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Palabra de maranchonero: La venta de una mula

LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón

Publicado en el año 2006 en la Revista de Folklore número 307.

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Han pasado ya ciento ochenta años y, tan sólo una cédula es capaz –ahora– de hablarnos de los maranchoneros, de los muleteros de toda la vida y de alguno en particular, (con los que tanto hablo y a los que tanto aprecio). Aquí salen a relucir dos vendedores de mulas; sean Antonio o Manuel Atance, a los que Bernardo Blanco, vecino de Quer, debe pagar (nada menos) que la cantidad de mil setecientos reales (1.700 rs.) por la compra de una mula, que ha de satisfacer, –según lo estipulado– en dos plazos: el primero, de setecientos reales y, lo que quedase, o sea, los mil restantes, pagaderos en la fecha que corresponda con la feria de Alcalá de Henares del año por entonces venidero de 1826.

Para ello, Bernardo Blanco, que tal queda dicho es el nombre del comprador de la mula, se obliga con su persona y todos sus bienes, habidos y por haber, además de los de su mujer, al cumplimiento de dichos plazos.

Es evidente –actualmente– que una mula, y más en aquellas fechas, representaba no sólo el poder económico de quien araba las tierras, y más si eran suyas, sino la economía de la casa.

La cuestión era directamente proporcional: a mayor número de mulas, mayor riqueza.

Cuando una mula se moría y no se podía reponer ¡malo! No había con qué arar y las tierras quedaban improductivas, con lo que todo ello representaba: la ruina de la casa.

Y para eso, entre otras cosas, estaban al quite los muleteros maranchoneros (y algunos otros más, aunque de fama no tan legal) y, ya se sabe, nada de regalos y a cada cual lo suyo, (que nada se regalaba entonces, ni hoy se regala nada), pero que en realidad constituía una gran ayuda dado que su adquisición se podía pagar a plazos más o menos cómodos, y en mayor (o menor) espacio de tiempo.

El certificado que ahora transcribimos es un buen ejemplo de aquello, aunque sea considerado apenas como una sencilla nota sin mayor importancia, sobre el mundo cotidiano de los muleteros maranchoneros.

Un mundo, una gente, una etnografía todavía por analizar más detenidamente, a la que poder conocer en su totalidad inmensa, detalle por detalle, por escuetas y nimias que parezcan ser todas sus formas de avanzar y ver la vida, sus esquemas vitales y sus relaciones económicas y, si se me apura, hasta culturales, incluidas las que corresponden, –sí, también– al mundo de la religión, de la muerte y de las creencias, y acaso también de todo ese mundo que, aunque creamos sin importancia, apenas si logramos comprender, a través de los sencillos ojos de la cara, que no son un mero adorno.

El documento que transcribimos es el siguiente:

“SELLO 4º // 40. MRS // AÑO DE // * 1825 * (y en el centro de la faja: HISP. ET IND. R. 1825: FERD. VII. D. G.)” (Hispaniarum et indiarum Rex. 1825. Fernando VII. Gracias a Dios).

“Digo llo Bernardo Vlanco Vecino de qer que pores ta // ovligazion meo Vligo Apagar Antonio y Manuel a // tanze de Maranchon La Cantida Mil siete Cientos re ales deu // na mula que mean Vendio y llo men tre ga do en ella ami // Sa tisfazion y Con tento y La tengo de pagar En dos plazos – // primero para La Vida desde presente año Siete Cientos // Reales y el resto para la feria de al Cala Delaño de Mil // ocho zientos y Veynteysays y Meo Vligo Con mi persona // y Vienes avidos y por aver y los demimujer para que me // A premien Con todo rigor de derecho a Esta oVligaCion // A Vonando todos los gastos qwue se originen oy dia Ven // te y Siete deotuvre de laño 1824 Siendo testigos // Los quer aVajo firmaron

Son = 1 700

Bernardo Blanco.

Erzivido de Mano de de //
Bernardo Vlanco Vezino //
de quere la Cantida de treszien //

tos y zien quenta reales U llo //
oy dia 4 de setienvre y lo firme//

Antonio frayle (rub.).

La verdad es que, por poco que sea, siempre es agradable encontrar un dato, algo, una nota, un resto, una palabra que se creía perdida.

Aquí queda, por tanto, recogido en esta breve nota, este trazo de la historia pequeña, íntima, (unamuniana intrahistoria) de Maranchón y de sus gentes.

Que sea para bien.