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ANÁLISIS COMPARATIVO DE LAS ESCALAS DE VEINTIUNA GAITAS-DE-FOLE DE PORTUGAL INTRODUCCIÓN

CARPINTERO, Pablo / OLIVEIRA, Enrique

Publicado en el año 2006 en la Revista de Folklore número 308.

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Si por gaita entendemos cualquier aerófono de forma alargada que es soplado directamente con la boca (concepción aún usada en el lenguaje popular), en la Península Ibérica gozamos de una tradición de gaitas y gaiteros que se pierde en la noche de los tiempos. De estas antiquísimas gaitas peninsulares sopladas directamente con la boca, fruto probable de las contribuciones fenicias a la cultura ibérica, descienden las gaitas de fuelle que, como su nombre indica, son gaitas a las cuales se les acopló un depósito flexible para el aire. Este depósito alivió a los antiguos gaiteros del enorme esfuerzo que implicaba soplar sin descanso en sus gaitas recurriendo a la respiración circular.

No sabemos en qué momento se incorporó el fuelle a las gaitas de la península, pero sí sabemos que el concepto de fuelle como depósito es antiquísimo. Desde tiempos remotos, el hombre conoce el uso de pieles curtidas de animales como recipiente de diferentes materias liquidas. La incorporación del fuelle a las gaitas tiene lugar seguramente en Asia Menor o en Grecia hace aproximadamente 2000 años (1). En la música de todo el mundo entonces conocido reinaban, con una gran profusión, las viejas gaitas que fundamentalmente consistieron primero en clarinetes y después en oboes, de tubos melódicos simples o dobles, de variadísimas tipologías y soplados directamente con la boca (2, 3, 4). El nuevo invento, que obviaba la costosa respiración circular, debió de haber irrumpido con un impacto enorme allá donde fue conocido. Creemos que fue la expansión del concepto de fuelle, desde oriente a occidente, lo que hizo aparecer gaitas de fuelle por toda Asia Menor, Europa y norte de África, después de añadírsele un depósito para el aire a los aerófonos soplados directamente con la boca que previamente ya existían.

Estas primeras gaitas de fuelle, que aparecieron en la Península como fruto de la conjunción de un fuelle y nuestras gaitas sopladas con la boca, son antepasadas directas de nuestras gaitas de fuelle actuales. Podemos ahora preguntarnos: ¿En qué se asemejan nuestras gaitas de fuelle actuales a sus antepasadas sin fuelle? La morfología general de nuestro instrumento es básicamente la misma que hace unos 900 ó 1.000 años: un roncón y un puntero acoplados a un fuelle insuflado a través de un soplete. Desconocemos la tipología de las gaitas de fuelle anteriores al siglo XI, si es que realmente la innovación del fuelle llegó tan temprano a la Península Ibérica como a Roma (a donde parece que llegó en torno al cambio de era). Con total certeza, la morfología del torneado exterior del roncón y soplete habrá ido mudando conforme al gusto de la época, pero este aspecto es meramente ornamental. Lo que poco debe de haber variado en los dos últimos milenios fue la morfología del puntero, puesto que todos los oboes del mundo tuvieron y tienen, durante este periodo, la misma y simple forma cónica. Podemos, entonces, hacernos dos preguntas que van más allá de la apariencia estética: ¿Habrá variado la escala de los punteros a lo largo de la historia? Y si fue así, ¿mantendrán las escalas de nuestras gaitas de fuelle vestigios de escalas primitivas? Nosotros, románticos por naturaleza, queremos creer que sí, porque nos cuesta el mismo esfuerzo que creer que no y porque esa posibilidad, y la de conocer su evolución, nos anima a investigar el interesante tema de las escalas de los punteros antiguos.

Parece claro que la música fue mudando desde un estado “natural” a aquel fabuloso sistema modal griego, pasando por los modos gregorianos, hasta llegar a la actual escala temperada. Con toda seguridad cada uno de los sistemas musicales pasados debió de dejar su huella en las actuales sucesiones de notas. Siendo así, las escalas de nuestras gaitas –de–fole pueden esconder sonidos musicales que nos llegan directamente desde remotas épocas. Desafortunadamente, no seremos nosotros quien desvelará este misterio, pues nuestros conocimientos no nos lo permiten. Sin embargo, nadie podrá jamás desvelarlo si no dejamos registradas las graduaciones de nuestras viejas gaitas de fuelle antes de que desaparezcan por completo.

