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EL FOLKLORE RELACIONADO CON LA BASÍLICA PALEOCRISTIANA DE MARIALBA DE LA RIBERA (LEÓN)

BARTOLOME PEREZ, Nicolás

Publicado en el año 2006 en la Revista de Folklore número 310.

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Es bien conocida la importancia histórica y artística de la basílica paleocristiana del siglo IV que se halla en las eras de la aldea de Marialba de la Ribera, a pocos kilómetros al sur de la ciudad de León, por lo que no es necesario entrar en detalles. De entre los estudios de diversa índole dedicados a tan venerables ruinas interesa destacar el trabajo de Antonio Viñayo (1970) donde se recurre al folklore de la zona para ampliar las posibilidades de investigación sobre los orígenes del templo y el por qué de su erección. En su ejemplar y erudito estudio este autor descartó la posibilidad de que en Marialba fueran enterrados San Marcelo y sus doce hijos, teoría que podría sostenerse por la circunstancia de que en el ábside del templo hay trece tumbas de las que una es un poco mayor que las demás; sin embargo, la agrupación de doce mártires alrededor de San Marcelo no está documentada hasta el siglo XIII, por lo que es imposible que las trece tumbas sean las del mártir cristiano y su familia. Viñayo recogió en Marialba una curiosa leyenda que narra cómo en las ruinas de la basílica hay una gallina con doce polluelos, todos ellos de oro, que todas las noches bajan a beber al río Bernesga para regresar después al templo, y relaciona esta narración legendaria con las trece tumbas del ábside.

El objeto de este trabajo es añadir nuevas reflexiones y datos a los aportados por Antonio Viñayo, esencialmente folklóricos, que podrían corroborar la interpretación de este autor de Marialba y su entorno más cercano como un lugar de culto pagano posteriormente cristianizado.

1.– EL CULTO A LAS AGUAS EN LA ZONA: DATOS FOLKLÓRICOS, TOPONÍMICOS Y HAGIOGRÁFICOS

1.1 Las fuentes en el entorno de Marialba

Un hecho a destacar de la zona donde se localiza la aldea de Marialba es el de la abundancia de pozos y manantiales que se da en el lugar, o más bien que se daba, circunstancia favorecida por la cercanía del río Bernesga y por el tipo de suelo de la zona que favorece la filtración del agua formándose acuíferos subterráneos que en ese lugar en concreto se hallan muy cerca de la superficie, hasta el punto de que antiguamente resultaba complicado excavar para hacer bodegas o sótanos pues al intentarlo el agua surgía rápidamente. A lo apuntado hay que reseñar que el agua de Marialba tenía fama de ser muy buena como refleja un refrán popular recogido en la comarca: “Pa pozos Marialba y pa bodegas Alija”, en referencia a la calidad del agua de Marialba y a la del vino del lugar vecino de Alija de la Ribera, donde hubo antaño barcillares (viñedos) y bodegas. La bondad del agua de la localidad también fue comentada en el famoso Diccionario de Madoz, de mediados del siglo XIX en la entrada correspondiente a esa aldea. Pero el agua de Marialba no sólo es buena para beber sino que en el pasado también se le atribuyeron virtudes salutíferas, pues muy cerca del pueblo, en dirección sur y casi en la muria (límite) con Alija, había una fuente, actualmente seca como tantas otras del lugar, conocida como la Fuente la Legaña, cuyas aguas eran templadas y a la que se le atribuían propiedades curativas para los ojos. Son muchas las supersticiones y tradiciones que subsisten alrededor de las fuentes leonesas, restos del antiguo culto del que fueron objeto en épocas pretéritas como lo demuestran las inscripciones romanas halladas en lo que hoy es León dedicadas a las ninfas en general, o a las Nymphis Fontis Ameucni o al Fonti Saginees Genio en particular, y que indican la importancia espiritual y religiosa de las fuentes en la época romana continuación tal vez de un culto indígena anterior (Rua Aller & Rubio Gago, 1990, pp. 38–46; López Cuevillas, 2002 [1935]).

