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Editorial

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 2006 en la Revista de Folklore número 309.

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Quien vive en una casa construida con adobes de barro y paja, habla y no para de las virtudes aislantes de sus paredes y del fresco que proporcionan en verano y del templado cobijo que procuran en los meses del invierno…Pero si hay que construir una casa nueva la hace de bloques o de ladrillo hueco. Probablemente falla algo en el proceso de comunicación de conocimientos que desvirtúa su funcionamiento y pone en entredicho su funcionalidad. No se trata ya de la credibilidad que pueda tener para la sociedad el contenido de los conocimientos que se transmiten sino que para el propio transmisor el tiempo o el espacio en los que trata de comunicar le producen una especie de vértigo. Por poner un ejemplo de esa sensación relacionada con un tipo de texto oral impreso: parece que últimamente los relatos cuentísticos están de moda sostenidos y difundidos por numerosos cuentacuentos. No constituye una sorpresa, porque la palabra “relatar”, además de manifestar la voluntad o el deseo de mostrar algo, lleva implícito también el significado de “preferir”. Es decir que la persona que narra, sea oralmente sea por escrito, quiere mostrar sus preferencias, esto es, parte de su mentalidad y por tanto parte de su patrimonio cultural también. Es probable que los relatos nunca hayan pasado de moda y estén presentes, de un modo o de otro, en todas las épocas y en todas las generaciones. Pero hoy la cultura está desvinculada de la propia vida y por tanto alejada del sistema de creencias que, por convicción o por necesidad, sostenía el arco de la tradición vinculando al pasado con el presente y el futuro. Se nota demasiado que quien narra hoy no ha vivido lo que cuenta; ni mental ni físicamente. La mayoría de los narradores orales –y por qué no decirlo, de los cantantes– no se ha preparado para su oficio. La espontaneidad está reñida con la naturalidad (esa facultad que se deriva del conocimiento intuitivo y del uso correcto de algo) y además produce unos resultados radicalmente distintos. La necesidad de la casa como refugio de los saberes humanos sigue manteniéndose y es pertinente asimismo su uso como almacén y como expositor de hechos que afectan al individuo, pero muy probablemente la mentalidad y la estética de hoy no aceptan consejos o experiencias del pasado.