De esta forma llegamos al principal motor de este trabajo: fijar por escrito, y con precisión, las escalas de nuestros viejos punteros, con la esperanza de que alguien más docto pueda, algún día, descubrir en ellas un trocito de nuestra (pre)historia.

MÉTODO

Para llevar a cabo este estudio registramos gaitas de fuelle en la Beira Litoral, región situada en la zona centro de Portugal y cuya ciudad principal es Coimbra. Hasta el momento pudimos encontrar un total de diez y nueve ejemplares con edades comprendidas entre los 40 y los 150 años, aproximadamente (5). Durante nuestras campañas de registro excluimos de entrada todos aquellos instrumentos de evidente fabricación gallega, que corresponden en su mayoría a instrumentos adquiridos en las últimas décadas en tiendas sitas en la ciudad de Coimbra. Por otra parte, escogimos gaitas de fuelle que fueron utilizadas por gaiteros “antiguos”. Algunos de estos instrumentos, cuyos tocadores ya fallecieron, se encontraban en desuso desde hacía varios años, algunos desde hacía muchas décadas. Otros instrumentos fueron también registrados, a pesar de ser de factura más reciente, pues habían sido construidos por artesanos de la zona de Coimbra. De las gaitas de fuelle registradas, las pocas que aún están en uso son tocadas por gaiteros con edades próximas a los ochenta años. Para dar un poco de perspectiva al trabajo, localizamos también dos gaitas de fuelle de Trás–os–Montes.

Sabemos que, cuando un gaitero afina su gaita, el fin que persigue es equilibrar el primer grado con el quinto para que ambos queden perfectamente afinados con el sonido del roncón (hemos observado que en esta zona, como en Trás–os–Montes, es frecuente que los gaiteros no presten demasiada atención a la afinación del octavo grado de la escala en relación a la tónica y al quinto grado).

Otra cuestión a tener en cuenta es la altura de la tónica de los punteros. Cuando un puntero es construido para tocar con la tónica afinada en una determinada altura, es posible desviar ligeramente la afinación de esta nota manteniendo al mismo tiempo el equilibrio relativo del primero, quinto y octavo grados. Con todo, si pretendemos variar la afinación de la tónica más allá del 10–15%, el puntero se desequilibrará notablemente y no será posible acordar los grados primero y quinto y, mucho menos, la octava de la tónica.

Teniendo en cuenta estas dos observaciones, la recogida de las escalas se llevó a cabo del siguiente modo: después de observar diversas pajuelas hechas por los tocadores de las zonas en cuestión, nos dotamos de una colección de pajuelas, fabricadas a imagen de las usadas por los gaiteros y con los mismos procedimientos, que abarcaran todos los tipos probables de tamaños. Una vez localizado un puntero viejo, probamos diversas pajuelas hasta encontrar una que permitiese un perfecto, o por lo menos buen equilibrio del primero, quinto y octavo grados. Si la pajuela escogida no satisfacía plenamente la exigencia de un perfecto equilibrio del primero y quinto grados, la trabajamos in situ hasta conseguir nuestro propósito. Alcanzamos un perfecto equilibrio en casi todos los casos, pues en todos los punteros estudiados, excepto en el n.º 9, el equilibrio de la tónica y de la quinta produjo espontáneamente un octavo grado bien ajustado, lo que dice lo suficiente sobre los artesanos locales.

Una vez el puntero fue equilibrado, procedimos a registrar la afinación de los diferentes grados de su escala en términos absolutos, usando para ello un grabador y un afinador electrónico (Chromatin Zeon), y empleando siempre las mismas posturas de digitación que su dueño, o en su ausencia, las posturas más frecuentes en la zona que, según pudimos ir averiguando, son siempre puramente abiertas (es decir obtenidas levantando sucesivamente los dedos para obtener los diferentes grados), siendo raros los gaiteros que emplean para el octavo grado una postura diferente de aquella en la que todos los agujeros melódicos quedan abiertos.