Por otro lado, si analizamos el entorno geográfico más inmediato de otras iglesias de la Península Ibérica construidas en las épocas tardorromana y visigoda, comprobamos como en un buen número de casos se constata que éstas fueron edificadas cerca de fuentes y de cursos de agua, lo que parece sugerir la cristianización de entornos sagrados paganos vinculados al agua. Así, tenemos los casos de Santa Eulalia de Bóveda, San Juan de Baños, Santa Comba de Bande o la cripta de San Antolín en Palencia (Collins, 1999, pp. 241–243). A este conjunto podríamos sumar sin dificultad el caso de la iglesia de Marialba por lo ya expuesto más arriba

1.2 El topónimo Marialba

La primera referencia en la que se consigna la existencia de la aldea de Marialba de la Ribera es en un documento del año 909, y curiosamente el nombre aparece con la misma forma que conserva actualmente la localidad: Marialba (García Martínez, 1990, p. 85; García Martínez, 1992, p. 51). Cabe la posibilidad de que el primer elemento del topónimo sea producto del culto a la Virgen María, presunción apoyada por la circunstancia de que en el Becerro de Presentaciones, parroquial leonés del siglo XV copia de un documento del XIII, en el que se señalan los santos titulares de las iglesias pertenecientes a la diócesis de León, y donde se recoge que en Marialba era venerada Sancta María (Fernández Flórez, 1984, p. 426), lo que demuestra que hasta el siglo XV existió en ese lugar un culto mariano que no llegó hasta nuestros días. Sin embargo, dicho culto, de haberse verificado, debió de darse en la iglesia parroquial de la localidad, y no en la basílica tardorromana, pues en la Alta Edad Media ésta ya debía de estar arruinada como parece deducirse de la circunstancia de que la zona donde se alzó la basílica se convirtió en un cementerio, con las tumbas ocupando tanto el interior como el exterior de las, ya en esa época, ruinas. Aunque también cabría la posibilidad, entrando ya en el terreno de la pura especulación, de que este culto mariano en la nueva iglesia continuara el iniciado en la vieja basílica. Por otro lado, Valbuena González (2005, pp. 53 y 58) señala que el antiguo templo de Marialba pudo haber estado en uso como iglesia parroquial del lugar hasta el siglo XVI, y bajo la advocación de Santa María, época en la que, de acuerdo con la tesis que sostiene en su estudio al que nos remitimos, se pudo cubrir la iglesia con una gruesa capa de tierra para impedir la búsqueda de reliquias. Esto podría explicar, por ejemplo, que en el lugar se mantuviera en el siglo XIX el recuerdo de que bajo el altozano ubicado en las eras había una iglesia vieja, y que, consecuentemente, era llamado el Cerro de la Iglesia Vieja, en oposición, claro está, a la iglesia nueva bajo la titularidad de San Juan Bautista, que es la actual. No hay constancia de cuándo pudo comenzar o cobrar protagonismo el culto a este santo en el lugar, en todo caso creo que debe ser anterior al siglo XVI, como se verá más adelante.

Otros documentos leoneses parecen indicar que ese posible culto mariano ya se daba siglos atrás si nos atenemos a las denominaciones que se registran de la aldea: Sancta María Alva (año 943), Domun Sanctae Mariae Alvae (año 1006), Sancta Maria de Alva (año 1095). Precisamente la importancia del culto a la Virgen María cobra protagonismo siglos después de los inicios de esta fe, y no llega a Hispania con fuerza hasta la sexta centuria. En muchos lugares, y por supuesto en la Península Ibérica, la veneración a la Virgen se superpuso y absorbió anteriores creencias alrededor de divinidades femeninas que eran adoradas en sitios muy concretos y significativos como fuentes, árboles, peñas, montes, lagos, cuevas, etc., y donde después se construyeron iglesias, ermitas y santuarios dedicados a esta figura central del cristianismo popular.

