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Editorial

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 2006 en la Revista de Folklore número 307.

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Ciertas imprecisiones contribuyen a que Costumbrismo y Etnografía se confundan a menudo con otros géneros literarios y otras ciencias, respectivamente. Luis de Hoyos, en su defensa habitual y apasionada del rigor como base de los estudios etnográficos, intuía incluso un cierto peligro en el hecho de que ambas actividades se mezclasen muy a menudo sin establecer diferencias. Hablando de la ayuda que podrían suponer para el etnógrafo descripciones literarias del tipo de las realizadas por Pereda o Macías Picavea, ponía en guardia ante una aceptación indiscriminada de ese material, eminentemente creativo: "Es preciso advertir que este camino gratísimo, pero indirecto de la investigación, exige gran severidad crítica para ser utilizado". Y llevando más allá sus críticas al posible uso indebido por parte de un etnógrafo de textos costumbristas, sugiere como inconveniente uno de los principales vicios del género, el "tipismo", que en el caso andaluz se excedió hasta límites insólitos: "Por la exageración de lo típico regional, llevado hasta convertirlo en género de exportación, la personalidad popular andaluza es realmente más admirada que conocida". En efecto, de la lectura atenta de los textos de Estébanez Calderón y otros (a decir verdad, no sólo andaluces sino de cualquier zona de la Península), se puede extraer la sensación de que los autores han preparado cuidadosamente una escena pintoresca, casi una instantánea afectada, en cuyo retrato se esmeran. Larra, uno de los pocos articulistas que fue consciente de las limitaciones del costumbrismo, pone el dedo en la llaga cuando, al hablar de las cualidades de Mesonero, incluye alguna carencia, como aquella de que "retrata más que pinta", lo que es tanto como decir que se preocupa más de las facciones y aspecto externo de sus personajes que del reconocimiento y atención a su personalidad.

Tal vez esa misma sensación de los costumbristas –la de sentirse padres y bienhechores de los protagonistas de sus obras– y la idea equivocada del etnógrafo que le lleva a considerar déjà vu todo el material que recoge, pueden estar en la base de otro error común: el paternalismo, esto es, incurrir en el prejuicio de que un distanciamiento o una perspectiva distinta de la que pueden tener sus "personajes" o sus "informantes" le faculta para conocer mejor sus vidas, negándoles –o empequeñeciendo al menos– determinadas facultades por el hecho de que él mismo no las tenga. Valoración excesiva de la propia cultura y desprecio por la de los demás, podría llamarse eso.