allí se encuentra con el hijo y padre y juntos los tres se arrodillan a los pies del papa. Éste les pone de penitencia que debían pasar siete años encerrados en pieles de buey cosidas, de las que sólo les sobresalían la cara, las manos y los pies (35). Al cabo de este tiempo, debían regresar a Roma. Los tres, que volvían cada uno por su lado, pidieron albergue en una misma casa. Esa noche, la habitación donde dormían se iluminó con la presencia de más de mil ángeles que bajaron en una nube y se los llevaron al cielo. Por la mañana encontraron los tres cuerpos cosidos en pieles de buey. El dueño de la casa llevó la noticia al papa, que mandó enterrar con gran pompa los tres cuerpos mientras milagrosamente las campanas de Roma repicaban. El papa ordenó que la casa donde murieron los tres se convirtiera en iglesia, y sobre su tumba ocurrían milagros.

En el siglo XIX circulaba por Italia una versión en verso de este relato, llamado ahora de Los tres peregrinos, en el que los personajes ya pertenecen a la burguesía:

Un mercader de Turín y su hermana tienen un hijo que arrojan al Po en una caja untada de brea. Esta llega hasta Venecia donde un caballero recoge y adopta al niño. El muchacho se entera de su origen, años más tarde, por el hijo del caballero. Entonces marcha caminando a buscar a sus padres; pidiendo limosna llega hasta Turín, donde acaba trabajando para los que sin él saberlo son sus padres. Después de unos años, el mercader le da al muchacho por mujer a su hermana y se casan. Un día en que él no está, la mujer encuentra la caja untada de brea. Se reconocen y los tres marchan a Roma a confesarse con el papa, que les pone por penitencia regresar caminando de rodillas. Cuando están en un albergue del camino rezando, sus almas vuelan al cielo. Las campanas de Roma comienzan a repicar solas; el papa manda buscar los cuerpos de los tres peregrinos que son tratados como preciosas reliquias (36).

HERMANOS ESPOSOS

Bandello en 1554 cuenta la historia de un gentilhombre navarro que, sin saberlo, esposa a una que era su hermana. Este relato también aparece en el relato número treinta del Heptamerón de Margarita de Navarra (1558): un joven caballero, creyendo que se acostaba con una de las damas de su madre, se acostó con su madre. Ella pare una niña que a los doce o trece años casa con el joven caballero sin conocer su parentesco. Ya Giovanni Brevio, algo anterior a estos autores, había narrado la historia. Se decía de varias iglesias francesas que en ellas había una tumba con una inscripción que decía más o menos así:

Ci git l’enfent, ci git le père,
ci git la soeur, ci git le frère,
ci git la femme et le mari,
il ne sont que deux corps ici (37).

En las variantes de este relato se decía que el matrimonio vivió juntos y no se supo de su parentesco hasta después de su muerte.

TRES PEREGRINOS CONTAMINADA CON GREGORIO

Otras historias escuchadas en el siglo XIX combinan el principio de la historia de los tres peregrinos con el final de la del papa Gregorio. El filólogo y medievalista Herman Knust recogió la siguiente versión (38):

Un matrimonio muy rico tenía un hijo y una hija. Murió el padre y luego la madre y quedaron los dos hijos con un testamento que les impedía dividir los bienes. Esto también les impedía casarse y al final yacieron en uno y la hermana parió un niño con una mecha de pelo rojo. Lo metieron en una caja y lo tiraron al río. La caja llegó a una isla donde lo encontró un hombre que se lo entregó a su mujer. Lo criaron, pero el verdadero hijo le echaba en cara haber sido encontrado en el mar. Entonces pidió la bendición y se marchó a buscar a sus padres. Iba pidiendo limosna. Un día pidió limosna a sus verdaderos padres que decidieron adoptarlo. Cuando tuvo dieciséis años, se pactó su matrimonio con su madre. Cuando la madre despierta tras la noche de bodas, ve el mechón de pelo rojo y reconoce a su hijo. El muchacho decide ir a hacer penitencia; se va al monte a comer hierbas y beber agua de los arroyos; le creció el pelo y la barba y él se golpeaba el pecho con una piedra. Murió el papa y se buscaba a un penitente para hacerlo papa. Lo encontraron y lo llevaron en procesión a Roma. La procesión pasaba por la ciudad de los dos hermanos. Estos se acercaron a la silla papal y pidieron perdón. El papa les ordenó esperarlo en la iglesia. Allí confesó primero a su padre y luego a su madre, dándoles la absolución. Los tres se abrazan y así mueren. Están enterrados en un sepulcro en San Pedro del Vaticano.