Por otra parte, el primer elemento del topónimo quizá habría que relacionarlo con la raíz hidronímica *mar– (García González, 1990, p. 85; García González, 1992, p. 51), razonamiento avalado en la ya mencionada abundancia de manantiales en la zona y por la proximidad del río Bernesga. En Asturias encontramos fuentes y pequeños cursos de agua con designaciones tales como Mariblanca (Oviedo), Mariyana (Las Requeras), Marichouzas (Grado), Maribuena (Tineo), y cuyo primer elemento Mari, podría hacer alusión al nacimiento del agua corroborando así la idea apuntada de que estamos ante un hidrónimo (González, 1957, pp. 67–68; González, 1965, p. 7).

El segundo elemento del topónimo hay que derivarlo de la raíz indoeuropea *albh–, blanco, que se aplicó a los ríos por mor del color claro que casi siempre tiene el agua (Miranda, 1985, pp. 246–249; García González, 1990, pp. 85–86; García González, 1992, p. 51; Monteagudo García, 1999, p. 259). Estamos pues ante un probable hidrónimo de orígenes muy antiguos. En el caso de Marialba hay que descartar la posibilidad de un orónimo latino, que sería otra posible vía de interpretación del nombre, ya que la aldea de Marialba se asienta en una zona totalmente plana ubicada entre el río Bernesga y el cueto Taldabura, sobre un terreno abundante en acuíferos como se describió anteriormente.

Para Valbuena González (2005, pp. 51–53) el primer elemento del topónimo procedería del latín marginem, basándose en la documentación medieval de la zona donde hay referencias a la voz marine o marin para designar el terreno más próximo a la orilla o borde del río, en concreto los antiguos meandros situados entre Marialba y Alija. Sin embargo, tal propuesta es cuestionable ya que la franja contigua al río que se extiende entre las localidades antedichas se denomina aún hoy La Marga o La Barga cuya etimología hay que buscarla en la voz latina marginem, teniendo en cuenta que la confusión entre las labiales sonoras m y b es muy frecuente, y la ultracorrección –e> –a (García Arias, 2000, pp. 110–111). Además la localidad de Marialba no se encuentra situada estrictamente en la orilla del río sino que se ubica en lo alto de un desnivel de varios metros cuya zona baja se corresponde con terreno aluvial, y a continuación el río. Por otro lado, Valbuena defiende que el nombre antiguo del Bernesga pudo ser Alba, lo que explicaría el segundo elemento del nombre del pueblo que en un principio designaría todo el territorio comprendido entre Castrillo de la Ribera y Alija de la Ribera.

En definitiva, y como hipótesis más plausible, el topónimo Marialba es un hidrónimo doble formado por dos raíces prerromanas correspondientes a dos épocas distintas y a diferentes capas de población (García González, 1990). Si este planteamiento fuera correcto estaríamos ante un nombre de lugar de origen prerromano en una zona leonesa donde la práctica totalidad de la toponimia mayor y menor es de origen latino, romance y, en menor proporción, mozárabe. Pero no hay que olvidar que tanto en las designaciones de la aldea reflejadas en la documentación medieval, como la evidencia del Becerro de Presentaciones parecen indicar una advocación local de la Virgen María que pudo ser el resultado de la cristianización de un culto pagano anterior como señala Francisco Javier García Martínez, o, al menos, una reinterpretación culta del topónimo relacionándolo con la Virgen María (Valbuena González, 2005, p. 52), aunque en este caso la forma popular acabaría por imponerse.