RESULTADOS

Presentaremos la altura sonora de un determinado grado como desviación, en tanto por ciento, del grado analizado en relación a la escala temperada (La = 440 Hz). Así, una diferencia de un tono completo correspondería a un 100% de desviación.

Con la utilización de la escala temperada como referencia no pretendemos, en modo alguno, dar la impresión de que las sucesiones de notas analizadas son desviaciones o escalas desafinadas. La realidad es justamente lo contrario: las escalas producidas por los punteros “antiguos” tienen muchas menos tensiones internas que la escala temperada, o sea, están mucho mejor afinadas y su equilibrio es mayor respecto al sonido del bordón que en la escala temperada; por lo tanto, su afinación es mucho más natural y menos forzada.

Una vez hecha esta aclaración, analicemos estas veintiuna escalas usando representaciones gráficas para hacerlas más visuales. El diagrama de cada escala contiene una línea vertical con nueve espacios, representando cada uno un grado de la escala. Inmediatamente encima del eje horizontal está el lugar de la sensible, encima el de la tónica, y así sucesivamente hasta el octavo grado de la escala que ocupa el puesto más elevado en el eje vertical. Para hacer patentes las desviaciones respecto al grado temperado, a la izquierda o a la derecha de la línea vertical, y en la posición correspondiente a cada grado, pueden aparecer cuadrados, rectángulos o no aparecer ninguna figura.

Un cuadrado representa una desviación del 10%, hacia el grave si se sitúa a la izquierda del eje central, o hacia el agudo si aparece al lado derecho.

Un rectángulo vertical representa una desviación del 5% y la ausencia de cualquier figura representa el justo tempero de ese grado respecto a la escala temperada.

La nota que aparece en la parte superior derecha de los gráficos corresponde a la tónica del puntero y se muestra acompañada de su desviación respecto a la escala temperada, también en tanto por ciento.

Las escalas marcadas con un asterisco corresponden a gaitas de fuelle probablemente con cerca de 150 años de antigüedad. Las marcadas como “TOM” pertenecen a las dos gaitas de fuelle originarias de Trás–os–Montes, cuyas edades son superiores a los 60–70 años. El resto de las gaitas de fuelle tienen edades comprendidas entre los 40 y los 90 años aproximadamente. Para proteger la identidad de sus dueños, las gaitas de fuelle se identifican únicamente por el ayuntamiento de donde era originario el gaitero que utilizaba el instrumento en cuestión.

DISCUSIÓN

A pesar de que el número de gaitas de fuelle analizado es por ahora bajo (continuaremos trabajando hasta conseguir una muestra de tamaño suficiente para que todos los resultados del estudio sean estadísticamente significativos), pudimos sacar algunas conclusiones preliminares que suponemos se aproximan bastante a la realidad y que difícilmente serán modificadas con un aumento de la muestra.

Analicemos ahora, uno por uno, los grados de las escalas y veamos que conclusiones podemos sacar.

Tónica

Resumimos los resultados del análisis de la altura absoluta de las tónicas de los veintiún punteros en una representación gráfica que se muestra en la figura 1.

Lo que primero nos llama la atención en esta distribución es que casi el 50% de las gaitas de fuelle encontradas tienen una tónica próxima al Si natural. No obstante, las dos gaitas de fuelle más antiguas que encontramos tienen un tono bastante más agudo, entre Do# y Re. Quedando pendiente encontrar un mayor número de gaitas de fuelle con más de un siglo de antigüedad, podríamos ir apuntando que las gaitas de fuelle de la Beira Litoral con edades comprendidas, aproximadamente, entre los 40 y los 90 años poseen sus tónicas afinadas principalmente en tonos graves, próximos al Si natural, mientras que las gaitas de fuelle más antiguas parece que estaban en tonos bastante más agudos (aunque esta conclusión no es estadísticamente significativa pues sólo poseemos dos ejemplares con esta edad). No nos atrevemos por ahora a apuntar una hipótesis que explique esta diferencia en las tónicas.