El profesor de antropología de la Universidad de California en Los Ángeles, William Armand Lessa (1908–1997), encontró en el atolón Ulithi, Oceanía, un cuento que, en su línea narrativa básica, es muy similar a la historia de Edipo:

La mujer de un jefe da a luz a un niño prematuro, que abandona en el mar. El niño es recogido y criado por su tío Rasim, que vive al otro lado de la isla, y le da por nombre Sijalol. Un día que Sijalol pasaba por la casa de la menstruación, su madre, que estaba menstruando, lo ve, se enamora de él y lo invita a estar con ella. Las visitas a la casa se suceden y no cesan ni siquiera cuando Rasim le dice a Sijalol que ella es su madre. El jefe de la tribu, impaciente por lo que tarda su mujer en regresar de la casa de la menstruación, va a visitarla y encuentra arañazos en su cara. Entonces obliga a todos los hombres a poner los dedos en la cara de su mujer para ver de quién eran los arañazos. Cuando Sijalol pone su mano sobre la cara de su madre, el rey se da cuenta que él era el amante y coge el hacha para matarlo, pero Sijalol se apodera de ella, mata al rey y se lleva a su madre. Ambos viven felices a partir de entonces (39).

En la monografía que escribió para presentar su descubrimiento, “Oedipus-type tales in Oceania” (1956), Lessa hizo un repaso de las diferentes interpretaciones que los investigadores de diversas escuelas han hecho de este relato. Demostró que, al contrario de lo que habían mantenido los seguidores de Freud y de lo pudiera parecer con el relato que él aportaba, el mito de Edipo no es universal, y se mostró bastante escéptico sobre las interpretaciones simbólicas del material folklórico, sobre todo porque veía que las interpretaciones psicológicas eran muy etnocéntricas, y que cuando los psicólogos se dignaban a examinar el material etnográfico, lo hacían a la manera de Frazer, sin tener en cuenta de dónde proceden las aportaciones ni el contexto en que se producen (40).

VERSIÓN FEMENINA

El polígrafo indio, profesor de la Universidad de Chicago, Attipat K. Ramanujan, en su recolección Cuentos populares de la India, nos presenta en uno de los cuentos el mito desde una perspectiva femenina:

La hija de la diosa Satwai, que era la encargada de escribir el destino de todos los recién nacidos, insistió tanto, que su madre le reveló el destino que tenía asignado: se casaría con su hijo. La hija, encolerizada, se marchó de casa y se fue a vivir en lo más profundo del bosque. Años más tarde, cuando ella ya se había convertido en mujer, un rey que iba de caza se detuvo a beber en un lago; se enjuagó la boca y escupió al lago el buche que había tomado. La mujer llegó al lago sedienta y bebió, tragando el buche que había escupido el rey. Al momento quedó encinta. Pasado el tiempo, dio a luz a un varón, y acordándose de la profecía, envolvió al infante en un pedazo de sari y lo arrojó por un barranco. Una mata de plátano protegió al infante en su caída con sus hojas. Los jardineros, que no tenían hijos, lo adoptaron. Pasados los años, la mujer se cansó de vivir sola en el bosque y regresó al mundo segura de haber burlado su destino. Llegó a casa de los jardineros, que la acogieron. Ella se quedó a vivir y trabajar para ellos. En premio a su buen comportamiento, la casaron con su hijo. Hecha la señora de la casa, un día en que revisaba el desván, encontró el pedazo de sari. Bajó y le preguntó a su suegra sobre el origen de ese pedazo de tela. La suegra le contó cómo encontraron a su hijo. Ella, sin decir palabra a nadie, aceptó su destino y vivió feliz con su esposo y sus suegros (41).

Como se puede ver, en este relato el cambio de perspectiva narrativa (el protagonista es ahora la madre) hace que algunos de los elementos que aparecen en los otros relatos asignados al hijo (abandono del hogar, entrada al servicio de una familia, premio en forma de boda) se asignan a la madre; en ambos casos no son sino elementos estructurales del relato que pertenecen al protagonista. Años antes, Ramanujan había llamado la atención sobre el mito de Parvati y el nacimiento de Ganesa:

Parvati, mujer de Siva, decidió tener un hijo sola y creó a Pillaiyar del rocío que había en su cuerpo mezclado con el polvo de la tierra. En algunas versiones, la madre convirtió a su hijo en amante. Este hijo, que guardaba la puerta de la cámara de su madre, un día impidió que Siva entrara, pues no quería que se interrumpiese el baño de Parvati. Siva le cortó la cabeza. Parvati se enfureció de tal manera que amenazó con destruir el universo. Para evitar mayores problemas, Siva mandó buscar una nueva cabeza para el joven dios y le trajeron la de un elefante. Se la puso y resucitó al joven que fue llamado Ganesa. El hijo y la madre perdonaron a Siva, que nombró a Ganesa jefe de los ejércitos (42).