1.3 El culto a San Juliano en el vecino pueblo de Alija de la Ribera

En Alija de la Ribera, el pueblo vecino de Marialba por el sur del que dista poco más de kilómetro y medio, el santo titular de la iglesia es San Juliano, patrono del pueblo y cuya fiesta aún se conmemora el 7 de enero. En un antiguo ramo que se cantaba en esa localidad se recordaban detalles de su vida y de la de su esposa Basilisa. Pues bien, de los mártires paleo–cristianos de nombre Juliano hay que destacar dos: Juliano de Anazarbus, y el Juliano apodado el Hospitalario cuyas hagiografías describen como esposo de Basilisa, ambos obtuvieron un culto precoz que alcanzó una amplia difusión. El culto a San Juliano de Anazarbus o de Antioquia, muerto en el año 304 durante las persecuciones decretadas por Diocleciano, alcanzó gran fama desde el último cuarto del siglo V gracias a una conocida homilía de Juan Crisóstomo (349–407), patriarca de Constantinopla. El martirio de este Juliano consistió en ser tirado al mar en un saco lleno de serpientes y escorpiones con el fin de que renegara de su fe, de ahí que en los primeros tiempos del cristianismo se convirtiera en el patrón de los barqueros de los vados, función que fue posteriormente asumida por San Julián el Hospitalario, santo cuyas atribuciones acabaron por confundirse con el anterior en muchos lugares. En este tramo del río Bernesga existía un vado precisamente en Alija, y hasta los años sesenta del pasado siglo la forma de pasar el río era a través de una barca con su barquero, que cobraba sólo a los forasteros ya que los vecinos del lugar no abonaban tal servicio. Los animales, especialmente vacas y caballerías, pasaban el río nadando aprovechando para ello el vado. En esa década se construyó el actual puente justo en el referido tramo. Parece posible pues que en ese lugar pudiera haberse dado una cristianización por sincretismo del antiguo vado, sobre todo si tenemos en cuenta que la iglesia de Alija se halla a escasos metros de la zona por donde antiguamente se vadeaba el río. La asociación obvia del culto de Juliano de Anazarbus/San Julián el Hospitalario (santos que la memoria popular acabó confundiendo) a un contexto de sacrificios acuáticos lo hizo propicio para sustituir un culto precristiano vinculado a las aguas, a través de la sustitución del culto a una divinidad acuática anterior por la celebración del martirio marítimo de Juliano (Fraga de Silva, 2005). Asimismo, en el decimonónico Diccionario de Madoz se consigna la existencia de otro vado con la presencia de una barca en Castrillo de la Ribera, la localidad vecina de Marialba por el norte, de la que dista unos 800 metros.

La vinculación del culto a San Juliano con el vado de un río y a una iglesia cristiana primitiva también la encontramos en el templo visigodo de San Pedro de la Nave, situado originalmente a unos 25 kilómetros al norte de la ciudad de Zamora antes de su traslado a su actual emplazamiento debido a la construcción de un embalse en los años treinta del siglo XX. Esta iglesia se ubicaba en la ribera izquierda del río Esla, en una zona donde existía un vado utilizado por peregrinos, que cruzaban en una barca siguiendo una antigua vía de peregrinación a Santiago de Compostela que conectaba Zamora y Chaves (Cortés Vázquez, 1951). En la leyenda asociada a San Pedro de la Nave, San Juliano y su esposa Basilisa son los barqueros que transportan a los peregrinos de una a otra orilla del río.

Esta antigua asociación de San Juliano con un vado se repite asimismo en el Algarve portugués, donde en la localidad de Tavira encontramos un río, o más bien estuario como advierte Fraga de Silva, que recibe diversas denominaciones dependiendo del tramo, así Séqua, Asseca o Gilão. En concreto el nombre Gilão, de origen tardorromano o mozárabe, se aplica al tramo final del río, cuya etimología hay que buscarla en la arabización de un topónimo mozárabe *Gilano, evolución del latín *Sancti Iuliani (San Juliano), nombre, que de acuerdo con el referenciado investigador portugués, se relacionó primitivamente al vado y, posteriormente, a un poblado y al tramo final del río, de donde surge en portugués la forma Gilão. Por otro lado, la forma Sequa que se da también al río deriva de la voz *SEQUA, probablemente el nombre primitivo del río antes de su cristianización parcial. Es curioso constatar cómo la cristianización del nombre del río bajo la advocación de San Juliano sólo afectó a la zona del vado.