Sensible

Observando las desviaciones de este grado en relación a la sensible temperada (aquella que está justamente medio tono por debajo de la tónica), veremos que en todos los casos analizados, excepto en el de una de las gaitas trasmontanas (n.º 3), existe una desviación hacia el grave más o menos patente. La media de estas desviaciones es del 31%, correspondiendo la moda a un valor del 30%. Curiosamente, las dos gaitas de fuelle más antiguas presentan también desviaciones hacia el grave del 30.%

Veamos estos resultados en la representación gráfica de la figura 2.

En este gráfico se aprecia claramente una distribución centrada en el valor de 30% de desviación hacia el grave; creemos que este dato en concreto difícilmente será alterado por un aumento de la muestra. Podemos concluir, sin miedo a cometer un grave error, que la desviación de las sensibles en las gaitas de fuelle de la zona de Coimbra se sitúa en torno al 30% hacia el grave, o sea, aproximadamente un tercio de tono, dejando así de cumplir el papel de sensibles dentro de la escala y pasando a ser subtónicas.

La mayor desviación (80%) aparece en una gaita de fuelle encontrada en el ayuntamiento de Condeixa–a–Nova identificada con el n.º 17. Otras tres gaitas de fuelle (n.º 14, 15 y 16), aparecidas en este ayuntamiento, muestran desviaciones del 50%, 50% y 55% hecho que, si no indica que en esta zona se preferían escalas con la subtónica muy baja, no dejaría de ser una casualidad curiosa.

Segundo grado

En este grado encontramos once escalas con desviaciones agudas (un 52,4% del total con una media de las desviaciones del 13,6% y moda del 5%), tres temperadas (14,3% del total) y siete (33% del total) con desviaciones hacia el grave (media de estas desviaciones 20,7%, moda 5%). De las dos gaitas de fuelle trasmontanas, una está en el primer grupo y otra en el último. Lo mismo sucede con las dos gaitas de fuelle más antiguas. Veamos la representación gráfica en la figura 3.

En esta representación gráfica se aprecia claramente que, en general, el número de instrumentos decrece a medida que los valores de desviación aumentan. Este dato, junto con la presencia de segundos grados agudos, temperados y graves sugiere que estas variaciones podrían ser aleatorias.

Esta hipótesis se refuerza si tenemos en cuenta que los grados de la escala que más afectan al ambiente tonal son el tercero, quinto, sexto y séptimo, mientras que el cuarto grado y sobretodo el segundo influyen de un modo mucho menos notorio. Este efecto puede ser verificado por cualquier lector que varíe estos grados en la escala de su gaita de fuelle y compare el resultado con la variación de alguno de los otros grados. De este modo, aguardábamos a priori que las desviaciones en el segundo grado fuesen mucho más aleatorias que aquellas del cuarto grado, mientras que en el tercero, quinto, sexto y séptimo grados esperábamos encontrar tendencias marcadas de desviaciones agudas o graves.

Tercer grado

Para comprender lo que sucede con las desviaciones en este grado es necesario observar el gráfico de la figura 4.

Lo que primero salta a la vista en esta figura es la ausencia de desviaciones hacia el agudo. Excepto las gaitas de fuelle nº 3 y 21, que presentan el tercer grado perfectamente temperado y la gaita de fuelle n.º 9, que tiene un suave desviación hacia el agudo del 5%, el resto de los instrumentos analizados presenta una clarísima tendencia a tener este grado grave, lo que no es de extrañar toda vez que esta característica aparece en todos los instrumentos antiguos. Con todo, mirando el gráfico de la figura 4, podemos intuir dos distribuciones perfectamente distintas: una centrada en el valor del 10% y otra entre los valores del 40–45%. En esta última se sitúan, curiosamente, los dos instrumentos más antiguos, una de las gaitas de fuelle trasmontanas (con más de 60–70 años de antigüedad) y una de las pocas gaitas de fuelle afinadas en Do que encontramos en la Beira Litoral. Bajo nuestro punto de vista, esto parece indicar que cuanto más antigua es una gaita de fuelle, más grave es su tercer grado.

En todo caso, podemos concluir con plena certeza que las gaitas de fuelle de la Beira Litoral tienen un tercer grado bajo, siendo la media de su desviación 17,2% y la moda 10%. En las gaitas de fuelle más antiguas, la media de desviación hacia el grave es del 42,5%, mientras que en las más modernas (con 40–60 años de antigüedad) es del 12,5% (moda 10%), apareciendo así una tendencia hacia el temperamento de las escalas en las gaitas más modernas.