En este caso, siguiendo la interpretación de Ramanujan, la inversión es aquí mayor: el núcleo lo forma la pareja madre–hijo y el personaje que envidia la relación entre ambos es ahora el padre, que es también el que comete el crimen.

Arturo Graf hablaba también de un relato islandés en el que la protagonista aparece como parricida, además de cometer incesto voluntario:

Un padre y su hija habían pecado yaciendo juntos, y así nacieron tres niños, que la hija mató nada más nacer. La esposa descubrió a su hija en el acto y ésta también la mató. El padre, que arrepentido iba a comunicarle a su hija que tenía la intención de ir de peregrinación a Jerusalén, también fue muerto por su hija. La joven cargó con todo el oro de la casa y llevó una vida disoluta. Un día entró en una iglesia y oyó al obispo predicar. Llena de amargura, se arrepintió, se confesó y murió antes de haber obtenido la confesión. Pero una voz del cielo anunció que se había salvado (43).

ANÁLISIS

Ancona dividió los relatos en dos tipos: los que la criatura es producto de un incesto, que designa como leyendas del papa Gregorio, y los que la criatura, hija de un matrimonio, nace tras graves presagios, que designa como leyendas de Judas Iscariote. Éstas tienen desenlaces también diferentes; en la primera, los pecados son perdonados y se da la apoteosis del protagonista, mientras que en la segunda, se muestra la fuerza del hado, que hace que no haya forma posible de redención, y el protagonista acumula culpa sobre culpa hasta su triste final. Por su parte, Vladimir Propp señaló que eran cuatro los tipos que formaban esta familia de relatos que denomina según el protagonista típico: Andrés de Creta, Judas, Gregorio y Albano. Sin embargo, ya que en este trabajo se presentan más versiones, será preciso determinar si todos los relatos aquí presentados están relacionados temática y estructuralmente, y a qué tipo de variantes principales nos enfrentamos.

No es mi interés buscar las razones psicológicas de este relato ni tampoco explicar sus orígenes. Más bien, intento encontrar el significado del relato tal como se ha manifestado en sus diversas épocas hasta el presente, poniendo atención a las diversas variantes que se han desarrollado a través de los tiempos. Para proceder a un análisis que nos sirva como punto de partida, será preciso segmentar el relato en sus motivos –motifemas– más significativos, señalar sus variantes y después comparar la fórmula a la que se puede reducir cada uno de estos relatos con la de los demás para poder así llegar a algunas conclusiones sobre este punto. Considero que la antigüedad de una versión no le otorga mayor importancia que la que puedan tener otras versiones más modernas.


A Los padres son

(A1) Un matrimonio: Edipo, Judas, Ursio, Andrés de Creta, Sijalol.
(A2) Padre e hija: Albano, Hisano
(A3) Viuda e hijo: Dit du Buef
(A4) Hermanos: Gregorio papa, Tres peregrinos
(A5) Un rey que viola a una muchacha: Simón vagabundo
(A6) La hija de una diosa y un rey: Hija de Satwai

Por lo general, al igual que ocurre con los relatos biográficos del héroe, los padres o son de sangre real o pertenecen a la aristocracia, o, al menos, son muy ricos.

B El niño es abandonado (primer alejamiento)

(B1) En el monte: Edipo, Hisano, Hija de Satwai
(B2) En las aguas: Edipo, Judas, Gregorio papa, Seguelín, Simón vagabundo, Tres peregrinos, Sijalol
(B3) En la calle: Albano

Como se puede ver, el abandono en las aguas es un motivo más frecuente que el abandono en el monte.

C El móvil del abandono es

Premonición

(C1a) Sueño: Judas
(C1b) Profecía: Edipo, Ursio, Andrés de Creta, Hija de Satwai
(C2) Persecución: Judas mallorquín
(C3) La forma ilegal de concepción: Gregorio papa, Simón vagabundo, Albano, Hisano, Tres, pereginos
(C4) Ser prematuro: Sijalol

El oráculo no es, pues, el móvil de la historia, pues se sustituye fácilmente por cualquier otro motivo que lleve al abandono de la criatura. El incesto o cualquier otra forma irregular de concepción, tiende a reemplazarlo.