La basílica de Marialba de la Ribera, edificada entre dos antiguos vados del río Bernesga, uno de ellos asociado al culto paleocristiano a San Juliano, la iglesia visigoda de San Pedro de la Nave con una leyenda también relacionada con el mismo santo, o el antiguo vado de Gilão, en el río Séqua del Algarve portugués, coinciden en la circunstancia de ser territorios cristianizados por sincretismo donde se habrían dado cultos precristianos asociados a la presencia de un manantial y de rituales relacionados con el paso de un río. La dedicación de iglesias o topónimos que nos remiten a los primeros tiempos del cristianismo en la península sugieren la apropiación de lugares sagrados preexistentes.

Asimismo, la titulación del actual templo parroquial de Marialba de San Juan Bautista, otro santo muy relacionado con el agua y más en concreto con los poderes salvíficos del agua, ya que el culto a este santo unido a los baptisterios como el que se localiza adosado a las ruinas del lugar en forma de piscina bautismal datada en el siglo VII, se impuso en los lugares de culto a Mercurio (Viñayo, 1970, p. 568; Rollán Ortiz, 1990, p. 137), lo que parece indicar un culto temprano a esta figura.

2.– LEYENDAS Y ARQUEOLOGÍA EN MARIALBA

2.1 La cristianización de Marialba

Un detalle que ha pasado desapercibido en las investigaciones arqueológicas relacionadas con Marialba, quizá por su falta de relevancia, es el hallazgo en las ruinas de una pieza pétrea muy singular que fue descubierta por los arqueólogos leoneses José María Luengo y Julián Sanz Martínez; se trata de una piedra de forma triangular y hechura tosca, que tiene todos los ángulos curvos, midiendo 65 milímetros de base y 55 milímetros cada uno de sus lados (Luengo, 1980). Luengo relacionó este pequeño idolillo con otra piedra de pizarra hallada en el cercano castro de Lancia, y emparentó estas dos piezas con otras similares gallegas del período castreño. Para este investigador estaríamos ante ídolos que representarían esquematizaciones de la Diosa–Madre. Grabados, dibujos o ídolos triangulares semejantes, que simbolizan el pubis femenino fuente de vida, se documentan desde el Neolítico y se conocen por toda Europa, Oriente Próximo, norte de África, y las Islas Canarias, (Caridad Arias, 1995, pp. 71, 72, 78, 141; Gimbutas, 2001).

La circunstancia de encontrar este ídolo en los restos de la basílica leonesa es un dato de gran interés ya que pudo ser que los constructores del templo colocaran deliberadamente allí la figura que representaría esquemáticamente a una deidad femenina para contribuir a la sustitución del culto pagano por el cristiano, o bien el ídolo, olvidado ya su significado inicial (hipótesis más probable), fue encontrado casualmente en esa zona e incorporado como un elemento más de la construcción. Desde luego éste no sería el primer caso documentado de un ídolo prehistórico o protohistórico encontrado en las cercanías de una antigua iglesia cristiana o incluso formando parte de la misma. Así, tenemos en León el conocido como ídolo de Rodicol, también de piedra y datado, sin total certeza, en la Edad del Bronce, que fue localizado en 1955 en esa localidad omañesa en un terreno situado a unos 150 metros de la ermita de Nuestra Señora de la Seita. Y también tenemos el caso, aún más interesante para nuestro análisis, del llamado grabado antropomorfo de Veranes, de posible origen prehistórico de acuerdo con su descubridor, que se localizó en un lateral de la puerta destinada a la sacristía de la iglesia parroquial de Cenero (concejo de Gijón, Asturias), aunque su procedencia original, después de diversas vicisitudes, estaba en la jamba derecha de la iglesia de Santa María de Veranes, en ruinas, también conocida como San Pedro de Veranes, o el Torrexón de San Pedro de Veranes, iglesia paleocristiana de tipo basilical de posible origen tardorromano que formaba parte de una villa romana, y que los estudiosos del arte relacionan de forma directa con la iglesia de Marialba, (Bouza Brey, 1955).