Las grandes desviaciones hacia el grave encontradas en las gaitas de fuelle más antiguas de la Beira Litoral, producen un ambiente tonal próximo al menor, característica propia de las gaitas trasmontanas, sanabresas y gallegas más antiguas, con quien seguramente comparten un antepasado común.

Cuarto grado

A pesar de que a priori consideramos que el cuarto grado no tenía demasiada influencia en la determinación del ambiente tonal o modal de las escalas, los datos encontrados apuntan, sin margen para la duda, en una dirección muy diferente.

Veamos las desviaciones en el gráfico de la figura 5. Lo que primero nos llama la atención en esta representación gráfica es que las dos gaitas de fuelle encontradas en Trás–os–Montes son las únicas que presentan este grado grave, en concreto un 10% y un 20%. El resto de las gaitas de fuelle muestran desviaciones hacia el agudo, siendo la media de estas desviaciones un 15,6% (moda 10%). Precisaríamos de más datos referentes a las gaitas trasmontanas para asegurar con fiabilidad que la gravedad de sus cuartos grados es una característica que diferencia a estos instrumentos de otros. Por otro lado, lo que sí podemos asegurar es que en las gaitas de la Beira Litoral hay una clara tendencia a que este grado sea agudo respecto a la escala temperada, aunque esta desviación no sea excesiva.

Sexto grado

Tenemos dos gaitas de fuelle (9,5%) con desviaciones hacia el agudo en este grado (una de las más antiguas está en este grupo), cuatro temperadas (19%) (entre ellas una de las gaitas de fuelle más antiguas) y quince instrumentos (71,4% del total) que presentan diferentes amplitudes en sus desviaciones hacia el grave (casi todas comprendidas entre el 5 y el 15%). Observando la distribución de las desviaciones en el sexto grado en relación a la escala temperada (fig. 6) podemos imaginar una curva de Gauss (que tiene la forma aproximada del contorno de una campana) centrada en este grado temperado o con una pequeña desviación al grave. Podemos concluir pues que los sextos grados presentan una ligera tendencia a ser graves, aunque esta desviación es de poca amplitud (recordemos que la moda corresponde a una desviación del 5% y que entre las gaitas de fuelle con escalas temperadas y aquellas que presentan desviaciones menores o iguales al 15% encontramos el 76% de las gaitas de fuelle estudiadas).

Séptimo grado

Encontramos aquí otro caso muy curioso. Ya hemos dicho que este grado, junto con el sexto y el tercero, tienen una importancia capital en la determinación del “color” de la escala, pues variaciones sutiles en ellos producen escalas con personalidades extremamente diferentes.

Observando el gráfico de la figura 7, de inmediato deducimos la existencia de, por lo menos, dos distribuciones distintas. Las dos gaitas de fuelle de Trás–os–Montes presentan el séptimo grado muy grave (40% e 35%) estando acompañadas por otras tres gaitas de fuelle en esta parte de la distribución. Entre los restantes instrumentos, encontramos catorce gaitas de fuelle con séptimos grados ligeramente no temperados y, por fin, tenemos una de las gaitas de fuelle más antiguas que muestra un séptimo grado con una desviación hacia el agudo del 50%. Infelizmente, carecemos de más instrumentos con más de un siglo de antigüedad para poder confirmar la existencia de este tercer grupo de escalas con el séptimo grado tan agudo. No obstante, lo que está claro es que los dos instrumentos trasmontanos, junto con algunos de la Beira Litoral, forman un grupo aparte que podremos caracterizar con mayor precisión cuando aumentemos sensiblemente el tamaño de la muestra.

CONCLUSIONES

Para que estas conclusiones preliminares puedan ser validadas o desmentidas es necesario proseguir con la investigación; debemos conseguir un número de gaitas de fuelle como mínimo tres veces superior al que aquí presentamos. Aún así, y como ya dejamos dicho, algunas de estas conclusiones son estadísticamente significativas, mientras que otras, las que marcaremos con un asterisco, necesitan ser comprobadas mediante un aumento de la muestra.