D Objeto de reconocimiento

Una marca

(D1a) En la piel: Judas mallorquín
(D1b) En el pelo: Tres peregrinos/Gregorio Objetos que se colocan en la cuna
(D2a) Tablillas: Gregorio papa
(D2b) Pañal bordado: Hisano
(D2c) Un trozo de vestido: Hija de Satwai
(D2d) Evangelio: Simón vagabundo

E Es encontrado por

(E1) Un monje: Simón vagabundo, Albano
(E2) Unos pastores: Edipo, Judas
(E3) Unos pescadores: Gregorio papa
(E4) Un caballero: Tres peregrinos
(E5) Una princesa: Edipo, Judas
(E6) Unos jardineros: Hija de Satwai
(E7) Alguien si especificar: Hisano

F Lo cría

(F1) El mismo que lo encontró: Judas, Simón vagabundo, Albano, Tres peregrinos, Sijalol, Hija de Satwai
(F2) Se lo entregan a un rey: Edipo, Judas mallorquín, Hisano.
(F3) Unos pescadores y un abad: Gregorio Aquí termina la primera parte del cuento; el desequilibrio que crea el abandono del niño, es cancelado por la nueva familia a la que se integra, produciéndose un primer final feliz.

G Se entera de su origen o destino (anagnórisis)

(G1) Por su hermano adoptivo: Tres peregrinos
(G2) Por sus compañeros de juego: Simón vagabundo, Albano
(G3) Por la madre de su hermano: Judas, Ursio, Gregorio papa
(G4) Por el hombre que lo crió: Hisano, Sijalol
(G5) Por una profecía: Edipo, Julián el Hospitalario
(G6) Sin especificar: Andrés de Creta Se crea un nuevo desequilibrio en el relato que ocasionará que el héroe abandone lo que hasta ese momento era su hogar.

H (H) El padre marcha a hacer penitencia en tierras lejanas y muere: Gregorio papa.

Este motivo aparece para evitar el parricidio.

I (I) Mata a su hermano adoptivo: Judas.

Este motivo, que sólo aparece en el relato biográfico de Judas Iscariote, sirve para que el abandono del hogar sea ocasionado por un crimen voluntario, subrayándose así la maldad del protagonista. Sin embargo, el motivo ha ocurrido también en el relato sobre Moisés, que se ve obligado a abandonar Egipto por haber matado a un egipcio, es decir, a uno de los suyos, desde la perspectiva de la familia adoptiva. El antagonismo entre hermanastros se muestra, o al menos se insinúa, en el relato de Gregorio; en el de Simón el vagabundo el antagonismo es con los compañeros de juego.

J Deja el hogar adoptivo (segundo alejamiento)

(J1) Escapando de la maldición: Edipo, Julián el Hospitalario, Ursio
(J2) En busca de sus padres: Gregorio papa, Simón vagabundo, Andrés de Creta, Albano, Tres
peregrinos
(J3) A causa de un crimen: Judas

K Vive como

(K1) Soldado: Gregorio
(K2) Jardinero: Andrés de Creta
(K3) Caminante: Edipo, Simón vagabundo
(K4) Príncipe: Hisano
(K5) Pordiosero: Tres peregrinos
(K6) Criado de un noble: Judas

En la mayoría de relatos, el protagonista pasa a un estado de pobreza o servidumbre; este rebajamientoservirá como elemento de contraste a su posterior desenlace feliz.

L Se aloja en casa de

(L1) Una reina que resulta ser su madre: Gregorio papa
(L2) Unos señores que resultan ser sus padres: Andrés de Creta
(L3) Un personaje poderoso: Judas

M Mata

(M1) A su padre un altercado: Edipo, Judas, Andrés de Creta, Sijaloll

A sus padres

(M2a) Por error: Julián el Hospitalario,
(M2b) Por engaño del diablo: Ursio, Teodosio de Goñi
(M2c) Como castigo: Albano, Hisano
(M3) A toda su familia: Versión femenina

N Se convierte en libertador

(N1) Matando a un monstruo: Edipo
(N2) Matando a un noble que quería poseer a la reina: Gregorio
(N3) Llevando a cabo diversos actos heroicos sin especificar: Seguelín

Ñ Se casa

Con su madre

(Ñ1a) Como premio o por matrimonio concertado: Edipo, Judas, Gregorio papa, Andrés de Creta, Hisano, Tres peregrinos
(Ñ1b) Como castigo: Judas
(Ñ1c) Como premio a su madre por sus servicios: Hija de Satwai
(Ñ2) Con su hija/ hermana: Bandello, Heptamerón, Brevio
(Ñ3) No se casa, pero se acuesta con su madre: Albano, Dit de Beoeuf, Bandello, Heptamerón, Brevio, Sijalol
(Ñ4) Con una mujer noble: Julián el Hospitalario, Ursio, Seguelín.