Desde luego es muy curioso que a los numerosos paralelismos que se evidencian entre los sitios arqueológicos de Marialba y Veranes (Rollán Ortiz, 1990, pp. 147–148), se sume también la circunstancia de haber aparecido en ambos lugares ídolos presuntamente prehistóricos.

2.2 La leyenda de la gallina y los doce polluelos de oro

En Marialba y en los pueblos vecinos existe una tradición que cuenta cómo en las ruinas del templo hay una mítica gallina y los polluelos de oro:

“(…) en las ruinas de la iglesia vieja de Marialba tenía su gallinero una gallina y sus doce pollitos, todos de oro que, diariamente, salían a beber al vecino río Bernesga” (Viñayo, 1971, p. 553).

Otra variante del relato afirma que en los restos de la basílica hay enterrada una gallina y doce huevos de oro, que posiblemente sea una degradación del mito original a favor de la fábula más universal de la gallina de los huevos de oro.

“Aquí en el monasterio que está ahí [en referencia a las ruinas de Marialba], que han estao escavando, hay una gallina, la gallina de los huevos de oro. Dicen que está ahí también enterrada. No ha aparecido y si apareció alguno la amarró y se largó”. (Información oral de Cecilio Pérez Álvarez, 15 de agosto de 1995).

En León la leyenda de la gallina y los polluelos de oro se relaciona con ruinas y castros (Luengo, 1950, p. 13), pero también con fuentes (Puerto, 2006, pp. 74 y 75). En Asturias esta creencia aparece vinculada a les xanes y a las fuentes, son las famosas pites de les xanes (González, 1957; Suárez López, 2001, números 77 a 100). En la leyenda de Marialba el elemento acuático también está presente si se tiene en cuenta que la tradición afirma que todas las noches la gallina y sus polluelos bajan a beber al río Bernesga para regresar a continuación hasta las ruinas del antiguo martyrium donde tienen su morada las fabulosas aves.

Creo que la circunstancia de que el número de tumbas del ábside del templo leonés sean trece, y que en la leyenda sobre la gallina y los doce pollitos se cuenten trece aves se debe a una simple coincidencia, curiosa, pero coincidencia al fin y al cabo, ya que las leyendas referidas a este mito el número nunca es constante, aunque en numerosas narraciones populares los pollitos son doce, como en la tradición vinculada a Marialba. Así, en Abades (Segovia) hay una Cruz de la Virgen, hecha de hierro sobre una peana de piedra, y bajo ella se esconde una gallina con doce pollos de oro (Puerto, 2006, p. 65).

Esta enigmática tradición de la gallina y los polluelos constituye para Aparicio Casado (1999, pp. 366–368), en el contexto de la cultura popular gallega donde tiene gran arraigo, un viejo mitologema con significación astral, derivando, en época reciente, hacia el significado de una quimera. Por otro lado, este autor constata que el mito se halla especialmente vinculado con las fuentes, lo que también ratifica el catedrático y etnógrafo gallego Fernando Alonso Romero (2002) en su imprescindible estudio sobre este tema donde reitera la notable relación de esta creencia con las aguas.

2.3.– La leyenda de los tejeros asturianos

Otra narración legendaria posiblemente vinculada con los restos arqueológicos de Marialba señala que en la muria entre Marialba y Castrillo de la Ribera, el pueblo vecino por el norte, y donde existe un paraje situado a la izquierda de la carretera en dirección a León conocido como La Tejera que dista unos quinientos metros de las ruinas de la basílica, había una bolera de oro:

“Aquí antes los de Asturias los meses de verano pues venían, los asturianos que hacían la teja, trabajaban esos meses como rayos. En mi vida vi gente trabajar al barro, a pisarlo y venga p’allá y p’acá.