Así pues, las gaitas de la Beira Litoral presentan:

1. Para gaitas de fuelle con edades comprendidas entre los 40 y los 70 años de edad:

– Sensibles bajas un 30% aproximadamente;

– Una distribución de las tónicas en torno al Si natural, aunque aparecen también algunos tonos más graves y más agudos*;

– El tercer grado con una desviación hacia el grave en torno al 10%;

– Cuartos grados con tendencia a ser agudos (en torno al 10%);

– Sexto grado aproximadamente temperado;

– Séptimo grado próximo al temperado aunque tal vez con una cierta tendencia a la gravedad*.

2. Para gaitas de fuelle con más de un siglo de antigüedad:

– Tónicas agudas próximas a Do# – Re*;

– Terceros grados muy bajos (40–45%) *;

– Cuartos grados con tendencia a ser agudos (en torno al 10% de desviación)*;

– Sextos grados aproximadamente temperados*.

Para terminar, sólo unas breves notas sobre algunos aspectos interesantes de estas gaitas de fuelle y sus gaiteros.

Sobre la tipología de los instrumentos estudiados diremos que ni una sola de estas gaitas–de–fole presenta más tubos que ronco (roncão, ronca o ronco), puntero (ponteiro o ponteira) y soplete (soprete), siendo esta observación absolutamente válida para todo Portugal, pues las pocas gaitas con ronqueta (bordoncillo que emite la tónica en la octava superior al ronco) que pudimos encontrar fueron directamente importadas de fabricantes gallegos.

Los torneados de las piezas presentan por veces dibujos muy característicos y diferentes de los gallegos, asturianos y sanabreses aunque, como no podía ser de otra forma, sigan el mismo patrón general. Dejaremos el estudio morfológico para un próximo artículo pero podemos adelantar que, sin duda, existió una escuela de artesanos en la Beira Litoral y que sus gaitas de fuelle no fueron importadas del extranjero. Como muestra de estas aseveraciones pueden observar, en las figuras 8–14, una gaita de fuelle de esta zona con una antigüedad estimada superior a los 150 años, cuya escala está representada en el gráfico n.º 19. Este instrumento perteneció a Manuel Gonçalves padre y Manuel Gonçalves hijo, ambos gaiteros nacidos en el siglo XIX.

En cuanto al repertorio interpretado por los gaiteros de la Beira Litoral, debemos destacar el Passo–dobrado, tipo melódico perteneciente a la familia de la pirusalda gallega, xiringüellu asturiano, porrutsalda vasca y porrusalda leonesa, y que comparte con ellas un característico fragmento de melodía que también se conserva en algunas alboradas sanabresas. A parte de este tipo de melodía absolutamente característico de la zona de Coimbra, encontramos en el repertorio de los gaiteros: alvoradas, viras, fados, corridinhos, valsas, marchas, tangos, foxes, etc.

Y ya para finalizar, sólo añadir que las gaitas de fuelle de esta zona aparecen normalmente acompañadas por un gran tambor y un bombo, actualmente de cuerpos metálicos, aunque en las fotografías de principios del siglo XX, que presentamos en la fig. 15, son de madera. Los parches son mantenidos en tensión mediante cuerdas unidas por pares, bien mediante nudos, bien por piezas triangulares de cuero.

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NOTAS

(1) SACHS, Curt: Historia Universal de los Instrumentos Musicales, Ed. Centurión, Buenos Aires, 1947.

(2) SACHS, Curt: Op. cit.

(3) SCHAEFFNER, André: Origine des instruments de musique, Éditions de l’école des hautes études en sciences sociales, París, 1994.

(4) GALPIN, F. W.: The music of the sumerians and their immediate successors the Babylonians and Assyrians, Cambridge, 1937.

(5) Más específicamente, las gaitas que registramos son instrumentos que sabemos cuentan siempre con más de 40 años hasta otras que estimamos, por lo datos ofrecidos por los informantes, podrían tener más de 150 años de edad.

AGRADECIMIENTOS

Es indispensable agradecer a Henrique Oliveira los esfuerzos personales realizados para conservar la tradición gaitística de su país. Mi agradecimiento también para Iván Area y Alberto Jambrina por la amable crítica de este trabajo y por sus acertadas sugestiones.