Aquí termina la segunda parte del relato en la mayor parte de las versiones. El protagonista, que había abandonado su hogar, encuentra uno nuevo. La boda, al igual que ocurre en los cuentos tradicionales es el símbolo de la felicidad del héroe; esta puede realzarse con la obtención del trono.

O Se descubre el incesto

Su madre lo reconoce

(O1a) Por la marca: Judas mallorquín
(O1b) Por los objetos: Gregorio papa, Simón vagabundo, Albano, Hisano, Tres peregrinos, Hija de Satwai
(O2) Él se da cuenta: Judas
(O3) Su padre adoptivo se lo dice: Sijalol

Este es, pues, el motivo de su tercera partida.

P Tras conocer su falta, sale a hacer penitencia (tercer alejamiento)

Solo

(P1a) En una isla: Gregorio papa, Albano
(P1b) En un pozo: Andrés de Creta
(P1c) En una celda: Simón vagabundo
(P1d) En una gruta: Gregorio Magno
(P1e) Peregrinando: Edipo, Teodosio de Goñi
(P1f) Como discípulo de Jesús: Judas
(P1g) De ermitaño u hombre salvaje: Seguelín
(P1h) Sirviendo al papa: Dit du Buef
(P2) Con su esposa: Julián el Hospitalario, Ursio
(P3) Con sus padres: Hisano, Tres peregrinos
(P4) Cosidos todos a pieles de animales: Dit du Beuf
(P5) Entra por casualidad a una iglesia y se arrepiente: Versión femenina

Q Apoteosis en vida

(Q1) Es elegido papa por mandato divino: Gregorio, Seguelín
(Q2) Lo visita un ser celestial: Julián el Hospitalario, Teodosio de Goñi
(Q3) Un oráculo predice su apoteosis tras la muerte: Edipo

R Se encuentra con

(R1) Su madre: Gregorio papa, Dit du Beuf
(R2) Sus padres: Dit du Beuf/Gregorio

S Muere

(S1) Se suicida: Judas

En santidad

(S2a) Junto con su familia santificados por la penitencia: Tres peregrinos
(S2b) En su retiro de penitencia: Julián el Hospitalario, Ursio, Simón vagabundo, Andrés de Creta, versión femenina
(S2c) En la gloria del poder: Gregorio papa

La tónica es, por lo general, la de una muerte en santidad, lo que en términos de la tradición cristiana equivale a un feliz desenlace, ya que se accede a la mejor vida posible, la del paraíso.

T (T) Su tumba se convierte en un santuario (apoteosis tras la muerte): Edipo, Dit du Beuf, Tres peregrinos

Este motivo es consecuencia del anterior y sirve para enlazar el desenlace feliz en el más allá con el mundo de aquí.

La fórmula secuencial de los diferentes relatos que se han presentado en este trabajo sería como sigue:

1. Edipo trágico. A1, B1, C1b, E2, F2, G5, J1, K3, M1, N1, Ñ1a, O2, P1e, Q3, S2b, T

2. Edipo homérico. No existe el cuento 2 (se reconstruiría sólo hasta O)

3. Edipo de las aguas. Varía en B2 E5

4. Judas. A1, B2, C1a, E5, F1, G3, I, J3, K6, L3, M1, Ñ1a, O2, P1f, S1

5. Judas mallorquín. A1, B2, C2, D1a, F2, L3, M1, Ñ1a, P1f, S1

6. Julián el Hospitalario. G5, J1, L3, M2a, Ñ4, P2, Q2, S2b

7. Ursio. A1, C1b, G3, J1 Ñ4, M2b, P1e, Q2

8. Teodosio de Goñi. M2b, P1e. Q2, S2b

9. Gregorio papa. A4, H, B2, C3, D2a, E3, F3, G3, J2, K1, L1, N2, Ñ1a, O1b, P1a, Q,1 R1, S2c

10. Variante de Gregorio. P1d

11. Seguelín de Jerusalén. B2, N3, Ñ4, M2a, P1g, Q1

12. Simón el vagabundo. A5, B2, C3, D2d, E1, F1, G2, J2, K3, Ñ3, O1b, P1c, S2b

13. Andrés de Creta. A1, C1b, G6, J2, K2, L2, M1a, Ñ1a, P1b, S2b

14. Albano. A2, B3, C3, E1, F1, G2, J2, M2c, Ñ3, O1b, P1a, S2b

15. Hisano. A2, B1, C3, D2b, E7, F2, K4, M2c, Ñ1a, O1b, P3, M2c, P1e

16. Dit du Boeuf. A3, Ñ3, P1h, R1, P4, S2a, T

17. Tres peregrinos. A4, B2, C3, E4, F1, G1, J2, K5, L2, Ñ1a, O1b, P3, S2a, T

18. Bandello. Ñ2

19. Heptamerón. Ñ3, Ñ2

20. Brevio. Ñ3, Ñ2

21. Tres peregrinos/Gregorio. A4, B2, C3, D1b, E4, F1, G1, J2, K5, L2, Ñ1a, O1b, P3, S2a, T

22. Versión femenina. A2, M3, P5, S2b

23. Sijalol. A1, B2, C4, E4, F1, Ñ3, O3, M1a, Ñ1a

LAS VARIANTES DEL RELATO Y SU SENTIDO

Se puede ver que los relatos se estructuran de acuerdo a la fórmula tradicional de alejamiento nueva vida, fórmula que ya Propp señaló como el germen del cuento en su Morfología. Pues bien, en este tipo de relatos se pueden dar hasta tres alejamientos; el primero es el motivo del abandono del infante (motivo B explicado por C), que se soluciona con la adopción (motivos E y F). Esta primera estructura ha sido señalada por numerosos investigadores como una de las que marcan al héroe de los relatos. El segundo alejamiento es el abandono del hogar adoptivo (motivo J), cuya solución tradicional es el matrimonio (motivo Ñ), a veces ligado al acceso al trono; esta es la estructura típica de los cuentos maravillosos y es en esta sección donde se colocan los actos criminales. El tercero se relaciona con la penitencia (motivo P), que lleva a la apoteosis del héroe, estructura típica de las leyendas cristianas (motivos Q, S y T) y que ya aparecía en el mito de Edipo.

Por otra parte, al comparar los diversos relatos, encontramos que se pueden agrupar de acuerdo a las coincidencias. El núcleo central, es decir, la secuencia que comparten la mayoría de los relatos y que permite agruparlos en una gran familia es: G, J, M /Ñ1/3, P, S; es decir, el protagonista se enfrenta de alguna manera a su origen o destino y comete involuntariamente una grave falta violando un fuerte tabú (parricidio, incesto); cuando se entera, sale a hacer penitencia y al final o queda redimido y sucede una apoteosis, que es la solución en la mayoría de los casos, o se suicida, condenándose sin remedio, cosa que ocurre tan sólo en el caso de Judas Iscariote. Así pues, hay dos variantes según haya o no apoteosis. Las otras variantes tienen que ver con el crimen que se comete: parricidio, incesto o ambos a la vez. Las variantes quedarían como sigue:

Tipo α: Parricida e incestuoso con apoteosis: Edipo, Andrés de Creta (B, G, J, M, Ñ1/3, O, P, S2)

Tipo β: Parricida con apoteosis: Julián, Ursio (G, J, M, P, Q, S2)

Tipo γ: Incestuoso con apoteosis: Gregorio, Simón vagabundo, Andrés de Creta. Albano, Tres peregrinos (B, G, J, Ñ1/3, P, S2)

Tipo: δ Parricida e incestuoso sin apoteosis: Judas (B, G, J, M, Ñ, O, P, S1)

Los relatos incluidos en esta última lista son los que conforman claramente una familia; el resto de los reseñados en este trabajo, aunque comparte motivos con estos relatos, se alejan demasiado de la estructura nuclear, ya sea debido a un origen literario que impone manipulaciones (44) o por otras causas. Los tipos α y γ contienen la fórmula del triple alejamiento; el tipo β puede prescindir del primer alejamiento, y el tipo δ presenta la subversión de la fórmula al anular la solución consistentemente con una serie ascendente de crímenes (fratricidio, parricidio e incesto, y traición que lleva al deicidio).

La secuencia de Vladimir Propp (profecía, alejamiento, educación, fuga, parricidio y matrimonio, primera apoteosis, revelación, apoteosis f