No trabajaban más que los meses de verano, después eso ya no se podía hacer, no es como ahora que ya tienen naves y hornos, entonces secaban la teja a la intemperie, al sol. Había veces que lo hacían todo y venía una nubada y lo echaba a perder todo.

Y entonces el tío Aquilino aquí, compró eso –o era de ellos, era de esa familia todo eso–, y ahí trajo unos tejeros, y dice:

–Aquí se puede hacer una tejera –había un barro en Las Arribas–.

Y venga a picar. Y dormían en casa de él –yo creo– los tejeros. Eran obreros de él todos, les pagaba su jornal y fuera.

Y en una noche desaparecieron de ahí y no vinieron ni a cobrar. No supo más de ellos y se sospecha eso, que encontraron la bolera de oro allí enterrada”. (Información oral de Cecilio Pérez Álvarez, 20 de febrero de 1998).

La historia, que fue contada como anécdota real empleando un recurso muy frecuente en los narradores de cuentos tradicionales, es muy semejante a tantas otras que se conocen por León y por Asturias, repitiendo siempre el mismo esquema donde aparecen todos o la mayor parte de los siguientes motivos folklóricos: trabajadores forasteros (en ocasiones tejeros asturianos), que supuestamente descubren en una zona concreta (a veces en un lugar llamado La Tejera) un tesoro (en ocasiones una bolera de oro), y que desaparecen repentinamente sin esperar a cobrar su salario (Suárez López, 2001, números 250, 272 a 275 y 279). Valga como inmejorable ejemplo de que estamos ante una indudable leyenda la comparación con la siguiente narración mierense:

“Na Teyerona, utru sitiu de la misma Braña L’Oro, había una teyera qu’atendín tamargos de Llanes, y estos de la nuichi a la mañana, esfumáronse toos dexando preseos y muncha teya fecho. Díxose que toparen un tesoro. N´otra finca a la par de La Braña L’Oro, La Fesnosa, dicín que había un xiugu de bolos y boles d´oro” (Fernández Gutiérrez, 1988, p. 410).

En el caso de Marialba mi informante ratificó que los hechos narrados no eran una fabulación, añadiendo el dato de la mala calidad de las tejas que se hacían con el barro extraído de la La Tejera. Sin duda la tradición sobre la bolera de oro parece indicar un lugar de interés arqueológico al lado de las ruinas de Marialba. Por otro lado, en la gente de la comarca al excavar o labrar las tierras situadas entre la basílica y La Tejera encontraba antaño con frecuencia cenizales y piedras que parecían pertenecer a construcciones antiguas. Dejando aparte la leyenda referida, el topónimo La Tejera tiene interés en sí ya que puede hacer referencia a que en ese sitio abundaran tanto tegulas como otros restos de construcciones arruinadas procedentes de algún antiguo asentamiento. Hay que recordar que la villa romana más conocida de León se encuentra en el pueblo de Navatejera, topónimo cuyo segundo elemento puede deberse a la existencia de restos procedentes de la antigua villa romana que se localiza en ese término (García Martínez, 1992, p. 248).

2.4 La legendaria ciudad de Villalba

Otra noticia legendaria ligada a la zona es la que cuenta que en Marialba, o en sus cercanías, existió o fue antiguamente una ciudad llamada Villalba.

“Marialba fue mucho más rica que Alija. Esto no esistía en el mapa y esistía Marialba, prueba de ello que nos metieron las murias ahí pegando. La ciudá de Villalba esistió ahí, no sé si será verdá eso”. (Información oral de Cecilio Pérez Álvarez, 15 de agosto de 1996).

Como se ve, en Alija de la Ribera se explica cómo el término de Marialba es grande, pues llega casi hasta las primeras casas de Alija, en relación a su escasa población porque en la antigüedad Marialba fue mucho más importante que ahora, y remiten para confirmar esto a la referida antigua población de Villalba. No es esta la única tradición leonesa que relaciona zonas de interés arqueológico con leyendas relativas a urbes desaparecidas, así en la localidad de San Martín de Torres, lugar donde pudo estar ubicada la antigua mansión romana de Bedunia, y en concreto en el pago conocido como Las Motas ubicado al este del pueblo, se han localizado diversos restos como cenizales con fragmentos de loza, partes de mosaico, restos de paredes y de un antiguo acueducto de ladrillo, y especialmente un tesorillo astur compuesto por un fíbula y dos adornos para el pelo todos ellos de oro, sobre esta zona el Padre César Morán recogió una tradición local que situaba allí a la antigua población “a la que llaman la ciudad de Sansueña” (Morán Bardón, 1949–1950, pp. 157–158). Esta referencia no deja de tener interés si tenemos en cuenta que en Galicia existen tradiciones que afirman que en emplazamientos donde se localizan castros o ruinas hubo en tiempos pretéritos alguna población importante o ciudades, y a estos lugares se les aplica el nombre de vila (villa, ciudad) por este motivo (Luengo, 1950, p. 16). Idéntica creencia se encuentra en el noreste portugués, así en las cercanías de la localidad trasmontana de Campo–de–Víboras hay unos enormes peñascos que son conocidos como Vila–Velha (Villa Vieja), porque allí aparecen vestigios de construcciones antiguas (Leite de Vasconcellos 1992 [1900], p. 11).

Esta tradición hace pensar en la existencia de alguna población, o más bien de construcciones cerca de las ruinas de Marialba y tal vez relacionadas con ésta. Que las tradiciones locales guarden memoria de una ciudad en la zona, creencia que bien pudo formase por el recuerdo de la existencia hasta tiempos relativamente recientes de abundantes restos y ruinas de alguna edificación que se podrían corresponder con los vestigios de una villa romana de la que formaría parte la iglesia. Tal suposición parece corroborada por los datos que se extraen de documentos leoneses del siglo X, donde aparecen cinco menciones a la existencia de una torre en el lugar de Marialba de la Ribera; para Antonio Valbuena (2005, p. 50) tal torre no sería más que los restos de un monumento antiguo y abandonado, cristiano o pagano, y que en nuestro caso se podría corresponder con las ruinas del templo. Valbuena argumenta que en León y en Asturias es frecuente que los topónimos del tipo torre se apliquen a antiguas ruinas interpretadas a nivel popular como torres. Este autor trae a colación precisamente, entre otros ejemplos, el caso ya citado del Torrexón de San Pedro de Veranes, donde, como ya se vio, se localiza una villa romana en la que pudo existir una antigua iglesia paleocristiana, o cuya parte más noble pudo ser reutilizada como lugar de culto cristiano.

En relación con esta cuestión Regueras Grande (1996, p. 95) cataloga a Marialba como un posible emplazamiento de una villa romana, postura defendida también por otros autores. Es bien sabido que en los ámbitos rurales de la Hispania romana la introducción del cristianismo, una vez tolerada esta religión, se realizó a través de villas rurales por terratenientes que pretendían no sólo el liderazgo económico y social sino también el religioso. El término villa que se conserva en la tradición oral para designar la zona donde se asienta Marialba es de carácter mítico pero constituye un dato que no hay que desdeñar ya que: “Otro topónimo que se puede considerar como indicativo de la villa (romana) es la misma palabra, villa, que en la provincia de León la encontramos preferentemente a lo largo de los ríos: ¿puede tener alguna relación con la villa romana? Es posible que esto se pueda pensar de aquellos lugares que hoy tienen el nombre de villa y que en el término del pueblo o en el pueblo tienen restos romanos” (Mañanes, pp. 255–256).

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BIBLIOGRAFÍA

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